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| Búho real o Gran Duque |
CAZA DE ÁGUILAS CON BÚHO
Afortunadamente
hoy en día, tanto las unas como los otros, están protegidos por ley, pero eso
no siempre fue así. Entre otras cosas, porque a estas especies se las
consideraba como animales dañinos para el hombre, ya que vivían a su costa y de
lo que a éste pertenecía.
Águilas, búhos, linces, lobos, garduñas, comadrejas, tejones, turones, gatos monteses... eran
considerados alimañas, bestias perniciosas que había que aniquilar y, como
tales, fueron un estorbo para los intereses de la sociedad de algunas
épocas.
Se
cazaban en todas las fechas del año, se destruían sus nidos y cobijos, la
persecución era para limpiar el campo de su presencia.
Tal
era el nivel de aversión hacia algunas especies que, desde los ayuntamientos,
se proclamaban bandos o edictos para sensibilizar a la población en su lucha y
se ofrecían recompensas por sus capturas:
·
En las Actas
Capitulares de Andújar en 1650, se indica que para protegerse de los
daños del lobo se dispuso elaborar una lista de los cazadores existentes en la
ciudad y obligarles a cada uno a presentar cada año un lobo, y al que no lo
hiciese, se le impondría una multa.
·
Ya desde 1742,
en las Ordenanzas Municipales de Baños de la Encina, en la que refiriéndose al
lobo se dice:
“El peligro para el
ganado menor, sobre todo en la época paridera, que representa la proliferación de
lobos en territorio serrano, se previene con la creación de corrales destinados
preferentemente al ganado cabrío y lanar”.
·
Martínez Reguera
(1881) indica:
“el decreto de 4 de
mayo de 1834, ordenando se abonen ochenta reales por cada loba preñada
muerta, sesenta por cada loba vacía y 40 por cada lobo, por cuyo motivo los
cazadores que encontraban un elemento de subsistencia con la matanza de estos
carniceros, la han abandonado por otra más productiva.”
“En Montoro (Sierra
Morena de Córdoba) y otros pueblos limítrofes en cuyo presupuesto olvidan la
consignación correspondiente, o la hacen mezquina e inaceptable, han
acostumbrado los cazadores de lobos a irlos exhibiendo a los ganaderos y
agricultores, entre quienes recolectan las expresiones de su gratitud, cuya
propina eventual y voluntaria no estimulaba a los cazadores”.
·
El Reglamento de la
Ley de Caza en 1903 prescribía en el Art. 69 que los ayuntamientos
pagasen como recompensa por matar:
“Un lobo 15 ptas. Una loba 20 ptas. Un lobezno o un zorro 7,5 ptas. Una zorra 10 ptas.
Una garduña, un gato
montés, un lince, un turón o una cría de zorro 3,75 ptas. cada uno.
Por cada ave de rapiña de
tamaño igual o superior al milano 4 ptas. Se pagaron 2 ptas. por cada una de
los demás rapaces, y se pagaba 1 peseta por cada cría de ave rapaz.”
·
La Administración
creó las Juntas de Extinción de Animales Dañinos. El reglamento de estas Juntas
tenía como fin organizar, impulsar y fomentar por todos los medios posibles la
persecución y total extinción de los animales dañinos (artículo 1, Decreto de
11 de agosto de 1953).
“Se establecían premios
para fomentar su captura, que consistían en 800 Ptas. por loba; 500 Ptas. por
lobo y 200 pesetas por el lobezno.”
La
lucha contra estos animales pretendió, no la reducción parcial de sus
poblaciones, sino la aniquilación total de ellas, para lo que se empleó hasta
el veneno, y a punto estuvieron de conseguirlo.
Se
emplearon a fondo en esta idea. Surgieron los alimañeros. Personas que se
dedicaban a capturarlas y después las exhibían ante los ganaderos y
responsables de la administración por lo que eran recompensados con una cuantía
económica. Unas veces portaban ejemplares muertos a lomos de bestias de carga
con las que recorrían los pueblos ganaderos, aldeas, cortijadas, majadas y
hateriles; en otras ocasiones, los presentaban en los ayuntamientos en los que
ya tenían estipulada una cuota por cada ejemplar.
Y
esta visión del problema no solo existió en España, sino que era compartida por
una gran parte del mundo “civilizado” y como prueba de ello en 1887,
en Francia, M. A. de la Rué publicó una obra titulada “Les animaux nuisibles et
sa destruction” en la que se daban
métodos y las estrategias para luchar contra estas especies catalogadas como
dañinas y perniciosas.
En
otras partes, la tendencia era similar. En España, Rodríguez Ramos, M. en 1900
publicó en Madrid “La destrucción de los animales dañinos”
La
idea de considerar a estos animales como dañinos, se mantuvo en el tiempo y en
el espacio durante largos periodos desde el s. XVIII hasta el s. XX y en varios
países del mundo.
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| Águila imperial en el Parque de Monfragüe |
Se
analizó el comportamiento de los animales y se idearon curiosas técnicas para
su captura, entre ellas, la de las águilas con búho que nos ha resultado muy
peculiar e ingeniosa.
Se
observó que la relación entre las unas y los otros era de rechazo permanente.
Al ser las dos rapaces competidoras, se odiaban mutuamente y entre ellas
luchaban para expulsarse de sus territorios de caza.
Los
búhos habitan en casi todas las zonas de la tierra y se cree que su existencia
es muy anterior a la de las águilas, las cuáles vinieron a hacerle la
competencia.
Las
águilas construyen nidos, en cambio los búhos utilizan otros que encuentran.
Los búhos atacan a las águilas con las que se tropiezan por la noche. Unas disponen de
una visión de grandísima calidad durante el día, los otros la tienen para la oscuridad, pero cazan percibiendo los sonidos de su alrededor y se orientan mejor
gracias a su finísimo oído situado de forma asimétrica a ambos lados de la
cabeza.
Ambos,
águilas y búhos son especies que se sitúan en los escalones más elevados de la
pirámide ecológica, ya que tienen pocos depredadores naturales.
Si un águila, mientras estaba campeando, descubría la imagen de un búho; rápidamente se lanzaba a por él.
Era tal el poder de atracción que, en
ocasiones, el reclamo era un ejemplar de búho naturalizado, e incluso se habla
de que, algunas reproducciones artificiales también funcionaban.
Comportamiento,
que fue observado por el hombre y que aprovechó para utilizar la figura de un
búho como reclamo que, colocado en una zona despejada, fuese fácilmente visible
y descubierto por las águilas, atrayéndolas de esta forma hacia sus
proximidades.
Después,
para culminar el lance, que casi siempre se producía al vuelo, las capturaría
empleando redes que se interponían entre el reclamo y la pieza, o también, de
forma más expeditiva con armas de fuego. Cuando se empleaban redes, el águila
era capturada casi siempre viva e ilesa.
Lógicamente
el cazador habría de ocultarse entre la vegetación o construyendo en las
proximidades una huta o chamizo al efecto para no ser descubierto y, desde
donde debía efectuar el disparo o accionar los mecanismos, si la captura la
hacía con redes.
No
fue una técnica de caza muy practicada y extendida, sino que fue, por su
peculiaridad y extravagancia, una modalidad minoritaria y dichosamente no tuvo
muchos adeptos.
Lo cierto es que muchas especies, por estos motivos, estuvieron y aún están al borde de la desaparición de algunos territorios.
De lo que se deduce que:
los
resultados de las intervenciones humanas en la Naturaleza
hay
que analizarlos a corto y a largo plazo
y
medirlas muy bien
para
no contribuir a un desequilibro,
porque
lo que hoy puede verse
como
algo útil y efectivo,
mañana
puede acarrearnos indeseadas consecuencias.
¡Caza disfrutando, disfruta
cazando!
Manuel
Moreno
Junio - 25


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