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20240901

ARTE DE RASTREAR II "Rastrear con perro"

 

Rastrear con perros de rastro.
Perros de rastro                   Caza y Safaris

EL ARTE  DE RASTREAR II 

“Rastrear con perro”

                 

                   Introducción

 Rastrear con perro es una tarea que exige previamente el tener un perro educado para tales menesteres. De no ser así, es preferible no utilizarlo porque podría estorbarnos más que ayudarnos.

Cuando a alguien se le ocurrió utilizar el perro para esta tarea de rastrear, fue porque advirtió que estos animales podían usar eficazmente cualidades que los hombres no poseemos tan desarrolladas en ellos, como puede ser el olfato.

En el momento en que un perro de rastro de sangre está bien adiestrado y muy cazado, él sólo lo hace todo, el dueño sólo tiene que disfrutar con él.

A la hora de escoger un perro para educarlo en el rastro de sangre, surgen las preguntas de siempre, ¿Qué clase de perro escoger? ¿Qué raza? ¿Qué características debe tener?, ¿Cuál es el entrenamiento más adecuado?,...

La realidad es que cualquier perro con buenas cualidades puede servirnos si le damos un adiestramiento adecuado y cazamos con él casi a diario.

Lo que ocurre con mayor frecuencia es que solemos escoger un perro de los considerados con muy buenas cualidades sobre el papel, adoleciendo después de falta de entrenamiento o tiene pocas ocasiones de práctica real y cuando, eventualmente, se nos presenta la oportunidad para que desempeñe su trabajo, entonces el animal no responde, causando nuestra consiguiente frustración.

La mayoría de los perros considerados de pura raza suelen ser un "producto de crianza y selección" que aunque teóricamente tengan todas las razones habidas y por haber para ser perros eficaces en la caza, la mayoría no lo son por la falta de experiencia. Aunque no todas las camadas de los mismos padres son iguales en sus facultades.

Con esto, sólo pretendo poner en los terrenos de la razonable duda ciertos planteamientos afirmados rotundamente por algunos y cuestionados por otros.

Por poner un caso de referencia, todos conocemos rehalas magníficamente presentadas y de gran belleza, junto a otras mucho peores en este aspecto y en las que luego en el monte no influyen decisivamente estas cualidades, sino que la más y mejor cazada, siempre desempeñará una labor mucho más rentable.

En las rehalas, suelen haber perros de los llamados punteros que están habituados a seguir el rastro de las reses hasta que dan con ellas y las levantan, otros de gran agresividad son verdaderos especialistas en el agarre y otros que siguen insistentemente el rastro de sangre hasta que por fin dan con la res herida. En unos predomina el olfato sobre la resistencia, en otros la potencia sobre el olfato, en otros la movilidad, pero como cualquier especialista, los perros de rastro de sangre han de tener casi todas las cualidades, aunque unas deban predominar sobre las otras.

El arte de rastrear con perro.
Teckel. Caza y Safaris


 

                  Cualidades

 Cualquier perro muy cazado con más o menos condiciones puede cumplir, en parte, esta función, pero evidentemente cuanto mayores sean sus cualidades también serán mayores sus posibilidades de éxito.

Deberá ser dócil, preferiblemente tranquilo y sobre todo muy obediente, ya que tiene que permanecer inmóvil durante largos periodos y en varias ocasiones. Por tanto de carácter apacible, con el que resulte fácil convivir, ya que de su compenetración con el dueño dependerá el resultado de muchos lances.

También deberá ser perseverante en el seguimiento del rastro, ya que por su insistencia y aguante puede conseguir lo que otros canes hayan dado por perdido.

 El perro de rastro de sangre, deberá tener un excelente olfato, "pies de plomo", una voz potente y ser capaz de seguir un rastro de sangre, aunque sea muy débil, bastante tiempo después de haber pasado la res herida.

Dicen que el perro de rastro de sangre, cuanto más viejo, más seguro es su trabajo y ello se debe fundamentalmente a dos factores:

             - Por un lado su mayor experiencia acumulada que le proporcionará más seguridad.

          - Y por otro el que al pesarle los años, se vuelve más lento en su trabajo, por lo que suele ejecutarlo con mayor precisión.

 Además de estas cualidades, es conveniente que el perro, ante los estímulos del rastro fresco lo anuncie con la voz. Este tipo de ladra es distinta de la de "parado" o "muerto", que son otras formas sonoras de avisar, las cuales, a ser posible, debe emplear el animal por sí mismo. Aunque si no se manifiestan al principio, no debemos preocuparnos excesivamente, pues algunos no empiezan a hacerlo hasta pasados los dos primeros años, pero con el tiempo y la experiencia todos los buenos rastreadores terminan haciéndolo.

También deberá tener una buena dosis de valentía, que al menos al rastrear y localizar al cochino, le permita situarse a corta distancia para aguantarlo en el encame, mientras avisa con su ladra al dueño.

En el caso de la caza mayor, los perros de rastro de sangre desempeñan la función de perro cobrador pero de distinta manera a como se hace en la caza menuda, ya que el tamaño de las piezas, por ejemplo las de montería, obliga a que el perro tenga que llevar al cazador al lugar donde la pieza yace herida o muerta. Mientras que en la caza menor, el perro recoge y posteriormente la entrega en las manos del cazador.

No sólo serán las buenas cualidades, sino que además será preciso un adiestramiento específico que se perfeccionará con múltiples ocasiones de caza real.

 

                  Entrenamiento

 Primero hemos de inculcarle obediencia para llegar hasta poderlo tener tranquilamente sentado junto al morral, mientras dura la montería, o transportarlo silenciosamente dentro de él, en el caso del rececho.

Habituarlo a volver a la llamada con el silbato, sobre todo para evitar su pérdida.

Algunos dueños de fincas dejan su cachorro de perro de rastro al guarda para que le acompañe diariamente en sus tareas y así se habitúen a montar en el coche, a ir andando de un lugar a otro viendo las reses de cerca, a los olores de los rastros en el monte, en definitiva, para que se familiaricen con el entorno y se adapten al medio. Suelen empezar el entrenamiento específico después del primer año de vida. A los tres meses se pueden iniciar el entrenamiento de aspectos generales, sobre todo, para mejorar su comportamiento de "saber estar" y obediencia.

Después exigirle que lata el rastro fresco o la proximidad de la pieza herida, algunos de jóvenes no lo hacen, pero basta con cazarlos junto a otro que si lo hagan y rápidamente lo aprenden. También suele dar buen resultado, después de dejar al cachorro un día sin comer, se le ata a una cuerda un trozo de carne de venado ensangrentada, se le arrastra por el suelo y a continuación se cuelga en un árbol donde él la pueda ver pero no la pueda alcanzar. Una vez hecho esto, soltaremos al cachorro y le ordenaremos que busque, sin que nos vea cuando llegue a donde está la carne colgada, primero empiezan a dar saltos y finalmente terminan por ladrar.

El que lata el rastro fresco, tiene las ventajas de saber nosotros dónde y en que momento del rastreo está el perro, cuál es la trayectoria que siguió la res y posiblemente hacia donde se encamina. Además puedo asegurarles que un perro de buena voz, le imprime al lance matices tan bellos y emotivos que lo grabarán para siempre en nuestra memoria como algo que gusta y merece la pena recordar.

Casi todos los monteros tenemos en nuestra mente el imborrable recuerdo de algún lance de montería, en el que gracias a la ladra de un perro puntero nos hicimos con tal venado o cual cochino. En el rastreo además nos permite prepararnos, por si la res herida aún tiene resistencia para intentar huir.

Y por último vendrán los ejercicios con sangre puesta por nosotros, primero en la superficie sobre hojas, piedras o en la propia tierra y posteriormente podemos optar por inyectarla en el suelo de forma superficial con una jeringuilla, poniéndosela al principio muy seguida y posteriormente más distanciada.

El entrenamiento debe hacerse, siempre que sea posible, sobre terreno seco, ya que así el rastro será más imperceptible y los olores a los que nos interesa sensibilizar el animal serán más precisos.

Los itinerarios de rastro artificial deberemos hacerlos dejándole pequeños trozos sin rastro, para que el animal se acostumbre a que cuando pierda el rastro, tenga que insistir en la búsqueda hasta encontrar de nuevo el rastro y poco a poco se acostumbre a coger la dirección exacta de la huida de la pieza.

También es conveniente al principio, que el lugar donde practicamos con nuestro perro de sangre, no tenga rastros frescos de animales de caza, ya que éstos le confundirían, en cambio, una vez que esta fase se ha superado, ya en la siguiente sí que es conveniente todo lo contrario, es decir, que en el lugar donde practiquemos haya rastros frescos de piezas de caza.

Cuando actuemos con rastro de sangre puesto por nosotros, no es aconsejable que mezclemos los tipos de sangre, usando durante un periodo de tiempo sangre de cochino y en otro periodo de tiempo sangre de ciervo.

En la práctica real el perro tendrá que seguir en ocasiones un rastro discontinuo, al principio el rastro y la sangre puede que sean abundantes y fáciles de seguir para ir haciéndose poco a poco, la sangre menos apreciable y más distanciada, hasta llegar a ser casi inexistente, en cambio, persiste el rastro. En este momento, el perro debe haber asociado el rastro con la clase de animal en concreto que rastrea, pudiendo por último encontrar el paradero de la res que daba sangre cuando comenzó a rastrear.

Por último utilizaremos rastro de sangre en zonas donde conozcamos que hay rastros abundantes de las especies a rastrear posteriormente, para que así el perro se habitúe a discriminar la sangre del rastro fresco y procuraremos cruzar el rastro artificial con el fresco, primero de forma perpendicular para hacerlo posteriormente más oblicua e incluso en dirección contraria. Así se procura que el olor de la sangre sea para él, predominante sobre el del rastro.

Aunque los entrenamientos con sangre natural puesta por nosotros mismos, pueden ser muy útiles, en realidad sólo son sucedáneos de la práctica real, que en ningún caso pueden suplantarla ya que en ella, el perro puede apreciar otros olores que le comunicarán una información más precisa.

En cada ocasión al final del recorrido trazado sin caza real, es conveniente que el animal encuentre algún tipo de recompensa, como una galleta o una bolita del alimento preferido... Una pata fresca de venado suele ser un objeto muy motivador para los cachorros.

Estos ejercicios se van repitiendo con distinto grado de dificultad y con situaciones cada vez más complejas hasta llegar a la práctica real, que al principio haremos siempre con el perro atraillado, si no sabemos exactamente donde ha caído la res herida. En los casos en que haya caído cerca se le puede dejar suelto y una vez que el perro haya conseguido dar con la pieza, debemos dejarle que la muerda y halagarlo mucho, para que así busque cada vez con más codicia.

Durante el adiestramiento habremos procurado ponerle distintos problemas y de la forma más parecida a como se le presentan en la realidad.

Ante la desaparición repentina del rastro, ha de ser capaz de encontrarlo buscando en círculos o en zig-zag hasta dar con él, localizando la dirección exacta que siguió la pieza.  (Recordemos lo explicado al respecto en la primera parte de este artículo).

Una vez que el perro está bastante entrenado en la práctica real y estamos convencidos de su obediencia y respuesta a nuestra llamada, se le puede dejar suelto para que rastree sólo.

Después cuando el perro que rastrea sólo da con la pieza adoptará su forma personal de avisar al dueño, de no ser así nunca podrá rastrear suelto.

Las formas que más a menudo utilizan los perros para avisar de que han encontrado la pieza buscada, suelen ser:

            - Una es ladrar y de forma distinta a "muerto" o a "parado" para que el dueño se oriente y vaya al lugar donde encontró la res.

               -  Otra, volver en busca del dueño y después dirigirse al lugar donde encontró la res.


Resumiendo, para rastrear con perro lo podemos hacer de dos maneras:

              - Una dejando al perro sólo y que el realice su trabajo, circunstancia que es posible únicamente cuando el perro está adiestrado por completo y es muy experimentado. Además es la más bonita, cómoda y elegante.

          - Otra es ir detrás del perro atraillado que nos conducirá por el rastro de sangre, lo cuál nos exigirá una perfecta compenetración con el perro para entender lo que exterioriza con su gesto y movimientos.  Indudablemente la práctica y el conocimiento del animal nos será más útil que nuestras esporádicas apreciaciones de los rastros.

 

Rastrear con perro de rastro, el teckel.
Teckel enfrentándose a un jabalí. Caza y Safaris.

                  El adiestrador

 Además de lo dicho anteriormente, hemos de añadir que el adiestrador debe:

                 - Convivir el mayor tiempo posible con su perro de rastro de sangre.

              - Conocerle tan bien, como para distinguir los gestos y expresiones que el animal adopta y la información que nos quiere transmitir en cada momento, bien con el tono de su ladra o por la forma de actuar ante el rastro... En definitiva ha de ser capaz de establecer una comunicación profunda con su perro.

             - Ser exigente en el cumplimiento de las órdenes dadas y procurar intervenir lo menos posible, interviniendo sólo en las ocasiones en las que no quepa otro remedio. Hay que dejarle la oportunidad para que el propio perro aprenda a resolver los problemas que se le presentan. Esto no significa que no debamos interferir nunca el trabajo del perro, sino que sólo lo hagamos, cuando nuestra seguridad sea manifiesta, porque para equivocarse es preferible que lo haga el animal y de esta forma le inspiraremos mayor seguridad cada vez que intervengamos posteriormente.

 

Podenco también hace las funciones de perro de rastro.
Podenco comiendo de un venado abatido. Caza y Safaris.

                  Razas de perros de rastro

Existe una gran variedad de razas de perros útiles para el rastro de sangre, entre los que cabe reseñar:

Todos los sabuesos, en especial, aquellos denominados pisteadores o de traílla. Pueden servirnos los Blood-hounds, los Azules de Gascuña, los Saintongeoises, Ariégeois, los grifones del Nivernais o de la Vendée, los Poitevinos, Blanco y Negro, Blanco y Naranja, Tricolores, Billys, Fox-hounds, por supuesto los Sabuesos Españoles, además de Teckels, Beagles, Podencos, sin olvidar algún no despreciado "taravito".

Entre las razas enumeradas anteriormente, hay algunas con ejemplares de distintos tamaños, pues bien, generalmente suelen escogerse para estas funciones, los de menor estatura.

Otro gran perro de rastro de sangre es el wachtelhund, pero el más conocido para estas funciones, es el teckel con gran olfato, perseverancia en el rastro, agresividad y porque además es un perro versátil y funcional dado su tamaño.

Se supone que entre los teckels, el primero fue el de pelo liso, situando los entendidos su origen en el antiguo Egipto.

El teckel de pelo duro, la variedad más usada por excelencia, es un cruce a base de sangre de schnauzer terrier y dandiedinmont.

El teckel o dachshund también llamado vulgarmente "perro salchicha" ha sido muy utilizado por los guardabosques alemanes como perro de madriguera, por su eficacia contra las alimañas.

Cuando se trata de la caza del jabalí, este perro de diminuto tamaño "ladra a parado", al descubrirlo en su encame, mientras que el cerdoso se muestra indiferente por no inspirarle ningún respeto, dando esto lugar a que el dueño pueda aproximarse y darle caza.

Un buen teckel puede llegar a rastrear con éxito una res, 24 horas después de haberla herido y durante más de un kilómetro de distancia.

Otra gran raza de la que no podemos dejar de hablar es del podenco, por ser un perro que ya tiene suficientemente demostrada su polivalencia en el mundo de la caza.

Dentro de los podencos, como todos sabemos, existen tres tamaños, pues bien el más utilizado como perro de rastro de sangre suele ser casi siempre el de tamaño más pequeño, con unos resultados estupendos.

El mejor perro de rastro de sangre será aquél, al que cuando nosotros ya no sepamos que hacer para seguir rastreando, le quedan todavía viento y recursos para dar con la pieza herida.

                                                                                                                                                                                                                  


¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

Manuel Moreno

Andújar y agosto 1.994

Publicado en Caza y Safaris nº 132 en octubre de 1.994

Septiembre - 24

 

20240801

POLLO PIÓN

Técnica par cazar la perdiz hembra con un pollo de gallina.

EL POLLO PIÓN

 

El pollo pión es una estrategia que se emplea con algunos reclamos de perdiz que les cuesta salir cantando cuando se les saca al campo, y para animarlos y motivarlos, se les suele echar un pollo de gallina en la jaula unos días antes de sacarlo al campo hasta que él “lo toma” o se aquerencia con él, aplastándose sobre el pollito para acurrucarlo y protegerlo.

Aunque al principio no lo “tome”, se le suele meter el pollo por la noche en la jaula, la cual se cubrirá con la sayuela, y el pollo al sentir frio intentará cobijarse entre las plumas del reclamo que si lo acoge y pasa una noche apegado a él de esta manera, ya se dice que lo ha “tomado”. Es como si el pájaro se convirtiera en su padrino o mentor.

Una vez colgado el reclamo en el repostero, y nosotros metidos en el puesto, claro está, habiéndole sacado previamente el pollo de la jaula y habiéndonos alejado; cogemos al pollo con una mano, lo ponemos boca arriba y lo movemos un poco, suele entonces ponerse a piar y al oírlo el reclamo desde el repostero, suele empezar a cantar para llamarlo.

“… El modo más regular de llevar el pollo, es envuelto en un pañuelo ó cosa semejante a la faltriquera, y si acompaña criado, éste es el que debe llevarlo para que no se oigan uno a otro, evitando que cante hasta la hora oportuna y al efecto se elegirán los pollos menos piones…”

UNA SOCIEDAD DE CAZADORES. El arte de cazar la perdiz. Ed. Fco. Álvarez y Cía. Sevilla 1855. Pág. 85.

Esta misma técnica se hacía con las hembras cuando se empleaban éstas como reclamo, cosa que, hace tiempo, lo prohíben las leyes. Además, cuando se empleaba esta fórmula, también solían acudir con gran diligencia las culebras que hubiera en la zona al escuchar al pollo piar.

Cuando se hace necesario aplicar todas estas estrategias, es porque el futuro reclamo no presenta las mejores condiciones como tal. Pero también se dice:


Al hombre y al perdigón,
desde muy chico
la educación.

 

 

 

¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

Manuel Moreno

Agosto  - 24


 

 

ARTE DE RASTREAR I

 ARTE DE RASTREAR I  


Rastro o huella
Huella sobre el terreno fresco. Caza y Safaris

   

    Seguir el rastro de una res herida es una técnica compleja que requiere el uso de conocimientos diversos para distinguir signos de parecida forma, pero de diferentes interpretaciones. Únicamente nos referiremos aquí a las reses de montería.


                Aunque suelen utilizarse indistintamente, existen varias palabras que nos llevan a definir casi un mismo hecho, la verdad es que no significan lo mismo, por ello y sobre todo para evitar confusiones, conviene recordar términos monteros tradicionales que designan cada tarea.

             RASTREAR. - Perseguir la pieza de caza mayor, herida o no, por el rastro o huella que va dejando en su carrera; principalmente este término se refiere a la res herida cuando va dejando sangre.

              PISTEAR. - Seguir las veredas o los caminos de las reses en el monte.

              ESCATIMAR. - Antiguo y clásico término montero que define la operación de registrar o averiguar la caza que puede contener el terreno objeto de la batida.

           FÓLLIGA. - Excrementos de la caza mayor. En la práctica se utiliza también para referirse a las marcas dejadas en el suelo por estos animales después de haber retozado o peleado allí.

              REDRUÑA. - Término antiguo y clásico que define la pista de la res de montería.

           ESCATIMAR UNA HUELLA- Es seguirla para descubrir el paradero de la res. De tal manera se hacía esto, que antiguamente cuando se descubría la dirección exacta de la huella, se hincaba en ella una ramita tronchada con las puntas en dirección que llevaba la res; si era macho se colocaban dos ramitas y si era hembra, una.

              REPROPIARSE. - Verterse. Referente a las reses, cuando éstas cambian la dirección de su corrida por haber tomado vientos del cazador; también lo hacen cuando se sienten heridas.

              CLASIFICAR UNA HUELLA. - Averiguar, por la impresión que deja el suelo (por la forma, el tamaño y la profundidad), la edad o el sexo de la pieza de caza mayor. No es lo mismo que escatimar.

              HUELLA. - Señal que deja la pata del animal en la tierra por donde ha pasado.

                RASTRO. - Indicio, pista, señal o vestigio que queda en un sitio de algo que ha existido u ocurrido.

              VOLANDERAS. - "Volaeras.” Término popular que define la parte superior de la espalda en las piezas de caza mayor. "Tiro de volaeras" o de "agujas".

             SAÍN. - Grasa. Se dice que un venado está cargado de sain cuando su robustez es completa.

               REBUDIO. - Gruñido amenazador que el jabalí emite al tomar vientos del cazador o al oír la proximidad de personas alrededor de su encame.

               PASO ADELANTADO. - Cuando un venado marca la huella de sus patas delante de la de sus manos.

              PASO RETRASADO. - Cuando los ciervos marcan las huellas de sus patas detrás de las de sus manos.


                 Por el momento nos vamos a interesar por el término rastrear y las actividades a tener en cuenta para realizar esta tarea con ciertas posibilidades de éxito. Para ello, se hace necesario saber un poco de todo lo anterior y un mucho de campo, cosa que suele hacer con facilidad el buen montero o, mejor aún, un buen guarda, por ser éste generalmente un gran experto en el monte.


En temas de caza, 

hay algunas cosas que son

 "matemáticamente exactas", 

pero otras,

 la gran mayoría, 

suelen ser bastante "relativas"


Nunca podremos decir con exactitud que algo es rotundamente así, porque sólo lo es con frecuencia, ya que la experiencia demuestra que tal causa, no siempre provoca los mismos efectos.

                     A veces hemos escuchado relatos en boca de cazadores que, dada la fama que ostentamos, se han tenido por enormes trolas, (de todo ha habido y habrá). Pero lo cierto y verdad es que en ocasiones suceden casos que bien podríamos calificar de difíciles de creer. Quizás, ésta sea la causa del porqué somos tan "embusteros". Con todo esto, pretendo aclarar que cuando rastreemos una res debemos tener una cosa clara: "por muy improbable que nos parezca, cualquier circunstancia pudo ser posible en el lance".

                     En definitiva, saber rastrear adecuadamente es como saber leer, pero en este caso, el libro es el campo y el escritor o escritores han sido los animales, condicionados por las circunstancias y las eventualidades que les han acontecido.

Huella. Caza y Safaris.

 

           - El que haya podido disfrutar de una intensa actividad venatoria, puede dar fe de que existen casos, que rayan en lo inverosímil, por lo extraño de los efectos que causan lances de similares características en diferentes ocasiones. Pero el buen montero sabrá valorar en cada caso las variables posibles.

 

           


    Todo montero que se precie de tal debe conocer que:

                      - Cualquier res en el momento mismo del disparo suele marcar el "arranque", marcando las pezuñas en el suelo lo más verticalmente posible, este hecho se aprecia con gran claridad, sobre todo, cuando el terreno está blando.

         - Un venado cargado de saín al emprender su huida por una pendiente hacia abajo, suele marcar largos y profundos resbalones que, de no entenderlos así, podrían llevarnos a una creencia equivocada.

           - Las heridas en la cabeza y en el cuello son más eficaces que en ninguna otra parte de la anatomía del animal. Las producidas en la tabla del cuello son de resultados fulminantes.

         - Las de "codillo" son mortales, sobre todo en los cervunos, más aún en los venados que en los jabalíes.

        - En la columna vertebral, le hacen derrengarse al animal que recibe el balazo; el ciervo hace muestras de cornear al cazador y a los perros, más que acometer quiere huir.

            - Las huellas del venado a medida que éste se va haciendo más viejo, las marca más separadas entre sí, principalmente, en sus cuartos delanteros y la pezuña va terminando menos en punta y más redondeada, por esto se distingue también de las ciervas.

          - Cuando un venado lleva una pata rota, marca con los remos útiles, la pareja de remo quebrado marca más y con las pezuñas más abiertas.

            - Con sólo una extremidad partida, un venado es capaz de correr como si no tuviese herida, incluso a simple vista y desde lejos, resulta dificultoso comprobar esta circunstancia.


         - Una res herida 

suele abandonar las pistas, 

veredas o caminos

 por los que habitualmente 

se trasladaba

 cuando lo hacía 

con la tranquilidad 

de su vida diaria.


           - Un cervuno con una pata rota, casi nunca huirá hacia arriba, en cambio, con una mano quebrada, generalmente lo hará buscando altura.

              - En los jabalíes no acontece siempre esto, pero también propenden a lo mismo.

            - Tanto los jabalíes como los ciervos corren frecuentemente arroyo abajo y si encuentran agua, se meten en ella, cobrándose algunos en los pozos, charcas o arroyos.

             - Los tiros denominados de "volaeras" suelen sangrar abundantemente sin que esto suponga que el animal se encuentra herido de muerte, eso dependerá más del calibre y cartucho utilizados.

             - Las heridas de "barriga” les producen fuertes dolores que las obligan a echarse. Si los perros no las siguen, se echan a descansar y se levantan una y otra vez, hasta que entran en la agonía. Este tipo de heridas, dependiendo del calibre con el que hayamos efectuado el disparo, no suelen dejar excesivo rastro de sangre y cuando lo hacen, es revuelta con parte de los residuos de su aparato digestivo.

              - Los tiros "entripados altos" dan sangre turbia, los "bajos" la dan con mezcla de excrementos.

            - Cuando un disparo abre la cavidad abdominal, la res puede huir más lejos que cuando la cavidad abierta es la torácica, lógicamente teniendo también en cuenta el calibre utilizado.

             - El balazo en un cuerno les hace torcer la cabeza y elevar el cuerno no lesionado, debido a que acusa en el cráneo las vibraciones del impacto.

         - Las heridas del venado en el cuarto delantero dan la sangre limpia, y a borbotones, de una tonalidad algo más clara, apreciándose ligeramente separadas en el suelo, al lado de las huellas de las pezuñas cuando caminan en llano. En las del cuarto trasero cae la sangre goteando a plomo, cayendo muy próxima a la marca dejada por la pezuña y manchan el monte por el lado que cerró la res.

              - En ocasiones, los ciervos cuando se sienten heridos vuelven la cabeza y llevan los labios sobre la herida, de tal manera, que parecen que se besan el sitio del dolor. Este fenómeno es conocido con el nombre de “besarse la herida".

            - En los ciervos, sobre todo, existe un tipo de tiro, conocido por "calentón" que los derriba de forma fulminante, aunque sólo le ha rozado parte de su cuerpo, generalmente el cuello o el cráneo, pero a los pocos minutos suelen levantarse y perderse entre el montarral, sin que tengamos ninguna posibilidad de cobrarlos, ya que estos tiros raramente les producen lesiones graves.

              - El taponamiento de las heridas es mayor en el jabalí que en el venado, dado el espesor del tejido adiposo o grasa que recubre la mayor parte de su cuerpo. Empiezan, en ocasiones, dando sangre que después se pierde, entonces, si hemos memorizado la huella correctamente podremos distinguirla entre otras.

Barradero del jabalí.
Jabalí embarrándose. Caza y Safaris

 

        - Un cochino herido en los cuartos traseros puede distanciarse bastante, no así el venado, dado que el cochino tiene su mayor desarrollo muscular en los cuartos delanteros, en cambio, en el venado su mayor potencia muscular reside en los cuartos traseros.

         - El jabalí con las dos manos tronchadas y apoyándose sólo en los tocones, aún tiene fiereza como para acometer.

       - La res que se considera herida buscará enseguida la tranquilidad en la espesura del monte. El intentar rastrear inmediatamente a una res bien herida puede dar lugar a que se nos levante y esto dificultaría su cobro; si además se tratase de un cochino, podríamos provocar un desagradable incidente.

                      "A la res bien herida, dale tiempo y gánale la partida"

           - Las marranas al sentirse acorraladas suelen gruñir estrepitosamente y proferir gran cantidad de chillidos, no dándose esta circunstancia en los machos que, en su lugar, lo más que hacen es sólo rebudiar.

           - El paso adelantado es señal de venado joven y fuerte, apreciándose más cuando éste huye de forma apresurada.

            - El paso retrasado puede ser, según el tamaño de la huella, de una cierva preñada o de un gran venado cargado de saín. También la deja una res joven cuando tiene mermadas sus condiciones físicas, por enfermedad o por encontrarse herida.

           - Los tiros de arriba hacia abajo suelen ser fallados con más frecuencia que los de abajo hacia arriba.

             - En corto y a ser posible, se debe asegurar el tiro hacia un punto vital, para ello, la serenidad, saber controlar la emoción del lance y dejar cumplir la pieza, añaden al lance el regusto de una faena inteligente y experimentada. Las prisas nunca fueron buenas consejeras, en cambio, la decisión distinguió a los cazadores experimentados.

Huella de jabalí en el barro.
Huella en el barro. Caza y Safaris

 

 

              Para establecer nuestra estratégica hipótesis tendremos en cuenta:

 

       - Que, para rastrear acertadamente, lo primero será hacer mentalmente la reconstrucción del lance, debiendo revisar las huellas, desde justamente el momento antes del tiro, a continuación en el tiro, reconociendo y memorizando la huella del animal tirado y, por último, después del tiro. El memorizarla es para distinguirla entre otras, sobre todo, cuando hay mucha fólliga entre la que podremos confundirnos fácilmente.

             - Cuál era la posición de la res y la distancia a la que se efectuó el disparo. Observando los gestos que el animal hizo en el momento del tiro. Pues al ser cogidos por el tiro, casi todos los animales lo acusan.

            - Si le acompañaban otras reses y que hizo cada una después del lance. Generalmente, cuando un venado se siente herido suele repropiarse, es decir, toma otra trayectoria y se separa del grupo.

            - Si existen rastros visibles de sangre, huesos o de otras sustancias que nos indiquen en que parte del cuerpo va herido. Si han caído trozos de huesos habrá que identificar, con calma, a qué parte de su anatomía pertenecen.  El despiezar las reses muertas contribuye a mejorar y a afianzar nuestros conocimientos al respecto.

               - Que a veces, al rozarse con los arbustos más próximos a la trayectoria del animal, éstos suelen quedar manchados por la sangre de la herida o restos de alimentos de su aparato digestivo. Habrá que observar a la altura que va dejando las marcas y sí en su huida pudo haberlas atropellado, porque de ser así, luego al volver éstas a su estado original, nos confundiría bastante el cálculo de altura de la zona donde imaginábamos que dio el tiro.

               - Que es de crucial importancia considerar con que calibre y cartucho hemos efectuado el tiro, la capacidad letal del mismo y el tipo de res, ya que no es lo mismo un tiro de jamones para un cervuno que para un cochino, aun tratándose del mismo calibre y cartucho.

              - Si observamos que al poco de haber disparado a la res, la amplitud de su zancada disminuye ostensiblemente es señal inequívoca de que la res va bien herida.

          - La amplitud de la zancada nos dará una idea de la vitalidad que aún le resta al animal, considerando para esta circunstancia si el animal es perseguido por la jauría o no.


... lo primero en observar serán 

los pájaros que pueblan estas inmediaciones, 

pues, las urracas y los rabilargos 

suelen ser los más chivatos...


               - Que, a finales del verano, las sanguijuelas pueden hacer sangrar a los cérvidos por la boca sin que éstos, estén heridos del tiro. Pues la sangre que dan suele ser aguanosa, por estar mezclada con la saliva del animal. Hay temporadas en las que existen gran abundancia de parásitos, sobre todo las garrapatas, que al llenarse de sangre y después rozarse el animal con los árboles para desprenderse de ellas, dejan algunas manchas de sangre.

             - Si hemos de abandonar el rastreo para continuarlo al día siguiente, debemos hacerlo en las proximidades de alguna espesura del monte. Al día siguiente, lo primero en observar serán los pájaros que pueblan estas inmediaciones, pues, las urracas y los rabilargos suelen ser los más chivatos, incluso si llegamos con sigilo no será extraño encontrarnos con algún raposo, ya que éstos disponen de buen olfato.

                - La moscarda, los tabarros suelen revolotear cerca de la res muerta, la primera para desovar y los segundos para comer de ella, ya que son carnívoros.

            - En épocas cálidas, las heridas producidas a los animales en lugares en los que es imposible lamerse, son al poco tiempo escogidas por la moscarda para el desove, apareciendo en breve una imponente "gusanera".

                - Los buitres nos lo indican con gran precisión, si es que ha muerto en un claro. Una bandada de estos personajes puede dar cuenta de un venado en menos de media hora.

              - Una vez que tenemos todas las pruebas constatadas, podremos imaginar de forma más o menos cierta, en qué parte de la anatomía del animal le alcanzó el tiro, cuáles son las posibilidades de que el animal esté gravemente herido y si va pinchado o simplemente lo hemos peinado.

              - Un juicio apresurado de estos aspectos, puede obligarnos a hacer planteamientos erróneos que nos impedirán dar con la pieza.

         - Y finalmente, si hemos sido capaces de conjugar correctamente todos nuestros conocimientos del tema y los datos apreciados, podremos establecer una hipótesis con bastantes visos de realidad acerca del resultado final del lance.

 

Huella en el barro.
Huella en una charca. Caza y Safaris

 

 

                  ¿Cómo actuar mientras rastreamos?

                       - Mientras rastreamos es conveniente que estemos en silencio y con el oído bien atento por si en               las proximidades se nos arrancase la res herida.

              - Si la espesura del monte nos lo permite, es conveniente seguir el rastro sin estropear las huellas observadas, por si fuera preciso releerlas de nuevo.

             - Cuando dejemos de ver la sangre en el rastro, nos quedaremos con la referencia del punto exacto y si las huellas del suelo ofrecen dudas, inspeccionaremos en círculos para comprobar si el animal cambió de dirección.

               - Antes de cruzar un amplio arroyo siguiendo el rastro, debemos señalar con una ramita de monte el lugar exacto por dónde se introdujo en el mismo y rastrear la otra orilla, hasta encontrar el punto por el que continuó su trayectoria la res. De no encontrar continuación en la segunda orilla, volveremos a la primera, por si el animal después de introducirse en el arroyo volvió a salir por la misma orilla que entró, normalmente lo hacen algo más abajo.

                - También debemos considerar que en este trabajo se oponen dos aspectos diferenciados:

                     a) Por una parte, los instintos del animal que, al sentirse herido, le hacen adoptar una conducta determinada y encontrándose éste en su medio natural, el monte.

                   b) Por otra parte, los conocimientos y la inteligencia del cazador para resolver la situación y que por lo general ahora ya, el monte no constituye su medio cotidiano.

                - Otro factor fundamental a tener en cuenta en el momento de rastrear, será el conocimiento del terreno en el que se produjo el lance. Un buen conocedor del terreno a rastrear suele valorar en el momento mismo del rastreo, cuales son normalmente los "viajes" de las reses, dónde están sus encames, las aguas y la espesura del monte en la que puede encontrar abrigo la res herida. Aspectos, que aún sin llegar a explicarlos, tiene muy presentes el experto rastreador para realizar su tarea con gran precisión.


- Al jabalí herido y aculado 

se debe entrar a rematarle 

con el viento de cara al cazador, 

buscando la parte de arriba 

y, aun así, 

con todas las precauciones.


                - Si hemos de rematar un venado y como suele ocurrir en el momento más oportuno, no tenemos el cuchillo de monte a mano, bastará con coger una piedra dura del tamaño del puño y darle con fuerza en la protuberancia que éstos tienen en la frente, la muerte es fulminante.

               - Cuando una persona no muy versada en el trabajo de rastrear ve al experto realizando esta labor, suele exclamar: ¡Qué vista tan fina! No es del todo así, lo que ocurre es que el experto, sabe lo que tiene que buscar, dónde lo puede encontrar y qué es lo que debe observar.

               - Por lo tanto, durante el rastreo consideraremos todo lo antes expuesto y estaremos atentos a cualquier signo que aparezca, procurando darle una interpretación consecuente dentro de la relatividad posible.

             - Y cuando se han conseguido aglutinar en una misma tarea tantísimos conocimientos, utilizándolos de forma natural, tan precisa que cualquier inexperto puede atribuir los buenos resultados a la "vista tan fina", es porque ha dejado de ser un trabajo vulgar para convertirse en un arte.

               - Aunque la labor de rastrear sea dura, complicada y difícil, si por desgracia, no llegamos a cobrar la pieza herida, seguro que algo más habremos aprendido, pero si, por el contrario, finalmente conseguimos cobrar la res, la satisfacción del lance, sin duda será mayor, porque es de mucho mérito, superar las dificultades que nos planteará esta tarea.

                                

            ¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

                                                                                        Manuel Moreno

                                                                                                        Andújar febrero-94

         Publicado en Caza y Safaris nº 131- Sptbre-94

Agosto - 24


MANUSCRITOS DE CAZA IX - ARTE DE BALLESTERÍA Y MONTERÍA

 MANUSCRITOS DE CAZA IX

ARTE DE BALLESTERÍA Y MONTERÍA

Grabado ilustración del libro Arte de Ballestería.
Portada del libro                         BNE

 

Este texto fue escrito por 
Alonso Martínez de Espinar 
que da el arcabuz a S. M. ,
 fue impreso en Madrid 
con Privilegio 
en la Imprenta Real en el año de 1644.

        A pesar de que el título sugiere que la obra sólo trata de Ballestería y Montería, la realidad es otra, pues también trata de la caza con arcabuces, además,  habla de cetrería y volatería e incluso de la caza con trampas que califica como "chuchería" término acuñado originariamente por el autor.

        “… La Chucheria es una fullería mañosa, con el hombre engaña muchas maneras de aues, y animales, con ceuaderos, con señuelos vinos, y muertos, con redes, lazos, y otros muchos instrumentos para todo genero de aues…”

        Esta obra está dividida en tres libros:

        Al principio tiene una ilustración como portada, unos documentos preliminares, entre ellos, una aprobación y prólogo de Fco. de Quevedo y Villegas y un índice o tabla de capítulos en dos columnas perfectamente numerado.

                1.- El primer libro está formado por 28 capítulos en donde se declaran las definiciones de la ballestería, montería, chuchería y cetrería…  y termina en el fol. 126.

                2.- El segundo libro, algo más extenso, se distribuye en 44 capítulos en donde se dicen las naturalezas de los animales… y va desde el fol. 127 hasta el fol. 324.

                3.- El tercer libro tiene 38 capítulos en los que se declaran las calidades de las aves y el modo de cazarlas. Va desde el fol. 325 hasta el fol. 420

Al final hay una colección de vocablos extraordinarios de la caza con una tabla orientativa de las cosas que contiene el libro.

 

                Define con claridad varios términos entre ellos el de la caza que la define así:

"...es una acción de buscar, 
seguir y perseguir 
a las fieras o a las aves 
para rendirlas y sujetarlas 
el hombre a su dominio"
Sello de Carlos III impreso en un libro.
Biblioteca Nacional de España

        La obra está dedicada al príncipe Baltasar Carlos al servicio del cual fue ayuda de cámara. 

    En la corte, de la que había formado parte desde su nacimiento, también ostentó el cargo de ballestero real y el de cargador del arcabuz de S.M. y ya con más de 60 años era el que daba el arcabuz al rey. Su padre también lo fue al servicio de Felipe II y Felipe III. Murió a los 92 años, una vida muy longeva para la época.

Imagen de un libro de la Biblioteca Foral de Bizcaya.
Biblioteca Foral de Bizcaia

         Curiosamente, en esta época, los libros que pretendían publicarse, deberían contar con unas aprobaciones y licencias entre otras del Santo Oficio de la Inquisición, licencia que aparece en los preliminares del libro firmada por el Licenciado D. Gabriel de Aldama, dando fe de que este libro "...no contiene cosa contra nuestra Fe Católica y buenas costumbres..."

        Contiene una página de erratas y otra de Suma de Tasas que tasaron el libro a 6 maravedíes por pliego y como tenía 63 pliegos, el monto ascendió a "treszientos setenta y ocho maravedíes en papel" que era el precio al que se podía vender el libro y no más.

        Habló de "...los revocos del viento que es el chisme contra la caza..." y como aseveró al final de su dedicatoria a los lectores:

 "No todo lo pueden todos"

        Entre las cualidades que dice debe tener en buen montero señala:


"...Inclinación a este ejercicio...
...buena vista...
...y buen tino..."

 

Ilustración de la BNE
Biblioteca Nacional de España

            Con el paso de los años, se han ido haciendo varias ediciones de esta obra.


Pinchando en estos enlaces podrás descargar las diferentes versiones.


Arte de Ballestería y Montería publicada en el año 1644 en Madrid.

 Arte de Ballestería y Montería por Antonio Marín publicada en el año 1761 en Madrid.

         Más recientemente tenemos constancia de que se han publicado dos nuevas ediciones una en 1945 y otra en el 1976.

        La  publicación digital en PDF de la universidad de Navarra reproduce el estado de deterioro en el que se encontraba esta copia. 

        El original del libro contiene un a portada ilustrativa y unos grabados calcográficos realizados por Juan de Noort Fecit del príncipe Baltasar Carlos y del autor Alonso Martínez de Espinar.

        La obra contiene otros 5 grabados, de los cuales se desconoce su autor, y representan escenas de caza muy didácticas e ilustrativas.

        La versión mostrada del año 1761 corresponde a una de la Biblioteca Venatoria de Gutiérrez de la Vega, publicada en Madrid en 1877.

         Sin duda, otra joya literaria que es considerada como una de las grandes obras maestras de la literatura cinegética del barroco español.


    ¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

Manuel Moreno

Agosto - 24

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