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20230904

REVERBERO

 




REVERBERO

El reverbero es una antigua técnica para cazar patos en las orillas de los ríos, lagunas o embalses, por las noches, empleando un cuenco con aceite y unas "torcías" (mechas) de algodón que, introducidas en el aceite, se hacían arder por un extremo. A un lateral del cuenco, el cazador ponía un cubo de chapa galvanizada para que las luces de las "torcías" se reflejasen sobre el agua y acudiesen los patos a los que después dispararía.


Desde hace tiempo el hombre observó que algunos animales, motivados quizás por la curiosidad, solían dirigirse por la noche hacia un punto que emite una luz y se acercaban, aunque con cierta prudencia a ella, coyuntura que utilizaron desde antiguo los cazadores para atrapar a algunas piezas que tenían este comportamiento.

El foco de luz se colocaba en la parte delantera de pequeñas embarcaciones con las que se introducía en ríos o lagunas donde pernoctaban patos y otras acuáticas.

La forma de construir esta “linterna” era variada:

-          Unas veces, ponían grasa animal dentro de un cuenco de madera o corcho con una chapa o espejo que reflejase la luz, que, al flotar podían dejar cobre la superficie del agua o arrastrarlo suavemente, tirando con una cuerda de él.

-          Otras, este artilugio tenía una forma parecida a la de un candil y lo colocaban colgado de un palo en la parte delantera de la barca.

-          También lo hacían empleando los típicos carburos con los que se alumbraban y que también tenían una pequeña pantalla para dirigir el reflejo de la luz hacia un lateral.

-          Las mechas de algodón mojadas en aceite se solían colocar en las orillas del agua.


El resplandor de todos estos instrumentos 

atraía mansamente a las aves 

que se aproximaban al ver 

revolotear a los mosquitos y palomitas

 alrededor de la luz. 


       Lo que normalmente acudía, -en la zona de las marismas del Guadalquivir-, eran los ánsares, ya que los patos no se agrupaban por la noche. Se cazaban con una luz desde el dornajo (pequeña embarcación), que colocaban en la parte más delantera. Se piensa que encandilaban a los ánsares, en cambio otros sostienen que no se encandilaban pero que así, se podía ocultar el cazador y los animales no se daban cuenta de él.


El ingenio siempre acompañó al hombre desde sus orígenes, que utilizó en beneficio propio y especialmente en diferentes formas furtivas de caza.

 

¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 

                                                                                                            Manuel Moreno

Sptbre -23



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