Análisis de los términos y los usos apropiados para llevar a buen fin la realización de una cacería, en definitiva, tratar de recuperar aquellas buenas costumbres.
Desde el momento mismo en el que se decide realizar una montería, ya empiezan a aparecer factores que será necesario tener en cuenta para que la seguridad en la misma sea la más completa y exista el menor riesgo posible de accidentes.
De la relación entre el número de personas que van a tomar parte en la misma y la superficie a montear, nos saldrá una cifra, que es lo que vamos a llamar la densidad de personal en la montería. Cuanto más alto sea este dígito mayor será el riesgo probable. Por tanto, si tenemos una montería organizada con una densidad de personal que ya se prevé que puede ser alta, deberemos extremar la seguridad.
Analicemos, por ejemplo, el personal que toma parte en una montería-media de las que se celebran en la actualidad:
Nº de puestos: (50 puestos x 2 personas) ...................... = 100 monteros.
Nº de rehalas: (15 x 1 podenquero) .................................. = 15 podenqueros.
Nº de guías para las rehalas.................................................. = 4 guías.
Nº de postores (aproximado) .............................................. = 10 postores.
Nº de arrieros (aproximado). ............................................... = 12 arrieros.
Nº de conductores de vehículos todoterreno............... = 20 conductores.
Nº de carniceros, cocineros, taxidermistas, etc............. = 5 personas.
Nº de Agentes de la Guardia Civil, del Icona, ............... = 4 agentes.
Nº de auxiliares de rehalas, secretarios, etc.................... = 30 secretarios.
Nº total de personas que se van a mover por el monte. . = 200 personas.
Hablando en términos relativos respecto a la seguridad, no es lo mismo tener 200 personas repartidas entre 600 Has., que este mismo número de personas repartido en 1.000 Has.
La densidad de personal en el primer caso es de 0,33 personas/ Ha. mientras que en segundo caso es de 0,2 pers/Ha. pero lo peligroso del tema no es el número en sí mismo, sino que, durante la celebración de la montería, cada uno de ellos tiene cierta autonomía para desplazarse según su criterio y responsabilidad de forma distinta por el interior de la mancha, causando imprevistos y situaciones con diferente grado de peligrosidad.
Normalmente, se hace la distribución de armadas y posturas de forma que el tiradero de cada puesto quede independiente y además no puedan estar en línea de tiro.
Hay fincas, que su configuración no permite lo anteriormente expuesto, dadas las condiciones típicas de su relieve, se trata fundamentalmente de fincas con muchos llanos y claros o que su relieve es formado a base de pequeñas lomas. (Ver foto nº 4). En estos casos, el moverse lo más mínimo del puesto puede acarrearnos gran cantidad de riesgos, que unidos a una práctica que delata al poco experto, como es disparar sobre la línea de puestos, puede ocasionarnos serios disgustos.
En otras ocasiones cuando hay mucha densidad de posturas es preferible que se vean entre sí para de esta forma saber cada montero hacia qué lugar es a donde no debe disparar.
Pero generalmente por estética, y está bien que lo sea así, los monteros solemos vestir tonos pardos, marrones y sobre todo verdes oscuros. Lo que sí es conveniente y dadas las condiciones de la meteorología en las fechas en las que habitualmente se celebran las monterías, es llevar en nuestro morral un traje de agua que pueda evitarnos el quedar empapados como una sopa ante la aparición del más inesperado chaparrón.
El calzado debe ser de suela dura y preferiblemente bota por encima del tobillo.
Una prenda hoy en desuso, tal vez porque no se montea (no se bate el monte), antes imprescindible eran los zahones o delanteras monteras de cuero, que protegían las piernas. Algunos podenqueros sí que las usan todavía.
Otra costumbre que nos puede evitar un tremendo día de frío es el portar en el morral un encendedor, para si las condiciones obligan a ello, encender una pequeña candela, que con sus ascuas nos permita soportar de mejor grado el rigor de un día gélido y ventoso.
El acercamiento de monteros a sus puestos y viceversa, es otro momento en el que los vehículos todoterreno que se utilizan acostumbran a viajar repletos de personas, que a veces recuerdan a las sardinas enlatadas, añadiéndole que con ellos viajan las armas y un descuido o un arma no descargada completamente, puede en estas ocasiones, poner en evidencia la integridad física del más "pintao".
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| Caza y Safaris |
Al situarnos en el puesto, momento en el cuál, como si se tratase de un rito, es aconsejable que realicemos siempre una serie de comprobaciones:
- Segundo, cerciorarnos de que hemos sido vistos por los puestos más próximos, si tenemos contacto visual con ellos, para lo cual es aconsejable sacar un pañuelo blanco y silbándoles, señalar nuestra posición hasta haber recibido su señal confirmándonos que se dan por enterados, de esta forma ellos y nosotros sabremos desde el principio cual es la zona prohibida para disparar.
- En tercer lugar, nos ubicaremos en el puesto, tarea elemental, pero no por elemental deja de ser tan importante; para ello estudiaremos teóricamente el tiradero y tendremos en cuenta las características del terreno, puede sernos de gran ayuda la información recibida anteriormente del postor y la confirmación con los viajes de las primeras reses.
El imaginar por donde romperán las reses, suele en ocasiones ser tan productivo como una buena puntería, ya que ello evita la inseguridad del factor sorpresa que casi siempre da lugar a tiros fallidos o peligrosos. Por tanto, hemos de establecer nuestra estrategia, que a medida que va avanzando la montería es susceptible de ser modificada y perfeccionada. Con este análisis podemos prever de antemano y con bastantes probabilidades de acertar, cuál puede ser la zona donde sí y donde no debemos realizar los disparos, pues esas zonas previamente elegidas por nosotros mismos, serán las que nos ofrezcan mayores condiciones de seguridad y las de más posibilidad de éxito, porque de haber acertado en su localización, habremos escogido una zona en la que podremos repetir el disparo con seguridad, al menos, una o dos veces más y además dejaremos cumplir a las reses, por lo que casi seguro sobrará el tiroteo en vano.
Una vieja sentencia montera dice:
"El primer tiro lo haces cuando quieres y el segundo, cuando puedes".
El arma la podremos tener terciada sobre las piernas o entre las rodillas si el cañón sobresale por encima de la cabeza, o bien, dejada caer sobre el puesto con el cañón hacia arriba. (No es un lugar seguro sobre el tronco de un árbol). Algunos viejos monteros a la hora de hacer el puesto con monte, una de las cosas que construyen con gran habilidad y cuidado es el lugar donde tendrán las armas durante la montería, asegurándose el tenerlas a mano y sin posibilidad de que resbalen. Por supuesto, las armas deben estar siempre con el seguro puesto. He conocido a buenos monteros que tienen el hábito de quitar el seguro en el momento mismo en el que se produce el encare del arma, después de haber identificado con seguridad el animal sobre el que van a disparar. Es una maniobra que, si se realiza con interés, llega a convertirse sin esfuerzo en un hábito de seguridad. Esto se suele dar con mucha frecuencia en las monterías en las que hay un cupo reducido de reses y el montero no dispara sobre cualquier animal cazable, sino que selecciona siempre el mejor trofeo.

Venado enmontado. Caza y Safaris.
No disparar sobre reses enmontadas, sin tenerlas bien visibles y sin habernos asegurado previamente sobre qué pieza disparamos. Los noveles suelen disparar sobre la primera mata que se mueve y esto además de poco ético es muy peligroso.

Cuando en el tiradero hay grandes masas de piedra muy próximas es importantísimo tener en cuenta los posibles rebotes.

Monteros en el puesto. Caza y Safaris.
Si tenemos acompañantes en el puesto que no van a disparar, procuraremos que estén siempre a nuestra espalda, un poquito girados a nuestra derecha, si es que somos diestros para tirar y los más reunidos posible. ¡Ojo! Nunca sentados delante del que dispara, pues ello podría dar lugar a que en el momento de disparar alguien se levante repentinamente y se coloque delante del cañón en la trayectoria del tiro. No olvidemos que hoy en día, la mayoría disparamos con visor y en el momento en que se realiza una tirada, nosotros sólo podemos ver lo que entre dentro del visor. (Ver fotografía nº 2). El montero que está detrás no deberá disparar nunca hacia delante en esa posición, pues resulta muy desagradable y sobre todo muy peligroso, mientras disparamos a una res, descubrir dentro de la retícula de nuestro visor la silueta de una figura humana que repentinamente se ha interpuesto. Si el cazador que en la fotografía aparece de pie, disparase hacia el frente, no podría controlar el momento en que su compañero se levanta para ver mejor y además el compañero no le ve por la espalda. El accidente sería inevitable.

No es el número de personas que ocupan un puesto lo que genera más o menos inseguridad, sino el conocer o no los riesgos que se corren y el aplicar oportunamente las normas de comportamiento que los previenen y evitan.
Si disponemos de tiempo suficiente, es de buenos modales avisar a nuestros acompañantes que vamos a disparar, así, sus tímpanos no sufrirán repentinamente la violenta detonación del disparo. (Es aconsejable, simplemente que entreabran la boca). Algunos responden tapándose los oídos y esto no beneficia al que dispara, porque ello da lugar a que el animal se percate rápidamente de estos movimientos y acorte el tiempo de estancia en nuestro campo de tiro. Por tanto, al avistar una res de tiro es conveniente quedarse inmóvil y sólo moverse el que va a disparar.
Cuando un puesto está ocupado por varias personas, éstas deberán moverse lo menos posible y por supuesto desplazarse lo mínimo desde el lugar donde se encuentra la chapa que señaliza el número de la postura. A veces, las más elementales necesidades corporales, nos obligan a desplazarnos momentáneamente unos metros de este punto. Nunca se debe hacer hacia una zona que pueda entrar en nuestro campo de tiro o en el del vecino.
Pero desde el punto de vista de la seguridad, cuando más problemas plantea esta circunstancia es a la hora de salir a rastrear o a marcar una res abatida en el monte, momento en el que, si no se avisa al vecino, puede disparar sin haberse percatado de nuestra situación. A veces, vamos a marcar una res que creíamos muerta, cuando sólo estaba herida, la res al aproximarnos se levanta y puede crearnos una situación comprometida si nos encontramos en esa zona de intersección entre los dos tiraderos sin haber avisado al puesto vecino.

Venado corriendo por el viso. Caza y Safaris.
Disparar a los visos.

No olvidemos nunca que una máxima fundamental a la hora de tirar una pieza de caza mayor, es que debemos hacerlo siempre aterrando el tiro y nunca sobre el viso y aun teniendo en cuenta esto, hay veces en que la propia orografía del terreno puede llegar a confundirnos, porque el lance se produce en una zona tupida de monte que, normalmente, el montero no conoce con exactitud y por tanto no llega a tener conciencia de si el tiro después de pasar al animal va a la tierra o sobrepasa algún viso entre el monte. (Podemos apreciarlo en la pendiente que hay a la derecha en la foto nº 2). Por ello, para no provocar alguna ocasión de peligro, conviene cerciorarse bien a la hora de tirar una res enmontada.
"Ante la duda la más segura”
y, aun así, un accidente sucede cuando menos se espera y al más experto.
Las armadas de cierre se suelen colocar para lo que precisamente dice su nombre, para cerrar la mancha y evitar que se salgan las piezas de la mancha a montear; pues bien es en estos momentos, en los que ya están colocadas las armadas de cierre y cuando aún se están colocando algunas armadas próximas y es fundamental tener en cuenta estos detalles, para disfrutar y ofrecer una mayor seguridad.
Con los visores se debe tener un cuidado especial o acoplarles un protector de goma que nos protegerá la ceja de un posible corte al "meter la cara".
Si por alguna exigencia o fuerza mayor, nos vemos obligados a desplazarnos con un vehículo por los carriles de la finca mientras se desarrolla la montería, procuraremos advertir a las posturas próximas de las intenciones de nuestra maniobra, haciendo sonar el claxon de forma intermitente, sobre todo al salir a los visos o al entrar en una curva que nos haya mantenido ocultos.
- Porque se suele hacer llevando el arma en la mano para asegurar el remate, entonces debemos tener mucho cuidado al caminar, pues un resbalón con el arma cargada podría hacer que ésta se nos disparase involuntariamente.
- Y porque frecuentemente podemos entrar en campos de tiro de los vecinos, con lo cual entramos en zona de peligro. Nunca se debe rastrear una res hasta que los podenqueros comiencen a tocar “a recogida" de las rehalas, (éstas en más de una ocasión suelen levantar la res herida, provocando la repetición del lance). La tarea de rastrear se deja siempre para el final, que bien seguro no nos vamos a quedar en el campo, alguien vendrá a recogernos.

Agarre de rehala. Caza y Safaris.
Al entrar a rematar una res es conveniente que sepamos que cualquier animal al que se le acose y que no pueda huir va a procurar defenderse, esto es importante tenerlo presente porque si se trata de un cochino, puede asestarnos una navajada, pero si se trata de un buen venado, en cada una de sus embestidas, convierte a cada una de sus puntas, en incisivos puñales, que pueden realizar el trabajo en serie y a la vez. Por eso, es conveniente que mantengamos colgado del cinturón, mientras dura la montería, el cuchillo de monte y no lo tengamos, como suele ser lo más frecuente, dentro del morral.

Puede ser peligroso rematar una res con una navaja, aunque sea grande, ya que ésta puede cerrarse y producirnos un profundo corte.
- Si hemos de rematar, ya se trate de un venado o un jabalí, procuraremos entrarle siempre por detrás y realizar nuestra tarea con presteza y prontitud para evitar el consiguiente acosón.
El manejo de las armas suele generar situaciones de peligro, pero si se hace con prudencia y aplicando ciertas normas de seguridad, el riesgo puede quedar bastante restringido. La peligrosidad de las armas, además de otras circunstancias menos controlables, depende en su mayoría de la sensatez y del rigor en el cumplimiento de estas normas por parte de los que las manipulamos, que debemos ser conscientes de su alcance y de su capacidad letal.
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| Reses corriendo por el viso. Caza y Safaris. |
El mejor montero no es el que más caza, sino el que demuestra un amplio saber montero y especialmente lo aplica en los aspectos de la seguridad, ofreciéndola y disfrutándola.
¡Caza disfrutando, disfruta cazando!
Manuel Moreno
Andújar y febrero de 1995
Publicado en Caza y Safaris en el nº 143 de octubre 1995
con el título de:
“La Montería: Aquellas buenas costumbres”
Abril - 24





