MERIÑAQUE
El meriñaque o miriñaque es una
estructura de aros de mimbre cubiertos por una red similar al miriñaque que
empleaban las mujeres del s. XIX debajo de la falda para que ésta quedara más ahuecada,
mejor acomodada con más volumen y en forma de campana. Este artilugio montado
con una red fina cosida a los bordes del aro de mayor tamaño se empleaba para
capturar perdices vivas y otras aves mientras dormían, especialmente las noches de luna llena de otoño.
A veces, esta red en forma de bolsa se montaba sobre un solo
aro de alambre que se le lanzaba a los animales tanto si dormían en el suelo
como si estaban posados sobre una rama de un árbol. La utilizaban para cazar
por las noches con la luz artificial. Hoy, y desde hace mucho tiempo, esta
técnica se encuentra totalmente prohibida por ley.
Era frecuente emplear este artilugio las noches de lluvia y
frío en las que los animales se protegían más y acompañándose con cencerrillas
de las que empleaban los animales domésticos que pastaban en la zona para confiar
a los animales montesinos y que no huyeran al oír acercarse los pasos de los
cazadores. Se acompañaban también las personas que empleaban este sistema de
una linterna que antaño podía ser de carburo e incluso anteriormente se empleó
otra de aceite llamada “calderuela”.
Aunque esta técnica se podía practicar de forma individual,
lo más frecuente es que fueran de dos en dos, muy sigilosamente y sin hablar,
ya que así, uno alumbraba y el otro tiraba el aro y recogía las perdices
apresadas, que después debía guardar en una jaula o un saco.
Normalmente tenían vistos los sitios desde antes y sabían
por los excrementos que dejaban las perdices los lugares exactos donde las iban
a encontrar.
Había ocasiones en las que a los más jóvenes e incautos les
decían que iban a “cazar gamusinos”, mostrándoles
todo el equipo de artilugios. Los “gamusinos”
eran animales imaginarios que le hacían creer que existían y servían para
gastar estas novatadas. Después los dejaban perdidos en el campo con un saco al
que le habían echado unas pocas piedras, y que los ingenuos debían transportar
hasta la casa, haciéndoles creer que allí se encontraba lo que habían cazado
para después burlarse y reírse de su candidez.
¡Caza disfrutando, disfruta cazando!
Manuel Moreno
Marzo - 25
