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VAQUEO y SALTEO

  Biblioteca Nacional de España VAQUEO Modalidad de caza mayor, consistente en esperar a las reses que vienen de vuelta a su encame diurno d...

20231101

ARMADA O ATAJE

ARMADA
O
ATAJE

 

El que pone la armada se llama postor.
Varios puestos forman una armada


Se llama armada al conjunto de puestos que han de ocupar una línea de monteros que acechan las reses en una batida para atajar o “cortar el viaje” de huida natural de las reses. El nombre de armada puede hacer referencia tanto a los puestos en sí mismos, como al grupo de monteros que los ocupan.

 

Tradicionalmente se le llamaba “cordón de escopetas”, también “ataje” a veces, se emplea como sinónimo de armada, pero como veremos más adelante se refiere a un tipo en particular.

 

En las monterías de los siglos XV y XVI existía una clase de armada (hoy ya desaparecida) denominada “armada de alanos”, que eran las que se situaban al borde del monte que se estaba batiendo; justamente en los puntos de huida de las reses y en los que monteros de a pie y de a caballo, auxiliados por alanos, esperaban la salida del monte de las reses que vendrían corridas por perros levantadores y corredores; y en ese momento, les soltaban los alanos y les seguían acosando con los caballos, hasta que se producía el agarre. Claro está, era otra forma de montear.

 

El encargado de colocar la armada es el postor y él mismo, con la ayuda del personal auxiliar y caballerías, serán los que saquen las reses del monte hasta las zonas de cargadero, para ser transportadas definitivamente a la junta de carnes.

 

Tipos y Características:

                     -  Con respecto a la mancha:

Cierre, se le llama así, a la armada o grupo de puestos que se colocan en la parte más exterior de la mancha.

Traviesa, es la línea de puestos que se sitúan cruzando parte del interior de la mancha.

En un principio, casi todas las armadas que se colocaban eran de cierre, pero al observarse que era muy difícil sacar, especialmente, a los “puercos” (jabalíes) de las grandes manchas de monte espeso, fue cuando surgió la necesidad de colocar armadas atravesando la mancha, de ahí que éstas recibieran el nombre de traviesas.

Recula, es la armada de montería que se instala para cubrir la zona en la que se sueltan las rehalas.

Ataje, aunque este término, a veces, se emplea también como sinónimo de armada en general, su nombre viene de atajar o salirle al encuentro para interrumpirles el paso a las reses en su escape. En este sentido, se emplea para designar a la armada opuesta a la de recula.

Retranca, no es una armada que, en la montería, se marque oficialmente, pero se reconoce con este nombre a todos los puestos que se colocan (generalmente por su cuenta), fuera de la mancha y detrás de las armadas de cierre. La caza en línea de retranca está prohibida por la ley y no se considera retranca si existe una distancia superior a los quinientos metros de la linde de la mancha que se montea. Algunos monteros recriminan al organizador el haberles colocado en la retranca, cuando han estado puestos en una armada de cierre y por su postura no han pasado los perros.

 

                    -  Con respecto al terreno:

Sopié, se llama así, a las armadas que se colocan en la parte más baja de la falda de una montaña.

Cuerda, es el nombre que se le da a la armada que se sitúa a lo largo de la parte más alta de unas montañas, justo donde se encuentra el límite de las dos vertientes. Esta armada es la opuesta a la del sopié.

También se les llama, de umbría o de solana si es que están situadas en estas zonas del terreno.

         El número de puestos de una armada es variable, pero lo más frecuente es que tengan entre 6 y 10 puestos cada una. Antes, las armadas solían ser mucho más numerosas que ahora pero el paso del tiempo ha venido a demostrar que, tanto para montar una armada como para recogerla, lo ideal es que no tenga excesivos puestos, de esa forma, las tareas serán más rápidas y eficaces.

         También el número de armadas que se sitúan en una mancha es variable, pero lo más frecuente son entre 3 y 6 armadas de cierre y otras tantas de traviesa, es decir de 10 a 12 armadas por mancha; todo eso, siempre en función del tipo de montería que se va a dar.

         Existen manchas en las que todos los puestos de la mancha están numerados consecutivamente y las armadas se componen de grupos de 3 ó 4 puestos, de esta forma, la colocación y recogida de las armadas es mucho más rápida. En estos casos, las armadas no suelen tener nombre propio ya que no existen números repetidos, resultando muy fácil identificar cada puesto. Lo normal que esto se haga cuando el número de reses que posiblemente va a abatir cada puesto es muy alto y de esa forma se facilita la recogida de reses.

 

        

Cómo señalar las armadas, según lo que se pretende:

         Las armadas tienen la función de atajar o cortar el paso de las reses por sus puntos de huida natural, pues para señalar las armadas de una mancha, tendremos que conocer donde se encuentran normalmente encamadas éstas y hacia donde huyen. Una vez que conocemos estos dos aspectos, no será muy difícil aprovechar las condiciones del terreno para ir señalando puestos en los puntos críticos y así, marcaremos todos los puestos que realmente tiene la mancha.


Los cierres pueden ser la recula, la frontera, la cuerda y el sopié.
Armada de cierre

Después, el que un puesto corresponda a una u otra armada, tendrá que ver con su facilidad para colocarlo por tal o cual camino de acceso. De manera que el conjunto de puestos que forma un cordón o línea, con el mismo acceso en común, constituirán una armada. 

Además de este criterio, se tendrá en cuenta que, a la hora de montar la mancha, se comienza siempre, primero por las armadas de cierre, montándolas por las zonas más exteriores de la mancha y después por las traviesas. Pues éste será ya el criterio definitivo para agrupar un puesto determinado con una u otra armada, facilitándose así el poder “cerrar la mancha” convenientemente.

Ésta acostumbra a ser la fórmula general para marcar las armadas, pero también es cierto que las pretensiones, en cada caso de los que se da una mancha, no son siempre las mismas y por ello, los puestos que se marcan para dar una montería exclusivamente de cochinos suelen ser de forma diferente que, por ejemplo, para una montería de venados con cupo.

En la batida de jabalíes, habitualmente se marcan los puestos bastante más juntos y muy seguidos unos de otros, buscando más bien la corta distancia; ya que el comportamiento de estos animales es el más impredecible; lo mismo escogen un “canuto” hacia abajo para su huida, que buscan un collado o faldean un amplio testero. En cambio, los venados marcan unas veredas en el monte que acostumbran a tomarlas con rutinaria frecuencia, aunque la regla siempre tenga sus excepciones, como lo ratifica el refrán que dice: 

“Las reses 

por donde van de buenas, 

van de malas”

En una montería exclusivamente de venados y si además es con cupo, se hace preciso, aún más, que el puesto tenga la mayor visibilidad posible, ya que habrá que seleccionar muy bien el trofeo antes de dispararle. Aunque huyan enmontados, se puede percibir la calidad de su trofeo por encima del monte. Es por lo que se busca una distancia mayor y un tiradero más amplio.

De lo dicho anteriormente, se deduce que el grupo de puestos que componen una armada puede diferenciarse en función del tipo de montería para la que se han fijado.

 

 

Curiosas peculiaridades de las armadas:

Excepcionalmente en la montería se dan, algunas veces, situaciones extrañas pero que con la mayor sutileza favorecen a unos y perjudican a otros; aunque no es la tónica general que esto suceda, conviene tenerlas presentes para evitarlas.

- “Hacer el acordeón” es una pillería o maniobra pícara, realizada en la montería, mediante la que se añade o se quita una de las posturas que se habían fijado previamente en una armada, casi siempre para mejorar a algún montero en concreto, desplazando así a los demás puestos con referencia al preferente.

Para evitar esta pillería se hizo costumbre el que el puesto esté señalado y marcado en el monte con una chapita numerada o algún signo estable como un número pintado sobre una piedra en el lugar preciso.  Antaño, sólo se ponía un "mote" de monte.

Ahora se marca con una tablilla o chapita, antes solo se hacía una marca llamada mote.
Tablilla o chapa del puesto

- Cuando se procede a montar una armada o colocar a los monteros en sus puestos, hay postores que conocen con precisión el terreno y lo hacen en un santiamén, en cambio otros, dudan, se confunden y mientras tanto, entorpecen el camino por donde han de pasar otras armadas. Estas situaciones generan tensiones e incertidumbres, ya que, en ocasiones, se ha demostrado que no eran despistes fortuitos, sino "intencionadas maniobras", que además siempre queda claro a quienes benefician y a quienes perjudican.

         - A pesar de que la ley de caza es muy explícita en este asunto, existen algunos “avispados” monteros que en el momento de desplazarse al puesto, llevan sus armas desenfundadas e incluso cargadas y montadas, lo cual además de ser peligroso, genera situaciones delicadas y desagradables, como que algunos de éstos, sin haber llegado aún a su puesto, dispare sobre cualquier res que se mueva, mientras se está colocando la armada.

         - La colocación inadecuada de algunos puestos, con referencia a los más cercanos, dentro de una misma armada hace que se les califique de “puntilleros o rematadores”Se dice esto de aquel puesto dentro de una armada, al que su vecino le “corta el viaje“ de las reses que le entran por su paso y aunque el otro no pueda tirarlas en las mejores condiciones, por lo que, a veces, las hiere, sólo corresponde a éste último rematarlas. También se les dice puesto de “martillo”.

         - Es frecuente que se le dé el nombre de "traviesa" a la mayoría de las armadas, aunque en realidad tengan sólo algunos de sus puestos colocados como traviesa o incluso, a veces ninguno, evidentemente esto afecta poco al resultado de la postura, pero al preferirse normalmente a la traviesa sobre el cierre, el montero que acaba de sortear, por unos minutos o incluso durante toda la montería se ha sentido más afortunado por el puesto que le ha correspondido en suerte.

 

 

Costumbres:

- En tiempos atrás, era frecuente que la tarea de “marcar las armadas” la realizasen exclusivamente hombres de campo, generalmente afamados por sus conocimientos de la montería y que después formaban parte del grupo de monteros, actuando a la vez como postor de esa armada y asumiendo las tareas de “montar, levantar y recoger la armada”, reconociéndosele como “escopeta negra”; esta práctica hubo de abandonarse, entre otras cosas, por la picaresca de escogerse el mejor puesto.

En los cortafuegos se sitúan los puestos de cortadero.
Cortafuegos

En la actualidad, se respeta esta tradición en algunos casos, pero las organizaciones más serias prefieren pagar al postor y que éste no montee.

         - Es costumbre que cada armada tenga como nombre propio el topónimo de la zona o el de la forma del terreno en donde está situada, siendo frecuentes nombres como: el arroyo, el río, la cuerda, la pedriza, el cortafuegos... además de otros que hacen referencia a la vegetación como: los quejigos, el chaparral, los madroños... y en ocasiones a los usos del lugar como: el huerto, las porquerizas, el manantial...

- También es habitual que las armadas conserven el mismo nombre de unos años a otros, en cambio, algunas veces se les suele cambiar de nombre a aquéllas que empiezan a tener fama de poco rentables o desafortunadas, esto no sólo se da con las armadas, sino también con las manchas.

- Cuando las manchas no disponían de pistas ni carriles como ahora ni había tantos vehículos, las armadas se colocaban siempre a pie o con la ayuda de caballerías, por lo que se hacía necesario caminar muy en silencio por la mancha para no espantar las reses de las proximidades de los puestos. Aún hoy, por el mismo motivo, se sigue pidiendo silencio y diligencia al montar una armada.

 

- La dificultad de acceso para montar determinadas armadas, hacía necesario advertirlo en el momento del sorteo y para remediar de alguna forma esta dificultad se idearon varias soluciones:

-          Colocar estos puestos auxiliados de caballerías a las que a veces no se podía subir y la única ayuda que prestaban era transportar los “apechusques” y poder agarrarse a su cola, que no es poco.

-          Colocarlos a pie, lo cual suponía una dura caminata y un “azagón” de andar para los monteros que les habían correspondido en suerte e incluso siempre habría alguno que por sus limitaciones no podría ocupar el puesto que le había tocado.

-          Nombrarlas “armadas de la juventud”, así sólo los jóvenes o muy fuertes físicamente se atrevían a ocuparlas.

 

 

    Gráfico:

         En la actualidad casi todas las organizaciones de montería ofrecen a sus monteros un gráfico, que puede ser más o menos explícito, pero en el que se puede apreciar la situación de las diferentes armadas y la situación de las respectivas sueltas de las rehalas.

 

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           Anécdota:

         Cuentan que una vez, mientras un postor colocaba su armada, uno de los monteros que formaban parte de esta, llevaba ya, el arma desenfundada y cargada, aunque su puesto era el último que había de colocarse. El postor en cuestión, lo había mirado inquisitivamente en un par de ocasiones y mascullaba:

¡Verás, como me la juega!

          Al colocar una de las primeras posturas que estaba en el sopié de enfrente, sobre unos peñones que sobresalían por encima de una frondosa “charneca”, había que cruzar el lecho seco de un arroyo, que tenía unos matocones de malezas entre abundantes tamujos.

          El resto de los componentes de la armada se habían quedado esperando en el camino, mientras el postor se perdió entre unas zarzas, seguido a corta distancia por los dos ocupantes del puesto, una vieja yegua, que llevaba los achiperres, tirada del cabestro por su aljamel.  Y justo cuando la caballería rodeaba uno de estos matocones de malezas, se arrancó un “guarraco”, que tomó como “perdedera” la misma vereda que llevaba el postor.

          Del resto de la armada, unos se quedaron sorprendidos y otros señalaban entre emocionados comentarios el intermitente camino que el bicho iba recorriendo en su huida.

          En ese momento, de silencio contenido y emotiva expectación, sonó inesperadamente un tiro cuyo eco se repitió arroyo abajo.

          Al postor le silbó la bala detrás del cogote, pero no le hizo falta dirigir su mirada en busca del autor del disparo. Ya sabía quién era, y además, se lo ratificaban unas voces del osado, con las que ordenaba al postor que se acercase a ver si había caído. Éste, más por la propia curiosidad que por acatar la orden, así lo hizo, mientras susurraba entre dientes: 

“El que has caído eres tú” 

          Al poco se vio una oscura y enorme masa erizada abandonar los tamujos, cogiendo el borde de los “burreros” del arroyo, por donde se perdió definitivamente.

          Entretanto, se formó una acalorada discusión entre los monteros que habían quedado esperando en el camino y el “monterete que había disparado.

          Unos le recriminaban por el riesgo provocado, otros por su egoísmo y falta de sensatez, otros por las malas formas... Tan acalorada se hacía la discusión que fue preciso un “callarse, coño” del postor.

          De vuelta al camino, el postor fue abordado por el “monterete”, que le preguntaba si había visto sangre, por lo menos. A lo cual el postor serenamente respondió: “Va bien herido”

          El postor continuó poniendo el resto de la armada todo el arroyo abajo y al llegar al último puesto, que estaba situado en unos horcajos en la linde de la finca, se lo pasó de largo, haciéndose el olvidadizo. Continuó hacia abajo, hasta que le pareció suficiente, ordenándole al “monterete” que le esperase allí mientras él iba a buscar la chapa del puesto, que se le había olvidado donde estaba exactamente. Cuando terminó la montería, volvió a recogerlo diciéndole que: 

“A lo mejor, 

la chapa estaba donde 

había tirado el cochino por la mañana”

 

Puede que lo que se cuenta, se haya exagerado con el paso de los años, o sea más bien, producto de la imaginación que, de la realidad, pero lo que sí es una realidad es que cuando, cada uno de los que desempeñan una función concreta en la montería, la cumple rigurosamente (ya sea guarda, organizador, postor, perrero..., arriero o montero) se puede montear y disfrutar con ello, en cambio, difícilmente esto puede ser así, cuando alguno la “olvida”, ya sea en parte o por completo.

 

¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

Manuel Moreno

Andújar y agosto del 2002

Noviembre - 23 



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