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VAQUEO y SALTEO

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20240401

MANUSCRITOS DE CAZA V - LIBRO DE LA CAZA DE LAS AVES

 MANUSCRITOS DE CAZA V 

LIBRO DE LA CAZA DE LAS AVES

Pero López de Ayala. 1386.

Manuscrito de la Caza de las Aves. BNE
BNE

         El libro de la Caza de las Aves fue escrito por, Pero López de Ayala, quien fue hecho prisionero y llevado al Castillo de (Óbidos) Oviedes en Portugal donde terminó de escribir esta obra, en junio de 1386. Ostentó entre otros cargos el de canciller mayor de los pueblos de Castilla. Este libro está considerado en español, como el padre de todos los libros de cetrería.

        Está dividido el libro en 47 capítulos y los temas que desarrolla no coinciden con el orden dado a los capítulos:

            - En los capítulos del 1 al 7 y después de 41 al 45 trata de los diversos tipos de aves rapaces o de rapiña como él llama para dedicarlas a la caza.

            - En el capítulo 8 trata de como se ha de adiestrar y entrenar a las aves de cetrería.

            - Desde el 9 hasta el 40 tratan de las enfermedades de las aves y los remedios que se deben aplicar y después en el capítulo 46 "como se deuenn enxerir las péñolas (plumas) quebradas"

            - En el capítulo 45 hace referencia a las migraciones de las aves.

            - En el capítulo 47 "de cuales cosas e medicinas deue handar apercibido el caçador y traher consigo e con sus aues"

Manuscrito de la Caza de las Aves.  BNE

BNE

Ha habido varias ediciones de este libro y en algunas de ellas se han añadido modificaciones a la versión original atribuida al canciller, aunque se cree que algunos capítulos del final están influenciados por algún libro portugués de cetrería que debió leer durante su presidio.


Pinchando en estos enlaces podrás acceder a las diferentes versiones del texto.

- Libro de la caza de las aves de la Sociedad de Bibliófilos de 1869.


- Libro de la caza de las aves - manuscrito 1


- Libro de la caza de las aves - manuscrito 2


- Libro de la caza de las aves - manuscrito 3


- Libro de la caza de las aves - manuscrito 4


La Caza de las Aves .BNE
 Biblioteca Nacional de España

    Varias han sido las investigaciones, y muy minuciosas, que sobre esta obra se han hecho, dada la importancia del documento. Al principio, lógicamente todas las copias eran manuscritas y el primer texto impreso lo empezó a hacer D. Emilio Lafuente y Alcántara que falleció sin terminarlo y finalmente, lo concluyó P. Gayangos para la Sociedad de Bibliófilos Españoles. Después otros investigadores como José Gutiérrez de la Vega para su Biblioteca Venatoria han continuado con la tarea, que más tarde continuaría el Dr. Fradejas Lebrero y que, posteriormente, amplió Fradejas Rueda.

         Existe un magnífico artículo titulado: "Bases para una edición crítica del Libro de la caza de las aves de, Pero López de Ayala" y publicado en la Revista de Filología Española XCII, 1º, 2012, págs. 43-79, ISSN: 0210-9174 http://revistadefilologiaespañola.revistas.csic.es que trata magníficamente el tema y de donde he obtenido buena parte de la información. 

        Este libro es una verdadera joya del arte venatorio, no sólo por su antigüedad, sino por su compleja y completa elaboración.


        ¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

                                                                                                  Manuel Moreno 

            Abril - 24

20240301

MANUSCRITOS DE CAZA IV - LIBRO DE LA MONTERÍA

MANUSCRITOS DE CAZA IV

LIBRO DE LA MONTERÍA. 1342

Manuscrito del Libro de la Montería. BNE
 Biblioteca Nacional de España
  Alfonso XI. 1342-1350.

El Libro de la Montería posiblemente sea el segundo libro de caza más antiguo escrito en castellano. Se cree que fue escrito entre 1342 y 1350 y éste habla de la montería en España, mientras que el Libro de la Caza del Infante D. Juan Manuel habla de cetrería y se supone que fue escrito antes de 1325.

Los libros del medievo, los hay de caza y de montería. Y es que Caza estaba referido a la cetrería y caza menor, y la Venación a cazar venados que eran el oso, el ciervo y el puerco. Venar era montear y Cazar estaba reservado para la cetrería, que eran las dos formas nobles de practicar esta actividad.

El Libro de la Montería de Alfonso XI tiene una parte que, es un trabajo de recopilación de escritos de muchas personas, aunque según dice en su portada lo “mandó escrevir el muy alto y muy poderoso Rey Don Alfonso de Castiella et de Leon” y, por tanto, se escribió en esa época. (s.XVI) Ya que Alfonso XI murió alrededor de 1350.


Mucha tinta ha corrido, en discursos enfrentados, argumentando y dilucidando sobre si el Libro de la Montería es de Alfonso X o del XI. Al parecer las teorías de más credibilidad lo atribuyen a Alfonso XI el Justiciero, -el de la batalla del Salado-.


La autoría del Libro de la Montería arrastra seis siglos de controversias, tesis y antítesis. Como resumen expongo un fragmento de las actas del II CONGRESO INTERNACIONAL DE LA ASOCIACIÓN HISPÁNICA DE LITERATURA MEDIEVAL, celebrado en  Segovia, del 5 al 19 de Octubre de 1987:

"...Lo atribuye a Alfonso XI. La única razón está en que la Coránica dice que fue un gran montero. A ésta se le podría añadir la cercanía a la supuesta fecha de composición. Pero no son motivos suficientes para fijar de manera categórica la autoría, puesto que, como se verá, de Alfonso X también se dice que fue un gran cazador y, lo que es más, que escribió sobre la materia.

En 1582 Gonzalo Argote de Molina, al publicar la editio princeps de esta obra dice en varias ocasiones (portada, índice, comienzo): "que mando escrevir el muy alto y muy poderoso Rey Don Alonso de Castilla, y de Leon, Vltimo deste nombre". Y en el capítulo I de su "Discurso sobre el Libro de la montería" se detiene a aclarar cuál fue el último de este nombre:
Del tiempo en que este Libro se hizo: y quien fue el Rey que lo mando escreuir.

Capitulo primero.
Fve mandado escreuir este libro de la Monteria, por el muy alto e muy poderoso Rey Don Alfonso de Castilla, y de Leon, que venció a los reyes Moros de Belamarin, y de Granada en la gran Batalla del Salado cuyo felicissimo reynado fue por espacio de 38 años desde el año de 1312 que murió el rey Don Fernando quarto deste nombre, su padre, hasta el año de 1350, que el murió en el cerco sobre Gibraltar la Chronica suya que anda impresa le llama onzeno deste nombre (Argote 1582, fol. Ir).
En el siguiente capítulo se pueden entrever las bases o razones de su atribución:
De los Monteros que hizieron y compusieron este libro.

Capitulo II.
Paresce por el discurso deste libro auerse hecho por mandado del rey por sus Monteros en Castilla, de los quales en diuersos capítulos del se haze memoria, y mas particularmente de Martin Gil, y Diego Brauo Montero mayor, de quien se escriue en la Cronica que murió en el cerco sobre Algezira (Argote 1582, fol. IV).
En este segundo capítulo se presenta un problema que ha venido gravitando sobre todos. Hasta ahora todos los textos decían "mandamos fazer", "mandamos componer" y "mando escreuir", y el primer problema que hay que resolver es el sentido de estas dos palabras. No me voy a demorar en ello por el simple hecho de que ya está claro con la producción alfonsí y, por lo tanto, podemos aplicarlo a este caso sin ningún empacho. Si se tomaran en sentido literal el autor no es ningún rey, sino tan sólo un grupo de monteros.
Gonzalo Argote apunta en este último capítulo algunas de las razones que siglos más tarde se esgrimirán para seguir atribuyendo esta obra a Alfonso XI..."


Del Libro de la Montería han llegado a nuestros días hasta 13 copias manuscritas o versiones diferentes y no todas son exactamente iguales. La más antigua la Y-II-19 que se guarda en la biblioteca del Escorial. Entre otras, es muy reconocida la de Argote de Molina que acrecentó 48 capítulos a la obra, más una parte modificando el texto original. Lo que sí es cierto, es que cada copista hizo modificaciones, unas veces por error en la transcripción y otras, porque consideraría que así mejoraba al original.

De los 13 manuscritos que se conservan, sólo hay 3 completos que constan de los libros I, II,  III y una carta de Alvar García:

            - El ya referido Y-II-19 de El Escorial.

            - II.g.3/2105 del Palacio Real.

            - B-1274 que está en Nueva York.

Existen otros 5 a los que les falta algo:

            - Esp./217 de la Biblioteca Nacional de Paris.

            - Esp./218 de la Biblioteca Nacional de Paris.

            - 10968 en la Biblioteca Nacional de Viena.

            - Cívica, en la Biblioteca de Bérgamo.

            - El 44(P.4.20), en la Biblioteca de Módena.


Hay una edición, denominada Edición Príncipe que fue realizada en 1582 por Gonzalo Argote de Molina en la ciudad de Sevilla, y que se basa en el manuscrito del Palacio Real, que antiguamente se encontraba en La Cartuja de Sevilla.

Estos 8 manuscritos han sido los han servido de base para elaborar las distintas ediciones que en tiempos más recientes se han hecho del Libro de la Montería. (1786, 1794, 1877, 1977, 1983 y 1992). Esta última, corresponde a un estudio serio y profundo realizado por María Isabel Montoya Ramírez y que constituyó su tesis doctoral y que se fundamenta en el manuscrito del Escorial.

Libro de la Montería. BNE
 Biblioteca Nacional de España
    Aunque existen variaciones de unas copias a otras, todas están divididas en capítulos y, en la mayoría, existen tres partes:

-          La primera, habla de los monteros, de los lances, como conocer los rastros de los animales…

-          La segunda, nos cuenta como curar las heridas y enfermedades de los canes.

-          La tercera, hace una descripción de los numerosos montes del reino, indicando en que fechas son mejor para el oso, puerco o venado.


OTROS TRATADOS DE MONTERÍA

            También en el s. XIV, aparecería otro Tratado de Caza en el que merece la pena recrearse por sus impresionantes ilustraciones y es el del francés Gastón III Fèbus conde de Foix-Béarn; quien se enorgullecía de manifestar que en la vida le habían entusiasmado especialmente tres cosas: el amor, las armas y la caza. Otro heredero suyo nombrado también Gastón de Fois escribiría en el s. XVII un Tratado de la Montería en italiano.


Incluso hay también
un libro de la montería 
escrito en portugués,
titulado 
"Livro da Montaria"
de Joao I, Rey de Portugal
y reeditado en 1918 
por  Estévez Pereira.
También los hay 
en francés y 
en italiano.

En las Cántigas de Santa María (s. XIII) de Alfonso X el Sabio, hay algunas que recogen alusiones a la caza, 5 a la caza mayor y otras tantas a la caza menor.

Hubo una corriente que dio credibilidad a otro manuscrito, los “Paramientos de la Caza” de Sancho el Sabio Rey de Navarra, escrito, en teoría, en el año 1181, que arrebataba el rango de antigüedad al Libro de la Montería. Pero hay expertos -entre ellos, el profesor José M. Fradejas Rueda- que se pronuncian en contra diciendo:

“Esta obra es una falsificación hecha en 1874 por H. Castillon d'Aspet', y ya se lo sospechó Gutiérrez de la Vega y en ese sentido se pronunció dos veces'. Recientemente lo han demostrado con pruebas fehacientes el profesor Fradejas Lebrero, que ha «podido comprobar que es una falsificación, porque mezcla personajes del siglo XII y XIV que constan en el Fuero de Navarra»', y el profesor Lacarra de Miguel, que, entre muchas, ofrece una tabla de correspondencias entre los capítulos del Fuero General y los de Los Paramientos aclarando que «los retoques introducidos en el texto del Fuero General son mínimos»'. Aunque Dámaso Gutiérrez Arrese, en 1975, al prologar la traducción española del libro de Castillon d'Aspet", dijera «lo cierto es que el manuscrito desapareció de los Archivos de Pamplona sin que podamos afirmar la culpabilidad de Castillon, ya que entonces Pamplona fue el foco de las guerras carlistas y todos sabemos que estas jamás han sido la fuente de enriquecer bibliotecas y sí en cambio para empobrecerlas» "

                De todas formas, cualquiera de las copias de esta obra de la cinegética medieval, es una joya literaria, documental e histórica muy valiosa, no sólo para los cazadores sino para todo tipo de estudiosos en general.

Particularmente me resulta fácil de leer El Libro de la Cetrería y Montería de Juan Vallés del s. XVI porque además de resultar bastante legible, su redacción es fácil de interpretar; aunque unas de las más valoradas y conocidas sean: la versión de Gonzalo Argote de Molina y la versión escurialense.


Libro de la Montería. BNE
 Biblioteca Nacional de España
Juan Vallés reconoce en su prólogo y en el capít. XXXIII, que él no es montero y que, esta parte de la montería está sacada “del libro que compuso el Rey Don Alonso de Castilla y Leon”, en concreto “las leyes, libertades y derechos que dio a los monteros”. La obra está dividida en seis libros: los cuatro primeros dedicados a la cetrería, el quinto libro dedicado a la montería y el sexto a todos los perros de caza; y termina con una relación ordenada alfabéticamente de las medicinas que se emplean para curar a los perros y a las aves de cetrería.


               Lo que está claro es que las versiones anteriores que hablaban de la montería no fueron influenciadas por este Libro de la Montería de Alfonso XI, pero la mayoría de las versiones posteriores bebieron de sus fuentes.

        Procuraré acercarnos a algunas de las versiones a las que se puede tener acceso y compartir comentarios sobre cada una de ellas.


Pinchando en estos enlaces podrás acceder a las diferentes versiones de la obra.


- Libro de la Montería de Alfonso XI versión de P. Pedraza Gaitán.


- Libro de la Montería de Alfonso XI acrecentado por G. Argote de Molina.


- Libro de la Montería de Alfonso XI versión de Fernando de Hojeda.


- Libro de la Montería de Alfonso XI  versión J. Gutiérrez de la Vega.



Esta última versión del año 1877 del Libro de la Montería más asequible, de texto impreso y fácil de leer, publicada en la Biblioteca Venatoria que es una colección de “obras clásicas de montería, cetrería, caza menor, inéditas, raras o desconocidas y muy antiguas, para deleite de los eruditos” por el Excmo. Sr. D. José Gutiérrez de la Vega estudioso de la literatura cinegética, al que hay que agradecerle no sólo sus extensos estudios en el tema sino la cantidad de producción que encontró cobijo en estas publicaciones de B. V.

Existe otra versión, que no debemos confundir, y que bebió de las fuentes del Libro de la Montería de Alfonso XI, pero en esta ocasión se tituló Tratado de la Montería del s. XV, inicialmente anónimo, pero que se atribuye a Fernando de Iranzo y está hecha a modo y manera del de Alfonso XI.



Libro de la Montería. BNE
 Biblioteca Nacional de España


La verdad es que, con sólo acceder al Inventario de Manuscritos de BNE, ya necesitaríamos más de una vida humana para leer todo lo que nos ofrece, aunque auguro que la tarea es ardua y prolija.

 El Libro de la Montería junto con el Libro de la Caza de Don Juan Manuel y el Libro de las Aves de Caça de Pedro López de Ayala son la mejor trilogía de la caza medieval.


  NOTA: 

        En los textos que repoduzco de otros autores, en algunos de ellos, aparecen faltas de expresión, de acentuación o de ortografía en general, y ello se debe a que reproduzco siempre el texto tal cual lo he encontrado y es por lo que siempre aparecerá entrecomillado.


¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

Manuel Moreno 

Marzo - 24

MONTEO O ECHADA DE LA MANCHA

 

Bronce convertido en arte venatorio.
Bronce

MONTEO
o
“Echada de la Mancha”

 

 

Aunque se utiliza más frecuentemente el verbo montear o el sustantivo batida, también se conoce como monteo o “echada de la mancha” al conjunto de operaciones y estrategias necesarias para poder realizar una montería.

 

Es fácil que el montero perciba muchas actuaciones de las que se realizan, al ponerse éstas en práctica el mismo día de la montería, pero lo que a veces suele pasarse por alto es el trabajo previo de preparación y previsión.

 

A la hora de la verdad, no basta con poner armadas y soltar perros en el monte sino, que hace falta, que el responsable de la montería haya hecho previamente “sus deberes”, sopesando las variables posibles, acometiendo una serie de actuaciones puntuales o teniendo previstas otras de antemano, por si fuera necesario aplicarlas oportunamente en ese día; ya que, el experto organizador, sabe que de todo ello va a depender el éxito o el fracaso de esa jornada.

 

El profano del mundo montero, podría pensar que nos excedemos en previsiones a la hora de organizar o que procuramos facilitar excesivamente el lance; pero a los complejos instintos de autoprotección y a las peculiares conductas de las reses montunas, hay que añadirle, además, las dificultades que crean, la inaccesibilidad de muchas de nuestras sierras con una orografía no sólo, bastante fragosa, sino con abundantes y variadas posibilidades para ocultarse, que las piezas de caza, (los moradores habituales de ese medio), conocen y aplican a la perfección para eludir la presión del cazador.  A todo lo anterior, conviene añadir otro factor variable y decisivo, como es la meteorología, siempre con capacidad para alterar los resultados finales.

 

         Todas estas actuaciones, resumidas y en palabras del admirado Conde de Yebes, son: concierto, armada y suelta.

-          Concierto, expresado en los términos tradicionales es catar, registrar, escatimar...

-          Armada, refiriéndose a la operación de armar la mancha o situar a las escopetas en sus posturas correspondientes.

-          Suelta, claro está referida a las rehalas, que obedecerá a la estrategia prevista.

Términos éstos, que aún no han perdido ni un ápice de su vigencia, pero dada la evolución que ha experimentado la montería comercial con los cupos y demás variables novedosas, cada una de ellas, engloba a otras muchas y más precisas, que procuraremos analizar detalladamente.

 

 

- CONCIERTO:

 

Concierto significa buen orden y disposición de las cosas y además, convenio entre dos o más personas o entidades sobre un fin común. Pues precisamente en la montería actual dado su carácter comercial, también es la primera tarea que se aborda. Un señor, en este caso el organizador, llega a un convenio con otro, el propietario de la finca, para conseguir un fin común, dar una montería en esa finca, la cuál ha de disfrutar de buen orden y disposición de especies cinegéticas según su Plan Técnico.

En esta primera fase, es donde empieza a tomar forma la montería que se pretende conseguir; por ello, es fundamental que se acometan a tiempo una serie de actuaciones concretas y se prevean aquellas más favorecedoras y convenientes que se ejecutarán en fases sucesivas. Otra cosa será concertar la mancha.

 

 

Actuaciones durante el concierto:

 

-          Escatimar la mancha:

Para acometer este convenio es preciso que uno y otro conozcan lo que tiene la finca en piezas de caza. El uno, porque lo vende y el otro, porque lo compra.

Por ello, cada uno aplicará el método que más le convenza para catar, aforar, escatimar o registrar las piezas de caza que realmente allí hay. Y ello se hace, y se hacía, mediante varios métodos: registrando las huellas, observando el estado del monte, atalayando de madrugada, viendo las reses directamente..., en definitiva, pateando la mancha las veces que haga falta y leyendo el terreno.

El propietario, que a menudo es el propio gestor, suele tener más elementos de juicio para saber lo que realmente hay allí. Ya que, desde la época del desmogue, el periodo de la paridera, la típica sobrealimentación del verano, después la berrea y la continuidad de su observación diaria, junto a la del guarda, le han proporcionado múltiples ocasiones para recoger una información completa y real, que le permite conocer con bastante aproximación lo que posee la finca en productos cinegéticos.

Al concretar esta primera fase del concierto, es frecuente, que en el contrato comercial que firman ambas partes, aparezca ya una cláusula de garantías mínimas. Pero la caza sigue siendo impredecible y aunque se garantice una parte, el resultado final será una incógnita hasta el mismo día de la montería.

            En este contrato, ya se suelen precisar algunas de las múltiples variables que entran en juego a la hora de organizar una montería, y el hecho de referirnos a una mancha en particular, concreta las variables que hacen referencia a la mancha; de ahí que ahora sólo contemplemos las que hacen referencia a:

- Las especies y la cantidad de reses que se pretenden cazar.

- El cupo fijado por cada puesto, si lo hay.

- Influencias del entorno: alimento, climatología, monterías vecinas...

- Las rehalas que se van a utilizar.

- La estrategia que se va a poner en práctica.

- El número y el enclave de los puestos a ubicar.

- El personal que se le va a dar empleo.

- La fecha propuesta para montear.

 

 

-          Contratar al personal auxiliar

Viene siendo habitual, desde tiempos inmemoriales, que el personal que se emplea en una montería sea en su mayor parte reclutado de entre los lugareños. Y ello, se hace así por varias razones, pero principalmente debido a que el conocimiento del terreno sigue siendo un aspecto fundamental y que facilita el desarrollo de sus tareas. Por ejemplo: un postor que conozca bien el terreno será capaz de poner y recoger su armada correctamente, aunque la niebla cubra gran parte de la mancha; en cambio, un foráneo es posible que se pierda y con ello retrase o perjudique la estrategia. Lo mismo ocurrirá con los guías, arrieros, secretarios, etc.

 

 

-          Marcar los puestos

El conocimiento del terreno es esencial en todas las modalidades de caza y en la montería constituye otro elemento fundamental, sobre todo, para marcar la mancha y fijar los puntos exactos de cada postura. Existen unos criterios básicos para señalar los puestos, y en cada caso, nos atendremos a los que correspondan:

-       El principal será, aprovechar la orografía para que todo el personal disfrute la mayor seguridad y evitar posibles accidentes por disparos.

-       Hacer coincidir los puestos en los pasos más querenciosos de huida de las reses.

-       Rodear convenientemente la mancha para evitar que las reses puedan huir por una zona donde no haya escopetas y que se vacíe la mancha.

-       Evitar que unos puestos corten las reses a otros.

-       Evitar los tiraderos compartidos que siempre son motivo de conflicto.

-       Dado lo imprevisible de la conducta del jabalí, para éste es admitido de buen grado el que los puestos se sitúen más próximos entre sí, que para el venado o el gamo.

-       Los cervunos tienden a protegerse, si no se les acosa directamente, en las cuerdas y lugares dominantes del terreno; en cambio, es frecuente que los jabalíes huyan buscando los canutos hacía abajo y casi nunca lo hacen hacia arriba.

No obstante, cada caso requiere un estudio específico y la señalización más conveniente de las posturas, será aquélla que permita que la mayoría de los puestos disfruten de múltiples posibilidades de lances, habiendo escogido los pasos más querenciosos de las reses.

         Aunque, normalmente, las viejas fincas monteras suelen tener, ya de años anteriores, la ubicación definitiva de sus puestos habituales es frecuente que cada año se revisen de nuevo para mejorarlos o suprimir aquellos que la experiencia viene demostrando que no están correctamente situados.

         En fincas de considerable extensión, es frecuente que las manchas no tengan una delimitación exacta, es decir, que cada año se puede abarcar más o menos terreno, en función de las reses a abatir, o de la densidad de éstas, o del cupo o del número de puestos con los que se cubra la mancha; por lo que, tanto los puestos como la ubicación de las armadas cambia de una vez para otra.

         Es lógico que, si en una mancha se van a situar muchos puestos, será más fácil cubrir todos los pasos de huida natural de las reses que si se pretenden colocar muy pocos.

También convendrá considerar, si la montería tiene fijado por cada cazador un cupo determinado para una o varias especies o no.

 

 

-          Preparar la mancha

Adecentar tiraderos, pequeños detalles como éste, de estar previstos a no estarlos, pueden cambiar la suerte del lance y traducirse en un resultado final muy diferente.

Señalar las vías de acceso de cada armada, contribuirá a que el día de la montería la colocación de las armadas se realice con celeridad y diligencia, sin que unas estorben a las otras y permitirá, además que se pueda cerrar la mancha mucho más pronto y sin riesgo de que se vacíe.  

Adecuar comederos y bebederos, es fundamental sobre todo en aquellas fincas abiertas en las que las reses manifiestan su tendencia a abandonar la mancha por la poca abundancia de alimento o agua.

 

 

-          Vigilar la quietud de la mancha.

Una vez que se han realizado las tareas de preparación de la mancha, marcado de los puestos y demás actuaciones que se han considerado necesarias, es esencial que la mancha sea molestada lo menos posible. De esa forma las reses se quedarán allí, si es que disponen de lo necesario para vivir tranquilamente, de no ser así, la abandonarán a la menor extrañeza.

En las fechas previas, será el guarda el único que deba entrar al interior de la mancha y eso sí, si lo hace en vehículo, procuraremos que lo haga siempre con el mismo vehículo, ya que las reses estarán acostumbradas y no recelarán de él, incluso cuando éste es el que abastece los comederos, al oírlo no huirán, sino que se aproximarán a él.

Convendrá estar alerta a cualquier cambio de conducta de las reses que pueda delatarnos una mudanza de los encames habituales, la mayor parte de las veces provocada por la climatología y en ocasiones por agentes externos como pueda ser el furtivismo.

 

-          Permisos y notificaciones.

En la actualidad, l legislación vigente obliga a solicitar una serie de permisos y a realizar unas notificaciones para poder llevar a cabo una montería, sin las cuales, podemos encontrarnos ante la adversidad de que las autoridades tengan que suspender la montería. Conviene concretar a quien corresponde la obligación de cada uno de estos trámites para evitar sorpresas de última hora.

Los más frecuentes son: autorización del organismo competente de medio ambiente, distrito sanitario, comandancia local de la Guardia Civil y propietarios de las fincas vecinas. Si, además la finca posee enclaves o servidumbres, es posible que haya que comunicarlo a otras entidades u organismos.

 

 

Previsiones durante el concierto:

 

-          Fijar la fecha

         Algo crucial para montar una mancha es escoger las fechas idóneas, a lo que suelen contribuir una serie de factores determinantes:

- Especialmente en las fincas abiertas, conociendo la alimentación existente en la mancha y la que ofrecen las zonas colindantes a la misma. Por ejemplo, si la pretendida finca posee mayor densidad de quejigo que de otras especies y sabemos que los frutos de estos árboles son de los primeros en madurar, convendremos en que, en ese periodo, será cuando probablemente se dé la mayor concentración de reses en la mancha. Y si en las fincas vecinas predominan los pinos, la propuesta anterior se hace más contundente. En cambio, si en la finca vecina predominan considerablemente los alcornoques, es previsible que a finales del periodo de la montanera se produzca un éxodo de reses de la de los quejigos a la de los alcornoques, ya que éstos suelen madurar sus frutos más tarde.

- La influencia del pastoreo de los animales domésticos, (si los hubiere) y de los propiamente cinegéticos, en las diferentes partes de la mancha, marcarán, una mayor predilección por unos territorios o por otros.

  - Si se van a celebrar o se han celebrado muy recientemente monterías en las fincas vecinas, especialmente cuando no se trata de fincas valladas.

   - Cuál es la climatología habitual de esa zona y la orientación geográfica de la mancha. Por lo general, una mancha situada en umbría tendrá menos reses en las fechas de fríos rigurosos y por el contrario, esta misma mancha tendrá un “atestón” de reses durante las fechas más cálidas de la temporada de caza.  El elegir una fecha sin contemplar esta variable, supone arriesgarse realizar un aplazamiento por motivos de la niebla o la nieve.

   - Al prodigarse, como últimamente viene siendo habitual, la recogida de setas o espárragos en el monte, habrá que tener presente si este tipo de aprovechamientos, se dan en la mancha o en sus aledaños, ya que ello podría afectar a la quietud de la mancha.

    - Aunque, en la actualidad, son frecuentes las prácticas de sobrealimentar en casi todas las fincas y, especialmente en las fincas abiertas, esto supone una burda estrategia que, realmente, lo que persigue es succionar reses del vecino.

  - En las fincas cercadas, si la mancha ocupa la misma extensión de la finca, el problema de la fecha adecuada no existe, pero si la finca cercada es muy grande y lo que pretendemos montear es una pequeña mancha de esa finca, el problema sigue dándose exactamente igual que en las abiertas.

           - De ahí que, si repasamos los programas de monterías de las organizaciones veteranas en España observaremos que, de una temporada a otra, las fechas de determinadas manchas suelen repetirse.

 

 

-          Fijar puntos de reunión y junta de carnes

Realizar el sorteo en el lugar más apropiado para acceder lo antes posible y molestar lo mínimo a la mancha, son los criterios fundamentales para fijar estos puntos.

Conviene fijar de antemano los puntos de reunión y junta de carnes para no perjudicar el normal desarrollo de la montería y tenerlos ubicados en lugares cómodos y practicables.

Señalar el lugar de reunión más conveniente para la tarde y de la junta de carnes, de forma que la vuelta de los puestos y la llegada de las reses sea lo más rápida.  A veces, no coinciden ambos puntos de reunión en el mismo lugar.

 

 

-          Diseñar la estrategia

Una parte considerable de la estrategia que se va a aplicar ese día, ya se ha considerado con antelación al fijar los puestos, señalar las armadas, preparar la mancha y decidir la fecha de la montería. Nos queda decidir cómo van a batir el monte las rehalas, en qué lugares se van a realizar las sueltas, cuáles serán las instrucciones que daremos a los guías y demás personal.

Consiste en “ensayar mentalmente la montería” e imaginar cuál de las posibles actuaciones resultará más conveniente.

         La experiencia sobre el comportamiento de las reses en una determinada mancha es siempre un gran aliado y un factor valiosísimo a tener en cuenta, por ello, la opinión del guarda habitual de esa mancha suele ser muy considerada por los responsables de la organización de la montería. Ya que él suele conocer datos concretos de las querencias y comportamiento de las reses, según las fechas o las distintas formar de batir la mancha de ocasiones anteriores.

Que comportamientos previsibles van a adoptar las reses, por ejemplo, en fincas adehesadas es frecuente que formen cordones o pelotas. En fincas muy quebradas los venados suelen atalayar cuando escuchan la “zarabanda” y después, a la llegada de las rehalas se vuelven hacia detrás, no llegando a romper claramente hacia delante. En fincas en las que suele haber una presencia considerable de cervuno, los grandes jabalíes suelen quedar en sus encames o se salen “zorreados” de la mancha.

Se estudia la forma más conveniente de “cerrar la mancha. Se numerará el orden de salida de todas las armadas y se calculará el intervalo de tiempo entre una y otra salida.

Se escoge la fórmula más apropiada para “batir la mancha”.

Montar una armada desde el final al principio o a la inversa, hacerlo con vehículos de la organización o propios de los monteros, o realizarlo a pie, puede influir.

Señalar posibles caminos alternativos, al objeto de poder solventar cualquier adversidad, para todas las tareas que hay que realizar ese día en la mancha.

Cómo actuar y las modificaciones a adoptar en función de la climatología que haga el día de la montería. Por ejemplo, si hace calor, conviene que los itinerarios de las rehalas los hayamos hecho teniendo en cuanta que en su camino van a poder beber agua y refrescarse, de no ser así, puede ser interesante situar unos bebederos artificialmente en puntos estratégicos.


 

-          Señalar las zonas de espera.

Tener preparado y disponible en el lugar oportuno, donde no molesten ni sufran riesgos innecesarios, al equipo de personas y caballerías que han de recoger las carnes, para que sus operaciones sean realizadas con la mayor celeridad posible.

Así como prever donde se deben aparcar los vehículos todoterreno y los carritos.

 

 

-          Escoger los puntos de suelta

Señalar los puntos y horas de suelta de las rehalas.

Conviene tener en cuenta que los perros a lo largo de su recorrido puedan encontrar donde beber agua y refrescarse, en caso de no ser posible, se considerará la situación, creando la infraestructura necesaria para disponerla ese día, abasteciéndola con bidones, garrafas o cualquier otro tipo de recipientes en las zonas estimadas como de mayor necesidad.

 

-          Buscar los puntos de control.

         Conviene fijar un punto seguro y dominante en una parte de la mancha desde donde se observe el desarrollo de la mayor parte de la montería, que será donde, posiblemente, se ubique el organizador para seguir las incidencias de la montería, visualmente o ayudado por las radioemisoras.

 

 

- ARMADA:

 

         Cada una de las diferentes personas que toman parte en una montería, tienen también, encomendadas distintas misiones que llevar a cabo, pero a su vez, muy concretas. Cada uno, es como una pieza de una máquina, sin la cual, ésta, a veces, no funciona o lo hace mal. Existen funciones imprescindibles y otras, no tan necesarias, pero siempre convenientes. Por ello, será fundamental que cada persona conozca ya perfectamente cuál va a ser su cometido específico y lo ejecute con la mayor puntualidad y eficacia.

Pues bien, esta fase de armar la mancha, y sin abandonar el anterior símil comparativo, consistiría en montar esa máquina en el lugar definitivo donde vamos a hacerla funcionar el día de la montería.

Posiblemente, el guarda haya pasado la noche en vela o esté desde la madrugada vigilando que la quietud de la mancha sigue inalterada. El personal de la comida habrá llegado con antelación al punto de la reunión para servir a tiempo el desayuno. El organizador habrá empezado desde muy temprano a comprobar que todas sus previsiones se van ejecutando con la precisión que él imaginó. Los monteros irán llegando puntualmente al lugar de reunión y, entre saludos y animada tertulia, esperarán ilusionadamente el momento del sorteo, confiando en que el azar les sea favorable.

Con el rezo de la salve y las oraciones por los compañeros ausentes, empieza esto a tomar un aspecto más serio. Después vendrán las instrucciones del organizador a los monteros y la esperada asignación de posturas en el sorteo.

El tipo de sorteo que se realice responderá a parte de la estrategia planteada, ya que unos u otros, se adaptan de forma diferente a las circunstancias de cada montería.

Conocido el puesto que, a cada uno le haya correspondido, vendrán las visitas al planillo dónde expone la estrategia y las informaciones previas sobre postura, antes de agruparse los monteros por armadas para ir saliendo a su destino en el monte.

Por norma tradicional, siempre salen primero las armadas de cierre para evitar que se vacíe la mancha y cuando se considera que las posturas de cierre ya están colocadas, continuarán saliendo las traviesas. En ocasiones, se hace necesario tener controlado previamente el tiempo que se tarda desde la junta hasta que se colocan las armadas de cierre para poder sincronizar así, el momento en que ya puedan salir las traviesas sin riesgo de que al entrar éstas pueda vaciarse la mancha.

 También es frecuente que, con las armadas, salgan respectivamente los arrieros con sus bestias para después, por la tarde, recoger del monte las reses abatidas más rápidamente.

Una vez que cada montero ocupa su lugar definitivo, decimos que la mancha está armada.

 

 

- SUELTA:

 

La suelta siempre obedecerá a la estrategia prevista. En cuanto a las técnicas para batir la mancha, cada ocasión suele presentarse con peculiaridades diferentes, pero las diferentes formas de soltar las rehalas podrían resumirse entre las siguientes:

Batida a ida y vuelta, es la batida de una zona del terreno en la que los perreros y monteadores baten el monte en un sentido y después vuelven por sus propios pasos para batir de nuevo el terreno, ya en sentido contrario. También se le llama “de vaivén.”

         Las rehalas cuando van "al cruce" o “cruzadas” lo hacen saliendo unas de un extremo y las otras desde el opuesto, terminando allí donde empezaron aquellas con las que se habían cruzado.

.        "Al encuentro" o “Al tope” también salen de puntos opuestos, sólo que en este caso al juntarse en el punto central o tope vuelven por sus propios pasos al punto de la suelta. Cuando las rehalas siguen una misma dirección y llegan hasta el final de la mancha se le denomina “en una sola dirección”.

         Otra forma es “dándole la vuelta” que consiste en ir monteando por la parte más exterior de la mancha.

Batida por zonas, se le llama así, cuando un grupo de rehalas, se dedican a batir el monte en una zona pequeña del terreno durante toda la montería.

Sacadilla es la batida corta para levantar la caza cogiendo poco terreno y describiendo una línea en forma de bolsa.

         Cuando la batida es exclusivamente para jabalíes y hay algo de cervuno en la mancha, se suele soltar por delante una rehala cuya misión es levantar los cervunos y evitar después que el grueso de la mano de las rehalas se distraiga con éstos y dejen detrás a los jabalíes encamados.

Además, en la montería actual se aprovechan las ventajas de la moderna tecnología como, por ejemplo, puede ser el empleo de las radioemisoras portátiles, para desde un punto de la finca, poder dirigir mejor o rectificar la estrategia y hacer frente a posibles eventualidades según se vaya desarrollando la echada de la mancha.

 

Creencias y errores comunes al montar una mancha:

Es un error grande y por bastantes veces demostrado, el intentar “repletar” una mancha, cogiendo mucho terreno desde atrás, creyendo que se van a recoger más reses en el interior de la mancha.

Dar muchas pasadas con un número reducido de rehalas sobre una misma zona sin abarcar de una vez toda la mano de terreno que se lleva hacia un sentido.

Aplicar la misma técnica en una mancha para montear sólo a cochinos, que para ciervas o para venados, gamos o muflones.

Trazar demasiado amplias las manos que han de seguir las rehalas en su monteo.

Prolongar más tiempo de lo necesario la batida para utilizar menos rehalas.

Situar un número excesivo de puestos en el ojeo.

Distribuir las rehalas por el único criterio de la cantidad de perros que llevan.

Que cualquiera puede desempeñar bien el trabajo de un guía, un postor o un podenquero.

Que metiendo muchos perros en la mancha se montea mejor.

Que las reses sólo huyen hacia delante.

Que las explicaciones matutinas acerca del puesto ofrecidas por los postores y guardas veteranos son siempre ciertas.

Que cualquier res que hayamos herido va a ser cobrada por los perros.

Que, porque estemos solos en el puesto, lo que allí hagamos va a permanecer en el anonimato.

Que dónde no hay reses, puede darse una buena montería.

 

 

¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

 

                                                                                  Manuel Moreno Rueda

                                                                                  Andújar y agosto de 2002

Marzo - 24


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