ARTE DE RASTREAR I
Seguir el rastro de una res herida es una técnica compleja que requiere el uso de conocimientos diversos para distinguir signos de parecida forma, pero de diferentes interpretaciones. Únicamente nos referiremos aquí a las reses de montería.
Aunque suelen utilizarse indistintamente, existen varias palabras que nos llevan a definir casi un mismo hecho, la verdad es que no significan lo mismo, por ello y sobre todo para evitar confusiones, conviene recordar términos monteros tradicionales que designan cada tarea.
RASTREAR. - Perseguir la pieza de caza mayor, herida o no, por el rastro o huella que va dejando en su carrera; principalmente este término se refiere a la res herida cuando va dejando sangre.
PISTEAR. - Seguir las veredas o los caminos de las reses en el monte.
ESCATIMAR. - Antiguo y clásico término montero que define la operación de registrar o averiguar la caza que puede contener el terreno objeto de la batida.
FÓLLIGA. - Excrementos de la caza mayor. En la práctica se utiliza también para referirse a las marcas dejadas en el suelo por estos animales después de haber retozado o peleado allí.
REDRUÑA. - Término antiguo y clásico que define la pista de la res de montería.
ESCATIMAR UNA HUELLA. - Es seguirla para descubrir el paradero de la res. De tal manera se hacía esto, que antiguamente cuando se descubría la dirección exacta de la huella, se hincaba en ella una ramita tronchada con las puntas en dirección que llevaba la res; si era macho se colocaban dos ramitas y si era hembra, una.
REPROPIARSE. - Verterse. Referente a las reses, cuando éstas cambian la dirección de su corrida por haber tomado vientos del cazador; también lo hacen cuando se sienten heridas.
CLASIFICAR UNA HUELLA. - Averiguar, por la impresión que deja el suelo (por la forma, el tamaño y la profundidad), la edad o el sexo de la pieza de caza mayor. No es lo mismo que escatimar.
HUELLA. - Señal que deja la pata del animal en la tierra por donde ha pasado.
RASTRO. - Indicio, pista, señal o vestigio que queda en un sitio de algo que ha existido u ocurrido.
VOLANDERAS. - "Volaeras.” Término popular que define la parte superior de la espalda en las piezas de caza mayor. "Tiro de volaeras" o de "agujas".
SAÍN. - Grasa. Se dice que un venado está cargado de sain cuando su robustez es completa.
REBUDIO. - Gruñido amenazador que el jabalí emite al tomar vientos del cazador o al oír la proximidad de personas alrededor de su encame.
PASO ADELANTADO. - Cuando un venado marca la huella de sus patas delante de la de sus manos.
PASO RETRASADO. - Cuando los ciervos marcan las huellas de sus patas detrás de las de sus manos.
Por el momento nos vamos a interesar por el término rastrear y las actividades a tener en cuenta para realizar esta tarea con ciertas posibilidades de éxito. Para ello, se hace necesario saber un poco de todo lo anterior y un mucho de campo, cosa que suele hacer con facilidad el buen montero o, mejor aún, un buen guarda, por ser éste generalmente un gran experto en el monte.
En temas de caza,
hay algunas cosas que son
"matemáticamente exactas",
pero otras,
la gran mayoría,
suelen ser bastante "relativas"
Nunca podremos decir con exactitud que algo es rotundamente así, porque sólo lo es con frecuencia, ya que la experiencia demuestra que tal causa, no siempre provoca los mismos efectos.
A veces hemos escuchado relatos en boca de cazadores que, dada la fama que ostentamos, se han tenido por enormes trolas, (de todo ha habido y habrá). Pero lo cierto y verdad es que en ocasiones suceden casos que bien podríamos calificar de difíciles de creer. Quizás, ésta sea la causa del porqué somos tan "embusteros". Con todo esto, pretendo aclarar que cuando rastreemos una res debemos tener una cosa clara: "por muy improbable que nos parezca, cualquier circunstancia pudo ser posible en el lance".
En definitiva, saber rastrear adecuadamente es como saber leer, pero en este caso, el libro es el campo y el escritor o escritores han sido los animales, condicionados por las circunstancias y las eventualidades que les han acontecido.
- El que haya podido disfrutar de una intensa actividad venatoria, puede dar fe de que existen casos, que rayan en lo inverosímil, por lo extraño de los efectos que causan lances de similares características en diferentes ocasiones. Pero el buen montero sabrá valorar en cada caso las variables posibles.
Todo montero que se precie de tal debe conocer que:
- Cualquier res en el momento mismo del disparo suele marcar el "arranque", marcando las pezuñas en el suelo lo más verticalmente posible, este hecho se aprecia con gran claridad, sobre todo, cuando el terreno está blando.
- Un venado cargado de saín al emprender su huida por una pendiente hacia abajo, suele marcar largos y profundos resbalones que, de no entenderlos así, podrían llevarnos a una creencia equivocada.
- Las heridas en la cabeza y en el cuello son más eficaces que en ninguna otra parte de la anatomía del animal. Las producidas en la tabla del cuello son de resultados fulminantes.
- Las de "codillo" son mortales, sobre todo en los cervunos, más aún en los venados que en los jabalíes.
- En la columna vertebral, le hacen derrengarse al animal que recibe el balazo; el ciervo hace muestras de cornear al cazador y a los perros, más que acometer quiere huir.
- Las huellas del venado a medida que éste se va haciendo más viejo, las marca más separadas entre sí, principalmente, en sus cuartos delanteros y la pezuña va terminando menos en punta y más redondeada, por esto se distingue también de las ciervas.
- Cuando un venado lleva una pata rota, marca con los remos útiles, la pareja de remo quebrado marca más y con las pezuñas más abiertas.
- Con sólo una extremidad partida, un venado es capaz de correr como si no tuviese herida, incluso a simple vista y desde lejos, resulta dificultoso comprobar esta circunstancia.
- Una res herida
suele abandonar las pistas,
veredas o caminos
por los que habitualmente
se trasladaba
cuando lo hacía
con la tranquilidad
de su vida diaria.
- Un cervuno con una pata rota, casi nunca huirá hacia arriba, en cambio, con una mano quebrada, generalmente lo hará buscando altura.
- En los jabalíes no acontece siempre esto, pero también propenden a lo mismo.
- Tanto los jabalíes como los ciervos corren frecuentemente arroyo abajo y si encuentran agua, se meten en ella, cobrándose algunos en los pozos, charcas o arroyos.
- Los tiros denominados de "volaeras" suelen sangrar abundantemente sin que esto suponga que el animal se encuentra herido de muerte, eso dependerá más del calibre y cartucho utilizados.
- Las heridas de "barriga” les producen fuertes dolores que las obligan a echarse. Si los perros no las siguen, se echan a descansar y se levantan una y otra vez, hasta que entran en la agonía. Este tipo de heridas, dependiendo del calibre con el que hayamos efectuado el disparo, no suelen dejar excesivo rastro de sangre y cuando lo hacen, es revuelta con parte de los residuos de su aparato digestivo.
- Los tiros "entripados altos" dan sangre turbia, los "bajos" la dan con mezcla de excrementos.
- Cuando un disparo abre la cavidad abdominal, la res puede huir más lejos que cuando la cavidad abierta es la torácica, lógicamente teniendo también en cuenta el calibre utilizado.
- El balazo en un cuerno les hace torcer la cabeza y elevar el cuerno no lesionado, debido a que acusa en el cráneo las vibraciones del impacto.
- Las heridas del venado en el cuarto delantero dan la sangre limpia, y a borbotones, de una tonalidad algo más clara, apreciándose ligeramente separadas en el suelo, al lado de las huellas de las pezuñas cuando caminan en llano. En las del cuarto trasero cae la sangre goteando a plomo, cayendo muy próxima a la marca dejada por la pezuña y manchan el monte por el lado que cerró la res.
- En ocasiones, los ciervos cuando se sienten heridos vuelven la cabeza y llevan los labios sobre la herida, de tal manera, que parecen que se besan el sitio del dolor. Este fenómeno es conocido con el nombre de “besarse la herida".
- En los ciervos, sobre todo, existe un tipo de tiro, conocido por "calentón" que los derriba de forma fulminante, aunque sólo le ha rozado parte de su cuerpo, generalmente el cuello o el cráneo, pero a los pocos minutos suelen levantarse y perderse entre el montarral, sin que tengamos ninguna posibilidad de cobrarlos, ya que estos tiros raramente les producen lesiones graves.
- El taponamiento de las heridas es mayor en el jabalí que en el venado, dado el espesor del tejido adiposo o grasa que recubre la mayor parte de su cuerpo. Empiezan, en ocasiones, dando sangre que después se pierde, entonces, si hemos memorizado la huella correctamente podremos distinguirla entre otras.
- Un cochino herido en los cuartos traseros puede distanciarse bastante, no así el venado, dado que el cochino tiene su mayor desarrollo muscular en los cuartos delanteros, en cambio, en el venado su mayor potencia muscular reside en los cuartos traseros.
- El jabalí con las dos manos tronchadas y apoyándose sólo en los tocones, aún tiene fiereza como para acometer.
- La res que se considera herida buscará enseguida la tranquilidad en la espesura del monte. El intentar rastrear inmediatamente a una res bien herida puede dar lugar a que se nos levante y esto dificultaría su cobro; si además se tratase de un cochino, podríamos provocar un desagradable incidente.
"A la res bien herida, dale tiempo y gánale la partida"
- Las marranas al sentirse acorraladas suelen gruñir estrepitosamente y proferir gran cantidad de chillidos, no dándose esta circunstancia en los machos que, en su lugar, lo más que hacen es sólo rebudiar.
- El paso adelantado es señal de venado joven y fuerte, apreciándose más cuando éste huye de forma apresurada.
- El paso retrasado puede ser, según el tamaño de la huella, de una cierva preñada o de un gran venado cargado de saín. También la deja una res joven cuando tiene mermadas sus condiciones físicas, por enfermedad o por encontrarse herida.
- Los tiros de arriba hacia abajo suelen ser fallados con más frecuencia que los de abajo hacia arriba.
- En corto y a ser posible, se debe asegurar el tiro hacia un punto vital, para ello, la serenidad, saber controlar la emoción del lance y dejar cumplir la pieza, añaden al lance el regusto de una faena inteligente y experimentada. Las prisas nunca fueron buenas consejeras, en cambio, la decisión distinguió a los cazadores experimentados.
Para establecer nuestra estratégica hipótesis tendremos en cuenta:
- Que, para rastrear acertadamente, lo primero será hacer mentalmente la reconstrucción del lance, debiendo revisar las huellas, desde justamente el momento antes del tiro, a continuación en el tiro, reconociendo y memorizando la huella del animal tirado y, por último, después del tiro. El memorizarla es para distinguirla entre otras, sobre todo, cuando hay mucha fólliga entre la que podremos confundirnos fácilmente.
- Cuál era la posición de la res y la distancia a la que se efectuó el disparo. Observando los gestos que el animal hizo en el momento del tiro. Pues al ser cogidos por el tiro, casi todos los animales lo acusan.
- Si le acompañaban otras reses y que hizo cada una después del lance. Generalmente, cuando un venado se siente herido suele repropiarse, es decir, toma otra trayectoria y se separa del grupo.
- Si existen rastros visibles de sangre, huesos o de otras sustancias que nos indiquen en que parte del cuerpo va herido. Si han caído trozos de huesos habrá que identificar, con calma, a qué parte de su anatomía pertenecen. El despiezar las reses muertas contribuye a mejorar y a afianzar nuestros conocimientos al respecto.
- Que a veces, al rozarse con los arbustos más próximos a la trayectoria del animal, éstos suelen quedar manchados por la sangre de la herida o restos de alimentos de su aparato digestivo. Habrá que observar a la altura que va dejando las marcas y sí en su huida pudo haberlas atropellado, porque de ser así, luego al volver éstas a su estado original, nos confundiría bastante el cálculo de altura de la zona donde imaginábamos que dio el tiro.
- Que es de crucial importancia considerar con que calibre y cartucho hemos efectuado el tiro, la capacidad letal del mismo y el tipo de res, ya que no es lo mismo un tiro de jamones para un cervuno que para un cochino, aun tratándose del mismo calibre y cartucho.
- Si observamos que al poco de haber disparado a la res, la amplitud de su zancada disminuye ostensiblemente es señal inequívoca de que la res va bien herida.
- La amplitud de la zancada nos dará una idea de la vitalidad que aún le resta al animal, considerando para esta circunstancia si el animal es perseguido por la jauría o no.
... lo primero en observar serán
los pájaros que pueblan estas inmediaciones,
pues, las urracas y los rabilargos
suelen ser los más chivatos...
- Que, a finales del verano, las sanguijuelas pueden hacer sangrar a los cérvidos por la boca sin que éstos, estén heridos del tiro. Pues la sangre que dan suele ser aguanosa, por estar mezclada con la saliva del animal. Hay temporadas en las que existen gran abundancia de parásitos, sobre todo las garrapatas, que al llenarse de sangre y después rozarse el animal con los árboles para desprenderse de ellas, dejan algunas manchas de sangre.
- Si hemos de abandonar el rastreo para continuarlo al día siguiente, debemos hacerlo en las proximidades de alguna espesura del monte. Al día siguiente, lo primero en observar serán los pájaros que pueblan estas inmediaciones, pues, las urracas y los rabilargos suelen ser los más chivatos, incluso si llegamos con sigilo no será extraño encontrarnos con algún raposo, ya que éstos disponen de buen olfato.
- La moscarda, los tabarros suelen revolotear cerca de la res muerta, la primera para desovar y los segundos para comer de ella, ya que son carnívoros.
- En épocas cálidas, las heridas producidas a los animales en lugares en los que es imposible lamerse, son al poco tiempo escogidas por la moscarda para el desove, apareciendo en breve una imponente "gusanera".
- Los buitres nos lo indican con gran precisión, si es que ha muerto en un claro. Una bandada de estos personajes puede dar cuenta de un venado en menos de media hora.
- Una vez que tenemos todas las pruebas constatadas, podremos imaginar de forma más o menos cierta, en qué parte de la anatomía del animal le alcanzó el tiro, cuáles son las posibilidades de que el animal esté gravemente herido y si va pinchado o simplemente lo hemos peinado.
- Un juicio apresurado de estos aspectos, puede obligarnos a hacer planteamientos erróneos que nos impedirán dar con la pieza.
- Y finalmente, si hemos sido capaces de conjugar correctamente todos nuestros conocimientos del tema y los datos apreciados, podremos establecer una hipótesis con bastantes visos de realidad acerca del resultado final del lance.
¿Cómo actuar mientras rastreamos?
- Mientras rastreamos es conveniente que estemos en silencio y con el oído bien atento por si en las proximidades se nos arrancase la res herida.
- Si la espesura del monte nos lo permite, es conveniente seguir el rastro sin estropear las huellas observadas, por si fuera preciso releerlas de nuevo.
- Cuando dejemos de ver la sangre en el rastro, nos quedaremos con la referencia del punto exacto y si las huellas del suelo ofrecen dudas, inspeccionaremos en círculos para comprobar si el animal cambió de dirección.
- Antes de cruzar un amplio arroyo siguiendo el rastro, debemos señalar con una ramita de monte el lugar exacto por dónde se introdujo en el mismo y rastrear la otra orilla, hasta encontrar el punto por el que continuó su trayectoria la res. De no encontrar continuación en la segunda orilla, volveremos a la primera, por si el animal después de introducirse en el arroyo volvió a salir por la misma orilla que entró, normalmente lo hacen algo más abajo.
- También debemos considerar que en este trabajo se oponen dos aspectos diferenciados:
a) Por una parte, los instintos del animal que, al sentirse herido, le hacen adoptar una conducta determinada y encontrándose éste en su medio natural, el monte.
b) Por otra parte, los conocimientos y la inteligencia del cazador para resolver la situación y que por lo general ahora ya, el monte no constituye su medio cotidiano.
- Otro factor fundamental a tener en cuenta en el momento de rastrear, será el conocimiento del terreno en el que se produjo el lance. Un buen conocedor del terreno a rastrear suele valorar en el momento mismo del rastreo, cuales son normalmente los "viajes" de las reses, dónde están sus encames, las aguas y la espesura del monte en la que puede encontrar abrigo la res herida. Aspectos, que aún sin llegar a explicarlos, tiene muy presentes el experto rastreador para realizar su tarea con gran precisión.
- Al jabalí herido y aculado
se debe entrar a rematarle
con el viento de cara al cazador,
buscando la parte de arriba
y, aun así,
con todas las precauciones.
- Si hemos de rematar un venado y como suele ocurrir en el momento más oportuno, no tenemos el cuchillo de monte a mano, bastará con coger una piedra dura del tamaño del puño y darle con fuerza en la protuberancia que éstos tienen en la frente, la muerte es fulminante.
- Cuando una persona no muy versada en el trabajo de rastrear ve al experto realizando esta labor, suele exclamar: ¡Qué vista tan fina! No es del todo así, lo que ocurre es que el experto, sabe lo que tiene que buscar, dónde lo puede encontrar y qué es lo que debe observar.
- Por lo tanto, durante el rastreo consideraremos todo lo antes expuesto y estaremos atentos a cualquier signo que aparezca, procurando darle una interpretación consecuente dentro de la relatividad posible.
- Y cuando se han conseguido aglutinar en una misma tarea tantísimos conocimientos, utilizándolos de forma natural, tan precisa que cualquier inexperto puede atribuir los buenos resultados a la "vista tan fina", es porque ha dejado de ser un trabajo vulgar para convertirse en un arte.
- Aunque la labor de rastrear sea dura, complicada y difícil, si por desgracia, no llegamos a cobrar la pieza herida, seguro que algo más habremos aprendido, pero si, por el contrario, finalmente conseguimos cobrar la res, la satisfacción del lance, sin duda será mayor, porque es de mucho mérito, superar las dificultades que nos planteará esta tarea.
¡Caza disfrutando, disfruta cazando!
Manuel Moreno
Andújar febrero-94
Publicado en Caza y Safaris nº 131- Sptbre-94
Agosto - 24