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20240201

EL PUESTO EN MONTERÍA

 EL PUESTO DE MONTERÍA

Son muy diferentes los aspectos de los diversos puestos de montería que existen.
Puesto de montería muy cerrado

Puesto, postura, paso y apostadero son nombres con los que se designa el lugar dentro de la mancha en el que se aposta el montero para esperar el paso de las reses.

            Se aplica también este término (puesto) a la pantalla de monte que se coloca delante del montero para camuflarse. Por lo que arreglar o hacer el puesto” es colocar algunos ramajes para camuflarse, sin llegar a construir una catedral.

            Fijar el lugar preciso que ha de tener un puesto, exige un profundo dominio en la técnica del “monteo, pero especialmente un conocimiento detallado del terreno.

 

En el argot de la montería, se dice de un puesto que es bonito o que es feo. Ello hace referencia a que el puesto tiene mejor o peor  visibilidad, a que tiene un tiradero más o menos amplio, a que el montero pueda quedar bastante o poco camuflado, a que las condiciones del terreno ofrezcan un paso obligado o no para el escape de las reses, a que en sus proximidades puedan encontrarse lugares de encame, a que el paso de los perros esté más o menos asegurado, a la facilidad o dificultad de su acceso, a la comodidad o incomodidad del mismo mientras se habita, a que permita ver y oír la llegada de las reses, a que la orografía del terreno ofrezca condiciones de seguridad para el montero ocupante del mismo, etc.

Puesto de montería en un cortadero.
Puesto de montería

 

            A la hora de situar un puesto de montería, son varios los factores que se tienen en cuenta:

 

- Procurar que su ubicación, sea la propicia para evitar accidentes peligrosos con las armas, de forma que los tiros de esta postura no puedan poner en peligro a otras posturas ni las otras puedan alcanzar a los ocupantes de ésta.

- Que desde el puesto se puedan divisar las reses al entrar en sus inmediaciones y que tenga una zona próxima sobre la que se pueda disparar con ciertas probabilidades de éxito, el tiradero.

- Que cubra un posible punto de escape de las reses que hay en la mancha o que, al moverse de un lugar a otro, acostumbren a pasar por ese lugar.

 

            Actualmente, casi todos los puestos están marcados con una chapita numerada o algo similar, para indicar el lugar exacto donde ha de situarse el montero, pero antes, los puestos solían señalarse con una marca de monte llamada “mote”, por eso cuando el montero llegaba a las proximidades del puesto solía preguntar al postor: ¿Dónde está el mote?

 

El número de puestos a situar depende, por una parte, del tipo de montería que se quiere ofrecer, por otra de las características de la mancha. Puede ser una montería sólo de venados, con cupo o sin él, a “caño libre”, montería mixta, en la que se pueden abatir diferentes especies, montería de “gestión” o de ciervas o montería de cochinos, etc.

            Las monterías de cochinos, por lo general, son las que se marcan con mayor número de puestos y casi siempre con los tiraderos más cortos.

 

            Los tipos de puestos más frecuentes son los de:

 

Pechienfrente se dice en la zona de Córdoba, en la de Andújar son de balconcillo.
Puesto de pandero o pechienfrente.

-
         
Balconcillo, que son los más vistosos por sus amplios tiraderos, gran visibilidad y pasos frecuentados por las reses. Generalmente se sitúan en una elevación sobresaliente del terreno, que nos permite divisar por delante la mayor parte de un pequeño pandero o pecho de enfrente y al menos, una de las cañadas laterales.

 

-          “Pechienfrente” o al pecho de enfrente, se refiere a los que disponen de un tiradero no muy lejano y con visibilidad al pecho de enfrente, llamado “testero” o “pandero”.

 

-          Pedriza, situados en una zona donde abundan las piedras como son las pedrizas, casqueras, pedregales o postueros.

 

-          Peñón, que son los que se señalan en cualquier elevación de grandes piedras entre el monte y ofrecen generalmente gran extensión de tiraderos, pero casi siempre bastante enmontada.

 

-          Collado, colocados en las pequeñas cañadas de una cuerda y, aunque tienen tiraderos cortos y reducidos, son bastantes rentables porque las reses los acostumbran a usar muy a menudo. Dada su situación en una parte elevada, no suelen cruzarlos a excesiva velocidad, pero sí con diligencia. 

 

-          Silleta, marcados en un pequeño rellano de una ladera, pero tienen tiraderos más reducidos que los de balconcillo.

 

-          Horcajo, ubicados aprovechando estas zonas del terreno en las que dos pequeñas elevaciones, que están muy próximas en un regajo obligan a un paso estrecho y reducido en forma de uve.

 

-          Regajo o arroyo, que son los que se señalan en la parte más baja de una ladera a lo largo del curso de un arroyo, aunque este no lleve agua, pero aprovechando las veredas más aquerenciadas por las reses.

 

-          Canuto, fijados aprovechando la desembocadura de una pequeña cañada en un vallecillo, a veces, suelen ser varias cañadas las que forma el terreno y cuantos más canutos mejor para los cochinos que suelen huir siguiendo la dirección de estas cañadas hacia abajo.

 

-          Cortadero, que son los que se refieren a los puestos instalados a lo largo de una zona que se ha desprovisto de matorral, como mondas o cortafuegos, suelen ser muy apreciados en la zona manchega y tienen como peculiaridad la de que sus ocupantes mudan de lado al paso de los perros por ese lugar. Suelen tener tiraderos cortos y muy rápidos.

 

-          Rebozo, situados aprovechando un trozo de terreno de poca extensión y que sobrepasa hacia el otro lado los límites de la cuerda o parte alta de una montaña y por los que acostumbran a zafarse las reses, rodeando el cerro para no perder altura.

 

-          “Agujero” o “hueco” es el puesto que se coloca en la montería a última hora, después del sorteo, pero antes de comenzar la batida, por no haber contado antes con ese montero. De ahí lo de “Búscame un agujero”

 

-          “Martillo”, se designa así a la postura de caza que se coloca formando una escuadra con respecto a las anteriores.

 

A los puestos o posturas, también se les suele llamar “pasos” especialmente en la zona de Córdoba, porque en general, aprovechan todas las veredas y caminos marcadas por las reses para fijar los puestos en cualquiera de los accidentes del terreno enumerados anteriormente.

 

Puesto de montería con mucha arboleda.
Puesto de montería.

En general, los puestos suelen calificarse de despejados o rasos cuando disponen de muy poco o ningún monte en sus tiraderos; también se les dice limpios. En cambio, cuando abunda en sus tiraderos la maleza y la maraña, se les valora como sucios, enmarañados o enmontados.

        Se les llama tapados cuando el montero no divisa bien el tiradero.

      También se pueden nombrar los puestos por el tipo de armada a la que pertenecen, denominándose por este motivo: de traviesa, de cierre, de cuerda, de sopié, de recula o de retranca.

 

Teóricamente, la mayoría de los monteros prefieren los puestos de traviesa a los de las armadas de cierre, esto tiene su fundamento, aunque no siempre es una garantía plena de éxito, ya que existen tanto buenas traviesas como malos cierres, como justamente todo lo contrario. Además, un puesto puede ser muy bueno para cochinos y por el contrario pésimo para venados, ya que cada especie tiene sus particulares preferencias y comportamiento.

 

 

        Al situarnos en el puesto:

            Es muy importante que el postor, a la hora de situarnos en nuestra postura, nos diga cuál es el lugar preciso en donde están colocados nuestros puestos vecinos y, a ser posible, hemos de hacernos ver con ellos, señalando estas trayectorias vetadas para el tiro. Igualmente es interesante conocer donde se sitúan las armadas más cercanas.

            Conviene, que ya en la postura, el postor nos informe de cómo se va a desarrollar el “monteo”, indicando los recorridos que seguirán los perros a su paso por las inmediaciones de nuestro puesto y si después vuelven o no por sus propios pasos.

            Interesa que sobre el terreno el postor nos señale los límites de nuestro tiradero y si en alguna zona puede ser coincidente con el de los puestos colindantes.

            En ciertos lugares y, especialmente en los “puestos de cortadero”, es costumbre que, al paso de las rehalas, los puestos se cambien al otro lado del cortadero; si esta práctica se va a llevar a cabo, conviene recibir del postor las instrucciones precisas para hacerlo al unísono.

          Debemos asegurarnos, si aún queda por pasar alguien o alguna armada más por las inmediaciones de la postura o algún carril cercano.

Como es frecuente que el postor de determinadas armadas sea el mismo de temporadas pasadas, podemos interesarnos por los resultados de esta postura en años anteriores, a veces nos suelen hacer comentarios ingeniosos y ocurrentes que pueden resultarnos prácticos.

Y por último, es bueno conocer a qué hora aproximadamente está previsto levantar la armada y si el postor personalmente la recogerá.

Siempre debemos respetar y cumplir a rajatabla las recomendaciones hechas por el postor, ya que ello contribuirá a mejorar la seguridad propia y de los demás.

 

        Cómo preparar el puesto:

            Al llegar al lugar concreto e indicado para la postura, conviene hacer notable lo menos posible nuestra presencia (con la excepción del aviso a los puestos vecinos) para lo que se hace necesario adecentar, si es que no está hecho ya, la pantalla del puesto y el espacio que vamos a utilizar, al objeto de que, posteriormente, nuestros movimientos resulten lo más sigilosos posibles y no constituyan visajes que puedan delatarnos y ser advertidos por las reses. Para ello, primero procuraremos limpiar el suelo de ramitas secas y aquello que pueda entorpecer nuestros movimientos.

Seguidamente, señalaremos la posición que ha de ocupar durante el resto de la montería cada una de las personas que nos acompañan, para que la estancia nos resulte cómoda, ofrezca buena visibilidad y no nos podamos sentir entorpecidos en el preciso momento de ejecutar el lance. Es decir, intentaremos imaginar y prever los movimientos que realizaremos más tarde, para disfrutar y ofrecer a nuestros acompañantes una seguridad efectiva, evitando accidentes.

Los acompañantes deben situarse siempre detrás del cazador, nunca delante, aunque estén sentados, porque si se levantasen imprevisiblemente, podría suceder un desgraciado y lamentable accidente.

Una vez que todos los ocupantes del puesto conocen el lugar que se le ha asignado, procederemos a situarnos colocando al mejor alcance los “apechusques” que previsiblemente utilizaremos.

Comprobaremos el perfecto ajuste de los aumentos del visor al posible tiradero y a continuación, cargaremos el arma, procurando no encañonar a ninguna persona, pero comprobando que el cañón se encuentra libre de obturaciones.

Si disponemos de armas de diferente calibre pondremos especial atención en no mezclar la munición, colocándola separada.

Si, solemos tirar con horquilla, convendría situarla en la zona que imaginemos que nos puede ser más útil.


El primer tiro

lo haces cuando quieres

el segundo, 

cuando puedes.


Cuando no disponemos de catrecillo o asiento apropiado, resulta muy práctico cortar un manojo de cogollos de monte y colocarlos a modo de cojín sobre una piedra para sentarnos cómodamente, ello repercutirá en un mayor tiempo de inmovilidad.

Indudablemente, estas operaciones deben hacerse con la mayor diligencia y celeridad, pero lo más silenciosamente posible.

Si nos hemos colocado en el puesto adecuadamente, evitaremos estar haciendo molestas rectificaciones durante el desarrollo de la batida, que delaten nuestra presencia y perjudiquen el resultado final.

Teniendo en cuenta estas consideraciones, podremos seleccionar mejor las piezas de tiro, conseguiremos que las reses lleguen a “cumplir” hasta el punto más idóneo del tiradero y consiguientemente, incrementaremos las posibilidades de éxito de cada lance.

 

        Cómo estar en el puesto:

            Una vez que nos hemos situado definitivamente en el puesto, procuraremos:


    -          No movernos para señalar la aparición de reses en las inmediaciones del puesto. Es frecuente que los monteros noveles y acompañantes poco acostumbrados, emocionados por el avistamiento de reses que se aproximan a nuestra postura, empiecen a señalar con el brazo, se levanten para verlas mejor e incluso nos hagan efusivos comentarios (visajes chivatos) Eso es tan natural como imprudente, ya que, si las reses, como acostumbran, suelen entrar recelando o “acaballadas” como se dice en el argot, enseguida percibirán esos visajes y terminarán por no entrar al tiradero.


    -          Aunque la llegada de las primeras reses al puesto no sea de reses de tiro, no conviene ignorar las recomendaciones para camuflarnos, ya que ciervas, varetos o venadillos jóvenes utilizan casi los mismos recursos que los grandes trofeos. Al contrario, se deben tener muy presentes, porque así comprobaremos si realmente estamos bien mimetizados y porque, los grandes trofeos, suelen echar por delante a otros ejemplares más jóvenes, a los cuales vienen castigando para que vayan delante abriéndoles camino. Incluso es muy probable que cuando después nos entren grandes trofeos lo hagan por los mismos pasos que lo hicieron aquellas reses que no se consideraron de tiro.


    -          El tiempo de espera en el puesto, hasta la suelta de los perros, es fenomenal para aprovechar y hacer una inspección ocular (ayudados por los prismáticos) y así descubrir, generalmente reses de muy buen trofeo que, alertadas por la colocación de las armadas, se encuentran oteando o “atalayando” para elegir un camino de huida.

    -    Los cinco sentidos y alguno más se hacen necesarios para percibir las sensaciones que cosechamos a lo largo de nuestra estancia en el puesto, pero convendrá tener extremadamente alerta la vista y el oído que, además, junto con el olfato son los más utilizados por las reses para moverse en el monte. En cierto modo, conocer e imitar el comportamiento de estos animales suele ser lo más productivo. Periodos de intensa vigilancia escrutando con detalle, de inmovilidad absoluta, mimetismo con el entorno, desplazamientos precisos, desconfianza ante la duda, no dejarse sorprender, sigilo, astucia, decisión, rapidez, etc. suelen ser los comportamientos más utilizados por estos animales.

           

            Qué hacer en el puesto:

- No desplazarnos nunca del lugar señalado para el puesto. Por lo general, la persona que marcó el puesto suele ser un profesional de la montería que no sólo ha tenido en cuenta las circunstancias de un puesto por separado sino la de todos los de la montería en conjunto, ya que incluso puestos de otras armadas, de las cuales nosotros no conocemos su ubicación precisa, pueden interferir con el nuestro y a la inversa.


Puesto de montería con tiradero corto.

            -       Nunca tirar al “tamareo” sin  identificar quién o qué es lo que lo produce.

    -       Controlar el desplazamiento de perreros y guías cuando pasen por las inmediaciones de nuestra postura, para evitar posibles accidentes.

    -        Por supuesto, no tirar a visos ni en línea con otros puestos y procurar siempre aterrar las balas.

    -          Si el tiradero está sombrío y el sol lo tenemos de cara, conviene observarlo con prismáticos, esto nos ayudará a descubrir posibles piezas.

    -          No tirar cuando la visibilidad es reducida o no estemos seguros de que la bala se clavará en la tierra sin riesgo alguno.

    -          No tirar a una res agarrada por los perros y sí acudir con el cuchillo de remate en auxilio de los perros si el perrero no está cerca.

    -          Anunciar a nuestros acompañantes, si es posible, la inminente intención de disparar, ya que de esa forma podrán entreabrir la boca y atenuar la consiguiente molestia para sus oídos de la fuerte detonación del disparo, o al menos, eso la hará más llevadera.

         -       En los días de lluvia, conviene proteger la lente del visor y tener a mano un pañuelo de papel para limpiarla si se nos moja para que, al disparar, podamos ver con nitidez.

    -          No rastrear ninguna res hasta que no se haya terminado la batida y si es posible avisarlo a los puestos más cercanos.

    -          Marcar convenientemente las reses abatidas en el monte y en el puesto.

    -          En caso de duda sobre la propiedad de una res, nos atendremos a la ley de la primera sangre y en caso de no aclararse lo discutiremos siempre en el monte, sobre el terreno, recabando si es preciso la intervención de un experto designado por la organización, antes era el “capitán de montería”.

    -          En el caso de que hayamos herido alguna res y ésta haya continuado hacia el puesto vecino, seguiremos su rastro y en el supuesto de que el montero del puesto vecino nos la haya rematado y así nos lo diga, nos corresponde agradecerle cortésmente el gesto. Antes, era costumbre ofrecer una bala llamada “bala de remate” en agradecimiento por este gesto.


El mejor montero

no es que más caza mata

sino el que es

un señor en la sierra.


    -          Al abandonar el puesto, comprobaremos que no dejamos nada olvidado, incluyendo en ello restos de basura y las vainas de las balas utilizadas. Esta última recomendación, ya está siendo exigida legalmente en algunas comunidades autonómicas.

    -          Nunca se puede abandonar el puesto mientras dura la batida, ya que ello molestaría y crearía situaciones de riesgo con los puestos vecinos.

    -          Si ya de vuelta a la junta, descubrimos algún perro perdido, observaremos el color de su capa y el de su collar o divisa para informar al perrero.

          -     “Doblarse” o “abrirse” en el puesto es una práctica poco ética y muy imprudente, porque:

    -         Anula las protecciones naturales obtenidas por la orografía al haberse señalado los puestos en un lugar diferente al que se obtiene en la práctica.

    -          Altera fraudulentamente las condiciones de tiro, incluso perjudicándolas a veces.

    -          Modifica las delimitaciones del tiradero propio.

    -          Distorsiona y dificulta más el trabajo de las rehalas.

    -          “Corta el viaje” de las reses a los puestos vecinos

    -          Genera riesgos imprevistos.

    -          Provoca discusiones y conflictos desagradables.

    -          Dificulta las tareas previstas para la recogida de las reses abatidas.

    -          Perjudica a muchos para beneficiar sólo a un par de insensatos.

    -          Extorsiona al organizador y a la finca.

    -      Desacredita en primer lugar a los que actúan de esta manera, pero contribuye a dar una imagen nefasta y poco respetable de la montería en general.

 

        -     No hay que confundir “doblarse en el puesto” con ir dos personas a un puesto y respetar en cada ocasión un turno diferente de tirada, acción que es completamente admisible; siempre y cuando nunca tiren dos personas al unísono en un mismo lance. A ello, se le llama “ir doblando puesto”, es decir, que ambos monteros comparten alternativamente los derechos del puesto.

 

        -    Respetar todas estas recomendaciones nos permitirá evitar problemas y motivará que nos respeten a nosotros.

 

            Anécdotas del puesto:

            En una montería de las de “alto standing” como se dice ahora, a un montero le había correspondido como fedatario, un afamado guarda de otra finca vecina y ambos se conocían. El montero, convencido del buen saber hacer de su ya secretario y fedatario a la vez, se dejó influir por los consejos de éste a la hora de situarse en el puesto; con respecto a lo cual el secretario-fedatario sugirió desplazar la ubicación de la postura por su cuenta, unos 20 metros hacia arriba, para así divisar más terreno. (Hecho que siempre es incorrecto y reprochable, el moverse del puesto) Por la tarde, la montería había sido un completo éxito, con la única excepción de nuestro montero en cuestión que apareció “bolo” y encima se lamentaba de su mala suerte.

 

En algunas fincas, es costumbre que los puestos tengan también nombre propio, no sólo las armadas como es la norma general. Eso sí, los topónimos suelen hacer referencias a la zona, a hechos monteros o a circunstancias curiosas. En cambio, en otros casos cada puesto en concreto es reconocido por el número que le corresponde dentro de la totalidad de puestos que han ocupado la mancha, no correspondiendo por tanto con el dígito de la armada. Así, por ejemplo, el nº 16 no indicaría que ese es el decimosexto puesto de la armada, sino de la totalidad de puestos que se tienen marcados para ese día.

 

            Como ejemplo de los nombres de los puestos, existe en los Alarcones uno que tiene por nombre “Las Discusiones”, dadas las desavenencias allí producidas, tiempos atrás, entre dos altos cargos de la política, que monteaban juntos y no encontraban la forma de ponerse de acuerdo sobre la propiedad de un venado.

            En la finca de Las Tapias, existe otro puesto denominado “La Ruina”, porque un montero que monteaba con un cupo de cuatro venados, se le “alegró el gatillo” y se excedió bastante del cupo fijado. Al darse cuenta de lo que había hecho, el hombre exclamaba: “Qué ruina”. Evidentemente se refería a la económica.


                Otros quizás con nombres más poéticos pueden ser: 


“el balcón de la reina”

 “la silleta de D. Fernando”, 

“el collado los enamorados” 

“la cueva del lobo” 

“el charco la cierva” 

“el horcajo de los amantes” 

...

 Todos ellos son nombres de puestos en fincas de la Sierra de Andújar.

 

 

¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

Manuel Moreno

Andújar y agosto de 2002

Febrero - 24

 

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