ALANCEO
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El alanceo
es una modalidad de caza
típicamente practicada
en las zonas llanas
del sur de Andalucía.
Hay documentación escrita por Gonzalo Argote de Molina donde relata como debía llevarse a cabo esta interesantísima modalidad de montería. Concretamente en el capítulo XXVI, pág. 51 de la parte que este autor acrecentó al "Libro de la Montería", versión que fue publicada en Sevilla en el año 1582.
Nos habla concretamente de una forma de montería que se hacía en Las Rocinas, bosque o monte del Duque de Medina Sidonia donde se llevaba a cabo esta práctica y en la Zarza, en el obispado de Córdoba, bosque de D. Rodrigo Messia, Marqués de la Guardia. También nos habla del bosque de Miravalles cerca de Écija. Todos ellos, terrenos de campo abierto con grandes llanos. Aunque no la identifica todavía con el nombre de "Alanceo" pero coincide con la técnica empleada que explica con todo lujo de detalles como ha de ejecutarse.
Hoy, La Rocina es una población vecina a la aldea de El Rocío en la provincia de Huelva. Es la zona por donde le entra a la marisma la mayor cantidad de agua dulce ya que hasta allí llega una amplia red de arroyos y riachuelos. Esto nos indica que los parajes del lugar son amplias y extensas llanuras que permiten con facilidad el desplazamiento a caballo en carrera. Esta circunstancia originó que pudiera practicarse una modalidad de caza que no era posible realizar en otras zonas donde el relieve del terreno es más agreste.
La vegetación es la propia de una zona de marisma, abundando en ella carrizales, brezales y zarzales, además de los endémicos helechares; lugares cubiertos de malezas y espesinales muy apropiados para dar cama y cobijo a los cerdosos del lugar. La mayor parte del terreno la cubría el monte blanco, que es un monte bajo y que no suele tener demasiada altura y otras formaciones vegetales de la marisma. Circunstancia que aprovecharon los lugareños para cazar a caballo y comer carne de estos jabalíes que, se criaban en abundancia por allí, ya que este medio natural dispone de bastante de alimento para ellos.
La técnica era compleja pero divertida y efectiva. A los encames del jabalí les llamaba porqueras y a los perros con los que los sacaban de allí: ventores.
A continuación, para no quitarle el añejo sabor de la época, reproduzco el texto íntegro de este capítulo XXVI porque me parece que lo explica muy bien, se puede entender perfectamente y dice así:
"De la montería que se usa en el Andalucía, en las Rocinas, bosque del Duque de Medina Sidonia.
En la costa del mar, por donde Guadalquivir entra en el Océano, son las Rocinas, monte del Duque de Medina Sidonia, de espacio de diez y siete leguas, abundantísimo de mucha caza de venados, jabalíes y liebres en los rasos, y de aves de volatería, que son sin número las que se crian en aquellas lagunas y marisma.
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La forma que se tiene en montear los jabalíes es enviar el Montero de á pié á concertar el jabalí, el cual llegado á la porquera, da una vuelta en torno della, para reconoscer si ha pasado á otra , y reconoscido que no ha salido, da otras menores, hasta que rodea el lugar en más pequeño espacio para concertarle mejor, y apartándose contra el viento, hace ahumada á los que han de montear, los cuales van en caballos, con lanzas jinetas de diez y ocho palmos, y cercan á lo largo la porquera con mucho silencio, el rostro frente al lugar donde está el jabalí, y á este tiempo sueltan ventores que lo levantan, y le siguen latiendo hasta echarle fuera della;
luégo los de á caballo le acometen á lanzadas, porque hasta que el jabalí salga de la porquera no se ha de acometer ni hacer ruido, porque con la espesura della, y hoyas de las frezas del jabalí, corren riesgo los caballos, tanto que se tiene por orden que si el jabalí, saliendo de una porquera, escapándose de las lanzas de á caballo, llegare á otra, no se le ha de acometer dentro della, sino cercarla y sacarlo con ventores, como en la primera;
y aunque es mucha la maleza deste bosque, tanta que cubre los caballos, se deja correr por ser jaguarçal y romeral, siguiéndole con caballos que no salten las matas, sino que lo horaden; y así ha acaescido correr en él á un jabalí una legua, por la llaneza y espesura del monte, y á esta causa se tienen por buenas lanzadas las que se dan; de suerte que, dejando clavada la lanza al jabalí, la sueltan de la mano, para que le sea estorbo á la corrida deteniéndole en las matas, aunque otros tienen por más honrosa la que primero le hiere, y á aquél se atribuye la victoria de la muerte del jabalí.
La misma forma de montería se usa en la Zarza, en el obispado de Córdoba, bosque de D. Rodrigo Messia, Marqués de la Guardia, tratado con mucha curiosidad dél y su padre y abuelo, y con grande aparato y costa de lebreles y Monteros, poblado de grandísimo número de jabalíes, corzos y gamos, con plazas y calles hechas á posta para las paradas y corrida, donde ha acaescido en un dia matar á lanza veinte jabalíes:
á mi padre oí afirmar haber visto al Duque de Osuna, D. Pedro, matar en un dia, en este bosque, á un valentísimo jabalí de una lanzada, á la corrida; y de un arcabuzazo, de que es destrísimo, derribar dos venados, aunque no tan famoso como éste.
Es escogido bosque el de Miravalles, de los Puertos Carreros, Condes de Palma, junto á Ecija, á quien los rios de Xenil y Guadalquivir reciben en medio. En la isla de Sancto Domingo hay tanto número de jabalíes, que hombre de á caballo con dos lebreles, siguiendo el monte, mata en un dia doce jabalíes á lanzadas, sacándolos á lo raso."
¡Caza disfrutando, disfruta cazando!
Manuel Moreno
Agosto - 25
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