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20240901

ARTE DE RASTREAR II "Rastrear con perro"

 

Rastrear con perros de rastro.
Perros de rastro                   Caza y Safaris

EL ARTE  DE RASTREAR II 

“Rastrear con perro”

                 

                   Introducción

 Rastrear con perro es una tarea que exige previamente el tener un perro educado para tales menesteres. De no ser así, es preferible no utilizarlo porque podría estorbarnos más que ayudarnos.

Cuando a alguien se le ocurrió utilizar el perro para esta tarea de rastrear, fue porque advirtió que estos animales podían usar eficazmente cualidades que los hombres no poseemos tan desarrolladas en ellos, como puede ser el olfato.

En el momento en que un perro de rastro de sangre está bien adiestrado y muy cazado, él sólo lo hace todo, el dueño sólo tiene que disfrutar con él.

A la hora de escoger un perro para educarlo en el rastro de sangre, surgen las preguntas de siempre, ¿Qué clase de perro escoger? ¿Qué raza? ¿Qué características debe tener?, ¿Cuál es el entrenamiento más adecuado?,...

La realidad es que cualquier perro con buenas cualidades puede servirnos si le damos un adiestramiento adecuado y cazamos con él casi a diario.

Lo que ocurre con mayor frecuencia es que solemos escoger un perro de los considerados con muy buenas cualidades sobre el papel, adoleciendo después de falta de entrenamiento o tiene pocas ocasiones de práctica real y cuando, eventualmente, se nos presenta la oportunidad para que desempeñe su trabajo, entonces el animal no responde, causando nuestra consiguiente frustración.

La mayoría de los perros considerados de pura raza suelen ser un "producto de crianza y selección" que aunque teóricamente tengan todas las razones habidas y por haber para ser perros eficaces en la caza, la mayoría no lo son por la falta de experiencia. Aunque no todas las camadas de los mismos padres son iguales en sus facultades.

Con esto, sólo pretendo poner en los terrenos de la razonable duda ciertos planteamientos afirmados rotundamente por algunos y cuestionados por otros.

Por poner un caso de referencia, todos conocemos rehalas magníficamente presentadas y de gran belleza, junto a otras mucho peores en este aspecto y en las que luego en el monte no influyen decisivamente estas cualidades, sino que la más y mejor cazada, siempre desempeñará una labor mucho más rentable.

En las rehalas, suelen haber perros de los llamados punteros que están habituados a seguir el rastro de las reses hasta que dan con ellas y las levantan, otros de gran agresividad son verdaderos especialistas en el agarre y otros que siguen insistentemente el rastro de sangre hasta que por fin dan con la res herida. En unos predomina el olfato sobre la resistencia, en otros la potencia sobre el olfato, en otros la movilidad, pero como cualquier especialista, los perros de rastro de sangre han de tener casi todas las cualidades, aunque unas deban predominar sobre las otras.

El arte de rastrear con perro.
Teckel. Caza y Safaris


 

                  Cualidades

 Cualquier perro muy cazado con más o menos condiciones puede cumplir, en parte, esta función, pero evidentemente cuanto mayores sean sus cualidades también serán mayores sus posibilidades de éxito.

Deberá ser dócil, preferiblemente tranquilo y sobre todo muy obediente, ya que tiene que permanecer inmóvil durante largos periodos y en varias ocasiones. Por tanto de carácter apacible, con el que resulte fácil convivir, ya que de su compenetración con el dueño dependerá el resultado de muchos lances.

También deberá ser perseverante en el seguimiento del rastro, ya que por su insistencia y aguante puede conseguir lo que otros canes hayan dado por perdido.

 El perro de rastro de sangre, deberá tener un excelente olfato, "pies de plomo", una voz potente y ser capaz de seguir un rastro de sangre, aunque sea muy débil, bastante tiempo después de haber pasado la res herida.

Dicen que el perro de rastro de sangre, cuanto más viejo, más seguro es su trabajo y ello se debe fundamentalmente a dos factores:

             - Por un lado su mayor experiencia acumulada que le proporcionará más seguridad.

          - Y por otro el que al pesarle los años, se vuelve más lento en su trabajo, por lo que suele ejecutarlo con mayor precisión.

 Además de estas cualidades, es conveniente que el perro, ante los estímulos del rastro fresco lo anuncie con la voz. Este tipo de ladra es distinta de la de "parado" o "muerto", que son otras formas sonoras de avisar, las cuales, a ser posible, debe emplear el animal por sí mismo. Aunque si no se manifiestan al principio, no debemos preocuparnos excesivamente, pues algunos no empiezan a hacerlo hasta pasados los dos primeros años, pero con el tiempo y la experiencia todos los buenos rastreadores terminan haciéndolo.

También deberá tener una buena dosis de valentía, que al menos al rastrear y localizar al cochino, le permita situarse a corta distancia para aguantarlo en el encame, mientras avisa con su ladra al dueño.

En el caso de la caza mayor, los perros de rastro de sangre desempeñan la función de perro cobrador pero de distinta manera a como se hace en la caza menuda, ya que el tamaño de las piezas, por ejemplo las de montería, obliga a que el perro tenga que llevar al cazador al lugar donde la pieza yace herida o muerta. Mientras que en la caza menor, el perro recoge y posteriormente la entrega en las manos del cazador.

No sólo serán las buenas cualidades, sino que además será preciso un adiestramiento específico que se perfeccionará con múltiples ocasiones de caza real.

 

                  Entrenamiento

 Primero hemos de inculcarle obediencia para llegar hasta poderlo tener tranquilamente sentado junto al morral, mientras dura la montería, o transportarlo silenciosamente dentro de él, en el caso del rececho.

Habituarlo a volver a la llamada con el silbato, sobre todo para evitar su pérdida.

Algunos dueños de fincas dejan su cachorro de perro de rastro al guarda para que le acompañe diariamente en sus tareas y así se habitúen a montar en el coche, a ir andando de un lugar a otro viendo las reses de cerca, a los olores de los rastros en el monte, en definitiva, para que se familiaricen con el entorno y se adapten al medio. Suelen empezar el entrenamiento específico después del primer año de vida. A los tres meses se pueden iniciar el entrenamiento de aspectos generales, sobre todo, para mejorar su comportamiento de "saber estar" y obediencia.

Después exigirle que lata el rastro fresco o la proximidad de la pieza herida, algunos de jóvenes no lo hacen, pero basta con cazarlos junto a otro que si lo hagan y rápidamente lo aprenden. También suele dar buen resultado, después de dejar al cachorro un día sin comer, se le ata a una cuerda un trozo de carne de venado ensangrentada, se le arrastra por el suelo y a continuación se cuelga en un árbol donde él la pueda ver pero no la pueda alcanzar. Una vez hecho esto, soltaremos al cachorro y le ordenaremos que busque, sin que nos vea cuando llegue a donde está la carne colgada, primero empiezan a dar saltos y finalmente terminan por ladrar.

El que lata el rastro fresco, tiene las ventajas de saber nosotros dónde y en que momento del rastreo está el perro, cuál es la trayectoria que siguió la res y posiblemente hacia donde se encamina. Además puedo asegurarles que un perro de buena voz, le imprime al lance matices tan bellos y emotivos que lo grabarán para siempre en nuestra memoria como algo que gusta y merece la pena recordar.

Casi todos los monteros tenemos en nuestra mente el imborrable recuerdo de algún lance de montería, en el que gracias a la ladra de un perro puntero nos hicimos con tal venado o cual cochino. En el rastreo además nos permite prepararnos, por si la res herida aún tiene resistencia para intentar huir.

Y por último vendrán los ejercicios con sangre puesta por nosotros, primero en la superficie sobre hojas, piedras o en la propia tierra y posteriormente podemos optar por inyectarla en el suelo de forma superficial con una jeringuilla, poniéndosela al principio muy seguida y posteriormente más distanciada.

El entrenamiento debe hacerse, siempre que sea posible, sobre terreno seco, ya que así el rastro será más imperceptible y los olores a los que nos interesa sensibilizar el animal serán más precisos.

Los itinerarios de rastro artificial deberemos hacerlos dejándole pequeños trozos sin rastro, para que el animal se acostumbre a que cuando pierda el rastro, tenga que insistir en la búsqueda hasta encontrar de nuevo el rastro y poco a poco se acostumbre a coger la dirección exacta de la huida de la pieza.

También es conveniente al principio, que el lugar donde practicamos con nuestro perro de sangre, no tenga rastros frescos de animales de caza, ya que éstos le confundirían, en cambio, una vez que esta fase se ha superado, ya en la siguiente sí que es conveniente todo lo contrario, es decir, que en el lugar donde practiquemos haya rastros frescos de piezas de caza.

Cuando actuemos con rastro de sangre puesto por nosotros, no es aconsejable que mezclemos los tipos de sangre, usando durante un periodo de tiempo sangre de cochino y en otro periodo de tiempo sangre de ciervo.

En la práctica real el perro tendrá que seguir en ocasiones un rastro discontinuo, al principio el rastro y la sangre puede que sean abundantes y fáciles de seguir para ir haciéndose poco a poco, la sangre menos apreciable y más distanciada, hasta llegar a ser casi inexistente, en cambio, persiste el rastro. En este momento, el perro debe haber asociado el rastro con la clase de animal en concreto que rastrea, pudiendo por último encontrar el paradero de la res que daba sangre cuando comenzó a rastrear.

Por último utilizaremos rastro de sangre en zonas donde conozcamos que hay rastros abundantes de las especies a rastrear posteriormente, para que así el perro se habitúe a discriminar la sangre del rastro fresco y procuraremos cruzar el rastro artificial con el fresco, primero de forma perpendicular para hacerlo posteriormente más oblicua e incluso en dirección contraria. Así se procura que el olor de la sangre sea para él, predominante sobre el del rastro.

Aunque los entrenamientos con sangre natural puesta por nosotros mismos, pueden ser muy útiles, en realidad sólo son sucedáneos de la práctica real, que en ningún caso pueden suplantarla ya que en ella, el perro puede apreciar otros olores que le comunicarán una información más precisa.

En cada ocasión al final del recorrido trazado sin caza real, es conveniente que el animal encuentre algún tipo de recompensa, como una galleta o una bolita del alimento preferido... Una pata fresca de venado suele ser un objeto muy motivador para los cachorros.

Estos ejercicios se van repitiendo con distinto grado de dificultad y con situaciones cada vez más complejas hasta llegar a la práctica real, que al principio haremos siempre con el perro atraillado, si no sabemos exactamente donde ha caído la res herida. En los casos en que haya caído cerca se le puede dejar suelto y una vez que el perro haya conseguido dar con la pieza, debemos dejarle que la muerda y halagarlo mucho, para que así busque cada vez con más codicia.

Durante el adiestramiento habremos procurado ponerle distintos problemas y de la forma más parecida a como se le presentan en la realidad.

Ante la desaparición repentina del rastro, ha de ser capaz de encontrarlo buscando en círculos o en zig-zag hasta dar con él, localizando la dirección exacta que siguió la pieza.  (Recordemos lo explicado al respecto en la primera parte de este artículo).

Una vez que el perro está bastante entrenado en la práctica real y estamos convencidos de su obediencia y respuesta a nuestra llamada, se le puede dejar suelto para que rastree sólo.

Después cuando el perro que rastrea sólo da con la pieza adoptará su forma personal de avisar al dueño, de no ser así nunca podrá rastrear suelto.

Las formas que más a menudo utilizan los perros para avisar de que han encontrado la pieza buscada, suelen ser:

            - Una es ladrar y de forma distinta a "muerto" o a "parado" para que el dueño se oriente y vaya al lugar donde encontró la res.

               -  Otra, volver en busca del dueño y después dirigirse al lugar donde encontró la res.


Resumiendo, para rastrear con perro lo podemos hacer de dos maneras:

              - Una dejando al perro sólo y que el realice su trabajo, circunstancia que es posible únicamente cuando el perro está adiestrado por completo y es muy experimentado. Además es la más bonita, cómoda y elegante.

          - Otra es ir detrás del perro atraillado que nos conducirá por el rastro de sangre, lo cuál nos exigirá una perfecta compenetración con el perro para entender lo que exterioriza con su gesto y movimientos.  Indudablemente la práctica y el conocimiento del animal nos será más útil que nuestras esporádicas apreciaciones de los rastros.

 

Rastrear con perro de rastro, el teckel.
Teckel enfrentándose a un jabalí. Caza y Safaris.

                  El adiestrador

 Además de lo dicho anteriormente, hemos de añadir que el adiestrador debe:

                 - Convivir el mayor tiempo posible con su perro de rastro de sangre.

              - Conocerle tan bien, como para distinguir los gestos y expresiones que el animal adopta y la información que nos quiere transmitir en cada momento, bien con el tono de su ladra o por la forma de actuar ante el rastro... En definitiva ha de ser capaz de establecer una comunicación profunda con su perro.

             - Ser exigente en el cumplimiento de las órdenes dadas y procurar intervenir lo menos posible, interviniendo sólo en las ocasiones en las que no quepa otro remedio. Hay que dejarle la oportunidad para que el propio perro aprenda a resolver los problemas que se le presentan. Esto no significa que no debamos interferir nunca el trabajo del perro, sino que sólo lo hagamos, cuando nuestra seguridad sea manifiesta, porque para equivocarse es preferible que lo haga el animal y de esta forma le inspiraremos mayor seguridad cada vez que intervengamos posteriormente.

 

Podenco también hace las funciones de perro de rastro.
Podenco comiendo de un venado abatido. Caza y Safaris.

                  Razas de perros de rastro

Existe una gran variedad de razas de perros útiles para el rastro de sangre, entre los que cabe reseñar:

Todos los sabuesos, en especial, aquellos denominados pisteadores o de traílla. Pueden servirnos los Blood-hounds, los Azules de Gascuña, los Saintongeoises, Ariégeois, los grifones del Nivernais o de la Vendée, los Poitevinos, Blanco y Negro, Blanco y Naranja, Tricolores, Billys, Fox-hounds, por supuesto los Sabuesos Españoles, además de Teckels, Beagles, Podencos, sin olvidar algún no despreciado "taravito".

Entre las razas enumeradas anteriormente, hay algunas con ejemplares de distintos tamaños, pues bien, generalmente suelen escogerse para estas funciones, los de menor estatura.

Otro gran perro de rastro de sangre es el wachtelhund, pero el más conocido para estas funciones, es el teckel con gran olfato, perseverancia en el rastro, agresividad y porque además es un perro versátil y funcional dado su tamaño.

Se supone que entre los teckels, el primero fue el de pelo liso, situando los entendidos su origen en el antiguo Egipto.

El teckel de pelo duro, la variedad más usada por excelencia, es un cruce a base de sangre de schnauzer terrier y dandiedinmont.

El teckel o dachshund también llamado vulgarmente "perro salchicha" ha sido muy utilizado por los guardabosques alemanes como perro de madriguera, por su eficacia contra las alimañas.

Cuando se trata de la caza del jabalí, este perro de diminuto tamaño "ladra a parado", al descubrirlo en su encame, mientras que el cerdoso se muestra indiferente por no inspirarle ningún respeto, dando esto lugar a que el dueño pueda aproximarse y darle caza.

Un buen teckel puede llegar a rastrear con éxito una res, 24 horas después de haberla herido y durante más de un kilómetro de distancia.

Otra gran raza de la que no podemos dejar de hablar es del podenco, por ser un perro que ya tiene suficientemente demostrada su polivalencia en el mundo de la caza.

Dentro de los podencos, como todos sabemos, existen tres tamaños, pues bien el más utilizado como perro de rastro de sangre suele ser casi siempre el de tamaño más pequeño, con unos resultados estupendos.

El mejor perro de rastro de sangre será aquél, al que cuando nosotros ya no sepamos que hacer para seguir rastreando, le quedan todavía viento y recursos para dar con la pieza herida.

                                                                                                                                                                                                                  


¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

Manuel Moreno

Andújar y agosto 1.994

Publicado en Caza y Safaris nº 132 en octubre de 1.994

Septiembre - 24

 

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