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| Guarda a caballo |
1 1.- El guarda
La experiencia, junto a un repertorio de conocimientos complejos y profundos acerca de la sierra y de las reses, han sido siempre cualidades imprescindibles para conseguir resolver con eficacia cuestiones muy específicas que se plantean a la hora de montear.
Con el transcurso del tiempo, los hombres de sierra se han ido especializando cada vez más, al desempeñar estas tareas, y ello a dado lugar, a que de una forma más o menos profesionalizada, aparezcan en la montería actual, una serie de oficios concretos.
Ese hombre es casi siempre un solitario, recluido en las entrañas de la sierra, enjuto, de tez arrugada y curtida por el sol, por cuyas arrugas fluyen ríos de sabiduría cinegética, de aparente ignorancia, pero de convicciones profundas, ensalzado por unos e ignorado por otros, afable y de sonrisa fácil, pero con grandes reservas para confiarse al desconocido, con un sentido de la responsabilidad que sólo se puede entender desde su encomiable amor propio, más poseedor de la finca que el propio dueño.
Siente
como parte de su vida esos parajes por donde ha pululado desde antes que lo
recordásemos y que ha defendido de día, de noche, con sol, con frío, con agrado
o con enfado, pero siempre con altanero orgullo.
Es
hombre estudioso, de ciencia auto-práctica, algo ingenioso, un poco adivino,
muy celoso y dado su vasto bagaje, hasta un simpático embustero.
Con
su bandolera y su carabina en ristre, la
escarapela en el sombrero, a la espalda un raído morral y con los sentidos bien
despejados, procura descifrar todos los signos del campo, para realizar así su
función de forma más eficaz .
Antes,
entre jaras, madroñas y brezos por angostas
veredas, lento y firme era su caminar, que hoy la moderna tecnología le
ha venido a cambiar por muchos kilómetros más, recorridos a lomos de su nuevo
caballo metálico, con la emisora colgada al cinto y los prismáticos al cuello.
Es el
lector y traductor del lenguaje de la cruda naturaleza, y ha sabido captar para bien de la caza el mensaje que cada día
le cuenta su amada y eterna confidente, la sierra.
Temprano le llegó el amanecer aunque la noche la pasara en duerme-vela o tras algún inoportuno furtivo. El perro esta noche estuvo algo ladrador y al salir de madrugada a orinar en la calle oyó tropel de reses por la cuerda cercana a la casa.
Antes
que los pájaros alegren la mañana, ya estará este hombre solitario leyendo los
rastros de la noche, como el que espera recibir una noticia ha saltado de la
cama y sin tan ni siquiera tomar el típico café negro con el “chupito” de aguardiente empezó a
escudriñar y desvelar lo que la noche había tapado. En el comedero de la
silleta han estado más reses que ayer y la espantada que se oyó de madrugada
fue por un enorme “guarro” que ha
dejado sus huellas en los comederos y hasta parte de su pelambrera en el pino
de la charca después de haberse revolcado en el barrizal del charco que se hace
más abajo del bebedero.
Por
el carril del arroyo no ha habido "paseantes"
esta noche en cambio pegando al río, parece que hemos tenido "pescaores". Siempre
utilizando palabras por el estilo, "duendes",
"visitantes", "turistas", etc... porque
parece como temiese llamarlos por su nombre "furtivos",
ya que si con sólo nombrarlos así, les estuviese autorizando la entrada.
Otra
vez más el juego del gato y el ratón, el uno por su pan y el otro sepa Dios por
qué, a veces ni ellos mismos lo saben. La verdad es que si no existiese el uno,
el otro perdería su razón de ser. Pero, son muchas más las tareas que nuestro
amigo, el guarda, debe atender, entre otras ahora está capturando hembras y
pronto deberá ir en busca de gabatos; ya casi ha terminado de recoger los
desmogues, que por cierto este año, han salido pocos porque la montería se dio
demasiado bien. Siempre cambiando de faena pero siempre en la misma plaza.
Mañana
vamos a preparar los bebederos y a ensanchar la charca de la fuente de la "cañá", porque como no llueva
la tenemos clara este año. Continuamente pendiente del hombre del tiempo, de
los aires, de cómo vendrán las cabañuelas y no sé qué miles de zarandajas más.
Todo
hasta el más discreto detalle es tenido en cuenta, para que entre cábala y
cábala, pueda afrontarse con el menor riesgo posible la presente temporada.
Cualquier cosa puede ser traducida, si la paridera fue temprana o floreció
pronto el garbanzuelo o bien la lenguaza se ha venido enseguida o quizás el
parto doble de las ovejas, este año no han "cucado"
casi nada las reses... y tantas
curiosidades más.
Probablemente
de sus horas de soledad vinieron estas intuitivas reflexiones que para este
hombre comportan una amalgama de datos que, tal vez, nadie sea capaz de
explicar y tan sólo, él mismo sea capaz de interpretar y, con seguridad, sabrá
utilizar en el momento oportuno para dejar boquiabierto a alguno de los que
todavía no le ha quitado la etiqueta a su flamante "barbour".
Dice un antiguo refrán en esta sierra que:
"el más tonto hace un reloj de palo y no falla ni un segundo".
Muchos
son los nombres que nos recuerdan a sagas enteras de buenos guardas en la
sierra de Andújar, que dedicaron su vida y su entender a esta noble profesión y
como muestra valgan los nombres de los "Pelaos",
los "Cañones", los "Moticas", los "Quilinos", los
"Flores", los "Lagartos", los "Murillos"... y
un largo etcétera más.
Nombres
como Juanico Navarro, uno de los guardas que D. Pedro de Morales Prieto cita en
su obra "Las monterías en Sierra Morena a mediados del s. XIX", en
donde también aparece Quilino ya como decano de los guardas de esta sierra,
siempre han tenido que vérselas con otros nombres como el famoso Chiquiznaque
en aquella época.
Hoy
en día para cualquier montero de esta zona con cierta edad, resulta muy difícil
decir los nombres de Los Escoriales, Cabezaparda, Valdelagrana, Sardinas, El
Tamujar, La Aliseda, El Villar, Los Alarcones, Selladores o Valquemao, sin acordarse de nombres como Julián,
Jesús, Gregorio, Daniel, Escolástico,
Marcos, el "Nino", Fco.
Cano, Luis, Antonio Cañones, Pablo o el mismo Cachinero; porque todos estos
hombres han estado ligados a sus respectivas fincas desde hace muchos años.
Seguro que nos olvidamos de muchos más, pero resultaría demasiado prolijo
enumerarlos a todos, por lo que espero que los omitidos me disculpen.
El
guarda y su perro son dos seres capaces de mantener complicidad absoluta en su
tarea de colaboración diaria, vigilando y apreciando lo imperceptible.
En
las largas noches de soledad en la sierra, a veces, existe también un diálogo
entre el guarda y su perro, cuando ladra el perro de tal forma en la esquina
del cortijo, el guarda entiende que por la carretera se aproxima un coche o que
los cochinos se acercan a la baña del collado. Si es de madrugada y se acercó
ladrando a la ventana del dormitorio es porque había observado visitantes
extraños, si iba y volvía ladrando al cerrete, es porque tal y cual... El guarda le mandará callar o lo azuzará o...
Y así, sucesivamente se van intercambiando una serie de mensajes que para el
profano resultarán extraños, en cambio al guarda le serán muy útiles.
Antes
más que ahora, cuando el guarda realizaba su trabajo a pie, a veces, el perro
era su único acompañante y se acostumbraba pronto a no latir a las reses en la
mancha, a acompañar a su dueño cuando éste se lo permitía y a mantener la
vigilancia cuando le creía dormido o descansando.
Cuando
llega el día de la montería, se le presenta al guarda una situación que
normalmente vive con impaciencia, porque en ese día es como si pasase el examen
de la tarea que ha venido realizando durante toda la temporada.
Los
días anteriores, repasa todos los detalles, comprueba la posición de los
puestos, la entrada de las armadas, las instrucciones que ha de dar a los
guías, a los perreros, a los postores, observa más meticulosamente si cabe el
tiempo que posiblemente hará, comprueba las temperaturas, como está la bellota
y un sinfín de detalles más que puedan hacer cambiar el resultado de la
montería.
Ese
puesto se podría mejorar allí, no debemos entrar ya a la mancha, para molestar
lo menos posible, al atardecer observó cómo su venado favorito se salió de la
mancha, complicidad secreta que le duele y de la que se siente contento porque
así posiblemente salve su vida por un año más. La umbría está muy buena de cochinos,
porque tienen levantado todo aquello. Así es que, por allí meteré la rehala de
fulanico, que es la más eficaz con los guarros, tengo que advertirle a los
guías que al llegar a la silleta del alcornocal que no vayan a pasar muy
deprisa porque el monte se ha apretado mucho estos últimos años y allí hay
muchos encames, los de la mano baja que se resuban hasta llegar al puntal de la
silleta, así una gran cantidad de pequeños detalles que revive cada año durante
los días anteriores a la montería, rebinando y con la preocupación de no
olvidar ninguno.
Un
examen que prepara concienzudamente, repasando y re-estudiando una y otra
vez la materia aprobada en la anterior
edición de esta misma montería.
Ojalá
este puesto le toque a un gran montero, que sepa lo que hay que hacer y cómo
debe hacerlo, porque si no se le van a pasar los venados por tal sitio y no se
va a dar ni cuenta.
Al
postor del arroyo hay que advertirle que no se vayan a mover los puestos 5 y 6
porque puede ser peligroso, y es que hoy viene cada montero, que uno ya no se
queda tranquilo con nada y todas las precauciones son pocas.
Es el
día mismo de la montería, cuando vive su más dolorosa paradoja, la de que se
maten y no se maten aquellos venados que con tanto esfuerzo ha ido mimando y
criando durante estos años atrás. Si no se cazan, su trabajo fue inútil y si se
cazan, le duele su ausencia.
Esta
persona que hasta parece estar mimetizada con el paisaje en el que ha empeñado
algo más que sus anhelos e ilusiones, merece no solamente nuestro respeto, sino
toda la admiración por su buen hacer empapado de autenticidad en favor de la caza.
Por
su gran conocimiento del terreno y aunque no sea su función fundamental, uno de
los que mejor es capaz de rastrear una res herida es el guarda, a veces, ayudado
por el eficiente trabajo de un perro de rastro, otras, las más, simplemente
observando los rastros que dejaron las reses en su huida.
La
labor del guarda, otro gran profesional de la sierra, se extiende de una a
varias temporadas, para al final, ver los frutos de su trabajo, en algo más de
cuatro horas que suele durar la montería.
o
1.1.- El
guarda y los furtivos.
Aunque
en esencia la labor del guarda sigue siendo la misma de antaño, los métodos y
sobre todo los recursos se han adaptado a la situación actual.
Las
telecomunicaciones, los prismáticos, las acciones coordinadas de varios guardas
de cotos de una zona y sobre todo la actuación sincronizada con miembros de la
benemérita, juegan un papel fundamental y decisivo en la lucha actual contra
todo tipo de furtivismo.
El
uso de estos instrumentos ha dado lugar a la creación de un código especial
para comunicarse los guardas entre sí, sin que puedan ser interceptados sus
mensajes por los furtivos que en algunas ocasiones también hacen uso de estos aparatos.
El
guarda memoriza perfectamente la forma de terreno y aunque sea de noche es
capaz de localizar por donde va o viene tal vehículo, diferenciándolos por el
ruido, la velocidad o un sinfín de insignificantes matices, que sólo, con la
continua observación diaria, ha sido capaz de aprender.
Los
perros de los guardas, a menudo, son capaces de transmitir a sus respectivos
dueños tal cantidad de mensajes en este aspecto, que sólo ellos saben
descifrar.
La
dotación de vehículos todo-terreno agiliza enormemente los movimientos de los
agentes de guardería y permiten cubrir mayores zonas en menos tiempo. Pero es,
sobre todo, la lectura de las huellas, así como el comportamiento de los
animales y otros signos, lo que hace que el guarda sea capaz de localizar el
punto exacto donde puede encontrarse el intruso en un momento dado. El furtivo
es consciente de esto y a veces hace rastros falsos para despistarle y
desplazarlo de esta forma a otras zonas de la finca.
Mil y
una argucias intimidatorias y las más insospechadas tretas, son intercambiadas
en un diálogo sordo entre el guarda y los furtivos que actúan con frecuencia en
una zona.
Los
papeles están bien claros desde el principio, el guarda intentará disuadirlos
con todos los medios a su alcance, mientras que para los furtivos, quitarle
cualquier pieza de caza que persigan se
convierte en un reto.
Dependiendo
del medio de transporte utilizado por los furtivos, en cada caso tendrán unas
entradas y salidas a la finca, más o menos predeterminadas. Cuando van a pie,
suelen tener casi siempre un lugar de entrada y otro diferente de salida, ya
que a la entrada lo que persiguen es sorprender al ganado en sus querencias
habituales, pero a la salida y si van cargados, necesitan aprovechar los
accidentes del terreno de la forma más favorable posible. Aunque una vez que se
han percatado de sus posibilidades, al repetir, suelen tener itinerarios muy
concretos, que los guardas conocen a la perfección y es donde se fijan los
apostaderos para poder pillarlos "in
fraganti".
Otras
veces cuando el medio de transporte es un vehículo, suelen seguir diferentes
itinerarios en función de la hora a la que actúan y de la comunicación entre
los distintos carriles, que los guardas suelen controlar con aparatosas
portadas metálicas o sembrando el firme de los carriles con clavos.
Cuando
utilizan una técnica mixta, es decir, disponen de un vehículo nodriza que los
va repartiendo por el campo, tienen fijado "a
priori" un punto de encuentro para el regreso. Si es de día suele ser
un punto elevado del terreno, desde donde el que espera pueda controlar
posibles movimientos en contra suya. Si es de noche suelen escoger una vaguada,
en donde las luces del vehículo que los recogerá se pierden desde lejos y
apenas se aprecie la maniobra.
El cazador
cazado. De furtivo a guarda, es una medida que en la práctica ha dado buenos
resultados, consiguiendo la reinserción social de algunas de estas personas que
al encontrar empleo como guardas han dejado de ser furtivos.
El binomio guarda/furtivo es una realidad paradójica en la que, persiguiendo distintos fines, se llega a hablar un lenguaje común, el del monte
2.- El postor
El postor es el encargado de situar a un grupo de monteros en un lugar exacto del monte que se llama puesto y a todo el grupo de los puestos que pone un postor se le llama armada.
Después
el postor se encarga de que no se quede perdida en el monte, ninguna de las
reses cazadas y marcadas.
Si
hay discusión sobre la propiedad de una res el postor, aplicando normas muy antiguas
de la montería, decidirá de quién es esa pieza.
El
postor es un experto de la sierra, un conocedor de la mancha y, especialmente,
de una zona en particular que es su propia armada, sabiendo donde se sitúan
exactamente cada uno de los puestos, cuáles son sus tiraderos, hacia donde se
quedan colocados los puestos vecinos y cuál va a ser la técnica que se empleará
para batir el monte con las rehalas.
Conocimientos
que transmitirá verbalmente a cada montero, en el momento de situarlo junto a
la tablilla que indica el lugar exacto de su puesto.
Estas
instrucciones serán de obligado cumplimiento por el montero, para la seguridad
propia y de sus vecinos.
Recordándole
que está terminantemente prohibido moverse de ese lugar, abrirse o doblarse.
El
postor será el encargado de indicar a los arrieros exactamente donde han caído
las reses cazadas, para ser transportadas a la junta de carnes y en caso de
duda sobre la propiedad de una res herida, es el juez que dictaminará a quién
corresponde la res, aplicando para ello la regla de la primera sangre.
Antiguamente
el oficio de postor, lo desempeñaban otros aficionados a la montería, sin
entrar a escote en los gastos de la misma, pero ocupando una postura al final
de su armada, para asegurarse que la mancha quedaba completamente cerrada.
Estos eran los denominados “escopetas
negras” así como aquellos, que desempeñaban cualquier otra tarea y en vez
de cobrar por ello, tenían la posibilidad de cazar a cambio.
3.- El secretario
El oficio de secretario no se da en todas las monterías, pero cuando la calidad de éstas es muy buena, suele ser una figura muy útil y necesaria.
Bajo
la denominación de secretario también se recoge otra función que es la
desarrollada por expertos de campo y de la confianza del productor de caza, que
controlan el número de piezas abatidas, tiradas y la cantidad y la calidad de
las reses que han entrado en la postura. A este tipo de secretarios se les
llama también controladores o fedatarios.
A veces, el secretario es un montero que, por otros
motivos, no montea en esa ocasión pero que desea tomar parte activa de la
montería y lo hace desempeñando esa función.
Un
buen secretario, en ningún momento hará señales con las manos que sean visibles
desde lejos, ya que las reses discriminan perfectamente el movimiento. Se
comunicará por escuetos gestos que deberán ser comprendidos rápidamente por el
montero.
Primero hay que irse al tiro, ver las huellas y buscar la sangre.
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| Podenquero monteando |
La
labor del secretario se hace imprescindible cuando por la edad o por las
condiciones físicas del montero,
éste, no pueda desenvolverse con
agilidad por lo abrupto de la sierra.
El
secretario suele ser un experto de sierra que ayuda al montero en el puesto y
en el monte de una forma discreta y lo más eficaz posible.
Suelen
existir expertos secretarios que auxilian y se comportan perfectamente en el
puesto, por el contrario existen otros que no dejan de moverse en el puesto,
señalan haciendo gestos que se perciben desde una legua o como no, haciendo
ruido rompiendo ramitas, tirando piedras o tosiendo en el momento más
inoportuno.
4.- El rehalero
Montero-rehalero y rehalero son conceptos sinónimos en esencia, aunque en la forma pudieran tener connotaciones muy diferentes, sobre todo, en la actualidad.
Convertirse en montero-rehalero, fue en un tiempo la
única forma de que aquellos monteros que no poseían fincas en propiedad,
pudieran asegurarse la posibilidad de montear en las fincas ajenas, ya que casi todas las monterías se daban por
invitación. Y para los que las tenían, era una forma de contribuir a los
quehaceres de la montería con sello propio.
Montear ya es una satisfacción personal e intransferible
pero si, además, se hace con rehala
propia, se suman ilusiones y se multiplican las sensaciones.
Los monteros-rehaleros llegaron a convertirse en las figuras claves de la montería, a los que la tradición y su buen hacer les habían concedido, aunque escasos, ciertos privilegios.
Ser rehalero antes, cuando la mayoría de las monterías
se daban por invitación, se llegó a
convertir en un motivo de orgullo, prestigio personal y lo que es más hasta un
honor, ya que en esa persona debían coincidir una serie de conocimientos y
cualidades imprescindibles para lograr el éxito en la montería y que su rehala
fuese reiteradamente solicitada.
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| Guarda, rehalero y montero |
La esmerada dedicación del rehalero por conseguir la
eficacia de su rehala, le obligaba a preocuparse, además, por un sinfín de
detalles como la belleza de la estampa, el color de las capas de sus perros. La
estética se veía obligada a combinarse imperativamente con la funcionalidad y
eficacia de sus canes en el monte.
El montero-rehalero se ha preocupado siempre por
cuidar y velar por su rehala como si de una ganadería selecta se tratase,
observando con esmero los cruces, las cualidades de sus productos... e incluso
llegaba a padecer como propios los riesgos que sus perros sufriesen en el
monte. Sin duda es un cinófilo con empírica formación, cuyo estado de alerta es
continuo y la relajación no le llega hasta que no ve “funcionar” su rehala.
5.- El podenquero
El perrero o podenquero, es el que montea de verdad, porque es el que llega, metiéndose en el monte, hasta la cama misma de las reses, las levanta y, a veces, las agarra con sus perros, dando lugar a unos momentos inolvidables y de gran emoción. Además, conduce a sus perros por los lugares donde se esconden las reses y hay que estar muy en forma para cazar y moverse en la sierra tronchando monte con una rehala...
El perrero es el cuidador y conductor de la rehala, su misión es batir las espesuras del monte, voceando fuerte para animar a los perros y hacer salir a las reses de sus encames.
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| José Sanchez monteando con su rehala |
Además, corresponde al perrero velar
por la integridad física de sus perros en los agarres, sobre todo, con los
cochinos y por último, recoger todos los perros al finalizar la montería. Si
alguno ha resultado herido y se puede curar fácilmente, hacerlo lo más pronto
posible, a veces, les toca hacer de improvisados cirujanos, teniendo que
suturar heridas a los perros provocadas
por los enfrentamientos con los jabalíes.
El
auténtico podenquero es el miembro de la montería que más amplio significado
aporta al término montar, ya que para realizar su trabajo tiene que penetran a
pie en la mancha sin amedrentarse por:
- Tener que atravesar los tupidos y empinados montes
de nuestras sierras.
- Sufrir los punzantes puñales en los que se
convierten las ramas secas de la jara,
- o las espinosas ramas de los nutridos zarzales.
- Padecer la aspereza de las chaparreras
impenetrables.
- Agacharse y andar a gatas en los tupidos brezales.
- Empaparse con la manta de agua que tiene el monte
cuando llueve.
- El riesgo de cruzar las resbaladizas lastras mojadas
o cubiertas de musgo en las umbrías.
- Hacer frente a la fiera acometida del jabalí
aculado.
- Soportar la dureza de las pronunciadas "pechugas" que hay que subir o bajar.
El perrero siempre está presto para:
- Informarse cuál va a ser la mano que le corresponde,
guardarla y cumplirla en el monteo.
- Conocer y cumplir la forma más adecuada de montear
la mancha.
- Estar disponible en el lugar exacto de la suelta a
la hora convenida.
- No usar la caracola nada más que cuando es
necesaria, sin abusar de las llamadas a los perros, ni llevarlos pegados a sus
piernas.
- Respetar los agarres y auxiliar a los perros cuando
el peligro del lance lo requiere.
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| Cantarero y sus perros |
. Entrar a rematar a cuchillo.
- Vocear bien, animando a los perros.
- Pararse cuando se arranca una ladra y esperar allí
la vuelta de los perros, cantando fuertemente la res que hayan levantado para
informar a los monteros.
- No aliviarse caminando por los claros, haciéndolo
sólo cuando es imprescindible.
- No llevar perros de menos, ni exceso de cachorros.
- Tampoco llevar perras en celo.
- Rematar bien el monteo, llegando hasta el cierre
acordado.
- Y por supuesto, nunca duda en esperar, tocando su caracola, a veces hasta bien entrada la noche, la llegada de los perros que quedaron rezagados en el monte.
El
auténtico perrero es un hombre fuerte y recio, pero al mismo tiempo repleto de
una sensibilidad especial, provocada por su amor a los perros.
El
momento de la suelta, es la última señal de comienzo de la montería y se hace
notar por el incremento de la algarabía, zambra o zarabanda, nombres con los
que se denomina a los ruidos de ladras, voces y tiros, propios de la montería.
Toques
de caracola, ecos de fondo en la sierra, que señalan de forma sonora
oficialmente la terminación de la batida. Será ahora, el momento de rastrear
las reses heridas y marcar en el monte las reses abatidas.
6.- El guía
Otro experto de la sierra es el que realiza el trabajo de guía, su función es la de conducir por el monte a las rehalas, buscando los encames y las querencias de las reses, para que los perros las levanten y las dirijan hacia las posturas. Antiguamente se le llamaba director y solían ser dos por cada grupo de rehalas. Colocándose uno a cada extremo.
El
guía debe marcar el ritmo de la marcha de las rehalas, parando unas, haciendo
avanzar a las otras, para que el ojeo vaya ordenado, y debe dirigirlas por las
zonas donde se suponen que van a estar las reses.
El trabajo del guía debe estar sincronizado con los otros guías que montean otra zona de la mancha, ya que de no ser así, pueden provocar fácilmente que se vacíe la mancha o que las reses se queden atrás.
En la
actualidad suelen ayudarse con las modernas emisoras, pero antes eran sus
mensajes enviados con tiros de pólvora sin munición que debían ser diferenciados
perfectamente por los demás compañeros.
El
guía no sólo ha de llevar a cabo la estrategia planteada inicialmente, sino que
además, ha de tener capacidad y conocimientos sobre la montería, como para que
en un momento dado de la batida, en el que se observa que la ubicación que se
preveía iban a tener las reses inicialmente no es exacta, entonces deberá
improvisar otra nueva estrategia con el único objetivo de hacerlas salir del
monte y conducirlas hacia las armadas.
7.- El arriero
El arriero es un miembro imprescindible en la montería, que destaca por su eficacia, sacrificio y abnegación, ya que la dureza de su trabajo no le permite ser un hombre que se arredre fácilmente, sino que por el contrario, le exige un gran valor y un vasto conocimiento del medio, para desenvolverse en los lugares más inaccesibles, aún en las situaciones más adversas.
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| Arrastre de venado en Alarcones |
Y es que, los autores de este bizarro oficio, forman parte del equipo de logística del transporte más antiguo que se conoce. Según las zonas y los lugares, ha sido reconocido por nombres como: arriero, acemilero, harruquero, bagajero, mulero, aljamel o alhamel, recovero, cabañero, hatero o incluso “buchero”, del arcaísmo "buches" que eran los burros y por extensión todas las bestias de carga.
El arriero es un conocedor de la
sierra, de día y de noche, conoce todos los caminos, veredas, trochas y
vericuetos, ya que esto le permite trasladarse con seguridad y rapidez.
En breve espacio de tiempo tiene que
desempeñar en la montería, una labor trabajosa y dura, como es el recoger las
reses abatidas en el monte, ya que la mayoría de los monteros quieren ver sus
trofeos en la junta de carnes antes de que llegue la noche.
La tarea del arriero en la montería:
Depende, porque el arriero suele
hacer dos funciones dentro de la montería. Una, es llevar a los monteros con
todos sus achiperres hasta sus puestos, cuando éstos necesitan caballería
porque el acceso sea muy difícil. Hoy, esto cada día es más infrecuente.
Y la otra, es la de sacar las reses
abatidas del monte. Que esa, aunque ya existen muchísimos carriles, sigue
haciéndose necesaria porque muchas reses caen muertas en lugares muy difíciles
y enmontados para sacarlas a mano hasta los carriles o la junta de carnes.
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| Antonio Santiago Peña, maestro de arrieros. |
Principales dificultades de esta
tarea en la sierra:
A veces, hay que imaginar o mejor
incluso adivinar lo que quieren decir los monteros, con esos mensajes dejados,
en forma de papelitos blancos u otras marcas de las que dejan en el puesto,
indicando donde se encuentran las reses que han cazado, para poder recogerlas.
Los monteros... monteros, lo suelen
hacer bien, pero a muchos se les olvida o lo hacen de forma confusa y hay que
adivinarles lo que querían decir con esas señales, Sin contar con la dificultad
de otras ocasiones en las que por el viento se vuelan algunos papelitos y... “ya está el lío”.
Hoy, hay algunos postores novatos
que se meten detrás de una "charneca"
(lentisco) o una "azuqueca"
(torvisco) y ya están perdidos. Eso, sin duda es una dificultad.
Cuando llega el arriero junto a la
res, lo primero, hay que prepararla para llevarla a la junta de carnes, eso es
lo que llamamos hatear o aviar una res, y tenemos que hacerlo rápido, para que
no se alargue la tarea. Primero con la ayuda de una buena navaja se destripa,
después, si es un venado, se le tronchan las patas por las articulaciones y se
apiola, para cargarla en la bestia, ya que sino con la cabeza suelta cuesta más
cargarla y atarla.
A veces, cuando la bestia está poco
acostumbrada todavía o está resabiada por alguna mala faena, resulta difícil
cargarle las reses, pero para ello, utilizamos algunos trucos, como es taparle
los ojos con algo como una cazadora o un una chaqueta... Ahora, cuando ya están
acostumbradas, es bastante sencillo.
Cargar un venado sobre una bestia es
muy fácil entre dos, pero si el arriero es fuerte, el venado no es
excesivamente grande y, sobre todo, si lo sabe hacer, lo puede cargar un
arriero solo. Muchas veces lo hemos tenido que hacer así, aunque lo normal sea
hacerlo, por lo menos, entre dos personas.
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| Arriero cargando un jabalí en la mula |
Una imagen con sabor, es ver un gran
venado cargado sobre una bestia y ésta sacándolo del monte, pero, ¿Cómo se ata
ahí el venado para que no se caiga?
Atar un venado sobre una bestia aparejada y que no se caiga al acarrearlo por entre el monte, es uno de los signos que distingue al buen arriero del que no lo es; pero eso, para mí es más fácil hacerlo que explicarlo.
Se hace con una soga de unos 8 m.
que siempre llevamos doblada por la mitad y después de recogida, atada al
cuello de las bestias.
Se despliega media soga por cada lado de la parte superior delantera del aparejo, dejando el punto central de la cuerda arriba, en la delantera del aparejo.
Desde ahí, se va pasando la cuerda de delante hacia detrás, por debajo y, a ambos lados de las esquinas inferiores del aparejo. Después se pasa por lo alto de la res, (que ya estará cargada sobre el aparejo) y van los dos extremos de la cuerda hacia delante, (el del lado derecho, se pasará por el arco formado con el cuello del venado, ya apiolado), el otro por encima del lomo de la res y, a continuación, los dos extremos van a pasar por debajo del punto medio de la soga (que habíamos dejado en la delantera del aparejo), para salir por arriba, tensando muy fuerte.
Posteriormente, la continuación del
lado derecho, bien tensado, hará una gaza sobre la base de la cuerna y el sobrante de soga de la parte izquierda,
pasará por los cuartos traseros de la res. Cada pedazo de la soga tira por un
lado hacia abajo, cruzándose las dos, por debajo de la bestia y sobre la
cincha, para buscar arriba el cruce contrario (de los primeros cruces
superiores que hicimos de detrás hacia delante) y aquí, hay que tensar muy
fuerte, atando con una “somuestra”
doble o ballestrinque.
Con el resto de la cuerda, se reatan
las partes que todavía se vean más inseguras, como por ejemplo los cuernos del
venado o las patas para que no cimbreen.
Y por último, se terminan de
asegurar los cabos de la soga, tensado y atando sobre las primeras tiradas de
cuerda.
Así, ni se cae la carga ni el
aparejo, que deberá ir siempre afianzado con el pretal, que es la correa que
une las partes delanteras del aparejo por los pechos de la bestia.
Antiguamente existía un auxiliar del
arriero, que sólo se dedicaba a conducir las bestias que transportaban la
comida y demás pertechos de los monteros, que se le llamaba chiquichanga. Es un nombre despectivo
que se les adjudica a los malos arrieros.
En la
actualidad, los arrieros son auxiliados con vehículos todo-terreno, que sirven
para aproximar a los monteros hasta sus puestos y al regreso cargan en sus
pequeños remolques las piezas cazadas
que transportan hasta la junta o reunión.
La
imagen de una reata de bestias, bien atalajadas, cargadas de reses y andando
entre el monte, por esas sierras tan agrestes, es una imagen tan auténtica como
preciosa, quizás de las más monteras que existen. Y en verdad, los que la hacen
realidad son los arrieros, personas
capaces de darle prestigio a una profesión.
8.- El criador de caza.
Si no existieran las piezas de caza, sería imposible cazarlas, pero en la actualidad y, debido al auge de la montería, a la gran demanda de buenos trofeos y a su rentabilidad económica, surgen unas personas que se dedican profesionalmente, a criar piezas de caza, son los productores de caza.
El
productor de caza, no sólo se preocupa de criar reses como cualquier ganadero
especializado, sino que, además, persigue con su tarea una serie de complejos
objetivos, para poder afirmar y perdurar su propia explotación.
Se
hace necesario para ello, conseguir buenos productos, logrando un equilibrio
estable y óptimo del medio, en el que éstos tienen que, primero, reproducirse,
después, criarse y, por último, desarrollarse en las condiciones más favorables
para alcanzar codiciados trofeos.
Una
actuación inadecuada sobre el medio, al primero que perjudica, es al propio
gestor, por eso, es el primer interesado en su conservación y mejora,
obligándole ello, a valorar concienzudamente cada acción emprendida.
El adecuado equilibrio es compatible siempre con los mejores resultados. Y, además, se ha demostrado que es una de las formas más rentables económicamente.
A
veces, a parte de que la explotación cinegética sea la más rentable, también es
la única posible para estos terrenos.
Criar caza y conservar, son actividades
compatibles y rentables. Gestionar una finca de caza es básicamente
rentabilizar la actividad cinegética, optimizando las especies y
compatibilizándola con el equilibrio del medio.
La
gestión de una finca de caza mayor hoy, exige una ordenación cinegética
integral y tecnificada.
Este
ordenamiento, que en España es obligatorio por ley, se realiza de una forma
concienzuda y programada que se recoge en un proyecto previo, es el Plan
Técnico de Caza. En él, se prevén actuaciones sobre el hábitat y sobre las
especies, de esta forma, nada se deja a la improvisación y cualquier actuación
venidera se ha previsto con anterioridad, después de haber sopesado las
ventajas y los inconvenientes.
Una
finca para poder dedicarse a criar reses de montería debe reunir unos
requisitos mínimos:
- Por
ley ha de tener como mínimo 500 Has.
- El
relieve no es un factor definitivo, pero es preferible que sea algo quebrado.
La altitud adecuada va desde el nivel del mar hasta el paisaje de montaña pero
lo más adecuado es hasta alrededor de los 1.300 m.
-
Debe poseer zonas variadas de arboleda preferiblemente de la familia de los "quercus", abundantes pastizales y sobre todo, monte
para alimento, abrigo y cobijo de las reses.
- El
agua es otro elemento que debe estar presente. Diferentes puntos de agua y a
ser posible que se mantengan durante la mayor parte del año, como arroyos,
riachuelos, fuentes o ríos y embalses.
- Es
preferible que los suelos sean ricos y abundantes en minerales, sobre todo, en
calcio, fósforo, magnesio, cal,...
- El
clima idóneo es el mediterráneo, aunque se están obteniendo éxitos notables
también con el clima continental.
- La especie reina es el ciervo, pero a menudo existen también gamos, muflones y jabalíes.
![]() |
| Trofeo de jabalí |
Para
poder gestionar equilibradamente una
finca es preciso conocer:
a) La
potencialidad para producir alimento y una estimación fiable del número de
bocas que puede sostener la finca.
b) Un
inventario de existencias, lo más
estructurado posible, tanto de la población (especies, sexos y edades) como de
los recursos (zonas de comida, encames, hidrología...)
c)
Tipo de caza que se va a practicar: montería,
rececho, caza menor ... ya que
varían las actuaciones de un tipo a otro.
d) Otras actividades compatibles, ya sean agrícolas, ganaderas (como reses de lidia, apicultura...) o forestales que soportará la finca.
e) Después se considerarán otros factores influyentes en la producción cinegética (como servidumbres, carreteras, turismo rural, núcleos de población, cultivos agrícolas colindantes...)
Todo
ello, va a permitir la elaboración con conocimiento de causa del plan de
actuación conocido como Plan Técnico de Caza, que debe contener:
-
Identificación con un plano o croquis del coto sobre el mapa topográfico
nacional a escala 1:50.000 como mínimo.
-
Proyecto de Ordenación Cinegética, redactado y firmado por un técnico
competente en materia cinegética.
-
Presencia de especies de la fauna silvestre no cinegética.
-
Estado sanitario de las poblaciones.
-
Métodos empleados en la realización de los inventarios.
-
Estimación del número de piezas a cobrar.
-
Modalidades de caza elegidas.
-
Mejoras previstas sobre el hábitat o la fauna.
- Y cuantas otras informaciones se consideren de interés respecto a los fines perseguidos.
Los Planes Técnicos de Caza se elaboran por un periodo de cinco años, debiendo ser aprobados o corregidos previamente por el organismo competente, que después evaluará al final de cada temporada la memoria que debe presentar el responsable de la explotación, conteniendo los resultados de las capturas obtenidas, las cacerías celebradas, las repoblaciones efectuadas y la situación de las poblaciones y sus hábitats.
Se
podrá suspender la vigencia del Plan Técnico de Caza y, por tanto, toda
actividad cinegética, por resolución del organismo competente, por
aprovechamiento abusivo o desordenado de las especies existentes o por
incumplimiento de las condiciones de la resolución aprobatoria del Plan
Técnico.
Además,
en el caso de que la finca se encuentre enclavada en el interior de un Parque
Natural, el Plan Técnico de Caza deberá someterse a lo estipulado en el Plan
Rector de Uso y Gestión de ese Parque.
Ese
Plan Técnico será la referencia obligada para cualquier actuación posterior en
la finca. Las futuras actuaciones irán dirigidas a dos aspectos fundamentales:
a) A la mejora
del hábitat:
- Las mejoras
deben programarse desde una visión global de la finca y después se distribuyen
en el tiempo y en el espacio, abordando cada año las que se han previsto más
convenientes, realizándolas por fases como:
- Rozas del
monte viejo para la regeneración del matorral, dedicadas a una mayor producción
de alimentos (Brotes y ramas tiernas del monte, frutos, semillas y pastos).
- Mejora de
las manchas de monte hueco o zonas con vocación de encames y cobijos.
-
Implantación de sembrados o mejora de los pastizales naturales diseminándolos
por la mancha para evitar la aglomeración de reses.
- En las
zonas arbóreas se debe efectuar una "puesta
a luz" de la masa tratada y
posteriormente, el aclareo, para una mayor producción de frutos.
- Actuaciones
dedicadas a atacar las plagas que afectan a la vegetación, tanto arborícola,
arbustiva y de pastizal.
- Otras
procurando conseguir una distribución racional de las poblaciones, actuando por
zonas, dividiendo el terreno en manchas o cuarteles.
- Corta, roza selectiva o por rodales y roturación de
franjas de terreno que habrán de servir cortafuegos y como cortaderos para las
armadas.
- Eliminación
de competidores de la vegetación no deseada y favorecer la presencia de
matorrales, arbustos y árboles productivos y más apetecibles para las reses.
- Mejora de la
infraestructura básica, (los accesos, graneros, torretas, capturaderos,
alambradas, bebederos, comederos...)
-
Abastecimiento de agua durante todo el año, como la limpieza y encauzamiento de
fuentes, construcción de bebederos, habilitación de charcas, pantanetas...
Y con el apoyo de estudios técnicos del suelo y de las
aguas que darán una información de los minerales existentes y captados por la
vegetación.
De esos
estudios saldrán las existencias y carencias nutritivas, pudiendo conocer los
tipos de alimentos a emplear para la sobrealimentación y aporte extra que habrá
de realizarse de complejos vitamínicos y minerales para nutrirlos correctamente, favoreciendo
así el desarrollo de los animales y consecuentemente de su trofeo.
b) A la mejora
de las especies:
- Será
necesario realizar un inventario de la población por especies, sexos y edades
para conocer densidades. El inventario se puede realizar por conteo directo o
por muestreo.
Existen
diversos métodos, pero los más aplicados son:
- Conteo
directo en comederos o pastizales.
- Conteo por
estimación:
- Método de
los desmogues.
- Método de
los excrementos.
- Método de
las huellas.
- Método de
las capturas.
- Método del
marcaje.
- Método de la
fotografía aérea por infrarrojos.
Una
vez conocida la población inventariada, y partiendo de la capacidad alimenticia
de la finca, estableceremos la población ideal, distribuida por sexos y edades,
buscando siempre la continuidad de aquellos ejemplares que sean portadores de
caracteres hereditarios deseables.
La
crianza de un trofeo es un proceso largo y complejo que puede llegar a durar de
4 a 8 años.
Al
principio de empezar a gestionar una finca para dar monterías, se tendrán que
cazar muchos individuos defectuosos, realizando así, una selección progresiva
para ir criando, cada temporada, ejemplares con más posibilidades de trofeo. La
crianza de reses para montería es otra forma de ganadería selecta.
Entre
los ciervos, se deben eliminar en general:
- Varetos que
no hayan descorreado a finales de septiembre.
- Varetos con
longitud de vara inferior a la de las orejas.
- Segundas
cabezas sin luchaderas.
- Aquellos
con tara o de poco desarrollo.
- Jóvenes
enfermos.
- Los machos
defectuosos.
- Machos
regresivos.
- Hembras muy
viejas o estériles.
- Después
cada gestor, a criterio propio, seleccionará más estrictamente, persiguiendo el
tipo de venado que suele producir mejor trofeo.
![]() |
| Jabalí macho con buen trofeo |
Con respecto a los muflones, son aplicables algunos de los anteriores, pero sobre todo, se deben eliminar aquellos que la trayectoria de la cuerna se les dirija hacia dentro.
La
caza selectiva, se puede hacer individualmente a lo largo de todo el año o en
las monterías de gestión, en las que el gestor ayudado por monteros de su
confianza, selecciona según criterio.
No se
hará caza selectiva los años de penuria, salvo para reducir bocas.
¡Ojo!
Con aquellos venados que presentan una cuerna defectuosa por una accidente, ya
que al año siguiente pueden tener una cuerna normal, si los daños sólo eran
externos.
Después
llegará la hora de montear, que será cuando las evidencias demuestren que
existen trofeos que ofrecer y la población, al acumular la siguiente paridera,
será excesiva. Es el momento de recoger la "cosecha
cinegética".
Se
podrá montear ofreciendo diversos tipos de monterías:
- Monterías con
cupo, cuando lo que interese sea sacar un número de ejemplares determinado para
no alterar las densidades.
- Monterías
sin cupo o "a caño libre", cuando lo que interese sea reducir el
número de bocas.
- Monterías a
res muerta, cuando interese cazar sólo los trofeos.
- Cupo mixto
con trofeo y selectivos, cuando lo que interese sea obtener algunos trofeos y a
la vez quitar selectivos.
- Cupos
pequeños (de 1 a 2), medianos (3 ó 4) y grandes (de 5 en adelante)
- Cupos para
una especie, cuando interese cazar sólo una cantidad de ejemplares de esa
especie.
- Cupos
combinados de varias especies, cuando interese entresacar un número determinado
de ejemplares por especies.
Cuanto
más tiempo lleva una finca monteándose, más selectos serán los ejemplares que
cría y, por tanto, mejores trofeos.
Los
principales riesgos que hay que abordar en la gestión son el furtivismo, las
enfermedades y parásitos, el fuego, la sequía, las plagas, errores en los
inventarios, peligro a los cultivos agrícolas próximos a una finca no
alambrada, accidentes de tráfico, cuando una carretera cruza una finca de caza
mayor. Los factores meteorológicos pueden ser un aliado o un enemigo.
Otras
actividades de la gestión serán la organización de la guardería, la gestión
burocrática y la comercialización.
Aunque
no es lo habitual, si están apareciendo ya modernas granjas cinegéticas donde
se cuida y se investiga la selección de las especies de una forma técnica y
científica.
Criar
un récord es el premio a una esmerada labor de gestión de muchos años.
Una
buena gestión es aquella que además de conseguir buenos trofeos mantiene el
equilibrio del ecosistema donde actúa.
9.- El organizador
(Capitán de montería)
Variadísimos,
son también los detalles y los preparativos previos del día de la montería,
aunque todos ellos, han de llevarse a cabo, de forma eficiente y, en lo que se
ha convertido ya, casi en un ritual.
Complejas
serán las gestiones a resolver y abundantes los kilómetros que deba recorrer el
organizador para completar un buen programa cada temporada.
El
organizador debe ser la batuta que dirige a todo un equipo, para que esto de la
montería pite. En cuanto a las funciones del organizador de monterías, pues ya
lo dice la propia palabra, llevar a cabo todas las gestiones que son precisas
para poder montear, como es buscar las mejores fincas monteras, componer un
buen programa, crear un buen equipo que lo haga posible, comercializar las
carnes.
Vender
el programa y, en definitiva, prestar unos servicios al montero para que éste
sólo tenga, íntegramente, que dedicarse a gozar con la práctica de su actividad
preferida, montear.
Evidentemente,
la profesionalización del organizador llega con el nacimiento de la montería
comercial, pero como en todo la experiencia nos enseña que un imperativo de
este oficio debe ser la seriedad y la fidelidad al mantenimiento de las
tradiciones, aunque se evolucione con las exigencias de los tiempos actuales.
Con
la terminación de una temporada, comienzan los preparativos de la siguiente
y durante el periodo de la veda, es
cuando se empiezan a preparar las monterías de la próxima temporada.
Cada
montería, tiene siempre, algún aspecto que la hace diferente y ello, obliga a
que su planteamiento sea distinto, incluso al de ocasiones anteriores.
10.- Otros oficios
De una forma o de otra, asisten a la montería en esta época, una serie de personas cuyo interés y ocupación no es estrictamente cinegética, pero relacionada directamente con la montería. Entre ellos están taxidermistas, conductores de todoterreno, veterinario, fonda, cronista, agentes de la autoridad...)
| Veterinario cosiendo a un perro |
Los veterinarios toman muestras en el mismo campo de las piezas abatidas, para comprobar su estado sanitario y dictaminar o no la idoneidad de consumo de estas carnes.
Agentes
forestales toman datos de los resultados de la montería, para comprobar que se
cumplen las previsiones de los Planes Técnicos de Caza de cada finca.
La
Guardia Civil vela y cuida en general por el cumplimiento de la normativa
vigente en materia de caza y de una forma especial a través de su sección
especializada, el SEPRONA, para ofrecer un mejor servicio, dedicado expresamente a la protección de la
naturaleza.
Cronistas,
aunque desde siempre han existido monteros que han hecho crónicas de sus jornadas
vividas en el monte, en la actualidad y dada la profusión de medios
especializados; algunas personas entre las que me incluyo han colaborado, bien
esporádicamente o de una forma más continuada como fue mi caso, viviendo
innumerables jornadas de monterías, unas veces como monteros, otras simplemente como observadores para poder
realizar después una crónica que resumiese lo allí acaecido.
Generalmente,
los cronistas suelen acompañar al organizador o situarse, con prismáticos en
ristre, en un punto elevado de la mancha, desde puedan observar mejor el
desarrollo de la montería. Otras veces acompañan a un montero o a una rehala
durante su batida por la mancha. Además, por la tarde, contabilizan las reses
abatidas y aquellos trofeos de mejor calidad suelen ser baremados con un método
de medición en verde para poder emitir un juicio, lo más objetivo posible,
sobre la calidad de los trofeos cazados.
El
taxidermista, al mismo tiempo que debe ser un profesional en el conocimiento de
las técnicas para naturalizar los trofeos, que en cada caso harán recordar la
emoción del lance vivido y cuya intensidad no siempre es proporcional al trofeo
conseguido; ha de ser un creador y un artista para que el resultado de su
trabajo, imite lo más posible aquellos retazos de la naturaleza que intenta
inmortalizar en su obra.
Los
trofeos naturalizados son, en definitiva, pequeños retazos extraídos de la
naturaleza y que el montero guarda en su hogar para revivir esos lances monteros que ha gozado empapado de
emoción venatoria.
Son
escultores y cirujanos del detalle, al tiempo que traducen e inmortalizan la
fugacidad de un lance, dándole la mayor apariencia de viada posible para el
goce y deleite de los monteros. Podríamos decir que son resucitadores de esa
belleza muerta que es cada pieza de caza.
Grandes
hombres hay en toda de la geografía española que han elevado la categoría de
esta profesión al grado de arte, entre ellos A. Pérez Rodríguez de Santa Fe,
Alfonso Blanco o Pleité de Andújar, Rabito y otros muchos más que en su empeño
por superarse día a día son hoy innovadores tanto en la técnica como en el
estilo.
11.- El montero
Y
dejamos para el final no al menos importante sino al personaje esencial de la
montería, el montero. Pero, ¿qué es ser montero?
No con sólo haber participado en alguna montería ya se es montero, ya que ser montero significa practicar una forma tradicional y peculiar de caza, que exige complejidad en el oficio, profundos conocimientos, fuertes convicciones y un especial modo de sentirla ateniéndose a una disciplina estricta.
Es un
amante de la naturaleza, que con facilidad olvida la molicie y es capaz de
soportar la dureza del medio, de emocionarse ante la vigorosidad y belleza de
un lance, de ejercitarse físicamente recorriendo los maravillosos parajes de
nuestras sierras donde busca la caza, empapándose de la belleza agreste y
salvaje del medio, de gozar con la tertulia que le permite relacionarse con
otras personas que comparten esta afición.
La
montería no sólo es cazar reses, es una posibilidad que tienen algunas
personas, los monteros, de disfrutar de la naturaleza, de los amigos y de un
ambiente excelente en donde cada uno se esfuerza por ofrecer lo mejor de sí
mismo.
![]() |
| Cae la tarde en la sierra |
El montero debe tener conocimientos específicos acerca de: las armas y su manejo, las municiones y sus efectos, las normas y las leyes, las tradiciones y su evolución, la sierra y del monte, los animales y su comportamiento, la naturaleza...
La
caza en general y particularmente la montería en los momentos actuales está
pasando por una situación controvertida, quizás por las crisis que también
vivimos con respecto a los valores o por la idea obsesiva de que estamos
acabando con los recursos de este maravilloso planeta azul. Idea, esta última,
que en el tema de la caza llega a ser tan obsesiva como equívoca, pues mientras
más monteros existan, más caza mayor habrá. Y la mejor forma de conservarla es
educando al montero y consiguiendo que aumenten sus adeptos. Ocurre otro tanto
que con el mundo del toro, mientras haya toreros habrá toros de lidia, cuando
deje de haberlos habrá menos toros porque económicamente no será rentable
mantenerlos.
He
oído en más de una ocasión, creo inconsecuentemente, que el montero es un
hombre que persigue prestigio social con esta actividad, además de que si es un
indolente, o un inconsecuente... y no sé
cuántas cosas más. Suelen ser juicios que se ejercen, las más de las veces, de
una forma gratuita y sin saber exactamente qué es un montero.
Antes
de nada, y para no caer en el error de la generalización comenzaré por admitir
que existen: escopeteros, carniceros y monteros. Conceptos que maliciosamente
se suelen confundir, siendo realmente diferentes entre ellos.
Ciertamente
es que "todas las parvas tienen
granzas", pero también es verdad, que "no todo lo que tiene la parva son granzas".
El
concepto de cazador ha evolucionado también con los tiempos, ya nada tiene que
ver con el hombre que salía a cazar en busca de una ración de carne para comer.
Afortunadamente el cazador de hoy en día no tiene nada que ver con el cazador
prehistórico, aunque algunos disfruten identificándolo.
El ser montero supone una filosofía de vida, que tiene una ética en su proceder y se atiene a unas normas para poder practicar este gratificante arte de la caza.
En la
mayoría de las ocasiones es un hombre culto, respetuoso, sensible, elegante,
inteligente pero siempre es un amante de la naturaleza, que con facilidad
olvida la molicie y es capaz de soportar la dureza del medio, que se emociona
ante la vigorosidad y belleza de un lance de caza, que se ejercita físicamente
recorriendo los maravillosos parajes de las sierras o campiñas donde busca la
caza, que se empapa de la belleza agreste y salvaje del medio, que goza con la
tertulia y disfruta relacionándose con otras personas que comparten esta
afición.
El
montero actual es un ser con sensibilidad, con una gran carga de conocimientos
y sobre todo con una visión de futuro. Este cazador se somete a una normativa y
acata unas reglas para asegurar la existencia de unos animales, para que otros
puedan reproducirse y ofrecernos más caza en la temporada próxima.
El
montero no solamente abate piezas de caza, disfruta observándolas y
conservándolas, se preocupa por incrementar su "cosecha", selecciona los individuos que deben ser
cazados, en definitiva no es tan sólo un predador humano, es un hombre que caza
con inteligencia y humanidad.
Para
muchos puede ser costoso entender el aspecto de humanidad, que también ha de
existir en el cazador, éste se manifiesta cuando a la hora de abatir sus piezas
de caza selecciona el calibre, la munición y el arma adecuada para procurar el
mínimo sufrimiento a sus piezas de caza. Nunca se persigue en la caza una larga
agonía, se sufre cuando ésta imprevisiblemente ocurre. No quiere esto decir que
el que caza sea un ser sensiblero ni endeble mental, pero sí es una persona con
sensibilidad que actúa continuamente y de forma activa en pro de la naturaleza,
respetándola, gozándola y usándola racionalmente.
![]() |
| Juan Carlos I y los podenqueros de una montería en Lugar Nuevo |
Pero
hoy el tiempo es oro y el ritmo rápido y veloz de nuestra vida moderna, no
permite a algunos de los jóvenes adeptos a la caza que tarden años en adquirir,
mediante una práctica laboriosa y experiencias propias, los conocimientos que
poseen los veteranos de este deporte.
Tiempos
de prisa, que buscan el éxito pronto o de los que quieren llegar sin haber
hecho el camino, para éstos, casi seguro "los
árboles les impedirán ver el bosque", en cambio aquellos, que escojan
el camino, con seguridad lo disfrutarán y llegarán a ser monteros de verdad.
El montero actual es un ser positivamente activo
dentro de la conservación del medio, con sensibilidad y visión de futuro, y que
como cazador, se siente orgulloso de
poder aportar a la cultura cinegética de otros pueblos una modalidad de caza
tan atractiva y peculiar como emocionante, la montería.
o 11.1.- Código del buen montero
1.-
La puntualidad a la hora de asistir a la junta.
2.-
Informarse oportunamente de todas las normas y recomendaciones que se van a
seguir en cada momento.
3.-
Fomentar y potenciar el ambiente agradable con respeto y cortesía.
4.-
Comprobar la imparcialidad en el sorteo.
5.-
Acudir a la postura, que le haya correspondido, en silencio y con las armas
enfundadas.
6.-
Recibir del postor y acatar las recomendaciones oportunas que éste debe
hacerles.
7.-
Asistir al puesto con los acompañantes imprescindibles.
8.-
Hacerse ver con sus puestos vecinos cuando sean visibles.
9.-
Cumplir en todo momento las normas de seguridad que puedan evitar accidentes.
No tirando a los visos, ni en línea con el puesto vecino. No moverse del puesto
ni doblarse. Disparar siempre identificando la pieza. Seguir a los perreros
entre el monte y no disparar con riesgo para ellos.
10.-
Respetar las carreras de las reses, dejándolas cumplir en el tiradero y no
cortar el viaje de las que se dirigen a puestos vecinos.
11.-
Disparar a las reses en el momento en el que existe mayor probabilidad de
acertar el tiro, de forma que produzca la muerte en la pieza lo más rápidamente
posible; evitando disparar a distancias excesivas o con pocas posibilidades.
12.-
Rematar las reses heridas y comunicárselo al compañero, agradeciendo
cortésmente el gesto, cuando nos lo han hecho a nosotros.
13.-
Respetar en todo momento a los perros y reconocer cuando sea oportuno el mérito
de su esfuerzo para motivarlos. No disparar nunca a una res que ya esté
agarrada por los perros, sería peligroso y, además, perjudicial para ellos;
entrar a rematar a cuchillo como es obligación tradicional.
14.-
Si por accidente o desgracia, algún perro resultase herido por los disparos de
un montero, éste debe asumir la responsabilidad del error e informar al perrero
correspondiente.
15.-
Salir a rastrear o a marcar reses, cuando la batida haya terminado,
conociéndose claramente porque sonarán las caracolas, tocando de recogida. No
prolongar las actividades de rastreo más tarde del anochecer.
16.-
Acatar la regla de la primera sangre, en caso de duda sobre la propiedad de una
res herida, pero siempre rastreándola en el monte, nunca llevar la disputa a la
junta. En caso de desacuerdo acudir al postor o capitán de la montería que debe
ser el juez.
17.-
Marcar todas las reses abatidas, tanto en el monte como en el puesto ya que eso
facilitará el trabajo de los arrieros y evitarán que se pierdan.
18.-
No cortar los trofeos en el monte y colaborar para que el tapiz final puedan
contemplarlo y disfrutarlo todos los miembros de la montería.
19.-
Recoger las vainas de los cartuchos y cuantos residuos nos sobren, procurando
que no quede rastro de nuestro paso por el monte.
20.-
Observar cuando se hayan visto perros de rehala perdidos el color de su divisa
en el collar o al menos el color de su capa para informar a los podenqueros.
21.-
Tener presente que los resultados de una montería son aleatorios y, nunca,
deben resumirse en el número o la calidad de reses cazadas, sino en la suma de
hechos y esfuerzos que la hacen posible.
22.-
Dedicar a monteros, podenqueros y demás personal que asista a la montería la
consideración debida y reconocimiento de sus esfuerzos cuando la ocasión lo
requiera, para estimularlos en su trabajo, así como, manifestarles nuestras
consideraciones con claridad y respeto.
23.-
Reconocer nuestros errores y desaciertos, aprendiendo de ellos y procurando
evitarlos en lo posible, desarrollando con dignidad el papel que todo montero
ha de desempeñar como ser positivamente activo con el medio natural.
24.-
Guardar modales y composturas en todo momento, de forma que el desarrollo de
noviazgos, alboroques y demás tradiciones sean siempre actos alegres y
divertidos, potenciando su realización en el mejor ambiente.
25.- El buen montero no es el que más reses mata o
el que más tiros pega, sino el que aplica su buen hacer y demuestra ser un
señor de la sierra.
Manuel Moreno
Febrero - 25















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