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VAQUEO y SALTEO

  Biblioteca Nacional de España VAQUEO Modalidad de caza mayor, consistente en esperar a las reses que vienen de vuelta a su encame diurno d...

20230801

PÓRTICO A PARA HABLAR DE CAZA

 

PÓRTICO


Ricardo Médem Sanjuan.
Ricardo Medem Sanjuan



“Para hablar de caza”

 

 

A veces se trabaja toda una vida para avanzar apenas un metro, pero así crecieron las grandes montañas, avanzando siglo a siglo metro a metro.

 

 

Golpe a golpe, verso a verso (Machado)

 

 

Palabra a palabra, dicho a dicho, sentencia a sentencia, refrán a refrán...

 

 

 

 

                  Como ha hecho Manuel Moreno Rueda, el autor de este Diccionario que, durante toda su vida en la sierra, pero, sobre todo, durante los últimos once años, se ha dedicado a coleccionar palabras “Para Hablar de Caza” de una manera correcta sin que se pierdan las expresiones, el argot, que desde tiempo inmemorial han venido utilizando las gentes del campo y de los montes para entenderse mejor, para definir mejor los sentimientos, las cosas y las circunstancias de su entorno.

 

             Persona sencilla y buena, apegada al campo, con vocación de educar y pasión por cazar, piensa, y piensa bien, que la precisión de hablar con propiedad sobre cualquier tema, pasa por una escrupulosa selección de la terminología empleada a la hora de componer el mensaje, por lo que ha ido recopilando las palabras raras o curiosas de la jerga de los cazadores que ha escuchado o leído; las ha ido seleccionando para después definirlas correctamente y adobarlas, a veces, con sinónimos, antónimos o una cita en la que aparece el término; en ocasiones le ha llamado la atención el hecho anecdótico con el que ha enriquecido también la propia definición. Cumple con ello los tres principios de la Real Academia Española, que deben ser inspiradores de su labor: Limpia, fija y da esplendor. Porque son las palabras, las palabras escritas las que forman ya parte del patrimonio de la venatoria y que con esta obra se rescata y se perpetúa.... 

 

 

 Palabra a palabra,  dicho a dicho, sentencia a sentencia,  refrán a refrán...

 

         Muchas gracias querido Manolo por tu aportación a la cultura venatoria, tan valiosa, tan loable, tan generosa y tan académica, con “Para Hablar de Caza”.


 

Ricardo Medem Sanjuán


      ¡Caza disfrutando, disfruta cazando! 


Manuel Moreno Rueda

Andújar - 2006

Octubre - 2023 

PRÓLOGOS DE CAZA

 PRÓLOGOS DE CAZA

El prólogo en los libros de caza.
Prólogos de Caza

 

            Muchos son los libros que se han escrito sobre temas venatorios y muchos de ellos tienen en el inicio un prólogo como aperitivo antes de meterse de lleno en los contenidos. Todos ellos tienen dos cosas en común:

        - Una, valoran la obra que prologan.

        - Otra, esgrimen razones que defienden y ensalzan la actividad tratada, en este caso la caza y el cazador.

            Quizás uno de los más famosos fue el que José Ortega y Gasset escribió al libro de "Veinte años de Caza Mayor" del Conde de Yebes. Más que un prólogo, es un ensayo sobre la caza que tuvo especial relevancia en Alemania, donde fue considerado como argumento fundamental en la formación de los guardabosques alemanes.

        En este prólogo Ortega dice para matizar y ensalzar el término de la cinegética cosas como:

         “… Hombre y perro han articulado uno en otro su sendo cazar, y esto representa la cima de la venación, que se hace cinegética. De tal modo es la caza con perro perfección y dechado de la cacería, que el sentido propio del término cinegética ha llegado a aplicarse a todo el arte venatorio, cualesquiera que sean sus formas. Convendría, sin embargo, reobrar contra este uso, porque resulta demasiado ridículo llamar cinegética a una actividad en que muchas veces no interviene el perro…”

ORTEGA Y GASSET, J.: Prólogo de Veinte años de caza mayor. Sevilla 1942. ISBN: 84-95375-06-0.

           En realidad, este prólogo tiene afirmaciones rotundas para unos, y controvertidas para otros. 

           "No se caza porque se mata, se mata porque se caza"

             Y que, como son muchas y muy jugosas, no las voy a entrar a valorar, pero, sí que creo que deben ser leídas, pensadas y repensadas porque son muy interesantes en su particular defensa de la caza. 

            Tiene una descripción del momento en el que entran las rehalas al monte que para mí es magnífica.

             Otro prólogo muy famoso es el de Félix Rodríguez de la Fuente a la Enciclopedia de la Caza "Arte y técnica del buen cazador" de Ed, Vergara. en el que confiere al cazador, ya sea animal u hombre el papel de:

         "guardian de los pastos y los frutos... que actúa como verdadero forjador, como una formidable fuerza selectora que, implacablemente, va mejorando las condiciones anatómicas, fisiológicas y psíquicas de todas sus presas."

        "No es la cantidad de capturas lo que forma y ennoblece al cazador, sino la calidad de las mismas" 

        Con su peculiar forma de expresarse, hace una gran defensa de la caza y de los cazadores en general. La mayor parte de sus palabras siguen hoy teniendo vigencia para la defensa de la caza y la naturaleza.

         Y continuando la senda de Ortega afirma:

        "No mates, caza. Porque no es lo mismo matar que cazar"

         Sin duda, muchísimos son los prólogos que merecerían traerse aquí para valorarlos y reconocer sus méritos en defensa de la caza, pero, creo que no sería procedente. Entre los demás, haré especialmente mención a aquél, con el que, Jesús Caballero me hizo el honor de prologar mi libro "Para hablar de Caza" en el que además de, obsequiarme con inmerecidos halagos, en su defensa de la caza esgrime:

        "...la caza nunca fue una ocupación banal, ni caprichosa; la caza, es el oficio preciso, donde se concertó la misteriosa síntesis de la razón con el instinto..."

         He tenido el honor de prologar un libro a un buen amigo y, creedme, no es tarea fácil componerlo literariamente y ser original en la utilización de argumentos novedosos. Vaya desde aquí mi gratitud y reconocimiento para esos grandiosos y elaboradísimos prólogos en defensa de la caza.


            ¡Caza disfrutando, disfruta cazando!


                                                                                        Manuel Moreno

julio - 23

20230731

FURTIVOS DE SIERRA MORENA

FURTIVOS DE SIERRA MORENA

El furtivo de trofeos.
Perfil del furtivo de Sierra Morena.                                             Trofeo Caza

     Al tratar el tema del furtivismo lo que más me preocupa es el enfoque que debo dar al tema para que no resulte ser una apología del mismo,

 ya que es lo más lejano a mis pretensiones por dos motivos:

             Primero, porque ante la situación actual debemos adoptar medidas y  normas que aseguren la continuidad de la caza para las generaciones venideras.

            Y segundo, porque soy un amante de la caza, respetuoso con el medio ambiente y con la colectividad en general.

Furtivo es un término que desacredita a aquél que lo ostenta, aunque también es cierto que cazadores hay menos de los que así se denominan y furtivos más de lo que parece. Pero para centrarnos en el tema, distinguiremos entre el cazador que comete eventualmente un acto aislado de furtivismo y aquél que caza por sistema de forma furtiva.

 

Furtivo con nocturnidad.
Viejo furtivo y la noche.      Trofeo Caza

Descripción del furtivo

Suele ser una persona hábil, indómita, rebelde, astuta, desconfiada, sagaz, ruda y sobre todo un gran experto del monte, en particular, de la zona donde actúa con mayor frecuencia. Es un conocedor de los viajes de las reses, tiene la capacidad de aguantar las inclemencias del tiempo y soportar las duras condiciones del terreno, haciendo así lo que hacen los demás, pero con más riesgo.

Ante todo, es irrespetuoso con las leyes de la colectividad y hasta llega a ser un transgresor de las normas de la propia naturaleza.

Es innegable que la personalidad de estos hombres provoca en algunos, cierta secreta admiración, aunque en voz alta sea detestado por la mayor parte de la sociedad.

El furtivo, valiéndose de innumerables tretas y ardides, caza de forma clandestina.

Para la mayoría es considerado como un elemento más de la tradicionalmente llamada contracaza, ya que, en vez de aumentar las potencialidades cinegéticas de un coto, lo que hace es disminuirlas.

Para el viejo furtivo la noche siempre fue la fiel aliada, incluso puede pernoctar algunos días, abrigado por la espesura del monte, cobijándose bajo el negro manto de la oscuridad, que encubrirá gran parte de sus fechorías.

Este predador humano estudia los movimientos no sólo de los animales objeto de su caza, sino de los guardas y demás miembros de la guardería a los que ha de saber burlar y controlar.

Sin dejar de reconocer que en la mente de cualquier cazador pueden existir los conocimientos de un furtivo, les diferencia que la nobleza del auténtico cazador le hace a éste reprimir sus deseos y respetar las normas en pro de la caza, en cambio, el otro, las transgrede, sin pensar en las consecuencias futuras, sino en satisfacer sus propios intereses.

Los bajos precios de la carne y las fuertes sanciones -o la posibilidad de verse procesado-, contuvieron en su momento los deseos de los más prudentes. Sin embargo, para otros, eso no ha sido suficiente para que depongan su actitud.

Otra circunstancia que, en la actualidad mantiene viva la realidad y existencia del furtivismo es el elevado precio de los buenos trofeos de caza.

La eterna paradoja para el furtivo es el estar continuamente dentro y fuera de la ley.

La creencia y el sentimiento de invulnerabilidad que tiene el que ha actuado en varias ocasiones en el monte sin ser cogido, es un aliciente que este mismo personaje interpreta como una superioridad manifiesta por su parte ante el resto de la sociedad, máxime cuando se mueve en un medio natural en el que se cree capaz de defenderse como nadie. Esto le supone un reto personal y una posibilidad de sobresalir ante los demás, conductas muy arraigadas en su comportamiento.

Furtivo, caza a hurtadillas.
Esa caza a hurtadillas.    Trofeo Caza

            Ese riesgo, esa forma de cazar a hurtadillas, con la inseguridad de que alguien pueda detenerlo, ese gusto por lo prohibido concuerda con su carácter tosco y para la mayoría supone un aliciente añadido a las dificultades que pueda presentarle el lance de la caza. En definitiva, para él, es su gesta épica y venatoria, que en el secreto público de su tertulia puede darle cierto “prestigio y notoriedad.”

Le agrada que su “hazaña” sea adulada en secreto, pero con el reconocimiento público, ya que esto le supone un ensalzamiento de sus cualidades y una forma de sentirse superior a los demás. También esto favorece el concepto de su autoestima personal.

Antiguamente existía la figura del cazador furtivo -al que aún hoy hay muchos que se aferran para justificar su actitud-, que por haber vivido siempre en el monte, no había podido tener otra profesión y en determinadas temporadas se veía obligado a cazar furtivamente para llenar su estómago y el de los suyos. Pero hoy esto es más bien una excusa y la gran mayoría de los furtivos que existen los podríamos calificar de viciosos y amigos de lo ajeno. En su día a día, a menudo utilizan la mentira que aflora con lógica facilidad. Estas personas tienen una habilidad especial para disfrazar la realidad y en su código moral no suelen tener conciencia de delincuente, ya que, para ellos, aunque esta actividad esté perseguida y penada, en absoluto les resulta delictiva.

 

Artes prohibidas de caza.
Perchas, costillas, lazos y cepos.      Trofeo Caza

El guarda y los furtivos

Aunque en esencia la labor del guarda sigue siendo la misma de antaño, los métodos y sobre todo los recursos se han adaptado a la situación actual.

Las telecomunicaciones, los prismáticos, las acciones coordinadas de varios guardas de cotos de una zona y sobre todo la actuación sincronizada con los miembros de la benemérita, juegan un papel fundamental y decisivo en la lucha actual contra todo tipo de furtivismo.

 

El uso de todos estos instrumentos ha dado lugar a la creación de un código especial para comunicarse los guardas entre sí, sin que puedan ser interceptados sus mensajes por los furtivos que en algunas ocasiones también hacen usos de estos aparatos. Paralelamente los furtivos con su reducido entorno inmediato han desarrollado también su propio código de comunicación.

El guarda memoriza perfectamente la forma del terreno y, aunque sea de noche, es capaz de localizar por donde va o viene tal vehículo, diferenciándolos por el ruido, la velocidad o un sinfín de insignificantes matices, que sólo con la continua observación diaria ha sido capaz de aprender.

Los perros de los guardas, a menudo, son capaces de transmitir a sus respectivos dueños tal cantidad de mensajes en este aspecto, que sólo ellos saben descifrar.

La dotación de vehículos todoterreno agiliza enormemente los movimientos de los agentes de la guardería y permiten cubrir mayores zonas en menos tiempo. Pero es, sobre todo, la lectura de las huellas, así como el comportamiento de los animales y otros signos, lo que hace que el guarda sea capaz de localizar el punto exacto en donde puede encontrarse el intruso en un momento dado. El furtivo es consciente de esto y a veces, hace rastros falsos para despistarle y desplazarlo de esta forma a otras zonas de la finca.

Trofeo en el monte para limpiarse.
Trofeo de venado sujeto a un árbol para descarnarse.                                 Trofeo Caza

          Mil y una argucias intimidatorias y las más insospechadas tretas son intercambiadas en un diálogo sordo entre el guarda y los furtivos.

Los papeles están bien claros desde el principio, el guarda intentará disuadirlos con todos los medios a su alcance, mientras que, para los furtivos, el quitarle al guarda cualquier pieza de caza que ellos persigan, se convierte en un reto.

Dependiendo del medio de transporte utilizado por los furtivos, en cada caso tendrán unas entradas y salidas a la finca, más o menos predeterminadas. Cuando van a pie, suelen tener un lugar de entrada y otro diferente para la salida, ya que, a la entrada, lo que pretenden es sorprender al ganado en sus querencias habituales, pero a la salida, y si van cargados, necesitan aprovechar los accidentes del terreno de la forma más favorable posible. Aunque una vez que se han percatado de sus posibilidades, al repetir suelen tener itinerarios muy concretos, que los guardas conocen a la perfección y es donde fijan los apostaderos para cogerlos “in fraganti” al retorno.

Cuando utilizan una técnica mixta, es decir, disponen de un vehículo nodriza que los va repartiendo por el campo, tienen fijado “a priori” un punto de encuentro para el regreso. Si es de día suele ser un punto elevado del terreno, desde donde el que espera pueda controlar posibles movimientos en contra suya. Si es de noche suelen escoger una vaguada, en la que las luces del vehículo que los recogerá se pierden desde lejos y apenas se aprecie la rápida maniobra.

Trampero y furtivo.
Trampas del furtivo      Trofeo Caza

 

De furtivo a guarda

  El cazador ahora es cazado. Una medida que se emplea con bastante frecuencia es colocar al furtivo de guarda. Esta es una práctica que, en la mayoría de las ocasiones, ha cosechado buenos resultados, consiguiendo al mismo tiempo dos mejoras:

-                     La inserción social de algunas de estas personas que, al encontrar su empleo como guardas, han dejado de ser furtivos.

-               Que desaparezca un problema para la caza y la producción de esa finca.

  El binomio guarda/furtivo es una realidad paradójica en la que persiguiendo distintos fines se llega a hablar un lenguaje común, el del monte.

 

                Tipos de furtivismo

En el panorama cinegético actual hay diferentes formas de furtivismo, desde el que va a furtivear porque su bajo poder económico no le permite otra forma de practicar su afición de cazador, hasta el que comercia con la carne o como el que sólo va en busca del trofeo para él o para venderlo.

Existen personas que de forma esporádica actúan como furtivos, para así complementar su sueldo. Es otra forma de furtivismo.

Hay otros, que han caído ya de tal manera en el vicio, que no quieren hacer otra cosa, adoptando como suyo este modelo de vida marginal.

Por ser el campo de acción del furtivo tan amplio podríamos establecer diversas clasificaciones, según el aspecto a que atendiésemos para realizarlas; bien por el lugar de sus actuaciones, o sobre las especies en las que incide o respecto a los medios empleados o por el método utilizado en cada caso… Intentaremos establecer una clasificación de tipo general que englobe al mayor número posible de factores.

Furtivo y perro es poco frecuente.
El furtivo sólo emplea perro muy ocasionalmente.           Trofeo Caza

 

Furtivo carnicero:  Será el que sólo tiene como objetivo conseguir la carne de los animales que captura. El más antiguo de este tipo es el conocido como el “morralero”, al que sólo le preocupa encontrar su saco de carne. No suele ser muy selectivo en las piezas objeto de su caza y acostumbra a hacer grandes distancias a pie utilizando veredas y caminos por medio del monte, donde en ocasiones pernocta. A menudo utiliza un arma clandestina que casi siempre tiene escondida en el monte, para así ahorrar el peso en el transporte, evitar sospechas o que puedan retirársela.

Alterna el uso de armas de fuego con las trampas, ya sean lazos o cepos y escoge casi siempre el anochecer para hacer sus fechorías, ya que así dispondrá de toda la noche para trasladarse con menor riesgo de ser visto desde lejos. No le gustan los días de niebla porque pueden depararle alguna inesperada sorpresa.

Habitualmente actúa en solitario y hatea sus piezas utilizando una técnica muy concreta dentro de la espesura de algún matorral, deshuesándolas y aprovechando sólo la carne pulpa.

Al igual que el resto de los furtivos, en su código moral no suele tener conciencia de delincuente.

Aprovechando el trajín y el bullicio de una montería suelen actuar un tipo de furtivos que antaño eran llamados lo “retranquistas”. Eran muy frecuentes cuando las fincas eran abiertas y esperaban en la linde.

Hoy en día han optado por avanzar en el terreno e introducirse en la macha. Práctica muy peligrosa.

Por lo general tienen dos formas muy concretas de actuación:

-          Una, incluyéndose por libre como un cazador más, ocupando la postura que les viene en gana, situándose alrededor de las armadas.

-          Otra, es esconderse en un lugar previamente estudiado del monte, desde donde puedan observar algunas posturas para después escoger la pieza que más le conviene de las que han abatido los monteros. Y es en el momento mismo en el que los monteros abandonan el puesto y llegan las caballerías, cuando ellos actúan.

Este tipo de furtivos hicieron verdad el paradójico refrán de que: “Algunos venados muertos corren más que los vivos”.


                Los furtivos de medallas:  También se les denomina furtivos de trofeos, ya que lo que persiguen no es la carne, sino el valor del trofeo. Variedad de furtivo que se ha puesto hoy en día muy en boga, porque el valor de un buen trofeo en el mercado puede alcanzar precios muy superiores a lo que les rentaría la carne del animal.

Anhelado trofeo.
Trofeo que persigue el furtivo.

               Es el más moderno de todas las variedades de furtivos, suele actuar con un sofisticado y caro equipo logístico. Y dadas las prestaciones de su equipo, actúa con gran rapidez, recogiendo sólo el trofeo y dejando en el monte el cuerpo entero del animal. Actúa desde las carreteras o carriles que circundan o atraviesan un gran coto, con rifles de gran precisión y generalmente dotados de silenciador, si lo hace de noche suelen llevar equipos de visión nocturna o incluso un potente faro, de ahí que se les conozca también como “fareros”.

Es el furtivo de mayor poder adquisitivo y a menudo el de menos técnica. Se le podría denominar también furtivo del asfalto, tanto por el origen de su procedencia como por el ámbito de actuación.

El calibre 22 con silenciador ha sido desde siempre un arma habitual para él y que maneja con bastante eficacia, ya sea desde el mismo vehículo o a pie, aunque a veces, también utilice lazos y trampas. Lo más frecuente es que use las armas de fuego, sin olvidar a los modernos arcos y ballestas.

Dentro del grupo suele haber un estratega, que frecuentemente es el que dirige al grupo, y casi siempre, éste es el que va al campo, mientras que los demás cumplen las funciones de apoyo para él.

En ocasiones, uno de los miembros del pequeño grupo – el conductor-, va sembrando el cazadero de otros compañeros que después serán recogidos por él mismo en el lugar y a la hora convenida, después de tomar todas las medidas de precaución.

Otras veces, hacen grandes trayectos a pie en busca de un gran trofeo, al que una vez conseguido, suelen cortar la cabeza y esconder atado con un alambre al troco de un árbol en un matorral espeso, para recogerlo después otro día cuando ya esté descarnado. Así, no tendrán que responsabilizarse de la muerte del animal si son cogidos llevando el trofeo, ya que en ese momento no portarán armas de fuego y podrán alegar que lo encontraron tirado en el campo en estado de descomposición. Cuando va acompañado suelen utilizar señales y sonidos previamente acordados para comunicarse.

           Uno de los sonidos más antiguos y utilizados para comunicarse entre ellos, fue el canto del cuco, de ahí que a esos habitantes de una zona de Sierra Morena se les llamó “cucones”. Y es que imitaban con tal precisión el canto del cuco, que hasta los mismos montaraces animales no se espantaban por no observar nada de extraño en este ruido.

          Otra variedad de este tipo de furtivo es el “cochinero” que, subyugado por las excelencias del jabalí, va en su busca donde quiera que el navajero se encuentre.

           Un argumento que esgrimen en apasionada defensa es que el jabalí nunca pertenece a ninguna finca en concreto, sino que es de la sierra, ya que este indómito animal no se siente nunca apresado por las alambradas.

De entre los distintos tipos de furtivos es el más noctámbulo y acostumbra a utilizar, además de las armas de fuego, una amplia gama de trampas como peligrosos cepos y lazos, y hasta videocámaras o transmisores electrónicos.

Furtivo y su vigilancia permanente.
Furtivo atalayando al anochecer.                   Trofeo Caza

Furtivos fareros o “gamusineros”: Estas es una modalidad muy antigua, la dedicada a cazar perdices como a otras pequeñas aves mientras éstas pernoctan en sus dormitorios naturales.

En las primeras lluvias intensas del otoño, las perdices huyen de las zonas laboreadas de la campiña, porque se le pegan unas bolas de barro en las patas y esto les hace más vulnerables a sus depredadores. Algunos furtivos aprovechan esta coyuntura, para capturar pájaros de perdiz, que posteriormente venderán en la mayor parte de los casos como reclamos. Suelen ayudarse de una luz y una red para capturar vivos los pájaros mientras estos duermen.

También se les denomina “fareros” a los que, ayudados por un potente faro halógeno, desde un vehículo en marcha disparan por la noche sobre todo tipo de especies que se les pueden cruzar en el camino. Estos últimos son de épocas más recientes.

Otra forma singular de furtivismo con los “carrileros o lebreros”, que recorren por las noches los carriles de la campiña con un vehículo y atropellan o disparan sobre las liebres que escogen los carriles para trasladarse.

La liebre al ser encandilada por las luces corre en línea recta delante de cualquier coche que le siga y si, además, se le hacen continuos cambios con las luces, difícilmente dejará el carril, facilitando esto el que pueda ser atropellada o golpeada con una chapa que cuelgan al coche por la parte trasera.

En algunas zonas de Andalucía actúan con unas motos todoterreno, a la cuál suben a un podenquillo en su parte delantera y posteriormente bastará un simple frenazo para propulsar al perro sobre la liebre o el conejo perseguido.

Furtivos huroneros o mineros: Este tipo de furtivos toma su nombre del hurón, al que introducen dentro de las madrigueras para sacar a los conejos, después de haber zapeado la zona para encerrarlos y taponado con cogollos de monte las bocas de las mismas. Durante el día preparan el terreno y por la noche, -preferiblemente las de luna llena- actúan con toda tranquilidad.

Lo más frecuente es que además del hurón utilicen unas redes que ponen en las bocas de las madrigueras, aunque a veces, cuando es de día, las sustituyen por armas de fuego.

Le dan en su jerga el nombre de “minero”, para así despistar en las conversaciones que puedan mantener en público.

Tramperos: Es una modalidad de furtivismo que actúa tanto en la caza menor como en la mayor, haciendo uso de un amplio y curioso repertorio de utensilios (perchas, lazos, cepos, losas, redes, reclamos…) para desarrollar su misión. Los más frecuentes en esta modalidad eran los que se dedicaban a poner grandes cantidades de “costillas” (cepos para pajarillos), en una amplia zona de terreno que revisaban cada uno o dos días para recoger sus capturas.

Las “costillas” solían tener como cebo una aceituna de acebuche, aludas, orovivos, bolitas de arrayán, migas de pan…

Los tramperos también actúan sobre las especies piscícolas con diferentes procedimientos, pero el más curioso era el de embarbascar las aguas de una charca, con paja de garbanzos o con una infusión de torvisco y ruda (plantas tóxicas). A veces, también lo conseguían explotando dentro del agua un pequeño cartucho de dinamita.

Escopeta y luz para la noche.
Vieja escopeta con linterna adaptada.    Trofeo Caza

Furtivos de especies protegidas: Tanto de aves como de mamíferos. La mayor parte de sus capturas se producen en época de cría en la que los pollos están todavía pequeños (especialmente los de aves de cetrería). Otras, su botín lo constituyen los huevos de estas especies, de ahí que en argot se les denomine “recoveros”.

El estar perseguida y penada con fuertes sanciones económicas la naturalización de cualquier especie protegida, ha hecho que los profesionales de la taxidermia se nieguen a realizar estos trabajos y ello, por suerte, ha contribuido a la práctica desaparición de este tipo de furtivismo.

Utilizaban diferentes técnicas según persiguieran a una especie u otra de aves o mamíferos.

Otra peculiar actuación que llevaban a cabo en los nidos de rapaces consistía en coser o rodearles con un alambre el pico de los polluelos y después revisar el nido para quitarles los conejos, perdices y liebres que les traían sus progenitores para alimentarlos. Posteriormente los descosían para alimentarlos con las vísceras de los animales que les recogían, volviendo a cerrárselo nuevamente.

Podríamos seguir analizando otros tipos de actividades furtivas más concretas, pero ya cada uno responde a formas aisladas y muy específicas que resultarían poco significativas desde un punto de vista general. Por ejemplo, los furtivos de guante blanco, los que actúan con anestésicos y otras incalificables que resulta hasta desagradable enumerarlas. 

Hemos encontrado la referencia de una forma furtiva de cazar en la época de los reyes católicos de curioso nombre, el “currucuneo”, que relata como conseguían hacerse con los lechones y jabatos en la zona de las marismas del Guadalquivir.

        “a fuerza de constancia pudo adquirir un alcahuete para satisfacer su apetito de echar una montería al currucuneo, método muy practicado en el coto de Oñana por los cazadores corsarios para coger a hurtadillas los cochinos javatos cuya vente en Sevilla les producía buena ganancia.

        Es el currucuneo una montería que debe hacerse en noches de luna, y mediante unos podencos llamados alcahuetes, adiestrados a tal modo que laten cuando encuentran un javalí, pasando en silencio sobre las demás piezas: a la señal del alcahuete sueltan los cazadores dos o más alanos que se precipitan sobre la fiera haciendo presa en las orejas y otras partes la sujetan y humillan dando lugar a que se acerquen los monteros, quienes cogiéndola por los cuartos traseros la levantan impidiéndole dañar, mientras uno le clava el cuchillo de monte”

BELMONTE Y CLEMENTE, F.: Carta en que se describen unas cacerías memorables… del Lomo del Grullo. Sevilla.1888. Pág. 12.

               

        ¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

Manuel Moreno 

Fotos: Ángel Cañones

Andújar y octubre 1994

Publicado en Trofeo en el nº 314 julio 1996

Agosto - 23

 

 

20230704

POLLO ALAMBRADO

 POLLO ALAMBRADO

Pollo alambrado, necesidad y picaresca.

             El hambre es una herramienta tan poderosa, que permite, usándola racionalmente, llegar a adiestrar a los animales más huraños y fieros, al tiempo que en el hombre agudiza su ingenio hasta límites insospechados.

            Entre los antiguos pobladores de la sierra, hubo muchas personas a las que les costaba encontrar el sustento diario, y esa circunstancia, no pequeña, dio lugar a que la gente se viera obligada a desarrollar su ingenio hasta cotas inimaginables. La imperiosa necesidad, la intensa observación y la agudeza de ingenio les empujaron a crear técnicas que hoy nos pueden resultar sorprendentes.

            Desde los aledaños del nido de las grandes águilas, estos habitantes de la sierra, las veían diariamente ir y venir al nido llevando colgado de sus patas conejos, liebres y otros animales menores con los que, indudablemente podrían mitigar su hambruna. Imaginamos la situación, el entorno y la habilidad de estas personas. De este cúmulo de circunstancias nació la idea del pollo alambrado, que traigo a estas páginas, porque además de ser un ejemplo de subsistencia, también puede ser un ejemplo de explotación racional del medio. Ya que nunca se les ocurría matar al pollo ni a la madre y sí, seguían alimentándolo con las partes menos nobles (tripas, pellejos...) de las piezas que les traían sus padres a los pollos.

            Esta antigua práctica entre los serreños consistía en atar con cuerda o alambre el pico del pollo de un águila que aún estaba en el nido, para evitar que éste, se comiera las presas que su madre le traía para alimentarlo. Después, le quitaban temporalmente la cuerda o el alambre, y para que éste comiese, le echaban las vísceras de los animales que ellos mismos le quitaban y, una vez que había comido, le volvían a atar el pico; así, el pollo seguía viviendo y ellos se beneficiaban de las piezas cazadas por la madre. Un ejemplo de simbiosis de subsistencia.

            Esta práctica se realizaba en la época de la posguerra civil española, más conocida como "año del hambre" y aunque hoy no sería aceptable bajo ningún concepto, sí que formó parte de la realidad de las personas de aquel tiempo.

           

                      ¡Caza disfrutando, disfruta cazando!             

                                                                          Manuel Moreno

julio - 23


20230703

LA MISMIDAD DE LA CAZA

Antiguo dibujo de una acción de caza sin armas de fuego.o
Antiguo dibujo de caza y los instrumentos empleados. Biblioteca Nacional de España

LA MISMIDAD DE LA CAZA.

     A continuación, expondré una serie de frases que resumen a otros tantos razonamientos empleados por Ortega y Gasset, en su famoso prólogo sobre la caza a la obra del Conde de Yebes, “Veinte años de caza mayor” donde Ortega pretendió dar caza a la caza.

     Que la caza sea un deporte es indiferente a la caza.

     La caza no es una persecución razonada.  (Kurt Lindner)

     Es característico de la caza, no haber apenas variado en su estructura general desde los tiempos más antiguos.

     No es matar el propósito exclusivo de la cacería.

     Hay cazas que consisten en “cazar vivo”.

     La caza se fue haciendo más deportiva a medida que el arma se fue perfeccionando y desapareció toda urgencia de acabar, fuera como fuera, con el animal.

     Desnivelar excesivamente la pieza y el cazador, aniquila la esencia de la caza y la transforma en pura matanza y destrucción.

     Descastar o destruir por un procedimiento incontrastable y automático no es cazar.

     Cazar es otra y más delicada cosa.

     El mayor peligro para la existencia de la caza es la razón.

     La caza no es faena exclusivamente humana, sino que se extiende por casi toda la escala zoológica.

     La caza es una faena entre dos animales, uno cazador y otro el cazado.

     Torear no es cazar.

     En la caza el cazador pretende apoderarse del cazado.

     Caza es lo que un animal hace para apoderarse, vivo o muerto, de otro que pertenece a una especie vitalmente inferior a la suya.

     Esa superioridad no puede ser absoluta.

     El cazado ha de tener su chance, su lance, que pueda evitar su captura.

     No es esencial a la caza que sea lograda.

     Toda la gracia de la cacería está en que sea siempre problemática.

     La elegancia del cazador deportivo es renunciar libremente a la supremacía de su humanidad.

     A medida que el cazador lo es más acendradamente, va eliminando especies de su órbita venatoria hasta quedarse con muy pocas (las que conservan más juego propio frente al hombre)

    La espera incesante de una agresión y el contramedio de evasión que la pieza posee, la convierten permanentemente en pieza de caza.

    La escasez de piezas de caza es esencial a la cacería.

    La abundancia de la caza le resta importancia especialmente al acto de la búsqueda de la pieza.

    La cacería es una serie de operaciones técnicas.

    La faena fundamental de todo cazar: hacer que haya pieza.

    El acto inicial de toda cacería consiste en lograr descubrir la pieza y levantarla.

    Lograr la presencia de la pieza de caza es ya un triunfo y una buena fortuna de muy escasa frecuencia.

    El momento culminante del proceso venatorio: por fin la pieza se presenta a distancia adecuada. Hay que jugarse el lance. Tal vez no volverá a repetirse en todo el día. De ahí la emoción.

    En muchas tribus primitivas, la mejor y mayor parte de la pieza cobrada, corresponde no al que mata, sino al que primero vio al animal, que lo descubrió y lo levantó.

    Respirar no es cazar aire.

    Va aneja a la idea de cazar la idea de privilegio.

    Obermainer afirma que ya antes de Altamira, cada horda humana acotaba una región.

    La ocupación de cazar se ha hecho en demasía artificiosa y ha perdido su más exquisito sabor: el selvatismo bronco de los parajes y la ilusión de andar en faenas y lugares donde no llega la civilización.

    La razón humana va ahogando la posibilidad de que haya caza y cacería.

    Los bisontes y los cencerros de las vacas mansas del Misisipi.

    De pronto, en este prólogo, se oyen ladridos.

    En la caza se enfrentan dos sistemas de instintos: los agresivos del cazador y los defensivos de la pieza.

    El tema principal de la cacería resulta ser el inicial: detectar la pieza.

    Para contrarrestar ese supremo instinto del animal que es hacerse invisible, el hombre, que, no cuenta con otro instinto opuesto, decide utilizar al perro. Antes le había dado una solución mágica y, por tanto, solución ninguna.

     Es el deporte el esfuerzo realizado por complacencia en él mismo y no en el resultado transitivo que ese esfuerzo rinda.

     Al deportista, no le interesa la muerte lo que le interesa es todo lo que ha tenido que hacer antes de lograr la pieza, esto es, cazar.

     No se caza para matar, se mata para haber cazado.

     La caza es el enfronte de dos sistemas de instintos.

     El furtivo caza mejor que el aficionado porque le funcionan mejor los instintos predatorios.

     Caza y ética o caza y razón.

     Esto fue lo que dijo, y ahora, que cada uno saque sus conclusiones.

 

                      ¡Caza disfrutando, disfruta cazando!             

                                                                          Manuel Moreno

julio - 23

 

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