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VAQUEO y SALTEO

  Biblioteca Nacional de España VAQUEO Modalidad de caza mayor, consistente en esperar a las reses que vienen de vuelta a su encame diurno d...

20240430

REACCIONES AL IMPACTO

 

REACCIONES AL IMPACTO


Reacciones al impacto.
Reacción al impacto de un jabalí.                                Caza y Safaris

A pesar de que disparemos con el mismo arma, pero si utilizamos distintos tipos de munición, es posible que las reses no acusen el tiro de la misma manera.


    ¿CÓMO ACUSAN EL TIRO LAS RESES DE MONTERÍA?

       La duración que tiene un lance de caza en la montería suele ser más bien breve, incluso instantáneo, pero a veces es el suficiente para poder observar imágenes más o menos fugaces, que sabiendo interpretarlas, nos permiten estimar cual es la parte de la anatomía del animal que ha recibido el impacto, y así, podremos calcular cuales son las posibilidades de cobrar esa res.

      Casi siempre que una res recibe un disparo, hace un extraño movimiento, aunque si las balas le pasan cerca o le caen debajo de las patas, también da un aparatoso salto, sin haber sido herida.

      Hoy en día en la montería se emplea una variada gama de calibres y municiones que tienen comportamientos, aunque similares, notablemente diferenciados con respecto a los efectos que producen en las reses. A pesar de que disparemos con el mismo arma, pero si utilizamos distintos tipos de munición, es posible que las reses no acusen el tiro de la misma manera. Por ello, los comentarios que vienen a continuación, aun refiriéndose al mismo caso, pueden variar significativamente en la realidad, dependiendo de estos factores. De ahí, que aquí nos vamos a referir de modo general a la forma en que las reses suelen acusar cada tipo de tiro.

      Para la montería, siempre es conveniente utilizar un cartucho que tenga potencia, velocidad y que el proyectil no sea muy duro, ya que, si no, éste atravesará el animal y no lo derribará instantáneamente; interesa utilizar un proyectil que sea de punta blanda, para que nada más entrar en el cuerpo de la res, adopte la forma de seta y pueda transmitir una mayor cantidad de la fuerza que lleva.

     

 Cuando se apunta 

buscando el punto vital,

el montero en el momento del tiro 

percibe casi siempre 

la reacción de la res 

al recibir el impacto. 


    Se aprecia mejor en el venado que en el jabalí, aunque los síntomas se den en los dos igualmente.

      Ante un tiro, el comportamiento de gamos, muflones e incluso de los corzos, guarda bastante parecido con la forma de acusarlo los venados, por eso, nos referiremos únicamente al venado y al jabalí, que son los que más diferencias presentan entre sí, dadas sus dispares constituciones morfológicas.

      Para que resulte más fácil comprenderlo, clasificaremos los diferentes tipos de heridas que los tiros producen y analizaremos el comportamiento inicial de las reses en cada caso:

 

 

      MORTALES QUE DERRIBAN LA RES INSTANTÁNEAMENTE.

      - Cabeza: Cuando el disparo alcanzó el cráneo del animal, éste cae al suelo repentinamente y ni tan siquiera patalea ya que la muerte le sobreviene de manera fulminante tanto a venados como a jabalíes.

      - Tabla del pescuezo. Cuando la herida se produce en esta zona, la res caerá inmediatamente desmadejada en el suelo, pero el pataleo durará breves segundos. Aunque si el tiro entra por el pecho y sale por la parte delantera de la paletilla o la atraviesa transversalmente, pero cruzando la cavidad torácica, la res caerá o, mejor dicho, se hundirá de manos y aunque se levante no avanzará más de los 50 metro, en todo caso bamboleándose hacia los lados y con un andar lento y trompicado, con síntomas de mareos.

      Para los ciervos, los tiros en el pescuezo, ya sea de frente o por detrás, son instantáneamente mortales y cuando el proyectil no es muy duro y encuentra las vértebras del cuello en su paso, suele abrir un boquete de salida, que en el momento del tiro se aprecia como se esparce en el aire el pelo de la salida, si es que el tiro se ha realizado a corta distancia.

      Los tiros en el cuello de forma atravesada son mortales en el acto, salvo cuando el tiro roza o alcanza muy poquito la parte baja del cuello que pueden llegar a correr algo, pero que pronto tienen que pararse y al final mueren porque en esa zona le afecta a la tráquea y al esófago.

      Los cochinos, aún con los huesos del cuello partidos, caen instantáneamente, pero patalean durante un pequeño espacio de tiempo, siempre algo mayor que los ciervos.

      - Espinazo. En el momento en el que el disparo afecta a la médula espinal, la res cae redonda, pero si el daño se ha producido en el espinazo, de la cruz hacia detrás y el animal se encuentra como vulgarmente se dice "tronchao", deberemos apresurarnos a rematarlo para evitar la desagradable imagen de una agonía lenta y dolorosa. Si no se es muy avezado en este tema de la montería, aconsejo que se repita un nuevo disparo desde lejos para evitar dos situaciones desagradables que pueden presentársenos:

          - Una de ellas, peligrosa para nuestra integridad física, ya que tanto si se trata de un venado como si se trata de un jabalí, ambos procurarán defenderse atacándonos si nos aproximamos.

           - La otra, muy desagradable para cualquier persona con sensibilidad y que grabará de forma nefasta en nuestra memoria, la lágrima agónica de un ciervo.

      Pero si la herida se produce en el espinazo alcanzando también los riñones, se provocará una fuerte hemorragia y la muerte sobrevendrá pronto.

      - De atrás hacia delante. Con este tipo de herida las reses corren poco, la mayoría de las veces, nada. Sobre todo, si la salida apunta a la parte delantera del pecho, ya que en su trayectoria el proyectil interesó órganos vitales y perforó la membrana del diafragma. Pero en los raros casos que consiguen huir, se derrumban a los pocos metros, acusando el tiro con un andar mareado, más notable en los venados que en los jabalíes.


      Cada vez que el proyectil 

atraviesa el diafragma, 

el efecto es más contundente 

y el animal se derrumba antes.

     

     - Articulaciones superiores.  Si la herida se produce en la parte de la articulación del jamón o grupa, la res acusará el tiro derrengándose y cayéndose de atrás si es que afectó a las dos articulaciones que se encuentran en la parte superior del jamón.

Caza y Safaris

      Si es en la parte de la paleta y atraviesan las dos, hacen el intento de dar un salto y caen mortalmente en pocos pasos, de forma que al faltarles apoyo en los dos remos delanteros caerán al suelo apoyando el pecho y continuarán dando patadas como intentando incorporarse.


      A los jabalíes se les nota menos en las patas traseras que cuando la herida es en la parte delantera, donde la acusan más.

 

 

   

       MORTALES QUE NO DERRIBAN LA RES INSTANTÁNEAMENTE.

          - Codillo.  La creencia general y lógica es que los tiros de codillo derriban a las reses instantáneamente, ya que la herida en los bofes y corazón es mortal, e incluso a veces es así, pero en la mayoría de las ocasiones andan, aunque sólo sean unos pasos y otras más todavía. Sobre todo, cuando la bala atraviesa transversalmente el cuerpo del animal, sin interesar huesos, aunque destroce órganos vitales; en el caso de que afecte al diafragma caen antes, tanto el cerdoso como el cervuno.

      Las heridas de codillo pueden afectar al conjunto de órganos vitales o centradas únicamente en el:

            Hígado. La herida en el hígado es mortal, pero tampoco instantánea, la res suele huir con mucha velocidad y debemos repetir el disparo, ya que, si no, puede alejarse bastante. Estas heridas dan gran cantidad de sangre negruzca y densa. Cuando se han alejado un poco se paran y suelen permanecer un rato como "amorcillaos" y si seguimos disparándole encajan los tiros acusándolo levemente, hasta que son alcanzados por una bala en un punto vital que los derrumbe.


      Cuando el lance se da en carrera, 

el jabalí, 

en el momento, 

no acusa el impacto casi nada.


            Pulmón. Lógicamente, también es mortal la herida en el pulmón, pero la res puede continuar corriendo y suele dejar manchas de sangre roja y espumosa. En ocasiones, durante la huida de un tiro de pulmón las reses van echando sangre de este tipo por la nariz y la boca. Se trata del típico tiro de codillo, pero un poco alto y tanto jabalíes como venados corren unos metros antes de caer.

            Corazón. Ni que decir tiene, que la herida es también mortal, pero también suelen andar un poco, antes de derrumbarse, aunque algo menos que en los casos anteriores y también, sobre todo, en los ciervos que se manifiesta andando con mareos. A los pocos segundos de efectuado el disparo, ya se puede apreciar ensangrentada la zona de la paletilla y más aún, si es por el lado de la salida que, con los rifles y municiones actuales, suelen abrir un gran boquete de salida; herida que se aprecia a distancias considerables.

          - Empanzado.  En este tipo de tiro se nota un ligero encogimiento del cuerpo o en que también dan un fuerte brinco en el momento del disparo y después, al continuar andando los venados ponen el rabo horizontal. Todo ello, si el tiro se realizó con la res parada, pero cuando las reses van en plena carrera, casi no apreciamos que el proyectil las ha alcanzado. A veces, se les ven los trozos de tripas colgando, pero, aun así, huyen y se alejan bastante. Por ello, es conveniente y cuando se sabe con seguridad, que una res lleva un tiro de barriga, dejarla encamarse tranquilamente, ya que en cuanto pasen unas horas, debido a la fuerte infección, le sobreviene la peritonitis y mueren.

      A pesar de todo, es el tiro menos buscado por los monteros, ya que, con él, una res no cae, deja poca sangre y puede marcharse como si fuese completamente ilesa. Estos tiros son difíciles para rastrearlos y, por tanto, para cobrar. Aunque son mortales y muy dolorosos para los animales que pueden alejarse bastante hasta encontrar un retirado y tranquilo encame. Algo similar ocurre con los tiros de ijada o ijares. A estos tiros se les llama también entripado, embuchado, de barriga, "pinchao"... siendo los que más discusiones plantean en la montería.

      - Boca.  Con un tiro transversal en la boca las reses suelen levantar la cabeza y sacudirla hacia los lados como si estuvieran resoplando, pero continúan su huida de forma bastante rápida y posteriormente mueren por inanición. Si es en la mandíbula inferior, lo acusan menos que en la superior, donde pueden quedar parados en seco, más, cuánto más próximo sea del cráneo. Estos tiros suelen hacerle cambiar radicalmente la dirección que llevaba el animal, tanto si es jabalí como si es cervuno.


      - Jamón.  Un venado herido de jamones se nota en el momento del tiro como si dejase arrastrando levemente las patas traseras, continuará apoyándose con el remo menos herido y se le notan unos saltitos elevando más de lo normal la grupa.  En este mismo caso no se le nota casi nada al jabalí, salvo que se le hayan partido los huesos de los dos jamones y entonces la huida la continuará arrastrando medio cuerpo y en un lugar cercano, dará la tabarra con las rehalas durante un buen rato. Si el proyectil salió por el otro lado, dará aún más sangre y se cansará antes, pudiendo ser cobrado si lo siguen las rehalas y de no ser así, morirá en su encame algunos días después.

 

 

      

    NO MORTALES Y QUE DERRIBAN LA RES INSTANTÁNEAMENTE.

      - Agujas o "volaeras". Se llama así este tiro cuando el proyectil toca o roza los huesos planos de la parte superior de las vértebras a la altura de la cruz del animal. Estos tiros derriban al animal instantáneamente, quedando atolondrado durante unos breves minutos para posteriormente levantarse y emprender una larga huida que les salvará la vida. También se llama a estos tiros calentón de agujas, cuando lo único que hacen es rozar el cuerpo del animal en una parte huesuda del espinazo o el cráneo, cayendo repentinamente fulminados, pero al fin consiguen reanimarse y emprender la huida. Este mismo efecto se aprecia tanto en venados como en jabalíes.

      - Base del cuerno.  De efectos similares al anterior, suelen manifestarse, y evidentemente sólo en los venados, cayendo redondos al suelo y fuertemente conmocionados, si el tiro está muy próximo al cráneo, aunque luego se levantan y se van. Cuando el tiro es en el cuerno propiamente dicho, los venados suelen levantar el cuerno contrario y no llegan a derrumbarse del todo, menos cuanto más alejado del cráneo haya sido el impacto, pero casi siempre es apreciable este gesto.


 Las heridas de las extremidades, 
en la parte exterior del tronco, 
no son mortales en el acto, 
ni incluso al poco tiempo.

      - En dos remos.  Cuando se trata de una herida en dos remos lo más probable es que el animal caiga derribado irremediablemente y más pronto aún si es acosado por los perros y aunque hacen notables esfuerzos por levantarse, pocos metros podrán alejarse.

      Los jabalíes continúan corriendo con los tocones que le quedan.

      - Desjarretadas.  Se llama así, cuando a la res se le ha partido el tendón de la pata por encima del corvejón. Cuando una res ha sido desjarretada de las dos patas o cogida la articulación superior del jamón o partida de los riñones, acusa el tiro cayéndose de los cuartos traseros e intentando incorporarse con un fuerte manoteo de los remos anteriores que difícilmente lo consiguen, pero en el caso del jabalí, es capaz de avanzar unos metros. Conviene rematar rápidamente.

      En el caso de ser desjarretada de una sola pata, la res puede huir y vivir con una pata coja, pero si es desjarretada de las dos patas, resulta difícil su huida y aunque la herida no es mortal, a la larga, terminará muriendo al no poder desplazarse para buscar alimento.

      Desjarretar una res es una técnica que se utiliza para facilitar la entrada a la hora de rematarla, si es que está acosada por las rehalas o inmovilizada de los cuartos delanteros.

 

 

      NO MORTALES Y QUE NO DERRIBAN LA RES.

      - Manirrotas.  Especialmente en los ciervos, apenas si se aprecia cuando el tiro les ha partido una mano, bien en su parte más inferior o por el brazuelo. Cuando los tenemos cerca, se les ve corriendo con la mano moviéndosele como el badajo de una campana, pero si existe mayor distancia, casi no se aprecia alteración alguna en su forma de correr. No sucede así con los jabalíes que como su constitución morfológica es más gruesa en la parte delantera, acusan más el hecho de llevar la mano quebrada, dando ostensibles cojetadas. Aunque, tanto de los unos como de los otros, se han cobrado ejemplares en monterías con la herida completamente cicatrizada del año anterior, incluso faltándoles gran parte del brazo.

      Las heridas de las extremidades, en la parte exterior del tronco, no son mortales en el acto, ni incluso al poco tiempo, pero el animal queda muy mermado físicamente.

      - Perniquebradas. Como ya hemos visto antes en el caso del venado se nota más cuando es perniquebrado que manirroto y a la inversa sucede con el jabalí. Y si la herida es vieja es mucho más difícil que lo observemos en plena huida, mejor aún se aprecian las cojetadas cuando ellos están pastando tranquilamente o su desplazamiento es lento.

      Si la herida la lleva en la parte más inferior del remo, lo moverá todo como habitualmente lo hace, sólo que no apoyará y la cojetada que se puede apreciar, cuando va en carrera, es casi imperceptible.

      Cuando una res tiene roto algún remo por la parte exterior del cuerpo resulta muy difícil seguirla y en el rastro suelen dejar pequeños trozos de hueso, poca sangre y, por supuesto, sólo marcan el remo sano, pero apreciándose una abertura mayor de lo normal en la pezuña. Ni que decir tiene, que el cobro de reses con estas heridas resulta poco probable y bastante dificultoso, a no ser que las rehalas le den alcance o podamos repetir de nuevo el tiro.

      - Nalgas.  El tiro de nalgas, si no interesa huesos o tendones importantes, los ciervos suelen manifestar con un pingo al aire, dejan sangre en el rastro, pero muy difícil de cobrar. A los jabalíes les dan más a ganas de correr.

      - Orejas.  Los venados suelen agachar y sacudir la cabeza, de forma similar a cuando lo hacen para quitarse las moscas. Los cochinos agachan la jeta y corren más todavía.

      - Rabo.  Existe la creencia errónea de que los venados no pueden vivir sin el rabo, porque se decía que en él tenían la hiel. Esto es completamente falso y además se han visto ejemplares que eran completamente anuros y otros que después de un enfrentamiento con las rehalas han llegado a perderlo, continuando con vida.

      A las marranas, que son las que huyen con el rabo tieso, sólo se les aprecia como dan un empujón con el culo hacia delante, corriendo más rápidamente e incluso es posible que se les oiga un gruñido.


Los jabalíes machos

 no es frecuente que chillen

 al sentirse heridos o

 al ser cogidos por los perros, 

en cambio, 

las hembras sí lo acostumbran a hacer 

y de forma bastante ruidosa.


      Dicen los veteranos monteros que todas las reses heridas buscan inmediatamente el agua y ello es debido a que justo en el momento en que se sienten heridas dirigen la trayectoria de su huida en dirección hacia abajo y ciertamente si existe un río, arroyo o una charca cercana se meten dentro del agua. De ahí, que casi todos monteros tengan en su memoria algún lance que haya concluido en el agua.

      Cuando la res sobre la que hemos disparado se encuentre acompañada de otras, es una señal inequívoca de que la hemos herido, el hecho de que no siga a las otras en su huida y, sobre todo, si ésta huye hacia abajo mientras las otras procuran atalayar.

      Los venados que después de haber recibido un impacto siguen corriendo, en el momento en que se paran, acostumbran a llevarse la boca a la herida; hecho que es conocido entre los antiguos monteros como besarse la herida.

      Cuando un venado se para en el tiro o a pocos metros de él, es señal de que va muy herido y morirá pronto, pero, si eso mismo ocurre con el jabalí y no cae muerto en ese lugar, será muy difícil cobrarlo.

      Cuando en el momento del tiro, la res repliega las patas sobre su cuerpo en el aire, es señal de haberle dado en la panza, ya que acusa el fuerte dolor de tripas que le produce el impacto.

      Cuando el impacto alcanza a la res en plena carrera en la zona de la barriga, si el proyectil es duro, atraviesa y cierra simultáneamente los orificios del tiro, lo que impide que deje mucha sangre en el rastro.

      Si la res la hemos tirado atravesada y la bala se quedó dentro sin salir, en su huida solo dará sangre, por un lado, pudiendo observarse esto en el monte que roza o en el suelo. Si, por el contrario, la bala atravesó el cuerpo dará manchas de sangre por los dos lados. Más sangre en los cervunos que en el jabalí que apenas si da ni una gota, ya que la abundante grasa le taponará pronto las heridas. También cuando una res deja pequeñas gotitas de sangre que pronto desaparecen, es señal de que el tiro ha sido en el vientre y por tanto se puede ir empanzada.

      Existe una franja, por debajo de la columna vertebral, que cuando el disparo impacta en esa zona, sin tocar tripas ni otros órganos, las reses pueden huir con mayor velocidad aún, e incluso en el caso del jabalí, si el proyectil es duro y atraviesa sin tocar ningún hueso, es posible que le cicatrice la herida, ya que al poco de haber recibido el impacto se le taponará con la grasa y la herida quedará cerrada.

      Cuando tiramos cerca, es conveniente tener en cuenta que una bala lleva fuerza como para atravesar el cuerpo de una, dos o más reses juntas, es por ello que aunque veamos que el proyectil levanta polvo por detrás de la res, es posible que ya haya perforado el cuerpo de ésta antes. Este hecho ha engañado a más de un experto, que después no ha llegado a rastrear la res porque vio por detrás el polvo que levantaba la bala.


      Es aconsejable que el montero observe al destripar las reses los daños y destrozos ocasionados con el cartucho que utiliza, así tendrá mejores y más prácticos argumentos, para escoger la munición que más garantías le ofrezca.


      Analizados y valorados los efectos que produce cada tipo de cartucho y la herida que provoca en las reses, cada montero decidirá personalmente cual es el punto vital que debe buscar en cada ocasión para apuntar y derribar lo más instantáneamente posible a la res, culminando con éxito el lance.


     Hoy en día, tirar de forma que la res muera lo más repentinamente posible, no sólo es un argumento de eficacia, sino que, además, tiene razones éticas, basadas en evitar mayor sufrimiento a las piezas de caza.

 

        ¡Caza disfrutando, disfruta cazando! 

 

Manuel Moreno “Quilino"

Andújar 1998

Publicado en Caza y Safaris nº 168 enero-98

Mayo - 24

20240401

QUITAOR

QUITAOR

El quitaor es un perro de genio, valentía y coraje.
El quitaor es un podenco campanero

Por lo general es una perro de raza podenco de talla grande que suele auxiliar al galguero desarrollando dos funciones:

    - Una, descubrir por el olfato el lugar donde las liebres se encuentran encamadas y levantarlas para que las cojan los galgos a la carrera, ya que son más veloces que él.

    - La otra, es quitarles la liebre que han cogido.


Este podenco de talla grande, suele ser un campanero y, para ser un buen quitaor, ha de tener el suficiente carácter y autoridad para imponerse a los galgos, quitarles la pieza que han cobrado y llevársela a su dueño.

Hay varias referencias escritas hablando del quitaor que actuaba como auxiliar del cazador, no sólo de galgos sino en la caza en general:

"no solo para la caza de reses, sino también para la de conejos y liebres, y cada una tenía un perro amaestrado y de mayor poder que los demás , que se llamaba el quitador, que ordinariamente no cazaba, é iba cerca del podenquero atento siempre á la labor de sus compañeros, y en cuanto se percataba de que éstos cogían un conejo ó liebre, acudía velozmente al sitio de l a captura, cogía l a caza y la traía gallardamente á su dueño ."

MORALES PRIETO, P.: "Las Monterías en Sierra Morena a mediados del s. XIX". Valladolid, 1904.


Podenco campanero, perro quitaor.
Podenco campanero, perro de carácter

Por tanto, era el perro que, en la caza de galgos, les quitaba a éstos la liebre cobrada, que cuando esto sucede alejado del galguero o en lugares en los que los galgos han quedado ocultos por el terreno o la vegetación, este podenco termina finalmente por entregársela al cazador y evitar así que la destrozaran los demás o se pierda despues de cazada. 


Luego la búsqueda y el cobro es del podenco, mientras que la carrera y la captura es del galgo, todo un equipo en donde se reparten perfectamente las funciones.


Por extensión, suele aplicarse erróneamente este apelativo al perro más dominante y que impone su autoridad en la jauría o rehala.


“Manuel tiene un quitaor, capaz de llevarse una liebre de entre una rehala”


¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

Manuel Moreno

Abril - 24


SEGURIDAD EN MONTERÍAS

Análisis de los términos y los usos apropiados para llevar a buen fin la realización de una cacería, en definitiva, tratar de recuperar aquellas buenas costumbres. 

 

Desde el momento mismo en el que se decide realizar una montería, ya empiezan a aparecer factores que será necesario tener en cuenta para que la seguridad en la misma sea la más completa y exista el menor riesgo posible de accidentes. 

 

De la relación entre el número de personas que van a tomar parte en la misma y la superficie a montear, nos saldrá una cifra, que es lo que vamos a llamar la densidad de personal en la monteríaCuanto más alto sea este dígito mayor será el riesgo probable. Por tanto, si tenemos una montería organizada con una densidad de personal que ya se prevé que puede ser alta, deberemos extremar la seguridad. 

Analicemos, por ejemplo, el personal que toma parte en una montería-media de las que se celebran en la actualidad: 

Nº de puestos: (50 puestos x 2 personas) ...................... = 100 monteros. 

Nº de rehalas: (15 x 1 podenquero) .................................. =   15 podenqueros. 

Nº de guías para las rehalas.................................................. =    4 guías. 

Nº de postores (aproximado) .............................................. = 10 postores. 

Nº de arrieros (aproximado). ............................................... = 12 arrieros. 

Nº de conductores de vehículos todoterreno............... = 20 conductores. 

Nº de carniceros, cocineros, taxidermistas, etc............. =   5 personas. 

Nº de Agentes de la Guardia Civil, del Icona, ...............  4 agentes. 

Nº de auxiliares de rehalas, secretarios, etc.................... =   30 secretarios. 

Nº total de personas que se van a mover por el monte. . = 200 personas. 

 

Hablando en términos relativos respecto a la seguridad, no es lo mismo tener 200 personas repartidas entre 600 Has., que este mismo número de personas repartido en 1.000 Has.  

La densidad de personal en el primer caso es de 0,33 personas/ Ha. mientras que en segundo caso es de 0,2 pers/Ha. pero lo peligroso del tema no es el número en mismo, sino que, durante la celebración de la montería, cada uno de ellos tiene cierta autonomía para desplazarse según su criterio y responsabilidad de forma distinta por el interior de la mancha, causando imprevistos y situaciones con diferente grado de peligrosidad. 

 




La ubicación de los puestos y de las armadas en el monte constituye otro factor fundamental, que llamaremos seguridad pasiva y que tiene por objetivo aprovechar eficazmente las características del terreno, para evitar cualquier desagradable incidente. 

Normalmente, se hace la distribución de armadas y posturas de forma que el tiradero de cada puesto quede independiente y además no puedan estar en línea de tiro. 

Hay fincas, que su configuración no permite lo anteriormente expuesto, dadas las condiciones picas de su relieve, se trata fundamentalmente de fincas con muchos llanos y claros o que su relieve es formado a base de pequeñas lomas. (Ver foto nº 4). En estos casos, el moverse lo más mínimo del puesto puede acarrearnos gran cantidad de riesgos, que unidos a una práctica que delata al poco experto, como es disparar sobre la línea de puestos, puede ocasionarnos serios disgustos. 

En otras ocasiones cuando hay mucha densidad de posturas es preferible que se vean entre para de esta forma saber cada montero hacia qué lugar es a donde no debe disparar. 

 

La indumentaria nos proporciona una seguridad pasiva cuando nos previene e impide que se produzcan accidentes como torceduras, resbalones, pinchazos con las ramas del monte, o una simple insolación. El color cumple funciones de prestancia y elegancia, ya que, según se cree, los cérvidos no perciben colores sólo diferentes matices en blanco y negro, siendo para ellos lo más perceptible el movimiento 


Pero generalmente por estética, y está bien que lo sea así, los monteros solemos vestir tonos pardos, marrones y sobre todo verdes oscuros. Lo que es conveniente y dadas las condiciones de la meteorología en las fechas en las que habitualmente se celebran las monterías, es llevar en nuestro morral un traje de agua que pueda evitarnos el quedar empapados como una sopa ante la aparición del más inesperado chaparrón. 

El calzado debe ser de suela dura y preferiblemente bota por encima del tobillo. 

Una prenda hoy en desuso, tal vez porque no se montea (no se bate el monte), antes imprescindible eran los zahones o delanteras monteras de cuero, que protegían las piernas. Algunos podenqueros que las usan todavía. 

Otra costumbre que nos puede evitar un tremendo día de frío es el portar en el morral un encendedor, para si las condiciones obligan a ello, encender una pequeña candela, que con sus ascuas nos permita soportar de mejor grado el rigor de un día gélido y ventoso. 

 

Difusión de la fecha de celebración de la montería. El asegurarse que, en las fechas anteriores, se ha difundido entre la población vecina y más cercana, el día exacto en que se va a celebrar la montería, así nos evitaría que algún recolector de setas, espárragos, etc. se interne ese día dentro de la mancha molestando y generando ocasiones de peligro. 

 

El acercamiento de monteros a sus puestos y viceversa, es otro momento en el que los vehículos todoterreno que se utilizan acostumbran a viajar repletos de personas, que a veces recuerdan a las sardinas enlatadas, añadiéndole que con ellos viajan las armas y un descuido o un arma no descargada completamente, puede en estas ocasiones, poner en evidencia la integridad física del más "pintao".  

 

 

Postor colocando una armada.
Caza y Safaris



Al situarnos en el puesto, momento en el cuál, como si se tratase de un rito, es aconsejable que realicemos siempre una serie de comprobaciones: 


- Primero será recibir de parte del postor una información precisa acerca de donde se sitúan las posturas más cercanas y cuál es la zona de nuestro tiradero. Como complementario es informarse de cuáles son los viajes habituales de las reses en esa postura, que generalmente el postor suele conocer de antemano, así como la forma en que van a montear los perros. 

 

- Segundo, cerciorarnos de que hemos sido vistos por los puestos más próximos, si tenemos contacto visual con ellos, para lo cual es aconsejable sacar un pañuelo blanco y silbándoles, señalar nuestra posición hasta haber recibido su señal confirmándonos que se dan por enterados, de esta forma ellos y nosotros sabremos desde el principio cual es la zona prohibida para disparar. 

 

- En tercer lugar, nos ubicaremos en el puesto, tarea elemental, pero no por elemental deja de ser tan importante; para ello estudiaremos teóricamente el tiradero y tendremos en cuenta las características del terreno, puede sernos de gran ayuda la información recibida anteriormente del postor y la confirmación con los viajes de las primeras reses. 

El imaginar por donde romperán las reses, suele en ocasiones ser tan productivo como una buena puntería, ya que ello evita la inseguridad del factor sorpresa que casi siempre da lugar a tiros fallidos o peligrosos. Por tanto, hemos de establecer nuestra estrategia, que a medida que va avanzando la montería es susceptible de ser modificada y perfeccionada. Con este análisis podemos prever de antemano y con bastantes probabilidades de acertar, cuál puede ser la zona donde y donde no debemos realizar los disparos, pues esas zonas previamente elegidas por nosotros mismos, serán las que nos ofrezcan mayores condiciones de seguridad y las de más posibilidad de éxito, porque de haber acertado en su localización, habremos escogido una zona en la que podremos repetir el disparo con seguridad, al menos, una o dos veces más y además dejaremos cumplir a las reses, por lo que casi seguro sobrará el tiroteo en vano. 


Una vieja sentencia montera dice: 


"El primer tiro lo haces cuando quieres y el segundo, cuando puedes". 

 

Una vez colocados en el puesto, procederemos a cargar las armas, tarea que siempre debe hacerse con precaución y asegurándose de no encañonar a nadie, pues el tomar estas precauciones denota una exquisita educación montera. Resulta de muy mal gusto quedar delante de la boca del cañón de cualquier arma y más si se sabe que está cargada. 

El arma la podremos tener terciada sobre las piernas o entre las rodillas si el cañón sobresale por encima de la cabeza, o bien, dejada caer sobre el puesto con el cañón hacia arriba. (No es un lugar seguro sobre el tronco de un árbol). Algunos viejos monteros a la hora de hacer el puesto con monte, una de las cosas que construyen con gran habilidad y cuidado es el lugar donde tendrán las armas durante la montería, asegurándose el tenerlas a mano y sin posibilidad de que resbalen. Por supuesto, las armas deben estar siempre con el seguro puesto. He conocido a buenos monteros que tienen el hábito de quitar el seguro en el momento mismo en el que se produce el encare del arma, después de haber identificado con seguridad el animal sobre el que van a disparar. Es una maniobra que, si se realiza con interés, llega a convertirse sin esfuerzo en un hábito de seguridad. Esto se suele dar con mucha frecuencia en las monterías en las que hay un cupo reducido de reses y el montero no dispara sobre cualquier animal cazable, sino que selecciona siempre el mejor trofeo. 

 

El habituarse a manejar adecuadamente el seguro de las armas, es otra circunstancia que reduce enormemente las posibilidades de un fortuito accidente 

 

Venado mimetizado en el monte.
Venado enmontado. Caza y Safaris.

No disparar sobre reses enmontadas, sin tenerlas bien visibles y sin habernos asegurado previamente sobre qué pieza disparamos. Los noveles suelen disparar sobre la primera mata que se mueve y esto además de poco ético es muy peligroso. 


Cuando en el tiradero hay grandes masas de piedra muy próximas es importantísimo tener en cuenta los posibles rebotes. 


En las ocasiones en las que el puesto está ocupado por más de un cazador, no es aconsejable abrirse en el puesto, además está prohibido. Esto hoy por hoy supone una práctica bastante frecuente y que suele acarrear bastante inseguridad si disparan al unísono, aun tratándose de experimentados cazadores. No se presenta este problema cuando se dispara de forma alternativa y los dos se encuentran en el mismo lugar. Es conveniente que al que le corresponda disparar en ese momento se adelante un poquito. 

Acompañantes en el puesto.
Monteros en el puesto. Caza y Safaris.

Si tenemos acompañantes en el puesto que no van a disparar, procuraremos que estén siempre a nuestra espalda, un poquito girados a nuestra derecha, si es que somos diestros para tirar y los más reunidos posible. ¡Ojo! Nunca sentados delante del que dispara, pues ello podría dar lugar a que en el momento de disparar alguien se levante repentinamente y se coloque delante del cañón en la trayectoria del tiro. No olvidemos que hoy en día, la mayoría disparamos con visor y en el momento en que se realiza una tirada, nosotros lo podemos ver lo que entre dentro del visor. (Ver fotografía nº 2). El montero que está detrás no deberá disparar nunca hacia delante en esa posición, pues resulta muy desagradable y sobre todo muy peligroso, mientras disparamos a una res, descubrir dentro de la retícula de nuestro visor la silueta de una figura humana que repentinamente se ha interpuesto. Si el cazador que en la fotografía aparece de pie, disparase hacia el frente, no podría controlar el momento en que su compañero se levanta para ver mejor y además el compañero no le ve por la espaldaEl accidente sería inevitable. 


No es el número de personas que ocupan un puesto lo que genera más o menos inseguridad, sino el conocer o no los riesgos que se corren y el aplicar oportunamente las normas de comportamiento que los previenen y evitan. 

Si disponemos de tiempo suficiente, es de buenos modales avisar a nuestros acompañantes que vamos a disparar, así, sus tímpanos no sufrirán repentinamente la violenta detonación del disparo. (Es aconsejable, simplemente que entreabran la boca). Algunos responden tapándose los oídos y esto no beneficia al que dispara, porque ello da lugar a que el animal se percate rápidamente de estos movimientos y acorte el tiempo de estancia en nuestro campo de tiro. Por tanto, al avistar una res de tiro es conveniente quedarse inmóvil y sólo moverse el que va a disparar. 

Cuando un puesto está ocupado por varias personas, éstas deberán moverse lo menos posible y por supuesto desplazarse lo mínimo desde el lugar donde se encuentra la chapa que señaliza el número de la postura. A veces, las más elementales necesidades corporales, nos obligan a desplazarnos momentáneamente unos metros de este punto. Nunca se debe hacer hacia una zona que pueda entrar en nuestro campo de tiro o en el del vecino. 

 

Coincidir parte del tiradero, puede que coincida parte del tiradero para dos posturas diferentes y esto suele conllevar serias discusiones sobre todo por la tarde, porque a veces se dispara en tiradero del vecino, práctica que debe de entenderse poco correcta desde cualquier punto de vista y sobre todo desde los más elementales conceptos de educación. 

Pero desde el punto de vista de la seguridad, cuando más problemas plantea esta circunstancia es a la hora de salir a rastrear o a marcar una res abatida en el monte, momento en el que, si no se avisa al vecino, puede disparar sin haberse percatado de nuestra situaciónA veces, vamos a marcar una res que creíamos muerta, cuando sólo estaba herida, la res al aproximarnos se levanta y puede crearnos una situación comprometida si nos encontramos en esa zona de intersección entre los dos tiraderos sin haber avisado al puesto vecino. 

 

Está prohibido disparar a los visos.
Venado corriendo por el viso. Caza y Safaris.

Disparar a los visos.

No olvidemos nunca que una máxima fundamental a la hora de tirar una pieza de caza mayor, es que debemos hacerlo siempre aterrando el tiro y nunca sobre el viso y aun teniendo en cuenta esto, hay veces en que la propia orografía del terreno puede llegar a confundirnos, porque el lance se produce en una zona tupida de monte que, normalmente, el montero no conoce con exactitud y por tanto no llega a tener conciencia de si el tiro después de pasar al animal va a la tierra o sobrepasa algún viso entre el monte.  (Podemos apreciarlo en la pendiente que hay a la derecha en la foto nº 2). Por ello, para no provocar alguna ocasión de peligro, conviene cerciorarse bien a la hora de tirar una res enmontada


"Ante la duda la más segura


y, aun así, un accidente sucede cuando menos se espera y al más experto. 

Las armadas de cierre se suelen colocar para lo que precisamente dice su nombre, para cerrar la mancha y evitar que se salgan las piezas de la mancha a montear; pues bien es en estos momentos, en los que ya están colocadas las armadas de cierre y cuando aún se están colocando algunas armadas próximas y es fundamental tener en cuenta estos detalles, para disfrutar y ofrecer una mayor seguridad. 

Con los visores se debe tener un cuidado especial o acoplarles un protector de goma que nos protegerá la ceja de un posible corte al "meter la cara". 

 

La existencia de carriles en la zona determinada previamente como tiradero es otra circunstancia que deberemos tener en cuenta a la hora de disparar sobre una res. (También en la foto nº 2 se puede apreciar el detalle del carril). 

Si por alguna exigencia o fuerza mayor, nos vemos obligados a desplazarnos con un vehículo por los carriles de la finca mientras se desarrolla la montería, procuraremos advertir a las posturas próximas de las intenciones de nuestra maniobra, haciendo sonar el claxon de forma intermitente, sobre todo al salir a los visos o al entrar en una curva que nos haya mantenido ocultos. 

 

En el momento que avanzan las rehalas en las proximidades de nuestro campo de tiro, es muy importante llevar perfectamente localizados en sus movimientos a los podenqueros, guías y a los auxiliares que puedan llevar. Nos orientarán con gran precisión sus voces e incluso el verlos por donde caminan dejando evidentemente y de forma temporal el terreno que ellos ocupan como zona prohibida de tiro. Es preferible perder la ocasión de disparar sobre una pieza, por muy buena que sea, a poner en peligro la vida de cualquier persona. Aunque las posibilidades de alcanzarles de lleno sean remotas, disparando a su alrededor siempre puede existir la nefasta posibilidad de un imprevisto rebote, sobre todo, si en la zona hay muchas piedras. 
Es peligroso, sobre todo para los perros, el disparar a un agarre y consiguientemente para los podenqueros que suelen estar muy próximos, pues cuando se trata de un agarre a un jabalí, ellos son los primeros interesados en que el navajero no les acuchille ningún perro y acostumbran a acudir con presteza a las ladras de parado. 

 

El momento de rastrear es otra ocasión de peligro por tres circunstancias: 

 

- Porque se suele hacer llevando el arma en la mano para asegurar el remate, entonces debemos tener mucho cuidado al caminar, pues un resbalón con el arma cargada podría hacer que ésta se nos disparase involuntariamente. 

 

- Y porque frecuentemente podemos entrar en campos de tiro de los vecinos, con lo cual entramos en zona de peligro. Nunca se debe rastrear una res hasta que los podenqueros comiencen a tocara recogida" de las rehalas, (éstas en más de una ocasión suelen levantar la res herida, provocando la repetición del lance). La tarea de rastrear se deja siempre para el final, que bien seguro no nos vamos a quedar en el campo, alguien vendrá a recogernos. 

 

Agarre de un jabalí por la rehala.
Agarre de rehala. Caza y Safaris.

Al entrar a rematar una res es conveniente que sepamos que cualquier animal al que se le acose y que no pueda huir va a procurar defenderse, esto es importante tenerlo presente porque si se trata de un cochino, puede asestarnos una navajada, pero si se trata de un buen venado, en cada una de sus embestidas, convierte a cada una de sus puntas, en incisivos puñales, que pueden realizar el trabajo en serie y a la vez. Por eso, es conveniente que mantengamos colgado del cinturón, mientras dura la montería, el cuchillo de monte y no lo tengamos, como suele ser lo más frecuente, dentro del morral. 


Puede ser peligroso rematar una res con una navaja, aunque sea grande, ya que ésta puede cerrarse y producirnos un profundo corte. 

- Si hemos de rematar, ya se trate de un venado o un jabalí, procuraremos entrarle siempre por detrás y realizar nuestra tarea con presteza y prontitud para evitar el consiguiente acosón. 

 

Otra circunstancia a tener en cuenta son los típicos tiros al blanco apaciguadores del lance frustrado o inexistente, cuando por la tarde algunos monteros suelen disparar sobre piedras o cualquier otro blanco, (por respeto no debe hacerse a los árboles), para comprobar el estado de sus elementos de punteríaSiempre debe de hacerse en un lugar donde aterremos el tiro y, sobre todo, donde el campo que ha de recorrer el proyectil esté desocupado de personas. 

 

Una vez que la montería se ha dado por terminada y nos retiramos del puesto, deberemos comprobar que las armas están completamente descargadas y el muelle del percutor está descomprimido, ello alargará su vida y lo mantendrá siempre en buen estado. 

 

Para cualquier persona que ocupa un puesto de montería es vital disfrutar de buena visión y capacidad auditiva, ya que esto, unido a unos buenos reflejos y al conocimiento y uso de unas elementales normas de seguridad, nos convertirá en perfectos manipuladores de armas, permitiéndonos disfrutar con seguridad de esta intensa y emocionante actividad venatoria. 

 

              El manejo de las armas suele generar situaciones de peligro, pero si se hace con prudencia y aplicando ciertas normas de seguridad, el riesgo puede quedar bastante restringido.   La peligrosidad de las armas, además de otras circunstancias menos controlables, depende en su mayoría de la sensatez y del rigor en el cumplimiento de estas normas por parte de los que las manipulamos, que debemos ser conscientes de su alcance y de su capacidad letal. 

Prohibido disparar a los visos.
Reses corriendo por el viso. Caza y Safaris.

La experiencia nos añadirá soltura y eficacia, pero nunca hemos de convertir la confianza ganada en descuido o falta de precaución, porque toda ella será poca. 


El mejor montero no es el que más caza, sino el que demuestra un amplio saber montero y especialmente lo aplica en los aspectos de la seguridad, ofreciéndola y disfrutándola. 

 

 

 

¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

 

Manuel Moreno 

  Andújar y febrero de 1995 

Publicado en Caza y Safaris en el nº 143 de octubre 1995  

con el título de:  

“La Montería: Aquellas buenas costumbres” 

Abril - 24 

 

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