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VAQUEO y SALTEO

  Biblioteca Nacional de España VAQUEO Modalidad de caza mayor, consistente en esperar a las reses que vienen de vuelta a su encame diurno d...

20241201

CARACOL Y SUBIDA

La técnica del caracol y subida data de mucho tiempo atrás y es muestra del ingenio de cazadores del pueblo llano.
Caracol y subida.

CARACOL Y SUBIDA

El “caracol” es una técnica de caza, empleada para cazar perdices, consistente en ir describiendo círculos concéntricos, o mejor dicho una espiral, aproximándose cada vez más en torno a un bando de perdices que se encuentran en una llanura despejada de monte, pero con pastizal o rastrojo; al objeto de que se concentren y se achanten para poderse aproximar a una distancia razonable de tiro de escopeta.

Esta técnica para cazar perdices era practicada de forma muy efectiva por el supercampeón de España de caza menor,  Ismael Tragacete allá por sus tierras manchegas.

Esta técnica funciona porque la perdiz silvestre se suele desplazar mucho apeonando y sólo levanta el vuelo cuando se siente intimidada o sorprendida por alguien que ha sobrepasado lo que considera su distancia vital y entonces no duda en levantar vuelo rápidamente, mientras tanto se aleja con rapidez pero a peón. Además, siempre que sea ascendiendo por el terreno,  lo hacen más fácilmente que si por el contrario pierden altura.

Todo esto debería hacerse poco a poco, haciéndose ver desde lejos, no apretándolas en exceso y sin vocear ni hablar fuerte, porque ya se sabe que:

Quién pájaros
quiera cazar,
no ha de vocear.

En otras zonas de España, con un relieve conformado por pequeños cerros, morras o lomas, se aplicaba también una técnica muy similar y que se ejecutaba de la siguiente forma:

Era frecuente ir rodeando a la vez que se ascendía un cerro o una pequeña loma, procurando no aproximarse en exceso a los bandos de perdices que había por allí, así, éstas irían subiendo poco a poco hasta concentrarse todas en la parte alta donde las esperaban otros cazadores que podrían dispararles relativamente cerca.

Nos contaba un cazador de la zona de la campiña jiennense que desde su niñez había practicado esta forma conocida como la “subida”, porque las perdices iban ascendiendo poco a poco, ladera arriba hasta coronar la morra. Lo singular de esta forma era que se desplazaba subido a lomos de una mula, de la cual no solían asustarse las perdices, pero para animarlas a apeonar delante  de la mula e ir ascendiendo, el que iba montado en la mula, se ponía a canturrear suavemente y, aunque no lo hiciese bien, (el cantar me refiero), las perdices se iban moviendo por delante poco a poco sin levantar vuelo, hasta concentrarse todas en la parte alta de la montaña donde las esperaba otro cazador.

 Desde lo alto de la mula, tenía una situación dominante y de privilegio, para observarlas desde lejos sin que las perdices llegasen a asustarse y levantar el vuelo. Esto, le permitía también no tener que dar la vuelta entera al cerro, sino que si las veía bien altas ladera arriba podía ganarles altura más rápidamente y con menos cansancio. Eso sí siempre con tranquilidad y sin acercarse en exceso ya que serían las perdices las que marcarían el ritmo, porque como dice el refrán:

Al buen cazador,
burro cojo
y buen ojo.

 

 

¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

Manuel Moreno

Diciembre - 24


 

 

TRATADO DE CAZA

Escena de caza el s. XIX

TRATADO DE CAZA

Hidalgo y Gutiérrez. 1845


    El Tratado de Caza de Carlos Hidalgo y Antonio Gutiérrez González consta de una amplia introducción de 15 capítulos  y de dos partes más, la primera versada sobre el arte de la caza de volatería y la segunda trata de la caza de pelo.

    En la introducción nos habla del cazador, de los trajes de caza, de la escopeta y demás avíos de caza. También trata del tiempo, los parajes de caza, el uso y cuidado de las armas, de los perros sus cuidados y mantenimientos.

    La parte primera va desde el capítulo XVI al capítulo XXXIII y la segunda parte va desde el XXXIV hasta el XLIV que es un decreto sobre caza y pesca.

    En la primera parte habla de todo tipo de aves de volatería y llama especialmente la atención algunas especies como francolines, gangas, ortegas, grullas,  avutardas o aves de rapiña que antes eran especies cinegéticas.

    En la segunda parte habla de especies de pelo de caza menor y también de caza mayor como cabras monteses, corzos, gamos y ciervos.

    Puedes ver la obra completa pinchando en el siguiente enlace:

Tratado de caza de Carlos Hidalgo y Antonio Gutiérrez González. Madrid. 1845

    Según manifiestan los autores al principio de la obra, ésta nace con el propósito de dar la información necesaria a los interesados por la actividad de la caza y de todas sus técnicas y principios básicos para su práctica.

    Ilustran la obra con 4 láminas que representan un descanso de cazadores, la figura de 3 cazadores cazando en mano, un ojeo de caza menor y la última una montería.

Montería en s. XIX


¡Caza disfrutando, disfruta cazando!             

Manuel Moreno   

 Diciembre – 24

CUPOS EN MONTERÍA



Excelente cupo de guarros en una montería.
Cupo de montería

 CUPOS EN MONTERÍA

 

En las monterías antiguas, los monteros podían disparar sobre todo tipo de reses que les entraban al puesto, al menos, así se puede comprobar en viejos libros que cuentan relatos de este tipo. Los resultados de una montería eran mucho más reducidos que hoy en día, aun batiéndose una mayor cantidad de terreno y disparándose sobre todo tipo de especies mayores, sin tener en cuenta ni la edad ni el sexo.

 

Hemos podido leer en varias crónicas antiguas que el resultado de una expedición de caza de varios días por fincas tan reseras en la actualidad como Montealegre, La Centenera o la Cabrera, conseguían un total de 15 a 20 reses con otras tantas escopetas. Entre las reses se nos cuenta que había venados, jabalíes varetos y ciervas. La caza mayor no era muy abundante y es que no era, como hoy en día, la única explotación que soportaban estas fincas.

 

Los tiempos cambiaron y las formas evolucionaron. En los finales del siglo pasado y principio del presente, antes de que existiera una legislación que regulase la caza de la forma actual, ya se recuerda que avezados propietarios de caza de las zonas de Córdoba y Jaén, con una visión de futuro, prohibían que en sus monterías se disparase sobre las hembras. Y es que empezaban a ponerse los pilares de una explotación cinegética en toda regla. Después vendrían normas más complejas, legislaciones y formas que aseguraban una visión de continuidad para la caza en el futuro.

 

En la actualidad, la normativa es tan compleja que nos ha llevado, además del cumplimiento de una normativa general, a otra de carácter más individual contemplada específicamente en los conocidos Planes Técnicos de Caza que cada titular de coto debe elaborar y procurar cumplir, con respecto a su situación actual y a las peculiaridades de su explotación cinegética.

 

La cría de reses de caza mayor constituye hoy una forma de ganadería salvaje.

La práctica de la caza como una actividad consecuente con los recursos naturales, hace que en la actualidad se utilicen modelos de caza que permiten extraer un número determinado de piezas, dejando las suficientes para que se permita la continuidad de la actividad, mejorando si cabe la calidad y aumentando en lo posible la cantidad.

 

Se han ensayado múltiples fórmulas con dispares resultados para conseguir racionalizar los recursos de cada coto, pero las que se realizan bajo la fórmula de la montería que son:

                   

 

Antigua foto de montería.
Montería a venado muerto.

        - Montería a venado muerto

La fórmula conocida con el nombre de a venado muerto consiste en establecer una cuota para los monteros participantes, que se le llama cuota de entrada a la finca y por la que tiene derecho a disfrutar de algunos servicios de la organización y de la finca para ese día, como suelen ser la comida, los vehículos todoterreno de acercamiento a los puestos y la posibilidad en el caso de que le entren de poder disparar sobre jabalíes. Después cada montero dependiendo de las reses que le entren puede disparar sobre aquellos venados que quiera, pero debiendo pagar además una importante cantidad por cada uno de los que abata.

Esto, generalmente, hace que el montero exija la calidad más exquisita de los trofeos y la mayoría de los que observa suelen parecerle escasos.

El resultado final es que se matan menos reses de las que se deben y la finca queda floreada por muy poco rendimiento económico.

Salvo contadas excepciones, no suelen ser nada rentables para la propiedad y un fracaso para la organización por los bajos resultados. El cazador sólo selecciona aquellas piezas que estima, que su trofeo puede tener un valor económico muy por encima de la cuota establecida.

 

 

En las monterías de descaste se suelen abatir hembras y venados defectuosos.
Venado defectuoso.

        - Montería de descastes.

Descastes de hembras y machos selectivos que al no tener valor como trofeo, dan como beneficio unas importantes cantidades en forma de carne que, en función de los precios del mercado, pueden ser mayores o menores.

Presentan como ventaja el que controlan el número de bocas que ha de soportar la finca y ofrecen para el cazador estrictamente el lance.

 

 

        - Montería a caño libre.

Esta forma de realizar la montería supone, en la mayoría de las ocasiones, el dar vía libre a una forma de caza que no contempla ningún criterio de racionalización de la caza, salvo que sea controlado por otras normas.

El concepto de caño libre en sí mismo no es nada selectivo y las consecuencias para una finca en donde se aplica habitualmente este sistema, suelen ser poco positivas y en la mayoría de las ocasiones, producen efectos regresivos sobre la calidad y la cantidad de la cabaña cinegética.

Suelen darse resultados muy dispares, algunos puestos cobran muchas piezas y otros no las ven.

El único objetivo racional que cumple este sistema es el de reducir el número de bocas, por tanto, al restar individuos, el alimento existente se puede distribuir en mayor proporción entre los que quedan.

Así todos conocemos las desastrosas monterías a venado muerto, los capturaderos en vivo, las batidas selectivas de gestión, los recechos, los cupos, las monterías mixtas, el caño libre...; indudablemente cada fórmula tiene sus ventajas e inconvenientes y, por tanto, puede dar excelentes resultados en un caso, mientras que en otras ocasiones son desastrosos; pueden ser buenísimas fórmulas para el propietario y fatales para el organizador y los monteros o a la inversa.

Surge por tanto la necesidad de arbitrar un sistema útil y equitativo para todos los implicados (propietarios, organizadores, monteros y medioambiente).

En la actualidad el sistema que se está generalizando consiste en:

         - Primero, el propietario calcula con esmero el número total de reses que pueden suponer "la cosecha" para la presente temporada y pone un precio a la media de los venados que puede obtener.

        - Después el organizador compra el número de venados al precio convenido, los distribuye entre el número de puestos y establece el cupo.

        - El cazador compra su acción, asegurándose con ciertas garantías, un número mínimo de reses, que siempre suele estar por debajo del cupo ofertado. El cumplimiento de las garantías suele hacerse en otras manchas de la misma finca o bajo la forma de rececho en cualquier parte de la misma finca.

 

 

Buen trofeo de gamo.

        - Monterías con cupo.

Se denomina así a toda aquella montería en la que se limita el número máximo de lances que puede culminar el montero.

El cupo debe ser entendido como la norma que asegura el número máximo de reses a abatir y se pone para tener la seguridad de que no se superarán excesivamente las previsiones.

Con esta modalidad se hace necesaria la labor de unos técnicos de campo y caza, de confianza de la propiedad que se convierten en "fedatarios" de lo que sucede en el puesto y cuya función es la controlar y dar fe de lo acaecido en cada postura, para evitar que algún montero avispado, haciendo uso de la picaresca, pueda abatir reses y posteriormente las deje en el monte sin marcar y sólo presente como resultado de su cacería, aquellas que más le agradan.

También para asegurar el cumplimiento de los cupos suele ponerse un precio bastante elevado a las reses que excedan del cupo previsto, tanto en cantidad como en especies. Así, por ejemplo, en algunas fincas pueden cazarse venados, pero no los gamos o los muflones.

Existe otra forma de cupo, que podríamos denominar cupo mixto, no sólo porque se autorice cazar distintas especies, que es lo más frecuente; sino porque se fija un número de venados de cierta clase y también se permite disparar sobre venados selectivos o de poca calidad a precios módicos y para que así se pueda abultar más el resultado global de la montería y por consiguiente el número de lances ofertados.

Indudablemente cuando la relación cupo/precio no se encuentra equilibrada o pondera excesivamente la calidad de las reses de la finca, nos encontramos ante una propuesta de montería que sin duda la estamos condenando a priori al fracaso. Esto es una realidad que se puede constatar en la práctica con más frecuencia de lo que sería deseable.

Hemos podido constatar un resultado pobre, en monterías en las que han salido por los puestos de cierre más de 400 venados, y en las que muchos monteros se quejaban de haber visto sólo cabras, cuando en la junta había venados más que bonitos, incluso medallas; todo ello por haber ponderado excesivamente la cantidad de los trofeos de calidad y no haber establecido una óptima relación entre cupo/precio. En esta circunstancia los trofeos de calidad suelen abatirlos entre pocos puestos en lógico detrimento para los restantes.

Para entendernos catalogaremos los cupos como cupos reducidos, aquellos que están por debajo de las tres reses, cupos medianos entre tres o cuatro reses y cupos grandes o amplios por encima de las cinco reses.

 

 

        - Razones de los cupos 

          A) Porque toda explotación necesita recoger cada temporada su "cosecha", sin abusar permitiendo que pueda quedar cosecha para el año siguiente, ya que entre las reses que veamos, las habrá también de aquellas que no son "cosechables" para la presente temporada y así, asegurar el mantenimiento y mejorar, si cabe, de los recursos renovables que son la base y el sustento de la explotación y que además son limitados cada temporada.

          B) Porque en la venta de esta producción, el comprador también exige cada día poderla realizar de una forma que le ofrezca cierta garantía en relación con el precio pagado y "rentabilizar" los costes para todos los sectores.

          C) Porque existe una programación previa, que debe cumplirse para mantener el equilibrio de los recursos, que se contempla en los típicos Planes Técnicos de Caza.

          D) Porque existe un control legalista de estas explotaciones como la ley de vedas y otros sistemas, que regulan oficialmente estas explotaciones cinegéticas, en lo que respecta a sus periodos hábiles, cantidad y edad de los individuos a cazar, etc...

          E) Porque el concepto del cazador ha evolucionado, dejando de ser únicamente un recolector de alimentos en forma de carne, para convertirse además en un deportista con un estricto código ético y moral, que se dedica a una actividad deportiva, realizada desde una visión de explotación racional de los recursos naturales en armonía con el medio ambiente.

         F) Porque como los costes económicos para la crianza y mantenimiento de las piezas de caza, son cada día más elevados, surge la necesidad de afinar en la fórmula elegida.

         G) Porque una buena gestión de una explotación cinegética busca siempre una adecuada selección de la especie y de los individuos, de forma que los animales que puedan cazarse cada año sean aquellos que, como trofeo, han alcanzado su mejor grado de desarrollo y al tiempo puedan seleccionarse aquellos otros trofeos que por su evolución ya se prevea que no obtendrán el tipo de trofeo deseado.

         H) Porque ha incrementado considerablemente el número de cazadores y surge la necesidad de racionalizar los recursos disponibles. Con el número actual de cazadores y sin unos criterios racionales, podría acabarse en una sola temporada con todos los recursos cinegéticos existentes.

         I) Porque es preciso adoptar un mecanismo que pueda dar ciertas garantías a los sectores implicados:

          - por una parte, a los titulares y responsables legales de cada coto.

          - por otra, a los organizadores y comerciales del tema cinegético.

          - por otra parte, a los cazadores que son los "paganos".

          - por último, que el impacto de la explotación sobre el medio ambiente no sea nefasto y mantenga o mejore el equilibrio medioambiental.  

          J) Una vez que un puesto ha hecho su cupo, las reses pasarán a otras posturas y de esta forma los demás cazadores tendrán la oportunidad de poder escoger y seleccionar cuál será la pieza que considere más adecuada. Es decir, un trofeo cosechable puede pasar por varios puestos.

          K) Por asegurar un mantenimiento del buen estado sanitario de la cabaña, un número elevado de ejemplares conduciría con toda seguridad a la aparición y difusión de una gran variedad de enfermedades que podrían llevarnos a situaciones con drásticos resultados.

 

 

Buen trofeo de jabalí.
Trofeo de jabalí.



        Estrategias del cazador ante los cupos

En primer lugar, es conveniente y, siempre que se pueda, visitar la finca antes de la montería para ver la calidad media de las reses.

Es fundamental, el conocimiento de la calidad media de las reses de una finca y así no tendremos dificultad, si presentada la ocasión, hemos de concluir nuestro cupo, aunque sea recién llegados a la postura.

Siempre es conveniente, pero más aún, cuando se montee una mancha con cupo es de vital importancia conocer la forma de entrar los perros y cuál es nuestra ubicación con respecto a la mancha. Si ésta queda abierta o está mallada, porque nos dará una idea sobre el comportamiento de las reses.

Dependiendo del tipo de finca y del número de piezas que componen el cupo el cazador deberá actuar en cada caso de una forma diferente.

Uno de los riesgos más claros de los cupos es no disparar a lo que nos pasa esperando que después vendrá algo mejor.

Hemos de asegurarnos lo más posible si la pieza tirada ha sido abatida o no porque resulta muy desagradable el no tirar después otras reses ya que creíamos que le habíamos dado a las primeras reses y al final ni las habíamos tocado. Es muy útil la labor de un experto secretario.

El uso de los prismáticos es de vital importancia para reconocer y seleccionar adecuadamente la pieza antes de dispararle.

En las monterías de cupo resulta, cuando menos arriesgado el rematar reses que nos vienen heridas de otras posturas, pues está muy extendida la picaresca actitud de reclamar las reses heridas cuando no se ha completado el cupo, en cambio ignorarlas, cuando éstas pueden sobrepasarlo, lo cual no conduce a situaciones conflictivas.

A veces el cupo puede ser mixto, incluyendo un número determinado de venados, otro de gamos y otro de muflones. Y en ocasiones hasta se permite canjear alguna de las especies entre sí. En este caso dependerá de nuestros intereses particulares el decantarnos por una especie más que por otra, pero también habiéndonos informado de la calidad y de la abundancia de cada tipo de trofeo, para establecer nuestro cupo personal.

         

 

Buen trofeo de muflón.

        - Los cupos pequeños o reducidos.

Cuando el cupo es muy reducido y la finca posee gran cantidad de reses, sólo se tirarán a primera hora aquellos ejemplares que estemos seguros de que tienen una calidad muy buena de trofeo.

El paso de las rehalas por nuestra postura es vital, porque los venados viejos suelen chantearse antes de que les lleguen las rehalas o se encaman hasta que no los levantan los perros de un mordisco.

El momento en que acaban de pasar las rehalas es importantísimo porque los venados grandes suelen volverse y desandar el camino de las rehalas.

A primera hora de la mañana es conveniente que tengamos muy bien vigilados los matocones de chaparreras y de monte espeso propensos a albergar los encames habituales de las reses, principalmente cerca de los collados, que suelen ser querenciosos para los venados viejos, porque así podrán otear mejor y desde más lejos.

Los venados más viejos suelen buscar las alturas en el momento que se percatan del trajín de la montería, para orientarse y escaparse de la mancha bulliciosa a otra más tranquila.

Generalmente cuando se tira a un cordón de reses, los mejores trofeos suelen arroparse con los venados más jóvenes y, a menudo, los viejos les pegan a los jóvenes para que éstos rompan primero.

Si el paso de las rehalas es tardío y no esperamos el regreso de estas, hemos de tirar todo lo que se estime aceptable al sobrepasarnos.

En los cupos pequeños es conveniente asegurarse muy bien de la calidad de un trofeo antes de dispararle, para lo cual se debe de comparar minuciosamente la calidad del trofeo y asegurarnos de la res a la que disparamos, pues en muchas ocasiones los venados grandes se amparan entre los más pequeños y corremos el riesgo de abatir al que le acompaña.

Tres cosas son muy indicativas, la palma, la longitud y el grosor.  Si tenemos tiempo se miran las segundas luchaderas.

Los venados viejos aun siendo seguidos de cerca por las rehalas suelen separarse del grupo en el que van y se amatongan o se achantan tendiendo su cuerna hacia detrás, cobijados por cualquier arbusto, donde permanecen mientras no se les moleste. Por eso es conveniente, desde que se aviste un grupo de reses, fijarse en el mejor venado y llevarlo siempre controlado.

 

 

Buen trofeo de marrano jabalí.
Trofeo de marrano.

        - Los cupos medianos.

Suelen ser los más frecuentes y siempre que se pueda debe hacerse la mitad del cupo lo antes posible, es práctico y muy útil conocer la calidad media y la cantidad de reses que tiene la finca, para así seleccionar con más precisión.

Al paso de los perros, si es que éstos sólo van en un sólo sentido, completar el cupo; en cambio cuando se sabe exactamente que los perros volverán a desandar el camino, debemos dejar un venado, por lo menos, para el final.

 

 

        - Los cupos grandes o amplios.

Los cupos amplios suelen tener una calidad muy bonita de reses, pero sin abundar los trofeos medallables, por eso siempre que se pueda, hay que procurar hacer cuanto antes por lo menos la mitad del cupo y a medida que nos queda menos cantidad para completar el cupo se va seleccionando la calidad con más esmero.

Se debe repasar mentalmente de cuando en cuando donde van cayendo las reses muertas, quedándonos la referencia más significativa del paisaje; pues al final podemos confundirnos y no dar con ellas, aun habiendo sido abatidas.

En las fincas con grandes claros, suelen formarse cordones muy numerosos de reses, ya que es la forma natural de defenderse, entonces los mejores venados suelen correr arropados por ciervas y varetos, dificultando el que se les pueda disparar. Algunos cazadores expertos resuelven este problema disparándole al suelo cerca de las patas para dividir la pelota, aunque no siempre da resultado es lo único que se puede intentar si no queremos que se nos marche un buen venado sin hacer nada por conseguirlo, salvo que estemos dispuestos a asumir el riesgo de dispararle al venado en el centro de la pelota y al tiempo matemos otras reses con él.

 

 

        - El camelo de los cupos

El simple hecho de montear una mancha con cupo ya parece presuponer que nos vamos a encontrar con la posibilidad de poder elegir entre varios trofeos y que la calidad de las reses debe ser buena (en función del precio de la acción) y cuando estas circunstancias no se aprecian en el conjunto del tapiz de reses obtenidas al finalizar la montería, estaremos ante un caso ineludible y sangrante del camelo de los cupos.

A veces, fincan que están empezando a hacerse utilizan el sistema de los cupos para mantener una cantidad de reses adecuada, pero, aún sin haber alcanzado una calidad aceptable en los trofeos existentes. Otras veces, se incluye en los cupos un número de piezas que no existen en toda la finca.

Por último, no olvidemos que la fórmula de montear con cupos ofrece ciertas "garantías", pero que en realidad tampoco es un sistema garantizado, porque la caza afortunadamente sigue siendo caza.

 

 

¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

Manuel Moreno

Diciembre - 24


 

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