TIRO EN MONTERÍA
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Km./h. |
10 |
20 |
30 |
40 |
50 |
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cm./0,1 seg. |
27,7 |
55,5 |
83,3 |
111,1 |
138,8 |
Distancia que puede recorrer un venado en la carrera.
Introducción
El tiro de caza en montería, es la combinación de una técnica depurada, una gran dosis de experiencia, junto con un alarde de reflejos y salpicado, todo ello, con una pizca importante de fortuna.
Una técnica depurada, porque el
montero no sólo ha de reunir conocimientos de como ha de preparar, apuntar y
ejecutar cada lance sino que, además, debe poseer un conocimiento exhaustivo
del comportamiento de sus armas y municiones.
Una gran dosis de experiencia,
porque por muchos conocimientos teóricos que tengamos de un tema, éstos quedan
completamente huérfanos al carecer de la experiencia necesaria que es la que,
en definitiva, le aporta la razón de su existencia.
Un alarde de reflejos, por la gran
cantidad de operaciones y cálculos que hay que coordinar, en un periodo tan
reducido de tiempo, que resulta prácticamente casi inapreciable para nuestra
percepción.
Y una pizca importante de fortuna,
porque la suma de todas las condiciones anteriores nos llevan a una situación
en la que sólo nos queda el acertar, quizás, por eso, cuando nos despedimos, ya
en la armada, de los puestos que se van colocando delante de nosotros, la
despedida entre monteros, en ese momento, sea la palabra ¡suerte!,
y no el típico ¡adiós!, del lenguaje
cotidiano.
Aquí, nos vamos a referir al tiro de
caza en montería, pero disparando siempre sobre reses en movimiento, ya que
cuando, en montería, tiramos sobre reses paradas el tipo de tiro que hacemos se
parece más a un tiro de rececho que al tiro de montería.
En la caza mayor,
primero se apunta
y después se tira.
Por razones éticas y prácticas el
cazador procura, cada vez más, el tirar para no tener que rastrear.
El cazador actual no sólo se
preocupa por hacerse con su pieza de caza, sino que al mismo tiempo procura
abatirla de forma que la muerte le sobrevenga de una manera instantánea, para
ocasionarle el menor sufrimiento posible. Ciertamente, con una carabina del
calibre 22, puede matarse un venado si se le da en un órgano vital pero, de no
ser así, puede sólo quedar herido o, quizás, muera; pero la agonía durará
bastante tiempo, esto, no es bien admitido desde el punto de vista ético del
cazador actual. Por eso, para cazar un venado, por ejemplo, es preciso que el
cazador utilice el arma y el cartucho más adecuados, aunque sin pasarse, porque
lo que tampoco se pretende es matar mosquitos a cañonazos. Además, el utilizar
calibres excesivos repercute de forma negativa en la anatomía del cazador y
dificulta las condiciones generales el tiro.
En algunos países de Europa, sobre
todo, en la caza menor se usan armas que por aquí no son frecuentes como el
drilling o el trilling, dotadas con cañones de diferente calibre.
Antiguamente, se oía con bastante
frecuencia el dicho de que "a la
caza hay que dejarla cumplir" tal vez, amparándose, por una parte, ya
en un comportamiento ético del cazador, o bien, por otra, en las limitaciones
propias de las armas utilizadas en aquellas épocas. De cualquier forma, el
mensaje de esta sentencia sigue cobrando actualidad, porque el hacer un tiro de
caza con pocas o nulas posibilidades de acertar, es más bien un tiro al blanco
que un tiro de caza.
Cada
pieza y cada lance de caza requieren una técnica específica para hacer
adecuadamente el tiro, y si a ello, añadimos que una misma pieza de caza en
diferente cazadero exige un tratamiento distinto, nos encontramos con que
existe una gran cantidad de variables que intervienen en el acto del tiro de
caza, de entre ellas analizaremos las más significativas y procuraremos razonar
la solución más rentable.
Hoy en día, las nuevas técnicas
aplicadas a balística aportan complejas opciones y presentan diferentes ofertas
de solución para una misma situación problemática.
| Venado en el claro |
Consideraciones iniciales
Lo más sencillo de entender son las
lesiones físicas que produce el proyectil al atravesar el cuerpo de la pieza,
destrozando músculos, venas, huesos, órganos vitales,...
Lo que puede resultar un poco más
complejo de entender es el shock, que se produce, fundamentalmente en el
sistema nervioso y en el resto del organismo de la pieza al tener que soportar
la fuerza del impacto.
Imaginemos una charca de agua en reposo, cuando lanzamos
una piedra dentro de ella, podemos observar unas ondas en el agua, que si la
charca no es demasiado grande, llegan hasta los bordes de la misma. Algo
similar, pero con muchísima más violencia, es lo que produce el shock en el
cuerpo de las piezas de caza al recibir un impacto. La diferencia está en que
en la charca, las ondas se destruyen mansamente en los bordes de la misma,
mientras que en las piezas de caza, donde impactan estas ondas es en las
ramificaciones más pequeñas de los sistemas circulatorio y nervioso de los
animales, y especialmente con una contundencia extraordinaria en la zonas
periféricas del impacto. De ahí, que al abrir una res encontramos bastante
ensangrentada toda la zona de alrededor del impacto.
Cuanto mayor es la velocidad y la
masa del proyectil, mayor fuerza impacta en la pieza, pero lo rentable es
compensar estos dos aspectos, porque cada uno de ellos conlleva sus ventajas e
inconvenientes, entre otros destacaremos principalmente el retroceso y el peso
del arma.
Hoy, casi todos los fabricantes de
cartuchos procuran, para la montería, que el proyectil adopte la forma de seta,
nada más introducirse en el cuerpo del animal, así puede transmitir una mayor
cantidad de la fuerza que lleva, ocasionando mayores destrozos físicos y un
shock más fuerte.
El resultado de las lesiones físicas
y el shock que produce un disparo
es lo que denominaremos
como letalidad del
disparo.
Se dice con frecuencia, que el tiro
de caza consiste en "tirar al lado
de la pieza", debido fundamentalmente a que disfrutamos de unos
sentidos que nos ofrecen ciertas limitaciones o imperfecciones, como veremos
más adelante, para realizar una función tan compleja y precisa como es el tiro
de caza.
La sensibilidad de nuestra
percepción visual, es limitada, hasta el punto de no poder apreciar diferencias
por debajo de la quinta parte de un segundo. Pensemos, por ejemplo en el
funcionamiento del cine, que se realiza emitiendo fotogramas encadenados,
siendo nuestra limitación visual, conocida como el fenómeno de persistencia de impresiones
luminosas en la retina, la que le aporta la sensación de movimiento apreciada
por nosotros en una proyección cinematográfica.
Y es que cualquier ojo completamente
sano, no es capaz de apreciar diferencias que duren por debajo de dos décimas
de segundo; tiempo en el cual las condiciones de un tiro de montería varían
significativamente, como veremos más adelante.
Por todo lo anteriormente expuesto,
vamos a analizar minuciosamente algunas de las variables más representativas
que tienen una influencia notable en el tiro de montería, para señalar los
aciertos y errores que solemos cometer en ese momento.
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| Venado enmontado |
Trayectorias
Las trayectorias que debemos tener
en cuenta en el tiro son dos: la de la pieza y la del proyectil. Deben ser dos
trayectorias convergentes, pero esa convergencia inminente, aún no se ha
producido en el momento de apretar el gatillo, por lo tanto, el punto de
convergencia será la gran incógnita que hemos de calcular.
La trayectoria de la pieza es doble, porque no sólo se refiere a la
trayectoria en la que avanza, sino también a la línea ondulante que describe el
animal en su carrera.
Con respecto a la trayectoria del
proyectil, tenemos la costumbre de tener muy en cuenta el punto entrada pero
nunca el de salida y los dos son fundamentales, pues para que el tiro sea
efectivo, entre ambos, deben encontrarse los órganos vitales.
Un ejemplo muy gráfico que nos
permite imaginarnos con bastante aproximación lo que debemos hacer, será
imaginar un cable tenso que uniría la boca del cañón del rifle con el punto por
donde teóricamente la bala debe clavarse en el suelo después de atravesar el
cuerpo del animal. Conociendo elementalmente la ubicación de los órganos
vitales, vamos a reconocer de inmediato cual es el punto vital más adecuado que
nos ofrece la res según su postura y trayectoria.
Velocidad
La velocidad a analizar también
tiene dos móviles distintos: por una parte la pieza (acosada por las rehalas)
y, por otra parte, el proyectil.
La distancia recorrida por el
proyectil en un segundo, se puede obtener valorando las tablas de balística que
nos ofrecen los diferentes fabricantes en sus cartuchos. Por ejemplo:
El cartucho 30-06, H-Mantel, 180
grains de RWS, según el fabricante, sale de la boca del cañón a 840 m/s y llega
a los 100 metros con una velocidad de 755 m/s lo que nos demuestra que
recorrería los 150 primeros metros en unas 2 décimas de segundo
aproximadamente.
Distancia recorrida por la pieza en
una décima de segundo según su velocidad.
Km./h. 10 20
30 40 50
cm./0´1s.
27´7 55´5 83´3
111´1 138´8
Como se puede ver en la tabla anterior
cualquier cuerpo que se desplace a una velocidad de simplemente 30 Km/h,
recorrerá en una décima de segundo 83´3 cm. bastará con hacer los elementales
cálculos matemáticos para comprobarlo.
Lo que nos demuestra que con tan
sólo un tiempo de reacción de 1 décima de segundo, el tiro se nos quedaría
trasero, porque durante ese corto periodo de tiempo la pieza de caza habrá
avanzado si es que va a esa velocidad 83´3 cm.
La sensibilidad de nuestra
percepción visual es limitada.
Un venado acosado por una rehala
puede superar fácilmente los 40 Kms./h
y, en tan sólo una décima de segundo, habrá avanzado una distancia
equivalente o superior a la longitud de su propio tronco. En la quinta parte de
un segundo, a esta velocidad, habrá avanzado 222 cm. y no digamos nada, si se
trata de un gamo o de un muflón bastante más pequeños y mucho menos de un
corzo, que quizás por eso ha merecido el apelativo de tragabalas. De ahí, la
explicación lógica de aquellos monteros que dicen haber adelantado el tiro más
de dos metros.
Lo que nos demuestra que si el tiro
de caza con piezas en movimiento lo hiciéramos siguiendo la misma técnica que
en el tiro al blanco, siempre nos quedaríamos retrasados, unas veces más que
otras, dependiendo de la velocidad y la distancia a la que pasase la pieza
objeto de nuestra caza y teniendo también en cuenta nuestro propio tiempo de
reacción, que lógicamente varía de un cazador a otro.
Según algunos expertos que se han
preocupado de medirlo científicamente, se puede situar el tiempo medio de
duración de un disparo de caza de un tirador normal, en torno a las dos décimas
de segundo.
Todo ello sin tener en cuenta el
aumento del tiempo de reacción óptica
originado por el cansancio. Después de un trabajo regular de dos horas que haya
originado cierta fatiga, se ha comprobado un aumento de los tiempos de reacción
óptica de 6/100 de segundo.
Tipos
de tiro a piezas en movimiento:
1.- De acompañamiento
o siguiendo la pieza. Normalmente es el tipo de tiro más ejecutado por la
mayoría de los monteros, entre otras cosas, porque al tener que corregir el
tiro con menor distancia tiene menos posibilidades de error. Consiste en
acompañar a la res apuntada en su carrera, corriendo la mano a la vez que se
gira el cuerpo y en el preciso momento de apretar el gatillo se le aplica un
leve tirón con la mano izquierda, buscando la posición en la que teóricamente
hemos calculado que se encontrará el proyectil con el punto vital del animal.
Con la práctica, cada montero
comprobará por sí mismo, la fuerza que debe aplicar a ese tirón dependiendo de
las circunstancias de cada lance, indudablemente cuanto más fuerte sea el
tirón, mayor será la cantidad de espacio que le damos a la corrección del tiro.
Otros suelen tirar al borde de la
silueta del animal en la zona del pecho, si es que el animal corre
completamente atravesado.
2.- Adelantando.
Es otra forma de hacer el tiro en montería, en el que se pretende hacer que
coincidan las dos trayectorias, la del proyectil y la de la pieza, para lo cual
el cálculo que se realiza es fundamental. En este caso la distancia de
corrección del tiro que se aplica es mucho mayor que en el tiro de acompañamiento,
y por supuesto, ya no se da el leve tirón del brazo izquierdo. Algunos hablan
de correcciones superiores a los dos metros
3.- A tenazón. Es cuando la pieza nos ha sorprendido y no
disponemos de mucho terreno para efectuar el disparo, suelen ser los más
errados por los noveles, en cambio, los que efectúan con más facilidad los
expertos. Es el típico tiro que pide el jabalí en los cortaderos reducidos o
zonas enmontadas.
Considerando la orografía del terreno, los tiros pueden ser:
- de abajo hacia arriba,
- en
horizontal y
- desde arriba hacia abajo,
siendo éstos últimos los que
habitualmente más se fallan.
Los monteros veteranos, dicen que los tiros hacia abajo (cuando el cazador está en alto y la res corre por la hondonada debajo de nosotros) no son buenos. No les falta razón, pues la trayectoria que describe la bala en el cuerpo del animal al apuntarle al codillo, está muy próxima a quedarse fuera y no tocar a la pieza. Ver gráfico. Hay que buscar siempre la trayectoria que describirá el proyectil al entrar en el cuerpo del animal y así valorar los puntos vitales que puede alcanzar; de esta forma podremos imaginar con bastante aproximación cual es el punto por donde debe entrar el proyectil.
Existe otra línea de trayectoria muy
importante y que hay que tener en cuenta, es la que describe el animal en su
carrera, respecto al cazador.
Cuando la res corre completamente
atravesada delante del montero, esta trayectoria es la más adecuada y siempre
que se prevea que en un momento la res puede situarse en esta posición, hay que
dejarla cumplir, debe buscarse ese momento para efectuar el disparo, dejándola
avanzar hasta que nos ofrezca el plano completo de la paleta, es el mejor
momento porque también la superficie del blanco será mayor.
Cuando la res corre ascendiendo
completamente de espaldas a nosotros, procuraremos elevar el tiro.
Cuando la res corre en el mismo
plano horizontal, completamente de frente hacia nosotros, debemos tirar al
centro del pecho, en el caso del venado y a la cabeza en el caso del jabalí.
Cuando corre en línea oblicua hacia
nosotros, debemos apuntar hacia delante, buscando el terreno que ocupará la res
en los siguientes instantes..
Otra sentencia clara en el argot
montero es "la caza la mata la
imaginación", porque imaginando la posición que ocupará la res
instantes después, según la trayectoria que lleva, así podremos apuntar.
Teniendo
en cuenta la posición de la res debemos seleccionar el mejor punto de impacto,
buscando el centrado más lógico que nos permita obtener el menor margen de
error.
El lema de "Alza, punto de mira y codillo" cobra más piezas de caza
que las sofisticadas armas actuales con todos sus accesorios, siendo esto
válido para el tiro a res parada.
Puede resultarnos un ejercicio útil
de familiarización con nuestra arma el encarar en la oscuridad, con la mayor
rapidez y repetidamente, intentando apuntar por la noche a una luz lejana.
monteros veteranos
dicen que
los tiros hacia abajo
no son buenos.
Duración del disparo
El disparo es el conjunto de la
función de dos "máquinas",
una natural, el cazador y otra artificial, el arma. El funcionamiento de estas
dos máquinas es muy rápido para las apreciaciones de tiempo a las que estamos
acostumbrados, para entenderlo, tendremos mentalizarnos y trabajar con unidades
de tiempo muy pequeñas, en torno a un segundo o fracciones del mismo.
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| Jabalí en huida |
El tiempo que se necesita para
realizar un disparo, aunque parezca instantáneo, tiene una duración y es el
resultado de sumar el tiempo de:
1º.- Realizar la operación cerebral completa, después de haber reconocido la pieza objeto de nuestro disparo. Esta operación consiste en:
-Buscar los elementos de
puntería.
-Localizar el animal con
los elementos de puntería.
-Apreciar y establecer
la corrección del tiro.
-Procesado todo esto en
el cerebro y dadas las correspondientes órdenes a los músculos que lo ejecutan, queda aún otra más, es el
momento de la decisión del
disparo.
El tiempo necesario para que una
sensación óptica anterior pueda traducir por un movimiento, después de haber
recorrido en el organismo un circuito sensitivo motor, en sujetos sanos, es de
19/100 de segundo por término medio. Indudablemente, un cerebro entenado dará
mejor resultado que uno inexperto. Las sensaciones táctiles y auditivas son
mucho más rápidas que las oculares, por lo que el ojo es el más lento de estos
tres sentidos.
2º.- Realizar la acción mecánica
completa el arma, consistente en:
-Presión sobre el
gatillo para accionar mecánicamente el percutor.
-Inflamación del
fulminante y de la pólvora.
-Explosión.
3º.- Recorrido del proyectil:
-En el interior del
cañón.
-En el aire, la
distancia desde el cañón a la pieza.
Como fácilmente puede deducirse de
lo anteriormente dicho, no todas las personas, pueden hacer un disparo en el
mismo periodo de tiempo, sino que éste variará de unos cazadores a otros, según
sus características y estado.
En general, podremos fijar una
duración mínima de un disparo a cien metros, por encima de las dos décimas de
segundo, que ya es una velocidad considerable.
Corrección del tiro
Teniendo en cuenta la trayectoria y
velocidad del animal, la distancia, la caída del proyectil, nuestro tiempo de
reacción (variable de unas personas a otras), y la forma de tirar, cada montero
decidirá el punto donde debe apuntar para realizar una corrección precisa.
Como se puede deducir de lo
anteriormente expuesto, los múltiples cálculos a efectuar para valorar
exactamente la corrección del tiro son muy complejos y, por tanto, resulta
imposible realizarlos en tan breve espacio de tiempo; sin embargo, será la
práctica intensa y la experiencia la que nos haga intuir más que saber cuál es
la distancia adecuada en cada caso.
Se debe tirar tanto más adelante
cuanto más lejos esté la pieza del cazador.
A la hora de efectuar la corrección
del tiro deberemos tener también en cuenta nuestra forma de hacer el tiro; si
lo hacemos de acompañamiento, es decir, siguiendo con el arma a la pieza o lo
hacemos con el arma parada sin seguir a la pieza en su trayectoria. Haciéndolo
con el arma parada, necesitaremos poner
una mayor distancia de corrección en el tiro.
![]() |
| Jabalí corriendo |
Momento del disparo
Suele decirse en el argot, que toda
pieza de caza, en un momento concreto del lance, "enseña la muerte", refiriéndose con ello, al momento en
que se nos presenta la pieza ofreciéndonos las mejores condiciones para
realizar el disparo. Es frecuente en cazadores expertos, sobre todo, en la
menor y cuando se caza en mano, el hecho de que salga una pieza y disparen a
unísono dos o tres cazadores, oyéndose una única detonación, ello es debido a
que todos han visto a la vez el mejor momento del disparo.
Siempre debe sorprendernos el
disparo, para evitar que nuestro cuerpo se agarrote y produzca, como
consecuencia del miedo al retroceso, el fatal golpe de hombro, (movimiento
involuntario que distorsiona el acto de apuntar), y que como acto reflejo,
realizan algunos cazadores, sobre todo, al utilizar grandes calibres.
Contribuyendo, con ello, a deshacer la línea de puntería, formada por ojo de
cazador, alza, punto de mira (o centro de la retícula del visor) y el punto
elegido para disparar.
A todo lo anterior, cabe añadir la dificultad natural que entraña el tener que apuntar, convulsionados por la emoción que nos transmite a todo montero, el hecho de ver aparecer majestuosamente y rajando el monte, a esa joya de la creación que es un venado acosado por una rehala o un escurridizo navajero que relampaguea vertiginosamente por los claros del montarral.
¡Caza disfrutando, disfruta cazando!
Manuel Moreno



