![]() |
| Cupo de montería |
CUPOS EN MONTERÍA
En las
monterías antiguas, los monteros podían disparar sobre todo tipo de reses que
les entraban al puesto, al menos, así se puede comprobar en viejos libros que
cuentan relatos de este tipo. Los resultados de una montería eran mucho más
reducidos que hoy en día, aun batiéndose una mayor cantidad de terreno y
disparándose sobre todo tipo de especies mayores, sin tener en cuenta ni la
edad ni el sexo.
Hemos
podido leer en varias crónicas antiguas que el resultado de una expedición de
caza de varios días por fincas tan reseras en la actualidad como Montealegre,
La Centenera o la Cabrera, conseguían un total de 15 a 20 reses con otras
tantas escopetas. Entre las reses se nos cuenta que había venados, jabalíes
varetos y ciervas. La caza mayor no era muy abundante y es que no era, como hoy
en día, la única explotación que soportaban estas fincas.
Los
tiempos cambiaron y las formas evolucionaron. En los finales del siglo pasado y
principio del presente, antes de que existiera una legislación que regulase la
caza de la forma actual, ya se recuerda que avezados propietarios de caza de
las zonas de Córdoba y Jaén, con una visión de futuro, prohibían que en sus
monterías se disparase sobre las hembras. Y es que empezaban a ponerse los pilares
de una explotación cinegética en toda regla. Después vendrían normas más
complejas, legislaciones y formas que aseguraban una visión de continuidad para
la caza en el futuro.
En la
actualidad, la normativa es tan compleja que nos ha llevado, además del
cumplimiento de una normativa general, a otra de carácter más individual
contemplada específicamente en los conocidos Planes Técnicos de Caza que cada
titular de coto debe elaborar y procurar cumplir, con respecto a su situación
actual y a las peculiaridades de su explotación cinegética.
La cría
de reses de caza mayor constituye hoy una forma de ganadería salvaje.
La
práctica de la caza como una actividad consecuente con los recursos naturales,
hace que en la actualidad se utilicen modelos de caza que permiten extraer un
número determinado de piezas, dejando las suficientes para que se permita la
continuidad de la actividad, mejorando si cabe la calidad y aumentando en lo
posible la cantidad.
Se han
ensayado múltiples fórmulas con dispares resultados para conseguir racionalizar
los recursos de cada coto, pero las que se realizan bajo la fórmula de la
montería que son:
![]() |
| Montería a venado muerto. |
- Montería a venado muerto
La fórmula conocida con el nombre de a venado muerto consiste en establecer una cuota para los monteros participantes, que se le llama cuota de entrada a la finca y por la que tiene derecho a disfrutar de algunos servicios de la organización y de la finca para ese día, como suelen ser la comida, los vehículos todoterreno de acercamiento a los puestos y la posibilidad en el caso de que le entren de poder disparar sobre jabalíes. Después cada montero dependiendo de las reses que le entren puede disparar sobre aquellos venados que quiera, pero debiendo pagar además una importante cantidad por cada uno de los que abata.
Esto,
generalmente, hace que el montero exija la calidad más exquisita de los trofeos
y la mayoría de los que observa suelen parecerle escasos.
El
resultado final es que se matan menos reses de las que se deben y la finca
queda floreada por muy poco rendimiento económico.
Salvo
contadas excepciones, no suelen ser nada rentables para la propiedad y un
fracaso para la organización por los bajos resultados. El cazador sólo
selecciona aquellas piezas que estima, que su trofeo puede tener un valor económico
muy por encima de la cuota establecida.
| Venado defectuoso. |
- Montería de descastes.
Descastes de hembras y machos selectivos que al no tener valor como trofeo, dan como beneficio unas importantes cantidades en forma de carne que, en función de los precios del mercado, pueden ser mayores o menores.
Presentan como ventaja el que controlan el número de
bocas que ha de soportar la finca y ofrecen para el cazador estrictamente el
lance.
- Montería a caño libre.
Esta forma de realizar la montería
supone, en la mayoría de las ocasiones, el dar vía libre a una forma de caza
que no contempla ningún criterio de racionalización de la caza, salvo que sea
controlado por otras normas.
El
concepto de caño libre en sí mismo no es nada selectivo y las consecuencias
para una finca en donde se aplica habitualmente este sistema, suelen ser poco
positivas y en la mayoría de las ocasiones, producen efectos regresivos sobre
la calidad y la cantidad de la cabaña cinegética.
Suelen darse resultados muy
dispares, algunos puestos cobran muchas piezas y otros no las ven.
El
único objetivo racional que cumple este sistema es el de reducir el número de
bocas, por tanto, al restar individuos, el alimento existente se puede
distribuir en mayor proporción entre los que quedan.
Así
todos conocemos las desastrosas monterías a venado muerto, los capturaderos en
vivo, las batidas selectivas de gestión, los recechos, los cupos, las monterías
mixtas, el caño libre...; indudablemente cada fórmula tiene sus ventajas e
inconvenientes y, por tanto, puede dar excelentes resultados en un caso,
mientras que en otras ocasiones son desastrosos; pueden ser buenísimas fórmulas
para el propietario y fatales para el organizador y los monteros o a la
inversa.
Surge
por tanto la necesidad de arbitrar un sistema útil y equitativo para todos los
implicados (propietarios, organizadores, monteros y medioambiente).
En la
actualidad el sistema que se está generalizando consiste en:
-
Primero, el propietario calcula con esmero el número total de reses que pueden
suponer "la cosecha" para la presente temporada y pone un precio a la
media de los venados que puede obtener.
-
Después el organizador compra el número de venados al precio convenido, los
distribuye entre el número de puestos y establece el cupo.
- El
cazador compra su acción, asegurándose con ciertas garantías, un número mínimo
de reses, que siempre suele estar por debajo del cupo ofertado. El cumplimiento
de las garantías suele hacerse en otras manchas de la misma finca o bajo la
forma de rececho en cualquier parte de la misma finca.
- Monterías con cupo.
Se denomina así a toda aquella montería en la que se limita el número máximo de lances que puede culminar el montero.
El cupo
debe ser entendido como la norma que asegura el número máximo de reses a abatir
y se pone para tener la seguridad de que no se superarán excesivamente las
previsiones.
Con
esta modalidad se hace necesaria la labor de unos técnicos de campo y caza, de
confianza de la propiedad que se convierten en "fedatarios" de lo que
sucede en el puesto y cuya función es la controlar y dar fe de lo acaecido en
cada postura, para evitar que algún montero avispado, haciendo uso de la
picaresca, pueda abatir reses y posteriormente las deje en el monte sin marcar
y sólo presente como resultado de su cacería, aquellas que más le agradan.
También
para asegurar el cumplimiento de los cupos suele ponerse un precio bastante
elevado a las reses que excedan del cupo previsto, tanto en cantidad como en
especies. Así, por ejemplo, en algunas fincas pueden cazarse venados, pero no
los gamos o los muflones.
Existe otra forma de cupo, que podríamos denominar cupo mixto, no sólo porque
se autorice cazar distintas especies, que es lo más frecuente; sino porque se
fija un número de venados de cierta clase y también se permite disparar sobre
venados selectivos o de poca calidad a precios módicos y para que así se pueda
abultar más el resultado global de la montería y por consiguiente el número de
lances ofertados.
Indudablemente
cuando la relación cupo/precio no se encuentra equilibrada o pondera
excesivamente la calidad de las reses de la finca, nos encontramos ante una
propuesta de montería que sin duda la estamos condenando a priori al fracaso.
Esto es una realidad que se puede constatar en la práctica con más frecuencia
de lo que sería deseable.
Hemos
podido constatar un resultado pobre, en monterías en las que han salido por los
puestos de cierre más de 400 venados, y en las que muchos monteros se quejaban
de haber visto sólo cabras, cuando en la junta había venados más que bonitos,
incluso medallas; todo ello por haber ponderado excesivamente la cantidad de
los trofeos de calidad y no haber establecido una óptima relación entre
cupo/precio. En esta circunstancia los trofeos de calidad suelen abatirlos
entre pocos puestos en lógico detrimento para los restantes.
Para
entendernos catalogaremos los cupos como cupos reducidos, aquellos que están
por debajo de las tres reses, cupos medianos entre tres o cuatro reses y cupos
grandes o amplios por encima de las cinco reses.
- Razones de los cupos
A)
Porque toda explotación necesita recoger cada temporada su "cosecha",
sin abusar permitiendo que pueda quedar cosecha para el año siguiente, ya que
entre las reses que veamos, las habrá también de aquellas que no son
"cosechables" para la presente temporada y así, asegurar el
mantenimiento y mejorar, si cabe, de los recursos renovables que son la base y
el sustento de la explotación y que además son limitados cada temporada.
B)
Porque en la venta de esta producción, el comprador también exige cada día
poderla realizar de una forma que le ofrezca cierta garantía en relación con el
precio pagado y "rentabilizar" los costes para todos los sectores.
C)
Porque existe una programación previa, que debe cumplirse para mantener el
equilibrio de los recursos, que se contempla en los típicos Planes Técnicos de
Caza.
D)
Porque existe un control legalista de estas explotaciones como la ley de vedas
y otros sistemas, que regulan oficialmente estas explotaciones cinegéticas, en
lo que respecta a sus periodos hábiles, cantidad y edad de los individuos a
cazar, etc...
E)
Porque el concepto del cazador ha evolucionado, dejando de ser únicamente un
recolector de alimentos en forma de carne, para convertirse además en un
deportista con un estricto código ético y moral, que se dedica a una actividad
deportiva, realizada desde una visión de explotación racional de los recursos
naturales en armonía con el medio ambiente.
F)
Porque como los costes económicos para la crianza y mantenimiento de las piezas
de caza, son cada día más elevados, surge la necesidad de afinar en la fórmula
elegida.
G)
Porque una buena gestión de una explotación cinegética busca siempre una
adecuada selección de la especie y de los individuos, de forma que los animales
que puedan cazarse cada año sean aquellos que, como trofeo, han alcanzado su
mejor grado de desarrollo y al tiempo puedan seleccionarse aquellos otros
trofeos que por su evolución ya se prevea que no obtendrán el tipo de trofeo
deseado.
H)
Porque ha incrementado considerablemente el número de cazadores y surge la
necesidad de racionalizar los recursos disponibles. Con el número actual de
cazadores y sin unos criterios racionales, podría acabarse en una sola
temporada con todos los recursos cinegéticos existentes.
I)
Porque es preciso adoptar un mecanismo que pueda dar ciertas garantías a los
sectores implicados:
- por
una parte, a los titulares y responsables legales de cada coto.
- por
otra, a los organizadores y comerciales del tema cinegético.
- por otra
parte, a los cazadores que son los "paganos".
- por
último, que el impacto de la explotación sobre el medio ambiente no sea nefasto
y mantenga o mejore el equilibrio medioambiental.
J) Una
vez que un puesto ha hecho su cupo, las reses pasarán a otras posturas y de
esta forma los demás cazadores tendrán la oportunidad de poder escoger y
seleccionar cuál será la pieza que considere más adecuada. Es decir, un trofeo
cosechable puede pasar por varios puestos.
K) Por
asegurar un mantenimiento del buen estado sanitario de la cabaña, un número
elevado de ejemplares conduciría con toda seguridad a la aparición y difusión
de una gran variedad de enfermedades que podrían llevarnos a situaciones con
drásticos resultados.
![]() |
| Trofeo de jabalí. |
- Estrategias del cazador ante los cupos
En
primer lugar, es conveniente y, siempre que se pueda, visitar la finca antes de
la montería para ver la calidad media de las reses.
Es
fundamental, el conocimiento de la calidad media de las reses de una finca y
así no tendremos dificultad, si presentada la ocasión, hemos de concluir
nuestro cupo, aunque sea recién llegados a la postura.
Siempre
es conveniente, pero más aún, cuando se montee una mancha con cupo es de vital
importancia conocer la forma de entrar los perros y cuál es nuestra ubicación
con respecto a la mancha. Si ésta queda abierta o está mallada, porque nos dará
una idea sobre el comportamiento de las reses.
Dependiendo
del tipo de finca y del número de piezas que componen el cupo el cazador deberá
actuar en cada caso de una forma diferente.
Uno de
los riesgos más claros de los cupos es no disparar a lo que nos pasa esperando
que después vendrá algo mejor.
Hemos
de asegurarnos lo más posible si la pieza tirada ha sido abatida o no porque
resulta muy desagradable el no tirar después otras reses ya que creíamos que le
habíamos dado a las primeras reses y al final ni las habíamos tocado. Es muy
útil la labor de un experto secretario.
El uso
de los prismáticos es de vital importancia para reconocer y seleccionar
adecuadamente la pieza antes de dispararle.
En las
monterías de cupo resulta, cuando menos arriesgado el rematar reses que nos
vienen heridas de otras posturas, pues está muy extendida la picaresca actitud
de reclamar las reses heridas cuando no se ha completado el cupo, en cambio
ignorarlas, cuando éstas pueden sobrepasarlo, lo cual no conduce a situaciones
conflictivas.
A veces
el cupo puede ser mixto, incluyendo un número determinado de venados, otro de
gamos y otro de muflones. Y en ocasiones hasta se permite canjear alguna de las
especies entre sí. En este caso dependerá de nuestros intereses particulares el
decantarnos por una especie más que por otra, pero también habiéndonos
informado de la calidad y de la abundancia de cada tipo de trofeo, para
establecer nuestro cupo personal.
- Los cupos pequeños o reducidos.
Cuando
el cupo es muy reducido y la finca posee gran cantidad de reses, sólo se
tirarán a primera hora aquellos ejemplares que estemos seguros de que tienen
una calidad muy buena de trofeo.
El paso
de las rehalas por nuestra postura es vital, porque los venados viejos suelen
chantearse antes de que les lleguen las rehalas o se encaman hasta que no los
levantan los perros de un mordisco.
El
momento en que acaban de pasar las rehalas es importantísimo porque los venados
grandes suelen volverse y desandar el camino de las rehalas.
A
primera hora de la mañana es conveniente que tengamos muy bien vigilados los
matocones de chaparreras y de monte espeso propensos a albergar los encames
habituales de las reses, principalmente cerca de los collados, que suelen ser
querenciosos para los venados viejos, porque así podrán otear mejor y desde más
lejos.
Los
venados más viejos suelen buscar las alturas en el momento que se percatan del
trajín de la montería, para orientarse y escaparse de la mancha bulliciosa a
otra más tranquila.
Generalmente
cuando se tira a un cordón de reses, los mejores trofeos suelen arroparse con
los venados más jóvenes y, a menudo, los viejos les pegan a los jóvenes para
que éstos rompan primero.
Si el
paso de las rehalas es tardío y no esperamos el regreso de estas, hemos de
tirar todo lo que se estime aceptable al sobrepasarnos.
En los
cupos pequeños es conveniente asegurarse muy bien de la calidad de un trofeo
antes de dispararle, para lo cual se debe de comparar minuciosamente la calidad
del trofeo y asegurarnos de la res a la que disparamos, pues en muchas
ocasiones los venados grandes se amparan entre los más pequeños y corremos el
riesgo de abatir al que le acompaña.
Tres
cosas son muy indicativas, la palma, la longitud y el grosor. Si tenemos tiempo se miran las segundas
luchaderas.
Los
venados viejos aun siendo seguidos de cerca por las rehalas suelen separarse
del grupo en el que van y se amatongan o se achantan tendiendo su cuerna hacia
detrás, cobijados por cualquier arbusto, donde permanecen mientras no se les
moleste. Por eso es conveniente, desde que se aviste un grupo de reses, fijarse
en el mejor venado y llevarlo siempre controlado.
![]() |
| Trofeo de marrano. |
- Los cupos medianos.
Suelen
ser los más frecuentes y siempre que se pueda debe hacerse la mitad del cupo lo
antes posible, es práctico y muy útil conocer la calidad media y la cantidad de
reses que tiene la finca, para así seleccionar con más precisión.
Al paso
de los perros, si es que éstos sólo van en un sólo sentido, completar el cupo;
en cambio cuando se sabe exactamente que los perros volverán a desandar el
camino, debemos dejar un venado, por lo menos, para el final.
- Los cupos grandes o amplios.
Los
cupos amplios suelen tener una calidad muy bonita de reses, pero sin abundar
los trofeos medallables, por eso siempre que se pueda, hay que procurar hacer
cuanto antes por lo menos la mitad del cupo y a medida que nos queda menos
cantidad para completar el cupo se va seleccionando la calidad con más esmero.
Se debe
repasar mentalmente de cuando en cuando donde van cayendo las reses muertas,
quedándonos la referencia más significativa del paisaje; pues al final podemos
confundirnos y no dar con ellas, aun habiendo sido abatidas.
En las
fincas con grandes claros, suelen formarse cordones muy numerosos de reses, ya
que es la forma natural de defenderse, entonces los mejores venados suelen
correr arropados por ciervas y varetos, dificultando el que se les pueda
disparar. Algunos cazadores expertos resuelven este problema disparándole al
suelo cerca de las patas para dividir la pelota, aunque no siempre da resultado
es lo único que se puede intentar si no queremos que se nos marche un buen
venado sin hacer nada por conseguirlo, salvo que estemos dispuestos a asumir el
riesgo de dispararle al venado en el centro de la pelota y al tiempo matemos
otras reses con él.
- El camelo de los cupos
El
simple hecho de montear una mancha con cupo ya parece presuponer que nos vamos
a encontrar con la posibilidad de poder elegir entre varios trofeos y que la
calidad de las reses debe ser buena (en función del precio de la acción) y
cuando estas circunstancias no se aprecian en el conjunto del tapiz de reses
obtenidas al finalizar la montería, estaremos ante un caso ineludible y
sangrante del camelo de los cupos.
A
veces, fincan que están empezando a hacerse utilizan el sistema de los cupos
para mantener una cantidad de reses adecuada, pero, aún sin haber alcanzado una
calidad aceptable en los trofeos existentes. Otras veces, se incluye en los
cupos un número de piezas que no existen en toda la finca.
Por
último, no olvidemos que la fórmula de montear con cupos ofrece ciertas
"garantías", pero que en realidad tampoco es un sistema garantizado,
porque la caza afortunadamente sigue siendo caza.
¡Caza disfrutando, disfruta cazando!
Manuel Moreno
Diciembre - 24






No hay comentarios:
Publicar un comentario