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20231201

PREPARACIÓN DE LA MANCHA

 PREPARACIÓN DE LA MANCHA 

La mancha de montería es un terreno, generalmente poblado de monte, que se distingue de los inmediatos por ser el que en esa ocasión se ha delimitado para realizar alguna actuación sobre él, como puede ser el hecho de montear.  


También se aplica como sinónimo el término “portillo” que es correcto, pero no así el de “manchón” o sus vulgarismos menchón” o “mechón” que se refieren a una agrupación homogénea y densa de monte, de menor tamaño y, por lo general, aislada. 


En una mancha existen diferentes zonas, entre ellas las denominadas de “encame” o dormitorio, porque allí es donde las reses entran para descansar y cobijarse tranquilamente, otras son las de “comedero”, ya que, dada la abundancia de comida, acuden allí para comer y después se retiran; además, de otras referidas a su conducta. Lo ideal sería que tuviesen tantas zonas como los diferentes espacios que utilizan las reses por una temporada completa.  


Una finca de caza mayor puede tener una o varias manchas, dependiendo de la superficie de la misma. 

 






El agua, fuente de vida.
Las primeras aguas hacen correr a los arroyos

Características de la mancha: 







Las manchas pueden ser quebradas y muy montuosas, llanas y adehesadas o algo intermedio entre ambas posibilidades. Cuando los organizadores de monterías quieren destacar en sus programas las excelencias de una mancha, frecuentemente emplean expresiones del siguiente tipo: 



- Densa vegetación de bosque mediterráneo con abundancia de quejigos, alcornoques y encinas. 


- Extensos pastizales con zonas adehesadas en el llano se alternan con la abundante y variada vegetación de las partes altas donde las reses encuentran el complemento alimenticio y cobijo necesario. 


- Tiraderos envidiables, con puestos de gran visibilidad, para disfrutar de los innumerables lances que ofrece la mancha. 


-  Cómodo acceso, aunque la finca está muy apartada, lo que asegura la quietud de la mancha durante todo el año. 


- Mucha calidad y variedad de reses (venado, gamo muflón y jabalí) o si predominan unas sobre otras o se dedican exclusivamente a una especie. 


- Vegetación de monte de cabeza, apretada y salpicada de peñones y abruptos jarales, con abundantes zonas de encames, preciosos parajes y bellísimas vistas. 


- Abundancia de agua por manantiales naturales, zonas vírgenes y montes dedicados exclusivamente a la montería desde hace siglos. 


- Bordeada por tal pantano o surcada por tales ríos y arroyos. 


- Dispone de vallecitos acondicionados con siembras para las reses, amplios cortaderos y espesa vegetación compuesta de jarales, madroñales, acebuchales y lentiscales. 


- Posee buenas pistas para el acceso de monteros a los puestos, multitud de pantanillos, abrevaderos, templadas solanas y frescas umbrías. 


- Guarda propio todo el año y lleva tantas temporadas sin montear. 


- Se destaca especialmente si es cercada y cuando es abierta se hace referencia a las querencias de entrada natural de reses que posee. 


- Finalmente se suele hablar del número de puestos con los que se montea, de los rendimientos que ha obtenido en temporadas anteriores y las previsiones para la presente temporada. 

 

Como se puede observar, los comentarios que interesan al posible montero que visite esa finca, no sólo tienen que ver con la calidad y cantidad de reses, sino que contemplan, además, el alimento, los parajes, el acondicionamiento, el entorno, la guardería, los rendimientos anteriores, la experiencia, tiempo que lleva sin montear, etc. Ya que lo verdaderamente valioso es lo más auténtico, lo que demuestra que el montero se interesa y busca algo más que cazar. 

 

 
Consideraciones para preparar la mancha: 

 

Las manchas suelen estar delimitadas de unos años para otros y aunque los límites pueden ser variables, es frecuente que sean estables. Tanto es así, que los puestos de montería, frecuentemente se repiten en el mismo lugar y permanecen inalterables de una temporada a otra, salvo que se hayan modificado sustancialmente las condiciones generales de la mancha. 


En fincas de larga tradición montera, las manchas, aunque a menudo sean colindantes, demarcan extensiones de terreno con características propias para procurar que las reses encuentren allí, no sólo el necesario alimento sino también las mejores condiciones climáticas del momento. Por ello, es habitual que se repitan año tras año, y de manera muy aproximada las fechas en las que se da la montería de cada mancha. 


Aunque el flujo de reses de una mancha a otra de la misma finca debe ser practicable, conviene que cada mancha tenga su propia población la mayor parte del año, ello permitirá alimentar al mayor número de reses con el menor impacto posible sobre el medio, haciendo sostenible la explotación.  


Cuando en una finca conviven diferentes especies, cada una de ellas tiene unos territorios preferidos y que habita por más espacio de tiempo, son las zonas de “querencia”, que se mantienen mientras la presencia de alimento es suficiente. 


Dependiendo de la climatología estas querencias pueden modificarse cuando llegan los periodos extremos tanto de frío como de calor o viento y lluvia. 


Una buena finca, procurará tener manchas que satisfagan tanto las necesidades alimenticias como las de bienestar con respecto a los extremos más rigurosos del clima. 


Cada mancha, según sus características, será escogida y habitada por las reses cuando las condiciones climáticas permitan una estancia más agradable que en las zonas limítrofes y, además, disponga de cantidad y calidad de alimento apetecido por los animales. Para esas fechas, en las que la mancha estará más poblada de reses, será cuando se fije el día de la montería. 



Los arroyos comienzan a correr con las primeras aguas.
El agua, fuente de vida.


Las zonas de umbría son los lugares de encame preferidos cuando las temperaturas son más bien templadas; en cambio, cuando las temperaturas son muy frías con frecuentes heladas, los animales buscan más la solana, y permanecerán allí, siempre y cuando el monte les ofrezca cobijo y alimento. 


Como norma general, los cervunos le temen más al viento que a la lluvia y, en estas condiciones, buscarán protección, escogiendo las zonas más abrigadas del terreno en la que el viento se deje sentir menos. 


Existen lugares determinados donde suelen acudir los animales para realizar tareas concretas en fechas muy específicas. Por ejemplo, los mejores venados de una finca, para hacer la berrea, suelen escoger, año tras año, unos puntos definidos del terreno, en los que sólo viven establemente durante esos periodos y pasados éstos, los abandonan. Esas zonas, aunque pueden ser sustituidas por otras, son puntos críticos que convienen respetar. 


Con respecto a la alimentación, la observación de los lugares de preferencia para pastar o ramonear nos indicará esos puntos críticos, al igual que por su comportamiento podremos descubrir otros muy específicos y puntuales.  


La época de la “montanera”, cuando madura la bellota, es una fecha en la que las reses de todo tipo codician esas zonas del terreno, en las que estos frutos son abundantes. Como todos sabemos, estos frutos los producen tanto el quejigo, como el roble, la encina, el alcornoque o la coscoja, pero con la diferencia de que unas especies maduran antes que otras. La primera en madurar suele ser la del quejigo y la última, la del alcornoque. Bien, pues la abundancia de determinado tipo de árboles de estas especies en una parte u otra de la mancha, hará que estas zonas estén más pobladas de reses, coincidiendo con la fecha de madurez de ese fruto y su consiguiente caída de los árboles. 


El ganado estabulado, encuentra en su pesebre lo que su dueño le da y el que esté bien o mal nutrido dependerá exclusivamente de su dueño, en cambio los animales que se crían en libertad han de desplazarse en cada momento al lugar donde crece el alimento que necesitan y eso lo sabemos por sus apetencias en cada ocasión. Por ello, la correcta nutrición de estos animales dependerá en gran medida de la variedad y equilibrio del ecosistema de la finca. 


Cuidar de no perjudicar con la montería otras especies que conviven en la mancha y que no se pueden cazar por ser animales protegidos o que no se pretenden cazar en esa jornada, por ejemplo, los corzos. Para ello, será fundamental tener en cuenta la forma de meter las rehalas en la mancha. Ya que si las metemos en alguna zona “al encuentro” estaremos propiciando que se produzcan agarres indeseados y perjudiciales para esas otras especies. 

 

 

Variables externas: 

 

Además, conviene considerar otras variables externas que pudieran afectar negativamente a los rendimientos de la mancha tales como: 


  • El que en la mancha existan zonas donde crecen níscalos, setas, espárragos o algunas otras especies que habitualmente sean recolectadas por los lugareños. 


  • Si la mancha posee servidumbres de paso utilizadas mayoritariamente con motivo de alguna festividad o tradición de la zona, como por ejemplo las romerías o algunos acontecimientos deportivos. 


  • Si se trata de fincas abiertas, se valorarán las características de las manchas vecinas o las fechas en las que éstas se montean también. 


  • Y finalmente las eventualidades meteorológicas que, ocasionalmente pueden constituirse en condicionantes definitivos o cualquier otra circunstancia. 

 

Entre los riegos más habituales, está la falta de previsión para muchas de las consideraciones anteriores, pero pueden existir otros, ante los cuales poco o nada se puede hacer. Uno muy frecuente en tiempos pasados era “alobarse la mancha”. Decimos que una mancha está “alobada” cuando en la misma han entrado lobos y las reses la abandonan o se muestran más recelosas que de costumbre. Esta puede ser una de las causas por la que se dice también que las reses están “acaballadas”, que se dice así, cuando la desconfianza de éstas les obliga a estar en alerta más de lo normal, mostrándose huidizas y permaneciendo la mayor parte del tiempo “atalayadas” para no ser sorprendidas. 


 

Actuaciones previas para preparar la mancha: 

 

Todas las consideraciones anteriores y, algunas más, se tienen en cuenta a la hora de preparar una mancha para montearla.  


Con anterioridad, ya se conoce la mancha en concreto que se va a dar, la cantidad y el tipo de reses que se pueden abatir, el número de puestos que se van a colocar y las fechas aproximadas en las que se va a montear, pero aún se hace preciso realizar algunas comprobaciones. 


Montear es una operación metódica y precisa que requiere una planificación exhaustiva, después de haber hecho unas observaciones concretas que nos faciliten una información precisa y lo más real posible del estado de la mancha. Al conjunto de estas observaciones se les llamaba antiguamente “escatimar la mancha”, también “catar” o “registrar”.    


Para ello, se visitaban todos los puntos críticos, donde los animales podían dejarnos alguna información como los “escodaderos”, “picaderos”, “trevejiles”, bañas, barraderos...  Añadiendo a todo ello, un minucioso estudio del estado de la vegetación y la búsqueda de la “fólliga” más reciente en las zonas que consideraban debería aparecer según que fechas. 


Y, por último, se completaba con la observación directa de las reses que se dejaban ver en la mancha.  


Pues bien, todo esto que acabamos de comentar forma parte del rudimentario test que los hombres de campo son capaces de aplicar en una breve visita a la mancha que se prevé montear. 


Hombres de campo que ahora prestan sus servicios como verdaderos especialistas para las más prestigiosas organizaciones de monterías. ¿Qué veterano montero no recuerda entre estos especialistas a Durán, a Flores, a Juanele, a Gregorio, a Agustín...? 


Estos hombres de campo tan especializados solían resumir el resultado de su observación con expresiones como: 


  • “Aquí no hay ni rabo”, que quiere decir que la mancha tiene muy pocas reses. 


  • “Hay un pintorreillo”, que hay algunas reses, pero no gran abundancia. 


  • “Está curiosica”, que tiene algunas reses y se podrán conseguir resultados discretos. 


  • “Hay bastante traza, trezna o rastro” que tiene reses suficientes para dar una buena montería porque se ven muchas huellas recientes. 


  • “La mancha está sopá” o “tiene un atestón de reses” que la mancha tiene muchísimas reses. También se dice que la mancha “hierve”. 

 

Proceso de preparación: 

 

Ahora vamos a analizar el proceso de preparación de la mancha, exclusivamente para el hecho de montear: 


- En primer lugar, habrá que delimitar los márgenes exteriores de la mancha y tener una visión global de la misma, para después poder “cerrar la mancha” convenientemente. 


- A continuación, se marcarán o revisarán sobre el terreno los puestos que se van a utilizar el día de la montería. 


- Aunque, lo más común, es que las posturas se encuentren marcadas de un año para otro en el mismo lugar, conviene revisarlas para comprobar si los tiraderos están acondicionados, si la chapita con la que se marcan los puestos está bien colocada, si los accesos están practicables y, en ocasiones, hasta se rehacen las pantallas de cada puesto o se adecentan los tiraderos.  


- Una vez más, se revisará la seguridad que ofrece la ubicación de cada postura, especialmente en las fincas llanas, ya que en las quebradas suele ser más fácil encontrar los lugares apropiados. 


- Se busca y selecciona, entre los lugareños, al personal que actuará de postores, guías y secretarios, enseñándoles a cada uno sobre el terreno la función concreta que han de realizar. 


- Se contratan los servicios necesarios de caballerías, vehículos, veterinarios, fonda, carniceros, rehalas y demás personal auxiliar. Esto no es preciso tan detalladamente cuando la montería la va a dar una de las organizaciones profesionalizadas que existen en el sector, ya que ellos cuentan con un equipo más o menos estable de personas para ello. 


- Desde la fecha en que se decide montear una mancha hasta el día en que ésta se montea, habrá que dedicarse a “mimar” la mancha, más que nunca. Así, las reses que se encuentran allí no se marcharán a otros territorios colindantes y la actuación de entresaca de la cosecha cinegética podrá ser más selectiva.

 

- Asegurar la quietud de una mancha y molestarla lo menos posible, es una de las tareas que con más celo ha de llevarse a cabo.  Por eso, los guardas, que la mayoría desempeñan su trabajo con enconado empeño, no suelen gustarles ni, incluso permiten, que nadie extraño visite la mancha en los días previos a la montería. En cambio, ellos incrementarán su vigilancia y contacto con la misma, oteando siempre desde los puntos más elevados y cuidando que no se aproximen perros errantes ni que nadie pueda interrumpir la tranquilidad de las reses. 


- A ojos y entender de extraños al mundo de la caza este tipo de actuación ha de mostrarse como útil y necesaria, aunque tendrían que ser cazadores para entenderlo. A ojos y entender del cazador, esta forma de actuar sigue permitiéndole disfrutar de su actividad preferida en toda su grandeza, enorgulleciéndose de su proceder y contribuyendo activamente a su sostenimiento y perduración. 

 

 
El otoño renueva la vida.
Algunos árboles se quedan desnudos.


            Convendría reconsiderar la idoneidad y conveniencia de: 

 

- Algunas actuaciones cuyo uso comienza a generalizarse y, en ocasiones, pueden no ser todo lo correctas que sería deseable. Por ejemplo, “repletar una mancha” en una finca cerrada con reses de otras manchas de la misma finca puede ser admisible, en cambio, cuando eso se hace con reses de fincas vecinas resulta, cuando menos, conflictivo. 


- Cuando se estima, que puede existir un trasiego importante de reses de esta zona a las limítrofes, se procede a “cebar” la mancha con pequeñas cantidades de alimentos (los más frecuentes son el maíz, la alfalfa y restos de hortalizas).  Se comienza haciéndolo en distintos puntos de las zonas más exteriores y cada dos o tres días se van mudando los comederos más hacia el centro de la mancha.  Al igual que se mudan los cebaderos, también se cambian las horas de hacerlo. Las primeras veces, se comienza repartiendo el alimento a la caída de las tardes y cuando se aproxima el día de montear se va haciendo progresivamente desde la madrugada al amanecer. Además, cuidan de emplear para estas tareas siempre el mismo vehículo, ya que así, las reses no extrañan el ruido y, en cambio, lo asociarán con el alimento.  


- Una costumbre que comienza a extenderse es la de cebar golosamente. Por ejemplo, añadiéndole al maíz aguardiente o cualquier otro elemento muy oloroso para que las reses se sientan atraídas desde lejos. 


-  El empleo de atrayentes o repelentes olorosos u otros productos con funciones similares.  


-  Las fogatas nocturnas quemando gomas de ruedas en puntos estratégicos. 


-  Diseminar bolitas de alcanfor, cabellos humanos, en lugares preestablecidos. 


-  La suelta de algunos perros a horas intempestivas en zonas señaladas, maniobras todas ellas de dudosa ética en la mayor parte de las ocasiones. 


-  La colocación nocturna de radios u otros emisores de sonidos electrónicos en parajes escogidos. 


-  El lanzamiento de cohetes en lugares predeterminados. 


- Los chanteos de las zonas limítrofes la noche de antes, sin tener en cuenta los límites de la propia finca. 


- Realizar sueltas de reses criadas en cautividad, sin avisarlo a los monteros, en monterías convencionales es una práctica que comienza a hacerse habitual para una pequeña minoría de fincas todavía, pero que ya se está dando.  


- Introducir camufladamente reses de otras zonas (incluso extranjeras) para “renovar la sangre” o simplemente para repoblar, adulterando con ello las razas autóctonas. 


-  La construcción de cercones en fincas muy pequeñas para capturar jabalíes de las fincas vecinas. 


-  Y otras similares cuya valoración deja de ser dudosa para convertirse directamente en delictiva. 

 



  


 

Para aplicar la estrategia de la montería. 


 

En el otoño y sus frutos.
Frutos de otoño
Más que diseñar minuciosamente la estrategia completa, que eso será materia de otro artículo, lo que aquí nos interesa es esbozarla, para conocer las necesidades concretas que se derivarán de las actuaciones que, en este aspecto, pretendemos desarrollar el día en el que se “dé la mancha”. Ya que, si se precaven con antelación y se tienen a punto en el lugar concreto, sí que será posible realizarlas, bien según lo previsto o bien, con alguna pequeña alteración.  

Estas necesidades tendrán que ver con: 


-  Los lugares precisos donde realizar cada tarea, por ejemplo, el sorteo, las sueltas, accesos, puntos de espera para la concentración de las rehalas, aparcamientos de vehículos dentro de la mancha, reunión para la comida, junta de carnes, etc.  Como norma general, muchos de ellos suelen simplificarse en uno sólo, pero a veces, ello puede tener como consecuencia molestar innecesariamente la mancha, por lo que se hará preciso escoger otros lugares alternativos. Además, igual es necesario hacer pequeños acondicionamientos para tenerlos disponibles. 


-  Los materiales, vehículos y utensilios necesarios que componen el equipo logístico para llevar a cabo la estrategia que nos va a permitir sacar las reses de sus encames y conducirlas hacia los tiraderos. Por ejemplo, es frecuente que la mayoría de las fincas dispongan de algún tractor para realizar trabajos en ellas. Pues bien, sería conveniente que este vehículo se encuentre disponible en aquellos lugares donde puedan quedar atrancados otros vehículos de los que se emplean en la montería, o para ayudar a vadear un río o para evitar atascaderos en el barro...  


- El personal, (monteadores, conductores, auxiliares... que en castellano antiguo se llamó bozería”), lo que requerirá la búsqueda y contratación del mismo con anterioridad a la fecha de la montería. Por ejemplo, en las fincas cercadas, suele colocarse un personal auxiliar en puntos concretos de la malla para evitar que la rompan y por ahí puedan escapar algunas reses. 


- Las actuaciones previas, tendrán presente cualquier factor que pueda interferir el normal desarrollo de la estrategia. Por ejemplo, si en la mancha existen otras explotaciones alternativas, es posible, que haya que planificar alguna variación excepcional para esas fechas.  


Como hemos podido comprobar nada o casi nada se deja al azar y todo lo que se puede, se prevé con antelación y se lleva a cabo rigurosamente según lo previsto, con el único objetivo y, muy loable, por cierto, de hacerlo todo lo mejor que se puede. 

 

 

 

¡Caza disfrutando, disfruta cazando! 

 

 

Manuel Moreno

Andújar y agosto de 2002 

Nvbre-23 



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