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VAQUEO y SALTEO

  Biblioteca Nacional de España VAQUEO Modalidad de caza mayor, consistente en esperar a las reses que vienen de vuelta a su encame diurno d...

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20230601

INTRODUCCIÓN

Caza y Montería.
INTRODUCCIÓN

    Que la actividad de la caza se encuentra en la actualidad completamente regulada por un sinfín de leyes, reglamentos, órdenes y decretos es una consecución para algunos y una traba para otros, pero en definitiva es el reconocimiento de una actividad lícita que evoluciona con el paso de los años.

    ¿Por qué un 
Vocabulario Cinegético? 

Pues 
Para Hablar de Caza.

Las ideas y los conocimientos se sustentan físicamente en las palabras y cuando no las conocemos, también desconocemos en gran parte esas ideas y conocimientos.

Para distinguir si algo tiene vida, lo primero que observamos es si tiene la condición de moverse o de cambiar. Pues el lenguaje está en continuo cambio y movimiento, y esa evolución permanente, adaptándose a cada tiempo, obedece a la clave del progreso de la humanidad:

Evolucinar con el tiempo  

y mejorar con la experiencia.


Que el mundo de la caza, en general, ha evolucionado paralelamente a la humanidad es algo que nadie pone en duda. ¿Qué seguirá evolucionando? Pues suponemos que sí.

De la épocas más remotas, pues sólo nos quedan algunos vestigios como pinturas rupestres, fósiles, restos de armas de piedra o de otros materiales, etc.

Pero, desde que apareció la escritura y el pensamiento fue capaz de viajar a lomos de las palabras, la sabiduría de la humanidad en todos los ámbitos, ha crecido exponencialmente a un ritmo vertiginoso.

Por eso, las actividades humanas, entre ellas la caza, no se deben valorar de una forma sincrónica. Es erróneo. Es mucho más acertado hacerlo de una forma diacrónica.

El conocimiento de nuevas palabras 

también enriquece su saber.

Que el mundo de la caza, en general, ha aportado nuevas palabras cada vez que sus  técnicas, modalidades, normas... han venido transformándose con el inexorable paso del tiempo es una evidencia contrastable. Y donde mejor se puede comprobar esto es en la lectura reposada de los textos antiguos. Textos que no sólo difieren en la forma de algunas palabras sino en la exigencia ortográfica de su escritura pero que continúan expresando la misma esencia de la caza.

Esos textos nos han venido a traer una información amplia y compleja no sólo de lo que dicen sino de cómo lo dicen.

A veces, las palabras eran ya conocidas pero aportaban algunas acepciones diferentes según el lugar o la zona. 

Otras veces, lo que he recogido han sido expresiones enteras como dichos o sentencias que resumen pensamientos más complejos.

Todo esto nos va sirviendo para conocer una evolución de esta actividad en tiempos anteriores y del estado en el que se encuentra en la actualidad.

Que el mundo de la caza, en general, es blanco habitual de innumerables críticas de diversos sectores sociales, es una realidad tan indeseable como evidente para los propios cazadores.

          Que, en una sociedad que presume de pluralista, la imagen del cazador es vilipendiada y vituperada con más frecuencia de la merecida, unas veces desde la más completa ignorancia del tema, otras desde intereses partidistas y en otras hasta por costumbre; es otro hecho desgraciadamente cotidiano.

        Que, maliciosamente el concepto de cazador llega a convertirse a veces en algo tan ambiguo que pretende incluir en esta misma denominación a personas diametralmente opuestas en su forma y en el fondo de su proceder, es una práctica asidua.

         Que la caza, al igual que otras actividades practicadas por el ser humano, están en continua evolución, transformándose y adaptándose a los nuevos tiempos, es una rutina diaria generadora de cultura.

            Que el ser humano es cada vez más urbano (quizás, por eso, surja en él la necesidad de un mayor contacto con la naturaleza), y ello provoque un conocimiento disfrazado, irreal y hasta utópico del mundo natural, es otra desafortunada circunstancia de la nueva era.

             Que aparezcan, cada día, nuevas personas que se inician en la práctica venatoria sin haber disfrutado antes de un verdadero aprendizaje, como era tradicional, y que desconcertados por la situación actual se desorienten o aparten de los verdaderos valores de la actividad cinegética, es una coyuntura real, aventurada y digna de consideración.

    Por lo que, 
hace falta que el cazador goce 
de una vasta cultura cinegética, 
de un conocimiento profundo 
de las técnicas de caza 
y unos saberes precisos 
sobre las especies animales y vegetales 
 del medio en el que 
se desarrolla frecuentemente su actividad; 
siendo capaz 
de expresarse 
con propiedad y precisión.

       Que la caza es una actividad que viene siglos demostrando su utilidad para el conveniente y necesario control de los herbívoros es algo que ya no discute nadie.

Caza en la naturaleza
Escenario natural de caza
                  

            Por ello, 

desde estas páginas, 

queremos dedicar unos artículos con enfoque didáctico, 

que a pesar de que a los monteros y cazadores veteranos 

pueden aportarles muy poco o casi nada nuevo, 

seguro que, para los más noveles, 

esos que ahora se inician en este noble arte venatorio, 

podrán ofrecerles unos referentes claros de cuales son 

los modelos de comportamiento 

que han permanecido inalterables 

con el paso de los años y que 

atesoran los principales valores para prestigiar nuestra caza, 

además de adoptar una actitud consecuente 

ante los nuevos cambios.

Todo esto, podría catalogarse como un Manual de Montería o de la Caza en general que nos lleve a tener un conocimiento amplio del tema desde sus orígenes hasta los tiempos actuales y nos permita vislumbrar un futuro más esperanzador que el que ahora se percibe.

         De esta forma, contribuiremos a esbozar una serie de ideas que nos permitan centrarnos mejor y, de paso, retratar a los intrusos, ilícitos, farsantes, seudo-cazadores, escopeteros y oportunistas con los que no nos identificamos ni nos favorece que lo hagan y que, en realidad, tanto están perjudicando a la CAZA.


Necesitamos 

un prototipo de cazador 

que sea culto.


        Que sea culto cinegéticamente hablando, con una amplia cultura venatoria, tanto en caza menor como en caza mayor. En la montería o en el arte de venar, a través del conocimiento de detalles y de los entresijos de esta actividad secular, sobre el sorteo, el puesto, el lance, el monteo, el noviazgo, las modalidades, la mancha o las armadas nos acercaremos a un conocimiento más profundo del mundo de la caza en general y de la montería en particular, y comprenderemos porque en ella, todas estas experimentadas tradiciones tienen su razón de ser.

 Conoceremos con precisión un vocabulario específico, en el que además se aplican términos del argot para darle más sabor y autenticidad al texto y se complementa con una selección de curiosas e interesantes anécdotas para hacerlo más agradable y sugerente.

          Dada la brevedad y la parquedad de espacio del que disponemos en estas páginas es muy posible que, no aparezcan todos los aspectos que serían deseables, pero no obviamos ni queremos menospreciar la importancia que la práctica y experiencia personales pueden tener para los noveles, así es que, desde aquí, (y en eso sí que los veteranos pueden aportar mucho), recordamos a los expertos que su comportamiento siempre debe ser el que pueda ofrecerse como modelo de imitación para los que se inician.


 Con todo esto, 

aspiramos a que el que nos lea, 

se dé cuenta de que en la caza 

siempre ha sido una constante 

el “cazar con cabeza” 

pero hoy en día lo es aún más, 

porque los recursos cinegéticos que, 

siempre son escasos y limitados, 

hoy tampoco sobran, 

lo que los convierte en 

un bien cada vez más deseado.


           Con la llegada al mundo de la caza de la llamada montería comercial, algunas costumbres se encontraron con un periodo de cambio y las tradiciones se adaptaron a los nuevos tiempos.

            La transformación y evolución es una muestra de vida, pero ese cambio ha de contribuir siempre a mejorar los tres elementos esenciales: el medio, las personas y las formas.

            En el medio se incluyen el hábitat y los animales que lo pueblan.

            En las personas, evidentemente a todos los humanos que hacen posible y perdurable esta actividad.

            En cuanto a las formas nos referimos a las modalidades de caza y a las actúa iones externas con las que damos a conocer nuestra visión y manera de entender el asunto.

            La caza en sí misma es una actividad útil, loable y admirable y, además, como se ha venido demostrando con el paso del tiempo, genera bienes aprovechables y sostenibles, favoreciendo el contacto del ser humano con el mundo natural.

            Cuando se toma la decisión de recoger la cosecha cinegética de una finca es porque antes se ha planificado y trabajado para poderla producir.

        Una vez que el producto está para recogerlo, la actuación sigue siendo concienzuda y metódica, como nos lo demuestra la complejidad del proceso completo.

 

La sierra, oficina de la caza.
Paisaje de montería


        Llegada la hora de la verdad, el ciclo ha de completarse y cada responsable ha de seguir contestándose: ¿Qué, ¿Cuánto, ¿Cuándo y Cómo? Respuestas que traen como consecuencia la idoneidad demostrada de un proceso secular que asegura la perdurabilidad de todos los recursos tanto cinegéticos como ambientales. La evidencia más palpable es el excelente estado de conservación que ostentan los territorios dedicados a esta modalidad de caza y el hecho de que en la actualidad todas las zonas monteras tradicionales españolas están, sin excepción, convertidas en Parques Naturales o Parques Nacionales dado el alto valor que atesoran como espacios naturales.

Por todo ello:

¡Conservemos la caza!

 

   ¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

 Manuel Moreno 

Enero - 23

Naturaleza y Caza.




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