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VAQUEO y SALTEO

  Biblioteca Nacional de España VAQUEO Modalidad de caza mayor, consistente en esperar a las reses que vienen de vuelta a su encame diurno d...

20230501

BIENVENIDO

Caza y Montería


¡Bienvenido a Caza y Montería!

 Caza y Montería es un blog elaborado por un cazador que ha dedicado una buena parte de su vida a esta tarea, y dirigido para aficionados a la Caza en general, y a la Montería en particular. 

Aficionados con afán por saber más de esta actividad 

y ofrecer la oportunidad de compartir ideas y experiencias. 

Para ti que quieres saber un poco más.

  -            

Caza y Montería.

 

 Aparecerán artículos especializados que, algunos de ellos, ya he sido publicado por el autor en acreditadas revistas del sector, otros serán inéditos.

 -    Aparecerán trabajos y estudios de profesionales que, comprobada su seriedad y naturaleza científica, tendrán aquí su palestra divulgativa.

 -    Aparecerán algunas entrevistas con personas de lo más granado del sector cinegético.

       Aparecerá un vocabulario de caza para poder hablar con mayor propiedad sobre el asunto y para resolver dudas referentes a la práctica diaria de esta dedicación:

o  Las palabras que componen este vocabulario están sacadas de vivencias cinegéticas con una gran diversidad de personas que desde tiempos muy remotos vienen dedicándose a la caza, especialmente en Sierra Morena. Pero también salen de nuestro vasto tesoro venatorio compuesto por la amplia y diversa literatura cinegética en lengua castellana desde sus orígenes.

o    Aparecen también entradas de palabras que, hoy están es desuso por diversos motivos pero que, siempre nos aportan y nos ayudan a enriquecer nuestra cultura de cazadores, aunque sean consideradas como arcaísmos.

o    A cada entrada le acompaña, por lo menos, una definición clara y concreta. A veces, se le añaden algunos sinónimos y, cuando ha sido posible, una cita textual donde aparece esa palabra y la correspondiente cita bibliográfica de su autor. En otras ocasiones, aparece una curiosa anécdota referente a ese lema. Para así, ayudar a su conocimiento y entendimiento.

o    Se ha barajado una bibliografía bastante extensa, por lo que este conjunto de palabras resultará siempre una colección inacabada. Motivo por el que los aficionados que visiten este blog podrán hacer sus aportaciones personales que, una vez consideradas por el autor, serán incrementadas al diccionario para uso y disfrute de todos.

o    Se pretende dar una información útil, adecuada y práctica para que las personas que se inician en la actividad puedan expresarse con corrección.

o    Se procurará dotar de una herramienta de búsqueda para resolver dudas con la mayor celeridad posible.


   Aparecerán imágenes y vídeos para completar e ilustrar la información escrita de cada tema que se trate.

-      Aparecerán enlaces que, con toda seguridad resultarán muy útiles para ti.

  -    Aparecerá una página para ayudar a que se establezca una adecuada comunicación bilateral y poder suscribirte.

 -     Se dará la opción para que empresas del sector interesadas, puedan difundir al mismo tiempo sus productos.

 -       Se procurará que la presentación sea lo más intuitiva y ágil posible, permitiendo una fácil movilidad por los menús de las diferentes hojas del blog.

                    En definitiva, pretendo que puedas recrearte y disfrutar afianzando tus conocimientos y, posiblemente, aclarando algo de lo que te inquiete.


¡Bienvenido a Caza y Montería!



    ¡Caza disfrutando, disfruta cazando!

Manuel Moreno

Enero - 23


20230427

EVOLUCIÓN DE LA MONTERÍA

 EVOLUCIÓN DE LA MONTERÍA

 

Dibujo de monteros a pie y a caballo. BNE
Monteros de a pie y a caballo             Biblioteca Nacional de España

La palabra montería ha existido desde muy antiguo, según podemos ver en las crónicas y tratados de los primeros manuscritos de caza.  Pero, evidentemente las monterías de entonces, en poco se parecían a las actuales, aunque recibiesen el mismo nombre.

 

En un principio, se llamaba montería a toda aquella caza que se realizaba sacando a los animales de su medio natural, el monte. Éstas se realizaban con la ayuda de perros y caballos, siendo ciervos, puercos y osos las piezas más habituales en ella.

          
 
Curiosamente la palabra venado se utilizaba genéricamente de una forma similar a como utilizamos en la actualidad la palabra pescado. Venado era toda aquella pieza cazable, se hubiera cazado o fuese a ser cazada.

Quizás el tratado de caza más completo y antiguo sea la Cynegética de Oppiano de Apamea (Siria), escrito para el emperador Caracalla (s. XI), en el que se describen minuciosamente los modos de caza, el equipo, las armas, las horas del día más propicias para la práctica según la presa, los hábitats de los animales, así como detalles muy concretos de las cualidades físicas de los cazadores y demás particularidades de los dos animales que acompañan al hombre en la caza: el perro y el caballo.

De la montería los primeros escritos conocidos en España se remontan al incompleto "Libro de la Caza" del Infante D. Juan Manuel ¿1282-1349?, sobrino de Alfonso X el Sabio. Aunque esto no quiere decir que esa fecha pueda considerarse como inicio para nuestra montería, porque existen otros escritos que hacen referencia a su práctica en épocas anteriores.

El primer documento amplio que versa sobre nuestra montería es el "Libro de la Montería" escrito por Alfonso onceno, que reinó 38 años, desde el 1312 (sucediendo a su padre Fernando IV) hasta el 1350 que murió en el cerco de Gibraltar.

                  Este tratado tiene varias ilustraciones y está compuesto de tres libros:

          - En el primer libro, entre otras normas, se explica:
                    Cómo debe ir equipado el montero, tanto de a caballo como de a pie.
                    Cómo conocer los rastros de las diversas especies animales.
                    La forma de montear a caballo y los lances que suelen suceder.
                    El modo de formar buenos perros.
                    Y el fuero de los derechos de los monteros.
          - En el segundo libro se ocupa de:
                Las heridas que, de los animales fieros, pueden recibir los perros. (indicando como se protegen los perros de agarre con una curiosa armadura)
                     Las enfermedades de los perros y del modo de curarlas.
          - El tercer libro describe minuciosamente:
                    Los montes de Castilla y León.
                   Algunos del reino de Granada, explicando en qué comarca se hallan y cuáles son los buenos para la caza de invierno o de verano.

 

               Y es en el capítulo 32 del libro primero, donde hace una clasificación de las monterías de caza mayor que existen, señalando 3 tipos:


                  - Montería del ciervo, del puerco y del oso.

 Además, indica que los perros deben ir acostumbrándose por este orden a montear, cazando primero ciervo, después puerco y por último el oso, para conseguir buenos canes para la montería.

Dibujo antigua de cetrería y montería. BNE
Montería y cetrería.     Biblioteca Nacional de España

 El personal que asistía a la montería se clasificaba de la siguiente forma:

- Un señor o caballero que era el que iba a correr a los venados en el monte.
- Otros monteros de a caballo que correrían con él.
- Monteros de a pie que eran los encargados de levantar al venado de sus encames.
- Y otros ayudantes.


Cuando descubrían que sobre un rastro podría ir más de un venado (pieza cazable), deberían siempre fijarse bien y escoger el del más grande, ignorando a los otros, así como dice que el buen montero sabrá distinguir siempre por las huellas cuando se trata de macho o hembra o cría y, en este caso, deberá buscar al gran macho.

Todos los monteros de a pie iban equipados con bocina y espada o cuchillo. Las normas de la montería eran tajantes e inflexibles, preocupándose grandemente del cuidado de los perros que eran considerados muy valiosos.

En caso de que los monteros hubieran descubierto en el monte algún venado y el señor o caballero no se encontrase cerca, éstos deberían enviarle mensaje, si estaban relativamente próximos, mediante un emisario o haciendo sonar las bocinas. Si estaban más distanciados, hacían fumatas (candelas de humo) de la siguiente manera:

            - Si fuere gran oso harían cuatro fumatas.
            - Si fuere oso comunal harían tres.
            - Si fuese puerco harían dos.

Y si ya era muy tarde y próximo a la noche, no harían fumata, sino que dejarían el venado tranquilo para el día siguiente por la mañana.

Después, cuando salían a cazar, llevaban tres clases de perros:

Buscas o ventores, canes de levantar y perros de correr y acorralar, utilizando en cada caso lo que la ocasión requería. Mientras tanto, los llevaban a unos con traílla y otros bien sujetos. En cuanto a las razas habla de sabuesos, podencos y alanos.

A los perros que debían acosar produciendo el agarre, los protegían con una especie de armadura que les protegía parte del cuello y el tronco.

Si observamos como practicaban la montería, vemos que lo hacían de la siguiente forma:

- Primero al amanecer, iban dos monteros de a pie, los más conocedores del terreno, a catar o escatimar el monte. Cuando encontraban un rastro fresco se paraban allí.

- Después, al ser de día, los monteros de a caballo se colocaban en los lugares donde habían encontrado rastros de huida (los actuales puestos), apoyando la armada con perros alanos y situando a ésta siempre al borde del monte que se estaba cazando. Entonces entraban los monteros de a pie con los perros que los llevarían sujetos. Cuando ya todos estaban situados, empezaban a tañer sus bocinas, que serían el medio por el que se comunicarían, empleando para ello, al principio, hasta trece toques diferentes, que posteriormente se vieron reducidos a nueve.

               Los trece primeros toques eran:

                  - Curar de andar al monte.
                  - Preguntar.
                  - Tañer de rastro.
                  - Tañer de poner canes.
                  - Tañer de corredura.
                  - Tañer de ladradura.
                  - Tañer de vista.
                  - Tañer de traspuesta.
                  - Tañer de tornado es.
                  - Tañer de asopie.
                  - Tañer de ocisa.
                  - Tañer de acogida.
                  - Tañer de sencilla, cuando no hallan venado.

Una vez que se tañía a rastro, dependiendo de cada caso, se procedía de la forma más adecuada, pero lo más frecuente era soltar a uno o dos sabuesos y cuatro o seis perros de levantar. Después orientados por la ladra continuarían planteando nuevamente la estrategia.

 

Dibujo antiguo de perros de caza. BNE
Perros de caza                              Biblioteca Nacional de España

Por lo general, procuraban conseguir el agarre y después remataban con flechas, lanzas o cuchillos. Y los demás perros, sólo los soltaban cuando la inminencia del agarre era evidente; mientras tanto, dejaban trabajar sólo algunos perros de rastro apoyados por un número variable de dos a seis para levantar la pieza y ello, se debía fundamentalmente, porque el privilegio de dar muerte a los venados estaba reservado al señor o caballero y porque se dedicaban a correr a los venados pieza a pieza.

Otra particularidad, como hemos podido ver anteriormente, es que donde situaban a los caballeros armados, también situaban a los perros alanos conceptuados como perros de acorralar o agarre y que entrarían en acción una vez que los perros de rastro habían dado con la pieza y la habían levantado con ayuda de los perros levantadores y corredores. La función de estos corredores era acosar y cansar a la pieza para cuando entraran en acción los perros de presa que la pudieran agarrar y detener en su huida con más facilidad.

En cada caso concreto solían actuar de una forma precisa, soltando tanto el número como el tipo de perros que creían más adecuado y en el momento que estimaban más conveniente.

Estas costumbres o normas fueron evolucionando y llevándose a cabo de forma variable, según el lugar en donde monteaban.

En cuanto a las técnicas, además de la enumerada anteriormente, era costumbre aplicar en cada zona la forma general, pero con variaciones concretas. Por ejemplo, nos cuenta el "Libro de la montería" que también se ayudaban con redes, ahuyentando la caza hacia las mismas y cuando la cercaban con éstas, allí les daban muerte usando lanzas, venablos o espadas.

Más adelante, ya en tiempos de Felipe II, Gonzalo Argote de Molina nos sigue hablando de esta misma montería, pero con algunos matices que demuestran su evolución. 

               Por ejemplo, a los monteros que estaban al servicio de la corona, ahora se les clasifica de otra forma:

- Sigue existiendo el oficio de Montero Mayor, que estuvo en grandes señores hasta el tiempo de los Reyes Católicos, que lo sirvió D. Diego Hurtado de Mendoza, a quien sucedió D. Pero López de Ayala, después de la muerte de este señor, así como en tiempo de Felipe II, no fue proveído este oficio, aunque fue pretendido por grandes señores del reino.

- Fueron famosos representantes de este cargo: D. Diego Bravo, montero mayor de Alfonso XI; el marqués del Carpio que lo fue de Felipe IV, al igual que el marqués de Viana lo fue de Alfonso XIII.

 - Existía también el oficio de Sotamontero del Rey, que era el lugarteniente del Montero Mayor, aunque también era oficio que lo seguía proveyendo el rey. Tenía algunas potestades concedidas por la corona y en la época de Felipe II era D. Cristóbal Sendín de Barrientos.

- Existieron los Monteros de Traílla, cuatro de a caballo y ocho de a pie. Todos ellos debían tener en su casa un sabueso de traílla, que el rey les da, para concertar y emplazar al jabalí, venado, gamo u oso.

- Aparecen los Monteros de Lebrel, que eran 12 y cada uno, debía tener a su cargo dos lebreles, que el rey les daba, para que sirvieran en las paradas (agarres) y desde allí, correr a los venados y seguirlos hasta matarlos.

- Se incluyen los Monteros Ventores. Ventor se llama al sabueso de suelta en el rastro. Al tiempo que el sabueso de traílla descubre la caza por el rastro, sueltan después parte de los perros ventores, que siguen latiendo la caza. Y otra parte de los ventores, está puesta en las paradas para socorro de los primeros ventores, siguiendo la caza para que los primeros descansen y los que entraban de nuevo siguieran para dar con el venado en la red o en el agarre donde estaban también los lebreles.

- Surge el Alguacil de Montería, que era el que se encargaba de custodiar todos los enseres necesarios como telas, redes y los demás aparejos tocantes al ministerio de la montería, así como proveer de la intendencia que hiciese falta a los monteros.
 

       En cuanto a las técnicas, ahora las llamaban:

Montería de red, (en las que conducían los venados hasta una red y allí les daban muerte).

Montería en tela cerrada, (de las que fueron muy famosas las celebradas en Aranjuez de Gamos y Venados)

Montería de la fuerza, (en las que seguían a las piezas de caza con lanza y a caballo, mientras los monteros de a pie hostigaban a las piezas acorraladas con chuzos. Practicada por Carlos V)

Monterías de osos. (ejecutada como en tiempos pasados)

Monterías de alanceo de jabalíes en el raso (practicada en Andalucía)

Monterías de jabalíes por la noche, (como las realizadas en Andalucía, en el monte de BenaMahoma)

Monterías de cabras silvestres, (de las que cuenta que en Santisteban del Puerto se abatió un cabrón de vara y cuarto en cada uno de sus recios cuernos, destacando por su extrañeza)

Monterías de Lobos, Zorras, Gatos Monteses y Tejones, para los que empleaban una raza de perrillos llamados "Xateos o Juteos", escondiéndose los monteros en unas casetas llamadas "Hutas", armados de venablos que llamaban "Mangueros", para rematar a la caza cuando llegaban a la red.

- Incluso habla de monterías de leones que traían de otras tierras.

Monterías en las que empleaban la técnica del Buytrón (buitrón), dirigiendo la caza a una zona donde situaban unos enrejados con estacas y ramas que conducían a una trampa en forma de hoya en el suelo, disimulada con ramajes, donde caían las piezas ahuyentadas.
Monterías de Lobos, sembrando los caminos de huida con trampas de las denominadas de alzapié.
- Otra técnica muy curiosa era la de las Monterías del Buey, en la que utilizaban unos lienzos pintados simulando un buey al que le ponían un cencerro y dentro de cuál se introducía el cazador para aproximarse a las piezas de caza.

-Otra era la de la montería del Carro, escondiéndose el cazador entre la carga de ramajes que llevaba.

-Y curiosamente, como ya se había producido el descubrimiento de América, Argote de Molina, también nos habla de alguna de las técnicas que empleaban los indios nativos y que indudablemente también fueron traídas a España. Nos habla de las monterías llamadas del "Chaco", celebradas en Perú, para cazar guanacos, vicuñas, "tarugas", venados, zorros y otros animales. Esta técnica podría ser una versión exagerada de nuestros actuales ganchos, ya que en ella participaban muchísimos más indios que ahora aquí.

- También habla de la montería de "Oxio", que en su técnica puede ser como nuestro ojeo, pero cazando todo tipo de animales que les salían a su paso.

- Habla además de las monterías de toros cimarrones a los que perseguían a caballo con una curiosa garrocha terminada en una cuchilla en forma de medialuna, con la que desjarretaban a los toros y después los remataban a cuchillo.

-Habla además de la montería de bisontes y uros en Polonia, para la que empleaban un bonete rojo para citarlos y cansarlos, y después los desjarretan o los conducían a barrancos u hoyas.

Además de las redes, telas y otros utensilios, también se utilizaron las ballestas, venablos, lanzas adaptadas, (como la de la media luna) y otros tipos de armas que iban apareciendo con el paso de los tiempos.

                  Con respecto a los toques de bocina que empleaban para comunicarse, en el s. XVI Argote de Molina, comenta que se habían reducido los iniciales y en esa época quedaban resumidos a nueve toques que eran:

                1. A junta, que era cuando hacía llamamiento el Sotamontero para algún concierto.
                  2. A entrar, que era cuando se entraba en el monte.
                  3. A vista, que era cuando habían visto venado.
                  4. A macho o a hembra, que era para avisar si el venado era macho o hembra.
                  5. A bocería, que era cuando se levantaba la caza.
                  6. A muerte, que era cuando se mataba al venado.
                 7. A recoger, que era cuando se recogían los sabuesos que andaban sueltos por el monte para que acudiesen a las bocinas.
                  8. A cebar, que era para darles de comer a los perros.
                  9. A salir del monte, que era cuando se recogía la gente.

De todas estas modalidades se fue impregnado nuestra montería, evolucionado poco a poco a través de los siglos y adaptándose a las circunstancias y los recursos de cada momento.

Poco a poco surgirían nuevas estrategias, como hemos podido observar en las últimas fechas, en las que, sobre todo, uno de los aspectos que más cambia es que cada vez que surge un método nuevo, éste tiende a hacer que las reses huyan a un punto concreto donde se sitúe de forma más o menos estable el montero que pretende darle caza. En definitiva, el gran cambio consiste en que el montero no tenga que correr detrás de los venados, sino que sean éstos los que se dirijan hacia el lugar que él ocupa.

Las formas evolucionan y aunque los nombres para referirse a ella son varios como cacerías mayores, clamorosa o montería, la actividad permanece con la misma esencia.

El tema de la montería va cobrando con el paso de los años mayor aceptación y en los siglos XV y XVI van surgiendo diversos manuscritos que nos cuentan como son las claves para realizar la cacería mayor.

Es en el siglo XV, en donde se produce la modificación más importante en la forma de practicar la montería, debido a que, en ella, empiezan a utilizarse las armas de fuego, descubrimiento que inicia una serie de cambios sustanciales. Es el nacimiento del arcabuz, considerado progenitor de las actuales armas de fuego, el que, a pesar de sus características de poca manejabilidad, el que produce la metamorfosis más significativa.

Los primeros, eran demasiado pesados (de 12 a 16 Kg) y presentaban gran dificultad para la ignición inmediata y había que apuntar apoyándose es una especie de horquilla. Se les llamó de "serpentín", ya que precisaban mantener constantemente encendido un rollo de mecha, con la que, aproximándola a la chimenea cebadora, producían la ignición de la pólvora. Estos primeros fueron muy poco o casi nada empleados en la montería. De ahí, que en 1644 se publicase otro manuscrito sobre el tema titulado "Arte de ballestería y montería", porque la ballesta, aunque llevaba ya más tiempo utilizándose, se veía todavía más útil.

Evolucionó el arcabuz y surgió con un nuevo sistema de ignición, que ahora ya, sin llegar a ser el idóneo, era más adecuado para la caza. Se trata del arcabuz de "rueda" que producía el disparo de una manera más rápida, pero seguía teniendo el inconveniente de su poca manejabilidad por el exceso de peso, que ya andaba por los doce kilos.

Se ensayaron otros sistemas con unos martillos sobre los que colocaban unas piedras de pedernal y en pocas fechas surgió el fusil de "chispa", que ya si fue bastante utilizado por que los logros técnicos que alcanzaba lo hacían más versátil y adecuado a las necesidades planteadas.

A partir de aquí, la evolución fue manifestándose con más evidencia, cada reducido espacio de tiempo.

Los tratados y publicaciones sobre las formas, recursos y técnicas iban siendo cada vez más complejas, pero siempre nutriéndose de su ya secular experiencia.

En el siglo XVII se publica otro "Libro de la Montería", dedicado al rey D. Felipe IV, que nos habla de cómo había de procederse en el monte con el arcabuz y el sabueso para perseguir a las piezas de caza mayor.

El auge experimentado por la montería hasta ahora, la configuraba ya como un bien escaso y caro, que no podía estar al alcance de las clases más populares, imprimiéndole ello un matiz de cierto prestigio ante las clases sociales de menor poder adquisitivo, de los cuales era muy reducido el número, que podían tener acceso a su práctica.

Es en esta época, cuando los puestos donde se emplazaban los monteros con su arma empezaban a hacerse cada vez más estables, sin tener que desplazarse detrás de las piezas, sino que buscaban que éstas se aproximasen al cazador, que permanecería inmóvil y pretendería dispararles a su paso.

En el siglo XVIII surgen nuevas ilustraciones con respecto a esta actividad, debido a que se seguían organizando partidas de caza mayor. Surge "El Tesoro de la Montería o el arte de buscar, perseguir y matar la caza mayor" en el que se exponen reglas, consejos para el conocimiento y dominio de esta práctica.

A lo largo de los años, el ejercicio de esta actividad se iba viendo afectado cada vez más por las circunstancias sociales y ambientales que se producían, así en periodos de muchas guerras, sus adeptos estaban guerreando y en consecuencia su práctica se veía reducida. La abundancia de bandoleros y saqueadores en nuestros montes durante la primera parte del siglo XIX, dio como consecuencia que las piezas de caza, también fueran saqueadas, viéndose gravemente aminorados los recursos cinegéticos de algunas zonas por estos aspectos.

Aunque ya habían surgido leyes que regulaban el uso de la caza, estas inestabilidades sociales, afectaron negativamente a las especies cazables que fueron relegándose a los territorios más inaccesibles.

Expediciones de montería en Sierra Morena.
Las expediciones se hacían a pie y con caballerías.

                    


Un documento escrito por el militar D. Pedro Morales Prieto, titulado "Las Monterías en Sierra Morena a mediados del S. XIX" nos acerca a las formas y costumbres de las expediciones de caza, nombre con el que se les reconocía a la montería en esta época.


Observamos como, percatados los poderes políticos de que estas reuniones podrían ser núcleos de insurrección, algunos prohibían radicalmente durante la celebración de estas partidas de caza el hablar de política, debiendo dedicarse sencilla y exclusivamente a disfrutar de los aspectos lúdicos de la obligada convivencia y a gozar con la práctica de la actividad venatoria.

 Meses antes, se organizaba la partida de caza, reuniendo y preparando todo lo necesario respecto a enseres y recursos humanos. Posteriormente se desplazaban a la sierra todos juntos formando la expedición que permanecía en estos parajes, siempre en otoño, por periodos de 5 a 20 días. Se albergaban donde ocasionalmente podían y, a veces, se hacía preciso pernoctar en el monte, guareciéndose con rudimentarias construcciones, lo que era conocido como montear a "vuelcatiendas".

En ocasiones, en que la finca a montear estaba mejor dotada y disponían de casa donde alojarse, lo hacían todos juntos disfrutando animadas fiestas que llamaban "alboroques", pero no prolongándolas en exceso ya que debían levantarse de madrugada para continuar cazando al día siguiente.

Al tratarse de grupos de cierta estabilidad, procuraban compensar siempre al montero menos afortunado con puestos previsiblemente mejores; en otras ocasiones, la adjudicación de posturas lo hacían por riguroso sorteo.

 Los gastos, los repartían a escote entre los monteros de pago llamados "escopetas blancas", en cambio, los monteros que ayudaban por un sueldo pero que también cazaban, se les llamaban "escopetas negras", "los monteadores" eran los ojeadores, que iban dotados de hondas y chuzos.

Para comenzar el monteo, (que era dirigido por un guía o "director de ojeadores y perreros", auxiliado por otro 2º director,) el primero disparaba un trabucazo, al que le contestaba con otro igual, el 2º director. Entonces a los perros, que los habían llevado hasta allí acollarados y a pie, les ponían las cencerrillas y los soltaban.

 En esta época, podían disparar sobre todas las edades y especies de reses montunas.

Cuando las monterías eran de invitación, correspondía al propietario establecer el puesto que debía ocupar cada montero. Era cortesía obligada el pedir permiso al propietario para retirar el trofeo, aunque al montero también le correspondía ponerlo a disposición del propietario de la finca.

Así continuó la montería durante la primera parte del siglo XX hasta que se topó con el paréntesis motivado por la guerra civil española que se dilataría casi hasta la mitad del siglo.

                 
Los vehículos a motor modificaron la faz de la sierra.
La aparición de los vehículos a motor supuso un cambio significativo en la montería.

Otro acontecimiento que marca un hito en la actividad venatoria es la aparición y posterior proliferación de vehículos de motor por las consabidas posibilidades que generó.

Durante la segunda mitad del siglo XX surge la que se ha dado en llamar "montería comercial", en la que una organización más o menos profesionalizada pone a disposición del montero, a cambio de una cantidad de dinero, la posibilidad de comprar una acción que le permite participar en la montería.

La situación actual alterna la montería comercial con la montería de invitación, en la que, tanto en unas como en otras, se tiende a la profesionalización de todo el personal a excepción del montero, en el que, su proceder está supeditado a la disponibilidad de su bolsillo y a su ética y experiencia personal.


                  En el momento presente, las piezas de caza pasan por situaciones muy dispares, mientras unas están en peligro de extinción, otras encuentran los mejores momentos en cuanto a su abundancia. El número de monteros ahora también es muy elevado, pero las leyes regulan más que nunca abarcando casi todos los aspectos de la caza. Los recursos cinegéticos, materiales y tecnológicos son cuantiosos, por lo que el futuro, aunque se presume halagador, sólo un uso racional y el paso del tiempo lo demostrará. 

¡Suerte para todos!



  NOTA: 

        En los textos que repoduzco de otros autores, en algunos de ellos, aparecen faltas de expresión, de acentuación o de ortografía en general, y ello se debe a que reproduzco siempre el texto tal cual lo he encontrado y es por lo que siempre aparecerá entrecomillado.


                           ¡Caza disfrutando, disfruta cazando!             

                                                                          Manuel Moreno

                                                                               Abril - 2023

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