Triaca, bezoar y viborera
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| Triaca |
La actividad de la caza se desarrolla siempre en las zonas rurales, teniendo que desplazarse los cazadores por sus montes, sierras o campiñas que, a menudo, son morada de animales venenosos como arañas, alacranes o víboras.
De ahí, que el riesgo de sufrir las picaduras de estos animales sea relativamente frecuente. Este riesgo ha acompañado a cazadores y no cazadores de todos los tiempos, por eso, los remedios empleados para mitigar la acción de los venenos tiene también una larga trayectoria histórica.
Sus orígenes, fórmulas, elaboración y
maneras de aplicarlos tienen muy diversas concreciones. Los más actuales
responden a procedimientos puramente científicos, pero eso no siempre ha sido
así y la ignorancia junto a la gran necesidad de tener que hacer “algo y
pronto”, encontró fácil aliado en la superchería, el curanderismo o incluso
en la magia. Aquí hablaremos de algunos de esos métodos, empleados en la lucha
contra el veneno:
Triaca
Quizás
uno de los más antiguos sea la triaca que cuenta ya con una historia
documentada y mantenida a lo largo de más de 22 siglos, cuyo origen se
remontaría, según Plinio, a la época de Antíoco III El Grande (rey de Siria),
en el S. II a. C.
La
triaca o teriaca, era una pócima elaborada con diversos productos
vegetales, animales y minerales, entre ellos una alta proporción de opio, cuyos
efectos eran notorios en el paciente y de ahí que cobrase muy pronto un
prestigio duradero.
Después,
afamados médicos la modificarían intentando mejorar su composición. En los años
54 a 68 d.C., el médico de Nerón sustituyó la carne de lagarto por carne de
víbora, por aquello de que “lo semejante cura a lo semejante” y así
sería más efectiva contra el veneno de estos reptiles. Se la llamó “La
Gran Triaca” o “El elixir de Mitrídates”
Posteriormente
sería el afamado médico griego, Galeno (130-201 d.C.) el que mejoraría su
fórmula añadiendo nuevos ingredientes (hasta setenta) y modificando su proceso
de elaboración que debería conservarse como mínimo 12 años antes de su
utilización. Llegó a escribir dos tratados hablando del asunto.
No
se sabe si realmente era más efectiva en su uso, lo que sí se sabe, es que su
empleo era más atractivo porque la hacía más escasa y exclusiva, lo que pronto
la convertiría en un remedio elitista, cuyo uso estaba reservado a las clases
más pudientes.
Más
tarde, para los árabes y el mundo islámico en general, la triaca era una
panacea muy cara y de difícil acceso dada la complejidad de su elaboración y la
diversidad de ingredientes de orígenes lejanos.
La
medicina árabe, ya en el s. XIII era más avanzada que la europea y, también
trató el tema en numerosos documentos, entre ellos un manuscrito en árabe “Tratado
sobre la Triaca” en el que añadió el uso de hasta seis hierbas para mejorarla.
En
los s. XII y XIII la triaca había ganado mucho prestigio y fueron varias las
disputas y debates que había generado su uso. Arnau de Vilanova (1240-1311) y
Bernard de Gordó (1270-1330) se manifestaron muy contrarios en sus respectivos
tratados a lo expresado con respecto al tema por Averroes seguidor de Avicena
(980-1037). Incluso llegaron a argumentar que la triaca no se podía consumir si
se gozaba de buena salud, ya que los efectos posteriores podrían ser muy
nefastos.
Pero
la triaca siguió consumiéndose igualmente durante muchos más años para mitigar
muy diversas dolencias.
Durante
el Renacimiento se la consideró como una gran medicina que podía curarlo todo y
era recetada por igual a reyes y a plebeyos, siempre que pudieran
costeársela.
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| Triaqueros |
Existieron los “triaqueros” que eran cazadores, que auxiliados con perros y pinzas de madera recogían víboras para venderlas a los boticarios y suministrarles la materia prima para elaborar la triaca.
Se
convirtió en un antídoto imprescindible para todo hombre que saliese al campo.
Y era elemento que nunca podía faltar en el morral de cualquier cazador, que
también la empleaba para todo tipo de dolencias.
Después
de más de 22 siglos, finalmente en España, el Colegio de Farmacéuticos de
Madrid decidió en 1920 dejar de preparar el medicamento.
Bezoar
Se
reconoce con el nombre de “piedra bezoar, betzar o betzoar”, a una
acumulación de sustancias solidificadas (a modo de perlas preciosas de las
ostras), que no pudieron digerirse en el estómago de algunos animales como
corzos, cabras, rebecos… e incluso en el de algunos humanos. A estas piedras o
cálculos, la superchería les atribuyó cualidades de antídoto contra el veneno
de víboras, alacranes, arañas…
La
“gema bezoar” como también se le llama a la “piedra bezoar”, para
emplearla como antídoto era necesario triturarla hasta reducirla a polvo y
después diluirla con vino, brebaje que se le daba a beber a la persona que
había sido mordida por el reptil.
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| Betzoar |
En
otras ocasiones, la piedra se engarzaba como una piedra preciosa, portándola
algunos cazadores colgada del cuello como un amuleto o talismán. También, así
engarzada, se introducía en agua y se daba al paciente a beber de esta agua
como remedio. Por eso, para algunos cazadores encontrar una piedra bezoar en el
estómago de una pieza abatida, constituía un trofeo mayor y más especial.
Existían
también bezoares de pelo, llamados “tricobezoares”, ya que la queratina
no se puede digerir y eran empleados como antídoto, en caso de envenenamiento
con arsénico.
El
empleo de las piedras bezoares está referido en muchos escritos como el de José
Acosta S.J. que data del s. XVI haciendo referencia a su uso en los
territorios americanos recién descubiertos:
“El efecto principal de
la piedra bezoar es contra los venenos y las enfermedades venenosas… se aplica
molida y echada en algún licor que sea a propósito del mal que se cura. Unos la
toman en vino, otros en vinagre, en agua de azahar, de lengua de buey, de
borraja y de otras maneras… No tiene sabor alguno…”
COSTA, J. de.: “Historia Natural y Moral
de las Indias”. Sevilla 1590
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| Viboreras |
Viborera
La
“lengua de buey” o también “lengua de vaca” porque la aspereza de
sus tallos broncos, gruesos y pegajosos la recuerdan, es otro antídoto obtenido
con un cocimiento de una planta del mismo nombre. Científicamente se la
reconoce por Echium vulgare. En algunas zonas andaluzas, los cazadores
la llaman “viborera” porque la distribución de sus tallos y flores
recuerdan a la víbora y es una planta bianual.
Con
esta planta también se podían elaborar cataplasmas que eran aplicadas sobre la
zona de la picadura.
Piedra viborera
La
“piedra viborera” en realidad no era una piedra, sino un trozo de hueso
de vaca o de búfalo o también una roseta de una cuerna de venado que se había
deshidratado al máximo.
Estos
objetos deberían pasar por un largo y complejo proceso de elaboración que lo
que pretendía es quitarle toda la humedad que tuviesen y dejarlos lo más
porosos posible para que aumentara su grado de absorbencia.
Primero
hay que señalar que, en su época y contexto, (hasta el s. XIX), la piedra
viborera podría ser una cosa creíble y útil, porque siempre “algo es mejor
que nada" y el efecto placebo sería real.
Actualmente,
es una creencia obsoleta y desbancada por la ciencia. Pero como forma parte del
acervo cultural y tradicional de algunas zonas cinegéticas nos ha parecido
curiosísimo su relato.
También
llamadas “piedras de serpiente”, “piedras negras” o “piedra
milagrosa de Ordovés”
La
tal “piedra”, la portaban los guardas del parque de Doñana y cazadores
en general, para aplicarla como remedio en las zonas de mordedura de víboras y
otros animales venenosos.
“… la
víbora es numerosa en Doñana, y raros son los aborígenes de ella que no han
sufrido su picadura, la cual combaten eficazmente con la arcaica “piedra
viborera”, la cual consideré casi mítica hasta que comprobé que todos los
viejos guardas del coto la poseían…”
“… La piedra se tiene una
cuarentena en vinagre de yema, después una luna y media de otra en tierra
virgen (la blanca, la que está pegando a los manantiales de agua). Se saca de
la tierra y se tiene otra cuarentena en el mismo vinagre de yema. Se saca y se
hierve en un litro de leche hasta que toda la leche se consuma en un cacharro de
barro nuevo. Ese es su aliño."
FERNÁNDEZ, J.A.: “Doñana” Ed. Olivo.
1974.
Y
más curiosidad nos produjo el comprobar como en 1855, en un libro de caza
ensalzaban sus cualidades, ampliaban el campo de aplicaciones y al final la
regalaban a sus suscriptores.
“… Las
propiedades de la PIEDRA VIVORERA son extensivas a toda clase de
animales, así que pueda aplicarse a los perros, caballos etc., con sola la
precaución de afeitar antes el sitio que ha de ocupar la piedra para que se
adhiera perfectamente y absorba el veneno.”
UNA SOCIEDAD DE
CAZADORES.: “Arte de cazar la perdiz con reclamo macho y hembra”. Fco. Álvarez y Cía. Sevilla
1855. Pág. 244.
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| Sacra saxa |
Piedra sacra
Las
piedras sagradas o “sacras, peñas sacras o sacra saxa” eran otro
tipo de elementos muy presentes a lo largo de toda nuestra piel de toro y que
eran utilizados para la sanación de personas afectadas por las picaduras de
animales ponzoñosos, que, al mismo tiempo, estaban asociadas a diferentes ritos
y necesidades humanas:
Fecundidad,
sanación, vida, adivinación, magia… usando diversos ritos propiciatorios como
echar piedras a la lumbre para después leerlas, leer los huesos de las piezas
cazadas... Ritos todos ellos, lógicamente relacionados con el curanderismo y la
superstición.
En
el caso de la picadura del alacrán tenía los suyos propios como encantamientos,
rituales, ensalmos, hechizos o pócimas. Se aplicaron estos métodos para curar o
aliviar los efectos dolorosos y nocivos de la picadura de este arácnido.
Y
también quedan muestras de ello, en forma de refranes alusivos a estos hechos,
como:
“Si te pica un alacrán,
no comerás más pan”
“Si te muerde el
escorpión, traigan la pala y el azadón”
“Si te pica el alacrán,
llama al cura y al sacristán "
"Si te pica el
alacrán, las campanas sonarán”
Otros
remedios empleados por la cultura popular eran emplastos y cataplasmas,
elaborados a base de diferentes vegetales como la ruda, romero, mejorana, ajo…
e incluso parte machacada del animal que provocó la picadura.
Desde
siempre los cazadores, los guardas junto a los agricultores y ganaderos fueron
y son los grupos de personas que más tiempo suelen pasar en contacto directo
con la naturaleza, de ahí que la mayor parte de incidentes de picaduras de
animales venenosos, los hayan sufrido personas de estos grupos.
Y,
por otra parte, como ante una necesidad acuciante el ser humano siempre busca
una solución práctica, si no la encuentra se la inventa, que era lo que hacía
el hombre primitivo, atribuyendo supersticiones a todo lo que ignoraba.
¡Caza disfrutando, disfruta cazando!
Manuel Moreno
Octubre - 23




