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  Biblioteca Nacional de España VAQUEO Modalidad de caza mayor, consistente en esperar a las reses que vienen de vuelta a su encame diurno d...

20230701

TRADICIONALES ZONAS MONTERAS

TRADICIONALES ZONAS MONTERAS

 

Situación de las tradicionales zonas monteras.
Tradicionales Zonas Monteras

                  1.- Tradicionales Zonas Monteras.

 

          Las tradicionales zonas monteras españolas han estado enclavadas desde muy antiguo en Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura. Nos estamos refiriendo a la franja de terreno, delimitada por el margen izquierdo del Tajo y las estribaciones meridionales de Sierra Morena. Ocupan parte del territorio de 5 provincias principalmente: Cáceres, Toledo, Ciudad Real, Jaén y Córdoba.

          Los montes y sierras en las que se ubican van desde los Montes de Toledo a la Sierra de S. Pedro por el norte, fijándose sus límites en el sur, desde el centro hasta el occidente de Sierra Morena.

          Hoy, otros muchos montes españoles, se ven beneficiados por la explotación de este secular sistema de caza, que es la montería.

          En términos generales se puede afirmar con total seguridad, que en la actualidad, las fincas monteras españolas están en auge, no sólo por su manifiesta proliferación, sino por la cantidad y calidad de trofeos que ofrecen.

          Ahora se crían cérvidos en casi la totalidad del territorio nacional.

          En Galicia, llevan ya algunas temporadas funcionando magníficamente algunos cotos, entre ellos, el coto de Xares.

          Los riojanos están criando venados desde hace tiempo, a altitudes muy por encima de lo habitual en las zonas tradicionales.

          Se están dando monterías en la zona de Teruel que, en cuanto a la calidad, colocan sus resultados entre los primeros de España.

          En la zona del Levante, el cuido y la buena gestión, producen resultados de envidiable calidad en fincas como El Tochar.

          En Albacete, la finca del Palomar se enorgullece de criar venados de calidad superior, figurando entre sus productos el actual récord de España.

          Gamos y muflones de excelente calidad, se cazan en la malagueña finca de las Navas, aunque el actual récord de España de muflón se cazó en la finca manchega de Los Claros.

          En la temporada actual se ha batido el récord de España de gamo y poco después dos ejemplares le han vuelto a superar, quedando ahora en primer lugar, el cazado en la jerezana finca de la Alcaría.

          En este capítulo nos vamos a referir sólo a las cinco zonas tradicionales, que aunque no son las únicas, son las más antiguas y las de mayor producción en su conjunto. Nos referimos a Cáceres, Toledo, Andújar,  Fuencaliente y Hornachuelos.

          Cada una de ellas tiene un paisaje típico, formas peculiares y algo especial que le confiere su propia personalidad.

 

 

 

·      1.1.- Cáceres

          Esta zona ocupa terrenos de las comarcas de Trujillo, Cáceres capital, Malpartida, Aliseda, Arroyo de la Luz, Alburquerque, etc  Se extiende por la Sierras de Villuercas, Guadalupe, Montánchez, San Pedro, del Vidrio, del Colorado, de Santo Domingo, de Alcántara, de Santa Otalla y otras, ocupando prácticamente la totalidad de la provincia.

          Los embalses de Alcántara, Torrejón y Valdecañas recogen las aguas de gran parte de las fincas monteras de la zona.

          Su altitud está entre los 300 m. y los 1443 de pico de Cervales en la Sierra de la Palomera.

          Su paisaje es variado, alternando las manchas de monte y arbolado mediterráneo con zonas de castañares y robledales.

          Algunos pinares aparecen recortados entre ellos, ampliando la complejidad de su colorido.

          A las rehalas por estas tierras se les denominan "recovas" y es una zona donde se dan muchísimas monterías al cabo del año.

          Tras su reciente ley de caza, esta zona ha resultado ser la de más alto gravamen en concepto de impuestos y ello, a parte de la polémica, puede a la larga ir en detrimento de la caza en general y de la montería en particular.

          Son fincas de renombre en la zona la Barquera, Las Arenosas, Rontomé, Dehesa Mortera, Guadarranque, Zamores, Azagala, Mediacacha, Valero Las Marinas, Valdefuentes, Aceitunilla, El Hocino o Maroteras, El Machal, Tejarejo en Badajoz  y otras muchas más ya que el territorio es muy extenso.

 

 

·      1.2.- Toledo

          La parte más meridional de la provincia de Toledo y la parte norte de Ciudad Real, es donde se sitúan la mayoría de los cotos de caza mayor de esta zona. Enclavados en las Sierras de Madridejos,  del Comendador, de los Torneros, de los Yébenes, del Rebollarejo, de Tejoneras, de Majana, de Cigüiñuelas, de Sevilleja o de Altamira.

          La zona de Toledo es muy amplia y se distribuye en las comarcas de:

          Los Yébenes, Navalucillos, Sevilleja de la Jara y los de la provincia de Ciudad Real de Horcajo de los Montes y  Retuerta del Bullaque.

          Destaca principalmente su comarca de los Yébenes, compuesta por fincas como Torneros, Las Navas, Quintos de Mora, Robledillos,  Ballesteros, La Sierpe, El Gavilán, El Castañar, La Peralosa, San Martín, El Quinto del Moracho, Las Gameras, Tapuelas, Valdelagata, El Navajo, El Molinillo, Navalta etc...

          En la comarca de Navalucillos, se sitúan otras muchas fincas más, pero especialmente, la de Cigüiñuelas y sus alrededores merece la consideración de "mancha madre" en la crianza de reses de montería.

          Aquí, el monte es de los más apretados y espesos de todas las fincas monteras españolas.

          La vegetación es como en el resto de las zonas, el monte mediterráneo, pero en sus umbrías abundan los robles y en algunas zonas aparecen también los castaños juntos a los quejigos, encinas, jaras, aulagas, coscojas,  y alcornoques.

          Es una zona que posee un encanto especial, tanto por la variedad paisajística, como por la riqueza faunística.

          En estas fincas manchegas, son característicos los valles de pastizales y de siembra, denominados "rañas" y realizados en las partes bajas de las montañas, manteniendo el monte desde la falda hasta la cumbre.

          Otra particularidad de esta zona, en los últimos tiempos, es la proliferación de los discutidos "cercones" para los jabalíes, que en la actualidad atraviesan un periodo de teórica prohibición.

          Una cantidad importante de las monterías de la comarca de los Yébenes, no se venden al público en general, ya que sus propietarios las dedican como artículo de representación para cumplir con sus compromisos de negocios. Dan monterías pequeñitas, con reducido número de monteros y crean un ambiente de intimidad. Esta técnica de monterías pequeñitas se denomina "gancho".

          Al cazarlas con tan pocos puestos, utilizan menos rehalas que en las monterías comerciales.

La tradición montera de esta zona se remonta a los albores de la montería, dando lugar esta continuidad a lo largo de los siglos a que gran parte de sus montes se encuentren perfectamente conservados, motivando ello, el que, hayan sido declarados como parajes protegidos, e incluso, como Cabañeros que se ha declarado Parque Nacional. Pero continúan monteándose.

         

 

·      1.3.- Andújar

          La zona de Andújar aglutina las comarcas de Despeñaperros, Andújar, Marmolejo,  Cardeña-Montoro.

          Su añeja tradición montera, perdurada a través de los siglos, la fertilidad de sus montes y la belleza singular de sus manchas, le han conferido un carisma especial que la han convertido en la "Capitalidad de la Montería".

   

Cotos de caza del Parque Natural Sierra de Andújar.
Cotos de Caza de la Sierra de Andújar

     
El centro de su territorio, aparece coronado por el Santuario la Virgen de la Cabeza, que es la patrona de todos los monteros.

          Los ríos Jándula y Yeguas, (afluentes del Guadalquivir) e innumerables arroyos, la drenan de norte a sur.

          Su publiosidad media anual es escasa, situada en unos 750 mm.

          Esta zona acoge a fincas tan emblemáticas como Fontanarejo, Risquillo, Sardinas, Alarcones, Nava el Sach, La Virgen, Valdelagrana, Fuente del Villar, Las Tapias, El Tamujar, Navalasno, Montealegre, La Centenera, Aliseda, Cabezaparda, Escoriales, Cerrajeros, Gorgojil, Horcajuelo, además de los montes públicos de Lentisquillo o Valquemao y los cotos nacionales de Lugar Nuevo y Contadero y Selladores.

          Al margen derecho del Yeguas se asoman, el Yegüerizo, el Socor, Las Morenas, El Pilar, los Rasos, Españares o el Piruetanar, todas ellas ya en la zona de Cardeña-Montoro. Además de El Carnero, Nueva Merced, Navarrodrigo, ya próximas a Fuencaliente y otras muchísimas más, dignas del calificativo de fincas "reseras".

          El paisaje se dibuja sobre un relieve que va desde los 300 a los 1290 metros de Sierra Quintana con suelos silíceos, arcillosos, de pizarra o salpicados con algunas formaciones graníticas.

          Zona de gran variedad en la vegetación, dominando la mediterránea con encinares, quejigales, alcornocales y escasos robledales,  que le otorgan una gran belleza paisajística.  Alfombran sus agrestes parajes las jaras, madroñas, acebuches, coscojas, lentiscos, brezos, retamas, tamujos, arrayanes, majuelos, durillos, cantuesos, cornicabras, romeros, etc...

          Los recursos forestales de interés, son la explotación de alcornocales para la extracción del corcho, el aclareo de pinares y la recolección de piñas.

          Junto a la actividad cinegética conviven las explotaciones ganaderas de toros de lidia y la crianza de ganado porcino.

          La vegetación autóctona, contrasta con algunas zonas repobladas de pinares, pero predominan las manchas de monte mediterráneo, alternando con la riqueza de pastos de la dehesa.

          Sus características medioambientales y la adecuada gestión han dado lugar a ecosistemas de un alto valor ecológico, ya que en ellos, además, habitan valiosísimas joyas de la fauna como son el lince, la nutria, ginetas, garduñas, meloncillos, tejones, gatos monteses, el águila real, el buitre negro o el lobo.

          Es la zona de Andújar un territorio muy bien conservado, debido a que sus gentes han practicado a través de los tiempos, una actividad ganadera, forestal y cinegética que ha demostrado ser compatible con la conservación del ecosistema natural.

          Es por ello, que han sido declarados tres parques naturales: el de Cardeña-Montoro, el de Andújar y el de Despeñaperros, en los que continúa autorizada la montería.

          Son muy afamados en la zona, los típicos puestos de "balconcillo", que permiten saborear el lance, "dejando cumplir" a las reses en los tiraderos.

 

 

·      1.4.- Fuencaliente

Es una zona muy extensa, ya que abarca prácticamente la mitad sur de Ciudad Real, con montes de los municipios de Fuencaliente, Brazatortas, Cabezarrubias del Puerto, Mestanza, Solana del Pino, Viso del Marqués, el Valle de Alcudia, etc.

          Afamadas fincas como La Garganta, Montes Comunales de Fuencaliente, El Hoyo de Mestanza, Valle de San Juan, El Tamaral, Los Claros, Cereceda, Hato de Garro o el Cervigón entre otras, crían y ofrecen todos los años trofeos de excelente calidad.

          También la bellísima Valmayor, en la que cada puesto tiene su nombre propio con el que se le conoce desde tiempos atrás. Acuñados con términos que hacen referencia a la montería y a la sierra.

          Destaca aquí la excelente raza de sus venados, que aunque desde antiguo no eran muy abundantes, si que han sido afamados por su extraordinaria calidad.

          El clima es algo más húmedo que en las zonas andaluzas.

          Su vegetación junto a los cursos de los ríos y arroyos está formada por fresnos, alisos y sauces. Abundan los quejigos que en el otoño le imprimen una coloración singular al paisaje. Los robles o "rebollos", como los llaman sus gentes, aparecen diseminados en amplios núcleos y son frecuentes los densos brezales en sus umbrías, amalgamados con las jaras, las madroñas y los lentiscos. Crecen, además, las espinosas aulagas que han de sufrir los monteros en general y los perreros de forma especial.

          En toda la provincia de Ciudad Real, son muy típicos los puestos de "cortadero", en los que gustan de cazar, especialmente el jabalí.

          Actualmente es la única comunidad autónoma que permite que los monteros puedan cortar los trofeos en el monte, aún incluso, antes de presentarse a la junta de carnes.

 

 

Cotos de la Sierra de Hornachuelos.
Cuadernos Geográficos
Mulero Mendigorri, A. (2013). El paisaje forestal-cinegético en Sierra Morena
Cuadernos Geográficos 52(1), 108-128

·      1.5.- Hornachuelos

          Zona de real tradición montera y precursora de los actuales modelos de gestión cinegética, ya que algunos de los propietarios de sus fincas fueron imponiendo normas, antes de que éstas se convirtieran en leyes, por ejemplo no dejaban en sus monterías tirar a las hembras.

          Se sitúa en el centro-occidental de Sierra Morena, ocupando sierras cordobesas y parte de las sevillanas.

          Ocupa los términos de Adamuz, Villanueva de Córdoba, Espiel, Villaviciosa, Córdoba capital, Peñarroya-Pueblonuevo, La Cardenchosa, Fuente Obejuna, Alanís, Constantina, Posadas y el mismo Hornachuelos.

          Las  características de su relieve y vegetación son muy similares a la zona de Andújar, ya que ambas se sitúan en Sierra Morena.

          En sus montes se localiza una de las colonias más importantes de buitres negros, conservada quizás por la abundante actividad cinegética de la zona. También, es reseñable la densa población de rapaces de todo tipo.

          Es el río Bembézar, el que baña la mayor parte de sus tierras, recogiendo las aguas de los múltiples riachuelos y arroyos que dan lugar a una nutrida vegetación de ribera, poblada en su mayoría por sauces.

          Riegan la zona otros ríos como el Guadiato, el Cuzna o el  Varas, que son también afluentes del Guadalquivir.

          Entre las fincas de más renombrada solera y con más enjundia montera, aparecen nombres como, Mezquetillas, San Calixto con su antiguo monasterio, en la que monteara Alfonso XII.

 O Las Aljabaras, Las Altas, La Mata, La Toba, El Águila, El Álamo, La Paloma, Moratalla, Las Umbrías de Santa María, Carboneras, La Moheda, Los Lázaros, Piedras de la Sal, El Gitano, Los Almendros, La Usera...

          Los cordobeses suelen llamar en general "pasos" a los puestos de montería, ya que los colocan justamente en las veredas de huida natural de las reses, buscando el típico tiradero "pechienfrente".

          En esta zona, además de las especies de vegetación mediterránea, destacan significativamente los extensos alcornocales, lo que le aporta un pujante futuro, ya que el 80 % del corcho mundial se produce en la península Ibérica.

          La Sierra de Hornachuelos se conserva en magnífico estado, tal vez por la perfecta simbiosis de sus gentes con el medio, que han sabido siempre respetarla y amarla, practicando la ganadería, la agricultura y la caza. Por ello, ha sido declarada esta sierra como espacio natural protegido, al igual que su vecina la Sierra Norte sevillana, pero permitiendo la montería.

          Y es que esta antiquísima modalidad de caza, que es la montería española, ha demostrado ser rentable, no sólo económicamente, sino desde el punto de vista de la conservación y mejora, tanto de las especies cinegéticas, como de sus hábitats.

 

 

¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

Manuel Moreno

Septiembre  - 24

20230602

PANANCERA

PANANCERA

PANANCERA

La panancera era una antigua red muy fina de seda que se empleaba para cazar aves y  que se colocaban en sus pasos habituales, más recientemente se emplearon otras similares denominadas redes invisibles o japonesas, en la actualidad prohibidas todas ellas por las recientes normativas de caza.

            La panancera se empleó para cazar diferentes especies de aves entre ellas las cochas perdices cuando llegaban a finales de otoño a sus territorios de invernada.

            La red de la panancera podía ser una malla simple o bien doble, conocida esta última como “mallón.” En realidad, la panancera doble lo que tenía eran tres redes a modo de trasmallo, una más tupida en el centro con agujeros en forma de rombo y las de agujeros más grandes se sitúan a los lados y se les llaman “orillas”. Estas pananceras se podían empalmar uniéndose las unas a las otras.

            Cuanto más extensas fueran las mallas, más difíciles de colocar eran pero más posibilidades de capturas tenían. Lo más habitual era que tuvieran unos 10 a 15 m de largas por 3 o 4 de altas y los agujeros de la red solían ser pequeños.

            Para colocarlas, se elegían pasos querenciosos de las aves y eran las horas del amanecer y el ocaso las más adecuadas por estas prácticas.

            Se podían instalar de manera fija o accionable, lo que se hacía con una cuerdas que pasaban por unas argollas metálicas por las que introducían las cuerdas. Para que las cuerdas corrieran bien al accionarlas, las solían untar con jabón.

            Existían otros modelos de redes adaptadas cada una de ellas a las especies y al uso que le daban, entre ellas: el “esparavel” y el “trasmallo” para las codornices, la “araña” para los mirlos, el “redejón” para las perdices, el “ensetado” para zorzales, "albanegras" para liebres y conejos…

            Estos utensilios dejaron de utilizarse desde hace tiempo y su uso es ilegal porque no ofrecían un modelo selectivo de capturas y en ellos caían todo tipo de aves ya fueran insectívoras o granívoras.



                ¡Caza disfrutando, disfruta cazando!             

                                                                          Manuel Moreno 

Junio - 23

20230601

HOMBRE RECOLECTOR

HOMBRE RECOLECTOR

 
Escena cinegética en una pintura rupestre.

HOMBRE RECOLECTOR / HOMBRE CAZADOR / HOMBRE AGRICULTOR 

 

Desde los orígenes de la humanidad el hombre ha practicado los tres oficios anteriores como una forma de subsistencia, aunque los tres pudieran aparecer casi simultáneamente. 

Cada oficio dio lugar a una opción de alimentación: 

·        El vegetariano que se alimentaría de hierbas, frutos y demás vegetales. 

·        El carnívoro que se alimentó de carne. 

·        El omnívoro que comía de todo.  

Tres opciones que le dieron a las tribus la posibilidad de dividir las fuentes para obtener alimento, lo que los convirtió en no competidores y facilitó la pacífica convivencia entre ellos. 

 

HOMBRE RECOLECTOR 

Este hombre, que era nómada, se desplazaría en función de las épocas y las zonas en donde encontraba el alimento que gratuitamente le daba la naturaleza. 

Centraría sus mayores preocupaciones en buscar las zonas y las fechas en las que crecía el alimento y en distinguir el que le hacía bien y el que le perjudicaba o le dañaba porque era tóxico. 

Pero en sus desplazamientos, observaría muchas cosas: 

·        Lugares, territorios, paisajes, relieves, vegetación, arboleda… 

·        Tipos de terrenos diferentes, cambiantes según la época del año y el lugar, en donde crecían los frutos que recolectaba. 

·        Animales que eran competidores suyos, buscando también el mismo alimento que él.  

·        Animales que cazaban a otros y que se alimentaban de ellos… 

·        Donde había agua…

Con el paso del tiempo, sólo tuvo que ir viendo lo que sucedía a su alrededor e irse transformando poco a poco según sus necesidades. 

 

HOMBRE AGRICULTOR 

El hombre, en su forma inteligente de ver el mundo, observaría como las semillas que él o los otros animales abandonaban en el campo, podían quedar enterradas por las lluvias o por los mismos animales y que estas semillas, al cabo de un tiempo, volvían a germinar y producían nuevas plantas.  

Fruto de esta observación surgió la agricultura. Otra forma más de asegurar y enriquecer su existencia, ya como especie dominante. 

Sembraría semillas y ya no tendería que desplazarse.

Al empezar a producir las semillas que él sembraba, vendrían otros animales atraídos por ese alimento y se vio en la necesidad de tener que defenderlo. Surgió así una forma de caza, la caza defensiva.

 

HOMBRE CAZADOR 

Al mismo tiempo, posiblemente, se haría cazador.  Después, la actividad venatoria se volvería una caza de subsistencia para obtener más recursos. 

Se haría más territorial, defendiendo los territorios o zonas donde se criaban los animales que cazaba. 

Al ser más fuerte que otros animales carnívoros, les quitaría las piezas que ellos eran capaces de capturar y que, en cambio, él no podía hacerlo, no podía capturar a esas piezas de caza. 

Practicaría al principio una caza defensiva para proteger sus frutos o las zonas donde crecían. 

Sólo tenía dos pies y no podía correr tan rápido como algunos de ellos o no podía volar para cazar como las aves rapaces. Era más inteligente pero más débil físicamente.

Por la observación de los animales cazadores, surgió la imitación de técnicas de caza que él intentó aplicar. 

Observaría también como los animales ostentaban mejores cualidades que él mismo para cazar y empezó a ponerlos a su servicio con la domesticación. Debió ser una gozada cuando domesticó al perro y al caballo.

Al domesticarlos surgió otra necesidad, la de tener que alimentarlos por su cuenta. 

Al controlar el fuego, surgieron nuevas posibilidades de defensa para él y la posibilidad de cocinar algunos alimentos. 

Todo evolucionaría poco a poco, pero sin pausa, descubriendo él mismo, cosas nuevas cada poco tiempo e imitando también las novedades descubiertas por las tribus vecinas. 

“La necesidad hace el oficio” y el cazador en poco tiempo mejoró sus técnicas, se hizo más fuerte y dominante. 

La caza ya no sólo era defensiva o para su subsistencia, sino que fue una herramienta para ejercer su supremacía sobre las demás especies. 

Luego la caza, de una forma u otra, ha sido algo consustancial al ser humano desde sus orígenes y le ha acompañado siempre. 

 

¿POR QUÉ LA CAZA ACOMPAÑA AL HOMBRE DESDE SUS ORÍGENES? 

Que la caza es una de las primeras actividades que practicó el hombre desde sus orígenes más remotos es algo que nadie puede negar. 

Que a pesar de controversias y del paso de los años se viene practicando de forma casi ininterrumpida a lo largo de la historia es otra evidencia constatable empíricamente. 

En cada periodo de la historia, predominaría una razón u otra, pero se practicó y se practica porque: 

- La caza sirvió y sirve al hombre:

- Como medio para subsistir. 

- Como un entrenamiento físico. 

- Como actividad de ocio. 

- Como actividad de relación social y de prestigio. 

- Como actividad para equilibrar las poblaciones animales. 

- Como técnica para defenderse y defender sus alimentos.

- Como la única forma de explotación posible para determinados territorios.

- Como una forma de gestionar convenientemente el medio natural. 

            - Ha sido y es una actividad:

                        - económicamente rentable. 

                               - de gran diversidad de técnicas y especies. 

                               - deseada por parte considerable de la población. 

- rentable socialmente y practicada por diversos estatus sociales. 

- que se puede practicar en casi todas las partes del mundo. 

- que forma parte de la cultura de los pueblos.

- que ha favorecido la salud de las poblaciones animales.

- Nunca llegaron a agotarse las piezas de caza. 

- El medio natural ha atraído siempre al hombre. 

- Se ha practicado como algo más que un deporte. 

- El hombre es un predador carnívoro y herbívoro. 

- La caza ha favorecido siempre un equilibrio entre la muerte y la procreación. 

- La caza permite a los portadores de genes su regeneración. 

- La caza se ha cuidado, ha evolucionado y se ha ido adaptando a cada tiempo. 

- La caza ha sido útil y perdurable, no para descastar sino para encastar. 

- La caza es un recurso renovable ya que la fauna cinegética es regenerable. 

- La caza ha sido selectiva con la pieza, con el momento, con la cantidad… 

- La caza ha practicado un ecologismo científico y racional y no un ecologismo de colorines (verde, rojo, azul...) 

- Se ha mantenido en buen estado el medio donde crece la fauna cinegética. 

- Un territorio de caza es la despensa que defiende un carnívoro, son sus recursos. 

- Muchos de sus conocimientos no se han perdido, se han transmitido a las generaciones posteriores oralmente o por escrito. 

 

 

La caza es una actividad útil y necesaria para el medio ambiente y para la propia humanidad desde sus orígenes, que ha evolucionado con el paso del tiempo, adaptándose a cada momento y que contribuye a una existencia armónica del ser humano en este planeta. 

Y es que la caza ha permitido al hombre desde sus más remotos orígenes encontrar las proteínas que necesitaba para sobrevivir. Las leyes de la naturaleza son prácticas pero rígidas. Para que un ser pueda seguir viviendo, han de morir otros. Existe la muerte como herramienta. En la naturaleza es donde primero existe la muerte como herramienta de renovación. Renovarse o morir. Morir renovándose. Esa crudeza de la naturaleza no es fácil de entender, pero así es. La naturaleza no entiende de esnobismos ni de sensiblerías.

La caza ha contribuido a la continuidad y supervivencia de las especies y a la renovación de sus individuos de una manera efectiva, es la cruda realidad, carente de todo tipo de sensiblería y vanas contemplaciones. Porque la caza es un recurso frágil, escaso y muy valioso, sometido a leyes implacables de la naturaleza en la que el hombre ha de mantener una actitud firme y nada arbitraria para apoyarlas y ratificarlas. 

 

CONCLUSIÓN 

Los seres vivos se pueden clasificar en dos grandes grupos: 

·       - vegetales. 

·       - animales:  

·      -  herbívoros 

·      – carnívoros 

·      – omnívoros. 

Todos estos seres, pueden convivir gracias al equilibrio de la cadena trófica que, aunque nos sitúa en compartimentos diferentes, en donde unos se alimentan de otros, pero para que se mantenga la diversidad, han de existir todos y cada uno de ellos, hasta llegar a la cima de la pirámide donde se sitúa el hombre.  

Pues bien, si algún escalón o nicho desaparece, pueden desaparecer con él toda la columna entera que lo sustenta o al menos, los demás se resienten considerablemente ya que disminuyen sus posibilidades de conseguir alimento.   

Por todo ello, debe haber poblaciones herbívoros, carnívoros y omnívoros inter-relacionados entre sí ya que su existencia, organizada en la pirámide ecológica, es la que ha mantenido la vida desde sus orígenes.

Los esnobismos de la sociedad humana actual, sólo contribuyen a fomentar el delicado equilibrio de esa pirámide ecológica.

Digo esto, porque parece haberse impuesto la creencia en las generaciones actuales, que ahora todos debemos hacernos vegetarianos, veganos, crudivegano, ovolactovegetariano, flexitariano…  ¡Ojo con las modas oportunistas! Que la naturaleza no entiende de esnobismos ni de síndromes “bambi” . Ni los entiende ni los permite. Aunque el hambre es más poderosa que todos esos idealismos.

Y es que la diversidad, ya desde los orígenes de la vida en este planeta, facilitó la convivencia pacífica entre unos y otros, además de su perdurabilidad. 

Los recursos alimenticios, por desgracia, son finitos y cada día crece considerablemente la población mundial pero no así la cantidad de recursos agrícolas o ganaderos. 

 

Si todos los humanos del planeta nos hiciéramos vegetarianos al unísono en un momento de la vida, desequilibraríamos enormemente esa pirámide, acabaríamos en breve con parte de los recursos alimenticios de la humanidad y ésta, rápidamente lo acusaría.  
 

 ¡Caza disfrutando, disfruta cazando! 

 

 

 

Manuel Moreno

Junio - 23 


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