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MANUSCRITOS DE CAZA I
PARAMIENTOS DE LA CAZA
Posiblemente este sea el tratado de montería y cetrería
más antiguo de todos los que se han escrito en español.
Se le atribuye al rey Sancho VI de Navarra
y su fecha dataría del año 1180.
Por lo menos, así lo aseguró el francés H. Castillon
d’Aspet que, supuestamente, hizo la copia y traducción al francés del original
y lo publicó en Paris en 1874.
Pero
se ha argumentado que esta publicación no corresponde a tal obra, ya que ésta,
no se ha encontrado nunca y se duda de su existencia real. Según algunos,
es una invención que nunca existió, aunque otros investigadores defienden justo
lo contrario.
Se
argumenta que la información cinegética se había sacado del Libro de la Caza
publicado por Gastón Febus, en cambio, el vocabulario romance y los personajes,
se piensa que fueron extraídos del Fuero General de Navarra.
De
ser cierto que el original de este manuscrito romance de 1180 existió en los
archivos provinciales de Pamplona en 1836, donde Castillon asegura haberlo
encontrado, este libro le arrebataría el privilegio de mayor antigüedad al
mismísimo Libro de la Montería de Alfonso XI.
Hubo
algunos bibliófilos que defendieron la veracidad de la existencia de este
manuscrito, entre ellos: Francisco Uhagón, James E. Harting o el duque de
Almazán.
En
cambio, hubo otros que no le dieron credibilidad, entre ellos el profesor José
M. Fradejas Rueda, a quien debemos la primera traducción completa al español y
quien se manifestaba de la siguiente manera:
“Esta obra es una falsificación hecha en 1874 por H.
Castillon d'Aspet, y ya se lo sospechó Gutiérrez de la Vega y en ese
sentido se pronunció dos veces'. Recientemente lo han demostrado con pruebas
fehacientes el profesor Fradejas Lebrero, que ha «podido comprobar que es una
falsificación, porque mezcla personajes del siglo XII y XIV que constan en el
Fuero de Navarra»', y el profesor Lacarra de Miguel, que, entre muchas, ofrece
una tabla de correspondencias entre los capítulos del Fuero General y los de
Los Paramientos aclarando que «los retoques introducidos en el texto del Fuero
General son mínimos»'. Aunque Dámaso Gutiérrez Arrese, en 1975, al prologar la
traducción española del libro de Castillon d'Aspet", dijera «lo cierto es
que el manuscrito desapareció de los Archivos de Pamplona sin que podamos
afirmar la culpabilidad de Castillon, ya que entonces Pamplona fue el foco de
las guerras carlistas y todos sabemos que estas jamás han sido la fuente de
enriquecer bibliotecas y sí en cambio para empobrecerlas» "
Después
de un minucioso estudio el profesor Fradejas Rueda llegó a la siguiente
conclusión:
“La única conclusión que se puede extraer es que los Paramientos
de la caza compuestos por Sancho VI de Navarra en 1180 no existieron nunca. Son
una fantasía romántica salida de la pluma de un francés que conocía los
Déduicts de chasse de Gastón Fébus, conde de Foix, de los que obtuvo ideas
generales sobre la caza en la Edad Media, y que se llegó a compenetrar bastante
bien con el texto y el vocabulario del Fuero general de Navarra en su edición
de 1869 del que extrajo voces, expresionés, personajes y lugares que,
adecuadamente manejados, aunque no con toda la habilidad necesaria, e
introducidos aquí y allá, intenta dar la idea de ser la traducción fiel de un
ignoto, y por desgracia perdido, libro sobre la caza compuesto en el siglo XII
por Sancho VI el Sabio, rey de Navarra.”
En
1978 José María Lacarra, hace un detallado estudio negando también la
autenticidad del manuscrito.
Controversias
aparte, este manuscrito despertó bastante interés entre los estudiosos y
amantes de la literatura cinegética, hasta el punto de que la revista Trofeo en
1975 publicó una traducción en español de parte de la obra.
Para
hacernos una idea más acertada de lo tratado en estos Reglamentos de la Caza,
señalaré su estructura de contenidos:
·
Capítulo I:
DE PRELIMINARES DE LOS LA CAZA CEREMONIA RELIGIOSA.
· Capítulo II:
DE LAS ARMAS USADAS EN LAS DIVERSAS CACERÍAS DEL TRAJE DE LOS CAZADORES Y DEL
ORDEN QUE SE HA DE SEGUIR EN EL DESARROLLO DE LA CACERÍA.
·
Capítulo III:
DE LA COMPOSICIÓN DE LAS JAURÍAS Y DE LOS COSTIEROS QUE LAS CONDUCEN.
·
Capítulo IV:
DE LA CAZA MAYOR Y MENOR.
·
Capítulo V:
MANERA DE ADIESTRAR EL HALCÓN Y EL AZTOR.
· Capítulo VI:
COMO SE DEBEN PRACTICAR LA CAZA REAL Y LA DE LOS GRANDES SEÑORES.
· Capítulo VII: CEREMONIAS
Y FIESTAS CON QUE TERMINAN LAS GRANDES CACERÍAS.
·
Capítulo VIII:
ORDENANZAS RELATIVAS A LA CAZA.
Estas
ordenanzas están repartidas en 14 capítulos y terminan con los detalles de una
cacería efectuada por el rey don Sancho el Sabio el año 1165.
En
este códice señala como formas de montería más valorada la del oso y la del
puerco.
La
práctica de la caza mayor está reservada sólo para las clases sociales más
altas, castigándose con grandes multas los delitos cometidos contra la caza
mayor.
“solamente
el rey, los ricohombres, los infanzones y los cabaylleros podrán tomar parte en
ella. Así pues, está prohibido por nuestros fueros, a todo hombre de condición
inferior, dedicarse a esta clase de caza, sin cometer un moldado y exponerse a
las colonias establecidas para los infractores, delincuentes y
malintencionados.”
Para la caza menor
ya se prohibía el uso de trampas y regulaba los medios que podían aplicarse.
“Les está prohibido hacer uso de lassos,
trampas y otros artificios, o aparatos para apresar el venado que no sean los
indicados por nuestros fueros. “
Curiosamente entre
los detalles de la cacería expone:
“En todo
treinta y ocho cazadores, no incluidos los maestros de caza, criados,
labradores y seis realas de diez perros para jabalíes, osos, ciervos, liebres y
conejos, conducidas por los mesnaderos de la comarca.
Durante las cuatro grandes cacerías hechas el 6 de noviembre, el 10 de diciembre, el 5 de enero y el 8 de marzo de este año de 1165, dirigida la cacería por el muy ilustre y muy sabios don Sancho, rey de Navarra, que Dios aya su alma, se mata venando, tanto en caza mayor como menor:
14 osos; 16 jabalíes; 22 ciervos; 15 corzos; 12 rebecos; 44 liebres; 65 faisanes, gallos de brezal y otros; en total 188 piezas de caza fueron llevadas al castillo de Pamplona donde fue hecha la comprobación por el procurador del rey y transcrito a este registro por don Fray Pedro”
Si es
auténtica o no la obra original reseñada,
no lo
sabemos,
pero lo
que sí es cierto,
es que
existió la publicación parisina
que es
la parte probada de esta polémica.
¡Caza disfrutando, disfruta
cazando!
Manuel
Moreno
Abril - 24

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