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| Reclamo de perdiz cantando |
CONDICIONES QUE DEBE REUNIR UN BUEN RECLAMO.
En
primer lugar, nos vamos a fijar en las condiciones que diferencian a un buen
macho de una hembra y así nos aseguramos de que nuestro reclamo será macho:
·
Nos fijaremos en la cabeza y observaremos el ojo, las cejas anchas y el tamaño de la
cabeza que, deben ser grande, ya que las hembras la tienen más pequeña.
·
Las plumillas de los “tufos” deben ser de un solo color, solo amarillas.
·
Las plumas del “collar” negras zaínas.
·
El pico ha de ser grueso y encorvado, pero
no picudo, ya que las hembras lo tienen fino y sin curvatura.
·
La gola debe ser siempre redondeada, las
picudas son signo de hibridación.
·
El volumen ha de ser grande y la postura
engallada: “un tío de buena
planta”, ya que las hembras
son pequeñas y suelen andar como aplastadas.
·
El comportamiento ha de ser noble, agresivo,
desafiante, altivo y confiado; lo contario son características de las hembras
algo más miedosas. El macho es más tranquilo, sin movimientos bruscos. Debe
mirar de frente. Que intente picar en la mano cuando se la acercamos. Que sea
manso.
·
Las patas deben ser de rojo intenso, cortas y
recias con los dedos largos, sobre todo el dedo central que es un signo para
delatar a las hembras que lo tienen más corto. Suelen tener espolones y la
anchura y el grosor de ellos es grande en los machos y algo más pequeño en
aquellas hembras que los tienen.
·
La longitud de la caña de la pata en la hembra es menor que la del macho.
·
Las plumas han de ser de colores vivos e
intensos, sedosas, especialmente en los espejuelos. Bien colocadas y no
erizadas. Además, es señal de buena salud.
·
En el canto,
la hembra no suele dar de pie ni piñonear, tampoco hacen el claqueo y en
general el canto es más aflautado, aunque también hay machos de canto aflautado
y suelen ser muy efectivos.
Las
hembras suelen ser huidizas, esquivas, desconfiadas, broncas y muy
observadoras, además, de menor tamaño que el macho.
Todo
esto no quiere decir que no haya reclamos estupendos, aunque presenten alguna
condición contraria a las enumeradas anteriormente. Esto es en teoría.
CONDICIONES DEL BUEN RECLAMO
Todo
reclamo macho de perdiz, para ser bueno, debe reunir las condiciones
siguientes:
“1.- Que sea voluntario para salir
cantando en el campo.
2.- Que sea constante en sus
trabajos.
3.- Que reciba con suavidad a las
perdices del campo que se le aproximen.
4.-
Que siempre siga cuchicheando y besando en voz baja, por más que sienta los
tiros.
5.- Que no le intimiden los bichos
ni estorbos que suelen encontrarse en el campo.
6.- Que en todos los puestos que se
le den se porte bien.”
GONZÁLEZ FERNÁNDEZ,
A.:
Tratado de caza del macho y
hembra de perdiz reclamo,
1886. Madrid. Cpít. V
Muchísimas
razones más, podríamos añadirle a este supuesto reclamo perfecto. Es muy
difícil que un pájaro reúna todas las condiciones que le pedimos, pero cuantas
más tenga, mejor será. Más bondadoso y de mejor calidad será su trabajo.
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| Reclamando desde arriba |
PRUEBA PARA DESCUBRIR ESTAS CONDICIONES
Lógicamente
para descubrir estas condiciones se debe hacer una prueba en la que hace falta
emplear bastantes conocimientos y tiempo de observación.
La
prueba consiste en observar si reúne las seis condiciones antes descritas y
hacer un uso suave y oportuno del amplio repertorio de tipos de cantes
existentes, sin manifestar excesivos defectos.
Además,
el resultado final de la prueba que hagamos a nuestro posible reclamo va a
depender también en un alto porcentaje de nuestro conocimiento sobre el tema.
Un cazador novel no será capaz de hacer una valoración tan profunda y precisa
como la de un cazador veterano y experimentado.
Hay
expertos que aconsejan que la prueba se haga en dos días y en diferentes
cazaderos. Y otros consideran que estas pruebas son menos confusas en los meses
de principio de otoño.
Aconsejan
que estas pruebas se hagan en la sierra donde suele haber más rapaces y fauna
de todo tipo que afecta directamente al reclamo.
Se
debe preguntar el precio antes de salir a probarlos, ya que si la prueba va
bien el precio se incrementará bastante.
Saber
en qué momento del celo se encuentra cuando se prueba es fundamental, pues si
el pájaro está muy encelado tenderá a cantar más que si no lo está.
Al
igual que conocer la edad exacta del reclamo es muy importante para la prueba,
ya que los de segundo celo suelen tener comportamientos muy irregulares que
pueden incitarnos a pensar de manera equivocada. Y el tercer celo el más
difícil porque incluso los mejores reclamos, suelen manifestarse temerosos en
esa época. A partir del cuarto año ya se le pueden pedir todos los tipos de cantes a un reclamo y sus mejores condiciones, que si no las tiene difícilmente aparecerán ya.
Y,
aun así, no podemos asegurar que un pájaro que superó la prueba
satisfactoriamente luego no vaya a presentar defectos que durante la prueba no
se percibieron y es porque dependiendo de las circunstancias sus
comportamientos suelen ser también bastante diferentes en unas y otras.
Parafraseando
el símil taurino, la faena del buen reclamo debe ser:
“Templar y mandar”
Y
es que la función de un reclamo es discutir con suavidad con los de su especie,
pero sin apabullar. Que el campo crea que vencerá al intruso. Si el intruso es
muy potente, el del campo se amilanará y no se atreverá a entrar a la pelea en
la plaza.
Tener
un pájaro de “larga hebra” como se dice en el argot es bastante difícil
y, a veces, la mayoría de los considerados como los mejores que hay, son sólo “medias cucharas” en la mayor parte de las ocasiones.
Hay
quien opina que al reclamo de campo también le afecta la época en la que fue
enjaulado la primera vez. Es decir, en la época en que se ha cogido de pollo.
Afirmándose que no se deben coger pollos del campo para reclamo más tarde de
septiembre.
Antonio
González en su tratado de caza del macho y hembra de perdiz reclamo nos dice al
respecto:
“Los reclamos machos
responden, en lo general, según la época en que se haya cogido de pollo,
condición indispensable para que puedan llegar á ser de punta.
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| Perdiz con su pollada |
Responden, sin embargo, en una pequeña proporción los enjaulados cuando no son machos hechos, por la circunstancia natural de que, siendo el requisito más indispensable la suavidad en los pájaros de jaula, estas cualidades se encontrarán en los pollos cogidos hasta la época en que entran á fijarse en las hembras, con preferencia á los que, una vez dentro del propósito de manifestarse enamorados y complacientes con sus compañeras, despiertan condiciones que descomponen su naturalidad para ser aplicado á este objeto, muy diferente al que vino al mundo. Cogido de polluelo, aun dentro del mes de Septiembre, puede domesticársele con más probabilidades de mansedumbre que no si se da lugar á que entre la época en que aspira á salir de esa situación inocente que tan proverbial es en la temprana edad. Su condición es el ser tímido generalmente como no proceda de una raza de las que resultan con cuero de sangre, así como los cogidos después del mes de Octubre, que resultan fuertes y broncos. De esta alternativa resulta la disyuntiva de que la educación del pollo necesite mayor esmero, alentándole en su timidez, en cambio de necesitar aplacar el ímpetu de los cogidos en edad madura.
El pequeño responderá,
si se cría con esmerado cariño; en cambio que el de mayor edad será eventual
responda por su precisa condición. En el primer caso será muy conveniente
cansarlo muy poco en el celo de aquel año: en el caso segundo, será muy
oportuno dejarlo sin sacar. El pollo necesita alguno que otro ensayo en el año
que ha sido enjaulado, dándole resistencia y costumbre para entrar en la pelea
consiguiente á que se le destina; y el pájaro viejo, ó sea el cogido en mayor edad, precisa dominar los ímpetus
que ha empezado á desarrollar paulatinamente, al conocer las
impresiones que forzosamente experimentan en la transición que media al pasar de
pollos á machos.”
Y
es que la mansedumbre debe ser otra cualidad que debe ostentar el buen reclamo,
ya que ello contribuirá a que sea más suave y tranquilo en la jaula, lo que
ayuda a que las montesinas no recelen de la jaula.
El
cazador que haya cazado en el periodo en el que las perdices se encuentran
todavía formando bandos, que es el periodo de cambio o transición a que se hace
referencia, se habrá percatado de dos hechos primordiales que corroboran lo
antes dicho:
·
Primero, que, en estas fechas, los
machos ya empiezan a ir buscando a las hembras con la intención de emparejarse.
·
Segundo, el interés que empiezan a
manifestar por picarse entre ellos exponiendo así su forma natural de defensa y
la predisposición instintiva para la lucha que propiciará las encarnizadas
peleas del celo posterior.
Sabidas
estas circunstancias y particularidades, no hay duda para asegurar que los
reclamos machos de campo deben ser cogidos de pequeños. Y más exactamente antes
de que acabe septiembre, ya que después empiezan a prepararse las hormonas para
lo que se ha dado en llamar la “picaílla
de San Martín” allá por
mediados de noviembre.
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| Reclamos de perdiz en el terrero |
UTILIDAD DE LA PERDIZ CON RECLAMO MACHO.
“Su
empleo se fundamenta en la conveniencia de reducir la presencia de machos
viejos de la especie con escasa capacidad de reproducción, pero muy avezados en
las lides del apareamiento, por lo que desplazan a otros machos que en
principio tendrían mayor valor para la reproducción.”
DEFECTOS DE UN RECLAMO MACHO DE PERDIZ
Son
varios los comportamientos que el reclamo puede tener en la jaula y que son
considerados como motivo de penalización al valorar su calidad:
·
Que alambree.
·
Que se rebote.
·
Que de saltos y pechugadas.
·
Que de vueltas como queriendo
salirse.
·
Que se aplaste.
· Que haga calladas largas sin motivo.
·
Que regañe en exceso.
·
Que reciba mal o que no reciba.
·
Que no haga el entierro.
·
Que no salga de nuevo después de
haberle tirado.
No
todos los días del año se comportan igual, ni en todos los cazaderos se dan las
mismas circunstancias. Lo dicho más arriba, hace referencia a lo que se
considera o no correcto. A menudo un reclamo manifiesta abiertamente cualquiera
de los defectos señalados antes y después no se le vuelve a ver esa conducta
nunca más.
“Al final, el toro y el
perdigón en la plaza dicen lo que son”
Manuel Moreno
Diciembre - 25




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