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VAQUEO y SALTEO

  Biblioteca Nacional de España VAQUEO Modalidad de caza mayor, consistente en esperar a las reses que vienen de vuelta a su encame diurno d...

20240101

SORTEO EN MONTERÍA

 
Amanecer en la sierra.
Sorteo de montería al amanecer el día.

EL SORTEO EN LA MONTERÍA

 

Razón de ser

 Tradicionalmente, cuando se daban las llamadas “expediciones de montería” se monteaba entre un grupo de personas que, por unos días, solían ser casi siempre los mismos. El sorteo no existía como tal, sino que la noche anterior, antes de irse a dormir, se reunían y adjudicaban los puestos, más bien por consenso y, sobre todo, atendiendo a las condiciones físicas de cada uno, a la edad, a las peculiaridades de cada montero, a las armas empleadas, a la fortuna obtenida en jornadas anteriores, etc. Es decir, pretendiendo siempre compensar y ofrecer las mismas oportunidades, pero considerando la totalidad de jornadas que duraba la expedición, que podía ser de 10 a 15 días. En cambio, cuando las monterías eran por invitación, era al anfitrión al que correspondía distribuir los puestos a su criterio personal e invitar a quien considerara oportuno. En estos casos, aún hoy, se suele hacer así y es una cortesía obligada, ofrecer el trofeo abatido al anfitrión y cuando éste, por regla general, no lo acepta, se debe corresponder solicitándole el oportuno permiso para poder cortar el trofeo conseguido.

Cuando el grupo no era estable y se formaba por personas diferentes en cada ocasión, se procedía al sorteo de posturas, siempre teniendo presentes algunas excepciones.

En la actualidad, ya en la montería comercial, los grupos son todavía menos estables; además, congregan a diferentes personas para cada caso y teniendo en cuenta que cada montero compra una acción a partes iguales con el resto de los monteros que participan en la misma, es por lo que todos deben tener idénticas oportunidades para cada jornada. Por ello, se adopta la fórmula de sorteo riguroso, que parece ser la más equitativa.

         Con esta fórmula del sorteo, todos los participantes disponen desde el principio de las mismas posibilidades, ya que, “lo que es igual para todos, no supone ventaja para nadie”. De ahí, que el acto del sorteo sea celosamente controlado por la mayor parte de los participantes.

 

 

Fiabilidad y Transparencia

         Condiciones que favorecen la ecuanimidad del sorteo son:


-       Ofrecer públicamente el planillo donde se refleja la ubicación de los puestos y la distribución de las armadas, así como las diferentes manos que seguirán las rehalas en la batida. En la actualidad, algunas organizaciones de caza, los presentan en una fotocopia reducida del plano real a escala de la propia mancha, lo que permite disponer de otras informaciones de gran interés, como es el trazado de los carriles, la situación de las juntas, entrada y salida de la finca...


-        Exponer públicamente el listado real de los monteros participantes en la montería y del puesto que le ha correspondido en suerte a cada uno después del sorteo.


-         La presencia y seguimiento completo del sorteo por el mayor número de monteros participantes.


-         Evidentemente, comprobar el adecuado estado de los utensilios que se utilizan para sortear, incluyendo el que los sobres no tengan marcas que los diferencien.


-        Que cada montero ocupe el puesto que realmente le correspondió en el sorteo.


-        Además, conviene que todos los puestos se encuentren marcados en su lugar preciso en el monte con una chapita numerada que los identifique y que esta ubicación coincide con la publicitada en el planillo.

  

        

Tipos de sorteos

          Para todo tipo de sorteos es conveniente que existan, expuestos públicamente, la relación numerada de monteros participantes ese día y los puestos marcados en la mancha.

  

Sorteo por armadas

 

Esta modalidad de sorteo por armadas se realiza de la siguiente forma:


-      Se colocan sobre la mesa sólo los sobres de los puestos de la armada por la que va a comenzar el sorteo se mezclan o se barajan para desordenarlos.


-      Con la relación numerada de monteros, se sortea primero el número del montero por donde se va a iniciar la adjudicación de puestos, una vez elegido este número, se llama al montero correspondiente y éste escogerá sólo entre los sobres de esa armada, por la que se ha comenzado el sorteo.


-        Después se sigue rigurosamente el orden de la relación de monteros.


-        Cada vez que se inicia el sorteo de una armada nueva, se comienza a hacer por el siguiente montero al último que sorteó de la relación numerada. A veces, se sortean paralelamente también los monteros.

 

Como norma general se inicia siempre por los cierres, para terminar por las traviesas. Es lo más común que, en esta forma de sorteo, las armadas vayan saliendo hacia sus posturas, según se va terminando de sortear cada una. Ello, permite que se vayan montando primero las armadas de cierre y después se dejará entre una y otra, un intervalo de tiempo prudencial (estimado por el organizador) para permitir que no se entorpezcan ni se molesten unas y otras armadas al colocarse y que la mancha quede bien cerrada.

Si falta algún montero de los incluidos en la relación, en el momento del sorteo, se saltará y se continuará con el siguiente, correspondiéndole sortear después del último. (Esto puede convertirse en una pícara estrategia, por lo que a veces no se inicia el sorteo hasta que no están todos o le hace el sorteo otro compañero)

La relación de monteros por armada se va elaborando al mismo tiempo que se sortea.

 

 

Sorteo por números

 

         Se procede de la siguiente forma:


-         Todos los puestos de la mancha aparecen ordenados y numerados en una relación pública. Cada puesto ha de tener un número diferente.


-         También será pública la relación numerada de monteros y que se seguirá ordenadamente para llamar a cada montero a sortear. Habitualmente el número del montero que comienza a montear se consigue pidiendo a algún jovencito inocente que diga un número al azar del total de los monteros.


-         Las bolas o las “papelillas”, con esos números, se introducen en una bolsa, entre dos sombreros o en un bombo, de donde cada montero saca una bola o “papelilla” con el número del puesto que le ha correspondido en suerte.


-         Normalmente, a la misma relación de monteros se le añade el número del puesto que le correspondió en suerte y de ahí saldrá la relación de monteros por armada, que se irán llamando según el orden de salida de éstas.

 

Si falta un compañero en el momento del sorteo y se prevé que puede llegar a tiempo, le sacará la bola otro compañero o alguna mano considerada inocente.

 

 

Sorteo por sobres

 

         La modalidad de sorteo por sobres, tiene la ventaja de ser la más rápida y es empleada en grupos que se conocen bastante entre ellos y a los responsables de cada función en la montería. Normalmente tienen asumida la dinámica y lo hacen de la siguiente manera:


-         Se ponen sobre la mesa todos los sobres correspondientes a los puestos marcados en la mancha, que convenientemente se han barajado o mezclado en público para que estén completamente desordenados y todos hayan comprobado que ninguno ha quedado marcado.


-        Cada montero escogerá un sobre que será el del puesto que le ha correspondido en suerte.


-         Después cada cazador deberá buscar al postor que ha de situarlo definitivamente en su postura.


-         También se suele proceder nombrando a las armadas de una en una según su orden de salida y, en ese preciso momento, se toma nota de los monteros que componen cada armada.

 

Si sobra algún sobre, es que falta algún compañero por llegar, pero él sabrá que ese es el que le corresponde.

 

Dentro del sobre, el organizador suele incluir un resumen de las normas de la montería, el nombre y número del puesto y, a veces, un planillo y se ha visto alguna vez, hasta una fotografía del puesto.

 

 

 

Sorteo combinado 

Este sorteo combinado o mixto, es quizás, el más frecuentemente utilizado. Para efectuarlo, es preciso la relación ordenada y numerada de los monteros participantes y todos los sobres correspondientes a los puestos existentes, cada uno con su papeleta en el interior, con lo que se procede de la forma que sigue:


-         Se pide a alguna persona considerada inocente que diga al azar un número de entre la cantidad de posturas que se ponen a sorteo. Se mira en la lista numerada de monteros y se comienza por el montero al que corresponda ese número. 


-         En ese preciso momento, el montero en cuestión extraerá un número de una bolsita, dos sombreros o cualquier artilugio similar preparado al efecto, donde se encuentran el resto de los números que corresponden a los monteros participantes. Se leerá en voz alta y éste será el próximo montero en sortear.


-        Acto seguido el primer montero escogerá un sobre de puesto, de los que previamente se habrán barajado, mezclado y extendido públicamente sobre la mesa de sorteo, que será el que le corresponde a él.


-        Se repetirán ambas operaciones hasta que se hayan agotado puestos y monteros, lo que debe de ocurrir al unísono.

 

En el caso de que algún montero, se haya retrasado o no esté presente, se suelen adoptar dos soluciones: 


-         Dejarlo para el último, si sólo falta ese montero, correspondiéndole el único sobre que debe quedar.


-         O que algún compañero de su confianza le haga el sorteo, escogiéndole el sobre de puesto y extrayendo la bolita del siguiente montero en sortear.

La relación de monteros por armada se va elaborando al mismo tiempo que se va sorteando, para ello, se escogen a tantas personas como armadas haya y cada uno se encargará de a notar el nombre del montero que ocupara cada puesto.

 

 

¿Cuándo y dónde?

         Aunque, como ya se ha dicho antes, el sorteo tradicionalmente se hacía la noche anterior, también había veces como ahora, que se hace el mismo día por la mañana y en la casa de la finca o en el campo, en las inmediaciones de la mancha. He de manifestar mi preferencia por esta última opción porque, aunque he de reconocer que presenta algunas incomodidades, las ventajas que nos puede aportar son mucho mayores, por ejemplo:

Da la ocasión para conversar con guardas, postores, perreros, arrieros y otros monteros, respirar el aire puro y fresco de la mañana que nos despejará los sentidos para todo el día, gozar el auténtico ambiente y charla de montería en su medio natural, adaptarse y situarse en el entorno, preparar los “apechusques” adecuados, disfrutar del calentón de la candela campera, alegrarse la vista con esas estampas monteras que nos ofrecen los prolegómenos... etc. Incluso esa provisionalidad de las parcas instalaciones preparadas al efecto tiene su encanto y aunque, normalmente se hace en un espacio abierto, creo que hasta tiene más sabor e intimidad que si se hace en un bar o en cualquier otro establecimiento público.

 

 

Excepciones

Son excepciones frecuentes en todo tipo de sorteos de montería, el hecho de que asista algún montero con salud delicada, convaleciente o con sus condiciones físicas mermadas para desplazarse en el monte. Acontecimiento que suele hacerse público antes del sorteo y que, por consideración del resto de compañeros, suele tenerse en cuenta excepcionalmente para adjudicarle una postura de las denominadas de fácil acceso. Esta circunstancia suelen ser aceptada por todos cortésmente y correspondida la gratitud públicamente ante el grupo por el beneficiario.

 

Cuando la orografía de la mancha es muy dificultosa y resultan difíciles los accesos, a veces, se hace necesario para agilizar la colocación de las armadas, el sortear por separado los puestos de andar y los de no andar.

Otras veces, cuando la mancha no tiene los carriles necesarios para acceder a algunos puestos con vehículos o con caballerías, se adopta la solución tradicional, que era la llamada armada de la juventud. Solución que consistía en adjudicar estos puestos a los más jóvenes y a los voluntarios que se prestasen a ello. Por lo que, en estos casos, esas armadas se excluyen del sorteo general o se sortean por separado.

En ocasiones, otra excepción es la de los “puestos elegidos” que consiste en que la propiedad se reserve algunos puestos en concreto, que no entran en sorteo y que después ocupa en el desarrollo de la montería. Se trata de una circunstancia completamente lícita, si es que el organizador formalizó el contrato en esas condiciones, pero de feo proceder, ya que sería más correcto que la propiedad entrase en sorteo y montease con las mismas condiciones que el resto de los monteros.

Otra excepción en las monterías de venados, gamos y muflones son los “puestos de cochinos” que son mejor considerados, porque en realidad no restan oportunidades y contribuyen a que las otras especies se muevan más.

También es excepción permitida ocasionalmente desde tiempos inmemoriales la de procurar un “puesto de novio”, de fácil tiradero para los noveles ya que de esa forma se aseguraba el noviazgo y la consiguiente celebración festiva.

Las “escopetas negras”, eran aquellos monteros que no tomaban parte en los gastos, pero que contribuían a la montería con alguna dedicación y a los que se les adjudicaban puestos en las proximidades del lugar dónde concluían sus tareas de montar la armada o aproximar a las rehalas o a las caballerías, para asegurarse que la mancha quedara convenientemente cerrada. Éstos siguen dándose hoy en día, cuando el organizador no ha vendido todos los puestos y por tanto los puestos que le quedan por vender siguen siendo de su propiedad.

 

 

Después del sorteo

Después del sorteo, es una costumbre muy extendida, el ir a buscar al guarda de la finca para preguntarle por las características y bondades del puesto que nos ha correspondido en el sorteo. En ese momento, todos los puestos suelen ser buenísimos y el año anterior cobraron muchas piezas que, (aun siendo verdad, este año seguro que ya no están) Evidentemente, se trata casi siempre de una cortesía piadosa para no desanimar y mantener vivas las ilusiones.

Recuerdo a un viejo guarda, que siempre respondía describiendo casi fotográficamente el puesto y después a la hora de valorarlo, decía: “A la tarde lo veremos” Por supuesto, le asistía en todo momento la razón, dado que por su experiencia había podido comprobar que el éxito o el fracaso de una postura depende en gran medida del montero que la ocupa, ya que puestos muy prolíficos en el paso de reses, había veces que no cobraban casi nada y otros, por el contrario, en los que apenas pasaba una o dos reses de tiro, siempre cobraban. Y es que el saber hacer y la facilidad para ejecutarlo es diferente en cada persona.

El “baile de puestos” después del sorteo es otra circunstancia curiosa que suele practicarse a menudo y que en ocasiones es lícita, aunque dependiendo del organizador en cuestión, puede presentarse tal circunstancia o no.

Las ocasiones en las que este “baile” es lícito son cuando el organizador había publicitado desde el principio un número de puestos en venta, que después no ha conseguido vender. En estos casos, el organizador suele aprovechar los puestos restantes para aplacar de alguna manera la insatisfacción de los monteros que no se han sentido agraciados en el sorteo y que teóricamente se consideran poco afortunados con el puesto que les ha correspondido. El organizador puede cambiárselo por otro de los que le sobran y que lógicamente le pertenece. Otros organizadores resuelven el problema antes, quitando los peores puestos y evitando este “baile” y siempre realizan el sorteo con igual número de puestos que de monteros.

 

 

Picaresca y pillerías

La picaresca española es amplia y diversa, y ha ideado bribonadas para amañar o intervenir a favor de algunos en cualquier sistema de los sorteos enumerados anteriormente, pero esto es tan enrevesado y complejo de explicar que podría ser materia de otro artículo.

La montería actual, castigada como otros sectores por el intrusismo, se ve perjudicada cuando dentro de este gran grupo aterrizan “lobos con piel de cordero” a los cuales el disfraz se les advierte de lejos, porque desde el principio ya se les ve despreciando lo que para muchos es algo muy serio y en donde hay que estar muy por encima de las banalidades y vergüenzas humanas para llegar a ser un señor, suponiendo todo ello casi un estilo de vida personal.

Estos pícaros se encuentran en todos los sectores, no sólo de la caza, sino de la sociedad en general; son una lacra, pero ellos solos se encargan de decir quiénes son.

Para esos pillos, la montería es la ocasión de sacar una buena tajada pisoteando para ello si hace falta valores, educación, normas ancestrales y a todo lo que se les ponga por delante.

Estos son los que no dudan en aprovechar la primera ocasión para utilizar toda su truhanesca imaginación y aplicar todas las trastadas que se les ocurren, desprestigiándose a sí mismos y al entorno al que acaban de llegar.

Oportunista y maliciosamente se les identifica con monteros y cazadores en general, pero evidentemente su proceder es recriminable y por los cazadores los primeros.

Acatar las normas por las que nos regimos, a veces, nos ha podido resultar costoso, pero siempre nos han engrandecido y nos han hecho respetables, a partir de ahora nos va a permitir diferenciarnos aún más de esos maliciosos intrusos, a los que únicamente debemos  ignorarles y por supuesto no considerarlos como monteros porque salgan al monte a pegar tiros.

A pesar de ello, debemos recalcar que existen muchas organizaciones formales que no sólo le dan a este acontecimiento del sorteo la seriedad que merece, sino que, además, lo ejecutan con ecuanimidad, transparencia y sin trampas, recibiendo a cambio toda nuestra credibilidad y respeto.

 

 

Anécdotas y curiosidades del sorteo

         En una ocasión, monteando en Valquemao, Pedro, un montero de los considerados como muy quisquilloso, después de haber sorteado se sentía desafortunado por el puesto que le había correspondido en suerte e increpaba a los componentes de la mesa del sorteo, aludiendo que el sorteo estaba amañado y que se había hecho trampa para beneficiar a algunos. Todo ello, mientras ofrecía miradas acusatorias.  A lo que un compañero increpado, Juan, le respondió preguntándole que si consideraba que el puesto que le había correspondido a este último era mejor. Pedro, enervado muy enfadado dijo: “Muchísimo mejor es tu puesto que el mío. Además, por eso no protestas, porque tú eres uno de los favorecidos”

A lo que Juan, sabiendo que la caza es caza, en tono conciliador, contestó: “Creo que no lleva Vd. razón, pero ¿me aceptaría que se lo cambie por el suyo?

Entonces, Pedro quería seguir con su protesta adelante, pero el resto de los compañeros le insistían en que ¿por qué no cambiaba el puesto? Que nadie compartía su criterio sobre el sorteo, pero que todos pretendían mantener el buen ambiente. Al final accedió refunfuñando.

Por la tarde, en la junta de carnes, Juan se presentó con un jabalí medallable y dos excelentes venados. En cambio, Pedro había fallado un venado y venía “bolo”, además de bastante más irascible que por la mañana, pero en esta ocasión con él mismo, por lo que se marchó sin apenas despedirse.

“Y es que el azar o la suerte no tienen dueño”

  

 

¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

Manuel Moreno

Andújar y agosto de 2002

Enero - 24


 

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