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VAQUEO y SALTEO

  Biblioteca Nacional de España VAQUEO Modalidad de caza mayor, consistente en esperar a las reses que vienen de vuelta a su encame diurno d...

20240501

PATOS EN LOS ALMORRONES

 PATOS EN LOS ALMORRONES

Entre las acuáticas los ánades son de los más grandes.
Ánades volando.


En la zona de las marismas del Guadalquivir, el almorrón es el lindazo de tierra que sobresale entre dos tablas de agua de un terreno inundado.

Primero, se elegía un lugar de la marisma “arriada” que se había observado que era querencioso y muy tomada por los bandos de ánsares, patos y otras acuáticas para situar el puesto. Había lugareños que se dedicaban a observar estos detalles, bien por encargo o lo hacían por su cuenta y después lo cedían a cambio de un sueldo o por la mitad de las piezas cobradas. Otras veces eran los propios guardas los que se encargaban de estas tareas.

En estos almorrones se hacía un hoyo o agujero aprovechando el terreno que sobresale en los lindazos de tierra que no quedaban inundados, donde los cazadores de acuáticas se ocultaban, tomando de ahí, este agujero, el impropio nombre de almorrón.

En este agujero se introducía un aro metálico de chapa o un barril que sólo superaba el ras del suelo en unos pocos centímetros, que se ocultarían  con ramajes para disimular también la presencia del cazador y evitar que entrase agua por arriba en el habitáculo.  La que se filtraba por abajo, había que sacarla de cuando en cuando. 

Algunas vez se utilizó una construcción elevada como un púlpito llamada "cesto" pero era descubierta más fácilmente por los animales y pronto se abandonó.

Esta labor se realizaba días antes para que, el día de la tirada, todos los animales se encontrasen tranquilos y ya se hubieran acostumbrados a los pequeños cambios que se habían llevado a cabo en el paisaje.

La técnica de caza empleada para estas acuáticas, consistía en mimetizar al máximo la construcción y al cazador para que no fueran descubiertos por los animales, y extender, en las zonas limítrofes al escondite, un número indeterminado de reclamos, unos de plástico y otros vivos. Algunas veces se empleaban reclamos de silbato para atraer a las aves. Los machos de ánade eran mejores reclamos que las hembras. También se empleaban otros reclamos denominados "volantines". Los reclamos deben situarse siempre orientados en la dirección del viento.

Alrededor se colocaban algunos reclamos vivos, atados con una cuerda de una de sus patas a una pequeña estaca, para que no pudieran irse de la zona y con su presencia incitar a posarse a los silvestres. En otras ocasiones, cuando se disponían de pocos reclamos vivos, se colocaban algunos de los ya abatidos, a los que se les colocaba un palito pinchado en el pico y clavado en el suelo como si estuvieran comiendo. A todo el conjunto de reclamos se les llamaba "juego"

Todas las labores previas de preparación, solían realizarse por los propios cazadores o por guardas y personas que se dedicaban profesionalmente a estas tareas, con las que obtenían su jornal diario. Eran los pateros. Durante el verano habían preparado la zona quemando los juncos y limpiado la vegetación que podía estorbarles. Dejaban la zona despejada denominada "claro" para que después se posasen los ánsares que tienen una mayor predilección por este tipo de terrenos.

Estos “profesionales” o secretarios se encargaban de toda la intendencia y logística necesaria que transportaban en serones a lomos de caballos o en unas rudimentarias barcas denominadas cajones o dornajos, que, para su transporte, solían atarse a la cola de un caballo y así se desplazaban por las someras aguas de la marisma.

Antaño se emplearon unas escopetas gordas que admitían una mayor carga y se les llamaba "escopetas pateras"

Una vez colocado el cazador en su puesto, el secretario se retiraba y se escondía en las proximidades durante el tiempo que durase la tirada, después asistía al cazador llevándole todo lo necesario, cuidando de los cimbeles y recogiendo las piezas abatidas que eran cobradas desde las barquillas descritas anteriormente.

El cazador apostado en su barril debe ponerse de pie y disparar rápidamente por los patos levantaran el vuelo también muy deprisa.

El mejor momento para dispararle a los ánades era cuando estos se estaban posando en el agua.

Las tiradas solían producir numerosísimos lances y abundantes capturas, siendo las excedentarias vendidas a recoveros de la zona. Es una modalidad típica de la zona, dado que las características del lugar hacen que se den las condiciones adecuadas para una práctica exitosa.



              ¡Caza disfrutando, disfruta cazando!             

                                                                                         Manuel Moreno 

Mayo - 24


MANUSCRITOS DE CAZA VI - DIÁLOGOS DE LA MONTERÍA

MANUSCRITOS DE CAZA VI

DIÁLOGOS DE LA MONTERÍA
Luis Barahona de Soto.  1587.

Diálogos de Montería.  Junta de Andalucía.
Junta de Andalucía

Diálogos de Montería es un libro muy peculiar que está catalogado como un verdadero monumento de la bibliografía cinegética de todos los tiempos. Estuvo considerado como anónimo hasta después de finales del s. XIX, fecha en la que se hizo una publicación del manuscrito original al que le faltan las primeras páginas donde previsiblemente aparecería el nombre del autor y el título del libro.

Según estudios de José Lara Garrido, concreta que la obra se escribió en 1587 y que su autor es definitivamente Luis Barahona de Soto.

Los dos manuscritos más reconocidos que se conservan son:

-  uno de la Biblioteca Universitaria de Salamanca y

 - el otro de la Biblioteca del Palacio Real (Madrid).

 Biblioteca Nacional de España


Es un auténtico tratado didáctico de caza que está escrito en forma de diálogo, conversación que se produce entre tres contertulios: Solino, Silvano y Montano.

Solino encarna el papel del personaje que al principio es contrario a la actividad cinegética, aunque al final termine interesándose por ella; Montano es el experto cazador que conoce y transmite todos los pormenores de esta actividad que le apasiona y Silvano es el hombre culto y posiblemente sea la voz del autor, el lucentino Luis Barahona de Soto (1547-1595).

Este tratado está dividido en 15 libros que, si bien por el título podríamos pensar que están referidos exclusivamente al arte de la montería, "el mester del monte" no es así, ya que los primeros sí lo hacen, pero desde los libros XI al XIII hablan sobre caza menor, en concreto de la liebre, el conejo y la perdiz. En el libro XIV trata de los instrumentos de caza y finalmente en el libro XV nos habla de las cualidades del cazador, de los perros y su adiestramiento.

Para Barahona (según Mª Isabel Montoya Ramírez) la caza es «arte», porque como bien dice Cicerón: 

        «...es arte un ayuntamiento de muchos preceptos que todos pretenden un fin, y así lo es la caza.» 


Para poder obtener una buena información de este libro he consultado dos versiones diferentes del mismo:

Diálogos de la Montería de la Real Academia de la Historia 

publicada por el Círculo de Bibliófilos Españoles. 1890.

       - Diálogos de la Montería versión facsímil 

editada por la Junta de Andalucía. 2018.

Pinchando en estos enlaces podrás descargarte la versión digitalizada.


Luis Barahona de Soto es valorado como un escritor culto, y aunque la mayor parte de su obra quedó inédita, fue reconocido por la primera parte de "Las lágrimas de Ángelica" no sólo en su época, sino en épocas posteriores como lo atestigua Miguel de Cervantes en una reseña que hace de esta obra, al final del capít. VI del Quijote. 

Diálogos de Montería está considerado como uno de los diez libros imprescindibles en cualquier biblioteca cinegética que se precie de serlo.


¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

Manuel Moreno

Mayo - 24

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