APIOLAR UN VENADO
“… un venado … se apiola de los pies y manos cortando el cuero a lo largo desde encima de las corvas a las uñas para desollarle las canillas y en estandolo se desgobierna y saca entera dejando en el pellejo de las piernas las uñas y pesuños y sacadas entrambas canillas se da dos nudos con el pellejo de entrambos pies que llaman apiolar que quedan fortisimos y hazen lo mismo desnudándole las manos desde las rodillas a las uñas dejándoselas con los pesuños sacándole las canillas, para apiolarle dandole otros dos nudos…”
PEDRAZA GAITÁN, P.: Libro de la Montería, Manuscrito del S. XVII-XVIII, Capt. IX.
Esta es una forma muy antigua de apiolar un venado que aparece en la versión de Libro de la Montería de Pedraza Gaitán.
Existen otras formas, en concreto, la que emplean los arrieros antiguos por la zona de Sierra Morena, que la ejecutan de la siguiente manera:
- A los venados y cervunos en general, una vez que se han destripado o desbandullado, se le dislocan las articulaciones de las rodillas.
- Después se les ensarta un ojal que se les hace en el labio inferior con un trozo de jara a una rajita que se les practica en la piel de la barriga, (paralela a la raja longitudinal para destriparlos)
Este mismo procedimiento o muy similar, lo refieren así Carlos Hidalgo y Antonio Gutiérrez (1845) en su Tratado de la caza:
"Lo primero que debe hacerse después de muerta alguna res siendo macho, es castrarlo, para evitar que su carne sepa á bravio; en seguida se abre por el vientre en canal, empezando desde la cola hasta el cuello; se estrae perfectamente todo el bandullo, se vuelve la res boca abajo para que dé toda la sangre que tenga y quede perfectamente limpia; hecha esta operación y cuando la res sea ciervo, gamo ó corzo, se desjarreta de ambas manos por la articulacion de la rodilla, y de una pierna por el corbejon: se le saca la lengua, se le hace un agujero en ella y se pasa por la lazada del corbejon de la otra pata que no se corta y en la que solo se hace una cisura con este objeto; y atravesándole después un palo por la abertura de la lengua, queda enlazada la cabeza de la res con el cuarto trasero. De esta suerte, se coloca atravesada en la caballería con el lomo sobre la albarda; se cubre con una manta, y se conduce á la casa ó rancho, en donde se la estrae en seguida toda la asadura. "
Se hace así, para poderlos cargar más fácilmente a lomos de las caballerías y que moleste menos la cuerna en el transporte por las veredas enmontadas de la sierra.
desconcertándolos por las coyunturas,
para descubrir los nervios,
para colgarle ellos:
y esto se llama apiolar… “
ARGOTE DE MOLINA, G.: Acrecentado al Libro de la Montería. Capit. 44. Como se ha despedazar un venado. Ed. Sevilla.
“CAPÍTULO XLIV
De cómo
se ha de despedazar el venado.
Para despedazar el venado se
degüella, lo primero; después cortan con el cuchillo de monte los
cuernos, y esto llaman descocotar; tras esto cortan el cuero de los piés
traseros, desconcertándolos por las coyunturas para descubrir los nervios, para
colgarle dellos; y esto se llama apiolar.
Luégo le cuelgan de un estaca,
ó le desuellan en tierra: lo primero por las piernas, desde el jarrete hasta lo
hueco, y siguen abriendo el pellejo por la barriga hasta desnudarle de todo punto;
ábrenle luégo por delante, y sácanle la vejiga; tras esto la panza y tripas.
Rompen luégo el pecho hasta el pescuezo, y recogen la sangre derramada; sacan
después el asadura, livianos, hígado y corazón. Y tras esto le cortan la cabeza
por el cogote; y últimamente le hacen cuartos, dejando los riñones en los
cuartos traseros. Y no solamente pertenece saber hacer este oficio á los
Monteros, pero también á los Príncipes y caballeros.
Siendo Gobernadora de Flándes
la Serenísima Reina de Hungría, María, hermana del Emperador, estando en el año
de 1549 la Corte en Holanda, y allí el Rey, Nuestro Señor, siendo Príncipe, y
Emanuel Philiberto, su primo, Príncipe de Saboya, y de los españoles, D. Juan
de Benavides, que fué Marqués de Cortes, y Paredes y Joan Ramos, sus ballesteros,
salieron al lugar de la Haya los Príncipes á montería de gamos, una mañana al
amanecer, sin haber dado á la Reina noticia de su salida, la cual, como lo
supo, tornó caballos y alcanzólos, y fuéronse juntos á la montería; y como
viesen un gamo blanco muy grande en la floresta, de que allí hay cria, hirióle
la Reina con una jara, y Joan Ramos le lanzó un lebrel del Príncipe, llamado
Ibroña, con la trailla, el cual se agarró del gamo por el pescuezo, y dió con
él en el suelo, y la Reina María se apeó luégo; y alzando las puntas de las
faldas y las mangas del jubón, sacó un cuchillo de monte déla cinta, y por sus
manos abrió el ciervo y lo degolló, y le sacó las entrañas y lo aderezó con
tanta destreza, desenvoltura y arte, como el más ejercitado Montero.”
Libro de la Montería por GONZALO ARGOTE DE MOLINA.
De una u otra forma, apiolar un venado tiene la utilidad de prepararlo para poder transportarlo por los caminos de la sierra a lomos de caballerías como se ha venido haciendo desde siempre.
Ya en el Libro de la Montería se relata como un hombre solo podía cargar un venado por pesado de fuera a lomos de una caballería, ayudándose con un palo cortado a modo de horca que denominaban horcón, también aparecía escrito "orcón"
Esta rudimentaria herramienta era un palo
largo de gran tamaño, que tenía en uno de sus extremos, en forma de Y, y que
servía para ayudarse y poder cargar mercancías sobre carros o caballerías con
parihuelas. También podían servir para
ayudarse a cargar sobre una caballería las piezas grandes de caza.
ALFONSO XI.: Libro de la Montería, Manuscrito del s. XIV.
.
El término apiolar también se usa contextualmente como sinónimo de las piezas que se han abatido. Cobrar. Hatear.
En la caza menor, es unir las perdices por los picos. Apicolar.
Los conejos y las liebres se apiolan cruzando los tendones y los huesos de dos dedos de una pata y otro dedo y tendón de la otra (engarronar). Esto de uno en uno y sirve para colgarlos por ellas. También se dice de las aves (perdices, zorzales…) cuando se agrupan de dos en dos, pasándoles una pluma por orificios de las narices para colgarlas. También engarronar, apicolar y empiolar.
“… Para coger y colgar con facilidad las
liebres y conejos muertos, se les enlazan las piernas, que es lo que los
cazadores llaman apiolar. Esto
consiste
en desgarrar los dos dedos laterales de una pala hasta la primera articulación;
separar luego del hueso el tendón del centro; romper por la primera
coyuntura el hueso de la otra pata, dándole vueltas hasta que rompa el pellejo
y que salga la punta de él, la cual se mete después por el hueco que queda
entre el hueso y el tendón de la otra pata, tirando hasta que pase por él toda
la articulación rota, con lo cual quedan enlazados…”
HIDALGO, C. y
GUTIÉRREZ GONZÁLEZ, A.: Tratado de Caza.
Madrid 1845 Pág. 179.
Una vez más y,
con mucho ingenio,
el hombre consigue superar dificultades
que se le han presentado
en sus quehaceres diarios,
también en el mundo de la caza.
¡Caza disfrutando, disfruta cazando!
Manuel Moreno
Noviembre - 24
