MONTEO
o
“Echada de la Mancha”
Aunque se utiliza más frecuentemente el verbo montear
o el sustantivo batida, también se conoce como monteo o “echada de la
mancha” al conjunto de operaciones y estrategias necesarias para poder
realizar una montería.
Es fácil que el montero perciba muchas actuaciones de
las que se realizan, al ponerse éstas en práctica el mismo día de la montería,
pero lo que a veces suele pasarse por alto es el trabajo previo de preparación
y previsión.
A la hora de la verdad, no basta con poner armadas y
soltar perros en el monte sino, que hace falta, que el responsable de la
montería haya hecho previamente “sus deberes”, sopesando las variables
posibles, acometiendo una serie de actuaciones puntuales o teniendo previstas
otras de antemano, por si fuera necesario aplicarlas oportunamente en ese día;
ya que, el experto organizador, sabe que de todo ello va a depender el éxito o
el fracaso de esa jornada.
El profano del mundo montero, podría pensar que nos
excedemos en previsiones a la hora de organizar o que procuramos facilitar
excesivamente el lance; pero a los complejos instintos de autoprotección y a
las peculiares conductas de las reses montunas, hay que añadirle, además, las
dificultades que crean, la inaccesibilidad de muchas de nuestras sierras con
una orografía no sólo, bastante fragosa, sino con abundantes y variadas
posibilidades para ocultarse, que las piezas de caza, (los moradores habituales
de ese medio), conocen y aplican a la perfección para eludir la presión del
cazador. A todo lo anterior, conviene
añadir otro factor variable y decisivo, como es la meteorología, siempre con
capacidad para alterar los resultados finales.
Todas
estas actuaciones, resumidas y en palabras del admirado Conde de Yebes, son:
concierto, armada y suelta.
-
Concierto, expresado en los términos
tradicionales es catar, registrar, escatimar...
-
Armada, refiriéndose a la operación de armar
la mancha o situar a las escopetas en sus posturas correspondientes.
-
Suelta, claro está referida a las rehalas, que
obedecerá a la estrategia prevista.
Términos éstos, que aún no han perdido ni un ápice de
su vigencia, pero dada la evolución que ha experimentado la montería comercial
con los cupos y demás variables novedosas, cada una de ellas, engloba a otras
muchas y más precisas, que procuraremos analizar detalladamente.
- CONCIERTO:
Concierto significa buen orden y disposición de las
cosas y además, convenio entre dos o más personas o entidades sobre un fin
común. Pues precisamente en la montería actual dado su carácter comercial,
también es la primera tarea que se aborda. Un señor, en este caso el
organizador, llega a un convenio con otro, el propietario de la finca, para
conseguir un fin común, dar una montería en esa finca, la cuál ha de disfrutar
de buen orden y disposición de especies cinegéticas según su Plan Técnico.
En esta primera fase, es donde empieza a tomar forma
la montería que se pretende conseguir; por ello, es fundamental que se acometan
a tiempo una serie de actuaciones concretas y se prevean aquellas más
favorecedoras y convenientes que se ejecutarán en fases sucesivas. Otra cosa
será concertar la mancha.
Actuaciones
durante el concierto:
-
Escatimar la mancha:
Para acometer este convenio es preciso que uno y otro
conozcan lo que tiene la finca en piezas de caza. El uno, porque lo vende y el
otro, porque lo compra.
Por ello, cada uno aplicará el método que más le
convenza para catar, aforar, escatimar o registrar las piezas de caza que
realmente allí hay. Y ello se hace, y se hacía, mediante varios métodos:
registrando las huellas, observando el estado del monte, atalayando de
madrugada, viendo las reses directamente..., en definitiva, pateando la mancha
las veces que haga falta y leyendo el terreno.
El propietario, que a menudo es el propio gestor,
suele tener más elementos de juicio para saber lo que realmente hay allí. Ya
que, desde la época del desmogue, el periodo de la paridera, la típica
sobrealimentación del verano, después la berrea y la continuidad de su
observación diaria, junto a la del guarda, le han proporcionado múltiples
ocasiones para recoger una información completa y real, que le permite conocer
con bastante aproximación lo que posee la finca en productos cinegéticos.
Al concretar esta primera fase del concierto, es
frecuente, que en el contrato comercial que firman ambas partes, aparezca ya
una cláusula de garantías mínimas. Pero la caza sigue siendo impredecible y
aunque se garantice una parte, el resultado final será una incógnita hasta el
mismo día de la montería.
En este contrato, ya se suelen precisar
algunas de las múltiples variables que entran en juego a la hora de organizar
una montería, y el hecho de referirnos a una mancha en particular, concreta las
variables que hacen referencia a la mancha; de ahí que ahora sólo contemplemos
las que hacen referencia a:
-
Las especies y la cantidad de reses que se pretenden
cazar.
-
El cupo fijado por cada puesto, si lo hay.
-
Influencias del entorno: alimento, climatología,
monterías vecinas...
-
Las rehalas que se van a utilizar.
-
La estrategia que se va a poner en práctica.
-
El número y el enclave de los puestos a ubicar.
-
El personal que se le va a dar empleo.
-
La fecha propuesta para montear.
-
Contratar al personal auxiliar
Viene siendo habitual, desde tiempos inmemoriales, que
el personal que se emplea en una montería sea en su mayor parte reclutado de
entre los lugareños. Y ello, se hace así por varias razones, pero
principalmente debido a que el conocimiento del terreno sigue siendo un aspecto
fundamental y que facilita el desarrollo de sus tareas. Por ejemplo: un postor
que conozca bien el terreno será capaz de poner y recoger su armada
correctamente, aunque la niebla cubra gran parte de la mancha; en cambio, un
foráneo es posible que se pierda y con ello retrase o perjudique la estrategia.
Lo mismo ocurrirá con los guías, arrieros, secretarios, etc.
-
Marcar los puestos
El conocimiento del terreno es esencial en todas las
modalidades de caza y en la montería constituye otro elemento fundamental,
sobre todo, para marcar la mancha y fijar los puntos exactos de cada postura.
Existen unos criterios básicos para señalar los puestos, y en cada caso, nos
atendremos a los que correspondan:
-
El principal será, aprovechar la orografía para que
todo el personal disfrute la mayor seguridad y evitar posibles accidentes por
disparos.
-
Hacer coincidir los puestos en los pasos más
querenciosos de huida de las reses.
-
Rodear convenientemente la mancha para evitar que las
reses puedan huir por una zona donde no haya escopetas y que se vacíe la
mancha.
-
Evitar que unos puestos corten las reses a otros.
-
Evitar los tiraderos compartidos que siempre son
motivo de conflicto.
-
Dado lo imprevisible de la conducta del jabalí, para
éste es admitido de buen grado el que los puestos se sitúen más próximos entre
sí, que para el venado o el gamo.
-
Los cervunos tienden a protegerse, si no se les acosa
directamente, en las cuerdas y lugares dominantes del terreno; en cambio, es
frecuente que los jabalíes huyan buscando los canutos hacía abajo y casi nunca
lo hacen hacia arriba.
No obstante, cada caso requiere un estudio específico
y la señalización más conveniente de las posturas, será aquélla que permita que
la mayoría de los puestos disfruten de múltiples posibilidades de lances,
habiendo escogido los pasos más querenciosos de las reses.
Aunque,
normalmente, las viejas fincas monteras suelen tener, ya de años anteriores, la
ubicación definitiva de sus puestos habituales es frecuente que cada año se
revisen de nuevo para mejorarlos o suprimir aquellos que la experiencia viene
demostrando que no están correctamente situados.
En
fincas de considerable extensión, es frecuente que las manchas no tengan una
delimitación exacta, es decir, que cada año se puede abarcar más o menos
terreno, en función de las reses a abatir, o de la densidad de éstas, o del
cupo o del número de puestos con los que se cubra la mancha; por lo que, tanto
los puestos como la ubicación de las armadas cambia de una vez para otra.
Es lógico que, si en una mancha se van a
situar muchos puestos, será más fácil cubrir todos los pasos de huida natural
de las reses que si se pretenden colocar muy pocos.
También convendrá considerar, si la montería tiene
fijado por cada cazador un cupo determinado para una o varias especies o no.
-
Preparar la mancha
Adecentar tiraderos, pequeños detalles como éste, de
estar previstos a no estarlos, pueden cambiar la suerte del lance y traducirse
en un resultado final muy diferente.
Señalar las vías de acceso de cada armada, contribuirá
a que el día de la montería la colocación de las armadas se realice con
celeridad y diligencia, sin que unas estorben a las otras y permitirá, además
que se pueda cerrar la mancha mucho más pronto y sin riesgo de que se vacíe.
Adecuar comederos y bebederos, es fundamental
sobre todo en aquellas fincas abiertas en las que las reses manifiestan su
tendencia a abandonar la mancha por la poca abundancia de alimento o agua.
-
Vigilar la quietud de la mancha.
Una vez que se han realizado las tareas de preparación
de la mancha, marcado de los puestos y demás actuaciones que se han considerado
necesarias, es esencial que la mancha sea molestada lo menos posible. De esa
forma las reses se quedarán allí, si es que disponen de lo necesario para vivir
tranquilamente, de no ser así, la abandonarán a la menor extrañeza.
En las fechas previas, será el guarda el único que
deba entrar al interior de la mancha y eso sí, si lo hace en vehículo,
procuraremos que lo haga siempre con el mismo vehículo, ya que las reses
estarán acostumbradas y no recelarán de él, incluso cuando éste es el que
abastece los comederos, al oírlo no huirán, sino que se aproximarán a él.
Convendrá estar alerta a cualquier cambio de conducta
de las reses que pueda delatarnos una mudanza de los encames habituales, la
mayor parte de las veces provocada por la climatología y en ocasiones por
agentes externos como pueda ser el furtivismo.
-
Permisos y notificaciones.
En la actualidad, l legislación vigente obliga a
solicitar una serie de permisos y a realizar unas notificaciones para poder
llevar a cabo una montería, sin las cuales, podemos encontrarnos ante la
adversidad de que las autoridades tengan que suspender la montería. Conviene
concretar a quien corresponde la obligación de cada uno de estos trámites para
evitar sorpresas de última hora.
Los más frecuentes son: autorización del organismo
competente de medio ambiente, distrito sanitario, comandancia local de la
Guardia Civil y propietarios de las fincas vecinas. Si, además la finca posee
enclaves o servidumbres, es posible que haya que comunicarlo a otras entidades
u organismos.
Previsiones
durante el concierto:
-
Fijar la fecha
Algo
crucial para montar una mancha es escoger las fechas idóneas, a lo que suelen
contribuir una serie de factores determinantes:
- Especialmente en las fincas abiertas, conociendo la alimentación
existente en la mancha y la que ofrecen las zonas colindantes a la misma. Por
ejemplo, si la pretendida finca posee mayor densidad de quejigo que de otras
especies y sabemos que los frutos de estos árboles son de los primeros en
madurar, convendremos en que, en ese periodo, será cuando probablemente se dé
la mayor concentración de reses en la mancha. Y si en las fincas vecinas
predominan los pinos, la propuesta anterior se hace más contundente. En cambio,
si en la finca vecina predominan considerablemente los alcornoques, es
previsible que a finales del periodo de la montanera se produzca un éxodo de
reses de la de los quejigos a la de los alcornoques, ya que éstos suelen
madurar sus frutos más tarde.
- La influencia del pastoreo de los animales domésticos, (si los hubiere) y
de los propiamente cinegéticos, en las diferentes partes de la mancha,
marcarán, una mayor predilección por unos territorios o por otros.
- Si se van a celebrar o se han
celebrado muy recientemente monterías en las fincas vecinas, especialmente
cuando no se trata de fincas valladas.
- Cuál es la climatología habitual
de esa zona y la orientación geográfica de la mancha. Por lo general, una
mancha situada en umbría tendrá menos reses en las fechas de fríos rigurosos y
por el contrario, esta misma mancha tendrá un “atestón” de reses durante
las fechas más cálidas de la temporada de caza.
El elegir una fecha sin contemplar esta variable, supone arriesgarse
realizar un aplazamiento por motivos de la niebla o la nieve.
- Al prodigarse, como últimamente
viene siendo habitual, la recogida de setas o espárragos en el monte, habrá que
tener presente si este tipo de aprovechamientos, se dan en la mancha o en sus
aledaños, ya que ello podría afectar a la quietud de la mancha.
- Aunque, en la actualidad, son frecuentes
las prácticas de sobrealimentar en casi todas las fincas y, especialmente en
las fincas abiertas, esto supone una burda estrategia que, realmente, lo que persigue
es succionar reses del vecino.
- En las fincas cercadas, si la mancha ocupa
la misma extensión de la finca, el problema de la fecha adecuada no existe,
pero si la finca cercada es muy grande y lo que pretendemos montear es una
pequeña mancha de esa finca, el problema sigue dándose exactamente igual que en
las abiertas.
- De ahí que, si repasamos los programas de monterías
de las organizaciones veteranas en España observaremos que, de una temporada a
otra, las fechas de determinadas manchas suelen repetirse.
-
Fijar puntos de reunión y junta de carnes
Realizar el sorteo en el lugar más apropiado para
acceder lo antes posible y molestar lo mínimo a la mancha, son los criterios
fundamentales para fijar estos puntos.
Conviene fijar de antemano los puntos de reunión y
junta de carnes para no perjudicar el normal desarrollo de la montería y
tenerlos ubicados en lugares cómodos y practicables.
Señalar el lugar de reunión más conveniente para la
tarde y de la junta de carnes, de forma que la vuelta de los puestos y la
llegada de las reses sea lo más rápida.
A veces, no coinciden ambos puntos de reunión en el mismo lugar.
-
Diseñar la estrategia
Una parte considerable de la estrategia que se va a
aplicar ese día, ya se ha considerado con antelación al fijar los puestos,
señalar las armadas, preparar la mancha y decidir la fecha de la montería. Nos
queda decidir cómo van a batir el monte las rehalas, en qué lugares se van a
realizar las sueltas, cuáles serán las instrucciones que daremos a los guías y
demás personal.
Consiste en “ensayar mentalmente la montería” e
imaginar cuál de las posibles actuaciones resultará más conveniente.
La
experiencia sobre el comportamiento de las reses en una determinada mancha es
siempre un gran aliado y un factor valiosísimo a tener en cuenta, por ello, la
opinión del guarda habitual de esa mancha suele ser muy considerada por los
responsables de la organización de la montería. Ya que él suele conocer datos
concretos de las querencias y comportamiento de las reses, según las fechas o
las distintas formar de batir la mancha de ocasiones anteriores.
Que comportamientos previsibles van a adoptar las
reses, por ejemplo, en fincas adehesadas es frecuente que formen cordones o
pelotas. En fincas muy quebradas los venados suelen atalayar cuando escuchan la
“zarabanda” y después, a la llegada de las rehalas se vuelven hacia
detrás, no llegando a romper claramente hacia delante. En fincas en las que
suele haber una presencia considerable de cervuno, los grandes jabalíes suelen
quedar en sus encames o se salen “zorreados” de la mancha.
Se estudia la forma más conveniente de “cerrar la
mancha. Se numerará el orden de salida de todas las armadas y se calculará
el intervalo de tiempo entre una y otra salida.
Se escoge la fórmula más apropiada para “batir la
mancha”.
Montar una armada desde el final al principio o a la
inversa, hacerlo con vehículos de la organización o propios de los monteros, o
realizarlo a pie, puede influir.
Señalar posibles caminos alternativos, al objeto de
poder solventar cualquier adversidad, para todas las tareas que hay que
realizar ese día en la mancha.
Cómo actuar y las modificaciones a adoptar en función
de la climatología que haga el día de la montería. Por ejemplo, si hace calor,
conviene que los itinerarios de las rehalas los hayamos hecho teniendo en
cuanta que en su camino van a poder beber agua y refrescarse, de no ser así,
puede ser interesante situar unos bebederos artificialmente en puntos
estratégicos.
-
Señalar las zonas de espera.
Tener preparado y disponible en el lugar oportuno,
donde no molesten ni sufran riesgos innecesarios, al equipo de personas y
caballerías que han de recoger las carnes, para que sus operaciones sean
realizadas con la mayor celeridad posible.
Así como prever donde se deben aparcar los vehículos
todoterreno y los carritos.
-
Escoger los puntos de suelta
Señalar los puntos y horas de suelta de las rehalas.
Conviene tener en cuenta que los perros a lo largo de
su recorrido puedan encontrar donde beber agua y refrescarse, en caso de no ser
posible, se considerará la situación, creando la infraestructura necesaria para
disponerla ese día, abasteciéndola con bidones, garrafas o cualquier otro tipo
de recipientes en las zonas estimadas como de mayor necesidad.
-
Buscar los puntos de control.
Conviene fijar
un punto seguro y dominante en una parte de la mancha desde donde se observe el
desarrollo de la mayor parte de la montería, que será donde, posiblemente, se
ubique el organizador para seguir las incidencias de la montería, visualmente o
ayudado por las radioemisoras.
- ARMADA:
Cada una
de las diferentes personas que toman parte en una montería, tienen también,
encomendadas distintas misiones que llevar a cabo, pero a su vez, muy
concretas. Cada uno, es como una pieza de una máquina, sin la cual, ésta, a
veces, no funciona o lo hace mal. Existen funciones imprescindibles y otras, no
tan necesarias, pero siempre convenientes. Por ello, será fundamental que cada
persona conozca ya perfectamente cuál va a ser su cometido específico y lo
ejecute con la mayor puntualidad y eficacia.
Pues bien, esta fase de armar la mancha, y sin
abandonar el anterior símil comparativo, consistiría en montar esa máquina en
el lugar definitivo donde vamos a hacerla funcionar el día de la montería.
Posiblemente, el guarda haya pasado la noche en vela o
esté desde la madrugada vigilando que la quietud de la mancha sigue inalterada.
El personal de la comida habrá llegado con antelación al punto de la reunión
para servir a tiempo el desayuno. El organizador habrá empezado desde muy
temprano a comprobar que todas sus previsiones se van ejecutando con la
precisión que él imaginó. Los monteros irán llegando puntualmente al lugar de
reunión y, entre saludos y animada tertulia, esperarán ilusionadamente el
momento del sorteo, confiando en que el azar les sea favorable.
Con el rezo de la salve y las oraciones por los
compañeros ausentes, empieza esto a tomar un aspecto más serio. Después vendrán
las instrucciones del organizador a los monteros y la esperada asignación de
posturas en el sorteo.
El tipo de sorteo que se realice responderá a parte de
la estrategia planteada, ya que unos u otros, se adaptan de forma diferente a
las circunstancias de cada montería.
Conocido el puesto que, a cada uno le haya
correspondido, vendrán las visitas al planillo dónde expone la estrategia y las
informaciones previas sobre postura, antes de agruparse los monteros por
armadas para ir saliendo a su destino en el monte.
Por norma tradicional, siempre salen primero las
armadas de cierre para evitar que se vacíe la mancha y cuando se considera que
las posturas de cierre ya están colocadas, continuarán saliendo las traviesas.
En ocasiones, se hace necesario tener controlado previamente el tiempo que se
tarda desde la junta hasta que se colocan las armadas de cierre para poder
sincronizar así, el momento en que ya puedan salir las traviesas sin riesgo de
que al entrar éstas pueda vaciarse la mancha.
También es
frecuente que, con las armadas, salgan respectivamente los arrieros con sus
bestias para después, por la tarde, recoger del monte las reses abatidas más
rápidamente.
Una vez que cada montero ocupa su lugar definitivo,
decimos que la mancha está armada.
- SUELTA:
La suelta siempre obedecerá a la estrategia prevista.
En cuanto a las técnicas para batir la mancha, cada ocasión suele presentarse
con peculiaridades diferentes, pero las diferentes formas de soltar las rehalas
podrían resumirse entre las siguientes:
Batida a ida y vuelta, es la batida
de una zona del terreno en la que los perreros y monteadores baten el monte en
un sentido y después vuelven por sus propios pasos para batir de nuevo el
terreno, ya en sentido contrario. También se le llama “de vaivén.”
Las
rehalas cuando van "al cruce" o “cruzadas” lo hacen
saliendo unas de un extremo y las otras desde el opuesto, terminando allí donde
empezaron aquellas con las que se habían cruzado.
. "Al
encuentro" o “Al tope” también salen de puntos opuestos, sólo
que en este caso al juntarse en el punto central o tope vuelven por sus propios
pasos al punto de la suelta. Cuando las rehalas siguen una misma dirección y
llegan hasta el final de la mancha se le denomina “en una sola dirección”.
Otra
forma es “dándole la vuelta” que consiste en ir monteando por la parte
más exterior de la mancha.
Batida por zonas, se le llama
así, cuando un grupo de rehalas, se dedican a batir el monte en una zona
pequeña del terreno durante toda la montería.
Sacadilla es la batida
corta para levantar la caza cogiendo poco terreno y describiendo una línea en
forma de bolsa.
Cuando
la batida es exclusivamente para jabalíes y hay algo de cervuno en la mancha,
se suele soltar por delante una rehala cuya misión es levantar los cervunos y
evitar después que el grueso de la mano de las rehalas se distraiga con éstos y
dejen detrás a los jabalíes encamados.
Además, en la montería actual se aprovechan las
ventajas de la moderna tecnología como, por ejemplo, puede ser el empleo de las
radioemisoras portátiles, para desde un punto de la finca, poder dirigir mejor
o rectificar la estrategia y hacer frente a posibles eventualidades según se
vaya desarrollando la echada de la mancha.
Creencias y errores comunes al
montar una mancha:
Es un error grande y por bastantes veces demostrado,
el intentar “repletar” una mancha, cogiendo mucho terreno desde atrás,
creyendo que se van a recoger más reses en el interior de la mancha.
Dar muchas pasadas con un número reducido de rehalas
sobre una misma zona sin abarcar de una vez toda la mano de terreno que se
lleva hacia un sentido.
Aplicar la misma técnica en una mancha para montear
sólo a cochinos, que para ciervas o para venados, gamos o muflones.
Trazar demasiado amplias las manos que han de seguir
las rehalas en su monteo.
Prolongar más tiempo de lo necesario la batida para
utilizar menos rehalas.
Situar un número excesivo de puestos en el ojeo.
Distribuir las rehalas por el único criterio de la
cantidad de perros que llevan.
Que cualquiera puede desempeñar bien el trabajo de un
guía, un postor o un podenquero.
Que metiendo muchos perros en la mancha se montea
mejor.
Que las reses sólo huyen hacia delante.
Que las explicaciones matutinas acerca del puesto
ofrecidas por los postores y guardas veteranos son siempre ciertas.
Que cualquier res que hayamos herido va a ser cobrada
por los perros.
Que, porque estemos solos en el puesto, lo que allí
hagamos va a permanecer en el anonimato.
Que dónde no hay reses, puede darse una buena
montería.
¡Caza disfrutando, disfruta cazando!
Manuel
Moreno Rueda
Andújar
y agosto de 2002
Marzo - 24