EL SORTEO EN LA MONTERÍA
Razón de ser
Tradicionalmente, cuando se daban las llamadas “expediciones
de montería” se monteaba entre un grupo de personas que, por unos días, solían
ser casi siempre los mismos. El sorteo no existía como tal, sino que la noche
anterior, antes de irse a dormir, se reunían y adjudicaban los puestos, más
bien por consenso y, sobre todo, atendiendo a las condiciones físicas de cada
uno, a la edad, a las peculiaridades de cada montero, a las armas empleadas, a
la fortuna obtenida en jornadas anteriores, etc. Es decir, pretendiendo siempre
compensar y ofrecer las mismas oportunidades, pero considerando la totalidad de
jornadas que duraba la expedición, que podía ser de 10 a 15 días. En cambio,
cuando las monterías eran por invitación, era al anfitrión al que correspondía
distribuir los puestos a su criterio personal e invitar a quien considerara
oportuno. En estos casos, aún hoy, se suele hacer así y es una cortesía
obligada, ofrecer el trofeo abatido al anfitrión y cuando éste, por regla general,
no lo acepta, se debe corresponder solicitándole el oportuno permiso para poder
cortar el trofeo conseguido.
Cuando el grupo no era estable y se formaba por
personas diferentes en cada ocasión, se procedía al sorteo de posturas, siempre
teniendo presentes algunas excepciones.
En la actualidad, ya en la montería comercial, los
grupos son todavía menos estables; además, congregan a diferentes personas para
cada caso y teniendo en cuenta que cada montero compra una acción a partes
iguales con el resto de los monteros que participan en la misma, es por lo que
todos deben tener idénticas oportunidades para cada jornada. Por ello, se
adopta la fórmula de sorteo riguroso, que parece ser la más equitativa.
Con esta
fórmula del sorteo, todos los participantes disponen desde el principio de las
mismas posibilidades, ya que, “lo que es
igual para todos, no supone ventaja para nadie”. De ahí, que el acto del
sorteo sea celosamente controlado por la mayor parte de los participantes.
Fiabilidad y Transparencia
Condiciones
que favorecen la ecuanimidad del sorteo son:
- Ofrecer públicamente el planillo donde se refleja la
ubicación de los puestos y la distribución de las armadas, así como las
diferentes manos que seguirán las rehalas en la batida. En la actualidad, algunas
organizaciones de caza, los presentan en una fotocopia reducida del plano real
a escala de la propia mancha, lo que permite disponer de otras informaciones de
gran interés, como es el trazado de los carriles, la situación de las juntas,
entrada y salida de la finca...
- Exponer públicamente el listado real de los monteros
participantes en la montería y del puesto que le ha correspondido en suerte a
cada uno después del sorteo.
- La presencia y seguimiento completo del sorteo por el
mayor número de monteros participantes.
- Evidentemente, comprobar el adecuado estado de los
utensilios que se utilizan para sortear, incluyendo el que los sobres no tengan
marcas que los diferencien.
- Que cada montero ocupe el puesto que realmente le
correspondió en el sorteo.
- Además, conviene que todos los puestos se encuentren
marcados en su lugar preciso en el monte con una chapita numerada que los
identifique y que esta ubicación coincide con la publicitada en el planillo.
Tipos de sorteos
Para
todo tipo de sorteos es conveniente que existan, expuestos públicamente, la
relación numerada de monteros participantes ese día y los puestos marcados en
la mancha.
Sorteo por armadas
Esta modalidad
de sorteo por armadas se realiza de la siguiente forma:
- Se colocan sobre la mesa sólo los sobres de los
puestos de la armada por la que va a comenzar el sorteo se mezclan o se barajan
para desordenarlos.
- Con la relación numerada de monteros, se sortea
primero el número del montero por donde se va a iniciar la adjudicación de
puestos, una vez elegido este número, se llama al montero correspondiente y
éste escogerá sólo entre los sobres de esa armada, por la que se ha comenzado
el sorteo.
- Después se sigue rigurosamente el orden de la relación
de monteros.
- Cada vez que se inicia el sorteo de una armada nueva,
se comienza a hacer por el siguiente montero al último que sorteó de la
relación numerada. A veces, se sortean paralelamente también los monteros.
Como norma general se inicia siempre por los cierres,
para terminar por las traviesas. Es lo más común que, en esta forma de sorteo,
las armadas vayan saliendo hacia sus posturas, según se va terminando de
sortear cada una. Ello, permite que se vayan montando primero las armadas de
cierre y después se dejará entre una y otra, un intervalo de tiempo prudencial
(estimado por el organizador) para permitir que no se entorpezcan ni se
molesten unas y otras armadas al colocarse y que la mancha quede bien cerrada.
Si falta algún montero de los incluidos en la
relación, en el momento del sorteo, se saltará y se continuará con el
siguiente, correspondiéndole sortear después del último. (Esto puede
convertirse en una pícara estrategia, por lo que a veces no se inicia el sorteo
hasta que no están todos o le hace el sorteo otro compañero)
La relación de monteros por armada se va elaborando al
mismo tiempo que se sortea.
Sorteo por números
Se procede de la siguiente
forma:
- Todos los puestos de la mancha aparecen ordenados y
numerados en una relación pública. Cada puesto ha de tener un número diferente.
- También será pública la relación numerada de monteros
y que se seguirá ordenadamente para llamar a cada montero a sortear.
Habitualmente el número del montero que comienza a montear se consigue pidiendo
a algún jovencito inocente que diga un número al azar del total de los
monteros.
- Las bolas o las “papelillas”,
con esos números, se introducen en una bolsa, entre dos sombreros o en un
bombo, de donde cada montero saca una bola o “papelilla” con el número del puesto que le ha correspondido en
suerte.
- Normalmente, a la misma relación de monteros se le
añade el número del puesto que le correspondió en suerte y de ahí saldrá la
relación de monteros por armada, que se irán llamando según el orden de salida
de éstas.
Si falta un compañero en el momento del sorteo y se
prevé que puede llegar a tiempo, le sacará la bola otro compañero o alguna mano
considerada inocente.
Sorteo por sobres
La modalidad de sorteo por
sobres, tiene la ventaja de ser la más rápida y es empleada en grupos que se
conocen bastante entre ellos y a los responsables de cada función en la
montería. Normalmente tienen asumida la dinámica y lo hacen de la siguiente
manera:
- Se ponen sobre la mesa todos los sobres
correspondientes a los puestos marcados en la mancha, que convenientemente se
han barajado o mezclado en público para que estén completamente desordenados y
todos hayan comprobado que ninguno ha quedado marcado.
- Cada montero escogerá un sobre que será el del puesto
que le ha correspondido en suerte.
- Después cada cazador deberá buscar al postor que ha de
situarlo definitivamente en su postura.
- También se suele proceder nombrando a las armadas de
una en una según su orden de salida y, en ese preciso momento, se toma nota de
los monteros que componen cada armada.
Si sobra algún sobre, es que falta algún compañero por
llegar, pero él sabrá que ese es el que le corresponde.
Dentro del sobre, el organizador suele incluir un
resumen de las normas de la montería, el nombre y número del puesto y, a veces,
un planillo y se ha visto alguna vez, hasta una fotografía del puesto.
Sorteo combinado
Este sorteo combinado o mixto, es quizás, el más
frecuentemente utilizado. Para efectuarlo, es preciso la relación ordenada y
numerada de los monteros participantes y todos los sobres correspondientes a
los puestos existentes, cada uno con su papeleta en el interior, con lo que se
procede de la forma que sigue:
- Se pide a alguna persona considerada inocente que diga
al azar un número de entre la cantidad de posturas que se ponen a sorteo. Se
mira en la lista numerada de monteros y se comienza por el montero al que
corresponda ese número.
- En ese preciso momento, el montero en cuestión
extraerá un número de una bolsita, dos sombreros o cualquier artilugio similar
preparado al efecto, donde se encuentran el resto de los números que
corresponden a los monteros participantes. Se leerá en voz alta y éste será el
próximo montero en sortear.
- Acto seguido el primer montero escogerá un sobre de
puesto, de los que previamente se habrán barajado, mezclado y extendido
públicamente sobre la mesa de sorteo, que será el que le corresponde a él.
- Se repetirán ambas operaciones hasta que se hayan
agotado puestos y monteros, lo que debe de ocurrir al unísono.
En el caso de que algún montero, se haya retrasado o
no esté presente, se suelen adoptar dos soluciones:
- Dejarlo para el último, si sólo falta ese montero,
correspondiéndole el único sobre que debe quedar.
- O que algún compañero de su confianza le haga el
sorteo, escogiéndole el sobre de puesto y extrayendo la bolita del siguiente
montero en sortear.
La relación de monteros por armada se va elaborando al
mismo tiempo que se va sorteando, para ello, se escogen a tantas personas como
armadas haya y cada uno se encargará de a notar el nombre del montero que
ocupara cada puesto.
¿Cuándo y dónde?
Aunque,
como ya se ha dicho antes, el sorteo tradicionalmente se hacía la noche
anterior, también había veces como ahora, que se hace el mismo día por la
mañana y en la casa de la finca o en el campo, en las inmediaciones de la
mancha. He de manifestar mi preferencia por esta última opción porque, aunque
he de reconocer que presenta algunas incomodidades, las ventajas que nos puede
aportar son mucho mayores, por ejemplo:
Da la ocasión para conversar con guardas, postores,
perreros, arrieros y otros monteros, respirar el aire puro y fresco de la
mañana que nos despejará los sentidos para todo el día, gozar el auténtico
ambiente y charla de montería en su medio natural, adaptarse y situarse en el
entorno, preparar los “apechusques” adecuados, disfrutar del calentón de
la candela campera, alegrarse la vista con esas estampas monteras que nos
ofrecen los prolegómenos... etc. Incluso esa provisionalidad de las parcas
instalaciones preparadas al efecto tiene su encanto y aunque, normalmente se
hace en un espacio abierto, creo que hasta tiene más sabor e intimidad que si
se hace en un bar o en cualquier otro establecimiento público.
Excepciones
Son excepciones frecuentes en todo tipo de sorteos de
montería, el hecho de que asista algún montero con salud delicada,
convaleciente o con sus condiciones físicas mermadas para desplazarse en el
monte. Acontecimiento que suele hacerse público antes del sorteo y que, por
consideración del resto de compañeros, suele tenerse en cuenta excepcionalmente
para adjudicarle una postura de las denominadas de fácil acceso. Esta circunstancia
suelen ser aceptada por todos cortésmente y correspondida la gratitud
públicamente ante el grupo por el beneficiario.
Cuando la orografía de la mancha es muy dificultosa y
resultan difíciles los accesos, a veces, se hace necesario para agilizar la
colocación de las armadas, el sortear por separado los puestos de andar y los
de no andar.
Otras veces, cuando la mancha no tiene los carriles
necesarios para acceder a algunos puestos con vehículos o con caballerías, se
adopta la solución tradicional, que era la llamada armada de la juventud.
Solución que consistía en adjudicar estos puestos a los más jóvenes y a los
voluntarios que se prestasen a ello. Por lo que, en estos casos, esas armadas
se excluyen del sorteo general o se sortean por separado.
En ocasiones, otra excepción es la de los “puestos
elegidos” que consiste en que la propiedad se reserve algunos puestos en
concreto, que no entran en sorteo y que después ocupa en el desarrollo de la
montería. Se trata de una circunstancia completamente lícita, si es que el
organizador formalizó el contrato en esas condiciones, pero de feo proceder, ya
que sería más correcto que la propiedad entrase en sorteo y montease con las
mismas condiciones que el resto de los monteros.
Otra excepción en las monterías de venados, gamos y
muflones son los “puestos de cochinos” que son mejor considerados,
porque en realidad no restan oportunidades y contribuyen a que las otras
especies se muevan más.
También es excepción permitida ocasionalmente desde
tiempos inmemoriales la de procurar un “puesto de novio”, de fácil
tiradero para los noveles ya que de esa forma se aseguraba el noviazgo y la
consiguiente celebración festiva.
Las “escopetas negras”, eran aquellos monteros
que no tomaban parte en los gastos, pero que contribuían a la montería con
alguna dedicación y a los que se les adjudicaban puestos en las proximidades
del lugar dónde concluían sus tareas de montar la armada o aproximar a las
rehalas o a las caballerías, para asegurarse que la mancha quedara convenientemente
cerrada. Éstos siguen dándose hoy en día, cuando el organizador no ha vendido
todos los puestos y por tanto los puestos que le quedan por vender siguen
siendo de su propiedad.
Después del sorteo
Después del sorteo, es una costumbre muy extendida, el
ir a buscar al guarda de la finca para preguntarle por las características y
bondades del puesto que nos ha correspondido en el sorteo. En ese momento,
todos los puestos suelen ser buenísimos y el año anterior cobraron muchas
piezas que, (aun siendo verdad, este año seguro que ya no están) Evidentemente,
se trata casi siempre de una cortesía piadosa para no desanimar y mantener
vivas las ilusiones.
Recuerdo a un viejo guarda, que siempre respondía describiendo
casi fotográficamente el puesto y después a la hora de valorarlo, decía: “A
la tarde lo veremos” Por supuesto, le asistía en todo momento la razón,
dado que por su experiencia había podido comprobar que el éxito o el fracaso de
una postura depende en gran medida del montero que la ocupa, ya que puestos muy
prolíficos en el paso de reses, había veces que no cobraban casi nada y otros,
por el contrario, en los que apenas pasaba una o dos reses de tiro, siempre
cobraban. Y es que el saber hacer y la facilidad para ejecutarlo es diferente
en cada persona.
El “baile de puestos” después del sorteo es
otra circunstancia curiosa que suele practicarse a menudo y que en ocasiones es
lícita, aunque dependiendo del organizador en cuestión, puede presentarse tal
circunstancia o no.
Las ocasiones en las que este “baile” es lícito
son cuando el organizador había publicitado desde el principio un número de
puestos en venta, que después no ha conseguido vender. En estos casos, el
organizador suele aprovechar los puestos restantes para aplacar de alguna
manera la insatisfacción de los monteros que no se han sentido agraciados en el
sorteo y que teóricamente se consideran poco afortunados con el puesto que les
ha correspondido. El organizador puede cambiárselo por otro de los que le
sobran y que lógicamente le pertenece. Otros organizadores resuelven el
problema antes, quitando los peores puestos y evitando este “baile” y
siempre realizan el sorteo con igual número de puestos que de monteros.
Picaresca y pillerías
La picaresca española es amplia y diversa, y ha ideado
bribonadas para amañar o intervenir a favor de algunos en cualquier sistema de
los sorteos enumerados anteriormente, pero esto es tan enrevesado y complejo de
explicar que podría ser materia de otro artículo.
La montería actual, castigada como otros sectores por
el intrusismo, se ve perjudicada cuando dentro de este gran grupo aterrizan “lobos
con piel de cordero” a los cuales el disfraz se les advierte de lejos,
porque desde el principio ya se les ve despreciando lo que para muchos es algo
muy serio y en donde hay que estar muy por encima de las banalidades y
vergüenzas humanas para llegar a ser un señor, suponiendo todo ello casi un
estilo de vida personal.
Estos pícaros se encuentran en todos los sectores, no
sólo de la caza, sino de la sociedad en general; son una lacra, pero ellos
solos se encargan de decir quiénes son.
Para esos pillos, la montería es la ocasión de sacar
una buena tajada pisoteando para ello si hace falta valores, educación, normas
ancestrales y a todo lo que se les ponga por delante.
Estos son los que no dudan en aprovechar la primera
ocasión para utilizar toda su truhanesca imaginación y aplicar todas las
trastadas que se les ocurren, desprestigiándose a sí mismos y al entorno al que
acaban de llegar.
Oportunista y maliciosamente se les identifica con
monteros y cazadores en general, pero evidentemente su proceder es recriminable
y por los cazadores los primeros.
Acatar las normas por las que nos regimos, a veces,
nos ha podido resultar costoso, pero siempre nos han engrandecido y nos han
hecho respetables, a partir de ahora nos va a permitir diferenciarnos aún más
de esos maliciosos intrusos, a los que únicamente debemos ignorarles y por supuesto no considerarlos
como monteros porque salgan al monte a pegar tiros.
A pesar de ello, debemos recalcar que existen muchas
organizaciones formales que no sólo le dan a este acontecimiento del sorteo la
seriedad que merece, sino que, además, lo ejecutan con ecuanimidad,
transparencia y sin trampas, recibiendo a cambio toda nuestra credibilidad y
respeto.
Anécdotas y curiosidades del sorteo
En una
ocasión, monteando en Valquemao, Pedro, un montero de los considerados como muy
quisquilloso, después de haber sorteado se sentía desafortunado por el puesto
que le había correspondido en suerte e increpaba a los componentes de la mesa
del sorteo, aludiendo que el sorteo estaba amañado y que se había hecho trampa
para beneficiar a algunos. Todo ello, mientras ofrecía miradas
acusatorias. A lo que un compañero
increpado, Juan, le respondió preguntándole que si consideraba que el puesto
que le había correspondido a este último era mejor. Pedro, enervado muy
enfadado dijo: “Muchísimo mejor es tu puesto que el mío. Además, por eso no
protestas, porque tú eres uno de los favorecidos”
A lo que Juan, sabiendo que la caza es caza, en tono
conciliador, contestó: “Creo que no lleva Vd. razón, pero ¿me aceptaría que
se lo cambie por el suyo?
Entonces, Pedro quería seguir con su protesta
adelante, pero el resto de los compañeros le insistían en que ¿por qué no
cambiaba el puesto? Que nadie compartía su criterio sobre el sorteo, pero que
todos pretendían mantener el buen ambiente. Al final accedió refunfuñando.
Por la tarde, en la junta de carnes, Juan se presentó
con un jabalí medallable y dos excelentes venados. En cambio, Pedro había
fallado un venado y venía “bolo”, además de bastante más irascible que
por la mañana, pero en esta ocasión con él mismo, por lo que se marchó sin
apenas despedirse.
“Y es que el azar o la suerte no
tienen dueño”
¡Caza disfrutando, disfruta cazando!
Manuel Moreno
Andújar y agosto de 2002
Enero - 24