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ENTRADA DESTACADA

VAQUEO y SALTEO

  Biblioteca Nacional de España VAQUEO Modalidad de caza mayor, consistente en esperar a las reses que vienen de vuelta a su encame diurno d...

20240601

CAÑAZO

Cañazo para cazar pajarillos.

CAÑAZO

Antigua técnica para cazar pajarillos y otras aves, de las que se aproximaban a las eras de los serreños para comer, después de haber trillado las mieses o también acudían a los comederos del ganado doméstico, aprovechando que había alimento.

Para ejecutar esta práctica, clavaban dos estacas de unos 10 o 12 cms de grosor, en el suelo, separadas una de la otra, unos 40 cms. Y a una altura de unos 4 dedos del suelo, ataban a una de ellas, la punta de una vareta verde, recia y flexible  -generalmente de acebuche-  y la otra estaca serviría de punto de apoyo para hacer palanca.

 En el otro extremo de la vareta ataban una tira de cuero, que actuaría a modo de látigo. La tira de cuero podría ser sustituida por una caña, atada como continuación de la vareta verde, de ahí lo de cañazo.

Después tiraban hacia detrás y haciendo tope con la segunda estaca, tensaban todo lo que podían la vareta flexible, sujetándola sobre un fiador que después accionaban con una cuerdecilla desde lejos cuando los pajarillos y otras aves se posaban en ese lugar para comer.

 Al accionar el fiador, la caña o la vareta se disparaba con gran fuerza y velocidad, golpeando a los animalitos que se encontraban en su radio de acción y dejándolos atolondrados o heridos.

Podían colocar varios artilugios de este tipo, combinándolos entre ellos para cubrir mayor superficie al accionarlos.

Aunque dar cañazo a alguien es dejarlo entristecido o pensativo, aquí, el que daba cañazo, conseguía capturar varios pájaros de una tacada. A pesar de que se conseguían algunas capturas, cuando se había accionado el mecanismo varias veces, los pájaros recelaban en exceso y no entraban por lo que esta práctica, cumplía más bien una función disuasoria.

Esta misma técnica se podía hacer con unos palos más cortos, gruesos y resistentes. Entonces se colocaban en vereditas o caminos que fueran paso obligado para otros animales mayores que, también podían ser capturados.  Si lo que accionaba era una cuerda que acababa en un lazo o similar, se llamaba el “alzapié” o también “retallo”. Se podía colocar la vareta flexible de forma horizontal o vertical.

"A ave de paso, cañazo"

 

  

¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

Manuel Moreno

Junio - 24


MANUSCRITOS DE CAZA VII: Hª DE LAS AVES Y LOS ANIMALES

BNE


MANUSCRITOS DE CAZA VII

Hª DE LAS AVES Y DELOS ANIMALES

ARISTÓTELES. 1621


Viene a nuestras páginas la referencia de esta obra escrita por Aristóteles  Estagerita y posteriormente traducida de latín en romance por el vecino de Murcia Don Diego de Funes y Mendoza.

Antaño, para poder publicar un libro, había que obtener previamente licencias, permisos y autorizaciones de los poderes eclesiásticos, y pagar unas tasas según los pliegos que componían la obra, y sin los que no era posible su publicación. Todas ellas, aparecen al inicio de la obra y un extenso prólogo, así como, la relación de los libros y autores citados, que fue necesario para elaborar esta historia; lo que hoy sería considerado como un contrastado estudio científico.

Añade a modo de índice, lo que antes se llamaba la “Tabla de los capítulos del libro”, en donde se reflejan los contenidos ordenados y paginados para su mejor consulta.

La obra está dividida en dos libros, llamados “Primero Libro” y “Segundo Libro”

El Primero tiene 48 capítulos dedicados todos ellos a las aves y el Segundo 36, dedicados a mamíferos y reptiles.

Es muy curioso y llamativo el leer nombres de especies animales muy raras y otras ya desaparecidas como: caprimulgo, murceguillo, cornichuela, alción, merla, eginto, moxcareta, trochillo, gálgulo, crocuta, manticora, cerastes (serpiente venenosa de cuatro cuernos) …

Otros, aparecen nombrados con sinónimos de los actuales apelativos como: íspida que era el martín pescador, moticila que era la pajarilla de las nieves, el alieto o águila marina…

Aparecen innumerables referencias de autoridad, frases de renombrados autores, tanto en latín como en griego para ejemplificar las costumbres y comportamientos de las diversas especies animales.

Existen multitud de descripciones, abundando en los rasgos distintivos de cada especie e indicando los usos que el hombre ha hecho de estas especies a través de los tiempos.

Hay múltiples comentarios y referencias que adolecen de rigor científico y se basan en la creencia popular y tradicional. Por ejemplo, refiriéndose al ciervo dice:

“El ciervo que huye medroso

De su enemigo cegado,

Fácilmente es despeñado”

Continúa más adelante diciendo que el ciervo no tiene hiel en el cuerpo, más Aristóteles dice que la tienen la cola o en los intestinos y que son tan amargos que los perros no los quieren comer.

Pensaban que “el pulmón de cabrito comido en ayunas quitaba la borrachez”

Habla de un animal que nombra como pigargo:

“El Pigargo, a quien algunos llaman unicornio, (aunque sin razón) es especie de cabra montés. Tiene cuernos y barbas como el cabrón…”

Además de la descripción detallada y de las características de cada especie animal, cuenta curiosidades, usos y costumbres del aprovechamiento que el hombre ha hecho de estos animales a lo largo de la historia.

Termina la obra con una “tabla” ordenada alfabéticamente, de las más de 170 especies de aves y otros animales que se nombran en el libro, poniendo sus nombres en español, latín y griego.

Más que un libro de zoología, que también lo es, es un libro de consulta de curiosidades antiguas.


    ¡Caza disfrutando, disfruta cazando! 

  

Manuel Moreno 

Junio - 24 


20240501

PATOS EN LOS ALMORRONES

 PATOS EN LOS ALMORRONES

Entre las acuáticas los ánades son de los más grandes.
Ánades volando.


En la zona de las marismas del Guadalquivir, el almorrón es el lindazo de tierra que sobresale entre dos tablas de agua de un terreno inundado.

Primero, se elegía un lugar de la marisma “arriada” que se había observado que era querencioso y muy tomada por los bandos de ánsares, patos y otras acuáticas para situar el puesto. Había lugareños que se dedicaban a observar estos detalles, bien por encargo o lo hacían por su cuenta y después lo cedían a cambio de un sueldo o por la mitad de las piezas cobradas. Otras veces eran los propios guardas los que se encargaban de estas tareas.

En estos almorrones se hacía un hoyo o agujero aprovechando el terreno que sobresale en los lindazos de tierra que no quedaban inundados, donde los cazadores de acuáticas se ocultaban, tomando de ahí, este agujero, el impropio nombre de almorrón.

En este agujero se introducía un aro metálico de chapa o un barril que sólo superaba el ras del suelo en unos pocos centímetros, que se ocultarían  con ramajes para disimular también la presencia del cazador y evitar que entrase agua por arriba en el habitáculo.  La que se filtraba por abajo, había que sacarla de cuando en cuando. 

Algunas vez se utilizó una construcción elevada como un púlpito llamada "cesto" pero era descubierta más fácilmente por los animales y pronto se abandonó.

Esta labor se realizaba días antes para que, el día de la tirada, todos los animales se encontrasen tranquilos y ya se hubieran acostumbrados a los pequeños cambios que se habían llevado a cabo en el paisaje.

La técnica de caza empleada para estas acuáticas, consistía en mimetizar al máximo la construcción y al cazador para que no fueran descubiertos por los animales, y extender, en las zonas limítrofes al escondite, un número indeterminado de reclamos, unos de plástico y otros vivos. Algunas veces se empleaban reclamos de silbato para atraer a las aves. Los machos de ánade eran mejores reclamos que las hembras. También se empleaban otros reclamos denominados "volantines". Los reclamos deben situarse siempre orientados en la dirección del viento.

Alrededor se colocaban algunos reclamos vivos, atados con una cuerda de una de sus patas a una pequeña estaca, para que no pudieran irse de la zona y con su presencia incitar a posarse a los silvestres. En otras ocasiones, cuando se disponían de pocos reclamos vivos, se colocaban algunos de los ya abatidos, a los que se les colocaba un palito pinchado en el pico y clavado en el suelo como si estuvieran comiendo. A todo el conjunto de reclamos se les llamaba "juego"

Todas las labores previas de preparación, solían realizarse por los propios cazadores o por guardas y personas que se dedicaban profesionalmente a estas tareas, con las que obtenían su jornal diario. Eran los pateros. Durante el verano habían preparado la zona quemando los juncos y limpiado la vegetación que podía estorbarles. Dejaban la zona despejada denominada "claro" para que después se posasen los ánsares que tienen una mayor predilección por este tipo de terrenos.

Estos “profesionales” o secretarios se encargaban de toda la intendencia y logística necesaria que transportaban en serones a lomos de caballos o en unas rudimentarias barcas denominadas cajones o dornajos, que, para su transporte, solían atarse a la cola de un caballo y así se desplazaban por las someras aguas de la marisma.

Antaño se emplearon unas escopetas gordas que admitían una mayor carga y se les llamaba "escopetas pateras"

Una vez colocado el cazador en su puesto, el secretario se retiraba y se escondía en las proximidades durante el tiempo que durase la tirada, después asistía al cazador llevándole todo lo necesario, cuidando de los cimbeles y recogiendo las piezas abatidas que eran cobradas desde las barquillas descritas anteriormente.

El cazador apostado en su barril debe ponerse de pie y disparar rápidamente por los patos levantaran el vuelo también muy deprisa.

El mejor momento para dispararle a los ánades era cuando estos se estaban posando en el agua.

Las tiradas solían producir numerosísimos lances y abundantes capturas, siendo las excedentarias vendidas a recoveros de la zona. Es una modalidad típica de la zona, dado que las características del lugar hacen que se den las condiciones adecuadas para una práctica exitosa.



              ¡Caza disfrutando, disfruta cazando!             

                                                                                         Manuel Moreno 

Mayo - 24


MANUSCRITOS DE CAZA VI - DIÁLOGOS DE LA MONTERÍA

MANUSCRITOS DE CAZA VI

DIÁLOGOS DE LA MONTERÍA
Luis Barahona de Soto.  1587.

Diálogos de Montería.  Junta de Andalucía.
Junta de Andalucía

Diálogos de Montería es un libro muy peculiar que está catalogado como un verdadero monumento de la bibliografía cinegética de todos los tiempos. Estuvo considerado como anónimo hasta después de finales del s. XIX, fecha en la que se hizo una publicación del manuscrito original al que le faltan las primeras páginas donde previsiblemente aparecería el nombre del autor y el título del libro.

Según estudios de José Lara Garrido, concreta que la obra se escribió en 1587 y que su autor es definitivamente Luis Barahona de Soto.

Los dos manuscritos más reconocidos que se conservan son:

-  uno de la Biblioteca Universitaria de Salamanca y

 - el otro de la Biblioteca del Palacio Real (Madrid).

 Biblioteca Nacional de España


Es un auténtico tratado didáctico de caza que está escrito en forma de diálogo, conversación que se produce entre tres contertulios: Solino, Silvano y Montano.

Solino encarna el papel del personaje que al principio es contrario a la actividad cinegética, aunque al final termine interesándose por ella; Montano es el experto cazador que conoce y transmite todos los pormenores de esta actividad que le apasiona y Silvano es el hombre culto y posiblemente sea la voz del autor, el lucentino Luis Barahona de Soto (1547-1595).

Este tratado está dividido en 15 libros que, si bien por el título podríamos pensar que están referidos exclusivamente al arte de la montería, "el mester del monte" no es así, ya que los primeros sí lo hacen, pero desde los libros XI al XIII hablan sobre caza menor, en concreto de la liebre, el conejo y la perdiz. En el libro XIV trata de los instrumentos de caza y finalmente en el libro XV nos habla de las cualidades del cazador, de los perros y su adiestramiento.

Para Barahona (según Mª Isabel Montoya Ramírez) la caza es «arte», porque como bien dice Cicerón: 

        «...es arte un ayuntamiento de muchos preceptos que todos pretenden un fin, y así lo es la caza.» 


Para poder obtener una buena información de este libro he consultado dos versiones diferentes del mismo:

Diálogos de la Montería de la Real Academia de la Historia 

publicada por el Círculo de Bibliófilos Españoles. 1890.

       - Diálogos de la Montería versión facsímil 

editada por la Junta de Andalucía. 2018.

Pinchando en estos enlaces podrás descargarte la versión digitalizada.


Luis Barahona de Soto es valorado como un escritor culto, y aunque la mayor parte de su obra quedó inédita, fue reconocido por la primera parte de "Las lágrimas de Ángelica" no sólo en su época, sino en épocas posteriores como lo atestigua Miguel de Cervantes en una reseña que hace de esta obra, al final del capít. VI del Quijote. 

Diálogos de Montería está considerado como uno de los diez libros imprescindibles en cualquier biblioteca cinegética que se precie de serlo.


¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

Manuel Moreno

Mayo - 24

20240430

REACCIONES AL IMPACTO

 

REACCIONES AL IMPACTO


Reacciones al impacto.
Reacción al impacto de un jabalí.                                Caza y Safaris

A pesar de que disparemos con el mismo arma, pero si utilizamos distintos tipos de munición, es posible que las reses no acusen el tiro de la misma manera.


    ¿CÓMO ACUSAN EL TIRO LAS RESES DE MONTERÍA?

       La duración que tiene un lance de caza en la montería suele ser más bien breve, incluso instantáneo, pero a veces es el suficiente para poder observar imágenes más o menos fugaces, que sabiendo interpretarlas, nos permiten estimar cual es la parte de la anatomía del animal que ha recibido el impacto, y así, podremos calcular cuales son las posibilidades de cobrar esa res.

      Casi siempre que una res recibe un disparo, hace un extraño movimiento, aunque si las balas le pasan cerca o le caen debajo de las patas, también da un aparatoso salto, sin haber sido herida.

      Hoy en día en la montería se emplea una variada gama de calibres y municiones que tienen comportamientos, aunque similares, notablemente diferenciados con respecto a los efectos que producen en las reses. A pesar de que disparemos con el mismo arma, pero si utilizamos distintos tipos de munición, es posible que las reses no acusen el tiro de la misma manera. Por ello, los comentarios que vienen a continuación, aun refiriéndose al mismo caso, pueden variar significativamente en la realidad, dependiendo de estos factores. De ahí, que aquí nos vamos a referir de modo general a la forma en que las reses suelen acusar cada tipo de tiro.

      Para la montería, siempre es conveniente utilizar un cartucho que tenga potencia, velocidad y que el proyectil no sea muy duro, ya que, si no, éste atravesará el animal y no lo derribará instantáneamente; interesa utilizar un proyectil que sea de punta blanda, para que nada más entrar en el cuerpo de la res, adopte la forma de seta y pueda transmitir una mayor cantidad de la fuerza que lleva.

     

 Cuando se apunta 

buscando el punto vital,

el montero en el momento del tiro 

percibe casi siempre 

la reacción de la res 

al recibir el impacto. 


    Se aprecia mejor en el venado que en el jabalí, aunque los síntomas se den en los dos igualmente.

      Ante un tiro, el comportamiento de gamos, muflones e incluso de los corzos, guarda bastante parecido con la forma de acusarlo los venados, por eso, nos referiremos únicamente al venado y al jabalí, que son los que más diferencias presentan entre sí, dadas sus dispares constituciones morfológicas.

      Para que resulte más fácil comprenderlo, clasificaremos los diferentes tipos de heridas que los tiros producen y analizaremos el comportamiento inicial de las reses en cada caso:

 

 

      MORTALES QUE DERRIBAN LA RES INSTANTÁNEAMENTE.

      - Cabeza: Cuando el disparo alcanzó el cráneo del animal, éste cae al suelo repentinamente y ni tan siquiera patalea ya que la muerte le sobreviene de manera fulminante tanto a venados como a jabalíes.

      - Tabla del pescuezo. Cuando la herida se produce en esta zona, la res caerá inmediatamente desmadejada en el suelo, pero el pataleo durará breves segundos. Aunque si el tiro entra por el pecho y sale por la parte delantera de la paletilla o la atraviesa transversalmente, pero cruzando la cavidad torácica, la res caerá o, mejor dicho, se hundirá de manos y aunque se levante no avanzará más de los 50 metro, en todo caso bamboleándose hacia los lados y con un andar lento y trompicado, con síntomas de mareos.

      Para los ciervos, los tiros en el pescuezo, ya sea de frente o por detrás, son instantáneamente mortales y cuando el proyectil no es muy duro y encuentra las vértebras del cuello en su paso, suele abrir un boquete de salida, que en el momento del tiro se aprecia como se esparce en el aire el pelo de la salida, si es que el tiro se ha realizado a corta distancia.

      Los tiros en el cuello de forma atravesada son mortales en el acto, salvo cuando el tiro roza o alcanza muy poquito la parte baja del cuello que pueden llegar a correr algo, pero que pronto tienen que pararse y al final mueren porque en esa zona le afecta a la tráquea y al esófago.

      Los cochinos, aún con los huesos del cuello partidos, caen instantáneamente, pero patalean durante un pequeño espacio de tiempo, siempre algo mayor que los ciervos.

      - Espinazo. En el momento en el que el disparo afecta a la médula espinal, la res cae redonda, pero si el daño se ha producido en el espinazo, de la cruz hacia detrás y el animal se encuentra como vulgarmente se dice "tronchao", deberemos apresurarnos a rematarlo para evitar la desagradable imagen de una agonía lenta y dolorosa. Si no se es muy avezado en este tema de la montería, aconsejo que se repita un nuevo disparo desde lejos para evitar dos situaciones desagradables que pueden presentársenos:

          - Una de ellas, peligrosa para nuestra integridad física, ya que tanto si se trata de un venado como si se trata de un jabalí, ambos procurarán defenderse atacándonos si nos aproximamos.

           - La otra, muy desagradable para cualquier persona con sensibilidad y que grabará de forma nefasta en nuestra memoria, la lágrima agónica de un ciervo.

      Pero si la herida se produce en el espinazo alcanzando también los riñones, se provocará una fuerte hemorragia y la muerte sobrevendrá pronto.

      - De atrás hacia delante. Con este tipo de herida las reses corren poco, la mayoría de las veces, nada. Sobre todo, si la salida apunta a la parte delantera del pecho, ya que en su trayectoria el proyectil interesó órganos vitales y perforó la membrana del diafragma. Pero en los raros casos que consiguen huir, se derrumban a los pocos metros, acusando el tiro con un andar mareado, más notable en los venados que en los jabalíes.


      Cada vez que el proyectil 

atraviesa el diafragma, 

el efecto es más contundente 

y el animal se derrumba antes.

     

     - Articulaciones superiores.  Si la herida se produce en la parte de la articulación del jamón o grupa, la res acusará el tiro derrengándose y cayéndose de atrás si es que afectó a las dos articulaciones que se encuentran en la parte superior del jamón.

Caza y Safaris

      Si es en la parte de la paleta y atraviesan las dos, hacen el intento de dar un salto y caen mortalmente en pocos pasos, de forma que al faltarles apoyo en los dos remos delanteros caerán al suelo apoyando el pecho y continuarán dando patadas como intentando incorporarse.


      A los jabalíes se les nota menos en las patas traseras que cuando la herida es en la parte delantera, donde la acusan más.

 

 

   

       MORTALES QUE NO DERRIBAN LA RES INSTANTÁNEAMENTE.

          - Codillo.  La creencia general y lógica es que los tiros de codillo derriban a las reses instantáneamente, ya que la herida en los bofes y corazón es mortal, e incluso a veces es así, pero en la mayoría de las ocasiones andan, aunque sólo sean unos pasos y otras más todavía. Sobre todo, cuando la bala atraviesa transversalmente el cuerpo del animal, sin interesar huesos, aunque destroce órganos vitales; en el caso de que afecte al diafragma caen antes, tanto el cerdoso como el cervuno.

      Las heridas de codillo pueden afectar al conjunto de órganos vitales o centradas únicamente en el:

            Hígado. La herida en el hígado es mortal, pero tampoco instantánea, la res suele huir con mucha velocidad y debemos repetir el disparo, ya que, si no, puede alejarse bastante. Estas heridas dan gran cantidad de sangre negruzca y densa. Cuando se han alejado un poco se paran y suelen permanecer un rato como "amorcillaos" y si seguimos disparándole encajan los tiros acusándolo levemente, hasta que son alcanzados por una bala en un punto vital que los derrumbe.


      Cuando el lance se da en carrera, 

el jabalí, 

en el momento, 

no acusa el impacto casi nada.


            Pulmón. Lógicamente, también es mortal la herida en el pulmón, pero la res puede continuar corriendo y suele dejar manchas de sangre roja y espumosa. En ocasiones, durante la huida de un tiro de pulmón las reses van echando sangre de este tipo por la nariz y la boca. Se trata del típico tiro de codillo, pero un poco alto y tanto jabalíes como venados corren unos metros antes de caer.

            Corazón. Ni que decir tiene, que la herida es también mortal, pero también suelen andar un poco, antes de derrumbarse, aunque algo menos que en los casos anteriores y también, sobre todo, en los ciervos que se manifiesta andando con mareos. A los pocos segundos de efectuado el disparo, ya se puede apreciar ensangrentada la zona de la paletilla y más aún, si es por el lado de la salida que, con los rifles y municiones actuales, suelen abrir un gran boquete de salida; herida que se aprecia a distancias considerables.

          - Empanzado.  En este tipo de tiro se nota un ligero encogimiento del cuerpo o en que también dan un fuerte brinco en el momento del disparo y después, al continuar andando los venados ponen el rabo horizontal. Todo ello, si el tiro se realizó con la res parada, pero cuando las reses van en plena carrera, casi no apreciamos que el proyectil las ha alcanzado. A veces, se les ven los trozos de tripas colgando, pero, aun así, huyen y se alejan bastante. Por ello, es conveniente y cuando se sabe con seguridad, que una res lleva un tiro de barriga, dejarla encamarse tranquilamente, ya que en cuanto pasen unas horas, debido a la fuerte infección, le sobreviene la peritonitis y mueren.

      A pesar de todo, es el tiro menos buscado por los monteros, ya que, con él, una res no cae, deja poca sangre y puede marcharse como si fuese completamente ilesa. Estos tiros son difíciles para rastrearlos y, por tanto, para cobrar. Aunque son mortales y muy dolorosos para los animales que pueden alejarse bastante hasta encontrar un retirado y tranquilo encame. Algo similar ocurre con los tiros de ijada o ijares. A estos tiros se les llama también entripado, embuchado, de barriga, "pinchao"... siendo los que más discusiones plantean en la montería.

      - Boca.  Con un tiro transversal en la boca las reses suelen levantar la cabeza y sacudirla hacia los lados como si estuvieran resoplando, pero continúan su huida de forma bastante rápida y posteriormente mueren por inanición. Si es en la mandíbula inferior, lo acusan menos que en la superior, donde pueden quedar parados en seco, más, cuánto más próximo sea del cráneo. Estos tiros suelen hacerle cambiar radicalmente la dirección que llevaba el animal, tanto si es jabalí como si es cervuno.


      - Jamón.  Un venado herido de jamones se nota en el momento del tiro como si dejase arrastrando levemente las patas traseras, continuará apoyándose con el remo menos herido y se le notan unos saltitos elevando más de lo normal la grupa.  En este mismo caso no se le nota casi nada al jabalí, salvo que se le hayan partido los huesos de los dos jamones y entonces la huida la continuará arrastrando medio cuerpo y en un lugar cercano, dará la tabarra con las rehalas durante un buen rato. Si el proyectil salió por el otro lado, dará aún más sangre y se cansará antes, pudiendo ser cobrado si lo siguen las rehalas y de no ser así, morirá en su encame algunos días después.

 

 

      

    NO MORTALES Y QUE DERRIBAN LA RES INSTANTÁNEAMENTE.

      - Agujas o "volaeras". Se llama así este tiro cuando el proyectil toca o roza los huesos planos de la parte superior de las vértebras a la altura de la cruz del animal. Estos tiros derriban al animal instantáneamente, quedando atolondrado durante unos breves minutos para posteriormente levantarse y emprender una larga huida que les salvará la vida. También se llama a estos tiros calentón de agujas, cuando lo único que hacen es rozar el cuerpo del animal en una parte huesuda del espinazo o el cráneo, cayendo repentinamente fulminados, pero al fin consiguen reanimarse y emprender la huida. Este mismo efecto se aprecia tanto en venados como en jabalíes.

      - Base del cuerno.  De efectos similares al anterior, suelen manifestarse, y evidentemente sólo en los venados, cayendo redondos al suelo y fuertemente conmocionados, si el tiro está muy próximo al cráneo, aunque luego se levantan y se van. Cuando el tiro es en el cuerno propiamente dicho, los venados suelen levantar el cuerno contrario y no llegan a derrumbarse del todo, menos cuanto más alejado del cráneo haya sido el impacto, pero casi siempre es apreciable este gesto.


 Las heridas de las extremidades, 
en la parte exterior del tronco, 
no son mortales en el acto, 
ni incluso al poco tiempo.

      - En dos remos.  Cuando se trata de una herida en dos remos lo más probable es que el animal caiga derribado irremediablemente y más pronto aún si es acosado por los perros y aunque hacen notables esfuerzos por levantarse, pocos metros podrán alejarse.

      Los jabalíes continúan corriendo con los tocones que le quedan.

      - Desjarretadas.  Se llama así, cuando a la res se le ha partido el tendón de la pata por encima del corvejón. Cuando una res ha sido desjarretada de las dos patas o cogida la articulación superior del jamón o partida de los riñones, acusa el tiro cayéndose de los cuartos traseros e intentando incorporarse con un fuerte manoteo de los remos anteriores que difícilmente lo consiguen, pero en el caso del jabalí, es capaz de avanzar unos metros. Conviene rematar rápidamente.

      En el caso de ser desjarretada de una sola pata, la res puede huir y vivir con una pata coja, pero si es desjarretada de las dos patas, resulta difícil su huida y aunque la herida no es mortal, a la larga, terminará muriendo al no poder desplazarse para buscar alimento.

      Desjarretar una res es una técnica que se utiliza para facilitar la entrada a la hora de rematarla, si es que está acosada por las rehalas o inmovilizada de los cuartos delanteros.

 

 

      NO MORTALES Y QUE NO DERRIBAN LA RES.

      - Manirrotas.  Especialmente en los ciervos, apenas si se aprecia cuando el tiro les ha partido una mano, bien en su parte más inferior o por el brazuelo. Cuando los tenemos cerca, se les ve corriendo con la mano moviéndosele como el badajo de una campana, pero si existe mayor distancia, casi no se aprecia alteración alguna en su forma de correr. No sucede así con los jabalíes que como su constitución morfológica es más gruesa en la parte delantera, acusan más el hecho de llevar la mano quebrada, dando ostensibles cojetadas. Aunque, tanto de los unos como de los otros, se han cobrado ejemplares en monterías con la herida completamente cicatrizada del año anterior, incluso faltándoles gran parte del brazo.

      Las heridas de las extremidades, en la parte exterior del tronco, no son mortales en el acto, ni incluso al poco tiempo, pero el animal queda muy mermado físicamente.

      - Perniquebradas. Como ya hemos visto antes en el caso del venado se nota más cuando es perniquebrado que manirroto y a la inversa sucede con el jabalí. Y si la herida es vieja es mucho más difícil que lo observemos en plena huida, mejor aún se aprecian las cojetadas cuando ellos están pastando tranquilamente o su desplazamiento es lento.

      Si la herida la lleva en la parte más inferior del remo, lo moverá todo como habitualmente lo hace, sólo que no apoyará y la cojetada que se puede apreciar, cuando va en carrera, es casi imperceptible.

      Cuando una res tiene roto algún remo por la parte exterior del cuerpo resulta muy difícil seguirla y en el rastro suelen dejar pequeños trozos de hueso, poca sangre y, por supuesto, sólo marcan el remo sano, pero apreciándose una abertura mayor de lo normal en la pezuña. Ni que decir tiene, que el cobro de reses con estas heridas resulta poco probable y bastante dificultoso, a no ser que las rehalas le den alcance o podamos repetir de nuevo el tiro.

      - Nalgas.  El tiro de nalgas, si no interesa huesos o tendones importantes, los ciervos suelen manifestar con un pingo al aire, dejan sangre en el rastro, pero muy difícil de cobrar. A los jabalíes les dan más a ganas de correr.

      - Orejas.  Los venados suelen agachar y sacudir la cabeza, de forma similar a cuando lo hacen para quitarse las moscas. Los cochinos agachan la jeta y corren más todavía.

      - Rabo.  Existe la creencia errónea de que los venados no pueden vivir sin el rabo, porque se decía que en él tenían la hiel. Esto es completamente falso y además se han visto ejemplares que eran completamente anuros y otros que después de un enfrentamiento con las rehalas han llegado a perderlo, continuando con vida.

      A las marranas, que son las que huyen con el rabo tieso, sólo se les aprecia como dan un empujón con el culo hacia delante, corriendo más rápidamente e incluso es posible que se les oiga un gruñido.


Los jabalíes machos

 no es frecuente que chillen

 al sentirse heridos o

 al ser cogidos por los perros, 

en cambio, 

las hembras sí lo acostumbran a hacer 

y de forma bastante ruidosa.


      Dicen los veteranos monteros que todas las reses heridas buscan inmediatamente el agua y ello es debido a que justo en el momento en que se sienten heridas dirigen la trayectoria de su huida en dirección hacia abajo y ciertamente si existe un río, arroyo o una charca cercana se meten dentro del agua. De ahí, que casi todos monteros tengan en su memoria algún lance que haya concluido en el agua.

      Cuando la res sobre la que hemos disparado se encuentre acompañada de otras, es una señal inequívoca de que la hemos herido, el hecho de que no siga a las otras en su huida y, sobre todo, si ésta huye hacia abajo mientras las otras procuran atalayar.

      Los venados que después de haber recibido un impacto siguen corriendo, en el momento en que se paran, acostumbran a llevarse la boca a la herida; hecho que es conocido entre los antiguos monteros como besarse la herida.

      Cuando un venado se para en el tiro o a pocos metros de él, es señal de que va muy herido y morirá pronto, pero, si eso mismo ocurre con el jabalí y no cae muerto en ese lugar, será muy difícil cobrarlo.

      Cuando en el momento del tiro, la res repliega las patas sobre su cuerpo en el aire, es señal de haberle dado en la panza, ya que acusa el fuerte dolor de tripas que le produce el impacto.

      Cuando el impacto alcanza a la res en plena carrera en la zona de la barriga, si el proyectil es duro, atraviesa y cierra simultáneamente los orificios del tiro, lo que impide que deje mucha sangre en el rastro.

      Si la res la hemos tirado atravesada y la bala se quedó dentro sin salir, en su huida solo dará sangre, por un lado, pudiendo observarse esto en el monte que roza o en el suelo. Si, por el contrario, la bala atravesó el cuerpo dará manchas de sangre por los dos lados. Más sangre en los cervunos que en el jabalí que apenas si da ni una gota, ya que la abundante grasa le taponará pronto las heridas. También cuando una res deja pequeñas gotitas de sangre que pronto desaparecen, es señal de que el tiro ha sido en el vientre y por tanto se puede ir empanzada.

      Existe una franja, por debajo de la columna vertebral, que cuando el disparo impacta en esa zona, sin tocar tripas ni otros órganos, las reses pueden huir con mayor velocidad aún, e incluso en el caso del jabalí, si el proyectil es duro y atraviesa sin tocar ningún hueso, es posible que le cicatrice la herida, ya que al poco de haber recibido el impacto se le taponará con la grasa y la herida quedará cerrada.

      Cuando tiramos cerca, es conveniente tener en cuenta que una bala lleva fuerza como para atravesar el cuerpo de una, dos o más reses juntas, es por ello que aunque veamos que el proyectil levanta polvo por detrás de la res, es posible que ya haya perforado el cuerpo de ésta antes. Este hecho ha engañado a más de un experto, que después no ha llegado a rastrear la res porque vio por detrás el polvo que levantaba la bala.


      Es aconsejable que el montero observe al destripar las reses los daños y destrozos ocasionados con el cartucho que utiliza, así tendrá mejores y más prácticos argumentos, para escoger la munición que más garantías le ofrezca.


      Analizados y valorados los efectos que produce cada tipo de cartucho y la herida que provoca en las reses, cada montero decidirá personalmente cual es el punto vital que debe buscar en cada ocasión para apuntar y derribar lo más instantáneamente posible a la res, culminando con éxito el lance.


     Hoy en día, tirar de forma que la res muera lo más repentinamente posible, no sólo es un argumento de eficacia, sino que, además, tiene razones éticas, basadas en evitar mayor sufrimiento a las piezas de caza.

 

        ¡Caza disfrutando, disfruta cazando! 

 

Manuel Moreno “Quilino"

Andújar 1998

Publicado en Caza y Safaris nº 168 enero-98

Mayo - 24

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