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VAQUEO y SALTEO

  Biblioteca Nacional de España VAQUEO Modalidad de caza mayor, consistente en esperar a las reses que vienen de vuelta a su encame diurno d...

20240101

ENTRAPILLADO y BANDERILLAS

Manuscrito de la BNE
Biblioteca Nacional de España

ENTRAPILLADO Y BANDERILLAS 

 

Entre las argucias empleadas, desde muy antiguo, 
por los cazadores de conejos están  
el entrapillado y las banderillas. 

 


 

Bocas de una madriguera.
Boquizos o cados de un vivar



La mayoría de estas técnicas corresponden más que a la caza propiamente dicha, a los métodos de la chuchería, que, según Martínez de Espinar, es una fullería mañosa con trampas y señuelos. 

 

Esta forma de cazar es tratada de forma despectiva como una práctica poco correcta. Alonso Martínez de Espinar dedica a estas tareas el capítulo I de su Libro I, perteneciente al titulado como “Arte de Ballestería y montería (1644) de lo que debía saber bastante ya que ostentó varios cargos en la corte y, entre ellos, el de ballestero real.  

 

Es una obra que está considerada como una de las obras cumbre de la literatura venatoria del barroco español y cuenta el original con un prólogo del simpar Francisco de Quevedo y Villegas. Este libro fue reeditado en 1761. 

 

… La Chucheria es una fullería mañosa,

con que el hombre engaña muchas maneras de aues, y animales,

con ceuaderos, con señuelos viuos, y muertos, con redes, lazos,

y otros muchos instrumentos para todo género de aues…” 


MARTÍNEZ DE ESPINAR, A.: Arte de Ballestería y Montería, Libro I, Capit. I, Madrid 1644. 

 

 

Entrapillar es tapar las bocas de las madrigueras para que no se salgan los conejos que hay dentro antes de tiempo al cazarlos con un hurón.  

Esta tarea se podía realizar con trapos, pero lo más frecuente era que se hiciera con cogollos de monte. Se podía realizar antes de huronear la madriguera o también después. Si se hacía después, el entrapillado debía ser lo más adentro posible de la galería para que los conejos tuvieran un lugar donde sentirse más seguros al ir perseguidos por los perros que allí los cogían a diente. 

 

“… cuyo objeto no solo es

de coger y matar los conejos que están fuera de las bocas,

sino obligar á estos á que se encierren en ellas,

se entrapillan las que deben huronearse,

á la hora en que, según la estación,

se conoce que deben estar dentro los conejos;

lo cual se consigue con solo poner á la entrada de cada caño

un poco de trapo chamuscado y empapado en vinagre u orines

para que con el olor que despide,

se retraigan de salir los conejos… 


HIDALGO, C. y GUTIÉRREZ GONZÁLEZ, A.: Tratado de caza. Madrid 1845. Pág. 134. 




Interior de una madriguera.
Conejo dentro de la madriguera



Las banderillas son pequeños trozos de tela pinchados en un palito, que se introducen y clavan en el interior de las bocas de las madrigueras para que los conejos se asusten al intentar salir e impedir que se salgan los que hay dentro. 

 

“… habiendo llegado á tal punto

la astucia y depravación de los hombres que los emplean,

que para conseguir que los conejos

no salgan de las bocas que se prometen huronear,

colocan en la parte interior y superior de sus caños

y á la distancia de toda la ostensión del brazo,

unos palitos con un pedazo del mismo trapo

de que hemos hablado ya

y á que llaman banderillas,

con el objeto de que las personas encargadas de vigilar

y que pudieran evitarlo,

no conozcan este ardid á primera vista… 


HIDALGO, C. y GUTIÉRREZ GONZÁLEZ, A.: Tratado de caza. Madrid 1845. Pág. 135. 

 

   NOTA: 

        En los textos que repoduzco de otros autores, en algunos de ellos, aparecen faltas de expresión, de acentuación o de ortografía en general, y ello se debe a que reproduzco siempre el texto tal cual lo he encontrado y es por lo que siempre aparecerá entrecomillado.



¡Caza disfrutando, disfruta cazando! 

 

 

 

Manuel Moreno

Sptbre - 23

Enero - 24

 


20231201

MANUSCRITOS DE CAZA I - PARAMIENTOS DE LA CAZA

 

Biblioteca Nacional de España

MANUSCRITOS DE CAZA I

PARAMIENTOS DE LA CAZA 


Posiblemente este sea el tratado de montería y cetrería 

más antiguo de todos los que se han escrito en español. 

Se le atribuye al rey Sancho VI de Navarra 

y su fecha dataría del año 1180. 


Por lo menos, así lo aseguró el francés H. Castillon d’Aspet que, supuestamente, hizo la copia y traducción al francés del original y lo publicó en Paris en 1874.  

Pero se ha argumentado que esta publicación no corresponde a tal obra, ya que ésta, no se ha encontrado nunca y se duda de su existencia real.  Según algunos, es una invención que nunca existió, aunque otros investigadores defienden justo lo contrario. 

Se argumenta que la información cinegética se había sacado del Libro de la Caza publicado por Gastón Febus, en cambio, el vocabulario romance y los personajes, se piensa que fueron extraídos del Fuero General de Navarra. 

De ser cierto que el original de este manuscrito romance de 1180 existió en los archivos provinciales de Pamplona en 1836, donde Castillon asegura haberlo encontrado, este libro le arrebataría el privilegio de mayor antigüedad al mismísimo Libro de la Montería de Alfonso XI. 

Hubo algunos bibliófilos que defendieron la veracidad de la existencia de este manuscrito, entre ellos: Francisco Uhagón, James E. Harting o el duque de Almazán. 

En cambio, hubo otros que no le dieron credibilidad, entre ellos el profesor José M. Fradejas Rueda, a quien debemos la primera traducción completa al español y quien se manifestaba de la siguiente manera: 

 “Esta obra es una falsificación hecha en 1874 por H. Castillon d'Aspet, y ya se lo sospechó Gutiérrez de la Vega y en ese sentido se pronunció dos veces'. Recientemente lo han demostrado con pruebas fehacientes el profesor Fradejas Lebrero, que ha «podido comprobar que es una falsificación, porque mezcla personajes del siglo XII y XIV que constan en el Fuero de Navarra»', y el profesor Lacarra de Miguel, que, entre muchas, ofrece una tabla de correspondencias entre los capítulos del Fuero General y los de Los Paramientos aclarando que «los retoques introducidos en el texto del Fuero General son mínimos»'. Aunque Dámaso Gutiérrez Arrese, en 1975, al prologar la traducción española del libro de Castillon d'Aspet", dijera «lo cierto es que el manuscrito desapareció de los Archivos de Pamplona sin que podamos afirmar la culpabilidad de Castillon, ya que entonces Pamplona fue el foco de las guerras carlistas y todos sabemos que estas jamás han sido la fuente de enriquecer bibliotecas y sí en cambio para empobrecerlas» " 

 

Después de un minucioso estudio el profesor Fradejas Rueda llegó a la siguiente conclusión: 

“La única conclusión que se puede extraer es que los Paramientos de la caza compuestos por Sancho VI de Navarra en 1180 no existieron nunca. Son una fantasía romántica salida de la pluma de un francés que conocía los Déduicts de chasse de Gastón Fébus, conde de Foix, de los que obtuvo ideas generales sobre la caza en la Edad Media, y que se llegó a compenetrar bastante bien con el texto y el vocabulario del Fuero general de Navarra en su edición de 1869 del que extrajo voces, expresionés, personajes y lugares que, adecuadamente manejados, aunque no con toda la habilidad necesaria, e introducidos aquí y allá, intenta dar la idea de ser la traducción fiel de un ignoto, y por desgracia perdido, libro sobre la caza compuesto en el siglo XII por Sancho VI el Sabio, rey de Navarra.” 

 

En 1978 José María Lacarra, hace un detallado estudio negando también la autenticidad del manuscrito. 

 

Controversias aparte, este manuscrito despertó bastante interés entre los estudiosos y amantes de la literatura cinegética, hasta el punto de que la revista Trofeo en 1975 publicó una traducción en español de parte de la obra. 

 

Para hacernos una idea más acertada de lo tratado en estos Reglamentos de la Caza, señalaré su estructura de contenidos: 

·        Capítulo I: DE PRELIMINARES DE LOS LA CAZA CEREMONIA RELIGIOSA. 

·      Capítulo II: DE LAS ARMAS USADAS EN LAS DIVERSAS CACERÍAS DEL TRAJE DE LOS CAZADORES Y DEL ORDEN QUE SE HA DE SEGUIR EN EL DESARROLLO DE LA CACERÍA. 

·        Capítulo III: DE LA COMPOSICIÓN DE LAS JAURÍAS Y DE LOS COSTIEROS QUE LAS CONDUCEN. 

·        Capítulo IV: DE LA CAZA MAYOR Y MENOR. 

·        Capítulo V: MANERA DE ADIESTRAR EL HALCÓN Y EL AZTOR. 

·       Capítulo VI: COMO SE DEBEN PRACTICAR LA CAZA REAL Y LA DE LOS GRANDES SEÑORES. 

·       Capítulo VII: CEREMONIAS Y FIESTAS CON QUE TERMINAN LAS GRANDES CACERÍAS. 

·        Capítulo VIII:  ORDENANZAS RELATIVAS A LA CAZA. 

Estas ordenanzas están repartidas en 14 capítulos y terminan con los detalles de una cacería efectuada por el rey don Sancho el Sabio el año 1165. 

 

En este códice señala como formas de montería más valorada la del oso y la del puerco. 


La práctica de la caza mayor está reservada sólo para las clases sociales más altas, castigándose con grandes multas los delitos cometidos contra la caza mayor. 

“solamente el rey, los ricohombres, los infanzones y los cabaylleros podrán tomar parte en ella. Así pues, está prohibido por nuestros fueros, a todo hombre de condición inferior, dedicarse a esta clase de caza, sin cometer un moldado y exponerse a las colonias establecidas para los infractores, delincuentes y malintencionados.” 

 

Para la caza menor ya se prohibía el uso de trampas y regulaba los medios que podían aplicarse. 

“Les está prohibido hacer uso de lassos, trampas y otros artificios, o aparatos para apresar el venado que no sean los indicados por nuestros fueros. “ 

 

Curiosamente entre los detalles de la cacería expone: 

“En todo treinta y ocho cazadores, no incluidos los maestros de caza, criados, labradores y seis realas de diez perros para jabalíes, osos, ciervos, liebres y conejos, conducidas por los mesnaderos de la comarca. 

Durante las cuatro grandes cacerías hechas el 6 de noviembre, el 10 de diciembre, el 5 de enero y el 8 de marzo de este año de 1165, dirigida la cacería por el muy ilustre y muy sabios don Sancho, rey de Navarra, que Dios aya su alma, se mata venando, tanto en caza mayor como menor: 

14 osos; 16 jabalíes; 22 ciervos; 15 corzos; 12 rebecos; 44 liebres; 65 faisanes, gallos de brezal y otros; en total 188 piezas de caza fueron llevadas al castillo de Pamplona donde fue hecha la comprobación por el procurador del rey y transcrito a este registro por don Fray Pedro” 

 

Si es auténtica o no la obra original reseñada, 
no lo sabemos, 
pero lo que sí es cierto, 
es que existió la publicación parisina 
que es la parte probada de esta polémica. 

 



¡Caza disfrutando, disfruta cazando! 

 

Manuel Moreno 

Abril - 24

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