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VAQUEO y SALTEO

  Biblioteca Nacional de España VAQUEO Modalidad de caza mayor, consistente en esperar a las reses que vienen de vuelta a su encame diurno d...

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20250301

MERIÑAQUE

 MERIÑAQUE

El meriñaque o miriñaque es una estructura de aros de mimbre cubiertos por una red similar al miriñaque que empleaban las mujeres del s. XIX debajo de la falda para que ésta quedara más ahuecada, mejor acomodada con más volumen y en forma de campana. Este artilugio montado con una red fina cosida a los bordes del aro de mayor tamaño se empleaba para capturar perdices vivas y otras aves mientras dormían, especialmente las noches de luna llena de otoño.

A veces, esta red en forma de bolsa se montaba sobre un solo aro de alambre que se le lanzaba a los animales tanto si dormían en el suelo como si estaban posados sobre una rama de un árbol. La utilizaban para cazar por las noches con la luz artificial. Hoy, y desde hace mucho tiempo, esta técnica se encuentra totalmente prohibida por ley.

Era frecuente emplear este artilugio las noches de lluvia y frío en las que los animales se protegían más y acompañándose con cencerrillas de las que empleaban los animales domésticos que pastaban en la zona para confiar a los animales montesinos y que no huyeran al oír acercarse los pasos de los cazadores. Se acompañaban también las personas que empleaban este sistema de una linterna que antaño podía ser de carburo e incluso anteriormente se empleó otra de aceite llamada “calderuela”.

Aunque esta técnica se podía practicar de forma individual, lo más frecuente es que fueran de dos en dos, muy sigilosamente y sin hablar, ya que así, uno alumbraba y el otro tiraba el aro y recogía las perdices apresadas, que después debía guardar en una jaula o un saco.

Normalmente tenían vistos los sitios desde antes y sabían por los excrementos que dejaban las perdices los lugares exactos donde las iban a encontrar.

Había ocasiones en las que a los más jóvenes e incautos les decían que iban a “cazar gamusinos”, mostrándoles todo el equipo de artilugios. Los “gamusinos” eran animales imaginarios que le hacían creer que existían y servían para gastar estas novatadas. Después los dejaban perdidos en el campo con un saco al que le habían echado unas pocas piedras, y que los ingenuos debían transportar hasta la casa, haciéndoles creer que allí se encontraba lo que habían cazado para después burlarse y reírse de su candidez.


¡Caza disfrutando, disfruta cazando!             

                                                                              Manuel Moreno 

                                                                                                                        Marzo - 25

20240901

MANUSCRITOS DE CAZA X - TRATADO DE LA CAZA DEL VUELO

 MANUSCRITOS DE CAZA X 

Portada del libro             BNE


Tratado de la Caza al Vuelo 

Este libro se escribió en el 1654 por D Fernando Tamariz de la Escalera y fue publicado en Madrid por Diego Díaz con el título de 

“Tratado de la Caza del Buelo” 
 

En aquella época, el arma que se utilizaba era el arcabuz, que para la caza del vuelo debería ser de: “cinco palmos de cañón, dos dedos más o menos y de once a doce adarmes de cabida de munición” para manejarlo con más facilidad y porque así la mira está más cerca del punto. Si es menor de estas medidas se designa “chizgate” y si era de mayor tamaño se llamaba “mosquete” 

Explica detalladamente y, fijándose en todos los pormenores, como se ha de realizar la carga del arcabuz para evitar que se desiguale la puntería. 

Hace una curiosa advertencia, que tiene toda la lógica, y es que el arcabuz no debe estar demasiado tiempo cargado para evitar reventones del cañón, ya que:  

“Y advierto que cuando sucede estar un arcabuz cargado mucho tiempo no es seguro el dispararle por la unión que allí ha hecho la pólvora con el cañón por ser la calidad de el hierro húmeda, y el salitre también lo es, con que se une allí en la cámara por la razón de la consistencia, y va arriesgado á reventar ó á dar una coz, con que no se consigue la perfecta puntería; y así, es mejor sacar la carga con el sacatrapos, y más seguro.” 

Cuando dice “coz” se refiere al retroceso del arma en el momento del disparo. 

En cuanto a la cantidad de pólvora aconsejada para cargar el arcabuz, señala la conveniencia de quedarse siempre más bien corto y dice: 

“Y en cuanto á la carga de pólvora, digo: que siempre se ha de echar una cuarta parte de los adarmes que el arcabuz hace, como al de doce adarmes de cabida le toca tres de pólvora…” 

Y en cuanto a la munición, deshaciendo un antiguo entuerto, también nos señala la cantidad más aconsejada:  

“Y en cuanto al cargar de munición, digo: que el refrán antiguo de pólvora poca y munición hasta la boca» es falso, porque se ha de echar munición poca…” 

También hace un extenso relato de las advertencias y precauciones que ha de tomar el cazador para evitar accidentes con el arma. 

Ya en el Capítulo V ataca el tema de cómo el cazador debe cazar con el perro perdiguero y buscar las perdices. Se debe cazar en silencio, siguiendo al perro y sin matear, para irse tras las menos perdices, cargando sobre las más, y yendo muy despacio, pues suelen dar por lo menos 3 voladas hasta que se empiezan a aguantar. 

No sólo hace hincapié en la seguridad personal del cazador sino también en la que éste debe ofrecer a sus compañeros para evitar desafortunados accidentes. 

Señala que en el desarrollo de las perdices hay tres tiempos en el año: 

·        Polluelos (de julio a octubre) 

·        Pollos (de octubre a febrero)   

·        Adultos (después de febrero) 

Detalla las costumbres de las perdices en cada época del año y dónde buscarlas para darles caza. 

Después hace referencia a los tipos de vuelo que tiene la perdiz y como se resumen a cuatro para poderlos tirar bien: 

-Al hilo o en arpón, sirgada, atravesada y repullada. 

Cuando dice sirgada, se supone que quiere decir sesgada, que no es ni atravesada ni al hilo. 

Hace referencia a un tipo de tiro que se hace con la perdiz y que, según él, otorga al cazador que lo hace bien el rango de “maestro” y es el que se hace desde arriba con la perdiz volando hacia abajo. 

Para ser un perfecto tirador ha de ostentar las siguientes reglas: 

·        Conocimiento. 

·        Reportación y 

·        Prontitud. 

Señala como sólo el cazador experto y consumado realiza los tiros llamados a tenazón con la eficiencia deseada. 

Para consultar el libro en su primera publicación puedes hacer clip en el siguiente enlace:


Tratado de la Caza al Vuelo de Fernando Tamariz de Escalera


Para terminar este tratado de la caza del vuelo el autor añade un apéndice a cerca de las propiedades del perro perdiguero y en qué aspectos hemos de fijarnos a la hora de escoger los cachorros. Y lo conveniente que es que los perros de caza estén muy “manoseados” por su dueño. 

Ya en el s. XVII se aconsejaba dejar al cachorro en muestra todo el tiempo que él fuese capaz de aguantarla. 

 

   ¡Caza disfrutando, disfruta cazando! 

Manuel Moreno  

Septiembre - 24 

 

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