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VAQUEO y SALTEO

  Biblioteca Nacional de España VAQUEO Modalidad de caza mayor, consistente en esperar a las reses que vienen de vuelta a su encame diurno d...

20250101

MODALIDADES Y TÉCNICAS DE CAZA

 

Cada modalidad tiene sus técnicas particulares de caza.
Modalidades y técnicas de caza

En primer lugar, para entendernos y hablar de lo mismo, definiremos modalidad y técnica de caza:

- Una modalidad es una forma, tipo o variedad para desarrollar la actividad venatoria que se atiene a unas reglas y técnicas concretas, y precisas para su ejecución, formando un grupo propio.

- Una técnica es el conjunto de destrezas, habilidades, recursos o procedimientos que se emplean para practicar cada modalidad.

De lo dicho anteriormente se deduce que el concepto de modalidad es más amplio y general que el de técnica, que es más concreto y preciso.

 


a)      MODALIDADES DE CAZA MAYOR

 

1.º Montería: Modalidad de caza mayor, que se realiza en fincas de una extensión aproximada a las 500 Has., en la que se colocan un número igual o superior a los 25 monteros, distribuidos en puestos fijos en armadas y se bate el monte con la ayuda de rehalas, guías y podenqueros para hacer salir a las reses de sus encames.

 2.º Gancho: Modalidad de caza mayor similar a la montería pero en la que el número de cazadores es igual o inferior a veinticinco, también menor el número de rehalas y la extensión de terreno a cazar suele ser más pequeña.

3.º Batida: Cacería organizada para jabalíes, corzos y/o zorros con un reducido número de puestos fijos, siendo acorde con la extensión y características de la mancha a batir, el número máximo de personas cazadoras y el de perros a intervenir en esta modalidad. Generalmente esta modalidad pretende controlar poblaciones para evitar otros daños y entonces se llama batida de gestión.

4.º Rececho: Modalidad de caza mayor en la que el cazador,  casi siempre acompañado de un guarda, sin ayuda de perros, excepto los utilizados para seguir el rastro de sangre de piezas heridas, ni ojeadores, busca las piezas a abatir.  

5.º Aguardo diurno: Espera o acecho de uno o varios cazadores que se sitúan en puntos concretos en los que las piezas de caza acudan espontáneamente. Cuando esta práctica se realiza en los caminos entre el encame y las zonas de comederos se le llama vaqueo y puede ser de ida o de vuelta.

6.º Aguardo nocturno: Modalidad de caza mayor, generalmente pretendiendo cazar exclusivamente jabalíes y en la que un cazador apostado en un puesto fijo, espera la entrada del jabalí en su desplazamiento nocturno. También se le llama espera.

7.º En mano: Modalidad de caza mayor  para cazar normalmente  jabalíes, donde un grupo de cazadores  inferior a ocho, acompañados o no de perros, (como máximo 15), recorre el terreno en busca de las piezas. Cuando esta práctica se realiza buscándolos y haciéndolos saltar de sus encames se llama salteo.

 

 

 

b)      MODALIDADES DE CAZA MENOR:

 

-         En Andalucía:

1.º En mano: Un grupo de cazadores con armas  formando una línea, avanzan por el terreno acompañados o no de perros, en busca de las piezas de caza que se encuentran allí encamadas. Existen otras variedades de caza en mano:

"Mano gallega", en la que todos los cazadores van en una dirección y completamente alineadas, sin volver hacia atrás; conviene que lleven el aire de cara.

"Mano sobre mano", yendo y viniendo todos en mano gallega, cada vez por la franja contigua y no dejando nada sin cazar.

"Mano encontrada" es la que realizan dos grupos de cazadores que salen de dos puntos opuestos y caminan tendiendo a reunirse en un lugar intermedio,  de forma que algunas de las piezas que levanta un grupo se dirigen hacia el otro.

"Mano dividida", cuando unos van por una ladera y los otros por la de enfrente.

"Mano cruzada" es la que atraviesa la trayectoria emprendida por otros grupos de cazadores. 

"Mano andaluza" es aquella forma de cazar en la que los perros dirigidos por alguna persona cazan una zona relativamente pequeña, que previamente se ha rodeado en su perímetro con escopetas.

"Mano alta" es la que sigue la zona más elevada del terreno.

"Mano baja" es la que va por las partes más inferiores de las laderas.

"Doblar la mano", cambiar la dirección varios cazadores que van en ala, pero sin descomponer la formación inicial.

"Llevar la mano", se refiere a la persona que dirige la formación del grupo de cazadores que avanzan en línea.

Estas mismas variedades de la caza en mano, se dan tanto en la caza menor, como en el trabajo de las rehalas en la montería. Las rehalas cuando van "al cruce", es parecido a cuando montean "al encuentro", sólo que, al encuentro, vuelven por sus propios pasos al juntarse en el centro de la mancha y cuando lo hacen al cruce, terminan donde empezaron las que se habían cruzado.

” Al tope” es cuando salen desde un extremo de la mancha y se dirigen al opuesto.  Otras formas son “en una sola dirección” “cruzada” o “dándole la vuelta

2.º Al salto:  El cazador, uno solo o varios,  van recorriendo una zona del terreno buscando a las piezas en sus encames o cubiles para levantarlos y dispararles en ese momento. Se dice también a rabo. Cuando esta modalidad se realiza sólo con perros y sin escopeta se llama a diente con podenco o también a palo-mata. Y si la realiza un solo cazador  con o sin perros se llama “guerra galana”.

3.º Desde puesto fijo: Acecho de uno o varios cazadores en lugares concretos,  esperando a que la piezas pasen por allí para poderles disparar.  Poza o aro para las acuáticas.

4.º Acecho:  Espera de uno o varios cazadores en puntos prefijados de antemano, sin poder moverse de los mismos y sin el empleo de perros.

5.º Con cimbel: Acecho generalmente de varios cazadores en puntos concretos, sin poder desplazarse de los mismos, en el que se emplean cimbeles o señuelos para atraer a las aves. Esta práctica se suele realizar para las palomas y para las acuáticas.

6.º  Ojeo: Modalidad , que se puede emplear también para cualquier especie de caza menor, (aunque con mayor frecuencia se refiere a la perdiz), en la que se bate una zona de terreno con ojeadores y sin perros ni armas en una dirección, dirigiendo las piezas de caza hacia  una línea de  cazadores apostados en lugares fijos denominada armada. Cuando esto se hace a conejos se le llama zapeo o gancho de conejos.

7.º Liebre con galgo: Modalidad de caza de liebre en la que se emplean galgos atraillados para perseguirla, acosarla y finalmente, capturarla, sin emplear armas de fuego, y en la que, a veces se puede auxiliar del caballo para seguir la carrera de los galgos a una menor distancia.

8.º Perdiz con reclamo: Modalidad de caza en la que el cazador,  se oculta en un puesto artificial o de monte, mientras cuelga en una mata a un reclamo macho de perdiz roja enjaulado, y espera a que acudan las montesinas atraídas por éste, para su abatimiento o captura.

9.º Perros de madriguera: Modalidad de caza usada exclusivamente para la caza del zorro, que consiste en apostarse en las inmediaciones  de las madrigueras en las que se introducen perros de razas específicas adiestrados para lograr que salga el zorro y se le pueda disparar con la escopeta.

10.º Cetrería: Modalidad de caza que consiste en el empleo de aves rapaces convenientemente adiestradas para la captura de otras especies cinegéticas como perdices, palomas, conejos, liebres…

 

 

Las modalidades enumeradas anteriormente hacen referencia a las autorizadas en Andalucía y en la mayoría de las comunidades, pero en otras comunidades aparecen otras diferentes, por ejemplo:


-         En Aragón:

o   Caza al rastro para diversas especies como una modalidad de caza individual.

o   Los resaques como modalidad de batida de caza mayor y del 

o   Jabalí al salto.

 

-         En Asturias:

o   Caza al rastro se practica una modalidad de caza del jabalí, que se le podría calificar como una variante de la batida, ya que las características orográficas del terreno obligan a ello. Un cazador experimentado con la ayuda de perros de rastro, la interpretación de las huellas y conocimiento del terreno, encuentra la ubicación de los encames del jabalí y es allí donde se realiza la batida.

 

o   Rececho de montaña al rebeco.- es la búsqueda activa de la pieza por un solo cazador acompañado de un guarda que orienta y supervisa la cacería.

 

-         En Canarias:

o   La caza en cuadrillas de 3 o más cazadores se prohíbe en algunas zonas e incluso se regula el número de escopetas que puedan llevar, por ejemplo una cuadrilla de 5 cazadores podría llevar en algunas zonas sólo dos escopetas.

 

o   Perro y Hurón: La modalidad de caza tradicional por excelencia en las Islas Canarias es el uso del podenco canario y el hurón. Se viene practicando en las Islas Canarias desde tiempo inmemorial y se ha mantenido intacta desde la actualidad en su más puro estilo tradicional. La orografía canaria eminentemente volcánica, con piedras cortantes y punzantes, concavidades y huecos profundos que almacenan una temperatura muy superior a los 40 grados, hace que sea indispensable sacar a los conejos de estas concavidades en la que tienen un magnífico refugio. La única manera de conseguirlo es por medio del hurón, cuya misión no es otra que la de desalojar al conejo de su madriguera. Por otro lado, es preciso localizar el agujero en el que se encuentra el conejo y para ello el podenco canario constituye el instrumento más idóneo. Una vez localizada la pieza en su refugio volcánico, el perro comienza a mover la cola de forma frenética y comienza a ladrar, avisando al cazador de su hallazgo.

 

 

-         En Cantabria:

o   Perreo con perros de rastro de jabalí podrá desarrollarse esta modalidad, dentro del periodo hábil, quedando la suelta o no de los perros a criterio del titular del coto.

o   Perreo de sorda podrá desarrollarse con perros para cazar sordas o becadas. La becada al salto con perro de muestra.

o   Perrero de liebre, durante la caza de la liebre en la modalidad de perreo se prohíbe portar armas de fuego. Respeto a la menor, se habla de liebre con perro de rastro (sabueso)

 

 

-         En Castilla La Mancha:

o   - Lanceo de jabalí a caballo: consiste en cazar jabalíes a caballo con lanza.


-         En Comunidad Valenciana:

            - El Parany o barraca: Modalidad que atraviesa por unas dificultades legales para su actualización. En Francia ya es legal desde hace años.


-         En Extremadura:

o   Respecto a la caza mayor, se añade la ronda y el vaqueo.

§  Ronda: Esta modalidad se practica a caballo y con perros, en las noches de luna llena, los perros han de ser de rastro y agarre y se realiza sobre el jabalí. Una vez que el animal ha sido agarrado, el cazador desmonta y, a cuchillo ha de dar muerte al animal.

§  Vaqueo:  Modalidad de caza que consiste en esperar a las reses en los caminos hacia sus encames diurnos y viceversa, a la salida de ellos.

 

o   Jabalí al salto, es una modalidad también autorizada en la zona extremeña.


o   Puestos fijos (palomas, acuáticas, zorzales…)

 

o   Cacería de zorros.

 

o   Suelta de piezas para su abatimiento inmediato.

 

-         En Galicia:

o   Tobo o Perros de madriguera: Modalidad de caza usada exclusivamente para la caza del zorro.

o   Zapeo:  Es una modalidad exclusivamente para el conejo o el zorro en la que se bate un terreno por un número no superior a 10 cazadores con o sin perros, hacia una línea donde se encuentran apostados otros cazadores.

 

-         En Islas Baleares:

o   Caza a barraca es una modalidad de caza propia de allí para la caza de zorzales, consistente en construir una barraca y desde ésta atraer a los zorzales  mediante el reclamo bucal. En la zona de la Comunidad Valenciana es el parany.

 

o   Conejo con podenco Ibicenco: Se trata de una modalidad de caza, típica de las Islas Baleares, en la que el hombre tiene muy poca intervención, ya que la función primordial la realiza el perro. El hombre se limita a dirigir al perro, que es quien captura los conejos y los entrega vivos. El podenco Ibicenco se basa en su fino olfato, oído y su inteligencia para capturar los conejos. Para ello da enormes saltos de más de dos metros de altura que le permiten ver y oír al conejo para después capturarlo.

 

o   Filats a coll:  Modalidad tradicional de caza de zorzales en las Islas Baleares. Se utilizan redes totalmente selectivas enganchadas a dos largas cañas, de unos siete metros de longitud, que son colocadas en un paso de zorzales. En caso de captura accidental de otra especie, el ave en cuestión es liberada al ser, como se ha apuntado, redes selectivas. Las cañas de sujeción de los filats deben tener una longitud máxima de 7 m. Redes japonesas.

 

o   Filats de freu  es la caza del zorzal por el sistema tradicional de hilados en cuello, conocido así en la isla de Formentera y regulada por el Decreto 27/1992 de 2 de junio, como procedimiento selectivo y no masivo, se autoriza en ámbito territorial de la isla de Formentera.

 

o   En Mallorca se caza la perdiz con reclamo macho y unos lazos denominados “bagues”

 

§  a) En Menorca se permite la caza por el sistema tradicional de perdigacho con “bagues”  que son un tipo de lazos que se colocan a unos dos o tres metros del perdigón

§  b) Se permiten por cazador un reclamo y tres “bagues”, de hasta cuatro “bagons” por baga, que tienen que estar situados a una distancia máxima de dos metros del reclamo.

§   c) El cazador debe vigilar permanentemente el artificio, y no puede llevar escopeta ni tenerla en el lugar.

§  d) Al finalizar la temporada de caza con “bagues”, es obligatorio presentar un documento debidamente rellenado para el control de capturas.

 

-         En Murcia:

o   Descaste del conejo con arma de fuego.- En dicho periodo la caza será de aplicación excepcional en zonas de seguridad denominadas como aguas públicas, sus cauces y márgenes incluidas en cotos de caza autorizados en la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia.

o   Zorro a la chilla o al chillo: todos los días, desde el 12 de octubre hasta el 6 de enero.

 

 

-         En Navarra:

o   Respecto a la menor, se habla de las palomas con red, modalidad que se mantiene todavía en los campos de Etxalar. Se colocan grandes redes verticales en los pasos ubicados en los collados de las montañas por donde suelen cruzar grandes bandos en la pasa y contrapasa.

 

 

-         En el País Vasco:

o   Pasa: Se entiende por pasa el desplazamiento de las aves hacia los países del Norte en la época comprendida entre los meses de febrero a mayo. La caza de aves migratorias desde puesto fijo constituye una actividad tradicional en el País Vasco y especialmente en Guipúzcoa. En los lugares idóneos y año tras año ocupaban el mismo lugar, admitiendo el alargamiento con nuevos puestos, pero nunca la ubicación de nuevos puestos por delante o detrás de la línea. El acceso a los puestos se realiza mediante sorteo entre los cazadores presentes a primera hora de la mañana al pie del monte que alberga los puestos. La aplicación dela Directiva 79/409/CEE relativa a la conservación de las aves silvestres y la Ley 4/89 de 27 de Marzo de Conservación de los Espacios Naturales supuso un importante revés para esa modalidad de caza al prohibir la caza de aves durante sus trayectos de regreso a los lugares de nidificación. Sin embargo, si comparamos las fechas de caza de la paloma torcaz en España con la de otros países europeos nos encontramos con que en casi todos se caza la paloma torcaz durante un período mucho más amplio el incluso en algunos países durante todo el año. El número de capturas en contrapasa es muy escaso (una media de181 palomas diarias en la temporada1995), y además hay que tener en cuenta que el método empleado, esto es, la escopeta es un procedimiento selectivo, ya que el cazador sólo dispara sobre la especie permitida. Por último la población de paloma torcaz va en claro aumento, llegando a ser plaga en algunos países por lo que no se justifica en absoluta la prohibición de cazar la paloma torcaz a partir del 31de enero. Actualmente la contrapasa es una modalidad cuya práctica está bajo prohibición por las leyes europeas, de hecho es una de las líneas de actuación que la Real Federación está llevando a cabo, en defensa de los intereses de los cazadores.

 

 

-         En Otras Comunidades Autónomas:

 

-          El silvestrismo es otra de las modalidades que se dan en la mayoría de las comunidades españolas,  reservada ahora para las sociedades pajariles u ornitológicas. Silvestrismo: La captura de pájaros para su adiestramiento al canto es una actividad que se viene practicando desde muy antiguo sin que suponga peligro alguno para el mantenimiento de las especies cuya captura está permitida.

 

-          Dos son las artes o métodos de captura permitidos: la red de suelo abatible de dos paños de 8 metros de longitud y el arbolillo artificial con liga de ajonje.

 

-          La caza con arco, se practica tanto para mayor como para menor. La caza con arco requiere de una exquisita técnica previa para ponerse cerca  de la pieza, ya que las limitaciones del arma siempre exigen un tiro a corta distancia. Y además, para lograr con éxito la eficacia de este esfuerzo previo, hay que mimetizarse completamente con el medio para evitar que las piezas recelen  y finalmente intentar abatir la pieza, con la fuerza que el arco le imprime a la flecha tal y como el hombre viene haciendo desde tiempos inmemoriales. Tal y como podemos observar en la pinturas rupestres que dan fe de ello.

 

-          Las esperas que son lo mismo que los para aguardos.

 

-          Conejo a diente con podenco, es una modalidad de caza sin armas que se da en la zona andaluza se hace con podenco andaluz.

 

-          El alanceo, es una modalidad antigua que se da en la zona de la marisma del Guadalquivir: lancear un jabalí es una práctica tradicional de caza, que se realiza a caballo, con perros que cacen corto, y sobre jabalíes. Los medios utilizados son garrochas de unos tres metros de longitud terminadas en punta de lanza y cruceta.

 

 

c) MODALIDADES DE COMPETICIÓN:

 

-          Caza menor con perro. En esta modalidad de competición se ponen a prueba los saberes del cazador, su capacidad física y las cualidades de perro, además de la puntería delante de un juez de caza.

-          Cetrería. El cazador con su ave entrenada ha de capturar en el menor tiempo una perdiz o paloma que se le suelta o ha de localizar del campo. Se valora el adiestramiento de las aves y su eficacia.

-          Podenco Andaluz, Maneto y Orito Español. Es una modalidad de competición en la que no se utilizan armas y en la que los perros han de coger el conejo a diente.

-          Agility. Es una modalidad deportiva de entrenamiento de perros.

-          Caza con Arco. Compiten las cualidades como tirador y el conocimiento de las especies y sus diferentes tipos de disparo.

-          Caza de Becadas. En esta modalidad el perro debe ser un especialista ya que la única especie que debe trabajar fuera del control del cazador hasta que dé con la becada o sorda.

-          Blancos a Brazo. Es una modalidad que consiste en abatir palomas lanzadas a brazo.

-          Codorniz a Vuelo. Es una modalidad deportiva en la que el cazador dispara sobre una codorniz lanzada con una máquina y tiene sólo dos disparos para abatirla en una zona determinada.

-          Compak Sporting. Esta modalidad de competición es una derivación de los recorridos de caza.

-          Field Target. Es una modalidad de competición en la que se simula la caza a larga distancia.

-          Perdiz con Reclamo. Es una modalidad de competición en la se valorar las cualidades del reclamo.

-          Perros de Muestra. Compiten en diversas pruebas perros de muestra para exponer sus máximas bondades.

-          Podenco Ibicenco. Modalidad que persigue al conejos con perros de pura raza ibicenca.

-          San Huberto. Modalidad de competición que persigue promover el verdadero espíritu deportivo.

-          Recorridos de Caza. Es una modalidad de competición en la que diversos platos simulan los movimientos reales de las diversas especies de caza.

-          Rastreo sobre Jabalí. Modalidad en la que se emplea el rastreo con perros a traílla en los rastros del jabalí.

-          Silvestrismo. Es una modalidad de competición en la que se valorar las buenas cualidades de los reclamos para capturar a las aves cantoras.

 

 


d) TÉCNICAS DE CAZA:


-          El chanteo.- Es una técnica que consiste en  andar sigilosamente para aproximarse a las piezas. Se suele aplicar tanto en la caza menor- a los conejos-, como en la caza mayor –en las reses de una mancha de montería-. Chantear las reses de una mancha de caza mayor es ahuyentarlas furtivamente.

 

-          El zapeo.- similar a la anterior, se van ahuyentando lentamente las piezas hasta conducirlas a una zona preestablecida donde se apostan los cazadores con sus armas o se sitúan las trampas. Esta técnica se ha venido empleando desde muy antiguo y cuando se hacían a conejos se llamaban alegros. En la actualidad, abarca más especies y se le llama batir el monte u ojear.

 

-          El caracoleo.-  Esta técnica se suele emplear con las perdices y consiste en darle vueltas en forma de espiral  alrededor del bando, hasta aproximarse lo suficiente para poder dispararles.

 

-          El reclamo.-  Esta técnica consiste en atraer a las posibles piezas de caza imitando sonidos que producen sus congéneres u otros animales. Es muy conocida la chilla para conejos y zorros.

 

-          Atrayentes olorosos.- Consiste en echar en las zonas de paso de los animales sustancias que les atraigan como gasoil, aceite quemado o serrín con la orina de una hembra de la especie en celo…  Perfumar.

 

-          Repelentes olorosos.- Lo mismo que la anterior, pero en este caso se arrojan sustancias que resulten molestas para los animales. Por ejemplo, echar restos de cabellos humanos de una peluquería a lo que se le llamaba ensuciar el aire.

 

-          El mimetismo.-  Esta técnica consiste en camuflarse para no ser visto y lograr el acercamiento a la pieza. Técnicas similares y muy antiguas eran el chirrión, el cabestrillo y el boezuelo.

 

-          Auxiliarse con otros animales.- La más común es el empleo del perro pero también están los reclamos animales o por ejemplo el empleo del caballo en el alanceo. Cuando se auxiliaban con el hurón en las madrigueras de los conejos se le llamaba a toro suelto.

 

-          El menchoneo.- recorrer pequeños trozos de terreno cubiertos de vegetación para expulsar de allí a los animales que se resguardaban o tenían sus cubiles o encames. También manchoneo.

 

-          El atalayeo.- Es una técnica para las reses y que consiste en subirse por la mañana temprano o al atardecer, a las cumbres de los cerros próximos a donde las reses tienen sus encames diurnos, para observar sus movimientos, hacia donde se dirigen y después cazarlos al vaqueo o al salteo.

 

-          El rastreo.- Es la técnica en la que mediante la observación de las huellas, indicios y los rastros, nos podemos hacer una idea de donde se encuentran las posibles piezas que buscamos. Se emplea también para seguir a las piezas heridas. En los tratados antiguos de montería esta técnica recibe el nombre de escatimar la mancha.

 

    - Trampeo.- Es un conjunto de técnicas en las que se colocan  redes, armadijos o artilugios para apresar a las piezas perseguidas. Muy frecuentes eran las perchas, las tragonas o el alzapié. Alonso Martínez de Espinar calificó todas estas técnicas como  chuchería. Y existen todavía, otra gran cantidad de técnicas, que no me extiendo en explicar pero que son calificadas como técnicas furtivas: miriñaque, banderillas, entrapillado...



            ¡Caza disfrutando, disfruta cazando! 

 

 

 

Manuel Moreno

Enero - 25

NOVIAZGO MONTERO

 NOVIAZGO MONTERO 

Ilustración de un libro de caza. BNE
Dibujo de caza                                                            Biblioteca Nacional de España

    Lo más frecuente, era que el chaval acompañase a un familiar próximo o a un amigo de confianza al que se le reconociera como buen cazador, ya que de esa tarea dependía gran parte de la formación venatoria, ética y humana del principiante. 



 

El aprendizaje de cualquier cazador que haya nacido en el seno de una familia cazadora ha tenido casi siempre en un proceso similar, desde que el chavalín conseguía cazar el primer pajarillo con su rudimentario “tirabeque” o tirachinas, hasta que abatía en montería su primera pieza de caza mayor.  

Aquel mozalbete que, cautivado por la caza, pero sin tener aún edad para usar armas, solía acompañar a cazadores expertos, llevando consigo tan sólo una gran carga de ilusión y su morral a la espalda, era al que, en algunos sitios, se le llama cariñosamente “morralero”. 

En estas salidas, acompañar al veterano que le apadrinaba en el aspecto venatorio, no era sólo seguirle los pasos en el cazadero, sino que a la vez que disfrutaba de esas vivencias, se instruía de una forma integral y sobre el terreno, en el noble oficio de la caza. Poniendo, especialmente énfasis en la seguridad con el manejo de las armas. 

A veces, ayudaba en los “zapeos” de la caza menor, apiolaba los conejos, las liebres o las perdices y, en compensación, a lo único que podía aspirar, era a encarar las piezas con su garrote. A lo sumo, cuando su aprovechamiento empezaba a hacerse manifiesto y, sólo en ocasiones muy especiales, se le premiaba permitiéndole disparar sobre un conejo o alguna sencilla pieza, siempre de menor.  

Así, día tras día, iban transcurriendo las primeras sesiones del más duro y efectivo aprendizaje del futuro cazador.  

 

Las interrogantes

que pasaban por su mente

siempre encontraban respuesta

en la explicación complaciente

del experto.


Pasados los primeros años y, cuando los progresos y la edad eran suficientes, ya comenzaba a cazar. Al principio, se iniciaba en la caza menor con una escopeta generalmente de pequeño calibre, a menudo eran las del 28 o las del 20. Más tarde, después de haber demostrado rigurosamente una larga serie de suficiencias llegaría, como justo premio a su esfuerzo, el primer lance de caza mayor y con él su noviazgo montero. 

 

Esta sería la parte práctica que encontraría su complemento teórico, en aquellas noctámbulas e inolvidables tertulias cinegéticas, mantenidas en el cortijo a la luz de la lumbre y que se terminaban cuando al rescoldo de la agonizante candela se mezclaba el frío de la noche con el escalofrío del emocionante relato. 

Lo más frecuente, era que el chaval acompañase a un familiar próximo o a un amigo de confianza al que se le reconociera como buen cazador, ya que de esa tarea dependía gran parte de la formación venatoria, ética y humana del principiante. 

 

La necesidad de saber y la intensidad de las vivencias le hacían acaparar una enorme cantidad de conocimientos, técnicas, recursos y conductas, que eran tratados de forma puramente didáctica, a la vez que recreativa, por lo que el aprendizaje resultaba muy gratificante. 

En este periodo, se solía vivir con toda intensidad y de forma práctica, la noche de antes, colmada de cábalas, preñada de ilusión, preparando los apechusques, desbordando la imaginación, recorriendo con la mente cada mata, cada "cañá", cada silleta, cada majano de los que se habrían de patear al día siguiente. 

En esos días de meritorio, el jovencito aprendía a buscar el socaire del barranquete, la grandeza de la solana y el rigor de la umbría; a escatimar las huellas, a huir del solano, a buscar las querencias, a encontrar los encames, a descubrir los pasos, a imaginar las huidas..., en definitiva, a hablar el lenguaje de la sierra.  

Las interrogantes que pasaban por su mente siempre encontraban respuesta en la explicación complaciente del experto, quién ponía especial interés en enseñarle la importancia de observar las reglas y normas de seguridad para no sufrir ni provocar accidentes. 


A veces,


se recorre un camino


sin haber disfrutado


del paisaje.

 


Se aprendía, como una obligación ética, a no dejar nunca una res herida sin rastrearla, a preparar y disfrutar el lance con toda serenidad y a vivirlo intensamente. 

También se comprendía lo importante que es, no limitarse escuetamente al lance, sino saborear y esforzarse por hacer todas las tareas de la caza, sacando las piezas cazadas del monte; cargándolas sobre el aparejo de la bestia; realizando el desuello de estas y hasta se le instruía en el conocimiento de las más ingeniosas maneras de aviar la caza.  

Tareas que hoy en día se menosprecian por algunos, sin saber que en ellas se siguen aprendiendo como cazador conceptos tan útiles, como el comportamiento de su munición o la diferente morfología de las piezas de caza... Prácticas y técnicas, muchas de ellas, que contribuyen a atemperar los impetuosos deseos del cazador, alejándolo del fanatismo y que le impregnan por su vivencia, cierta moderación y prudencia en su actuar. 

¿Cómo no?, también se le enseñaba la importancia de ser respetuoso con la naturaleza y con las personas y, por supuesto, a saborear la tertulia e incluso hasta a echar con gracia e ingenio la simpática mentira, con la que elegantemente se evidencia la osadía del ufano escopetero de turno, que tan sólo lleva unos días siendo cazador de toda la vida. 

 

Así, podía aprender y experimentar como mimetizarse tras una jara, a moverse con el sigilo de un gato, a emplear la astucia de un zorro, a aguantar con la entereza de un "matero", a tener vista de águila, a usar la vigorosa gallardía del ciervo, a sacar el coraje del navajero acosado por aguerridos mastines, a tener los reflejos de un lince, la altanería y majestuosidad de las rapaces que desde arriba todo lo ven con serenidad. Se le enseñaba a entender la caza con mayúsculas. 

 

Bella estampa, la que se le sabía dibujar a los ojos del futuro montero y aunque, en tan sólo, breves retazos hemos conseguido esbozar, transmitía un estilo distinguido y le imprimía honorabilidad al buen hacer de la caza.  

 

La primera res de caza mayor 

 

El hecho de que uno cobrase su primera res de montería se entendía como un acontecimiento con el que se culminaban las primeras relaciones de esta persona con el mundo de la montería. Era el fin de los prolegómenos. Hasta llegar a ese momento, debía haber observado a otros monteros, vivido experiencias cercanas y, por supuesto, sufrir un periodo de entrenamiento, charlas, conversaciones y aprendizajes de diversas materias relacionadas con el monte, la caza y la montería. Experiencias que, de algún modo, le atraían, le estimulaban, le incitaban y le animaban a ser él, el protagonista de esas vivencias.


Para convertirse en un montero,

había que esperar un tiempo,

lo que hacía desear aún más,

el hecho de llegar a alcanzar esta situación

que tan vehementemente

había sido anhelada.    

 

Para los demás monteros de una partida de caza, también era un hecho deseable el que esto fuera así, porque garantizaba de alguna manera que el futuro novio sería consciente y conocedor del buen hacer de la montería. Además, anhelaría este acontecimiento como el momento cumbre de dicho proceso. Culminación, que era el primer paso para que las serias intenciones de esta persona pudieran continuarse en el futuro, disfrutando lo que tanto se había deseado, ofreciendo a los demás, parte de lo recibido y dando muestras de su buen hacer montero como un señor de la sierra.   

 

            El momento de noviazgo 

 

El momento del noviazgo era una especie de graduación, para la que había que estar preparado y superarla era, además, un motivo de satisfacción propia y colectiva. 

 

Satisfacción y orgullo propio, porque para el sujeto en cuestión, suponía haber demostrado ya la adquisición de unas capacidades y una madurez en los conocimientos mínimos de cómo proceder y comportarse en esta materia. No sólo estaba ya capacitado para resolver con éxito las dificultades naturales de un lance cinegético, sino también para merecer el favor de formar parte de un grupo de personas que comparten una actividad, en el servicio de una caballerosa regla de intemperies, casi nunca escritas, pero siempre reconocidas y acatadas por todos.  

 

Satisfacción y orgullo colectivos, porque los demás, habían podido comprobar, de forma fehaciente, que el nuevo montero, no sólo estaba ya instruido en el uso de las armas, sino que, con su conducta ante la ceremonia del noviazgo, había demostrado ante los demás, el ser una persona preparada para saber estar y capaz de acatar, con paciencia y serenidad, para beneficio propio y de su grupo, el cumplimiento de esas rigurosas normas ancestrales con las que se rige la montería.  

 

En este tiempo de prisas que vivimos, se devora casi todo. Se traga, se engulle, se gasta, se consume, se...  se tiene prisa por conseguir la meta. Pero conviene saber esperar. Hay que “dejar cumplir”. A veces, se recorre un camino sin haber disfrutado del paisaje. Y cuando eso sucede, la sensación recibida suele ser vacía y frustrante. 

 

En la actualidad, abundan los casos en los que el novio suele ser un chaval o un adulto que en la mayoría de las ocasiones no reúne las condiciones de maduración, tanto personal como de aprendizajes en el tema cinegético, circunstancias convenientemente necesarias para poder dar sentido a estas ceremonias.  

 

En otros casos, del complejo ritual de la ceremonia, sólo se practican las bromas pesadas y de mal gusto, lo que lo convierten en un acto indeseable, horrendo y chabacano que, sin duda, transmite al exterior una imagen de tosquedad y brutalidad que llega a herir la sensibilidad del más apático.  

Vivimos en una época en la que la imagen es muy importante y, con este tipo de actuaciones, contribuimos a deteriorar la propia imagen que, como monteros, ofrecemos al resto del mundo. 

 

El novio no es el que aprieta un gatillo y dispara a una res de montería por primera vez, como si de un blanco cualquiera se tratase. Porque montear no es sólo matar.  Tampoco el novio es el primo de turno al que se le sacan unas pesetas antes, unos euros ahora, para convidarse los perreros. El novio tampoco es únicamente el sufridor de las bromas pesadas con las que se divierte el guasón de turno. 

 

La ceremonia del noviazgo pretende, entre otras cosas, brindar una ocasión de afable convivencia, en la que compartir alegrías y disfrutar de un festivo alboroque, en el que cada uno aporta algo. Actuaciones que sólo son capaces de ofrecer los seres superiores, aquellos, de los que se dice que están dotados de inteligencia. Pues, a veces, también esto se olvida y la poca sensibilidad de algunos provoca justamente todo lo contrario, da lugar a escenas grotescas y nefastas para la caza. 

 

Ahora, al no celebrarse muchas veces “in situ” el alboroque, algunos novios resumen el acto regalando una cantidad de dinero que se repartirá entre los perreros y ello desvirtúa la esencia del acontecimiento. 

 

Es lógico que el paso del tiempo provoque cambios y evoluciones, en la actualidad esa “evolución” le lleva en multitud de ocasiones a distorsionar su auténtica razón de existir en tiempos pasados, incluso hasta, a no hacer conveniente su práctica, porque ello puede llegar a perjudicar más que a favorecer. 

 

El protocolo del noviazgo montero constituye un complejo ritual que, desde antiguo, además, de celebrarse como una actividad festiva, suponía la ocasión de un reconocimiento por parte de los demás monteros a la persona del recién llegado. Era una tradición con sentido. 

La ceremonia en sí misma es un juicio jocoso, ingenioso, ocurrente, pero sobre todo agudo y divertido, que pretende poner de manifiesto de una forma simpática las cualidades del nuevo montero. 

 

En esa ceremonia, casi siempre, conducida por un veterano, los demás, al tiempo que se divierten, observan y analizan todos los rasgos de la personalidad que el novel expresa con su forma de proceder en ese acto; también su temple, su sentido del humor... Y es que, según reza el refrán, “en la mesa y en el juego se conoce al caballero”. 

Después, cada uno sacará sus propias conclusiones y ello provocará que el novio sea admitido abiertamente o se le guarden recelosamente las distancias oportunas.

 

 

Someterse

al noviazgo montero,

es también la prueba

por la que el nuevo montero

da a entender a los demás,

su compromiso de cumplir

unas normas atávicas

que este colectivo de personas

tiene fijadas por respeto a la naturaleza,

por respeto a los demás y

para beneficio de todos.  

 


El que, en la ceremonia, aparezca un fiscal acusador, un abogado defensor y un juez, ha sido desde siempre un recurso para equilibrar, moderar y señorear el breve proceso, que antaño podía durar perfectamente hasta más de un día, ya que se interrumpía y después se retomaba de nuevo. Una vez terminado el juicio, la fiesta seguía y en ella participaba ya el novio como un montero más.  

Además, para ello, eran llamados todos los participantes en la montería, lo que contribuía a fomentar la cordialidad y la convivencia respetuosa del colectivo al completo. 

 

Los perreros, a la voz de “Viva el Novio”, solían prender con sus mosquetones al reo que podía escoger entre los monteros más ocurrentes, parlanchines y dicharacheros a su defensor. Entre trabucazos y toques de caracolas, se constituía el tribunal y el juez comenzaba la vista, haciendo escuchar la ingeniosa acusación del fiscal que siempre calificaba de “inocente” a la pieza que había logrado abatir el novio. 

 

El abogado defensor solía argumentar que el lance se había provocado en “defensa propia”, porque se trataba de un “gran trofeo”, o porque la pieza abatida “no dejaba comida en la finca para las nuevas crías de ese año”. A continuación, más intervenciones de unos y otros hacían revivir nuevamente el lance, recreándolo, lo que servía para poner de manifiesto el correcto proceder del nuevo montero. 

Después, continuarían con muchísimas más acusaciones ingeniosas y las ocurrentes defensas que siempre podían ser interpeladas con graciosas bromas.  

 

El decorado que se escogía para la ocasión debería ser cuanto más gracioso y divertido mejor, por ejemplo, el libro de leyes solía ser el aparejo de una caballería puesto encima de una mesa y al revés; las cadenas con las que se prendía al reo eran los mosquetones con los que se acollaran los perros.  Los trabucos eran las armas de los centinelas y de cuando en cuando se hacían sonar para hacer el acto más aparatoso, sonoro y festivo. Al novio, se le solía manchar la cara con sangre de la pieza abatida, o cortarle mechones de pelo o echarle harina y vino por la cabeza, estrellarle huevos y alguna que otra broma más para poner de manifiesto su temple, paciencia, serenidad y aguante. 

Más tarde, el reo o protagonista de la ceremonia siempre era condenado a pagar una cantidad de dinero con la que se sufragaría el coste total de la fiesta. 

 

Por último, se extendía un título de montero en el que firmarían como testigos monteros, guardas, postores, perreros... acreditando el hecho acontecido y desde ese momento al novio, se le reconocía su condición, terminando todo con abrazos y felicitaciones por el nuevo montero. 

Este título de montero, a veces, se reelaboraba artísticamente decorado con motivos venatorios y alusivos a la montería para engalanar alguna estancia del propietario, que mostraría con orgullo a sus amigos. 

 

Finalmente sería ya, su comportamiento diario el que le iría acreditando como un montero respetable y respetuoso o justamente todo lo contrario, y entonces nadie buscaría su compañía para montear. 

 

En  el argot se les nombra a estas personas desdeñadas por los demás como calcucero, calzonates, cantamañanas, cazandangas, cazolotrero, chambón, chinchorrero, chiquichangla, colorinero, duende, escopetero, farfolla, maltira, manos de trapo, mochilero, modorro, parancero, pingue, retranquista, rompetrochas, siemprebolo, tartarín, tuerto, turista, zaragutero, zascandil, zorrete, zurronero... apelativos, que en ocasiones, tienen otros significados más precisos, pero que siempre hacen una alusión despectiva a su adjudicatario. 

En la actualidad, se ve en algunas monterías como se le llena la cara y la cabeza al novio con la sangre del animal abatidos, con inmundicias y bacisco, se le ponen orejas de cierva sobre la cabeza, se le estrujan huevos, harina y otras tropelías desagradables y de mal gusto que, sólo contribuyen a dar una imagen chabacana del gremio. Eso está muy lejos de lo que es un noviazgo montero y ofrece una imagen denigrante, irrespetuosa y antiestética. 


El noviazgo debe ser un momento de celebración festiva, alegre, ingeniosa y, sobre todo, respetuosa y agradable para recordar con cariño. 
 

 

 

¡Caza disfrutando, disfruta cazando! 

 

 

 

Manuel Moreno 

Andújar junio del 2002 

Dcbre - 23 

 

 

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