Buscar este blog

ENTRADA DESTACADA

VAQUEO y SALTEO

  Biblioteca Nacional de España VAQUEO Modalidad de caza mayor, consistente en esperar a las reses que vienen de vuelta a su encame diurno d...

Mostrando entradas con la etiqueta LAS ESPERAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LAS ESPERAS. Mostrar todas las entradas

20250901

LAS ESPERAS

 LAS ESPERAS: 
SECRETOS Y PREPARACIÓN 


 

 

Con el ocaso del día y el despertar de la noche,  
llega el momento de poner en práctica  
una de las modalidades de caza más genuinas,  
la espera.  


El aguardo consigue reunir ingredientes de todo tipo, desde un exhaustivo conocimiento del monte y de los comportamientos más impredecibles de un animal tan vigoroso y astuto como es el codiciado navajero; hasta una gran dosis de paciencia y autocontrol que ha de ostentar el esperista 



Trabajos previos.


El éxito o el fracaso de una espera va casi siempre directamente relacionado con los trabajos previos. Entre ellos, es de especial importancia el reconocimiento del terreno, con una compleja lectura de todo tipo de huellas que suelen dejar estos suidos en el campo. Si encontramos el terreno levantado por las hozaduras, debemos observar las huellas, el tamaño de las pezuñas que quedan marcadas en la tierra fresca.  Ellas, nos descubrirán si se trata de un animal solitario o de una camada de lechones con su madre. Las huellas aisladas, casi siempre, son del gran macho que suele ir en solitario, salvo en la época de celo, que puede ir acompañando a la piara, encelado por la receptividad de una hembra.  

Las huellas de las pezuñas delanteras en el gran macho son más redondeadas que en la hembra o las de los más jóvenes. Los machos en su caminar, acostumbran a repisarse e incluso hacen paso adelantado que quiere decir que ponen la pezuña trasera delante de la huella dejada por la delantera.  

Las guardas o pezuñas secundarias, que son las dos pezuñitas pequeñas que tienen detrás, son más amplias y más abiertas en los machos que las hembras, llegando éstos a marcarlas en el suelo blando mientras caminan. Otra característica frecuentemente observable es que las arrugas entre el talón y las pezuñitas secundarias del viejo macho suelen ser más espaciada y algo más profundas.  

También hay que tener en cuenta al registrar el cazadero que, lo referido anteriormente con respecto a las huellas puede ser variable si el animal que las marcó era albar o arocho, ya que éstos últimos, son mucho más pequeños de tamaño, pudiendo alcanzar su trofeo la categoría de medallable con tan solo un peso de unos 60 kg.  

En lindazos y majanos hozan buscando los animalitos que allí se cobijan (pequeños reptiles, invertebrados...) o las bellotas almacenadas por los ratoncillos de campo. Y, según sea el tamaño de las piedras que consiguen mover, nos darán una idea del tamaño del cuerpo que deben tener los autores de esta obra.  

Después de una tormenta de verano, los hormigueros quedan expuestos al exterior. Así como las lombrices estarán más superficiales y mejor marcados los rastros de todo tipo: ratoncillos, conejos, aves… que son mejor olfateados y esto puede alterar la ruta habitual del campeo de nuestro macareno. 

Los grandes machos dejan a veces en sus hozaduras rastros como si hubieran estado amasando la tierra.  


Jabalí comiendo.
Los grandes machos son muy esquivos. Caza y Safaris.

 

En este reconocimiento del terreno debemos localizar el lugar aproximado de sus encames, así podremos imaginar los caminos que usan en sus desplazamientos.  

Los rascaderos pueden ofrecernos información acerca del tamaño del animal, si observamos la altura a la que aparecen las colmilladas que acostumbran a dar en los pinos para refregarse con la resina que brota de los mismos y que la utilizan para desparasitante. 

Al cruzar una alambrada y también en los árboles que usan como rascaderos, quedan enganchados pequeños manojitos de cerdas que, por su tamaño y la forma de su raíz, nos indicarán si se trata de un individuo joven o de un macho adulto.  

Cuando salen de la baña totalmente embarrados, aunque se sacudan, es normal que dejen sobre las hojas de las matas del monte cercanas, unas manchas de barro que, nos permitirán calcular la altura y el tamaño del animal.  

En su lucha contra los parásitos, buscan otra planta tóxica que les alivia contra los piojos y garrapatas. Se trata de la ruda. Planta herbácea de flores amarillas verdosas de la familia de las rutáceas que repele los mosquitos. Sobre ella, la ruda, se revuelcan para impregnarse con su fuerte olor.  

Tendremos en cuenta el recorrido que realizará la luna con respecto al puesto que ocuparemos y cuál será el posible tiradero para aprovechar las mejores condiciones de iluminación y el campo visual más adecuado para realizar el tiro.  

El viento puede ser un aliado fabuloso o la adversidad más inoportuna contra la que ha de enfrentarse el aficionado a la espera. Por ello, observaremos cuál es su dirección más frecuente. Es fundamental, conocer la dirección habitual del viento en el lugar elegido para el puesto, y tener en cuenta que, aunque a menudo, el viento sople en determinada dirección, la orografía del terreno -como una reolla, una cañada o un regajo-, suele remolinear los aires, provocando los desagradables “revocos”, por lo que podemos estar aireando, aunque el viento corra habitualmente de otro lado.  

Sobre todo, en tiempo de verano se produce por las noches un intercambio térmico que da lugar a corrientes ascendentes de aire caliente y descendentes de aire frío, provocándose otra variable en la dirección del viento, por este motivo.  


Arroyo corriendo alegremente.



Costumbres del jabalí.  


A este animal se le atribuyen cualidades de gran fiereza y agresividad, no exento de motivos. Es de carácter huraño, osco y rudo. Pero las que más auténticamente manifiesta son su astucia y lo imprevisible de su comportamiento desconfiado y desconcertante.  


En la conducta del jabalí  

todo es posible y nada es probable,  

aun así, manifiesta ciertas costumbres  

que repite con frecuencia y que 

 conviene tener en cuenta.  

 

Por lo general, para encamarse evitan las umbrías en los crudos meses de invierno y lógicamente, tampoco escogen las zonas de solana en los calurosos meses de verano. Prefieren lugares tranquilos con densa vegetación, aunque algunos macarenos se encamen en cualquier pequeña mata del monte que les cobije, de ahí el nombre de “materos” o más precisamente “matreros”. Nombre que, también se les asigna a estos solitarios.  


Aunque no es totalmente riguroso, pero suele utilizar los mismos senderos para trasladarse desde sus encames a las zonas de campeo o comederos y viceversa, cuando éstos se encuentran alejados o plenamente delimitados entre sí.  


Los jabalíes, a veces, recorren grandes distancias desde su encame al comedero y acostumbran a realizar estos desplazamientos con dos tipos de movimientos bien diferenciados:


 - Uno rápido, “al trote cochinero” en el que se detendrán muy poco, solo realizando pequeñas paradas para escuchar y tomar vientos, si es que se extrañan por algo que no les sea familiar. Por ello, si realizamos la espera en un paso de este tipo, hemos de predisponernos a que el momento del lance será aún más fugaz, ya que el cochino lleva bastante prisa.  


- Otro más lento, cuando buscan la comida. Este tipo de desplazamiento es el que realizan en la zona donde presumiblemente encontrarán su alimento. Los grandes machos suelen ser muy sigilosos en sus caminatas. Al contrario que las hembras con su camada, que a menudo delatan su presencia por los gruñidos que emiten al pelearse entre ellos y por el ronroneo de la madre llamando a sus crías.

  

En cuanto a los hábitos alimenticios del jabalí, sabemos que es omnívoro, pero fundamentalmente es un oportunista y devora con gran apetito todo lo que encuentra a su paso. Podemos señalar que su dieta tiene que ver mucho con la estación del año en la que nos encontremos. Por lo general es de preferencia vegetariana, aunque en la época de la montanera preferirá las bellotas y otros frutos. En el verano, raíces, castañuelas, tubérculos, higos, otras frutas y, sobre todo, los cereales; mostrando una apetencia especial por el maíz. No duda en convertirse en carroñero comiendo restos de animales muertos y especialmente durante los primeros meses de vida. Manifiesta preferencia por los alimentos de origen animal, ya que la hembra suele llevar a sus jabatos a la zona donde abundan los insectos y pequeños invertebrados. Se deleitan con los huevos de las aves y, desmantelando las madrigueras, para saborear los tiernos gazapos. Si la necesidad obliga, se convierte en un descarado carroñero. A ello, se debe la capacidad de adaptación y subsistencia.  



El oído y el olfato

son los órganos más desarrollados del jabalí

y en los que basa su supervivencia.


Jalufo, como le llaman también los cazadores marroquíes.  

Aunque el guarro no posee una visión muy buena, su excelente oído le permite discriminar y entender el lenguaje de otros animales de la noche, que sí bien y ante la menor extrañeza, le ponen en alerta. Por ejemplo, si somos recelados por alguna cierva, ésta nos delatará obsequiándonos con los consabidos ladridos y peor aún, si hemos sido descubiertos totalmente, ésta se espantará y emprenderá un tropel de huida que, fácilmente será interpretado por el cochino o al menos le pondrá aún más en alerta.  


Manifiesta esta especie una atracción por olores de sustancias que repelen los insectos, cómo son el gasoil, el aceite quemado, la creosota y similares. Productos, todos ellos que, eran empleados por el esperista en bañas y revolcaderos.  


Los viejos navajeros, debido a la edad pierden sensibilidad en sus sentidos, pero aumenta su experiencia y desconfianza. Se hacen acompañar de otro más joven que les apoya en estas tareas y les sirve de escudero. Algo similar a lo que sucede con los venados en las monterías, en donde el más grande les pega a los pequeños y, con ello, obliga a que vayan por delante para sentirse protegidos.  


Luna llena que activa a los lunáticos.
La luna llena emblema de los lunáticos.

 

El baño del guarro es rápido,  

más en las primeras horas de la noche que,  

ya próximo al alborear. 

 

En las noches de luna llena, los grandes navajeros recelan más, debido a que la luna sale más tarde y que al haber más claridad se esconden más. Escogen los lugares más arropados por el monte para sus desplazamientos.  


Durante los meses de verano, debido a que el día tiene muchas horas de luz y, por lo general, el alimento se encuentra más concentrado en determinados lugares, porque escasea más, el jabalí suele salir entre dos luces e incluso de día. Además, la lucha contra los parásitos que le acosan ha de ser más intensa, ya que, en esta época, las garrapatas y las moscas incrementarán la legión de individuos molestos y perturbadores de su tranquilidad.  


Los que ponen el rabo inhiesto en la huida suelen ser las hembras, así como estas guarrean o gruñen al sentirse heridas. Al contrario que los machos, que no lo hacen. Los machos suelen resoplar, bufar o rebudiar al tomar los vientos extraños. También emiten un sonido ronco y ahogado en el cortejo de la hembra en celo.  

 

Otros de los nombres del jabalí o animales de vista baja son:  


garrapo guarín rayón, lechón, marranchón, jabato, bermejo, colorao, puerco, marrano, guarro, gorrino, cochino, báquiro, zaíno, jabalín, cerdoso, peludo, jetudo, canoso, macareno, navajero, escudero -solitario, matero. Matrero, machaco, verraco, verrojo, jalufo (del árabe “jal-luf”, también yabalí del árabe “yabel” qué significa monte) Y en La pampa argentina se llaman chanchos.  





Preparación de bañas y comederos.  


Las bañas, revolcaderos y rascaderos, eran incentivados echándole aceite quemado, creosota y productos similares que eran venteados desde lejos y atraían a más individuos.  


Con respecto a los alimentos que suelen ponerse en los comederos, al tratarse de animales omnívoros, vale casi todo. Hay quien, para atraerlos al comedero, prefiere restos de hortalizas, tomates machacados, porque son muy jugosos, frescos y olorosos. Otros emplean el grano, como la cebada, avena, trigo o maíz.  


Otros, prefieren frutos secos  

como almendras o piñones con cáscara 

 porque dicen que al comerlos suenan y recelan menos  

de los posibles ruidos involuntarios  

que se hagan al apuntar.  


Otros emplean restos de comida o animales muertos, ya en putrefacción, porque el olor es más intenso. La verdad es que, si el cebadero se realiza en el verano, cuando la comida escasea, cualquier alimento que se les facilite va a ser aceptado de buen grado y lo tomarán con prontitud.  


Los alimentos en forma de grano deben cubrirse con piedras para evitar que sean consumidos previamente por las aves u otros animales. Conviene no visitar ni la baña ni el rascadero justo antes de ponernos en el puesto. Estas tareas debieron hacerse la mañana anterior y siempre, a ser posible, por el mismo y único cazador, para que de esta forma exista el menor resto posible de nuestros efluvios en el entorno por donde debe entrar el jabalí.  


La espera en la baña suele ser eficaz en todas las épocas del año, tanto en invierno como en verano. En cambio, la espera en el comedero presenta más posibilidades de ofrecernos un lance fructífero durante los meses de verano, ya que es en estas fechas, es cuando menos facilidad tienen para encontrar alimento. Consecuentemente es más probable que la necesidad les haga visitar el comedero con más asiduidad.  


Cuando hemos comprobado por la huella que, un mismo guarro visita en la noche varias bañas o comederos de los que habíamos preparado y no nos interesa que algunos de estos lugares lo utilicen temporalmente, suele dar buen resultado, utilizar recursos como extender en la baña, y sus alrededores, unos puñados de cabello humano. Éstos los podremos conseguir en cualquier peluquería. Después habrá que esparcirlos. También valen unas bolitas de alcanfor. Pero lo mejor es no andar “haciendo visajes de olor", ni nada que pueda hacer extrañar al jabalí. 


Cada día se observa con más frecuencia el uso de una amplia gama de sofisticados aparatos y artilugios con los que ayudarse a la hora de realizar la espera. Uno de los más curiosos que he observado es el reloj que, se fija junto al comedero. Se le ata un sedal desde la pila hasta un pedrusco. Entonces, los animales removerán las piedras del comedero y desconectan la pila. Se para el reloj, facilitando de esta manera, la hora en la que ha sido visitado el lugar.  


Otros son completamente electrónicos. Entre los recursos a utilizar sabemos que, en la actualidad, existen muchos, todos llenos de artificialidad y, también, una variadísima gama de artilugios que van desde lo más simple a lo más sofisticado. No entro en delimitar cuáles considero “lícitos” y cuáles no, ya que esto lo dejo a lo regulado por la normativa y a la ética personal de cada uno.  

La frontera que delimita unos de otros puede ser ambigua, aunque me parece adecuado, apelar a la deportividad y, según reza el lema de una peña montera:  


“No es mejor montero el que presenta más trofeos,  

sino el que es un señor de la sierra” 



Elección del puesto.  


La elección del puesto será el resultado metódico de haber valorado y aplicado lo anteriormente dicho. En ocasiones, llegaremos y nos encontraremos con que el puesto ya está construido y solo tenemos que ocuparlo, aun así, es conveniente seguir teniendo en cuenta todo lo tratado y especialmente lo referente al viento, ya que, si éste no es favorable, deberíamos pensar en ocupar un lugar diferente al puesto prefabricado. 


Una vez comprobada la idoneidad del lugar elegido para el puesto y del que, se presume será el tiradero o la plaza, deberemos haber adecentado el lugar días antes, imaginando el lance y comprobando que no nos estorba ninguna ramita ni nada. Después solo iremos a meternos en el puesto, sin más maniobras ni alteraciones.  


Entre los apechusques que debemos llevar, son recomendables el catrecillo o asiento, una manta o una prenda de abrigo, los prismáticos, agua, caramelos, linterna, navaja, los cartuchos (no sería el primero al que se le olvidan) e indudablemente, el arma.  

En función de la distancia al tiradero, se puede utilizar escopeta o rifle. Lo que importa es la capacidad de parada y la fiabilidad de los elementos de puntería, ya que habrá que disparar en condiciones de luminosidad limitada.  


Particularmente, prefiero el rifle con visor, pero cuando he utilizado la escopeta, entre la paralela y la superpuesta, prefiero la superpuesta. Y eso sí, una buena bala que pare pronto.  


El rifle, si es de cerrojo, tiene el inconveniente de que al tener que cerrojear nuevamente para repetir el disparo, lógicamente produce un ruido metálico que, indudablemente provoca la huida de la piara, en el caso de tener que disparar sobre ella.  


El tipo de puesto a construir tiene que ver lógicamente con el posible tiradero que vamos a tener, pues lógicamente no es lo mismo si la espera la realizamos en un sembrado, en un rastrojo, en un paso, en un rascadero o en una baña, o en un comedero. Generalmente los más útiles son los elevados en un árbol o en las clásicas torretas, porque mejoran el tiradero y airean menos que los situados al ras del suelo. Pero hay que poner especialmente cuidado al construirlo, ya que serán varias las horas que vamos a estar esperando la llegada del animal y, por tanto, el lugar escogido para el puesto debe reunir las mejores condiciones por dos motivos: 


- Por estar cómodos y tranquilos durante el tiempo que dura nuestra estancia en el acecho, lo que nos permitirá aguantar más tiempo y provocar menos ruidos involuntarios que nos delaten. Además, así, podremos disfrutar de la paz del campo y el contacto con la naturaleza, observando el comportamiento en la noche de otros animales.  


- Porque si estamos inmóviles, bien camuflados y con el viento a nuestro favor, podremos cazar de oído sin ser descubiertos tampoco por otros animales que puedan espantarse y poner en alerta al cochino; que, de ser así, no entraría o lo haría más desconfiado. Esto impediría culminar el lance en las mejores circunstancias.  


La seguridad es un aspecto primordial y que no debemos descuidar. Además, se nos presenta como agravante el que en la mayoría de las ocasiones el cazador suele estar solo y distanciado de los compañeros que ante un fatídico accidente pudieran auxiliarle con prontitud.  


Si la elección del puesto no ha sido la idónea, los jabalíes difícilmente llegarán a la plaza, pero si llegan recelando, es posible que permanezcan en las proximidades sin entrar por periodos de tiempo, incluso superiores a los 30 minutos. Y si, finalmente se enteran aireándose, salen huyendo y suelen despedirse con un fuerte bufido.  

Existe una curiosa forma de hacer el puesto en la zona de las marismas del Guadalquivir que la llaman los zacayones.

Un zacayón es un charco en la zona de las marismas del Guadalquivir. Allí se solían hacer esperas a los venados y jabalíes cavando un pequeño hoyo en las inmediaciones y metiéndose dentro; o también, subiéndose a un árbol próximo, cuando lo había.

“Cuando se aguardaba en un charco o zacayón, el cazador se subía a un árbol si era posible. A veces, sobre todo en el caso de la caza en los zacayones, se podía cavar un pequeño hoyo y meterse dentro.” 

ACOSTA NARANJO, R.: Pan de Marisma. Sevilla. 2004. Pág. 48.  I.S.S.N.: 1138-8153


El momento del tiro.  


Como regla general, conviene no precipitarse y poner en orden nuestros sentidos que, en un principio, sin obedecer a nuestra voluntad y por la emoción del lance, se manifestarán alborotados. Primero, reconocer visualmente la pieza, pues acostumbran a entrar primero los más pequeños, pero, sobre todo, “nunca tirar al miedo”. Esto es poco productivo y muy peligroso. Además, así se pueden evitar lamentables confusiones.  


Después, buscar y aprovechar el momento más oportuno para hacer el disparo. En la mayoría de las ocasiones será sólo uno, un único disparo. Dada la fugacidad y la vista del marrano. Siempre que se pueda, conviene tirar cuando el cochino está atravesado. Ya que, aunque sea grande, son muy estrechos vistos de frente, ofreciendo menor superficie de blanco y, por lo tanto, mayores posibilidades de errores en los disparos. Además, podemos estropear la piel si se trata de un buen trofeo, que deseamos naturalizar de pechos.  


Si el tiro se hace en una baña, no es lo mejor para tirar mientras se embarran. Aprovecharemos el momento en que, al salir de la misma, suelen hacer una breve parada para sacudirse.  


Aunque el jabalí no suele confiarse nunca mientras come, puede que permanezca embelesado una fracción de tiempo mayor. Por eso, si tiramos en un comedero parado, deberemos dejarle que llegue y se confíe, ya que al llevar comiendo un poquito estará menos alerta. 


Si el tiro lo hacemos en un paso,

deberemos haber predeterminado

el lugar más adecuado para disparar.  


Si lo esperamos en un rascadero, es conveniente disparar en el momento justo antes de empezar a rascarse. Ya que suelen entrar olisqueando. Y, si es que lo vemos bien, es el mejor momento.  

Una de las peores contrariedades que se nos presentan en la espera es la falta de luz, a veces por hacerse de noche sin que haya salido todavía la luna.  Otras veces, porque a la hora de intentar poner en   línea los elementos de puntería nos encontramos con que se nos pierden en el oscuro cuerpo del cerdoso y resulta materialmente imposible verlo con nitidez.  


Otras, por tener que aguantar la desagradable visita de una oportuna nube que nos ensombrece hasta el ánimo. En estas ocasiones pueden ser válidos recursos del siguiente tipo: 


- Apuntar al perfil del animal y poner en línea los elementos de puntería y luego mover el arma alineada varias veces calculando el punto de vista que buscamos. Es un movimiento de vaivén, localizando el punto vital y comprobando que los elementos de puntería están alineados. Se hará un tiro de cálculo.  


- En las demás ocasiones, es recomendable tirar apoyado para asegurar, el que, en la mayoría de las veces, será el único disparo y en el cual procuraremos recrearnos, realizándolo concienzudamente. Buscando el punto de entrada e imaginando el de salida, para hacer coincidir los órganos más vitales en la trayectoria de la bala.  


En la noche, el vuelo ahuyentado de un mirlo o el dejar de croar de las ranas en una charca cercana son alteraciones sintomáticas de que alguno de sus enemigos, entre ellos el jabalí, anda cerca. Aunque la culminación de la espera es cobrar la pieza inmediatamente después del disparo y no tener que rastrear, pero en el caso de tener que hacerlo, siempre es aconsejable dejarlo para la mañana siguiente. Por mayor seguridad y mejor eficacia. 



Navajas de jabalí.
Un gran trofeo de jabalí. Caza y Safaris


El trofeo. 


El disfrutar de la oportunidad de un lance de este tipo, ya constituye en sí mismo un trofeo, aunque también se persiga ese codiciado trofeo que son las navajas, verrojas o colmillos. Después irán a colocarse en casa, engarzados en plata sobre una tablilla, transformándose en el único vestigio material de las inolvidables vivencias gozadas en la espera.  


Para obtener una primera impresión de la calidad del trofeo se suelen valorar aspectos de la siguiente forma: 



- Los colmillos para obtener la categoría de medallables, deberán tener fuera de la encía por la parte más corta, la longitud similar a la de un cigarrillo y un grosor considerable. Así como la superficie afilada por el roce con la amoladera de unos 4 cm. Mínimo.  Después, una vez extraídos los colmillos y las amoladeras, será la cinta métrica la que “cante” exactamente el metal que le corresponde. También es observable, la mayor o menor edad del animal en la forma del extremo más profundo de las amoladeras, es decir, por donde aparecen huecas, ya que en cuanto más se cierre y se estreche este extremo, más edad tendrá el cochino.  


- En cuanto a la presencia, se acostumbra a valorar la longitud de las cerdas de la cruz, las barbas e indudablemente el peso, pero éstos no son parámetros a considerar para la homologación del trofeo.  


Es aconsejable castrar al animal inmediatamente que lo cobremos, para así evitar que la carne sepa a bravío, lo cual es poco apetecible.  


También resulta convincente proteger de los golpes a los colmillos durante el transporte. Esto se suele hacer colocándole transversalmente en la boca abierta un tronquito que sobresalga por fuera de la punta de los mismos, atándolo fuertemente a la jeta con una cuerda.  


Pelaje rojizo por el barro


Por último, recabar de los cazadores un respeto especial para que esta singular especie cinegética, no tirando nunca a las crías ni a las hembras seguidas de rayones, ya que a pesar de no tener una veda pensada expresamente para ella y de ser cazada casi durante todo el año en diversas modalidades, cada temporada nos ofrece un considerable número de exquisitos lances y codiciados trofeos. Así, conseguiremos que los marranchones lleguen a hacerse navajeros. 

 

 

 

¡Caza disfrutando, disfruta cazando! 

Publicado en Caza y Safaris 171 abril 1998 

Manuel Moreno 

Sptbre-25 

 


BUSCADOR DE PALABRAS o con Ctrl + F