ARTE DE CUQUILLEROS
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| Reclamo entrando a la plaza Óleo de Luis Aldehuela |
ARTE DE CUQUILLEROS
La caza de la perdiz con reclamo
macho
Intentaré
exponer a continuación algunas ideas para que puedan ser entendidas por los más
profanos y espero que sean también compartidas por los más avezados en esta
apasionante y delicada modalidad de caza.
Al tratar el
tema de la caza de perdiz con reclamo, solo me referiré a aquella en la que el
reclamo utilizado es macho, ya que la practicada con reclamo hembra se
encuentra totalmente prohibida por nuestra legislación de caza.
“Prohibido
cazar con perdiz hembra o artificio que lo sustituya”
(Resolución 11
de diciembre de 1982. BOE número 303 del 18 del 12 del 82)
La caza de la
perdiz con reclamo macho tan censurada por algunas leyes internacionales es muy
practicada en nuestro país y -el buen entender de nuestros legisladores
quiera que podamos hacerlo por muchos años-
Sobre todo, en
Andalucía encuentra los terrenos apropiados, suficiente población de patirrojas
y experimentados cuquilleros que, con su buen hacer, han tenido a bien elevar
la práctica de esta caza, al rango de arte.
Quizás, de entre todas las formas de cazar, ésta
sea la menos fructífera en piezas, pero una de las más complejas en cuanto a
sapiencia, sensibilidad y emociones.
De principio,
es de las pocas modalidades que exigen la “reclusión” y la convivencia
por una temporada de los cazadores en un cortijo enclavado en las entrañas
mismas del cazadero, inicialmente unidos por la pasión por la caza y donde
finalmente se terminan forjando amistades eternas.
Aunque he de puntualizar, según un comentario de mi querido amigo Manolo Agudo que me ha hecho bastante acertadamente al respecto, lo siguiente:
"...No es menos cierto que la práctica del cuco en los
pueblos de la campiña, te hablo por ejemplo de Lahiguera, nunca ha exigido esa
reclusión, el cazador come y duerme en su casa. Y esa tertulia o piquivana no
tenía lugar al amor de la lumbre sino al calor de un calimocho de vino blanco en el puesto (taberna). En la campiña pues,
esa reclusión no solo nunca ha sido una exigencia, sino que se puede afirmar
que es una práctica desconocida.
El cuco en la campiña siempre ha sido una caza muy
popular (he conocido gente que iba con tirachinas y una canica de plomo por
munición) y donde a menudo, se anteponía la consecución de la proteína a la
sublimación de la pelea entre la jaula y el campo. Una caza individualista,
nada favorecedora de la socialización entre cazadores..."
Evidentemente, no en todas las zonas la práctica de esta modalidad se realiza de la misma forma. Hecha la aclaración, agradezco la aportación y proseguimos de nuevo.
La tertulia, “piquivana
o corrocuco” al rescoldo de la candela junto a la rústica chimenea de un
cortijo solitario, el “conene” de fondo de los rabiosos reclamos y el
más auténtico sabor de una gastronomía campera, son detalles que componen el
entorno del cuquillero, enfrascado en la salsa de esta apasionante forma de
cazar.
Bastante
sabiduría, una gran dosis de ilusión y no poca paciencia son ingredientes
imprescindibles para llegar a ser un maduro cazador de perdiz con reclamo macho
o “cuquillero” como se llama por Andalucía.
Ocurre en esta práctica, otro tanto que, en el
mundo del toro, no es la cantidad de faena, sino la calidad y para ello la
experiencia y madurez del cazador son imprescindibles al realizar y valorar un
buen puesto. El inexperto suele pegar el tiro tan solo entra el pájaro a la “plaza”,
el cazador maduro entiende la pelea desde lejos y cuando el “campo”
entra a la “plaza”. Disfruta del lance, tranquilizando los latidos de su
corazón, que parece salirse del cuerpo con el ímpetu de una inolvidable y
apasionante vivencia.
Es emocionante
por toda la suerte de lances y situaciones que nos puede deparar. Y delicada
porque en ella intervienen innumerables factores que, de no estar bien
conjugados pueden dar al traste con nuestros más profundos anhelos cinegéticos.
Por las tierras
de Andújar las jaulas suelen terminar con un gancho en lugar de con una anilla,
de ahí, que denominemos “colgar el cuco”, porque en realidad cuando se
caza por los olivares, la jaula es colgada de este gancho. Por estar tan
próximo a la sultana Córdoba se utiliza también “colgar el pájaro” como
allí se dice.
Al cazador que
carece de paciencia necesaria se le llama “culillo de mal asiento” o “cazandangas”.
Al reclamo, cuando no es digno de este apelativo, se le denomina “mochuelo”.
Aunque los
comentarios y costumbres aquí expresados son de carácter general, aquellas que
hacen referencia más concreta, se refieren siempre a la zona de Andújar, en el
corazón mismo de Sierra Morena, provincia de Jaén.
El reclamo con
su canto persigue una doble función, procurar enamorar, propiciando despertar
los celos del macho oponente, quien, además, al tener que defender su
territorio, da lugar a una encarnizada discusión la cual podría culminar en
sangrienta lucha.
Resulta de una belleza singular, el poder
disfrutar en la soledad del campo, de la entrada de un pájaro en pleno celo a
la plaza, cuando llega a engallado, mirando de reojo, a veces inflado de pluma
y arrastrando las alas. Y si a ello, le acompaña nuestro reclamo con un recibo
tan dulce que solo puede notarse por el casi imperceptible movimiento del gorjeo,
estamos ante un lance que difícilmente se borrará de nuestra memoria.
El puesto
Para elegir la
ubicación del puesto, el cuquillero debe haber recorrido previamente el terreno
a pie, reconociendo dónde están los dormitorios por las deyecciones de las
gallináceas, por los cantos de alba y los de recogida. Donde están los
comederos, dónde la existencia de comida, sean sembrados o naturales.
También teniendo en cuenta esto, podremos
concluir en la delimitación del territorio, muy útil este conocimiento para
saber a qué hora y en qué lugar, conviene hacer el puesto en esta zona, ya que
podremos calcular en qué parte del territorio se encuentra el “campo” en
cada momento. A la perdiz hay que
buscarla en el terreno para incitarla a la pelea.
Siempre, pero sobre todo cuando se trate de
hacer un puesto a un pollo de primer celo, es conveniente considerar todas
estas circunstancias y valorarlas para que la ocasión sea lo menos adversa
posible.
Se debe
escoger un lugar que tenga buena “oída”, es decir, desde donde la jaula
pueda oír bien al “campo” y viceversa.
Dependiendo del tiempo, meteorológicamente
hablando, escogeremos para la ubicación del puesto silletas, cañadas, gargantas,
solanas o umbrías.
Cuando el
grado de humedad ambiente es alto, se favorece el celo, debido a que, al estar
mojado el suelo, esto impide que el “campo” tome baños de tierra, lo que
le suele rebajar bastante el celo. El “tomar tierra” es un recurso que
se utiliza en ocasiones, cuando comprobamos que la jaula está cargada en exceso
de celo. Así se “rebajan” los reclamos y su trabajo después resulta
menos áspero, pero no es positivo pasarlos en exceso. Otro recurso es “revolarlos”
en una habitación, y dicen, que esto los atempera en el celo.
Al “campo”
le molesta más el viento que el frío, por tanto, esta consideración nos llevará
a elegir para los días ventosos lugares resguardados del mismo.
Los lindazos,
reguerones o arroyos, suelen ser fronteras naturales que delimitan el
territorio propio de una pareja, por eso cuando un día hemos colgado en un lugar
próximo a estos accidentes y el “campo” no llegó a entrar, puede deberse
a que no hemos llegado a introducirnos en su territorio, y aunque haya existido
la pelea verbal, ésta no se consumó en la plaza, por estar fuera del territorio
del pájaro de campo, aunque si el celo está muy bien, llegan a saltar hasta las
cercas de piedra y a venirse de vuelo desde el cerro de enfrente.
A la hora de
construir el puesto o “tollo”, como en otras zonas se le denomina, nos
encontramos ante las siguientes posibilidades:
-
a) El puesto de piedra, se encuentra
construido allí porque los años han demostrado que ha sido el sitio del monte
más propicio. Las fincas de rancio abolengo pajaritero, han cuidado tanto el
tema que han construido sus puestos de piedra o mampostería, de esta forma, el
puesto que está integrado en el paisaje como un elemento más y difícilmente
pueden extrañarlo los pájaros del lugar. Suelen ser los más cómodos. En la zona
de Marmolejo son muy característicos los llamados de “caracola”,
construidos con lajas de pizarras.
- b) Puesto hecho en el monte es
construido a base de ramas de arbustos y cogollos trenzados para formar una
pantalla redonda. Tiene la dificultad de que, si se ha cortado el monte
recientemente, puede ser extrañado por el “campo” pero es el más
tradicional.
- c) El portátil de lona que es otra
posibilidad que el cuquillero puede utilizar para esconderse. Tiene la ventaja
de que se puede montar donde se considere más oportuno, lo que le permite una
mayor movilidad al cazador. Conviene disimularlo con algunos ramajos.
-
d) Los matorrales espesos son otra
posibilidad, en la que el pajaritero solo tiene que llevar la jaula, la
escopeta y un hocino. En esta ocasión suelen ser muy útiles los lentiscos o
arbustos espesos como los grupos de retamas, los que el experto sabe preparar
para camuflarse y que se note lo menos posible. Tiene la dificultad de tenernos que adaptar a
la situación de la vegetación.
- e) El hoyo, en la campiña algunos se
ocultan dentro de un hoyo en el suelo, disimulándose con ramajes y construyendo
el repostero en un montoncito de tierra.
Cualquiera de
los diversos tipos de puestos mencionados anteriormente debe reunir las
siguientes condiciones:
a)
Que oculten perfectamente al cazador para
no alertar al “campo”.
b)
Que disponga de un agujero a la altura del pecho,
denominado tronera, enfocado a la plaza y al repostero, para ver al “campo”
y a la “jaula” simultáneamente. A los que acostumbran a hacer más de una
tronera para disparar, los califican como carniceros o matadores, pero nunca
como cazadores de reclamo.
c)
Que tenga a tiro de escopeta un claro en el
terreno que denominamos plaza y donde presumiblemente se disparará al
pájaro que tenga la osadía de entrar y cumplirle a la jaula.
No es conveniente cortar ramas, ni alterar mucho la
plaza, ya que el “campo” puede extrañarse y no entrar.
d)
El repostero, que puede hacerse
aprovechando un arbolillo o matorral, al que previamente hemos de adecentar con
monte, para tapar la parte trasera.
No es conveniente que el repostero sea de piedra o
esté situado junto a ellas, ya que el rebote de algún plomo en el momento del
disparo nos puede deparar desafortunadas consecuencias, cómo que matemos al
unísono al “campo” y a la “jaula”. Conocemos más de un caso en
los que ha ocurrido esto. Por lo tanto, en la plaza y en el reportero, cuantas
menos piedras más seguridad. -que
cuesta mucho hacerse con un buen reclamo-.
Es por eso,
que un majano nunca fue buen repostero, ni de garantía y sí, de bastante riesgo
para la “jaula”.
En la
actualidad existen varios y prácticos modelos de reposteros portátiles, que con
la ayuda de una tira de goma cumplen sobradamente su función.
En los llanos
abiertos de la campiña, suele utilizarse como repostero, un montoncito de
tierra sobre el que se coloca la “jaula”.
Tipos de
puestos
Los puestos que se pueden realizar
a lo largo de una jornada son:
a)
De alba, se llama así por hacerse a la
hora de alborear el día.
b)
De once, recibe su nombre porque es a
esta hora de la mañana a la que suele colgar el cuco. En otros lugares recibe
distintas denominaciones como: de sol, de comedero o de mañana.
c)
De
tarde, es el que se suele hacer a partir de las 15:00 h de la tarde y
aprovecha los últimos momentos de la comida en los que los pájaros empiezan a
irse retirando.
d)
De dormitorio, también conocido por
puesto de ocaso se produce cuando los pájaros del campo van llegando a los
dormitorios y suelen echar las últimas cantadas del día.
El buen reclamo
Para hacerse
con un buen reclamo cosa bastante difícil es importante tener en cuenta:
- las
cualidades del animal,
- cuidarlo
adecuadamente,
- hacerle las
cosas bien hechas.
Cualidades
de un buen reclamo
Aunque la
excepción confirma la regla y un buen pollo puede salir de donde menos te lo
esperas, la norma general es coger animales de zonas climáticas más frías que
el lugar donde vamos a cazar, porque al parecer, un clima templado favorece la
intensidad del celo para el animal aclimatado en zonas más frías.
Suelen salir
mejores reclamos, (aunque no se puede considerar norma), de aquellas zonas
donde menos se ha cazado el “cuco”, el motivo parece ser que es debido a
que, en estas zonas hay más pájaros valientes, -los mejores para el reclamo-. En las otras zonas, los valientes ya han sido
cazados en la temporada anterior y esto conlleva una selección de la sangre,
por lo tanto, también de la valentía de los allí existentes.
Para
seleccionar un pollo, nos fijaremos primero, en su comportamiento dentro del
grupo y en sus respuestas ante otros reclamos adultos no punteros.
La estampa,
una bella estampa suele indicarnos que estamos ante un animal sano y bien
desarrollado. La salud y la elegante presencia son síntomas de que su
desarrollo ha sido bueno y puede estar en condiciones para manifestar su arrogancia,
de la que tendrá que hacer gala en el campo, ante ejemplares de su especie.
El saber estar
en la jaula con quietud y altanería manifiesta un temperamento adecuado y que
su grado de domesticidad y mansedumbre son apropiados. Un pájaro brusco hará que el “campo”
entre a la plaza con más cautela y recelo. Esto contribuirá a que, en el mejor
de los casos, a quitarle naturalidad al lance y, en peores ocasiones, dará
lugar a que las desconfiadas montaraces, no nos lleguen a gratificar con su presumida
y coqueta estampa al pie del repostero.
Su actitud en
la jaula ante la llegada del “campo” ha de ser serena majestuosa y
arrogante.
El saber decir,
se puede comprobar cuando un pollo en la pelea es capaz de subirse cuando lo
requiere la ocasión y bajarse cuando debe, para que la discusión sea fructífera.
Su
comportamiento con las viudas, a las que es preciso utilizarle gran cantidad de
recursos para conquistarlas y atraerlas a la plaza. Si el pollo en cuestión es
capaz de utilizar cantada hueca o de dormitorio o el titeo… que son recursos
infalibles a los que no se suelen resistir las viudas más presuntuosas.
La salida, es
la cualidad que tienen algunos reclamos de empezar a cantar sin haber oído al “campo”.
Comprobar y buscar al “campo”
realizando varias salidas. Deberá salir, escuchar, salir, escuchar y así varias
veces.
A pesar de
todo, ocurre como en el mundo taurino:
“El toro y el perdigón en la plaza dicen lo que son”
Cuidados
para el reclamo
Higiene: La higiene del pájaro va encaminada a
que éste no contraiga enfermedades ni parásitos que debiliten su salud para
que, llegado el momento del celo, se encuentre con todo su vigor.
Lo
ideal sería reproducir su ambiente salvaje para que, en ese hábitat, pudiera
conseguir todo lo necesario, pero poder hacer esto es bastante difícil, por
ello, me limitaré a exponer los cuidados más representativos.
El comedero
conviene que sea de un material áspero y duro para favorecer el desgaste del
pico.
La jaula deberá
permitir que los excrementos no se acumulen en el suelo de la misma y que los
alambres, sobre todo, los finos del cosido no produzcan heridas continuamente.
El limpiar
diariamente los excrementos del jaulero, cumple una doble misión, una sanitaria
y la otra para comprobar si la salud del pájaro es buena. ¡Ojo con la diarrea! que,
en pocos días, se nos va un pájaro. El
terrero o polvero deberá tener la amplitud suficiente para que el animal pueda
tomar tierra con facilidad y vigilaremos que en la misma no haya piojos ni otro
tipo de parásitos. Cada reclamo debe estar en un compartimento independiente
para evitar peleas físicas entre ellos.
Los baños de
agua de lluvia con un pulverizador suelen contribuir a que el estado de la
pluma sea el adecuado, propiciando que el animal gane en belleza.
Los baños de
sol son muy saludables y, sobre todo, en el periodo previo al celo, ya que así,
se propicia que éste se produzca con mayor fulgor.
Alimentación:
Hoy en día existen fabulosos compuestos alimenticios que cumplen
sobradamente su función, de todas formas, cada cuquillero aplica sus propios y particulares
criterios al respecto.
El “verde”
es fundamental para encelarlos, aunque durante el año pueden consumirlo esporádicamente,
pero es a partir de noviembre, cuando por aquí, se les quita el agua y se les
ponen tiernas amapolas y hojas de rábanos, para conseguir “enverdinarlos”.
Algo que puede
dificultarnos la adecuada alimentación de nuestro reclamo, puede ser la “pepitilla”,
que es una dureza que tienen debajo de la lengua y que cuando está
excesivamente dura, les dificulta para comer, lo que produce que se queden muy delgados,
manifestándose que es perjudicial, cuando observamos que tienen el pecho picudo
y entonces debemos proceder a quitársela con sumo cuidado.
Cuando
tenemos a nuestros reclamos fuera del terrero,
es conveniente ponerles,
de vez
en cuando,
un puñado de tierra en el comedero,
ya que así dispondrán de los
granitos de arena,
que las aves suelen consumir
para facilitar su digestión.
Plumaje:
Por aquí, se les suele sacar de la tierra y encerrarlos en su jaula hacia
finales de noviembre, siendo en este momento cuando se les recortan las 7
primeras plumas remeras y todas las timoneras. Antes, algunos acostumbraban a arrancárselas,
pero de esta forma, luego cuando llega el celo, empiezan a crecerles de nuevo y
su organismo tiene que hacer un esfuerzo para producir las sustancias
necesarias para regenerarlas, redundando negativamente en su vigor físico y
perdiendo calidad el aspecto estético que presentan.
Es muy
importante que la muda del plumaje se haga completa y en el momento oportuno
porque, de no ser así, cabe la posibilidad de que para la época del celo se nos
echen a mudar de nuevo si al principio no lo hicieron bien, perjudicando
ostensiblemente su comportamiento en la época del celo.
Hacerle
las cosas bien hechas
Si no tenemos
acostumbrado a viajar a nuestro pollo, sería conveniente, no sacarlo
inmediatamente que lleguemos al cazadero, pues algunos, suelen coger un mareo
de órdago en los primeros viajes.
Otra
circunstancia favorable, será hacerle el puesto donde le caliente el sol y
escogiendo para ello, un día que no haga mucho viento, procurando huir de las
zonas muy poblada por las águilas y los buitres.
Enemigo del
buen celo es el tiempo que se presenta con fríos intensos, grandes escarchas y
vientos racheados. Al buen celo, lluvia para mojar el suelo, -porque la
perdiz no tocará baños de tierra-, campos verdes, poco viento y días
soleados.
Al colgarlo en
el repostero, debemos procurar tapar muy bien la jaula, dejando únicamente
abierta la cara que da a la plaza; seleccionando un puesto en una zona de monte
donde el pollo se dé cuenta del pájaro del campo, cuando ya lo tenga en la
plaza, sin que el pollo lo vea venir, además así, el “campo” entra con
más confianza. Se procurará escoger una zona que tenga buena “oída”.
El incitar al
reclamo con una “cajuela” o reclamo artificial es un recurso considerado
de mal cuquillero.
Como norma
general, al pollo de primer año no se le debe sacar más de 2 o 3 veces a
cazarlo, hay quien afirma que con una basta y ésta debe se debe hacer buscando
una ocasión favorable.
Hemos de
escoger para el bautismo de fuego, un día en que hayamos comprobado que el “campo”
con respecto al celo está en su apogeo y el tiempo es favorable. Por ejemplo,
de alba o en algún puesto donde sepamos a conciencia que hay un viudo -nunca
viuda- del día anterior, ya que éste, nos entrará pronto. Nunca aguantarle la
pelea con una pajarilla remisa entrar. Si
esto ocurre, es preferible toser y salirse del puesto hablándole para
tranquilizarlo y ponerle la sayuela.
Si, por
fortuna, nos entra un pájaro, hay que dejárselo cumplir un rato y si con él,
viene la hembra debemos procurar matársela primero de un certero disparo, ya
que, si ésta queda aleteando en la plaza, esto puede extrañarle y dar lugar a
que cierre el pico.
El macho, si
es que hay celo entrará a los pocos minutos, de ser al revés, la hembra es más
cautelosa para entrar y puede que nos ponga al pollo tan nervioso, que termine
alambreando o dando botes en la jaula y eso tampoco es bueno.
Si aguantamos
más tiempo de lo oportuno al “campo” en la “plaza”, podemos dar
lugar a que éste se suba la jaula y propine una paliza a base de picotazos al
novato, cosa que normalmente no aceptará de buen grado.
Cuando
comprobemos que está recibiéndolo, entonces se lo tiramos. Algunos dicen que,
mientras el pájaro está cantando, oye menos y así no se asustará del tiro. Después
vienen unos minutos interminables. En ellos, debe salir recibiendo el tiro –“haciendo
el entierro”-, si se calla es mala muestra, se dice en el argot que no debe
de “cortar el tiro.”
Algunos pájaros suelen recibir de pluma, es
decir, inflándose. Esta forma de recibir tiene disparidad de opiniones entre
los experimentados cuquilleros. Unos dicen, que no se les debe tirar así,
porque si se acostumbran a inflarse, rozan los alambres y esto da lugar a que
el “campo” se extrañe. La verdad es que, es precioso y emocionante verlo
recibir de pluma.
Cuando un
pájaro de campo se “empeñona” como se dice por aquí, cuando se sube a un
peñasco y parece disfrutar de otro púlpito, es conveniente no darle la paliza
al pollo y salirse del puesto como antes he dicho.
Como cazador
poco ortodoxo, será calificado, aquél que dispare sobre un pájaro de campo
fuera de la “plaza”, es decir, donde la “jaula” no haya llegado a
establecer contacto visual con el “campo”. Así, por ejemplo, aquí es poco correcto matar
un pájaro detrás del reportero, lance que no es censurado en otras zonas.
Si por
desgracia, advertimos en las inmediaciones del puesto, la presencia de un zorro,
perro o de cualquier alimaña, será conveniente que hagamos acto de presencia,
tosiendo y saliendo del puesto, ya que puede dar lugar a asustar, cuando menos,
o a malograr gravemente a nuestro nobel reclamo.
En el
anecdotario de los viejos cuquilleros, aparecen recuerdos de la presencia
silenciosa e inoportuna en la “plaza” de perros, zorros, melones, águilas
y hasta algún lince que, atraídos por el canto del reclamo, consideran la
oportunidad para saciar su apetito.
También
es frecuente que nos entre en la “plaza” algún conejo y, si el reclamo
es viejo y lo recibe, se le puede tirar sin producirse trastorno alguno.
No cabe duda
de que el primer puesto es difícil, pero el que sale bueno, aun no haciéndole
las cosas todo lo bien que se debe, es capaz de sobreponerse a las
circunstancias. Con esto quiero decir que, si hemos observado cualidades
positivas, no debemos desalentar y procuraremos seguir un poco más en el empeño.
Si importantes
son los cuidados a un pollo de un celo, más lo son al pájaro de segundo celo. Es
el peor celo de todo pájaro.
El reclamo de
perdiz es muy delicado y sensible,
acusando todas las faenas que le hagamos,
buenas o malas.
Las buenas le harán desarrollar sus cualidades positivas,
por
el contrario, las malas acrecentarán sus defectos.
¿Cómo
probar un reclamo?
Si queremos
comprar un reclamo y tenemos la oportunidad de probarlo, tendremos en cuenta lo
siguiente:
-
Se valorará si la prueba se realiza en las
condiciones mencionadas en el apartado anterior y si éstas le fueron adversas o
favorables.
-
Se debe probar en sierra, nunca en campiña, ya
que en la sierra es donde el reclamo que es verdaderamente valiente, no se achantará
ante la presencia de pájaros como las urracas, mirlos, estorninos… y además
demostrará si es capaz de sobreponerse al susto propiciado por el paso de algún
águila.
-
Si tiene cualidades para discutir con el “campo”
utilizando un diálogo complejo, echando un amplio repertorio de reclamos, pitas,
leves piñoneos, dando de pie…
-
Si tiene la cualidad de subirse, cuando lo
requiere la pelea y es capaz de bajarse, para confiar y animar al “campo”
a que haga su entrada en la plaza. Ser demasiado fuerte, no es muy buena
cualidad.
-
Picar en la mano es un gesto que no es
imprescindible, pero sí que indica un de acometividad suficiente como para no
amedrentarse con facilidad.
-
Su grado de mansedumbre y domesticidad también es
muy interesante.
-
Aunque algunos de ellos, hayan sido sólo “medias
cucharas”, son famosos los nombres de reclamos como:
Marchena,
César, Tartaja, Banderas, Farina, Garibaldi, compañero de Castelar,
muy famoso este último por la obra de Juan Vázquez del Río en su libro “Memorias
de un reclamo” donde cuenta que Castelar nació en 1862 y
murió en 1874, con doce celos. Aceptable
longevidad para un reclamo.
¡Caza disfrutando, disfruta cazando!
Manuel
Moreno “Quilino”
Andújar
1994.
Publicado en Caza y Safaris nº 126 Marzo 1994.
abril - 23