EL PUESTO DE MONTERÍA
Puesto, postura, paso y apostadero son nombres con los
que se designa el lugar dentro de la mancha en el que se aposta el montero para
esperar el paso de las reses.
Se aplica también este término
(puesto) a la pantalla de monte que se coloca delante del montero para
camuflarse. Por lo que “arreglar o hacer el puesto” es colocar algunos
ramajes para camuflarse, sin llegar a construir una catedral.
Fijar el lugar preciso que ha de
tener un puesto, exige un profundo dominio en la técnica del “monteo”,
pero especialmente un conocimiento detallado del terreno.
En el argot de la montería, se dice de un puesto que
es bonito o que es feo. Ello hace referencia a que el puesto tiene mejor o
peor visibilidad, a que tiene un
tiradero más o menos amplio, a que el montero pueda quedar bastante o poco
camuflado, a que las condiciones del terreno ofrezcan un paso obligado o no
para el escape de las reses, a que en sus proximidades puedan encontrarse
lugares de encame, a que el paso de los perros esté más o menos asegurado, a la
facilidad o dificultad de su acceso, a la comodidad o incomodidad del mismo
mientras se habita, a que permita ver y oír la llegada de las reses, a que la
orografía del terreno ofrezca condiciones de seguridad para el montero ocupante
del mismo, etc.
A la hora de situar un puesto de
montería, son varios los factores que se tienen en cuenta:
- Procurar que su ubicación, sea la propicia para
evitar accidentes peligrosos con las armas, de forma que los tiros de esta
postura no puedan poner en peligro a otras posturas ni las otras puedan
alcanzar a los ocupantes de ésta.
- Que desde el puesto se puedan divisar las reses al
entrar en sus inmediaciones y que tenga una zona próxima sobre la que se pueda
disparar con ciertas probabilidades de éxito, el tiradero.
- Que cubra un posible punto de escape de las reses
que hay en la mancha o que, al moverse de un lugar a otro, acostumbren a pasar
por ese lugar.
Actualmente, casi todos los puestos
están marcados con una chapita numerada o algo similar, para indicar el lugar
exacto donde ha de situarse el montero, pero antes, los puestos solían
señalarse con una marca de monte llamada “mote”, por eso cuando el
montero llegaba a las proximidades del puesto solía preguntar al postor: ¿Dónde está el mote?
El número de puestos a situar depende, por una parte,
del tipo de montería que se quiere ofrecer, por otra de las características de
la mancha. Puede ser una montería sólo de venados, con cupo o sin él, a “caño
libre”, montería mixta, en la que se pueden abatir diferentes especies,
montería de “gestión” o de ciervas o montería de cochinos, etc.
Las monterías de cochinos, por lo
general, son las que se marcan con mayor número de puestos y casi siempre con
los tiraderos más cortos.
Los tipos de puestos más frecuentes son los de:
- Balconcillo, que son
los más vistosos por sus amplios tiraderos, gran visibilidad y pasos
frecuentados por las reses. Generalmente se sitúan en una elevación
sobresaliente del terreno, que nos permite divisar por delante la mayor parte
de un pequeño pandero o pecho de enfrente y al menos, una de las cañadas
laterales.
-
“Pechienfrente” o al pecho
de enfrente, se refiere a los que disponen de un tiradero no muy lejano y con
visibilidad al pecho de enfrente, llamado “testero” o “pandero”.
-
Pedriza, situados en
una zona donde abundan las piedras como son las pedrizas, casqueras, pedregales
o postueros.
-
Peñón, que son los
que se señalan en cualquier elevación de grandes piedras entre el monte y
ofrecen generalmente gran extensión de tiraderos, pero casi siempre bastante
enmontada.
-
Collado, colocados
en las pequeñas cañadas de una cuerda y, aunque tienen tiraderos cortos y
reducidos, son bastantes rentables porque las reses los acostumbran a usar muy
a menudo. Dada su situación en una parte elevada, no suelen cruzarlos a
excesiva velocidad, pero sí con diligencia.
-
Silleta, marcados en
un pequeño rellano de una ladera, pero tienen tiraderos más reducidos que los
de balconcillo.
-
Horcajo, ubicados
aprovechando estas zonas del terreno en las que dos pequeñas elevaciones, que
están muy próximas en un regajo obligan a un paso estrecho y reducido en forma
de uve.
-
Regajo o arroyo, que son
los que se señalan en la parte más baja de una ladera a lo largo del curso de
un arroyo, aunque este no lleve agua, pero aprovechando las veredas más
aquerenciadas por las reses.
-
Canuto, fijados
aprovechando la desembocadura de una pequeña cañada en un vallecillo, a veces,
suelen ser varias cañadas las que forma el terreno y cuantos más canutos mejor
para los cochinos que suelen huir siguiendo la dirección de estas cañadas hacia
abajo.
-
Cortadero, que son los
que se refieren a los puestos instalados a lo largo de una zona que se ha
desprovisto de matorral, como mondas o cortafuegos, suelen ser muy apreciados
en la zona manchega y tienen como peculiaridad la de que sus ocupantes mudan de
lado al paso de los perros por ese lugar. Suelen tener tiraderos cortos y muy
rápidos.
-
Rebozo, situados
aprovechando un trozo de terreno de poca extensión y que sobrepasa hacia el
otro lado los límites de la cuerda o parte alta de una montaña y por los que
acostumbran a zafarse las reses, rodeando el cerro para no perder altura.
-
“Agujero” o “hueco”
es el puesto que se coloca en la montería a última hora, después del sorteo,
pero antes de comenzar la batida, por no haber contado antes con ese montero.
De ahí lo de “Búscame un agujero”
-
“Martillo”, se designa
así a la postura de caza que se coloca formando una escuadra con respecto a las
anteriores.
A los puestos o posturas, también se les suele llamar “pasos”
especialmente en la zona de Córdoba, porque en general, aprovechan todas las
veredas y caminos marcadas por las reses para fijar los puestos en cualquiera
de los accidentes del terreno enumerados anteriormente.
En general, los puestos suelen calificarse de despejados
o rasos cuando disponen de muy poco o ningún monte en sus tiraderos;
también se les dice limpios. En cambio, cuando abunda en sus tiraderos
la maleza y la maraña, se les valora como sucios, enmarañados o enmontados.
Se les llama
tapados cuando el montero no divisa bien el tiradero.
También se pueden nombrar los puestos por
el tipo de armada a la que pertenecen, denominándose por este motivo: de traviesa,
de cierre, de cuerda, de sopié, de recula o de retranca.
Teóricamente, la mayoría de los monteros prefieren los
puestos de traviesa a los de las armadas de cierre, esto tiene su fundamento,
aunque no siempre es una garantía plena de éxito, ya que existen tanto buenas
traviesas como malos cierres, como justamente todo lo contrario. Además, un
puesto puede ser muy bueno para cochinos y por el contrario pésimo para
venados, ya que cada especie tiene sus particulares preferencias y
comportamiento.
Al situarnos en el puesto:
Es muy importante que el postor, a
la hora de situarnos en nuestra postura, nos diga cuál es el lugar preciso en
donde están colocados nuestros puestos vecinos y, a ser posible, hemos de
hacernos ver con ellos, señalando estas trayectorias vetadas para el tiro.
Igualmente es interesante conocer donde se sitúan las armadas más cercanas.
Conviene, que ya en la postura, el
postor nos informe de cómo se va a desarrollar el “monteo”, indicando
los recorridos que seguirán los perros a su paso por las inmediaciones de
nuestro puesto y si después vuelven o no por sus propios pasos.
Interesa que sobre el terreno el
postor nos señale los límites de nuestro tiradero y si en alguna zona puede ser
coincidente con el de los puestos colindantes.
En ciertos lugares y, especialmente
en los “puestos de cortadero”, es costumbre que, al paso de las rehalas,
los puestos se cambien al otro lado del cortadero; si esta práctica se va a
llevar a cabo, conviene recibir del postor las instrucciones precisas para
hacerlo al unísono.
Debemos asegurarnos, si aún queda
por pasar alguien o alguna armada más por las inmediaciones de la postura o
algún carril cercano.
Como es frecuente que el postor de determinadas
armadas sea el mismo de temporadas pasadas, podemos interesarnos por los resultados
de esta postura en años anteriores, a veces nos suelen hacer comentarios
ingeniosos y ocurrentes que pueden resultarnos prácticos.
Y por último, es bueno conocer a qué hora
aproximadamente está previsto levantar la armada y si el postor personalmente
la recogerá.
Siempre debemos respetar y cumplir a rajatabla las
recomendaciones hechas por el postor, ya que ello contribuirá a mejorar la
seguridad propia y de los demás.
Cómo preparar el puesto:
Al llegar al lugar concreto e
indicado para la postura, conviene hacer notable lo menos posible nuestra
presencia (con la excepción del aviso a los puestos vecinos) para lo que se
hace necesario adecentar, si es que no está hecho ya, la pantalla del puesto y
el espacio que vamos a utilizar, al objeto de que, posteriormente, nuestros
movimientos resulten lo más sigilosos posibles y no constituyan visajes que
puedan delatarnos y ser advertidos por las reses. Para ello, primero
procuraremos limpiar el suelo de ramitas secas y aquello que pueda entorpecer
nuestros movimientos.
Seguidamente, señalaremos la posición que ha de ocupar
durante el resto de la montería cada una de las personas que nos acompañan,
para que la estancia nos resulte cómoda, ofrezca buena visibilidad y no nos
podamos sentir entorpecidos en el preciso momento de ejecutar el lance. Es
decir, intentaremos imaginar y prever los movimientos que realizaremos más
tarde, para disfrutar y ofrecer a nuestros acompañantes una seguridad efectiva,
evitando accidentes.
Los acompañantes deben situarse siempre detrás del
cazador, nunca delante, aunque estén sentados, porque si se levantasen
imprevisiblemente, podría suceder un desgraciado y lamentable accidente.
Una vez que todos los ocupantes del puesto conocen el
lugar que se le ha asignado, procederemos a situarnos colocando al mejor
alcance los “apechusques” que previsiblemente utilizaremos.
Comprobaremos el perfecto ajuste de los aumentos del
visor al posible tiradero y a continuación, cargaremos el arma, procurando no
encañonar a ninguna persona, pero comprobando que el cañón se encuentra libre
de obturaciones.
Si disponemos de armas de diferente calibre pondremos
especial atención en no mezclar la munición, colocándola separada.
Si, solemos tirar con horquilla, convendría situarla
en la zona que imaginemos que nos puede ser más útil.
El primer tiro
lo haces cuando quieres
el segundo,
cuando puedes.
Cuando no disponemos de catrecillo o asiento
apropiado, resulta muy práctico cortar un manojo de cogollos de monte y
colocarlos a modo de cojín sobre una piedra para sentarnos cómodamente, ello
repercutirá en un mayor tiempo de inmovilidad.
Indudablemente, estas operaciones deben hacerse con la
mayor diligencia y celeridad, pero lo más silenciosamente posible.
Si nos hemos colocado en el puesto adecuadamente,
evitaremos estar haciendo molestas rectificaciones durante el desarrollo de la
batida, que delaten nuestra presencia y perjudiquen el resultado final.
Teniendo en cuenta estas consideraciones, podremos
seleccionar mejor las piezas de tiro, conseguiremos que las reses lleguen a “cumplir”
hasta el punto más idóneo del tiradero y consiguientemente, incrementaremos las
posibilidades de éxito de cada lance.
Cómo estar en el puesto:
Una vez que nos hemos situado
definitivamente en el puesto, procuraremos:
-
No movernos
para señalar la aparición de reses en las inmediaciones del puesto. Es
frecuente que los monteros noveles y acompañantes poco acostumbrados,
emocionados por el avistamiento de reses que se aproximan a nuestra postura,
empiecen a señalar con el brazo, se levanten para verlas mejor e incluso nos
hagan efusivos comentarios (visajes chivatos) Eso es tan natural como
imprudente, ya que, si las reses, como acostumbran, suelen entrar recelando o “acaballadas”
como se dice en el argot, enseguida percibirán esos visajes y terminarán por no
entrar al tiradero.
-
Aunque la
llegada de las primeras reses al puesto no sea de reses de tiro, no conviene
ignorar las recomendaciones para camuflarnos, ya que ciervas, varetos o
venadillos jóvenes utilizan casi los mismos recursos que los grandes trofeos.
Al contrario, se deben tener muy presentes, porque así comprobaremos si
realmente estamos bien mimetizados y porque, los grandes trofeos, suelen echar
por delante a otros ejemplares más jóvenes, a los cuales vienen castigando para
que vayan delante abriéndoles camino. Incluso es muy probable que cuando
después nos entren grandes trofeos lo hagan por los mismos pasos que lo
hicieron aquellas reses que no se consideraron de tiro.
-
El tiempo de
espera en el puesto, hasta la suelta de los perros, es fenomenal para
aprovechar y hacer una inspección ocular (ayudados por los prismáticos) y así
descubrir, generalmente reses de muy buen trofeo que, alertadas por la
colocación de las armadas, se encuentran oteando o “atalayando” para
elegir un camino de huida.
- Los cinco
sentidos y alguno más se hacen necesarios para percibir las sensaciones que
cosechamos a lo largo de nuestra estancia en el puesto, pero convendrá tener
extremadamente alerta la vista y el oído que, además, junto con el olfato son
los más utilizados por las reses para moverse en el monte. En cierto modo,
conocer e imitar el comportamiento de estos animales suele ser lo más
productivo. Periodos de intensa vigilancia escrutando con detalle, de
inmovilidad absoluta, mimetismo con el entorno, desplazamientos precisos,
desconfianza ante la duda, no dejarse sorprender, sigilo, astucia, decisión,
rapidez, etc. suelen ser los comportamientos más utilizados por estos animales.
Qué hacer en el puesto:
- No desplazarnos nunca del lugar señalado para el
puesto. Por lo general, la persona que marcó el puesto suele ser un profesional
de la montería que no sólo ha tenido en cuenta las circunstancias de un puesto
por separado sino la de todos los de la montería en conjunto, ya que incluso
puestos de otras armadas, de las cuales nosotros no conocemos su ubicación
precisa, pueden interferir con el nuestro y a la inversa.
- Nunca tirar al “tamareo” sin identificar quién o qué es lo que lo produce.
- Controlar el
desplazamiento de perreros y guías cuando pasen por las inmediaciones de
nuestra postura, para evitar posibles accidentes.
- Por
supuesto, no tirar a visos ni en línea con otros puestos y procurar siempre
aterrar las balas.
-
Si el
tiradero está sombrío y el sol lo tenemos de cara, conviene observarlo con
prismáticos, esto nos ayudará a descubrir posibles piezas.
-
No tirar
cuando la visibilidad es reducida o no estemos seguros de que la bala se
clavará en la tierra sin riesgo alguno.
-
No tirar a
una res agarrada por los perros y sí acudir con el cuchillo de remate en
auxilio de los perros si el perrero no está cerca.
-
Anunciar a
nuestros acompañantes, si es posible, la inminente intención de disparar, ya
que de esa forma podrán entreabrir la boca y atenuar la consiguiente molestia
para sus oídos de la fuerte detonación del disparo, o al menos, eso la hará más
llevadera.
- En los días de lluvia, conviene
proteger la lente del visor y tener a mano un pañuelo de papel para limpiarla
si se nos moja para que, al disparar, podamos ver con nitidez.
-
No rastrear
ninguna res hasta que no se haya terminado la batida y si es posible avisarlo a
los puestos más cercanos.
-
Marcar
convenientemente las reses abatidas en el monte y en el puesto.
-
En caso de
duda sobre la propiedad de una res, nos atendremos a la ley de la primera
sangre y en caso de no aclararse lo discutiremos siempre en el monte, sobre el
terreno, recabando si es preciso la intervención de un experto designado por la
organización, antes era el “capitán de montería”.
-
En el caso
de que hayamos herido alguna res y ésta haya continuado hacia el puesto vecino,
seguiremos su rastro y en el supuesto de que el montero del puesto vecino nos
la haya rematado y así nos lo diga, nos corresponde agradecerle cortésmente el
gesto. Antes, era costumbre ofrecer una bala llamada “bala de remate” en
agradecimiento por este gesto.
El mejor montero
no es que más caza mata
sino el que es
un señor en la sierra.
-
Al abandonar
el puesto, comprobaremos que no dejamos nada olvidado, incluyendo en ello
restos de basura y las vainas de las balas utilizadas. Esta última
recomendación, ya está siendo exigida legalmente en algunas comunidades
autonómicas.
-
Nunca se
puede abandonar el puesto mientras dura la batida, ya que ello molestaría y
crearía situaciones de riesgo con los puestos vecinos.
-
Si ya de
vuelta a la junta, descubrimos algún perro perdido, observaremos el color de su
capa y el de su collar o divisa para informar al perrero.
- “Doblarse” o “abrirse”
en el puesto es una práctica poco ética y muy imprudente, porque:
- Anula las
protecciones naturales obtenidas por la orografía al haberse señalado los
puestos en un lugar diferente al que se obtiene en la práctica.
-
Altera
fraudulentamente las condiciones de tiro, incluso perjudicándolas a veces.
-
Modifica las
delimitaciones del tiradero propio.
-
Distorsiona
y dificulta más el trabajo de las rehalas.
-
“Corta el viaje” de las
reses a los puestos vecinos
-
Genera
riesgos imprevistos.
-
Provoca
discusiones y conflictos desagradables.
-
Dificulta
las tareas previstas para la recogida de las reses abatidas.
-
Perjudica a
muchos para beneficiar sólo a un par de insensatos.
-
Extorsiona
al organizador y a la finca.
- Desacredita
en primer lugar a los que actúan de esta manera, pero contribuye a dar una
imagen nefasta y poco respetable de la montería en general.
- No hay que confundir “doblarse en
el puesto” con ir dos personas a un puesto y respetar en cada ocasión un
turno diferente de tirada, acción que es completamente admisible; siempre y
cuando nunca tiren dos personas al unísono en un mismo lance. A ello, se le llama
“ir doblando puesto”, es decir, que ambos monteros comparten
alternativamente los derechos del puesto.
- Respetar todas estas recomendaciones
nos permitirá evitar problemas y motivará que nos respeten a nosotros.
Anécdotas
del puesto:
En una montería de las de “alto
standing” como se dice ahora, a un montero le había correspondido como
fedatario, un afamado guarda de otra finca vecina y ambos se conocían. El
montero, convencido del buen saber hacer de su ya secretario y fedatario a la
vez, se dejó influir por los consejos de éste a la hora de situarse en el
puesto; con respecto a lo cual el secretario-fedatario sugirió desplazar la
ubicación de la postura por su cuenta, unos 20 metros hacia arriba, para así
divisar más terreno. (Hecho que siempre es incorrecto y reprochable, el moverse
del puesto) Por la tarde, la montería había sido un completo éxito, con la
única excepción de nuestro montero en cuestión que apareció “bolo” y
encima se lamentaba de su mala suerte.
En algunas fincas, es costumbre que los puestos tengan
también nombre propio, no sólo las armadas como es la norma general. Eso sí,
los topónimos suelen hacer referencias a la zona, a hechos monteros o a
circunstancias curiosas. En cambio, en otros casos cada puesto en concreto es
reconocido por el número que le corresponde dentro de la totalidad de puestos
que han ocupado la mancha, no correspondiendo por tanto con el dígito de la
armada. Así, por ejemplo, el nº 16 no indicaría que ese es el decimosexto
puesto de la armada, sino de la totalidad de puestos que se tienen marcados
para ese día.
Como ejemplo de los nombres de los
puestos, existe en los Alarcones uno que tiene por nombre “Las Discusiones”,
dadas las desavenencias allí producidas, tiempos atrás, entre dos altos cargos
de la política, que monteaban juntos y no encontraban la forma de ponerse de
acuerdo sobre la propiedad de un venado.
En la finca de Las Tapias, existe
otro puesto denominado “La Ruina”, porque un montero que monteaba con un
cupo de cuatro venados, se le “alegró el gatillo” y se excedió bastante
del cupo fijado. Al darse cuenta de lo que había hecho, el hombre exclamaba: “Qué
ruina”. Evidentemente se refería a la económica.
Otros quizás con nombres más
poéticos pueden ser:
“el balcón de la reina”
“la silleta de D. Fernando”,
“el collado los enamorados”
“la cueva del lobo”
“el charco la cierva”
“el
horcajo de los amantes”
...
Todos ellos son nombres de puestos en fincas de la Sierra de Andújar.
¡Caza disfrutando, disfruta cazando!
Manuel Moreno
Andújar y agosto
de 2002
Febrero - 24