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20230703

LA MISMIDAD DE LA CAZA

Antiguo dibujo de una acción de caza sin armas de fuego.o
Antiguo dibujo de caza y los instrumentos empleados. Biblioteca Nacional de España

LA MISMIDAD DE LA CAZA.

     A continuación, expondré una serie de frases que resumen a otros tantos razonamientos empleados por Ortega y Gasset, en su famoso prólogo sobre la caza a la obra del Conde de Yebes, “Veinte años de caza mayor” donde Ortega pretendió dar caza a la caza.

     Que la caza sea un deporte es indiferente a la caza.

     La caza no es una persecución razonada.  (Kurt Lindner)

     Es característico de la caza, no haber apenas variado en su estructura general desde los tiempos más antiguos.

     No es matar el propósito exclusivo de la cacería.

     Hay cazas que consisten en “cazar vivo”.

     La caza se fue haciendo más deportiva a medida que el arma se fue perfeccionando y desapareció toda urgencia de acabar, fuera como fuera, con el animal.

     Desnivelar excesivamente la pieza y el cazador, aniquila la esencia de la caza y la transforma en pura matanza y destrucción.

     Descastar o destruir por un procedimiento incontrastable y automático no es cazar.

     Cazar es otra y más delicada cosa.

     El mayor peligro para la existencia de la caza es la razón.

     La caza no es faena exclusivamente humana, sino que se extiende por casi toda la escala zoológica.

     La caza es una faena entre dos animales, uno cazador y otro el cazado.

     Torear no es cazar.

     En la caza el cazador pretende apoderarse del cazado.

     Caza es lo que un animal hace para apoderarse, vivo o muerto, de otro que pertenece a una especie vitalmente inferior a la suya.

     Esa superioridad no puede ser absoluta.

     El cazado ha de tener su chance, su lance, que pueda evitar su captura.

     No es esencial a la caza que sea lograda.

     Toda la gracia de la cacería está en que sea siempre problemática.

     La elegancia del cazador deportivo es renunciar libremente a la supremacía de su humanidad.

     A medida que el cazador lo es más acendradamente, va eliminando especies de su órbita venatoria hasta quedarse con muy pocas (las que conservan más juego propio frente al hombre)

    La espera incesante de una agresión y el contramedio de evasión que la pieza posee, la convierten permanentemente en pieza de caza.

    La escasez de piezas de caza es esencial a la cacería.

    La abundancia de la caza le resta importancia especialmente al acto de la búsqueda de la pieza.

    La cacería es una serie de operaciones técnicas.

    La faena fundamental de todo cazar: hacer que haya pieza.

    El acto inicial de toda cacería consiste en lograr descubrir la pieza y levantarla.

    Lograr la presencia de la pieza de caza es ya un triunfo y una buena fortuna de muy escasa frecuencia.

    El momento culminante del proceso venatorio: por fin la pieza se presenta a distancia adecuada. Hay que jugarse el lance. Tal vez no volverá a repetirse en todo el día. De ahí la emoción.

    En muchas tribus primitivas, la mejor y mayor parte de la pieza cobrada, corresponde no al que mata, sino al que primero vio al animal, que lo descubrió y lo levantó.

    Respirar no es cazar aire.

    Va aneja a la idea de cazar la idea de privilegio.

    Obermainer afirma que ya antes de Altamira, cada horda humana acotaba una región.

    La ocupación de cazar se ha hecho en demasía artificiosa y ha perdido su más exquisito sabor: el selvatismo bronco de los parajes y la ilusión de andar en faenas y lugares donde no llega la civilización.

    La razón humana va ahogando la posibilidad de que haya caza y cacería.

    Los bisontes y los cencerros de las vacas mansas del Misisipi.

    De pronto, en este prólogo, se oyen ladridos.

    En la caza se enfrentan dos sistemas de instintos: los agresivos del cazador y los defensivos de la pieza.

    El tema principal de la cacería resulta ser el inicial: detectar la pieza.

    Para contrarrestar ese supremo instinto del animal que es hacerse invisible, el hombre, que, no cuenta con otro instinto opuesto, decide utilizar al perro. Antes le había dado una solución mágica y, por tanto, solución ninguna.

     Es el deporte el esfuerzo realizado por complacencia en él mismo y no en el resultado transitivo que ese esfuerzo rinda.

     Al deportista, no le interesa la muerte lo que le interesa es todo lo que ha tenido que hacer antes de lograr la pieza, esto es, cazar.

     No se caza para matar, se mata para haber cazado.

     La caza es el enfronte de dos sistemas de instintos.

     El furtivo caza mejor que el aficionado porque le funcionan mejor los instintos predatorios.

     Caza y ética o caza y razón.

     Esto fue lo que dijo, y ahora, que cada uno saque sus conclusiones.

 

                      ¡Caza disfrutando, disfruta cazando!             

                                                                          Manuel Moreno

julio - 23

 

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