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VAQUEO y SALTEO

  Biblioteca Nacional de España VAQUEO Modalidad de caza mayor, consistente en esperar a las reses que vienen de vuelta a su encame diurno d...

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20251001

ATALAYEO

 

El atalayeo es un técnica de observación para después ponerse y esperar a las reses en el lugar adecuado.
Atalayeo


ATALAYEO 

 

El término atalayeo viene de atalayar que es observar secretamente desde lejos y desde un punto elevado. 

 

El atalayeo es una técnica de observación que, aplicada a la caza mayor, consiste en prestar atención al amanecer y desde un puntal elevado, a los animales que se mueven hacia sus refugios diurnos para descubrir sus movimientos. 

 

“… Como iba diciendo, les propuse la caza al atalayeo, por reunir el terreno muy buenas condiciones para ello, y encontrando mi indicación acertada, se procedió desde aquella mañana á vigilar desde las alturas el movimiento de las reses, para lo cual salíamos en parejas antes de venir el día, y á las ocho regresábamos todos al rancho, para comer las migas y dar conocimiento de los encames que cada uno había visto…” 

 

COVARSÍ, A.: Narraciones de un montero.  Badajoz 1898. Pág. 222. 

 

Es el atalayeo una estrategia que nos va a permitir tener información precisa de cómo se mueven tranquilamente los animales sin sentirse observados ni presionados, y qué caminos son los utilizados y por los que sienten mayor preferencia. Esos caminos y veredas hacia sus lugares de encame, cuando los hacen de buenas, suelen repetirlos diariamente, y será muy importante conocerlos con precisión, ya que eso nos permitirá posteriormente ubicar la situación exacta de los puestos en los que hay que hacer la espera para coincidir con las piezas elegidas sin alertarlas previamente. 

Esta vigilancia se puede realizar al amanecer y nos permitirá conocer los lugares en los que se encaman las reses después de sus careos nocturnos, lo que se puede corroborar posteriormente observando las huellas que han dejado en esos caminos.  

Es muy útil el empleo de prismáticos o cualquier instrumento de visión lejana, ya que así, la precisión de nuestra observación será mucho mayor. 

También se puede realizar al atardecer para lo que deberíamos conocer de antemano los lugares donde acostumbran a encamarse las reses durante el día, para observarlos desde el momento en que se levantan y salen de sus encames. 

Tanto si es al amanecer, como si es al atardecer, el tiempo de observación será breve y limitado, por lo que deberemos acertar con precisión el momento de su marcha que será ajustado a las costumbres de los animales. 

Cuando lo que pretendemos es levantar a los animales de sus encames, la modalidad de caza recibe el nombre de salteo 

En cambio, cuando lo que pretendemos es salirle al encuentro en su camino de paso inverso, en el momento en el que salen las reses de sus encames para dirigirse a las zonas de comederos o viceversa, se le llama vaqueo.  

Sería más correcto escribir “baqueo” ya que esta palabra parece estar más directamente relacionada con baquía que es el conocimiento práctico de las sendas, atajos, caminos, ríos, etc., de un lugar determinado. De todas maneras, en los textos antiguos se puede ver escrito de ambas formas. 

Esta técnica la aplican los cazadores y también los guardas para descubrir los movimientos de los furtivos y poder cogerlos “in fraganti” en sus desplazamientos por el monte. 

Lógicamente estas prácticas se daban con mayor frecuencia en otros tiempos en los que el monte no estaba tan poblado de reses como ahora y no existían las cercas de hoy que conminan los movimientos de las reses a territorios más reducidos. 

El conocimiento más o menos preciso de estas costumbres de los animales, nos permitirá también elegir con mayores probabilidades de acierto, los mejores lugares para situarnos dependiendo del viento, la visibilidad, la niebla o el sol. Circunstancias que pueden influir y alterar significativamente el resultado de la cacería. 

Independientemente del resultado final, la contemplación del entorno, la belleza del paisaje y la serenidad que nos transmite la práctica de esta actividad ya es, en sí misma, un regalo para nuestros sentidos. 

 

 

              ¡Caza disfrutando, disfruta cazando!             

                                                                                         Manuel Moreno 

                                                                                          Octubre - 25

20250201

OFICIOS DE MONTERÍA

 

Guarda del Pardo a caballo
Guarda a caballo


  

1                   1.- El guarda

 

            La experiencia, junto a un repertorio de conocimientos complejos y profundos acerca de la sierra y de las reses, han sido siempre cualidades imprescindibles para conseguir resolver con eficacia cuestiones muy específicas que se plantean a la hora de montear.

Con el transcurso del tiempo, los hombres de sierra se han ido especializando cada vez más, al desempeñar estas tareas, y ello a dado lugar, a que de una forma más o menos profesionalizada, aparezcan en la montería actual, una serie de oficios concretos.

            

Ese hombre es casi siempre un solitario, recluido en las entrañas de la sierra, enjuto, de tez arrugada y curtida por el sol, por cuyas arrugas fluyen ríos de sabiduría cinegética, de aparente ignorancia, pero de convicciones profundas, ensalzado por unos e ignorado por otros, afable y de sonrisa fácil, pero con grandes reservas para confiarse al desconocido, con un sentido de la responsabilidad  que sólo se puede entender desde su encomiable amor propio, más poseedor de la finca que el propio dueño.

 Siente como parte de su vida esos parajes por donde ha pululado desde antes que lo recordásemos y que ha defendido de día, de noche, con sol, con frío, con agrado o con enfado, pero siempre con altanero orgullo.

Es hombre estudioso, de ciencia auto-práctica, algo ingenioso, un poco adivino, muy celoso y dado su vasto bagaje, hasta un simpático embustero.

Con su bandolera  y su carabina en ristre, la escarapela en el sombrero, a la espalda un raído morral y con los sentidos bien despejados, procura descifrar todos los signos del campo, para realizar así su función de forma más eficaz .

Antes, entre jaras, madroñas y brezos por angostas  veredas, lento y firme era su caminar, que hoy la moderna tecnología le ha venido a cambiar por muchos kilómetros más, recorridos a lomos de su nuevo caballo metálico, con la emisora colgada al cinto y los prismáticos al cuello.

 Es el lector y traductor del lenguaje de la cruda naturaleza, y ha sabido captar  para bien de la caza el mensaje que cada día le cuenta su amada y eterna confidente, la sierra.

Temprano le llegó el amanecer aunque la noche la pasara en duerme-vela o tras algún inoportuno furtivo. El perro esta noche estuvo algo ladrador y al salir de madrugada a orinar en la calle oyó tropel de reses por la cuerda cercana a la casa.

Antes que los pájaros alegren la mañana, ya estará este hombre solitario leyendo los rastros de la noche, como el que espera recibir una noticia ha saltado de la cama y sin tan ni siquiera tomar el típico café negro con el “chupito” de aguardiente empezó a escudriñar y desvelar lo que la noche había tapado. En el comedero de la silleta han estado más reses que ayer y la espantada que se oyó de madrugada fue por un enorme “guarroque ha dejado sus huellas en los comederos y hasta parte de su pelambrera en el pino de la charca después de haberse revolcado en el barrizal del charco que se hace más abajo del bebedero.

Por el carril del arroyo no ha habido "paseantes" esta noche en cambio pegando al río, parece que hemos tenido "pescaores". Siempre utilizando palabras por el estilo, "duendes", "visitantes", "turistas", etc... porque parece como temiese llamarlos por su nombre "furtivos", ya que si con sólo nombrarlos así, les estuviese autorizando la entrada.

Otra vez más el juego del gato y el ratón, el uno por su pan y el otro sepa Dios por qué, a veces ni ellos mismos lo saben. La verdad es que si no existiese el uno, el otro perdería su razón de ser. Pero, son muchas más las tareas que nuestro amigo, el guarda, debe atender, entre otras ahora está capturando hembras y pronto deberá ir en busca de gabatos; ya casi ha terminado de recoger los desmogues, que por cierto este año, han salido pocos porque la montería se dio demasiado bien. Siempre cambiando de faena pero siempre en la misma plaza.

Mañana vamos a preparar los bebederos y a ensanchar la charca de la fuente de la "cañá", porque como no llueva la tenemos clara este año. Continuamente pendiente del hombre del tiempo, de los aires, de cómo vendrán las cabañuelas y no sé qué miles de zarandajas más.

Todo hasta el más discreto detalle es tenido en cuenta, para que entre cábala y cábala, pueda afrontarse con el menor riesgo posible la presente temporada. Cualquier cosa puede ser traducida, si la paridera fue temprana o floreció pronto el garbanzuelo o bien la lenguaza se ha venido enseguida o quizás el parto doble de las ovejas, este año no han "cucado" casi nada las reses... y  tantas curiosidades más.

Probablemente de sus horas de soledad vinieron estas intuitivas reflexiones que para este hombre comportan una amalgama de datos que, tal vez, nadie sea capaz de explicar y tan sólo, él mismo sea capaz de interpretar y, con seguridad, sabrá utilizar en el momento oportuno para dejar boquiabierto a alguno de los que todavía no le ha quitado la etiqueta a su flamante "barbour".

            Dice un antiguo refrán en esta sierra que: 

"el más tonto hace un reloj de palo y no falla ni un segundo".


Relieve serreño

 Muchos son los nombres que nos recuerdan a sagas enteras de buenos guardas en la sierra de Andújar, que dedicaron su vida y su entender a esta noble profesión y como muestra valgan los nombres de los "Pelaos", los "Cañones", los "Moticas", los "Quilinos", los "Flores", los "Lagartos", los "Murillos"... y un largo etcétera más.

  Nombres como Juanico Navarro, uno de los guardas que D. Pedro de Morales Prieto cita en su obra "Las monterías en Sierra Morena a mediados del s. XIX", en donde también aparece Quilino ya como decano de los guardas de esta sierra, siempre han tenido que vérselas con otros nombres como el famoso Chiquiznaque en aquella época.

  Hoy en día para cualquier montero de esta zona con cierta edad, resulta muy difícil decir los nombres de Los Escoriales, Cabezaparda, Valdelagrana, Sardinas, El Tamujar, La Aliseda, El Villar, Los Alarcones, Selladores o Valquemao,  sin acordarse de nombres como Julián, Jesús,  Gregorio, Daniel, Escolástico, Marcos, el "Nino", Fco. Cano, Luis, Antonio Cañones, Pablo o el mismo Cachinero; porque todos estos hombres han estado ligados a sus respectivas fincas desde hace muchos años. Seguro que nos olvidamos de muchos más, pero resultaría demasiado prolijo enumerarlos a todos, por lo que espero que los omitidos  me disculpen.  

El guarda y su perro son dos seres capaces de mantener complicidad absoluta en su tarea de colaboración diaria, vigilando y apreciando lo imperceptible.

En las largas noches de soledad en la sierra, a veces, existe también un diálogo entre el guarda y su perro, cuando ladra el perro de tal forma en la esquina del cortijo, el guarda entiende que por la carretera se aproxima un coche o que los cochinos se acercan a la baña del collado. Si es de madrugada y se acercó ladrando a la ventana del dormitorio es porque había observado visitantes extraños, si iba y volvía ladrando al cerrete, es porque tal y cual...  El guarda le mandará callar o lo azuzará o... Y así, sucesivamente se van intercambiando una serie de mensajes que para el profano resultarán extraños, en cambio al guarda le serán muy útiles.

 Antes más que ahora, cuando el guarda realizaba su trabajo a pie, a veces, el perro era su único acompañante y se acostumbraba pronto a no latir a las reses en la mancha, a acompañar a su dueño cuando éste se lo permitía y a mantener la vigilancia cuando le creía dormido o descansando.

Cuando llega el día de la montería, se le presenta al guarda una situación que normalmente vive con impaciencia, porque en ese día es como si pasase el examen de la tarea que ha venido realizando durante toda la temporada.

 Los días anteriores, repasa todos los detalles, comprueba la posición de los puestos, la entrada de las armadas, las instrucciones que ha de dar a los guías, a los perreros, a los postores, observa más meticulosamente si cabe el tiempo que posiblemente hará, comprueba las temperaturas, como está la bellota y un sinfín de detalles más que puedan hacer cambiar el resultado de la montería.

Ese puesto se podría mejorar allí, no debemos entrar ya a la mancha, para molestar lo menos posible, al atardecer observó cómo su venado favorito se salió de la mancha, complicidad secreta que le duele y de la que se siente contento porque así posiblemente salve su vida por un año más. La umbría está muy buena de cochinos, porque tienen levantado todo aquello. Así es que, por allí meteré la rehala de fulanico, que es la más eficaz con los guarros, tengo que advertirle a los guías que al llegar a la silleta del alcornocal que no vayan a pasar muy deprisa porque el monte se ha apretado mucho estos últimos años y allí hay muchos encames, los de la mano baja que se resuban hasta llegar al puntal de la silleta, así una gran cantidad de pequeños detalles que revive cada año durante los días anteriores a la montería, rebinando y con la preocupación de no olvidar ninguno.

Un examen que prepara concienzudamente, repasando y re-estudiando una y otra vez  la materia aprobada en la anterior edición de esta misma montería.

Ojalá este puesto le toque a un gran montero, que sepa lo que hay que hacer y cómo debe hacerlo, porque si no se le van a pasar los venados por tal sitio y no se va a dar ni cuenta.

Al postor del arroyo hay que advertirle que no se vayan a mover los puestos 5 y 6 porque puede ser peligroso, y es que hoy viene cada montero, que uno ya no se queda tranquilo con nada y todas las precauciones son pocas.

Es el día mismo de la montería, cuando vive su más dolorosa paradoja, la de que se maten y no se maten aquellos venados que con tanto esfuerzo ha ido mimando y criando durante estos años atrás. Si no se cazan, su trabajo fue inútil y si se cazan, le duele su ausencia.

Esta persona que hasta parece estar mimetizada con el paisaje en el que ha empeñado algo más que sus anhelos e ilusiones, merece no solamente nuestro respeto, sino toda la admiración por su buen hacer empapado de autenticidad  en favor de la caza.

Por su gran conocimiento del terreno y aunque no sea su función fundamental, uno de los que mejor es capaz de rastrear una res herida es el guarda, a veces, ayudado por el eficiente trabajo de un perro de rastro, otras, las más, simplemente observando los rastros que dejaron las reses en su huida.

La labor del guarda, otro gran profesional de la sierra, se extiende de una a varias temporadas, para al final, ver los frutos de su trabajo, en algo más de cuatro horas que suele durar la montería.

 

            o   1.1.- El guarda y los furtivos.

             Aunque en esencia la labor del guarda sigue siendo la misma de antaño, los métodos y sobre todo los recursos se han adaptado a la situación actual.

Las telecomunicaciones, los prismáticos, las acciones coordinadas de varios guardas de cotos de una zona y sobre todo la actuación sincronizada con miembros de la benemérita, juegan un papel fundamental y decisivo en la lucha actual contra todo tipo de furtivismo.

El uso de estos instrumentos ha dado lugar a la creación de un código especial para comunicarse los guardas entre sí, sin que puedan ser interceptados sus mensajes por los furtivos que en algunas ocasiones también hacen uso de estos aparatos.

El guarda memoriza perfectamente la forma de terreno y aunque sea de noche es capaz de localizar por donde va o viene tal vehículo, diferenciándolos por el ruido, la velocidad o un sinfín de insignificantes matices, que sólo, con la continua observación diaria, ha sido capaz de aprender.

Los perros de los guardas, a menudo, son capaces de transmitir a sus respectivos dueños tal cantidad de mensajes en este aspecto, que sólo ellos saben descifrar. 

La dotación de vehículos todo-terreno agiliza enormemente los movimientos de los agentes de guardería y permiten cubrir mayores zonas en menos tiempo. Pero es, sobre todo, la lectura de las huellas, así como el comportamiento de los animales y otros signos, lo que hace que el guarda sea capaz de localizar el punto exacto donde puede encontrarse el intruso en un momento dado. El furtivo es consciente de esto y a veces hace rastros falsos para despistarle y desplazarlo de esta forma a otras zonas de la finca.

Mil y una argucias intimidatorias y las más insospechadas tretas, son intercambiadas en un diálogo sordo entre el guarda y los furtivos que actúan con frecuencia en una zona.

Los papeles están bien claros desde el principio, el guarda intentará disuadirlos con todos los medios a su alcance, mientras que para los furtivos, quitarle cualquier  pieza de caza que persigan se convierte en un reto.

Dependiendo del medio de transporte utilizado por los furtivos, en cada caso tendrán unas entradas y salidas a la finca, más o menos predeterminadas. Cuando van a pie, suelen tener casi siempre un lugar de entrada y otro diferente de salida, ya que a la entrada lo que persiguen es sorprender al ganado en sus querencias habituales, pero a la salida y si van cargados, necesitan aprovechar los accidentes del terreno de la forma más favorable posible. Aunque una vez que se han percatado de sus posibilidades, al repetir, suelen tener itinerarios muy concretos, que los guardas conocen a la perfección y es donde se fijan los apostaderos para poder pillarlos "in fraganti".

 Otras veces cuando el medio de transporte es un vehículo, suelen seguir diferentes itinerarios en función de la hora a la que actúan y de la comunicación entre los distintos carriles, que los guardas suelen controlar con aparatosas portadas metálicas o sembrando el firme de los carriles con clavos.

Cuando utilizan una técnica mixta, es decir, disponen de un vehículo nodriza que los va repartiendo por el campo, tienen fijado "a priori" un punto de encuentro para el regreso. Si es de día suele ser un punto elevado del terreno, desde donde el que espera pueda controlar posibles movimientos en contra suya. Si es de noche suelen escoger una vaguada, en donde las luces del vehículo que los recogerá se pierden desde lejos y apenas se aprecie la maniobra.

El cazador cazado. De furtivo a guarda, es una medida que en la práctica ha dado buenos resultados, consiguiendo la reinserción social de algunas de estas personas que al encontrar empleo como guardas han dejado de ser furtivos.

 El binomio guarda/furtivo es una realidad paradójica en la que, persiguiendo distintos fines, se llega a hablar un lenguaje común, el  del  monte

 

 

            2.- El postor

 

            El postor es el encargado de situar a un grupo de monteros en un lugar exacto del monte que se llama puesto y a todo el grupo de los puestos que pone un postor se le llama armada.

Después el postor se encarga de que no se quede perdida en el monte, ninguna de las reses cazadas y marcadas.

Si hay discusión sobre la propiedad de una res el postor, aplicando normas muy antiguas de la montería, decidirá de quién es esa pieza.

El postor es un experto de la sierra, un conocedor de la mancha y, especialmente, de una zona en particular que es su propia armada, sabiendo donde se sitúan exactamente cada uno de los puestos, cuáles son sus tiraderos, hacia donde se quedan colocados los puestos vecinos y cuál va a ser la técnica que se empleará para batir el monte con las rehalas. 

Conocimientos que transmitirá verbalmente a cada montero, en el momento de situarlo junto a la tablilla que indica el lugar exacto de su puesto.

Estas instrucciones serán de obligado cumplimiento por el montero, para la seguridad propia y de sus vecinos.

Recordándole que está terminantemente prohibido moverse de ese lugar, abrirse o doblarse.

El postor será el encargado de indicar a los arrieros exactamente donde han caído las reses cazadas, para ser transportadas a la junta de carnes y en caso de duda sobre la propiedad de una res herida, es el juez que dictaminará a quién corresponde la res, aplicando para ello la regla de la primera sangre.

Antiguamente el oficio de postor, lo desempeñaban otros aficionados a la montería, sin entrar a escote en los gastos de la misma, pero ocupando una postura al final de su armada, para asegurarse que la mancha quedaba completamente cerrada. Estos eran los denominados “escopetas negras” así como aquellos, que desempeñaban cualquier otra tarea y en vez de cobrar por ello, tenían la posibilidad de cazar a cambio.

 

 

 

            3.- El secretario 

 

            El oficio de secretario no se da en todas las monterías, pero cuando la calidad de éstas es muy buena, suele ser una figura muy útil y necesaria.

Bajo la denominación de secretario también se recoge otra función que es la desarrollada por expertos de campo y de la confianza del productor de caza, que controlan el número de piezas abatidas, tiradas y la cantidad y la calidad de las reses que han entrado en la postura. A este tipo de secretarios se les llama también controladores o fedatarios.

A veces, el secretario es un montero que, por otros motivos, no montea en esa ocasión pero que desea tomar parte activa de la montería y lo hace desempeñando esa función.

Un buen secretario, en ningún momento hará señales con las manos que sean visibles desde lejos, ya que las reses discriminan perfectamente el movimiento. Se comunicará por escuetos gestos que deberán ser comprendidos rápidamente por el montero.

Primero hay que irse al tiro, ver las huellas y buscar la sangre.

podenquero en el monte con su rehala
Podenquero monteando

Un signo claro de ir herido fue como abandonó al resto de las reses que iban con él y cogió el camino hacia abajo.

La labor del secretario se hace imprescindible cuando por la edad o por las condiciones físicas del montero,  éste,  no pueda desenvolverse con agilidad por lo abrupto de la sierra.

El secretario suele ser un experto de sierra que ayuda al montero en el puesto y en el monte de una forma discreta y lo más eficaz posible.

Suelen existir expertos secretarios que auxilian y se comportan perfectamente en el puesto, por el contrario existen otros que no dejan de moverse en el puesto, señalan haciendo gestos que se perciben desde una legua o como no, haciendo ruido rompiendo ramitas, tirando piedras o tosiendo en el momento más inoportuno.

           

 

 

                4.- El rehalero

 

            Montero-rehalero y rehalero son conceptos sinónimos en esencia, aunque en la forma pudieran tener connotaciones muy diferentes, sobre todo, en la actualidad.

Convertirse en montero-rehalero, fue en un tiempo la única forma de que aquellos monteros que no poseían fincas en propiedad, pudieran asegurarse la posibilidad de montear en las fincas ajenas, ya que  casi todas las monterías se daban por invitación. Y para los que las tenían, era una forma de contribuir a los quehaceres de la montería con sello propio.

Montear ya es una satisfacción personal e intransferible pero si, además,  se hace con rehala propia, se suman ilusiones y se multiplican las sensaciones.

Los monteros-rehaleros llegaron a convertirse en las figuras claves de la montería, a los que la tradición y su buen hacer les habían concedido, aunque escasos,  ciertos privilegios.


Ser rehalero antes, cuando la mayoría de las monterías se daban por invitación,  se llegó a convertir en un motivo de orgullo, prestigio personal y lo que es más hasta un honor, ya que en esa persona debían coincidir una serie de conocimientos y cualidades imprescindibles para lograr el éxito en la montería y que su rehala fuese reiteradamente solicitada.

Rehala de crestados de Rodesia o rodesianos
Guarda, rehalero y montero

La esmerada dedicación del rehalero por conseguir la eficacia de su rehala, le obligaba a preocuparse, además, por un sinfín de detalles como la belleza de la estampa, el color de las capas de sus perros. La estética se veía obligada a combinarse imperativamente con la funcionalidad y eficacia de sus canes en el monte.

El montero-rehalero se ha preocupado siempre por cuidar y velar por su rehala como si de una ganadería selecta se tratase, observando con esmero los cruces, las cualidades de sus productos... e incluso llegaba a padecer como propios los riesgos que sus perros sufriesen en el monte. Sin duda es un cinófilo con empírica formación, cuyo estado de alerta es continuo y la relajación no le llega hasta que no ve “funcionar” su rehala.

 

 

                    5.- El podenquero

 

            El perrero o podenquero, es el que montea de verdad, porque es el que llega, metiéndose en el monte, hasta la cama misma de las reses, las levanta y, a veces, las agarra con sus perros, dando lugar a unos momentos inolvidables y de gran emoción. Además, conduce a sus perros por los lugares donde se esconden las reses y hay que estar muy en forma para cazar y moverse en la sierra tronchando monte con una rehala...

          


 
El perrero es el cuidador y conductor de la rehala, su misión es batir las espesuras del monte, voceando fuerte para animar a los perros y hacer salir a las reses de sus encames.
Estampa de monteria, perrero y rehala.
José Sanchez monteando con su rehala

   Además, corresponde al perrero velar por la integridad física de sus perros en los agarres, sobre todo, con los cochinos y por último, recoger todos los perros al finalizar la montería. Si alguno ha resultado herido y se puede curar fácilmente, hacerlo lo más pronto posible, a veces, les toca hacer de improvisados cirujanos, teniendo que suturar heridas  a los perros provocadas por los enfrentamientos con los jabalíes.


 El auténtico podenquero es el miembro de la montería que más amplio significado aporta al término montar, ya que para realizar su trabajo tiene que penetran a pie en la mancha sin amedrentarse por:

        - Tener que atravesar los tupidos y empinados montes de nuestras sierras.

        - Sufrir los punzantes puñales en los que se convierten las ramas secas de la jara,

        - o las espinosas ramas de los nutridos zarzales.

        - Padecer la aspereza de las chaparreras impenetrables.

        - Agacharse y andar a gatas en los tupidos brezales.

        - Empaparse con la manta de agua que tiene el monte cuando llueve.

        - El riesgo de cruzar las resbaladizas lastras mojadas o cubiertas de musgo en las umbrías.

        - Hacer frente a la fiera acometida del jabalí aculado.

        - Soportar la dureza de las pronunciadas "pechugas" que hay que subir o bajar.



El perrero siempre está presto para:


- Informarse cuál va a ser la mano que le corresponde, guardarla y cumplirla en el monteo.

- Conocer y cumplir la forma más adecuada de montear la mancha.

- Estar disponible en el lugar exacto de la suelta a la hora convenida.

- No usar la caracola nada más que cuando es necesaria, sin abusar de las llamadas a los perros, ni llevarlos pegados a sus piernas.

- Respetar los agarres y auxiliar a los perros cuando el peligro del lance lo requiere.

Podenqueros con sus podencos.
Cantarero y sus perros

. Entrar a rematar a cuchillo.

- Vocear bien, animando a los perros.

- Pararse cuando se arranca una ladra y esperar allí la vuelta de los perros, cantando fuertemente la res que hayan levantado para informar a los monteros.

- No aliviarse caminando por los claros, haciéndolo sólo cuando es imprescindible.

- No llevar perros de menos, ni exceso de cachorros.

- Tampoco llevar perras en celo.

- Rematar bien el monteo, llegando hasta el cierre acordado.

- Y por supuesto, nunca duda en esperar, tocando su caracola, a veces hasta bien entrada la noche, la llegada de los perros que quedaron rezagados en el monte.

El auténtico perrero es un hombre fuerte y recio, pero al mismo tiempo repleto de una sensibilidad especial, provocada por su amor a los perros.

El momento de la suelta, es la última señal de comienzo de la montería y se hace notar por el incremento de la algarabía, zambra o zarabanda, nombres con los que se denomina a los ruidos de ladras, voces y tiros, propios de la montería.

            Toques de caracola, ecos de fondo en la sierra, que señalan de forma sonora oficialmente la terminación de la batida. Será ahora, el momento de rastrear las reses heridas y marcar en el monte las reses abatidas.

 

  

                    6.- El guía

 

            Otro experto de la sierra es el que realiza el trabajo de guía, su función es la de conducir por el monte a las rehalas, buscando los encames y las querencias de las reses, para que los perros las levanten y las dirijan hacia las posturas. Antiguamente se le llamaba director y solían ser dos por cada grupo de rehalas. Colocándose uno a cada extremo.

El guía debe marcar el ritmo de la marcha de las rehalas, parando unas, haciendo avanzar a las otras, para que el ojeo vaya ordenado, y debe dirigirlas por las zonas donde se suponen que van a estar las reses.

           

Paisaje de montería en la Sierra Morena.

    El trabajo del guía debe estar sincronizado con los otros guías que montean otra zona de la mancha, ya que de no ser así, pueden provocar fácilmente que se vacíe la mancha o que las reses se queden atrás.

  En la actualidad suelen ayudarse con las modernas emisoras, pero antes eran sus mensajes enviados con tiros de pólvora sin munición que debían ser diferenciados perfectamente por los demás compañeros.

El guía no sólo ha de llevar a cabo la estrategia planteada inicialmente, sino que además, ha de tener capacidad y conocimientos sobre la montería, como para que en un momento dado de la batida, en el que se observa que la ubicación que se preveía iban a tener las reses inicialmente no es exacta, entonces deberá improvisar otra nueva estrategia con el único objetivo de hacerlas salir del monte y conducirlas hacia las armadas.

 

 

                    7.- El arriero

 

El arriero es un miembro imprescindible en la montería, que destaca por su eficacia, sacrificio y abnegación, ya que la dureza de su trabajo no le permite ser un hombre que se arredre fácilmente, sino que por el contrario, le exige un gran valor y un vasto conocimiento del medio, para desenvolverse en los lugares más inaccesibles, aún en las situaciones más adversas.

           

El arriero arrastrando un venado en Alarcones.
Arrastre de venado en Alarcones

     Y es que, los autores de este bizarro oficio, forman parte del equipo de logística del transporte más antiguo que se conoce. Según las zonas y los lugares, ha sido reconocido por nombres como: arriero, acemilero, harruquero, bagajero, mulero, aljamel o alhamel, recovero, cabañero, hatero o incluso “buchero”, del arcaísmo "buches" que eran los burros y por extensión todas las bestias de carga.

   El arriero es un conocedor de la sierra, de día y de noche, conoce todos los caminos, veredas, trochas y vericuetos, ya que esto le permite trasladarse con seguridad y rapidez.

   En breve espacio de tiempo tiene que desempeñar en la montería, una labor trabajosa y dura, como es el recoger las reses abatidas en el monte, ya que la mayoría de los monteros quieren ver sus trofeos en la junta de carnes antes de que llegue la noche.

           

            La tarea del arriero en la montería:

 Depende, porque el arriero suele hacer dos funciones dentro de la montería. Una, es llevar a los monteros con todos sus achiperres hasta sus puestos, cuando éstos necesitan caballería porque el acceso sea muy difícil. Hoy, esto cada día es más infrecuente.

Y la otra, es la de sacar las reses abatidas del monte. Que esa, aunque ya existen muchísimos carriles, sigue haciéndose necesaria porque muchas reses caen muertas en lugares muy difíciles y enmontados para sacarlas a mano hasta los carriles o la junta de carnes.

Mulos atalajados para la faena.
Antonio Santiago Peña, maestro de arrieros.


            Principales dificultades de esta tarea en la sierra:

A veces, hay que imaginar o mejor incluso adivinar lo que quieren decir los monteros, con esos mensajes dejados, en forma de papelitos blancos u otras marcas de las que dejan en el puesto, indicando donde se encuentran las reses que han cazado, para poder recogerlas.

 Los monteros... monteros, lo suelen hacer bien, pero a muchos se les olvida o lo hacen de forma confusa y hay que adivinarles lo que querían decir con esas señales, Sin contar con la dificultad de otras ocasiones en las que por el viento se vuelan algunos papelitos y... “ya está el lío”.

 Hoy, hay algunos postores novatos que se meten detrás de una "charneca" (lentisco) o una "azuqueca" (torvisco) y ya están perdidos. Eso, sin duda es una dificultad.

 Cuando llega el arriero junto a la res, lo primero, hay que prepararla para llevarla a la junta de carnes, eso es lo que llamamos hatear o aviar una res, y tenemos que hacerlo rápido, para que no se alargue la tarea. Primero con la ayuda de una buena navaja se destripa, después, si es un venado, se le tronchan las patas por las articulaciones y se apiola, para cargarla en la bestia, ya que sino con la cabeza suelta cuesta más cargarla y atarla.

A veces, cuando la bestia está poco acostumbrada todavía o está resabiada por alguna mala faena, resulta difícil cargarle las reses, pero para ello, utilizamos algunos trucos, como es taparle los ojos con algo como una cazadora o un una chaqueta... Ahora, cuando ya están acostumbradas, es bastante sencillo.

Cargar un venado sobre una bestia es muy fácil entre dos, pero si el arriero es fuerte, el venado no es excesivamente grande y, sobre todo, si lo sabe hacer, lo puede cargar un arriero solo. Muchas veces lo hemos tenido que hacer así, aunque lo normal sea hacerlo, por lo menos, entre dos personas.

       

Jabalí cargado a lomos de una mula
Arriero cargando un jabalí en la mula

            Una imagen con sabor, es ver un gran venado cargado sobre una bestia y ésta sacándolo del monte, pero, ¿Cómo se ata ahí el venado para que no se caiga?

Atar un venado sobre una bestia aparejada y que no se caiga al acarrearlo por entre el monte, es uno de los signos que distingue al buen arriero del que no lo es; pero eso, para mí es más fácil hacerlo que explicarlo.

Paisaje de San Agustín en Puente Génave.

Se hace con una soga de unos 8 m. que siempre llevamos doblada por la mitad y después de recogida, atada al cuello de las bestias.

Se despliega media soga por cada lado de la parte superior delantera del aparejo, dejando el punto central de la cuerda arriba, en la delantera del aparejo.

Desde ahí, se va pasando la cuerda de delante hacia detrás, por debajo y, a ambos lados de las esquinas inferiores del aparejo. Después se pasa por lo alto de la res, (que ya estará cargada sobre el aparejo) y van los dos extremos de la cuerda hacia delante,  (el del lado derecho, se pasará por el arco formado con el cuello del venado, ya apiolado), el otro por encima del lomo de la res y, a continuación, los dos extremos van a pasar por debajo del punto medio de la soga (que habíamos dejado en la delantera del aparejo), para salir por arriba, tensando muy fuerte.

Posteriormente, la continuación del lado derecho, bien tensado, hará una gaza sobre la base de la cuerna  y el sobrante de soga de la parte izquierda, pasará por los cuartos traseros de la res. Cada pedazo de la soga tira por un lado hacia abajo, cruzándose las dos, por debajo de la bestia y sobre la cincha, para buscar arriba el cruce contrario (de los primeros cruces superiores que hicimos de detrás hacia delante) y aquí, hay que tensar muy fuerte, atando con una “somuestra” doble o ballestrinque.

Con el resto de la cuerda, se reatan las partes que todavía se vean más inseguras, como por ejemplo los cuernos del venado o las patas para que no cimbreen.

Y por último, se terminan de asegurar los cabos de la soga, tensado y atando sobre las primeras tiradas de cuerda.

Así, ni se cae la carga ni el aparejo, que deberá ir siempre afianzado con el pretal, que es la correa que une las partes delanteras del aparejo por los pechos de la bestia.

Antiguamente existía un auxiliar del arriero, que sólo se dedicaba a conducir las bestias que transportaban la comida y demás pertechos de los monteros, que se le llamaba chiquichanga. Es un nombre despectivo que se les adjudica a los malos arrieros.

En la actualidad, los arrieros son auxiliados con vehículos todo-terreno, que sirven para aproximar a los monteros hasta sus puestos y al regreso cargan en sus pequeños remolques  las piezas cazadas que transportan hasta la junta o reunión.

La imagen de una reata de bestias, bien atalajadas, cargadas de reses y andando entre el monte, por esas sierras tan agrestes, es una imagen tan auténtica como preciosa, quizás de las más monteras que existen. Y en verdad, los que la hacen realidad son los arrieros, personas  capaces de darle prestigio a una profesión.

 

 

                    8.- El criador de caza.

 

   Si no existieran las piezas de caza, sería imposible cazarlas, pero en la actualidad y, debido al auge de la montería, a la gran demanda de buenos trofeos y a su rentabilidad económica, surgen unas personas que se dedican profesionalmente, a criar piezas de caza, son los productores de caza.

 El productor de caza, no sólo se preocupa de criar reses como cualquier ganadero especializado, sino que, además, persigue con su tarea una serie de complejos objetivos, para poder afirmar y perdurar su propia explotación.

Se hace necesario para ello, conseguir buenos productos, logrando un equilibrio estable y óptimo del medio, en el que éstos tienen que, primero, reproducirse, después, criarse y, por último, desarrollarse en las condiciones más favorables para alcanzar codiciados trofeos.

Una actuación inadecuada sobre el medio, al primero que perjudica, es al propio gestor, por eso, es el primer interesado en su conservación y mejora, obligándole ello, a valorar concienzudamente cada acción emprendida.

            El adecuado equilibrio es compatible siempre con los mejores resultados. Y, además, se ha demostrado que es una de las formas más rentables económicamente.


Estampa de monteria, perrero en el monte.

   A veces, a parte de que la explotación cinegética sea la más rentable, también es la única posible para estos terrenos.

 Criar caza y conservar, son actividades compatibles y rentables. Gestionar una finca de caza es básicamente rentabilizar la actividad cinegética, optimizando las especies y compatibilizándola con el equilibrio del medio.

La gestión de una finca de caza mayor hoy, exige una ordenación cinegética integral y tecnificada.  

Este ordenamiento, que en España es obligatorio por ley, se realiza de una forma concienzuda y programada que se recoge en un proyecto previo, es el Plan Técnico de Caza. En él, se prevén actuaciones sobre el hábitat y sobre las especies, de esta forma, nada se deja a la improvisación y cualquier actuación venidera se ha previsto con anterioridad, después de haber sopesado las ventajas y los inconvenientes.

            Una finca para poder dedicarse a criar reses de montería debe reunir unos requisitos mínimos:

                 - Por ley ha de tener como mínimo 500 Has.

            - El relieve no es un factor definitivo, pero es preferible que sea algo quebrado. La altitud adecuada va desde el nivel del mar hasta el paisaje de montaña pero lo más adecuado es hasta alrededor de los 1.300 m.

            - Debe poseer zonas variadas de arboleda preferiblemente de la familia de los "quercus",  abundantes pastizales y sobre todo, monte para alimento, abrigo y cobijo de las reses.

             - El agua es otro elemento que debe estar presente. Diferentes puntos de agua y a ser posible que se mantengan durante la mayor parte del año, como arroyos, riachuelos, fuentes o ríos y embalses.

            - Es preferible que los suelos sean ricos y abundantes en minerales, sobre todo, en calcio, fósforo, magnesio, cal,...

              - El clima idóneo es el mediterráneo, aunque se están obteniendo éxitos notables también con el clima continental.

              - La especie reina es el ciervo, pero a menudo existen también gamos, muflones y jabalíes.


Colmillos, teas o verrojas.
Trofeo de jabalí


            Para poder gestionar equilibradamente  una finca es preciso conocer:

            a) La potencialidad para producir alimento y una estimación fiable del número de bocas que puede sostener la finca.

            b) Un inventario de  existencias, lo más estructurado posible, tanto de la población (especies, sexos y edades) como de los recursos (zonas de comida, encames, hidrología...)

            c) Tipo de caza que se va a practicar: montería,  rececho, caza menor ...   ya que varían las actuaciones de un tipo a otro.

            d) Otras actividades compatibles, ya sean agrícolas, ganaderas (como reses de lidia, apicultura...) o forestales  que soportará la finca.

         e) Después se considerarán otros factores influyentes en la producción cinegética (como servidumbres, carreteras, turismo rural, núcleos de población, cultivos agrícolas colindantes...)

            

        Todo ello, va a permitir la elaboración con conocimiento de causa del plan de actuación conocido como Plan Técnico de Caza, que debe contener:

           - Identificación con un plano o croquis del coto sobre el mapa topográfico nacional a escala 1:50.000 como mínimo.

            - Proyecto de Ordenación Cinegética, redactado y firmado por un técnico competente en materia cinegética.

            - Presencia de especies de la fauna silvestre no cinegética.

            - Estado sanitario de las poblaciones.

            - Métodos empleados en la realización de los inventarios.

            - Estimación del número de piezas a cobrar.

            - Modalidades de caza elegidas.

            - Mejoras previstas sobre el hábitat o la fauna.

            - Y cuantas otras informaciones se consideren de interés respecto a los fines perseguidos.

 Los Planes Técnicos de Caza se elaboran por un periodo de cinco años, debiendo ser aprobados o corregidos previamente por el organismo competente, que después evaluará al final de cada temporada la memoria que debe presentar el responsable de la explotación, conteniendo los resultados de las capturas obtenidas, las cacerías celebradas, las repoblaciones efectuadas y la situación de las poblaciones y sus hábitats.

Se podrá suspender la vigencia del Plan Técnico de Caza y, por tanto, toda actividad cinegética, por resolución del organismo competente, por aprovechamiento abusivo o desordenado de las especies existentes o por incumplimiento de las condiciones de la resolución aprobatoria del Plan Técnico.

Además, en el caso de que la finca se encuentre enclavada en el interior de un Parque Natural, el Plan Técnico de Caza deberá someterse a lo estipulado en el Plan Rector de Uso y Gestión de ese Parque.

            Ese Plan Técnico será la referencia obligada para cualquier actuación posterior en la finca. Las futuras actuaciones irán dirigidas a dos aspectos fundamentales:

               a) A la mejora del hábitat:

   - Las mejoras deben programarse desde una visión global de la finca y después se distribuyen en el tiempo y en el espacio, abordando cada año las que se han previsto más convenientes, realizándolas por fases como:

   - Rozas del monte viejo para la regeneración del matorral, dedicadas a una mayor producción de alimentos (Brotes y ramas tiernas del monte, frutos, semillas y pastos).

    - Mejora de las manchas de monte hueco o zonas con vocación de encames y cobijos.

   - Implantación de sembrados o mejora de los pastizales naturales diseminándolos por la mancha para evitar la aglomeración de reses.

   - En las zonas arbóreas se debe efectuar una "puesta a luz"  de la masa tratada y posteriormente, el aclareo, para una mayor producción de frutos.

  - Actuaciones dedicadas a atacar las plagas que afectan a la vegetación, tanto arborícola, arbustiva y de pastizal.

  - Otras procurando conseguir una distribución racional de las poblaciones, actuando por zonas, dividiendo el terreno en manchas o cuarteles.

 - Corta,  roza selectiva o por rodales y roturación de franjas de terreno que habrán de servir cortafuegos y como cortaderos para las armadas.

 - Eliminación de competidores de la vegetación no deseada y favorecer la presencia de matorrales, arbustos y árboles productivos y más apetecibles para las reses.

  - Mejora de la infraestructura básica, (los accesos, graneros, torretas, capturaderos, alambradas, bebederos, comederos...)

 - Abastecimiento de agua durante todo el año, como la limpieza y encauzamiento de fuentes, construcción de bebederos, habilitación de charcas, pantanetas...

Y con el apoyo de estudios técnicos del suelo y de las aguas que darán una información de los minerales existentes y captados por la vegetación.

 De esos estudios saldrán las existencias y carencias nutritivas, pudiendo conocer los tipos de alimentos a emplear para la sobrealimentación y aporte extra que habrá de realizarse de complejos vitamínicos y minerales  para nutrirlos correctamente, favoreciendo así el desarrollo de los animales y consecuentemente de su trofeo.


             b) A la mejora de las especies:

   - Será necesario realizar un inventario de la población por especies, sexos y edades para conocer densidades. El inventario se puede realizar por conteo directo o por muestreo.

            Existen diversos métodos, pero los más aplicados son:

                  - Conteo directo en comederos o pastizales.

                  - Conteo por estimación:

                  - Método de los desmogues.

                  - Método de los excrementos.

                  - Método de las huellas.

                  - Método de las capturas.

                  - Método del marcaje.

                  - Método de la fotografía aérea por infrarrojos.

 Una vez conocida la población inventariada, y partiendo de la capacidad alimenticia de la finca, estableceremos la población ideal, distribuida por sexos y edades, buscando siempre la continuidad de aquellos ejemplares que sean portadores de caracteres hereditarios deseables.

 La crianza de un trofeo es un proceso largo y complejo que puede llegar a durar de 4 a 8 años.

 Al principio de empezar a gestionar una finca para dar monterías, se tendrán que cazar muchos individuos defectuosos, realizando así, una selección progresiva para ir criando, cada temporada, ejemplares con más posibilidades de trofeo. La crianza de reses para montería es otra forma de ganadería selecta.

            Entre los ciervos, se deben eliminar en general:

                       - Varetos que no hayan descorreado a finales de septiembre.

                       - Varetos con longitud de vara inferior a la de las orejas.

                       - Segundas cabezas sin luchaderas.

                       - Aquellos con tara o de poco desarrollo.

                       - Jóvenes enfermos.

                       - Los machos defectuosos.

                       - Machos regresivos.

                       - Hembras muy viejas o estériles.

                      - Después cada gestor, a criterio propio, seleccionará más estrictamente, persiguiendo el tipo de venado que suele producir mejor trofeo.

           

Jabalí comiendo.
Jabalí macho con buen trofeo

    Con respecto a los muflones, son aplicables algunos de los anteriores, pero sobre todo, se deben eliminar aquellos que la trayectoria de la cuerna se les dirija hacia dentro.

   La caza selectiva, se puede hacer individualmente a lo largo de todo el año o en las monterías de gestión, en las que el gestor ayudado por monteros de su confianza, selecciona según criterio.

    No se hará caza selectiva los años de penuria, salvo para reducir bocas.

     ¡Ojo! Con aquellos venados que presentan una cuerna defectuosa por una accidente, ya que al año siguiente pueden tener una cuerna normal, si los daños sólo eran externos.

    Después llegará la hora de montear, que será cuando las evidencias demuestren que existen trofeos que ofrecer y la población, al acumular la siguiente paridera, será excesiva. Es el momento de recoger la "cosecha cinegética".


            Se podrá montear ofreciendo diversos tipos de monterías:

   - Monterías con cupo, cuando lo que interese sea sacar un número de ejemplares determinado para no alterar las densidades.

   - Monterías sin cupo  o "a caño libre", cuando lo que interese sea reducir el número de bocas.

   - Monterías a res muerta, cuando interese cazar sólo los trofeos.

   - Cupo mixto con trofeo y selectivos, cuando lo que interese sea obtener algunos trofeos y a la vez quitar selectivos.

   - Cupos pequeños (de 1 a 2), medianos (3 ó 4) y grandes (de 5 en adelante)

   - Cupos para una especie, cuando interese cazar sólo una cantidad de ejemplares de esa especie.

  - Cupos combinados de varias especies, cuando interese entresacar un número determinado de ejemplares por especies.


Cuanto más tiempo lleva una finca monteándose, más selectos serán los ejemplares que cría y, por tanto, mejores trofeos.

 Los principales riesgos que hay que abordar en la gestión son el furtivismo, las enfermedades y parásitos, el fuego, la sequía, las plagas, errores en los inventarios, peligro a los cultivos agrícolas próximos a una finca no alambrada, accidentes de tráfico, cuando una carretera cruza una finca de caza mayor. Los factores meteorológicos pueden ser un aliado o un enemigo.

Otras actividades de la gestión serán la organización de la guardería, la gestión burocrática y la comercialización.

Aunque no es lo habitual, si están apareciendo ya modernas granjas cinegéticas donde se cuida y se investiga la selección de las especies de una forma técnica y científica.

Criar un récord es el premio a una esmerada labor de gestión de muchos años.

 Una buena gestión es aquella que además de conseguir buenos trofeos mantiene el equilibrio del ecosistema donde actúa.

 

 

 

                9.- El organizador  (Capitán de montería)

 

 Variadísimos, son también los detalles y los preparativos previos del día de la montería, aunque todos ellos, han de llevarse a cabo, de forma eficiente y, en lo que se ha convertido ya, casi en un ritual.

Complejas serán las gestiones a resolver y abundantes los kilómetros que deba recorrer el organizador para completar un buen programa cada temporada.

El organizador debe ser la batuta que dirige a todo un equipo, para que esto de la montería pite. En cuanto a las funciones del organizador de monterías, pues ya lo dice la propia palabra, llevar a cabo todas las gestiones que son precisas para poder montear, como es buscar las mejores fincas monteras, componer un buen programa, crear un buen equipo que lo haga posible, comercializar las carnes.

Vender el programa y, en definitiva, prestar unos servicios al montero para que éste sólo tenga, íntegramente, que dedicarse a gozar con la práctica de su actividad preferida, montear.

Evidentemente, la profesionalización del organizador llega con el nacimiento de la montería comercial, pero como en todo la experiencia nos enseña que un imperativo de este oficio debe ser la seriedad y la fidelidad al mantenimiento de las tradiciones, aunque se evolucione con las exigencias de los tiempos actuales.

Con la terminación de una temporada, comienzan los preparativos de la siguiente y  durante el periodo de la veda, es cuando se empiezan a preparar las monterías de la próxima temporada.

Cada montería, tiene siempre, algún aspecto que la hace diferente y ello, obliga a que su planteamiento sea distinto, incluso al de ocasiones anteriores.

                             

 

 

                    10.- Otros oficios

De una forma o de otra, asisten a la montería en esta época, una serie de personas cuyo interés y ocupación no es estrictamente cinegética, pero relacionada directamente con la montería. Entre ellos están taxidermistas, conductores de todoterreno, veterinario, fonda, cronista, agentes de la autoridad...)

 

        



Veterinario cosiendo a un perro

   
Los veterinarios toman muestras en el mismo campo de las piezas abatidas, para comprobar su estado sanitario y dictaminar o no la idoneidad de consumo de estas carnes.

 Agentes forestales toman datos de los resultados de la montería, para comprobar que se cumplen las previsiones de los Planes Técnicos de Caza de cada finca.

 La Guardia Civil vela y cuida en general por el cumplimiento de la normativa vigente en materia de caza y de una forma especial a través de su sección especializada, el SEPRONA, para ofrecer un mejor servicio,  dedicado expresamente a la protección de la naturaleza.

  Cronistas, aunque desde siempre han existido monteros que han hecho crónicas de sus jornadas vividas en el monte, en la actualidad y dada la profusión de medios especializados; algunas personas entre las que me incluyo han colaborado, bien esporádicamente o de una forma más continuada como fue mi caso, viviendo innumerables jornadas de monterías, unas veces como monteros, otras  simplemente como observadores para poder realizar después una crónica que resumiese lo allí acaecido.

  Generalmente, los cronistas suelen acompañar al organizador o situarse, con prismáticos en ristre, en un punto elevado de la mancha, desde puedan observar mejor el desarrollo de la montería. Otras veces acompañan a un montero o a una rehala durante su batida por la mancha. Además, por la tarde, contabilizan las reses abatidas y aquellos trofeos de mejor calidad suelen ser baremados con un método de medición en verde para poder emitir un juicio, lo más objetivo posible, sobre la calidad de los trofeos cazados.

 El taxidermista, al mismo tiempo que debe ser un profesional en el conocimiento de las técnicas para naturalizar los trofeos, que en cada caso harán recordar la emoción del lance vivido y cuya intensidad no siempre es proporcional al trofeo conseguido; ha de ser un creador y un artista para que el resultado de su trabajo, imite lo más posible aquellos retazos de la naturaleza que intenta inmortalizar en su obra.

  Los trofeos naturalizados son, en definitiva, pequeños retazos extraídos de la naturaleza y que el montero guarda en su hogar para revivir esos  lances monteros que ha gozado empapado de emoción venatoria.

 Son escultores y cirujanos del detalle, al tiempo que traducen e inmortalizan la fugacidad de un lance, dándole la mayor apariencia de viada posible para el goce y deleite de los monteros. Podríamos decir que son resucitadores de esa belleza muerta que es cada pieza de caza.

 Grandes hombres hay en toda de la geografía española que han elevado la categoría de esta profesión al grado de arte, entre ellos A. Pérez Rodríguez de Santa Fe, Alfonso Blanco o Pleité de Andújar, Rabito y otros muchos más que en su empeño por superarse día a día son hoy innovadores tanto en la técnica como en el estilo.

 

 

 

                    11.- El montero

 

Y dejamos para el final no al menos importante sino al personaje esencial de la montería, el montero. Pero, ¿qué es ser montero?

 No con sólo haber participado en alguna montería ya se es montero, ya que ser montero significa practicar una forma tradicional y peculiar de caza, que exige complejidad en el oficio, profundos conocimientos, fuertes convicciones y un especial modo de sentirla ateniéndose  a una disciplina estricta.

 Es un amante de la naturaleza, que con facilidad olvida la molicie y es capaz de soportar la dureza del medio, de emocionarse ante la vigorosidad y belleza de un lance, de ejercitarse físicamente recorriendo los maravillosos parajes de nuestras sierras donde busca la caza, empapándose de la belleza agreste y salvaje del medio, de gozar con la tertulia que le permite relacionarse con otras personas que comparten esta afición.

La montería no sólo es cazar reses, es una posibilidad que tienen algunas personas, los monteros, de disfrutar de la naturaleza, de los amigos y de un ambiente excelente en donde cada uno se esfuerza por ofrecer lo mejor de sí mismo.

Cae la tarde en la sierra

El montero debe tener conocimientos específicos  acerca de:  las armas y su manejo, las municiones y sus efectos, las normas y las leyes, las tradiciones y su evolución,  la sierra y del monte,  los animales y su comportamiento,  la naturaleza...

 La caza en general y particularmente la montería en los momentos actuales está pasando por una situación controvertida, quizás por las crisis que también vivimos con respecto a los valores o por la idea obsesiva de que estamos acabando con los recursos de este maravilloso planeta azul. Idea, esta última, que en el tema de la caza llega a ser tan obsesiva como equívoca, pues mientras más monteros existan, más caza mayor habrá. Y la mejor forma de conservarla es educando al montero y consiguiendo que aumenten sus adeptos. Ocurre otro tanto que con el mundo del toro, mientras haya toreros habrá toros de lidia, cuando deje de haberlos habrá menos toros porque económicamente no será rentable mantenerlos.

He oído en más de una ocasión, creo inconsecuentemente, que el montero es un hombre que persigue prestigio social con esta actividad, además de que si es un indolente, o un inconsecuente...  y no sé cuántas cosas más. Suelen ser juicios que se ejercen, las más de las veces, de una forma gratuita y sin saber exactamente qué es un montero.

 Antes de nada, y para no caer en el error de la generalización comenzaré por admitir que existen: escopeteros, carniceros y monteros. Conceptos que maliciosamente se suelen confundir, siendo realmente diferentes entre ellos.

            Ciertamente es que "todas las parvas tienen granzas", pero también es verdad, que "no todo lo que tiene la parva son granzas".

El concepto de cazador ha evolucionado también con los tiempos, ya nada tiene que ver con el hombre que salía a cazar en busca de una ración de carne para comer. Afortunadamente el cazador de hoy en día no tiene nada que ver con el cazador prehistórico, aunque algunos disfruten identificándolo.

           


  El ser montero supone una filosofía de vida, que tiene una ética en su proceder y se atiene a unas normas para poder practicar este gratificante arte de la caza.

 En la mayoría de las ocasiones es un hombre culto, respetuoso, sensible, elegante, inteligente pero siempre es un amante de la naturaleza, que con facilidad olvida la molicie y es capaz de soportar la dureza del medio, que se emociona ante la vigorosidad y belleza de un lance de caza, que se ejercita físicamente recorriendo los maravillosos parajes de las sierras o campiñas donde busca la caza, que se empapa de la belleza agreste y salvaje del medio, que goza con la tertulia y disfruta relacionándose con otras personas que comparten esta afición.

   El montero actual es un ser con sensibilidad, con una gran carga de conocimientos y sobre todo con una visión de futuro. Este cazador se somete a una normativa y acata unas reglas para asegurar la existencia de unos animales, para que otros puedan reproducirse y ofrecernos más caza en la temporada próxima.

El montero no solamente abate piezas de caza, disfruta observándolas y conservándolas, se preocupa por incrementar su "cosecha", selecciona los individuos que deben ser cazados, en definitiva no es tan sólo un predador humano, es un hombre que caza con inteligencia y humanidad.

Para muchos puede ser costoso entender el aspecto de humanidad, que también ha de existir en el cazador, éste se manifiesta cuando a la hora de abatir sus piezas de caza selecciona el calibre, la munición y el arma adecuada para procurar el mínimo sufrimiento a sus piezas de caza. Nunca se persigue en la caza una larga agonía, se sufre cuando ésta imprevisiblemente ocurre. No quiere esto decir que el que caza sea un ser sensiblero ni endeble mental, pero sí es una persona con sensibilidad que actúa continuamente y de forma activa en pro de la naturaleza, respetándola, gozándola y usándola racionalmente.

           

Juan Carlos I y los podenqueros de una montería en Lugar Nuevo


Solamente el cazador que se adentra en la naturaleza sin arredrarse ante las inclemencias meteorológicas sino soportándolas, el que es capaz de introducirse solitariamente en las entrañas mismas de nuestra madre naturaleza, encontrándose a solas con tanta grandeza y maravilla de la creación, admirándola y disfrutándola con la mente despejada y los sentidos aguzados, sabe por qué no cambiará nunca este apasionante tesoro por las baratijas que le ofrece el mundo moderno.

Pero hoy el tiempo es oro y el ritmo rápido y veloz de nuestra vida moderna, no permite a algunos de los jóvenes adeptos a la caza que tarden años en adquirir, mediante una práctica laboriosa y experiencias propias, los conocimientos que poseen los veteranos de este deporte.

Tiempos de prisa, que buscan el éxito pronto o de los que quieren llegar sin haber hecho el camino, para éstos, casi seguro "los árboles les impedirán ver el bosque", en cambio aquellos, que escojan el camino, con seguridad lo disfrutarán y llegarán a ser monteros de verdad.

El montero actual es un ser positivamente activo dentro de la conservación del medio, con sensibilidad y visión de futuro, y que como cazador,  se siente orgulloso de poder aportar a la cultura cinegética de otros pueblos una modalidad de caza tan atractiva y peculiar como emocionante, la montería.

 

 

 

            o   11.1.- Código del buen montero

            1.- La puntualidad a la hora de asistir a la junta.

           2.- Informarse oportunamente de todas las normas y recomendaciones que se van a seguir en cada momento.

            3.- Fomentar y potenciar el ambiente agradable con respeto y cortesía.

            4.- Comprobar la imparcialidad en el sorteo.

            5.- Acudir a la postura, que le haya correspondido, en silencio y con las armas enfundadas.

            6.- Recibir del postor y acatar las recomendaciones oportunas que éste debe hacerles.

            7.- Asistir al puesto con los acompañantes imprescindibles.

            8.- Hacerse ver con sus puestos vecinos cuando sean visibles.

            9.- Cumplir en todo momento las normas de seguridad que puedan evitar accidentes. No tirando a los visos, ni en línea con el puesto vecino. No moverse del puesto ni doblarse. Disparar siempre identificando la pieza. Seguir a los perreros entre el monte y no disparar con riesgo para ellos.

           10.- Respetar las carreras de las reses, dejándolas cumplir en el tiradero y no cortar el viaje de las que se dirigen a puestos vecinos.

            11.- Disparar a las reses en el momento en el que existe mayor probabilidad de acertar el tiro, de forma que produzca la muerte en la pieza lo más rápidamente posible; evitando disparar a distancias excesivas o con pocas posibilidades.

          12.- Rematar las reses heridas y comunicárselo al compañero, agradeciendo cortésmente el gesto, cuando nos lo han hecho a nosotros.

         13.- Respetar en todo momento a los perros y reconocer cuando sea oportuno el mérito de su esfuerzo para motivarlos. No disparar nunca a una res que ya esté agarrada por los perros, sería peligroso y, además, perjudicial para ellos; entrar a rematar a cuchillo como es obligación tradicional.

          14.- Si por accidente o desgracia, algún perro resultase herido por los disparos de un montero, éste debe asumir la responsabilidad del error e informar al perrero correspondiente.

            15.- Salir a rastrear o a marcar reses, cuando la batida haya terminado, conociéndose claramente porque sonarán las caracolas, tocando de recogida. No prolongar las actividades de rastreo más tarde del anochecer.

            16.- Acatar la regla de la primera sangre, en caso de duda sobre la propiedad de una res herida, pero siempre rastreándola en el monte, nunca llevar la disputa a la junta. En caso de desacuerdo acudir al postor o capitán de la montería que debe ser el juez.

            17.- Marcar todas las reses abatidas, tanto en el monte como en el puesto ya que eso facilitará el trabajo de los arrieros y evitarán que se pierdan.

            18.- No cortar los trofeos en el monte y colaborar para que el tapiz final puedan contemplarlo y disfrutarlo todos los miembros de la montería.

           19.- Recoger las vainas de los cartuchos y cuantos residuos nos sobren, procurando que no quede rastro de nuestro paso por el monte.

            20.- Observar cuando se hayan visto perros de rehala perdidos el color de su divisa en el collar o al menos el color de su capa para informar a los podenqueros.

            21.- Tener presente que los resultados de una montería son aleatorios y, nunca, deben resumirse en el número o la calidad de reses cazadas, sino en la suma de hechos y esfuerzos que la hacen posible.

           22.- Dedicar a monteros, podenqueros y demás personal que asista a la montería la consideración debida y reconocimiento de sus esfuerzos cuando la ocasión lo requiera, para estimularlos en su trabajo, así como, manifestarles nuestras consideraciones con claridad y respeto.

            23.- Reconocer nuestros errores y desaciertos, aprendiendo de ellos y procurando evitarlos en lo posible, desarrollando con dignidad el papel que todo montero ha de desempeñar como ser positivamente activo con el medio natural.

           24.- Guardar modales y composturas en todo momento, de forma que el desarrollo de noviazgos, alboroques y demás tradiciones sean siempre actos alegres y divertidos, potenciando su realización en el mejor ambiente.

            25.-  El buen montero no es el que más reses mata o el que más tiros pega, sino el que aplica su buen hacer y demuestra ser un señor de la sierra.

 

 

 ¡Caza disfrutando, disfruta cazando!             

                                                                              Manuel Moreno 

                                                                                                                        Febrero - 25 

 

 

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