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VAQUEO y SALTEO

  Biblioteca Nacional de España VAQUEO Modalidad de caza mayor, consistente en esperar a las reses que vienen de vuelta a su encame diurno d...

20231004

AHUYENTO

 AHUYENTO 

Ahuyento viene de ahuyentar que, en su significado básico, consiste en hacer huir a un animal levantándolo de donde estaba. Es justo en ese momento, en el que el animal intenta huir, cuando se produce el lance.  Y, al haber muchos animales en esa zona, los lances se prodigan en cantidad y variedad, resultando una práctica bastante afanosa ésta del ahuyento. 


Esta modalidad de caza, se practica cazando con escopeta algunas aves, como zorzales o mirlos, ahuyentándolas de donde se encuentran habitualmente. 

 

Es frecuente practicar esta forma de cazar a la hora de recogida, momento en el que se suelen concentrar gran cantidad de animales en zonas como arroyos, pinares y dormideros habituales de zorzales.  

 

No es lo mismo que la caza en mano o la guerra galana en la que se persigue a las piezas de caza levantándola también de sus encames o dormideros, pero con ayuda de perros. Cuando hablamos de la guerra galana o al salto, normalmente, nos referimos a liebres y conejos. En cambio, cuando nos referimos a las aves -perdices, codornices…- se suele decir al salto- y también, al ahuyento cuando nos referimos a zorzales, mirlos o estorninos 

 

Pocas veces se llevan perros, salvo para cobrar a las piezas abatidas, ya que como los animales están concentrándose en una zona para hacer noche y al aproximarnos a ellos suelen huir ahuyentados, de ahí su nombre  

 

Aunque son varios los autores que hablan de esta forma de cazar traigo aquí una cita de la Enciclopedia de la Caza donde dice: 

 

“… Se practica también el “ahuyento” en los bosquecillos, en los olivares, y a lo largo de los barrancos, ricos en densas matas y en zarzales, lográndose siempre un tiro difícil e imprevisto, dado el vuelo veloz, imprevisible y cambiante, típico del receloso mirlo”. 

 

HUERTA Y RAMÍREZ, F. y otros: “Enciclopedia de la caza” Ed. Vergara. Barcelona 1967. Pág. 201. 


 

Posiblemente haya algunas zonas en las que se nombre de otra forma a esta manera de cazar, por lo que nos sería muy útil y de agradecer el poder recibir esas denominaciones más localistas en nuestros comentarios. 

 

 

¡Caza disfrutando, disfruta cazando! 

 

 Manuel Moreno 

Octubre - 23 


20231001

¿VARETO, HORQUILLÓN O VENADO?

 ¿VARETO, HORQUILLÓN O VENADO?

Vareto, horquillón o venado parecidos pero diferentes.
¿Vareto, horquillón o venado?                               Trofeo Caza

En casos muy evidentes, no resulta difícil distinguir a un vareto de un horquillón o de un venado. Pero en el monte y corriendo, a veces, es dificultoso diferenciarlos. Aun así, unos y otros pueden ser confundidos, incluso cuando podamos observarlos detenidamente.

 

¿Puede haber venados con menos de cuatro puntas? 

Pues claro que sí y hasta con sólo dos. Entonces, ¿cómo distinguir estos venados de un horquillón o un vareto?

La caprichosa naturaleza no siempre nos ofrece casos con tan notoria evidencia. En la junta de carnes y con el animal ya muerto, las características que los diferencian son manifiestamente visibles.

 

Pautas para distinguirlos correctamente

 

Cuernas de distintas edades del ciervo.

 Trofeo Caza 

En la foto 1, podemos observar hasta 6 tipos de cuernas diferentes. Entre ellas hay varetos, horquillones y venados. Vistas así, puede parecer fácil diferenciarlos a simple vista, pero tras examinarlas varias personas, seguro que nos encontramos con distintas apreciaciones. Algunos resumiendo, nos dirían cosas como:

Vareto es aquel que sólo tiene las varas, o venado es sólo el que tiene más de cuatro puntas, o bien, que el horquillón es un ciervo con tres o cuatro puntas. Esto sí que nos conduciría a un error.

Con definiciones como éstas la polémica está servida. Polémica, que quedaría sólo en palabras de no ser, como en la realidad ocurre, que el cazar en montería un vareto o un horquillón nos suponga motivo de sanción. En este momento, la discusión se hace más fuerte y los argumentos deben ser más técnicos y contundentes. Por eso intentaremos analizar con detalle cada una de las diferencias y fijarnos en aquellos matices que resulten más clarificadores.

 Por ejemplo, en la foto nº 2 aparecen 6 casos de diferentes cuernas que pueden muy bien servirnos para aclarar el tema, aunque:

 ¿Cuál es el vareto? ¿Y el horquillón? ¿Y el venado?

Algunos ya tendrían su respuesta, pero hagamos otra pregunta.

 ¿Por qué el número tal es eso y no es lo otro?

Intentaremos argumentar coherentemente nuestra respuesta, tanto desde un punto de vista práctico, como legal.

 

 

Elementos diferenciadores

             La roseta

La longitud no es un indicativo diferenciador ni el grosor, ni el color de la cuerna y la forma tampoco, aunque a veces pueda resultar aclaratoria.

La roseta, sí que es uno de los principales elementos diferenciadores y para no confundirnos concretemos este concepto: La roseta es la parte de la cuerna por donde ésta se une con el cráneo y por este mismo lugar, es por donde se desprende al desmogar. Esta parte es algo más gruesa que la cuerna y su superficie exterior tiene muchas rugosidades, presentando una forma característica.

 

No es lo mismo un vareto que un horquillón o que un venado.
¿Varetos, horquillones o venados?                   Trofeo Caza

Tal y como podemos comprobar en la foto 3, aparece este aspecto con mayor detalle y visiblemente diferenciado. Obsérvese la diferencia entre la base de las cuernas, reseñadas con el 1,2,3 y las numeradas con el 4, el 5 y el 6. En las primeras no existe roseta, en las segundas, ésta puede observarse claramente en todas ellas.

El que se califique a ésta como uno de los principales matices diferenciadores, se debe a que sólo se da en el venado y nunca en el vareto ni en el horquillón. Veamos otros detalles:

Testuz y pivote de la cuerna del ciervo.
Perlado de la cuerna.      Trofeo Caza

 

En la foto 4 podemos apreciar tres cuernas de varetos,

Éstos son de los considerados desechables, por abiertos y por poca longitud de sus varas. Todos carecen de roseta.

 Erróneamente, hay quien considera al horquillón como defectuoso y digo erróneamente, porque el tener esta longitud de vara es ya para considerarlo como un buen ejemplar en potencia.

  El horquillón no se suele dar con frecuencia, sino que más bien se da en pocas ocasiones.

  El perlado no sólo va a servirnos para diferenciar detalles de la calidad o belleza de la cuerna de varios cérvidos, sino que además la espesa perladura en la parte baja de las primeras cuernas, (cuando se da), es muy característica y diferente a la roseta definitiva, con la que no debemos confundirlo. Fijémonos, de nuevo, en la foto 3.

 Por el perlado se pueden identificar varias cornamentas de un mismo venado y no sólo es hereditario, sino que, además, se repite en el animal durante toda su vida, suponiendo para éste, algo similar a lo que ocurre con las huellas dactilares de los hombres. Como podemos observar en la foto 5 el perlado tampoco es diferenciador. En esta foto aparecen dos desmogues de un mismo venado. Podemos comprobar como el detalle de la "culebrina" se repite en las dos cuernas del mismo lado, lógicamente de años diferentes.

Observando la foto, podría pensarse equivocadamente, que estas cornamentas corresponden a distintos animales. La realidad es que son desmogues del mismo animal, montados sobre cráneos artificiales.

 

            El pivote

Vareos y horquillones diferentes.
¿Varetos o venados?         Trofeo Caza
Otro elemento diferenciador es el pivote. Éste es el trozo de hueso que une la base de la cuerna (por la roseta) con el cráneo formando parte de este último. En los ciervos más jóvenes suele aparecer algo más largo y ligeramente más delgado que en los venados adultos, a veces esta diferencia, no es muy apreciable.

 

Véase la foto 6, en la que el número 1 es un buen horquillón, que, a pesar de tener longitud en sus cuernas, el pivote aún es delgado.

Tanto en el nº 2 como en el 1, podemos apreciar que el pivote es largo y fino, a medida que el animal se haga más adulto, engrosará también algo más el pivote.

 



 Otra circunstancia que se da frecuentemente es que un venado sólo tenga varas sin más candiles y si lo valorásemos por el número de puntas, lo calificaríamos equivocadamente como vareto. Sin embargo, el vareto no tiene roseta. Veamos la foto 7 y detengámonos sobre todo en el número 2.


Si además atendemos a la errónea definición inicial, el número 1 de esta foto, será clasificado con poco acierto como un horquillón, por tener 4 puntas, pero ojo, aquí dos puntas corresponden a las luchaderas.

 

Cuernas de diferentes edades de los ciervos.
Diferentes edades de los ciervosTrofeo Caza






La luchadera


 Ya tenemos otro matiz diferenciador, la luchadera, y es que un ciervo cuando la tiene, se le considera siempre como venado. Además, nos lo ratifica el hecho de que también tiene roseta.


 Observemos el número 3 de esta misma foto y estaremos ante otro caso de posible discusión: una vareta con horquilla y sin luchadera. A simple vista puede parecer un horquillón, pero no lo es por tener roseta, luego, ya es un venado.

 Por tanto, en esta foto 7 lo que aparecen son tres venados distintos, con características similares a las de los varetos y horquillones, pero con matices diferenciadores, de los ya comentados.

En la foto 8, aparecen tres manojos de cuernas, el primero corresponde a buenos varetos, fijémonos en su longitud y en el perlado de las mismas. 

El segundo, son de los que deben ser eliminados en la caza selectiva, por tener poca longitud y además porque su perlado es prácticamente inexistente.

Entre estos dos grupos de varetos, en los del nº 2, no hay duda alguna, ya que no hay ningún indicio de roseta, pero podría pensarse equivocadamente que ese intenso perlado fuese una roseta. Nunca debe ser considerada como tal, ya que la roseta tiene otra forma característica y bien distinta.

El nº 3 corresponde al mejor grupo, los horquillones, podemos apreciar en ellos buena longitud de sus varas y buen perlado. Por eso, considerar al horquillón como selectivo, es otro error imperdonable.

La foto 9 nos muestra otra situación de las ya calificadas como polémicas. En el nº 1 de esta novena foto, aparece un venado que aun pudiendo ser confundido con un vareto por no tener puntas, es en realidad un venado,ya que tiene roseta.

El nº 2 con el cráneo completo, es un horquillón porque se le aprecia la horquilla con la ausencia de luchaderas y rosetas.

El nº 3 de esta misma foto, es un venado porque a pesar de tener la vareta y una punta, ésta es la luchadera.

 

La edad y la forma del acuerna del ciervo.
Cuernas de diferentes edades.                               Trofeo Caza

La foto 10 nos muestra y podemos observar otras tres cuernas que también pueden ser susceptibles de confusión, pero aquí creo que cualquiera, sabiendo lo antes expuesto, puede diferenciarlas fácilmente:

 

1.- Horquillón, porque tiene horquilla y carece de roseta y luchadera.

2.- Venado con horquilla solamente, y a pesar de no tener luchadera tiene roseta, luego es venado.

3.- Venado con luchadera y roseta, con toda seguridad, éste ya no ofrece ninguna dificultad para reconocerlo.

 

Vareto, horquillón o venado
1.- Vareto, 2.- Horquillón y 3.- Venado.                                                        Trofeo Caza

Ahora ya la foto 9, es para que el lector pueda apreciar por separado, las características distintivas de unos y otros:

El número 1 presenta las cualidades propias del vareto.

La numerada con el 2, refleja evidentemente las peculiaridades del horquillón y con el nº 3, las características del venado, que, en este caso, se ve más claro todavía por tener además un candil.

Y por si aún persistiese alguna dificultad, otro matiz diferenciador es el que nos aporta la dentición.

Sabemos que los ciervos suelen cambiar la dentición de "leche" por la definitiva, entre los 27 y 30 meses de edad, por tanto, un animal que ya tenga la dentición definitiva está viviendo, por lo menos el periodo que se corresponde con su tercer año de vida.

 

        

Argumentación legal

             De la ley se han hecho interpretaciones simplistas que podrían resumirse de la siguiente forma:

             "Lo que está prohibido cazar son ciervos con cuatro puntas o menos".

             El enunciar esto así, es tan erróneo como decir que en el venado cada punta es un año de vida.

             Y es que el número de puntas de una cuerna nunca es indicativo de la edad del animal.

             El vareto, estaquero o huserón es nombrado en la ley diferenciándolo del horquillón.

En Andalucía, en el BOJA nº 45, Orden de 25 de junio de 1991, aparece regulada esta circunstancia de la siguiente forma:

El art. 16 sobre la protección a las especies de caza mayor y en su aptdo. 1 “Prohíbe, con carácter general, la caza de: b) Crías de ciervo (gabato, vareto y horquillón) y aclara: “Se entenderá por horquillón la cría de ciervo cuya cuerna tenga bifurcada en su extremo superior al menos una de las varas, careciendo de luchaderas y rosetas.”

Al especificar que careciendo de luchaderas y rosetas, esto implica que aquellos ciervos que sí dispongan de luchaderas o rosetas, ya no estarán vedados, por lo tanto, pueden ser ya cazados por considerárseles como venados.

 

Conclusión final


 Vareto. - Es la cría del ciervo que tiene dos varas, sin luchaderas ni roseta.


Horquillón. - Es la cría del ciervo que tiene, al menos, una horquilla en la parte superior de una de sus varas y carece de luchaderas y roseta.


Venado. - Cualquier ciervo que en su cuerna tenga o luchaderas o roseta.

                                              

          ¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

Manuel Moreno 

Andújar y marzo 1994.

Fotos: Fotoprinter.

Publicado en TROFEO nº 313 junio 1996

                                                 Mayo - 23         

 

TRIACA, BEZOAR Y VIBORERA

Triaca, bezoar y viborera 


Triaca
Triaca

 

La actividad de la caza se desarrolla siempre en las zonas rurales, teniendo que desplazarse los cazadores por sus montes, sierras o campiñas que, a menudo, son morada de animales venenosos como arañas, alacranes o víboras. 


De ahí, que el riesgo de sufrir las picaduras de estos animales sea relativamente frecuente. Este riesgo ha acompañado a cazadores y no cazadores de todos los tiempos, por eso, los remedios empleados para mitigar la acción de los venenos tiene también una larga trayectoria histórica. 

Sus orígenes, fórmulas, elaboración y maneras de aplicarlos tienen muy diversas concreciones. Los más actuales responden a procedimientos puramente científicos, pero eso no siempre ha sido así y la ignorancia junto a la gran necesidad de tener que hacer “algo y pronto”, encontró fácil aliado en la superchería, el curanderismo o incluso en la magia. Aquí hablaremos de algunos de esos métodos, empleados en la lucha contra el veneno: 

 


Triaca 

Quizás uno de los más antiguos sea la triaca que cuenta ya con una historia documentada y mantenida a lo largo de más de 22 siglos, cuyo origen se remontaría, según Plinio, a la época de Antíoco III El Grande (rey de Siria), en el S. II a. C. 

La triaca o teriaca, era una pócima elaborada con diversos productos vegetales, animales y minerales, entre ellos una alta proporción de opio, cuyos efectos eran notorios en el paciente y de ahí que cobrase muy pronto un prestigio duradero. 

Después, afamados médicos la modificarían intentando mejorar su composición. En los años 54 a 68 d.C., el médico de Nerón sustituyó la carne de lagarto por carne de víbora, por aquello de que “lo semejante cura a lo semejante” y así sería más efectiva contra el veneno de estos reptiles. Se la llamó “La Gran Triaca” o “El elixir de Mitrídates” 

Posteriormente sería el afamado médico griego, Galeno (130-201 d.C.) el que mejoraría su fórmula añadiendo nuevos ingredientes (hasta setenta) y modificando su proceso de elaboración que debería conservarse como mínimo 12 años antes de su utilización. Llegó a escribir dos tratados hablando del asunto. 

No se sabe si realmente era más efectiva en su uso, lo que sí se sabe, es que su empleo era más atractivo porque la hacía más escasa y exclusiva, lo que pronto la convertiría en un remedio elitista, cuyo uso estaba reservado a las clases más pudientes. 

Más tarde, para los árabes y el mundo islámico en general, la triaca era una panacea muy cara y de difícil acceso dada la complejidad de su elaboración y la diversidad de ingredientes de orígenes lejanos. 

La medicina árabe, ya en el s. XIII era más avanzada que la europea y, también trató el tema en numerosos documentos, entre ellos un manuscrito en árabe “Tratado sobre la Triaca” en el que añadió el uso de hasta seis hierbas para mejorarla. 

En los s. XII y XIII la triaca había ganado mucho prestigio y fueron varias las disputas y debates que había generado su uso. Arnau de Vilanova (1240-1311) y Bernard de Gordó (1270-1330) se manifestaron muy contrarios en sus respectivos tratados a lo expresado con respecto al tema por Averroes seguidor de Avicena (980-1037). Incluso llegaron a argumentar que la triaca no se podía consumir si se gozaba de buena salud, ya que los efectos posteriores podrían ser muy nefastos. 

Pero la triaca siguió consumiéndose igualmente durante muchos más años para mitigar muy diversas dolencias. 

Durante el Renacimiento se la consideró como una gran medicina que podía curarlo todo y era recetada por igual a reyes y a plebeyos, siempre que pudieran costeársela.  


Triaqueros buscando víboras
Triaqueros



Existieron los “triaqueros” que eran cazadores, que auxiliados con perros y pinzas de madera recogían víboras para venderlas a los boticarios y suministrarles la materia prima para elaborar la triaca. 

Se convirtió en un antídoto imprescindible para todo hombre que saliese al campo. Y era elemento que nunca podía faltar en el morral de cualquier cazador, que también la empleaba para todo tipo de dolencias. 



Después de más de 22 siglos, finalmente en España, el Colegio de Farmacéuticos de Madrid decidió en 1920 dejar de preparar el medicamento. 

 


Bezoar 

Se reconoce con el nombre de “piedra bezoar, betzar o betzoar”, a una acumulación de sustancias solidificadas (a modo de perlas preciosas de las ostras), que no pudieron digerirse en el estómago de algunos animales como corzos, cabras, rebecos… e incluso en el de algunos humanos. A estas piedras o cálculos, la superchería les atribuyó cualidades de antídoto contra el veneno de víboras, alacranes, arañas… 

La “gema bezoar” como también se le llama a la “piedra bezoar”, para emplearla como antídoto era necesario triturarla hasta reducirla a polvo y después diluirla con vino, brebaje que se le daba a beber a la persona que había sido mordida por el reptil. 


Piedra bezoar
Betzoar




En otras ocasiones, la piedra se engarzaba como una piedra preciosa, portándola algunos cazadores colgada del cuello como un amuleto o talismán. También, así engarzada, se introducía en agua y se daba al paciente a beber de esta agua como remedio. Por eso, para algunos cazadores encontrar una piedra bezoar en el estómago de una pieza abatida, constituía un trofeo mayor y más especial. 


Existían también bezoares de pelo, llamados “tricobezoares”, ya que la queratina no se puede digerir y eran empleados como antídoto, en caso de envenenamiento con arsénico. 

El empleo de las piedras bezoares está referido en muchos escritos como el de José Acosta S.J.  que data del s. XVI haciendo referencia a su uso en los territorios americanos recién descubiertos: 

 “El efecto principal de la piedra bezoar es contra los venenos y las enfermedades venenosas… se aplica molida y echada en algún licor que sea a propósito del mal que se cura. Unos la toman en vino, otros en vinagre, en agua de azahar, de lengua de buey, de borraja y de otras maneras… No tiene sabor alguno…”  

COSTA, J. de.: “Historia Natural y Moral de las Indias”. Sevilla 1590 


Viborera o lengua de buey
Viboreras


Viborera 

La “lengua de buey” o también “lengua de vaca” porque la aspereza de sus tallos broncos, gruesos y pegajosos la recuerdan, es otro antídoto obtenido con un cocimiento de una planta del mismo nombre. Científicamente se la reconoce por Echium vulgare. En algunas zonas andaluzas, los cazadores la llaman “viborera” porque la distribución de sus tallos y flores recuerdan a la víbora y es una planta bianual. 

Con esta planta también se podían elaborar cataplasmas que eran aplicadas sobre la zona de la picadura. 

 

 


Piedra viborera 

La “piedra viborera” en realidad no era una piedra, sino un trozo de hueso de vaca o de búfalo o también una roseta de una cuerna de venado que se había deshidratado al máximo.  

Estos objetos deberían pasar por un largo y complejo proceso de elaboración que lo que pretendía es quitarle toda la humedad que tuviesen y dejarlos lo más porosos posible para que aumentara su grado de absorbencia. 

Primero hay que señalar que, en su época y contexto, (hasta el s. XIX), la piedra viborera podría ser una cosa creíble y útil, porque siempre “algo es mejor que nada" y el efecto placebo sería real.  

Actualmente, es una creencia obsoleta y desbancada por la ciencia. Pero como forma parte del acervo cultural y tradicional de algunas zonas cinegéticas nos ha parecido curiosísimo su relato.  

También llamadas “piedras de serpiente”, “piedras negras” o “piedra milagrosa de Ordovés” 

La tal “piedra”, la portaban los guardas del parque de Doñana y cazadores en general, para aplicarla como remedio en las zonas de mordedura de víboras y otros animales venenosos. 

“… la víbora es numerosa en Doñana, y raros son los aborígenes de ella que no han sufrido su picadura, la cual combaten eficazmente con la arcaica “piedra viborera”, la cual consideré casi mítica hasta que comprobé que todos los viejos guardas del coto la poseían…” 

“… La piedra se tiene una cuarentena en vinagre de yema, después una luna y media de otra en tierra virgen (la blanca, la que está pegando a los manantiales de agua). Se saca de la tierra y se tiene otra cuarentena en el mismo vinagre de yema. Se saca y se hierve en un litro de leche hasta que toda la leche se consuma en un cacharro de barro nuevo. Ese es su aliño." 

FERNÁNDEZ, J.A.:“Doñana” Ed. Olivo. 1974.  

Y más curiosidad nos produjo el comprobar como en 1855, en un libro de caza ensalzaban sus cualidades, ampliaban el campo de aplicaciones y al final la regalaban a sus suscriptores. 

“… Las propiedades de la PIEDRA VIVORERA son extensivas a toda clase de animales, así que pueda aplicarse a los perros, caballos etc., con sola la precaución de afeitar antes el sitio que ha de ocupar la piedra para que se adhiera perfectamente y absorba el veneno.” 

UNA SOCIEDAD DE CAZADORES.:“Arte de cazar la perdiz con reclamo macho y hembra”.Fco. Álvarez y Cía. Sevilla 1855. Pág. 244. 

 

 

Sacra saxa

 


Piedra sacra 

Las piedras sagradas o “sacras, peñas sacras o sacra saxa” eran otro tipo de elementos muy presentes a lo largo de toda nuestra piel de toro y que eran utilizados para la sanación de personas afectadas por las picaduras de animales ponzoñosos, que, al mismo tiempo, estaban asociadas a diferentes ritos y necesidades humanas: 

Fecundidad, sanación, vida, adivinación, magia… usando diversos ritos propiciatorios como echar piedras a la lumbre para después leerlas, leer los huesos de las piezas cazadas... Ritos todos ellos, lógicamente relacionados con el curanderismo y la superstición. 

En el caso de la picadura del alacrán tenía los suyos propios como encantamientos, rituales, ensalmos, hechizos o pócimas. Se aplicaron estos métodos para curar o aliviar los efectos dolorosos y nocivos de la picadura de este arácnido. 

Y también quedan muestras de ello, en forma de refranes alusivos a estos hechos, como: 

“Si te pica un alacrán, no comerás más pan” 

“Si te muerde el escorpión, traigan la pala y el azadón” 

“Si te pica el alacrán, llama al cura y al sacristán " 

"Si te pica el alacrán, las campanas sonarán” 

Otros remedios empleados por la cultura popular eran emplastos y cataplasmas, elaborados a base de diferentes vegetales como la ruda, romero, mejorana, ajo… e incluso parte machacada del animal que provocó la picadura. 

Desde siempre los cazadores, los guardas junto a los agricultores y ganaderos fueron y son los grupos de personas que más tiempo suelen pasar en contacto directo con la naturaleza, de ahí que la mayor parte de incidentes de picaduras de animales venenosos, los hayan sufrido personas de estos grupos.  

Y, por otra parte, como ante una necesidad acuciante el ser humano siempre busca una solución práctica, si no la encuentra se la inventa, que era lo que hacía el hombre primitivo, atribuyendo supersticiones a todo lo que ignoraba. 

 


 ¡Caza disfrutando, disfruta cazando!              

Manuel Moreno

Octubre - 23 


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