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VAQUEO y SALTEO

  Biblioteca Nacional de España VAQUEO Modalidad de caza mayor, consistente en esperar a las reses que vienen de vuelta a su encame diurno d...

20241201

CUPOS EN MONTERÍA



Excelente cupo de guarros en una montería.
Cupo de montería

 CUPOS EN MONTERÍA

 

En las monterías antiguas, los monteros podían disparar sobre todo tipo de reses que les entraban al puesto, al menos, así se puede comprobar en viejos libros que cuentan relatos de este tipo. Los resultados de una montería eran mucho más reducidos que hoy en día, aun batiéndose una mayor cantidad de terreno y disparándose sobre todo tipo de especies mayores, sin tener en cuenta ni la edad ni el sexo.

 

Hemos podido leer en varias crónicas antiguas que el resultado de una expedición de caza de varios días por fincas tan reseras en la actualidad como Montealegre, La Centenera o la Cabrera, conseguían un total de 15 a 20 reses con otras tantas escopetas. Entre las reses se nos cuenta que había venados, jabalíes varetos y ciervas. La caza mayor no era muy abundante y es que no era, como hoy en día, la única explotación que soportaban estas fincas.

 

Los tiempos cambiaron y las formas evolucionaron. En los finales del siglo pasado y principio del presente, antes de que existiera una legislación que regulase la caza de la forma actual, ya se recuerda que avezados propietarios de caza de las zonas de Córdoba y Jaén, con una visión de futuro, prohibían que en sus monterías se disparase sobre las hembras. Y es que empezaban a ponerse los pilares de una explotación cinegética en toda regla. Después vendrían normas más complejas, legislaciones y formas que aseguraban una visión de continuidad para la caza en el futuro.

 

En la actualidad, la normativa es tan compleja que nos ha llevado, además del cumplimiento de una normativa general, a otra de carácter más individual contemplada específicamente en los conocidos Planes Técnicos de Caza que cada titular de coto debe elaborar y procurar cumplir, con respecto a su situación actual y a las peculiaridades de su explotación cinegética.

 

La cría de reses de caza mayor constituye hoy una forma de ganadería salvaje.

La práctica de la caza como una actividad consecuente con los recursos naturales, hace que en la actualidad se utilicen modelos de caza que permiten extraer un número determinado de piezas, dejando las suficientes para que se permita la continuidad de la actividad, mejorando si cabe la calidad y aumentando en lo posible la cantidad.

 

Se han ensayado múltiples fórmulas con dispares resultados para conseguir racionalizar los recursos de cada coto, pero las que se realizan bajo la fórmula de la montería que son:

                   

 

Antigua foto de montería.
Montería a venado muerto.

        - Montería a venado muerto

La fórmula conocida con el nombre de a venado muerto consiste en establecer una cuota para los monteros participantes, que se le llama cuota de entrada a la finca y por la que tiene derecho a disfrutar de algunos servicios de la organización y de la finca para ese día, como suelen ser la comida, los vehículos todoterreno de acercamiento a los puestos y la posibilidad en el caso de que le entren de poder disparar sobre jabalíes. Después cada montero dependiendo de las reses que le entren puede disparar sobre aquellos venados que quiera, pero debiendo pagar además una importante cantidad por cada uno de los que abata.

Esto, generalmente, hace que el montero exija la calidad más exquisita de los trofeos y la mayoría de los que observa suelen parecerle escasos.

El resultado final es que se matan menos reses de las que se deben y la finca queda floreada por muy poco rendimiento económico.

Salvo contadas excepciones, no suelen ser nada rentables para la propiedad y un fracaso para la organización por los bajos resultados. El cazador sólo selecciona aquellas piezas que estima, que su trofeo puede tener un valor económico muy por encima de la cuota establecida.

 

 

En las monterías de descaste se suelen abatir hembras y venados defectuosos.
Venado defectuoso.

        - Montería de descastes.

Descastes de hembras y machos selectivos que al no tener valor como trofeo, dan como beneficio unas importantes cantidades en forma de carne que, en función de los precios del mercado, pueden ser mayores o menores.

Presentan como ventaja el que controlan el número de bocas que ha de soportar la finca y ofrecen para el cazador estrictamente el lance.

 

 

        - Montería a caño libre.

Esta forma de realizar la montería supone, en la mayoría de las ocasiones, el dar vía libre a una forma de caza que no contempla ningún criterio de racionalización de la caza, salvo que sea controlado por otras normas.

El concepto de caño libre en sí mismo no es nada selectivo y las consecuencias para una finca en donde se aplica habitualmente este sistema, suelen ser poco positivas y en la mayoría de las ocasiones, producen efectos regresivos sobre la calidad y la cantidad de la cabaña cinegética.

Suelen darse resultados muy dispares, algunos puestos cobran muchas piezas y otros no las ven.

El único objetivo racional que cumple este sistema es el de reducir el número de bocas, por tanto, al restar individuos, el alimento existente se puede distribuir en mayor proporción entre los que quedan.

Así todos conocemos las desastrosas monterías a venado muerto, los capturaderos en vivo, las batidas selectivas de gestión, los recechos, los cupos, las monterías mixtas, el caño libre...; indudablemente cada fórmula tiene sus ventajas e inconvenientes y, por tanto, puede dar excelentes resultados en un caso, mientras que en otras ocasiones son desastrosos; pueden ser buenísimas fórmulas para el propietario y fatales para el organizador y los monteros o a la inversa.

Surge por tanto la necesidad de arbitrar un sistema útil y equitativo para todos los implicados (propietarios, organizadores, monteros y medioambiente).

En la actualidad el sistema que se está generalizando consiste en:

         - Primero, el propietario calcula con esmero el número total de reses que pueden suponer "la cosecha" para la presente temporada y pone un precio a la media de los venados que puede obtener.

        - Después el organizador compra el número de venados al precio convenido, los distribuye entre el número de puestos y establece el cupo.

        - El cazador compra su acción, asegurándose con ciertas garantías, un número mínimo de reses, que siempre suele estar por debajo del cupo ofertado. El cumplimiento de las garantías suele hacerse en otras manchas de la misma finca o bajo la forma de rececho en cualquier parte de la misma finca.

 

 

Buen trofeo de gamo.

        - Monterías con cupo.

Se denomina así a toda aquella montería en la que se limita el número máximo de lances que puede culminar el montero.

El cupo debe ser entendido como la norma que asegura el número máximo de reses a abatir y se pone para tener la seguridad de que no se superarán excesivamente las previsiones.

Con esta modalidad se hace necesaria la labor de unos técnicos de campo y caza, de confianza de la propiedad que se convierten en "fedatarios" de lo que sucede en el puesto y cuya función es la controlar y dar fe de lo acaecido en cada postura, para evitar que algún montero avispado, haciendo uso de la picaresca, pueda abatir reses y posteriormente las deje en el monte sin marcar y sólo presente como resultado de su cacería, aquellas que más le agradan.

También para asegurar el cumplimiento de los cupos suele ponerse un precio bastante elevado a las reses que excedan del cupo previsto, tanto en cantidad como en especies. Así, por ejemplo, en algunas fincas pueden cazarse venados, pero no los gamos o los muflones.

Existe otra forma de cupo, que podríamos denominar cupo mixto, no sólo porque se autorice cazar distintas especies, que es lo más frecuente; sino porque se fija un número de venados de cierta clase y también se permite disparar sobre venados selectivos o de poca calidad a precios módicos y para que así se pueda abultar más el resultado global de la montería y por consiguiente el número de lances ofertados.

Indudablemente cuando la relación cupo/precio no se encuentra equilibrada o pondera excesivamente la calidad de las reses de la finca, nos encontramos ante una propuesta de montería que sin duda la estamos condenando a priori al fracaso. Esto es una realidad que se puede constatar en la práctica con más frecuencia de lo que sería deseable.

Hemos podido constatar un resultado pobre, en monterías en las que han salido por los puestos de cierre más de 400 venados, y en las que muchos monteros se quejaban de haber visto sólo cabras, cuando en la junta había venados más que bonitos, incluso medallas; todo ello por haber ponderado excesivamente la cantidad de los trofeos de calidad y no haber establecido una óptima relación entre cupo/precio. En esta circunstancia los trofeos de calidad suelen abatirlos entre pocos puestos en lógico detrimento para los restantes.

Para entendernos catalogaremos los cupos como cupos reducidos, aquellos que están por debajo de las tres reses, cupos medianos entre tres o cuatro reses y cupos grandes o amplios por encima de las cinco reses.

 

 

        - Razones de los cupos 

          A) Porque toda explotación necesita recoger cada temporada su "cosecha", sin abusar permitiendo que pueda quedar cosecha para el año siguiente, ya que entre las reses que veamos, las habrá también de aquellas que no son "cosechables" para la presente temporada y así, asegurar el mantenimiento y mejorar, si cabe, de los recursos renovables que son la base y el sustento de la explotación y que además son limitados cada temporada.

          B) Porque en la venta de esta producción, el comprador también exige cada día poderla realizar de una forma que le ofrezca cierta garantía en relación con el precio pagado y "rentabilizar" los costes para todos los sectores.

          C) Porque existe una programación previa, que debe cumplirse para mantener el equilibrio de los recursos, que se contempla en los típicos Planes Técnicos de Caza.

          D) Porque existe un control legalista de estas explotaciones como la ley de vedas y otros sistemas, que regulan oficialmente estas explotaciones cinegéticas, en lo que respecta a sus periodos hábiles, cantidad y edad de los individuos a cazar, etc...

          E) Porque el concepto del cazador ha evolucionado, dejando de ser únicamente un recolector de alimentos en forma de carne, para convertirse además en un deportista con un estricto código ético y moral, que se dedica a una actividad deportiva, realizada desde una visión de explotación racional de los recursos naturales en armonía con el medio ambiente.

         F) Porque como los costes económicos para la crianza y mantenimiento de las piezas de caza, son cada día más elevados, surge la necesidad de afinar en la fórmula elegida.

         G) Porque una buena gestión de una explotación cinegética busca siempre una adecuada selección de la especie y de los individuos, de forma que los animales que puedan cazarse cada año sean aquellos que, como trofeo, han alcanzado su mejor grado de desarrollo y al tiempo puedan seleccionarse aquellos otros trofeos que por su evolución ya se prevea que no obtendrán el tipo de trofeo deseado.

         H) Porque ha incrementado considerablemente el número de cazadores y surge la necesidad de racionalizar los recursos disponibles. Con el número actual de cazadores y sin unos criterios racionales, podría acabarse en una sola temporada con todos los recursos cinegéticos existentes.

         I) Porque es preciso adoptar un mecanismo que pueda dar ciertas garantías a los sectores implicados:

          - por una parte, a los titulares y responsables legales de cada coto.

          - por otra, a los organizadores y comerciales del tema cinegético.

          - por otra parte, a los cazadores que son los "paganos".

          - por último, que el impacto de la explotación sobre el medio ambiente no sea nefasto y mantenga o mejore el equilibrio medioambiental.  

          J) Una vez que un puesto ha hecho su cupo, las reses pasarán a otras posturas y de esta forma los demás cazadores tendrán la oportunidad de poder escoger y seleccionar cuál será la pieza que considere más adecuada. Es decir, un trofeo cosechable puede pasar por varios puestos.

          K) Por asegurar un mantenimiento del buen estado sanitario de la cabaña, un número elevado de ejemplares conduciría con toda seguridad a la aparición y difusión de una gran variedad de enfermedades que podrían llevarnos a situaciones con drásticos resultados.

 

 

Buen trofeo de jabalí.
Trofeo de jabalí.



        Estrategias del cazador ante los cupos

En primer lugar, es conveniente y, siempre que se pueda, visitar la finca antes de la montería para ver la calidad media de las reses.

Es fundamental, el conocimiento de la calidad media de las reses de una finca y así no tendremos dificultad, si presentada la ocasión, hemos de concluir nuestro cupo, aunque sea recién llegados a la postura.

Siempre es conveniente, pero más aún, cuando se montee una mancha con cupo es de vital importancia conocer la forma de entrar los perros y cuál es nuestra ubicación con respecto a la mancha. Si ésta queda abierta o está mallada, porque nos dará una idea sobre el comportamiento de las reses.

Dependiendo del tipo de finca y del número de piezas que componen el cupo el cazador deberá actuar en cada caso de una forma diferente.

Uno de los riesgos más claros de los cupos es no disparar a lo que nos pasa esperando que después vendrá algo mejor.

Hemos de asegurarnos lo más posible si la pieza tirada ha sido abatida o no porque resulta muy desagradable el no tirar después otras reses ya que creíamos que le habíamos dado a las primeras reses y al final ni las habíamos tocado. Es muy útil la labor de un experto secretario.

El uso de los prismáticos es de vital importancia para reconocer y seleccionar adecuadamente la pieza antes de dispararle.

En las monterías de cupo resulta, cuando menos arriesgado el rematar reses que nos vienen heridas de otras posturas, pues está muy extendida la picaresca actitud de reclamar las reses heridas cuando no se ha completado el cupo, en cambio ignorarlas, cuando éstas pueden sobrepasarlo, lo cual no conduce a situaciones conflictivas.

A veces el cupo puede ser mixto, incluyendo un número determinado de venados, otro de gamos y otro de muflones. Y en ocasiones hasta se permite canjear alguna de las especies entre sí. En este caso dependerá de nuestros intereses particulares el decantarnos por una especie más que por otra, pero también habiéndonos informado de la calidad y de la abundancia de cada tipo de trofeo, para establecer nuestro cupo personal.

         

 

Buen trofeo de muflón.

        - Los cupos pequeños o reducidos.

Cuando el cupo es muy reducido y la finca posee gran cantidad de reses, sólo se tirarán a primera hora aquellos ejemplares que estemos seguros de que tienen una calidad muy buena de trofeo.

El paso de las rehalas por nuestra postura es vital, porque los venados viejos suelen chantearse antes de que les lleguen las rehalas o se encaman hasta que no los levantan los perros de un mordisco.

El momento en que acaban de pasar las rehalas es importantísimo porque los venados grandes suelen volverse y desandar el camino de las rehalas.

A primera hora de la mañana es conveniente que tengamos muy bien vigilados los matocones de chaparreras y de monte espeso propensos a albergar los encames habituales de las reses, principalmente cerca de los collados, que suelen ser querenciosos para los venados viejos, porque así podrán otear mejor y desde más lejos.

Los venados más viejos suelen buscar las alturas en el momento que se percatan del trajín de la montería, para orientarse y escaparse de la mancha bulliciosa a otra más tranquila.

Generalmente cuando se tira a un cordón de reses, los mejores trofeos suelen arroparse con los venados más jóvenes y, a menudo, los viejos les pegan a los jóvenes para que éstos rompan primero.

Si el paso de las rehalas es tardío y no esperamos el regreso de estas, hemos de tirar todo lo que se estime aceptable al sobrepasarnos.

En los cupos pequeños es conveniente asegurarse muy bien de la calidad de un trofeo antes de dispararle, para lo cual se debe de comparar minuciosamente la calidad del trofeo y asegurarnos de la res a la que disparamos, pues en muchas ocasiones los venados grandes se amparan entre los más pequeños y corremos el riesgo de abatir al que le acompaña.

Tres cosas son muy indicativas, la palma, la longitud y el grosor.  Si tenemos tiempo se miran las segundas luchaderas.

Los venados viejos aun siendo seguidos de cerca por las rehalas suelen separarse del grupo en el que van y se amatongan o se achantan tendiendo su cuerna hacia detrás, cobijados por cualquier arbusto, donde permanecen mientras no se les moleste. Por eso es conveniente, desde que se aviste un grupo de reses, fijarse en el mejor venado y llevarlo siempre controlado.

 

 

Buen trofeo de marrano jabalí.
Trofeo de marrano.

        - Los cupos medianos.

Suelen ser los más frecuentes y siempre que se pueda debe hacerse la mitad del cupo lo antes posible, es práctico y muy útil conocer la calidad media y la cantidad de reses que tiene la finca, para así seleccionar con más precisión.

Al paso de los perros, si es que éstos sólo van en un sólo sentido, completar el cupo; en cambio cuando se sabe exactamente que los perros volverán a desandar el camino, debemos dejar un venado, por lo menos, para el final.

 

 

        - Los cupos grandes o amplios.

Los cupos amplios suelen tener una calidad muy bonita de reses, pero sin abundar los trofeos medallables, por eso siempre que se pueda, hay que procurar hacer cuanto antes por lo menos la mitad del cupo y a medida que nos queda menos cantidad para completar el cupo se va seleccionando la calidad con más esmero.

Se debe repasar mentalmente de cuando en cuando donde van cayendo las reses muertas, quedándonos la referencia más significativa del paisaje; pues al final podemos confundirnos y no dar con ellas, aun habiendo sido abatidas.

En las fincas con grandes claros, suelen formarse cordones muy numerosos de reses, ya que es la forma natural de defenderse, entonces los mejores venados suelen correr arropados por ciervas y varetos, dificultando el que se les pueda disparar. Algunos cazadores expertos resuelven este problema disparándole al suelo cerca de las patas para dividir la pelota, aunque no siempre da resultado es lo único que se puede intentar si no queremos que se nos marche un buen venado sin hacer nada por conseguirlo, salvo que estemos dispuestos a asumir el riesgo de dispararle al venado en el centro de la pelota y al tiempo matemos otras reses con él.

 

 

        - El camelo de los cupos

El simple hecho de montear una mancha con cupo ya parece presuponer que nos vamos a encontrar con la posibilidad de poder elegir entre varios trofeos y que la calidad de las reses debe ser buena (en función del precio de la acción) y cuando estas circunstancias no se aprecian en el conjunto del tapiz de reses obtenidas al finalizar la montería, estaremos ante un caso ineludible y sangrante del camelo de los cupos.

A veces, fincan que están empezando a hacerse utilizan el sistema de los cupos para mantener una cantidad de reses adecuada, pero, aún sin haber alcanzado una calidad aceptable en los trofeos existentes. Otras veces, se incluye en los cupos un número de piezas que no existen en toda la finca.

Por último, no olvidemos que la fórmula de montear con cupos ofrece ciertas "garantías", pero que en realidad tampoco es un sistema garantizado, porque la caza afortunadamente sigue siendo caza.

 

 

¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

Manuel Moreno

Diciembre - 24


 

20241102

AVICEPTOLOGÍA

Trampa para aves "Calzadera armada"

LA AVICEPTOLOGÍA

José Mª Tenorio
1843



La aviceptología es un manual completo de caza y pesca que se encuentra estructurado en tres grandes bloques o tratados:
    1º.-  Trampeo de aves.
    2º.-  Crianza de aves de canto.
    3º.-  Pesca.

Esta obra fue publicada en Madrid en 1843 y su autor es José Mª Tenorio y se la reconoce como el arte del cazador de pájaros o chucero.
Diferencia al trampero o chuchero del criador de pájaros al que llama pajarero.

Hace una descripción minuciosa de todos los artilugios o trebejos como él le llama, que son necesarios para la captura de aves. Ilustra el texto con algunos dibujos esquemáticos de algunos útiles y herramientas.
La obra está dividida en tres tratados.



    - TRATADO PRIMERO

La primera parte de  este tratado primero está dividida en 12 capítulos en los que habla de: 
Definición de aviceptología.
Cualidades del chucero.
Trebejos del cazador de pájaros.
Nudos que emplea el chucero.
Reclamos naturales.
Reclamos artificiales de silbato (para alondras, perdices...)
Los reclamos de lengüeta.
Los reclamos de chifletía.
La vaca artificial.
La choza ambulante.
El reverbero para los patos.
Los espejuelos de las alondras.


La segunda parte de este primer tratado habla de:
- Las trampas que no tienen resorte ni peso por móvil.
    De los lazos:  El colete de estaca.
                       El colete suspenso.
                       El espigado.
                       Los coletes rastreros.
                       Red de mallas.
                       El arrizado.
                       La rastra o gran red.
                       Una especie de red rastrera.
                       Red para codornices.
                       La rafla.
                       Ensetado o red barredera.
                       Del brazo.
                       
    Del reclamo de silbato: El arte de chiflar.                              
    La liga o liria.
    Las varetas de liga.
    Selección del lugar de chifleo.
    Choza y plan de esta caza.
    Las perchas.
    El arbolillo.

- Las trampas de resorte:
        La raqueta o salta-regla.
        La calzadera del resorte.
        Retallo.
        La uña de Elvalski.
        Del armadijo Arnault.
        Del armadijo de varal.
        Trampa mejicana.
        
- Las trampas que tienen un peso por móvil:
        Pananceras.
        Caza del mirlo con la araña.
        Armadijo sin fin.
        Trampa para aguzanieves.
        Los hoyuelos.
        
La tercera parte habla de:
- Como criar el ruiseñor. 
- Los pájaros de pajarera.


    - TRATADO SEGUNDO

La primera parte habla de:
   - La montería o caza mayor, repartida en 12 capítulos sobre su práctica.

La segunda parte habla de:
    - La caza menor y sus especies a lo largo de 6 capítulos.


    - TRATADO TERCERO

De la pesca o el pescador práctico, refiriéndose a los artilugios empleados.



Se termina el texto de este libro con un bando del Ayto. de Madrid sobre Caza y Pesca sobre los derechos de los propietarios y del público en general.

Puedes ver el texto completo pinchando en el siguiente enlace.

                        


¡Caza disfrutando, disfruta cazando!             

Manuel Moreno   

 Noviembre – 24

20241101

APIOLAR UN VENADO

APIOLAR UN VENADO


            “… un venado … se apiola de los pies y manos cortando el cuero a lo largo desde encima de las corvas a las uñas para desollarle las canillas y en estandolo se desgobierna y saca entera dejando en el pellejo de las piernas las uñas y pesuños y sacadas entrambas canillas se da dos nudos con el pellejo de entrambos pies que llaman apiolar que quedan fortisimos y hazen lo mismo desnudándole las manos desde las rodillas a las uñas dejándoselas con los pesuños sacándole las canillas, para apiolarle dandole otros dos nudos…” 

PEDRAZA GAITÁN, P.: Libro de la Montería, Manuscrito del S. XVII-XVIII, Capt. IX.


 Esta es una forma muy antigua de apiolar un venado que aparece en la versión de Libro de la Montería de Pedraza Gaitán.


 Existen otras formas, en concreto, la que emplean los arrieros antiguos por la zona de Sierra Morena, que la ejecutan de la siguiente manera:


 - A los venados y cervunos en general, una vez que se han destripado o desbandullado, se le dislocan las articulaciones de las rodillas. 

- Después se les ensarta un ojal que se les hace en el labio inferior con un trozo de jara a una rajita que se les practica en la piel de la barriga, (paralela a la raja longitudinal para destriparlos) 

      

  Este mismo procedimiento o muy similar, lo refieren así Carlos Hidalgo y Antonio Gutiérrez (1845) en su Tratado de la caza:

         "Lo primero que debe hacerse después de muerta alguna res siendo macho, es castrarlo, para evitar que su carne sepa á bravio; en seguida se abre por el vientre en canal, empezando desde la cola hasta el cuello; se estrae perfectamente todo el bandullo, se vuelve la res boca abajo para que dé toda la sangre que tenga y quede perfectamente limpia; hecha esta operación y cuando la res sea ciervo, gamo ó corzo, se desjarreta de ambas manos por la articulacion de la rodilla, y de una pierna por el corbejon: se le saca la lengua, se le hace un agujero en ella y se pasa por la lazada del corbejon de la otra pata que no se corta y en la que solo se hace una cisura con este objeto; y atravesándole después un palo por la abertura de la lengua, queda enlazada la cabeza de la res con el cuarto trasero. De esta suerte, se coloca atravesada en la caballería con el lomo sobre la albarda; se cubre con una manta, y se conduce á la casa ó rancho, en donde se la estrae en seguida toda la asadura. "

 

Se hace así, para poderlos cargar más fácilmente a lomos de las caballerías y que moleste menos la cuerna en el transporte por las veredas enmontadas de la sierra.

  “… tras esto cortan el cuero de los pies traseros, 

desconcertándolos por las coyunturas, 

para descubrir los nervios, 

para colgarle ellos: 

y esto se llama apiolar… “


ARGOTE DE MOLINA, G.: Acrecentado al Libro de la Montería. Capit. 44. Como se ha despedazar un venado. Ed. Sevilla.



 “CAPÍTULO XLIV

De cómo se ha de despedazar el venado.

Para despedazar el venado se degüella,  lo primero; después cortan con el cuchillo de monte los cuernos, y esto llaman descocotar; tras esto cortan el cuero de los piés traseros, desconcertándolos por las coyunturas para descubrir los nervios, para colgarle dellos; y esto se llama apiolar.

Luégo le cuelgan de un estaca, ó le desuellan en tierra: lo primero por las piernas, desde el jarrete hasta lo hueco, y siguen abriendo el pellejo por la barriga hasta desnudarle de todo punto; ábrenle luégo por delante, y sácanle la vejiga; tras esto la panza y tripas. Rompen luégo el pecho hasta el pescuezo, y recogen la sangre derramada; sacan después el asadura, livianos, hígado y corazón. Y tras esto le cortan la cabeza por el cogote; y últimamente le hacen cuartos, dejando los riñones en los cuartos traseros. Y no solamente pertenece saber hacer este oficio á los Monteros, pero también á los Príncipes y caballeros.

Siendo Gobernadora de Flándes la Serenísima Reina de Hungría, María, hermana del Emperador, estando en el año de 1549 la Corte en Holanda, y allí el Rey, Nuestro Señor, siendo Príncipe, y Emanuel Philiberto, su primo, Príncipe de Saboya, y de los españoles, D. Juan de Benavides, que fué Marqués de Cortes, y Paredes y Joan Ramos, sus ballesteros, salieron al lugar de la Haya los Príncipes á montería de gamos, una mañana al amanecer, sin haber dado á la Reina noticia de su salida, la cual, como lo supo, tornó caballos y alcanzólos, y fuéronse juntos á la montería; y como viesen un gamo blanco muy grande en la floresta, de que allí hay cria, hirióle la Reina con una jara, y Joan Ramos le lanzó un lebrel del Príncipe, llamado Ibroña, con la trailla, el cual se agarró del gamo por el pescuezo, y dió con él en el suelo, y la Reina María se apeó luégo; y alzando las puntas de las faldas y las mangas del jubón, sacó un cuchillo de monte déla cinta, y por sus manos abrió el ciervo y lo degolló, y le sacó las entrañas y lo aderezó con tanta destreza, desenvoltura y arte, como el más ejercitado Montero.”

Libro de la Montería por GONZALO ARGOTE DE MOLINA.


 

 De una u otra forma, apiolar un venado tiene la utilidad de prepararlo para poder transportarlo por los caminos de la sierra a lomos de caballerías como se ha venido haciendo desde siempre.

Ya en el Libro de la Montería se relata como un hombre solo podía cargar un venado por pesado de fuera a lomos de una caballería, ayudándose con un palo cortado a modo de horca que denominaban horcón, también aparecía escrito "orcón"

Esta rudimentaria herramienta era un palo largo de gran tamaño, que tenía en uno de sus extremos, en forma de Y, y que servía para ayudarse y poder cargar mercancías sobre carros o caballerías con parihuelas.  También podían servir para ayudarse a cargar sobre una caballería las piezas grandes de caza.

 

… se cortan dos orcones para cargarle 
puniendo el caballo de parte debajo de la res 
travesado enfrente de ella y 
el un orcon de la otra parte del caballo 
que estribando en el suelo 
haga frente en el albarda y 
quede firme para que no se pueda desviar el caballo 
cuando le cargue el venado, 
que para hazerlo meterá el otro orcon por las manos y los pies y 
estando firme en el suelo le levantara 
sobre la cabalgadura encima de la albarda, y 
quedara el venado sentado derecho 
sin poder ir a un lado ni al otro 
por estar metido el orcon entre los vrazos y piernas 
sobre el caballo en el qual en levantándole por abajo con el orcon 
se le hechara encima con facilidad por estar de parte debajo y 
no poder yr a una parte ni a otra. 
Echado encima, cinchara el venado al caballo con igualdad 
asegurándose muy bien de un lado y otro 
para no tener que hacer hasta descargarle…”

ALFONSO XI.: Libro de la Montería, Manuscrito del s. XIV.


.

El término apiolar también se usa contextualmente como sinónimo de las piezas que se han abatido. CobrarHatear. 

En la caza menor, es unir las perdices por los picos.  Apicolar.

Los conejos y las liebres se apiolan cruzando los tendones y los huesos de dos dedos de una pata y otro dedo y tendón de la otra (engarronar). Esto de uno en uno y sirve para colgarlos por ellas. También se dice de las aves (perdices, zorzales…)  cuando se agrupan de dos en dos, pasándoles una pluma por orificios de las narices para colgarlas. También engarronar, apicolar y empiolar.


    “… Para coger y colgar con facilidad las liebres y conejos muertos, se les enlazan las piernas, que es lo que los cazadores llaman apiolar. Esto consiste en desgarrar los dos dedos laterales de una pala hasta la primera articulación; separar luego del hueso el tendón del centro; romper por la primera coyuntura el hueso de la otra pata, dándole vueltas hasta que rompa el pellejo y que salga la punta de él, la cual se mete después por el hueco que queda entre el hueso y el tendón de la otra pata, tirando hasta que pase por él toda la articulación rota, con lo cual quedan enlazados…”

HIDALGO, C.  y GUTIÉRREZ GONZÁLEZ, A.: Tratado de Caza. Madrid 1845 Pág. 179.

 

    Una vez más y, 

con mucho ingenio, 

el hombre consigue superar dificultades 

que se le han presentado 

en sus quehaceres diarios, 

también en el mundo de la caza.


                 ¡Caza disfrutando, disfruta cazando!             

                                                                          Manuel Moreno 

Noviembre - 24

CHIFLETERÍA

 

Reclamo de fuelle.
Chifla 

CHIFLETERÍA

Chiflar es emitir un sonido agudo, bien con la boca (silbar) o bien soplando sobre un artilugio elaborado a modo de pito, silbato o reclamo, normalmente para las aves.

 

A la práctica de esta actividad, en el argot de la caza, se la conoce también como “chifleo o chifla”, al instrumento con el que se hace, se le nombra como “chifle, chifladera, chiflador, chiflete, chiflato, chiflo o chifla”, al que la practica se le llama “chiflero o chifletero” y a la técnica en general en la que se empleaban todo tipo de instrumentos de chifleo se la conoce como “chifletería o chifleteía”

Aunque este término chifletería en la zona de Aragón también es un chisme, un cuento, una habladuría; en lo referente a la caza, tiene otro significado relacionado normalmente con el reclamo de las aves y sus técnicas para atraerlas.

Reclamos de chifletía
Reclamo de fuelle accionado con una cuerda y otro de silbato

Este vocablo, escrito unas veces como chifletería y otras como chifleteía, se documenta por primera vez en 1784, en la “Introductio in oryctographiam, et zoologiam Aragoniae” de I. Jordán de Asso y del Río, refiriéndose a un tipo de ave limícola y al sonido que emite.

Después tenemos noticias de este término en 1843, en “La aviceptológia ó Manual completo de caza y pesca” de Tenorio, J.M., en donde su significado es definido claramente como una técnica empleada para capturar aves atrayéndolas imitando su voz o la de otros pájaros.

A continuación reproduzco un fragmento de este libro:

 “De los reclamos de chifletía.

Chiflar es imitar soplando sobre una máquina cualquiera un ruido que imite el grito de algún pájaro, ó su vuelo» ó el quejido del mochuelo, y algunas veces gritos ideales que no dejan de escitar la curiosidad de los pájaros y convidarlos á satisfacerla.

De todos los reclamos de chillido ninguno mas usado ni mas cómodo que la yedra. La hoja de esta se prepara de modo que represente bastante bien un cono con la punta hacia abajo. Se sujeta con los tres primeros dedos de una mano, observando que la punta de este cono llene el intervalo que dejen las estremidades de los tres dedos reunidos entre si.

Aunque no sea tan difícil chiflar como reclamar, también se necesita esperiencia para hacerlo bien. Por el chillido se trata de imitar el temor de los pájaros, su deseo de venganza, el grito de alarma, en una palabra, pedir socorro como en un caso apurado. Fácil es recordar los gritos del grajo cuando después de haber oido el mochuelo oye los gritos imitados de otro pájaro. Se les vé saltar mil veces como enloquecidos de rama en rama, de los árboles á la tierra, venirse sobre la choza y mostrar un valor enérgico en sus ojos llenos de fuego.”

TENORIO, J. M. La aviceptológia ó Manual completo de caza y pesca” Madrid. 1843 Capítulo VIII. Pág. 23.

 

Reclamo de fuelle.
Chifla de zorzal.

Después en la pág. 77 vuelve a hacer una nueva referencia , esta vez referida a las características de los lugares donde se debe realizar esta práctica:

 

 “ARTICULO IV. De la elección de localidad para preparar un chifleo. Jamás deben elegirse para este reclamo los lugares elevados muy frecuentados y rodeados de ecos.”

TENORIO, J. M. La aviceptológia ó Manual completo de caza y pesca” Madrid. 1843 Art. IV. Pág. 77.

 


Más tarde, en 1864, aparece un texto anónimo, que fue publicado por una Sociedad de Cazadores con el título deTesoro del pajarero, ó arte de cazar”, en donde estos términos vuelven a aparecer definidos de la misma forma e incluso, en este libro se dedican varios fragmentos a ello:

    • “En la pág. 38 dice: El chifleo solo se puede hacer ventajosamente en el otoño, porque en la primavera y verano están los pájaros demasiado ocupados en sus amores ó en la cria de sus hijuelos para que puedan hacer caso del reclamo.

Del modo de preparar un chifleo. Este modo de cazar se emplea principalmente para el mirlo y el tordo, pero se cogen tambien gran número de otros pájaros, como grajos, picos, pinzones, currucas, petirrojos, etc.

    • En la pág. 44 dice: Si se quiere repetir esta caza varias veces, es preciso cambiar de sitio cada dia y á mucha distancia; ó. si se ha de hacer en el mismo paraje hay que dejar trascurrir lo menos quince días de un chifleo á otro, porque de no ser así, los pájaros se acostumbran á oir el chiflido y no hacen caso de él.
    • En la pág. 57 dice: Reclamos de chifletía. Entre pajareros se entiende por chiflar, el imitar, soplando sobre una hoja de yedra ó una lámina muy delgada de metal ó marfil, el grito de algún pájaro [...] Las máquinas para chiflar se hacen de diversos modos, pero de todos estos reclamos el mas usado es la hoja de yedra.”

ANÓNIMO (SOCIEDAD DE CAZADORES) “Tesoro pajarero o el arte de cazar” Madrid. 1864

 

Reclamos de pito
Pavicas o reclamo de fuelle

       

Muy diversos han sido los materiales empleados para la construcción de estos objetos con los que se chiflaba, desde hojas de diferentes plantas, como la de la hiedra, a trozos de cañas, maderas, huesos, tubos metálicos con o sin fuelle… Así como la gran variedad de diseños con los que se han elaborado. En zonas de las marismas del Guadalquivir se aprovechaban los huesos largos del fémur de pavos, cigüeñas, avutardas y de otras aves para la construcción de chifles y chifletes.

Tan arraigada estuvo la práctica de la chifletería en algunas zonas, como por ejemplo en la de Marmolejo, en la que era costumbre antiguamente, incluir en la dote del ajuar de los varones que se iban a casar, una chifla de zorzal ya que su uso era muy generalizado.

En la finca del Barco en la zona de Cardeña-Montoro existe una armada de montería todavía nombrada como “el chifle”, ya que en esa zona debió emplearse asiduamente.

En otras zonas, los reclamos de fuelle, elaborados con un hueso de grulla y una bolsita de cuero en la que se introducían cerdas de las caballerías eran denominados "pavicas".

En otros casos la bolsa de cuero adoptaba la forma de fuelle y se accionaba con una cuerdecilla.

Reclamos de chifletía
Reclamo de fuelle


Y es que antaño el ingenio del cazador, en su lucha contra el hambre, debió desarrollarse tanto como para que se le ocurriera todas estas técnicas tan antiguas, porque ya se sabe:

“El hambre es tan maestra, que hasta las fieras adiestra”


   NOTA: 

        En los textos que repoduzco de otros autores, en algunos de ellos, aparecen faltas de expresión, de acentuación o de ortografía en general, y ello se debe a que reproduzco siempre el texto tal cual lo he encontrado y es por lo que siempre aparecerá entrecomillado.


¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

Manuel Moreno

Noviembre - 24


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