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CARACOL Y SUBIDA

La técnica del caracol y subida data de mucho tiempo atrás y es muestra del ingenio de cazadores del pueblo llano.
Caracol y subida.

CARACOL Y SUBIDA

El “caracol” es una técnica de caza, empleada para cazar perdices, consistente en ir describiendo círculos concéntricos, o mejor dicho una espiral, aproximándose cada vez más en torno a un bando de perdices que se encuentran en una llanura despejada de monte, pero con pastizal o rastrojo; al objeto de que se concentren y se achanten para poderse aproximar a una distancia razonable de tiro de escopeta.

Esta técnica para cazar perdices era practicada de forma muy efectiva por el supercampeón de España de caza menor,  Ismael Tragacete allá por sus tierras manchegas.

Esta técnica funciona porque la perdiz silvestre se suele desplazar mucho apeonando y sólo levanta el vuelo cuando se siente intimidada o sorprendida por alguien que ha sobrepasado lo que considera su distancia vital y entonces no duda en levantar vuelo rápidamente, mientras tanto se aleja con rapidez pero a peón. Además, siempre que sea ascendiendo por el terreno,  lo hacen más fácilmente que si por el contrario pierden altura.

Todo esto debería hacerse poco a poco, haciéndose ver desde lejos, no apretándolas en exceso y sin vocear ni hablar fuerte, porque ya se sabe que:

Quién pájaros
quiera cazar,
no ha de vocear.

En otras zonas de España, con un relieve conformado por pequeños cerros, morras o lomas, se aplicaba también una técnica muy similar y que se ejecutaba de la siguiente forma:

Era frecuente ir rodeando a la vez que se ascendía un cerro o una pequeña loma, procurando no aproximarse en exceso a los bandos de perdices que había por allí, así, éstas irían subiendo poco a poco hasta concentrarse todas en la parte alta donde las esperaban otros cazadores que podrían dispararles relativamente cerca.

Nos contaba un cazador de la zona de la campiña jiennense que desde su niñez había practicado esta forma conocida como la “subida”, porque las perdices iban ascendiendo poco a poco, ladera arriba hasta coronar la morra. Lo singular de esta forma era que se desplazaba subido a lomos de una mula, de la cual no solían asustarse las perdices, pero para animarlas a apeonar delante  de la mula e ir ascendiendo, el que iba montado en la mula, se ponía a canturrear suavemente y, aunque no lo hiciese bien, (el cantar me refiero), las perdices se iban moviendo por delante poco a poco sin levantar vuelo, hasta concentrarse todas en la parte alta de la montaña donde las esperaba otro cazador.

 Desde lo alto de la mula, tenía una situación dominante y de privilegio, para observarlas desde lejos sin que las perdices llegasen a asustarse y levantar el vuelo. Esto, le permitía también no tener que dar la vuelta entera al cerro, sino que si las veía bien altas ladera arriba podía ganarles altura más rápidamente y con menos cansancio. Eso sí siempre con tranquilidad y sin acercarse en exceso ya que serían las perdices las que marcarían el ritmo, porque como dice el refrán:

Al buen cazador,
burro cojo
y buen ojo.

 

 

¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

Manuel Moreno

Diciembre - 24


 

 

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